domingo, 29 de enero de 2023

El curso de la Guerra de Ucrania no depende de los tanques

 

El curso de la Guerra de Ucrania no depende de los tanques

 


DIARIO OCTUBRE / enero 29, 2023

 


La entrega de los tanques Leopard a Ucrania es más política que militar. No se trata sólo de someter a Alemania, una vez más, sino de forzar a Ucrania a que pase a la ofensiva.

 

En un discurso ante el Parlamento británico, el Secretario de Defensa, Ben Wallace, ha asegurado que la entrega de los nuevos tanques “significa que pueden pasar de resistir a expulsar a las fuerzas rusas del suelo ucraniano”.

Es imposible. Pero aún en el caso de que el ejército ucraniano pudiera pasar al ataque en algún sector del frente, tendría que sacrificar las reservas que pudiera reunir. Los ataques resultarían infructuosos contra un oponente ruso que es muy diferente del que Ucrania tuvo que afrontar en septiembre y octubre del año pasado.

Entonces, un ejército ucraniano reforzado por decenas de miles de millones de dólares en equipamiento, adiestramiento y apoyo operativo de la OTAN, fue capaz de aprovecharse de unas fuerzas rusas escasas, incapaces de sostener los territorios que había logrado en Jarkov y Jerson y con muchas porosidades en varios sectores de la línea de contacto.

En la actualidad, la situación del ejército ruso en Ucrania dista mucho de lo que era en otoño del año pasado. Tras la movilización de 300.000 reservistas en septiembre, Rusia ha consolidado la línea del frente, asumiendo posiciones más densas y, por lo tanto, más defendibles. También ha reforzado sus fuerzas con unos 80.000 soldados, lo que le ha permitido mantener operaciones ofensivas frente a Donetsk.

Rusia ha establecido posiciones diseñadas para derrotar un ataque concertado de la OTAN y con suficiente apoyo de artillería.

El propio general Zaluzhnyi ha reconocido que Ucrania no dispone de fuerzas suficientes para una ofensiva. Incluso si fuera capaz de concentrar en un mismo lugar y al mismo tiempo a las tres brigadas de hombres y material que se están preparando tras la reunión de Ramstein, los aproximadamente 20.000 efectivos no serían capaces de romper las posiciones defensivas rusas en ningún lugar del frente.

En los frentes de Ucrania no ha habido batallas de tanques, como en Kursk, durante la Segunda Guerra Mundial. El curso de la guerra no depende de los Leopard, Abrams o Challenger, ni de la cantidad ni de la calidad de los que envíen.

En el Tiergarten de Berlín hay un monumento a los soldados soviéticos caídos en la desnazificación de Alemania. Son dos tanques soviéticos T-34 de la Segunda Guerra Mundial.

Un diputado alemán del partido reaccionario AfD (Alternativa para Alemania), Petr Bystron, lo ha recordado en el Bundestag. “Históricamente a los tanques alemanes no les ha ido bien contra los tanques rusos en suelo ucraniano”, les dijo a sus colegas. “Sus abuelos intentaron hacer lo mismo, junto con [los nazis ucranianos] Melnik, Bandera y sus partidarios”.

“El resultado fue un inmenso sufrimiento, millones de bajas en ambos bandos y, finalmente, los tanques rusos vinieron aquí, a Berlín. Dos de esos tanques permanecen expuestos permanentemente en las cercanías, y hay que tenerlo presente cuando se pasa junto a ellos cada mañana”, dijo Bystron.

Hasta los fascistas lo saben: hay muchos monumentos a los tanques soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, pero no hay ninguno a los tanques alemanes.

 

FUENTE: mpr21.info

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¿Quién gobierna en el mundo? Parte II

 

Nos preguntamos: ¿quién gobierna realmente el mundo? ¿Cuáles son los mecanismos que permiten a los poderosos aunar criterios y coordinar sus acciones? Aquí presentamos la segunda parte de un artículo –la tercera, mañana– que trata de responder a esas preguntas.


¿Quién gobierna en el mundo? Parte II


Roberto Pecchioli

El Viejo Topo

29 enero, 2023 

 


En la primera parte de esta tesis tratamos de dar respuesta a la pregunta sobre quiénes realmente ejercen el poder en el mundo, a través de dos niveles de investigación: gobiernan aquellos de los que no se puede “decir mal” y, en concreto, los señores del dinero, en particular la cúpula financiera que se ha hecho cargo de la emisión monetaria. Tristemente, reconocimos el papel secundario, si no servil, de la dimensión pública –el estado y la política– pero la pregunta quedó en parte sin respuesta. Se necesitaba hacer una serie de investigaciones.

La globalización –económica, cultural, política, productiva, financiera– perseguida durante mucho tiempo, única ganadora tras el derrumbe del comunismo real, ha llevado al crecimiento de un nuevo actor planetario dotado de un inmenso poder. Hablamos del conglomerado de personas, empresas, visiones de la economía y del mundo que poseen  la información y la tecnología digital, motor y combustible de la cuarta revolución industrial.

Son los gigantes de Silicon Valley (y más allá), reunidos bajo las siglas GAFAM (Google, Amazon, Facebook/Meta, Apple, Microsoft), junto al conglomerado de empresas, conocimientos y tecnologías que han revolucionado el mundo a través del descubrimiento de aplicaciones tecnológicas relacionadas con la informática, la automatización y el mundo de Internet en general, una revolución comparable al descubrimiento de las tecnologías del hierro y la máquina de vapor.

Al universo GAFAM muchos le suman NATU, el acrónimo que reúne a Netflix (entretenimiento), Tesla (líder de la robótica y la cibernética, creación de Elon Musk) y dos plataformas online –Airbnb y Uber– que han revolucionado el mundo inmobiliario, el transporte y la movilidad. Este grupo de gigantes –en gran parte integrado y basado en los EE. UU., aunque orientado a la desterritorialización– hizo posible el Nuevo Orden Mundial basado en el «capitalismo de vigilancia», la feliz expresión acuñada por Shoshana Zuboff. Es decir, constituyó una nueva forma de poder: la recolección, acumulación, cruce, uso, venta y compra de datos y metadatos, es decir, información sobre todo y todos. En palabras claras: espionaje universal disfrazado de «transparencia».

Otro nombre colectivo de dicho sistema es Big Data. El poder se ha convertido en biopoder –es decir, mando, control y vigilancia de la existencia cotidiana de personas e instituciones– e incluso en biocracia, dispositivo organizado de control de la vida, a partir del cuerpo físico de los individuos. El programa de biopoder prevé la superación de la criatura humana a través de la hibridación con la máquina –implante de microchip, inteligencia artificial, robótica, cibernética– facilitada por las extraordinarias posibilidades de unos nuevos conocimientos, reunidos en las siglas NBIC, nanotecnología, biotecnología, tecnologías de la información y cognitivas, ciencia o neurociencia.

De la interacción de estas herramientas tecnológicas, poseídas en régimen de oligopolio, protegidas por la intangibilidad de la (gran) propiedad privada con el sistema de patentes y derechos de propiedad industrial, desciende la nueva y extremadamente insidiosa ideología de las élites, el transhumanismo. La punta de lanza de este proyecto es el Foro Económico Mundial dirigido por Klaus Schwab, cuyo teórico de referencia es Yuval Harari, escritor futurista, instrumento privilegiado en la agenda de los líderes tecnológicos y señores del dinero.

Comanda la alianza entre las grandes empresas tecnológicas posindustriales –que han revolucionado el comercio (Amazon), la comunicación (Facebook, Twitter), dominan Internet (Google) y poseen las habilidades, de investigación e industrial principales que han cambiado el mapa no sólo económico del mundo (Apple, Microsoft, IBM).

En pocos años, el oligopolio tecnocientífico se ha convertido en el centro neurálgico de la globalización, dotado de ideología y gobernanza global y ha entrado a toda máquina en el salón de las altas finanzas. Ese mundo absolutamente nuevo no hubiera podido enfrentarse al brazo secular y vanguardia del Dominio si no fuera en sinergia y alianza con los señores del dinero, los primeros mentores y generosos financistas. Si hoy hombres como Bill Gates, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Elon Musk, Ray Kurzweil –gurú de Google y transhumanista convencido– Ray Dalio, Vinton Cerf y algunos otros están en la cima de la riqueza y el poder, es porque su genio indiscutible fue utilizado por las cúpulas del dinero, primero a su servicio, luego cooptado en una alianza estratégica.

Es la pinza que aprieta a los estados, la economía, los pueblos y los individuos en un proyecto totalitario artificialmente blando, el poder blando que no utiliza la fuerza bruta sino la inmensa superioridad de los recursos financieros, multiplicada por el control de las tecnologías utilizadas en la vida cotidiana, y el uso sabio de la neurociencia. Los medios se convierten en fines; de ahí una de las creencias populares más difíciles de desmantelar: su fin no es (ya) el dinero, sino el dominio sobre la humanidad, hasta la modificación de la condición humana en el transhumanismo. El dinero es una herramienta, no el fin: sería simplista para quienes se han apropiado de la emisión monetaria y crean dinero de la nada, prestándolo a los Estados.

Estamos en el centro: el mundo –o al menos el Occidente colectivo del que somos una rama– está en manos de una alianza estratégica entre el Dinero –representado por el sistema financiero (bancos centrales, fondos de inversión, corporaciones multi y transnacionales (transnacionales, otro acrónimo maldito que no explica cómo son las cosas) y empresas de tecnología avanzada.

Como es el arado el que traza el surco, pero es la espada la que lo defiende, este Mammon posmoderno dispone de una serie de herramientas operativas: los ejércitos occidentales, especialmente el estadounidense, con las numerosas agencias privadas y organizaciones de tapadera (muchas ONG lo son) que integran y hacen planetario su poder. En el pasado, no conspiradores paranoicos sino al menos tres presidentes estadounidenses advirtieron contra este coágulo todopoderoso: Woodrow Wilson (quien también favoreció su ascenso y fue protagonista del nacimiento del banco central, la Reserva Federal), FD Roosevelt y Dwight Eisenhower, quien en 1961, en su discurso de despedida de la Casa Blanca, dijo lo siguiente: “América debe estar atenta a la adquisición de influencia injustificada por parte del complejo militar-industrial y al peligro de convertirse en prisionero de una élite científico-tecnológica.

Pero si podemos identificar nombres y rostros del biopoder tecnológico, nos resulta más difícil identificar a los señores del dinero. En primer lugar porque durante mucho tiempo se han encubierto, evitando aparecer y aparecer, titiriteros tras bambalinas, como apuntaba Benjamin Disraeli, primer ministro de la Inglaterra imperial, ya en el siglo XIX. Se trata principalmente de dinastías sin corona que se han pasado el testigo durante generaciones; se le pertenece por derecho de sangre y por matrimonios entre descendientes de las grandes familias, como en las familias nobles del pasado. El nombre más conocido es el de los Rothschild, israelitas de origen alemán que se han asentado estratégicamente durante siglos en las capitales políticas y financieras del mundo. Su poder y riqueza no se pueden calcular; han pasado por guerras y revoluciones, a menudo financiando a ambos bandos en guerra; instalaron y derrocaron gobiernos y regímenes con el arma del dinero y la deuda, financiando facciones o líderes políticos; dominan el mercado del oro, cuyo precio se fija con ellos en Londres.

Meses atrás, un Rothschild rompió la reserva tradicional de la dinastía al proferir términos violentos a favor de la guerra contra Rusia. Los de Red Shield (rot schild) no son los únicos y con las demás dinastías y familias, Morgan, Sachs, Rockefeller, Warburg y unas cuantas más, forman un formidable cartel que sostiene el mundo financiero pero también la cadena industrial, energía y alimento del planeta. Un ejemplo de confidencialidad son los McKinley, dueños de Cargill, el gigante de los granos: no cotizan en Bolsa, son dueños de inmensas áreas cultivadas en el mundo, barcos, silos y puertos. De ellos depende que pueblos enteros puedan alimentarse y a qué precio. En muchos ganglios del sistema es relevante el componente de ascendencia judía.

El poder de los fondos de inversión es enorme, conglomerados financieros más poderosos que la mayoría de los estados nacionales, que dominan y dirigen los mercados; en gran medida «son» el mercado. La mayor, Black Rock, gestiona activos por valor de diez billones de dólares (dos veces y media el Producto Interior Bruto de Alemania, cinco veces el de Italia). Su máximo ejecutivo, Larry Fink, es uno de los hombres más poderosos del mundo, y Black Rock ahora se ha hecho cargo de la economía y los recursos de la desafortunada Ucrania.

No obstante, los grandes fondos, de los cuales solo Allianz Group –la galaxia Rothschild– tiene su sede en Europa –Vanguard Group, Fidelity Investments, State Street Global, Capital Group, Goldman Sachs Group– siguen siendo herramientas, aunque de importancia primordial. El poder está en manos de la cúpula de grandes familias del dinero y gigantes tecnológicos, a la sombra del Estado Profundo, el aparato militar y secreto de la anglosfera. Una red complicada y densa de participaciones cruzadas significa que Mammon, el núcleo dominante de las empresas financieras, tecnológicas y las corporaciones multinacionales (TNC), está compuesto por un número increíblemente pequeño de sujetos. La oligarquía es reticular, muy bien estructurada, pero el nivel superior está formado por muy pocas personas naturales con un poder casi ilimitado.

Un capítulo esencial se refiere, en el mundo contemporáneo, al poder de quienes gestionan y controlan las redes de comunicación y la estructura de Internet, la autopista digital por la que transitan todos los datos, transacciones, ideas, actos, decisiones: el sistema nervioso central de un mundo dominado por la información y la velocidad, en tiempo real. En este contexto, la cúpula occidental –en la sinergia habitual entre grandes sujetos privados y estructuras de los Estados líderes, EE.UU., Israel, Gran Bretaña– mantiene una primacía relevante, socavada por el Estado nacional más grande, China, a la vanguardia de la tecnología de las comunicaciones sobre fibra 5G, semimonopolio en la posesión y procesamiento de las Tierras Raras, los diecisiete elementos de la tabla periódica de Mendeleev sobre los que se sustenta el desarrollo y la funcionalidad de los procesos tecnológicos, científicos.

Quien controla todo esto y las fuentes de energía que sustentan los modelos de desarrollo, producción y reproducción del dominio domina el mundo y está destinado a imprimirlo en ideas, modos de vida, en la elección de gustos, valores y principios. Las dinastías del dinero se llevan la parte del león, pero la hegemonía está hoy en discusión por el surgimiento de nuevos sujetos arraigados en el hemisferio oriental. La observación empírica, incluso antes de la férrea lógica geopolítica, muestra que las crisis actuales –incluso el conflicto entre Rusia y la OTAN a través de Ucrania– son jugadas de ajedrez en el «gran juego» por el control de los recursos mundiales, de los flujos financieros que los mueven, de las principales rutas comerciales.

Nuestra cartografía no puede olvidar que el poder del dinero es inerte en sí mismo y debe nutrirse constantemente de un sistema de relaciones, creencias y valores capaz de mantenerse y extenderse, con la colaboración de sectores especializados de la población –científicos, economistas, intelectuales, militares, operadores de comunicación– un consenso que permite la perpetuación de las elecciones, la obediencia de las masas, la influencia en los gobiernos, la orientación, el control. Para ello, actúa una compleja serie de instrumentos operativos, organizaciones, asociaciones, grupos de influencia y poderes derivados que responden a la cúpula, una suerte de pool de ministerios y departamentos de servicios divididos por sectores y territorios.

El sistema opera desde hace algunos siglos, se fortaleció luego de las dos guerras mundiales y con un movimiento acelerado luego de la derrota del modelo comunista soviético. El Dominio ha refinado y diversificado progresivamente sus brazos operativos en todas las áreas, hasta construir una sólida red global en la que lo público y lo privado se fusionan y se entrecruzan bajo la dirección de los «maestros universales». Hablaremos de esto en la última parte de nuestro artículo.

Fuente: EreticaMente.

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sábado, 28 de enero de 2023

MARCELO COLUSSI. El sujeto que se viene

 

MARCELO COLUSSI. El sujeto que se viene

 

Insurgente.org / 27 enero 2023

 

 


¿Un nuevo sujeto?


 Las nuevas tecnologías que se vienen abriendo paso desde hace algunas décadas a nivel mundial van estableciendo un nuevo tipo de sociedad, una nueva modalidad de relaciones interhumanas y, según podría preguntarse: ¿un nuevo sujeto? Enfaticemos en algo ante todo: el sistema-mundo actual sigue marcado por el modo de producción capitalista, con algunas puntuales excepciones: China y su peculiar “socialismo de mercado” o “socialismo a la china” -ahora, con Xi Jinping, pareciera que con una profundización de los ideales socialistas- y algunas pocas trincheras que persisten por allí, golpeadas y acorraladas por el capitalismo global: Cuba, Norcorea, Vietnam. El mundo de la “libre empresa” -que no es nada libre, por cierto- está muy sólidamente instalado, y en este momento no se ven fuerzas suficientes para transformarlo. El capitalismo, como todo sistema a través de la historia, puede cambiar. Lo cierto es que, en la actualidad, se lo descubre tan firme que se abre el interrogante sobre cómo derribarlo. Hoy los ideales revolucionarios están adormecidos; no digamos “superados”, porque el 85% de la población planetaria no ve ningún beneficio con la arquitectura económico-social actual, pero sí es evidente que no tienen la iniciativa.

 

Las tecnologías, como fue siempre a través de la historia, sirven para desarrollar las fuerzas productivas. En otros términos: son instrumentos; pero no son ellas las que deciden la marcha del mundo, sino la forma en que son utilizadas socialmente. De todos modos, la rapidez vertiginosa y la profundidad que va teniendo la actual super revolución tecnológica en curso -infinitamente más profunda que la revolución industrial dieciochesca- marca de tal modo al sistema que abre interrogantes sobre cómo seguirá la sociedad global, hacia dónde va, y si podrá estar realmente al servicio de toda la población en algún momento, o seguirá perpetuando (o ampliando) las diferencias y la explotación, tal como sucede ahora.

En otros términos: el problema no está en la herramienta tecnológica propiamente dicha sino en el proyecto humano en el cual se inscribe. Un martillo puede servir para clavar un clavo o para romperle la cabeza a alguien; la energía atómica puede servir para iluminar toda una ciudad o para hacerla volar por el aire. La cuestión está dada por las relaciones sociales en que los avances tecnológicos ocurren; sin embargo, las actuales tendencias de la tecnología (mundo digital, inteligencia artificial) no solo cuestionan sobre cómo el capitalismo dominante las implementará, sino también sobre el sujeto a que están dando lugar.

 

Está claro que en el mundo que se abrió con el capitalismo desde hace ya un par de siglos, todo adelanto en las herramientas -la navegación a vela, la máquina de vapor, el ferrocarril, la producción en serie, la electricidad, las comunicaciones masivas, la informática, la robótica- ha favorecido siempre a la clase dominante. Toda mejora en los instrumentos de trabajo y de vida cotidiana, si bien llega como beneficio con cuentagotas a las grandes mayorías populares, favorece en principio, y fundamentalmente, a los grupos hegemónicos, dueños de los medios de producción. Las tecnologías que se vienen disparando desde fines del siglo pasado, potenciadas de un modo fabuloso por los encierros a que forzó la pandemia de Covid-19 (inteligencia artificial adaptativa, metaverso, internet de las cosas con tecnología 5G, internet descentralizado (Web3), superapps, realidad aumentada, plataformas en la nube especializadas por sector) abrieron paso en forma tajante a algo que ya venía preformándose: todo es “a distancia”, virtual: teletrabajo, teleconferencias, compras por internet, educación en línea, sexo por aplicaciones, esparcimiento virtual en 3D…. Todo este fabuloso instrumental tecnológico a disposición de la humanidad -o de ciertos grupos, porque hay muchísima gente que sigue viviendo en el subdesarrollo comparativo, que no tiene aún ni siquiera acceso a energía eléctrica- ¿está creando un nuevo sujeto?

¿Cuál es la imagen del ciudadano de a pie que se va construyendo hoy, no solo para la producción, sino para todas las actividades humanas (estudio, diversión, tareas domésticas, vida sexual)? Un sujeto sentado ante una pantalla.

 

Se ha dicho (Cabrera, 2022) que “Con las restricciones del contacto humano [que provocó la pandemia y que van quedando incorporadas en la “nueva normalidad”] hay pérdidas importantes [en el proceso de subjetivación], pero que no se visibilizan suficientemente con los avances de la posmodernidad, que tienen que ver con el dominio de la inteligencia artificial, y la digitalización de la vida. En consecuencia, funcionar con un contacto humano mediatizado o muy restringido representa un duelo cultural”.

 

¿Estamos ante un nuevo sujeto humano o ante nuevas subjetividades? Argumentado desde distintos lugares teóricos (marxismo y psicoanálisis) no puede decirse que estemos ante la “muerte” del sujeto sino, en todo caso, ante una reconfiguración, un estilo nuevo. Hay modalidades globales del capitalismo como sistema que imponen un sujeto nuevo, un sujeto que se adecua a esa realidad sociopolítica, económica, tecnológica; pero las subjetividades del ser humano, en su estructura, en su esencia, siguen más o menos iguales.

 

Definitivamente, sí hay un duelo en relación a muchas formas de la interrelación humana conocida hasta ahora (por ejemplo: el sexo fue siempre de “carne y hueso”, presencial. ¿Se reemplazará con sexo remoto a través de lentes tridimensionales y pants con sensores para contactarse con una pareja que puede estar en las antípodas del globo terráqueo?) Pareciera que vamos hacia un nuevo sujeto y una nueva forma de conocer, de transmitir ideas y sentimientos, de actuar en el mundo. Todo eso cambia radicalmente, pero la subjetividad no.

El “hombre nuevo” levantado años atrás en el socialismo era una brillante idea romántica. Hay que formar un nuevo ser humano, pero eso no se da por un acto voluntario. Ese hombre nuevo era un hombre “bueno”, con una enorme voluntad. Mas no se puede ser “buena gente” y solidarios por decreto. Vemos que el socialismo no crea eso automáticamente: el modelado de una nueva subjetividad es un proceso sumamente complejo, arduo. En todo caso esa nueva subjetividad, ese hombre nuevo se podrá crear si hay un nuevo ámbito global, un marco político social, cultural, civilizatorio en su sentido más amplio. Se podrá dar luego de muchas generaciones, que moldearían nuevas modalidades de relacionamiento.

 

Lo que vemos es que, más allá de buenas voluntades, el machismo, el racismo, el autoritarismo, el centralismo, todas eso que podríamos llamar “lacras” (concepto a discutir, por cierto), no desaparecen por decreto. El actual presidente de Rusia, Vladimir Putin, fue formado en la ortodoxia marxista, siendo todo un cuadro del Partico Comunista de la Unión Soviética; y hoy, luego de haber apoyado el bombardeo del Kremlin con el que se dio por terminado el socialismo, representa intereses de un rapaz capitalismo no distinto al de las potencias occidentales. ¿Qué significa eso? Que los cambios profundos en la subjetividad necesitan muchas generaciones. El hombre nuevo fue una idea encomiable, pero que no podía prosperar rápidamente en una nueva sociedad que se comenzó a edificar, porque la gente de izquierda, los comunistas, los revolucionarios, son producto de la construcción de un sujeto centrado todavía en el autoritarismo, en la propiedad privada, el patriarcado. Todo eso por decreto, por voluntad, no se cambia. Construir una nueva subjetividad es algo más profundo. Tampoco lo consigue mecánicamente esta nueva cultura digital a la que ahora estamos asistiendo. ¿O sí?

El mundo que se nos viene

 

Hay una idea interesante en Freud, que no era un comunista precisamente, pero resultó un subversivo, un revolucionario en sentido ético en el campo de las ideas, expresada un par de años después de la revolución rusa de 1917, al observar ese proceso. Considerando que ahí se da un nuevo marco cultural, pensaba -no sin razón- que de allí, quizá en un futuro, podría salir un nuevo sujeto, no tan atado a su neurosis, más libre quizá. Conclusión: si existe un contexto social nuevo, de ese fermento puede surgir un sujeto nuevo.

 

El mundo que estamos viviendo ahora, escenario post pandemia donde el distanciamiento social se hizo norma, introdujo profundos cambios llegados para quedarse. Es este mundo digitalizado el que cada vez gana más terreno estableciéndose como hegemónico, aunque haya regiones del planeta donde todavía persiste el arado de bueyes o se utiliza la leña como principal combustible, atado a supersticiones milenarias mágico-animistas. El mundo está pasando a ser, con grandes diferencias aún entre distintos países, un mundo digital, marcado en forma creciente por las comunicaciones velocísimas y la inteligencia artificial.

 

No hay progreso”, pudo decir Lacan. Esto debe entenderse en el sentido que las pasiones humanas, el deseo, la relación con el poder, se mantienen. Lo que vimos de las experiencias socialistas, al menos hasta ahora, lo confirma. Cambia lo político-social: hay avance, hay progreso en la forma en que se arman las sociedades: ya no hay esclavismo, aunque siga habiendo explotación de la clase trabajadora. Ya no hay cinturón de castidad, aunque perdure el patriarcado. “En el Medioevo me hubieran quemado a mí; ahora los nazis queman mis libros. ¡Hemos progresado!”, pudo decir sarcástico Freud cuando marchaba al exilio. Pero entonces lo subjetivo, ese sujeto deseante que somos, ¿será que cambia tanto por el uso del celular o de la computadora, por las aplicaciones de citas o por una lente tridimensional de realidad virtual? Estos cambios sociales-económicos-tecnológicos no afectan forzosamente nuestra subjetividad. Con todas estas transformaciones procedimentales ¿somos “mejores” o “peores” seres humanos? (pregunta torpemente planteada así). ¿Amamos más o amamos menos de esta manera?, ¿se ama más a los juguetes sexuales que a la gente de carne y hueso? Lo que sí es evidente es que vamos entrando en un mundo donde la relación interhumana se problematiza. ¿Ya no habrá sindicatos entonces? ¿Gente en la calle manifestando? ¿Todo se hará en el metaverso?

 

Toda la parafernalia tecnológica que instaura el mundo digital, de momento al menos en los marcos del capitalismo dominante, no sirve en absoluto para fomentar ninguna liberación. Habrá que establecer otro marco social para que esas herramientas sirvan a la causa humana. Los robots podrían hacernos trabajar menos dejándonos más tiempo libre para otros disfrutes; la realidad es muy otra: gente queda desocupada, los precios de los productos no bajan y las diferencias económicas entre los que más tienen y los desposeídos se agigantan.

No es posible demostrar que con esta cultura digital que se va imponiendo, con una inteligencia artificial que parece saberlo todo y nos asiste en todo (ahí están los chatbots, por ejemplos) nos tornemos más fríos en términos humanos, despersonalizados, distantes; lo que sí es evidente es que nos transforman, o intentan transformar, en más manipulados.

 

Las tecnologías solas no modifican el proyecto humano en términos subjetivos. A veces pareciera que tienen vida independiente. Se inventaron el robot o la computadora, prodigios de inteligencia artificial, pero no sabemos los alcances finales de eso, si podrán terminar manejando a la especie humana, o si eso no puede pasar de ciencia ficción. En la película “2001: Odisea del espacio”, de Stanley Kubrick, la inteligencia artificial finalmente es más inteligente que la humana y termina suplantando al ser humano. Si vemos a éste desde una perspectiva freudiana, de compulsión a la repetición y pulsión de muerte, sí parece que nos podríamos estar acercando al final de la civilización, por la catástrofe medioambiental en curso o la posibilidad real de guerra nuclear devastadora.

 

El socialismo es una esperanza para lograr un ser humano distinto, quizá no más bueno y bondadoso, sino con ordenamientos sociales más solidarios, superando el individualismo hedonista que se ha ido construyendo con el capitalismo consumista. Se pueden crear condiciones para que las relaciones humanas sean menos monstruosas y se salga del “homo homini lupus”. Si son relaciones de poder las que construyen al ser humano, si eso es parte del drama que nos constituye, puede apostarse por crear relaciones nuevas. Las tecnologías actuales podrían facilitarlo; hoy, como están dirigidas, no lo parece.

La cuestión está en si todo esto nos está convirtiendo en robots o no, si en términos de subjetividad es peligroso o no. El peligro está en la implementación que los poderes dominantes hacen de esto, porque la gente, que en lo sustancial como seres humanos no ha cambiado, sigue protestando, teniendo momentos de felicidad y momentos de angustia, miedos y aspiraciones. Todo indica que las fantasías y temores humanos fundamentales no difieren en lo básico, y aunque hay diferencias de clase, no pareciera haber diferencias en la estructura psicológica profunda, entre el sujeto de hace décadas, o siglos, y el actual. Si algo debe espantarnos es la implementación que se hace de este mecanismo tecnológico global.

 

Marcelo Colussi

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“El 30 de enero quemaremos las cartas que el ministro Escrivá ha enviado al colectivo pensionista” (cast/cat) [España]

 


“El 30 de enero quemaremos las cartas que el ministro Escrivá ha enviado al colectivo pensionista” (cast/cat)


Publicado el 27 de enero de 2023 / Por Comunicados

KAOSENLARED

 El próximo lunes 30 de enero, la Marea Pensionista de Catalunya sustituirá la tradicional concentración semanal de la Pl. Universidad de las 10 por la mañana por una manifestación que saldrá de esta plaza hasta la Tesorería General de la Seguridad Social, calle Aragón, 273 de Barcelona.

El objetivo es reclamar que el Tribunal de Cuentas haga la auditoría de las cuentas de la Seguridad Social para saber donde han ido a parar el dinero de nuestras cotizaciones.

Así mismo, aprovecharemos la ocasión para quemar las cartas que el ministro Escrivá ha enviado a las personas pensionistas para reclamar la satisfacción de nuestras reivindicaciones, en particular el incremento de las pensiones mínimas hasta el SMI y acabar con la brecha de género.



¡Queremos la auditoría de las cuentas de la Seguridad Social, ya!
La Coordinadora de las Mareas de Pensionistas de Catalunya se manifestará el próximo 30 de enero ante la Tesorería General de la Seguridad Social, calle Aragó, 273, de Barcelona.

A las 10 horas nos concentraremos en la plaza Universidad y desde allí nos dirigiremos a la sede de la Tesorería para reclamar el cumplimiento de la Ley 21/2021, aprobada por el Congreso de Diputados (BOE-A-2021-21652 Ley 21/2021, de 28 de diciembre, de garantía del poder adquisitivo de las pensiones y de otras medidas de refuerzo de la sostenibilidad financiera y social del sistema público de pensiones).

Pese a esta aprobación, hasta ahora el Tribunal de Cuentas del Estado no ha recibido ninguna orden para poder realizar la auditoría necesaria para aclarar dónde han ido a parar el dinero de la Seguridad Social.

Por eso, la Coordinadora hemos considerado necesario reclamar el cumplimiento de éste acuerdo.

En el mismo acto, y ya a las puertas de la Tesorería de la Seguridad Social, quemaremos las cartas enviadas por el ministro Escrivá a todas las personas pensionistas como protesta por no atender nuestras reivindicaciones que, entre otras cosas, reclamamos el incremento de las pensiones mínimas según el salario mínimo interprofesional y acabar con la brecha de género.

Marea Pensionista de Catalunya
Barcelona, ​​25 de enero de 2023


(Cat)

Volem l’auditoria dels comptes de la Seguretat Social, ja!
La Coordinadora de les Marees de Pensionistes de Catalunya es manifestarà el pròxim 30 de gener davant la Tresoreria General de la Seguretat Social, carrer Aragó, 273, de Barcelona.
A les 10 hores ens concentrarem a la plaça Universitat i des d’allí ens dirigirem a la seu de la Tresoreria per reclamar el compliment de la Llei 21/2021, aprovada pel Congrés de Diputats (BOE-A-2021-21652 Ley 21/2021, de 28 de diciembre, de garantía del poder adquisitivo de las pensiones y de otras medidas de refuerzo de la sostenibilidad financiera y social del sistema público de pensiones).
Malgrat aquesta aprovació, fins ara el Tribunal de Comptes de l’Estat no ha rebut cap ordre per poder realitzar l’auditoria necessària per aclarir on han anat a parar els diners de la Seguretat Social.
Per això, la Coordinadora hem considerat necessari reclamar el compliment d’aquest acord.
En el mateix acte, i ja a les portes de la Tresoreria de la Seguretat Social, cremarem les cartes enviades pel ministre Escrivà a totes les persones pensionistes com a protesta per no atendre les nostres reivindicacions que, entre altres coses, reclamem l’increment de les pensions mínimes segons el salari mínim interprofessional i acabar amb al bretxa de gènere.

Marea Pensionista de Catalunya
Barcelona, 25 de gener de 2023

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¿Quién gobierna en el mundo? Parte I

 

Nos preguntamos: ¿quién gobierna realmente el mundo? ¿Cuáles son los mecanismos que permiten a los poderosos aunar criterios y coordinar sus acciones? Aquí presentamos la primera parte de un artículo –la segunda, mañana– que trata de responder a esas preguntas.


¿Quién gobierna en el mundo? 

Parte I


Roberto Pecchioli

El Viejo Topo

28 enero, 2023 

 


Mientras tomábamos un café, un amigo nos hizo la pregunta del billón: ¿Quién gobierna el mundo? Agregó que no quería una respuesta compleja y que le interesaba saber nombres y apellidos. Amplio y arduo programa, respondiendo a una pregunta que nos ha mantenido inclinados sobre libros durante años; más difícil aún señalar a las personas físicas en una época en la que el poder –más oligárquico y cerrado que nunca– tiene una dimensión reticular, en la que cada articulación, cada anillo está íntimamente ligado en una tela de araña que, sin embargo, tiene un centro que puede ser identificado

Le repetimos a nuestro amigo un concepto expresado por Giano Accame, gran periodista y finísimo intelectual: mandan aquellos de los que no se pueden decir cosas malas. Parece una broma –o una evasión de la respuesta– y en cambio es el primer paso para llegar a la verdad. En todo medio –todos tenemos experiencia– hay alguien (persona, grupo, camarilla, grupo de intereses) de quien no se puede hablar mal, so pena de represalias, discriminación, castigo. Así funciona el mundo, arriba y abajo, a pesar de las almas bellas. Podemos entonces formular un primer nivel de respuesta: mandan aquellos que pueden hacer que su voluntad se convierta en ley o en sentido común –aplicando sanciones a los que transgreden o discrepan– y son capaces primero de desacreditar, luego de prohibir,

No es, todavía, una respuesta. Otro nivel de reflexión es negativo: ¿quién no manda, es decir, quién, de hecho y de derecho, no puede ejercer poder?

Aquí el tamiz se hace más espeso y excluye una inmensa cantidad de sujetos: los pueblos, los pobres, los sin bienes y sin educación, la inmensa mayoría de los seres humanos, pero también gran parte de los estados teóricamente independientes que representan a las naciones, las civilizaciones y los pueblos del mundo. La respuesta se vuelve menos opaca. Mandar, es decir decidir, gobernar, dictar disposiciones que deben ser obligatoriamente cumplidas o impuestas, significa no reconocer –de hecho o de derecho– autoridades superiores: la antigua fórmula latina de auctoritas –o potestas– superiorem non recongnoscens .

Por lo tanto, parece evidente que las instituciones públicas, empezando por los estados nacionales, ya no mandan. Algunos ejemplos relacionados con Italia: las leyes de la Unión Europea –promulgadas en forma de reglamentos– y toda la legislación comunitaria no solo son definitivas y de aplicación inmediata, sino que también derogan cualquier disposición nacional contraria. Lo más sorprendente es que va pesar de la disposición constitucional que atribuye la soberanía al pueblo (italiano)– fue la misma jurisdicción, con sentencias específicas, la que se despojó de la potestas para establecer la superioridad del derecho comunitario, conocido no solo como acervo, norma, sino también como conquista adquirida de una vez por todas.

La República ya no tiene un poder legislativo autónomo: la constitución es una hoja de papel o un libro de sueños. Niccolò Machiavelli, fundador de la ciencia política, creía que los cimientos de la soberanía estatal eran el ejército y la moneda. Nadie puede negar que nuestras fuerzas armadas [italianas, aunque no solo] están dirigidas por los mandos de la OTAN, cuya cumbre está en los EE.UU. A través de la cobertura atlántica, Estados Unidos posee al menos cien bases militares en Italia, algunas de las cuales están equipadas con armas atómicas que están fuera del control italiano. Todas son jurídicamente extraterritoriales y los delitos militares no pueden ser perseguidos, como lo sabe cualquiera que intentó en vano detener a los aviadores estadounidenses que destruyeron el teleférico Cermis en Cavalese, con bajas y daños. Discutir no, digamos, la pertenencia a la OTAN, sino sus términos, está sustancialmente prohibido en Italia y coloca a quienes intentan salir al debate político al borde de la criminalización. Esto sería suficiente para desesperar a Maquiavelo.

Lo peor, sin embargo, es la inexistencia de soberanía monetaria, es decir, control privado y extranjero de la emisión y circulación del dinero legal. El bastón de mando está en manos de quienes crean dinero de la nada, atribuyéndose la propiedad a sí mismos: los banqueros. La primacía del dinero sobre la dimensión pública ha sido conquistada por los «mercados», seudónimo del poder financiero de unos pocos gigantes, con la creación de bancos centrales de los que se han hecho con el control, apropiándose de la principal fuente de mando: la emisión de dinero. Falsos organismos públicos para disfrazar su naturaleza de gigantescos poderes privados en manos de los señores del dinero, los bancos centrales están controlados por la cúpula de las finanzas internacionales y disfrutan de privilegios e inmunidades bien ocultos al público en general.

El truco no es solo la difícil comprensión del concepto de acuñación como creación ex nihilo, sino la difusión de una ideología económica y financiera presentada como una ciencia exacta, aunque arcana en sus fundamentos, en base a la cual solo las «autoridades monetarias», otro nombre del arte de los señores privados de dinero, tienen las habilidades, la capacidad y la experiencia para crear, distribuir y dirigir los flujos monetarios. De ahí la pretensión de independencia (es decir, omnipotencia y ausencia de control) del sistema de banco central, que, según sus estatutos aprobados por el Estado, «no puede solicitar ni recibir consejos o instrucciones», fórmula acrobática para poner el derecho al servicio de lo que desean.

¿Quién se atreve a decir cosas malas de los «mercados», tótems y tabúes de nuestro tiempo? Mucho menos de los bancos centrales, cuyos mitificados centros de estudio destilan un indiscutible saber casi esotérico, una dogmática no muy distinta a la de la Iglesia del pasado. Además, para quedarse en casa, la mayoría de los compatriotas no saben que el Banco de Italia (hoy un simple miembro del BCE) miente desde el mismo nombre: no solo no es público, como sugiere el nombre, sino que ni siquiera es italiano, ya que sus accionistas, modestamente conocidos como participantes, son en su mayoría instituciones privadas controladas por bancos extranjeros, empezando por Unicredit e Intesa-San Paolo.

Mayer Amschel Rothschild, el hombre que creó el inmenso poder de la dinastía que lleva su nombre, una de las monarquías hereditarias sin corona que dominan el mundo, dijo una vez: permítanme emitir y controlar la moneda de una nación y no me importará quién hace sus leyes. ¿Quién se atreve a criticar al sistema bancario y financiero, dueño de los mercados intocables, custodios de poderes arcanos y conocimientos iniciáticos? Los mercados, afirma una vulgata indiscutible, votan todos los días y quieren la santa «estabilidad», es decir, un sistema inmóvil que se perpetúe.

Obvio: mandan ellos y las críticas, los ataques, el rencor popular, son apropiadamente desviados hacia los gobiernos y los políticos, directores generales pro tempore del poder financiero. El voto popular «libre y universal» es una ficción, una farsa para los ingenuos. El poder del dinero vacía las democracias: ¿quién crees que gana –sin importar programas y consignas– entre un partido o candidato con fondos y otro sin ellos? ¿Y quién tiene más dinero para arrojar a la competencia drogada que aquellos que la crean con un golpe de pluma, un clic en el teclado de la megacomputadora?

Y, sin embargo, si bien es posible, a menudo instigado y dirigido por otros, atacar a políticos, ejecutores de órdenes superiores, camareros y pinches de los llamados «poderes fácticos», casi nadie ataca a las intangibles «autoridades monetarias», los bancos sistema, los mercados soberanos y las oligarquías financieras que pagan la orquesta y deciden la música.

Otra lección de Accame sobre identificar quién es el jefe se refiere a quién pagamos impuestos, de una forma u otra. Teóricamente, al estado. En realidad, gran parte del dinero que legalmente nos roban se destina a pagar la deuda pública, o mejor dicho, los intereses que la gravan. De hecho, a pesar de la expropiación aguas arriba, es decir, la soberanía monetaria conferida al sistema financiero privado y la gigantesca contabilidad falsa relacionada, Italia ha tenido un saldo primario (la diferencia entre ingresos y gastos) que ha sido positivo desde la década de 1990, mientras que la deuda pública sigue aumentando debido a los intereses, extorsionados con fraude de deuda, adeudados a quienes asumieron la propiedad inicial del dinero. El interés pagado al sistema usurero en los últimos treinta años es casi igual a la totalidad de la deuda acumulada.

Napoleón, que también exportó con armas la revolución francesa burguesa y mercantil, decía: “cuando un gobierno depende del dinero de los banqueros, son éstos, y no el gobierno, los que controlan la situación, ya que la mano que da está por encima de la mano que recibe”. Y el general corso tenía el ejército y el estado… Un gran político y legislador, Thomas Jefferson, padre de la constitución americana, luchó con todas sus fuerzas contra el poder financiero que extendía sus garras sobre la nueva nación. “Creo que, para nuestra libertad, las instituciones bancarias representan un peligro mayor que los ejércitos. Si los ciudadanos estadounidenses les permitieran controlar la emisión de moneda, los bancos les quitarían todas sus propiedades hasta que sus hijos se despertaran sin hogar.”

El sistema financiero es una oligarquía «extractiva», en el sentido de que extrae la riqueza de los pueblos y ciudadanos de a pie para llevársela a sí mismo, un drenaje ascendente que todo lo devora. Un ejemplo es la reciente ley de la UE, deseada por los grupos de presión financieros e industriales convertidos por interés en una equívoca ideología verde, que expropiará de facto la casa si no se implementan costosas innovaciones de «energía». Quien no lo haga –tras endeudarse con los usureros de siempre– tendrá que vender por un centavo su propiedad a los hiperpropietarios, que intentan convencer de que no tener nada es la felicidad suprema, que sin embargo eluden. Destacados filántropos.

En Italia hay un impuesto más, una extracción extra: el dinero de protección que pagan las actividades económicas a las mafias. Quien puede recaudar impuestos manda y, naturalmente, no le gusta que hablen mal de él. Es peligroso luchar contra las mafias, pero también revelar el poder del sistema financiero y el engaño histórico de la deuda con la que aprieta cada día la soga al cuello de Estados, pueblos e individuos. Por no hablar de la dificultad de hablar mal de otra extracción en nuestro perjuicio, el engaño del dinero electrónico. Más allá de cualquier consideración relacionada con la libertad y la vigilancia, pocos mencionan la inmensa ganancia de millones de comisiones, incluso pequeñas y mínimas, aplicadas a nuestras transacciones. Los beneficiarios son los habituales, y es a ellos a quienes pagamos un impuesto adicional.

Un sabio amigo de origen campesino repetía: si no pagas con lino, pagas con lana; las víctimas siempre somos los que no mandamos.

Sin embargo, para construir un antagonismo es necesario identificar los rostros de los responsables. La vaga e impersonal respuesta de que el mundo –y por supuesto Italia– está en manos de la oligarquía financiera no satisface y no significa mucho a los ojos de la gente, víctima de juegos de manos, mentiras y un refinado psíquico y mediático bombardeo al cerebro reptiliano y al área límbica, instintiva del cerebro. Además, es una verdad parcial. El poder es ramificado y muy refinado: no se puede liquidar con una acusación únicamente contra el sistema financiero. La dominación tiene muchos riachuelos y reglas que son capaces de determinar opiniones, visiones del mundo, las palabras para expresarlas, las agendas a seguir en la economía, en la política, en la sociedad y en la vida cotidiana, en los gustos y en la cultura en sentido amplio. Una vez más, son aquellos de quienes está prohibido, inconveniente y peligroso decir su mal. Hablaremos de ello en la segunda parte de este trabajo, con la temeraria promesa de no autocensurarnos.

Fuente: EreticaMente.

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viernes, 27 de enero de 2023

En peligro los privilegios del dólar

 

Este artículo muestra cómo el conflicto de las grandes potencias pone en peligro el exorbitante privilegio del dólar. La desdolarización y las monedas digitales de los bancos centrales ya están poniendo en entredicho el orden monetario. Y lo dice la banca suiza.


En peligro los privilegios del dólar

 

Zoltan Pozsar

El Viejo Topo

27 enero, 2023 



Desde el final de la Guerra Fría, el mundo ha disfrutado en gran medida de una era unipolar: Estados Unidos era el hegemón indiscutible, la globalización era el orden económico y el dólar era la divisa elegida. Pero hoy en día, la geopolítica vuelve a plantear un formidable conjunto de desafíos al orden mundial existente. Esto significa que los inversores deben tener en cuenta nuevos riesgos.

China está escribiendo de forma proactiva un nuevo conjunto de reglas mientras reproduce el Gran Juego, creando un nuevo tipo de globalización a través de instituciones como la Iniciativa Belt and Road, el grupo de economías emergentes BRICS+ y la Organización de Cooperación de Shanghai, una alianza de seguridad colectiva de ocho países.

Mientras estaba encerrada, Pekín forjó una relación especial con Moscú y Teherán. Esta relación con Rusia, con la ayuda involuntaria del calentamiento global, está contribuyendo a extender la BRI de China a través de las rutas marítimas del Ártico. Y a finales del año pasado, asistimos a la primera cumbre entre China y el Consejo de Cooperación del Golfo y, por tanto, a una profundización de los lazos de China con Opec+. Todo ello puede desembocar finalmente en «un mundo, dos sistemas».

Si estamos pasando de un mundo unipolar a este multipolar, y si el G20 se fractura en los campos del G7 más Australia, BRICS+ y los no alineados, es imposible que estas fisuras no afecten al sistema monetario internacional. Los crecientes desequilibrios macroeconómicos en Estados Unidos agravan aún más estos riesgos.

El orden monetario basado en el dólar ya está siendo cuestionado de múltiples maneras, pero destacan dos en particular: la propagación de los esfuerzos de desdolarización y las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC).

La desdolarización no es un tema nuevo. Comenzó con el lanzamiento de la relajación cuantitativa tras la crisis financiera, ya que los países con superávit por cuenta corriente no veían con buenos ojos la idea de una rentabilidad real negativa de sus ahorros. Pero recientemente, el ritmo de la desdolarización parece haberse acelerado.
En el último año, China e India han estado pagando las materias primas rusas en renminbi, rupias y dirhams de los EAU. India ha puesto en marcha un mecanismo de liquidación en rupias para sus transacciones internacionales, mientras que China ha pedido a los países del CCG que utilicen plenamente la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghai para la liquidación en renminbi de las transacciones de petróleo y gas en los próximos tres a cinco años. Con la expansión del BRICS más allá de Brasil, Rusia, India y China, la desdolarización de los flujos comerciales puede proliferar.
Los CBDC podrían acelerar esta transición. China ha cambiado la estrategia mediante la cual internacionaliza el renminbi. Dado que las sanciones financieras se aplican a través de los balances de los bancos occidentales, y que estas instituciones forman la columna vertebral del sistema de corresponsales bancarios que sustenta el dólar, utilizar la misma red para internacionalizar el renminbi puede entrañar riesgos. Para evitarlo, se necesitaba una nueva red.

Según el FMI, más de la mitad de los bancos centrales del mundo están explorando o desarrollando monedas digitales con proyectos piloto o de investigación. Cada vez estarán más interconectadas. Los bancos centrales interconectados a través de CBDC recrean esencialmente la red de bancos corresponsales sobre la que funciona el sistema del dólar estadounidense; en lugar de bancos corresponsales, piense más bien en bancos centrales corresponsales. La incipiente red basada en los CBDC, reforzada con líneas bilaterales de swap de divisas, podría permitir a los bancos centrales del este y el sur del mundo actuar como agentes de cambio para intermediar los flujos de divisas entre los sistemas bancarios locales, todo ello sin hacer referencia al dólar ni tocar el sistema bancario occidental.

El cambio ya está en marcha. Los superávits por cuenta corriente de China, Rusia y Arabia Saudí son récord. Sin embargo, estos superávits no se están reciclando en activos de reserva tradicionales como los bonos del Tesoro, que ofrecen rendimientos reales negativos con las tasas de inflación actuales. En su lugar, hemos observado una mayor demanda de oro (véanse las recientes compras de China), materias primas (véanse las inversiones previstas por Arabia Saudí en intereses mineros) e inversiones geopolíticas como la financiación de la BRI y la ayuda a aliados y vecinos necesitados, como Turquía, Egipto o Pakistán. Los superávits sobrantes se mantienen cada vez más en depósitos bancarios en forma líquida para conservar opciones muy necesarias en un mundo cambiante.

En finanzas, todo gira en torno a los flujos marginales. Éstos son los más importantes para el mayor prestatario marginal: el Tesoro estadounidense. Si el comercio se factura menos en dólares y los excedentes en dólares se reciclan cada vez menos en activos de reserva tradicionales como los bonos del Tesoro, el «privilegio exorbitante» que tiene el dólar como moneda de reserva internacional podría verse amenazado.

Fuente: Financial Times.

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