viernes, 22 de julio de 2016

LIBIA, DESBARAJUSTE SOCIAL, POLÍTICO Y ECONÓMICO CREADO POR LOS MISMOS JEFES JEFES DEL CAPITAL QUE NOS IMPONEN LA MISERIA MORAL Y MATERIAL QUE PADECEMOS. ¿EL EJÉRCITO ESPAÑOL ESTÁ PACIFICANDO Y HUMANIZANDO LIBIA?



Libia, el naufragio que no cesa

Rebelión
09.o7.2016

Las brigadas Bunyan Marsu, provenientes de la ciudad costera de Misrata, separada por unos 240 kilómetros de ciudad de Sirte, cuna y lugar del martirio del Coronel Muhammad Gadaffi, hasta estos días la primera capital de Estado Islámico, fuera de Irak y Siria, están logrado junto a otras fuerzas doblegar la resistencia de los califados. La campaña al Nafir ila Libya (movilización hacia Libia) organizada por los hombre del Califa Ibrahim, para reclutar combatientes no ha tenido el éxito, se cree que en este momento en Sirte, según fuentes occidentales son entre 5 y 8 mil combatientes que resisten los embates de las milicias misratíes, que en la última semana consiguieron conquistar el puerto para continuar rumbo al centro de la ciudad.
Los combatientes de Estado Islámico en su mayoría libios, pero también tunecinos, chadianos, malíes y nigerinos se atrincheran en el centro de la ciudad para lo que se espera una gran batalla, quizás más memorable que la que la del aeropuerto de Trípoli en el verano de 2014, la batalla de Sirte que sin ninguna duda se resolverá a favor de los grupos pro occidentales, de ninguna manera resolverá el problema del salafismo en Libia, y quizás al contrario intensifique sus ataques, más esporádicos, pero se espera por necesidades de marketing, más letales como atentados en gran escala contra la población civil e la escasa infraestructura que todavía se mantiene en pie después de cinco años continuos de guerras, en este plano las instalaciones petroleras será las más amenazadas, ya que prácticamente son los únicos intereses de occidente en el país, a la vez que representa el único ingreso genuino al “estado” libio, hoy representado por el Gobierno de Unión Nacional libio (GNA) encabezado por el cada vez más desprestigiado Fayez al-Sarraj, último engendro creado por Naciones Unidas para darle un perfil de nación a la antigua patria del Coronel Gadaffi.
Se sabe que de la existencia de células dormidas de Estado Islámico, tanto en la ciudad de Trípoli como en la ciudad de Misrata, que podrían activarse una vez producida la caída de Sirte. Por otra parte se espera que tras la desbandada de las tropas de E.I., en las zonas rurales del suroeste de Sirte establezcan un sistema de guerrillas, hasta encontrar una nueva base. Posiblemente en la desértica provincia de Fezzan, al sur del país, alejada de la costa pero con amplias fronteras con Níger y el Chad. Que daría infinitas rutas de abastecimiento a Estado Islámico, tanto de insumos como combatientes provenientes del Sahel.
Algunos informes señalan que semanas antes del inicio del asedio a Sirte, por parte de las brigadas de Misrata, un comando del E.I. habrían llegado hasta la zona para comprobar la posibilidades de establecerse en la región, en la que por otra parte desde hace algunos años es epicentro del contrabando de armas y santuario de algunos grupos salafistas que operan en los países fronterizos.
Los 80 mil habitantes de la ciudad de Sirte, desde que fue capturada por E.I. en febrero de 2015, han debido adaptarse a las rígidas normas de lasharía, (ley islámica) lo que obligó a miles de familias a escapar hacia Misrata y otras localidades cercanas.
Otras de las agrupaciones que sitia Sirte por el oeste es la Brigada 166, que se ha hecho fuertes en Abu Grein a 80 kilómetros de la ciudad.
Algunos analistas restan importancia a la perdida de Sirte, por parte de E.I., ya que no tendría para los salafistas la importancia estratégica, ni simbólica, de Raqqa (Siria) o Mosul (Irak). Aunque la pérdida de cualquier posición como fue con bastiones en Irak y Siria de Ramadi, Tikrit y Palmira, para una organización que ha hecho del marketing un arma poderosísima es siempre un fuerte golpe.
La posibilidad de encapsular a Estados Islámico en el sur del país o en sectores cercanos a Sirte, obviando que no se despachen con atentados suicidas o la clase de masacres que les ha dado fama mundial.
Esta situación podría ser la oportunidad para el GNA tomar ventaja sobre las otras dos organizaciones políticas que se siguen arrogando poder en el país, los parlamentos de Trípoli y Tobruk que se han negado a reconocer al GNA.
Un cierto toque francés.
La caída de Sirte, esta vista como una posibilidad inmejorable para la unificación de las docenas de bandas armadas y milicias autónomas, que tienen secuestrados millones a libios. Unirse bajo la excusa de un enemigo en común: Estado Islámico, sería la gran oportunidad para la sustentación del gobierno de Fayez al-Sarraj y daría un respiro después de años a las potencias occidentales, que desde que decidieron incendiar Libia en 2011, no saben qué hacer.
Para lograr una unidad el GNA, tendría que acordar con infinidad de milicias con diferente anclaje territorial y poder de fuego incluso algunas cercanas al salafismo, que por resquemores políticos se han mantenido distantes de Estado Islámico; también con muchas tribus que han logrado subsistir a la hecatombe de la guerra contra Gadaffi.
En este maremágnum de interese políticos, comerciales, sostenidos por innumerables grupos armados existe un jugador que no está dispuesto a ceder en nada el jefe del Ejército Nacional Libio (LNA), el general Khalifa Hafter, el hombre del parlamento de Tobruk pieza fundamental para dar la estocada final en Sirte por ejemplo.
El general Hafther, antiguo hombre de Gadaffi, hasta que fue derrotado en la guerra contra Chad (1986-1987) por lo que fue depuesto, encarcelado hasta que partió al exilio a los Estados Unidos donde tomó inmediato contacto con la CIA y desde entonces fue uno de los más activos personeros de la guerra contra Libia.
En la actualidad Hafther, quien se postuló desde un principio como el hombre de occidente en Libia, se ha sentido traicionado al ser descartado, que ONU haya colocado en su lugar a un simple político de escalafón Fayez al-Sarraj .
Hafther, no ha roto con occidente, pero tampoco desiste en convertirse en el hombre fuerte post Gadaffi. Enemigo del integrismo islamismo sabe que como asimilado a los Estados Unidos, por su largo exilio, su vinculación con la CIA, incluso es ciudadano norteamericano, quiere guardar una imagen de hombre “civilizado y de orden”.