viernes, 3 de octubre de 2008

EL HONOR: COSA DE CABALLEROS

No recuerdo ahora si era Ortega y Gasset o Unamuno, el que decía que el honor era cosa de caballeros que precisamente eran los que menos honor tenían, por lo que no era muy partidario, yo tampoco, de que fuera el honor el que cubriera ciertas cosas que sólo pueden ser cubiertas con o por la honradez, que eso de la honradez si que no admite triquiñuelas, porque es cosa sería, y las más de las veces amarga. O sea, lo propio de las personas enteras.
Pues la palabra de honor del presidente de la patronal de Cajas de Ahorros, Juan Ramón Quintas, es lo que tenemos como garantía de que en España no hay ninguna Caja en situación crítica ni resquicio alguno para ser intervenida. Y yo me lo creo. Siendo una persona tan importante como no le voy a creer, ¡faltaría más!
Pero como el presidente de las Cajas españolas debe saber más que Lepe o incluso más que los ratones “coloraos”, sabe que cualquier cosa que diga puede ser mirada con lupa, o con bolígrafo de los baratos como hago yo, y por ello, y por si las moscas, deja una puerta abierta a lo que dice por aquello de que no sea que lo dicho no coincida con la realidad y donde dijo Diego después haya de decir digo, así que a su afirmación de la solidez de las Cajas de Ahorros añadió: “que vivimos en un mundo muy dinámico y complejo”, lo cual ya sabíamos y sabemos, pero que a él esta coletilla dejada caer como quien no quiere la cosa, le podría dejar en muy buen lugar, como caballero que es, si por esto o lo otro, la situación de las Cajas cambiara con tan sólo decir: cuando yo lo dije era cierto. Vamos que queda como todo un caballero.
Ya he dicho que me creo lo que dice Juan Ramón Quintas, de donde el lector ya puede ir deduciendo que esto que lee lo ha escrito un santo, aquí un servidor. Pero santo, santo, porque si me comparara…, que les diré yo, con Santo Tomás, por ejemplo, éste no me llega ni a la suela de la alpargata, porque no sé si saben ustedes que ahí el Santo Tomás, le dijo a Cristo: sí, sí. Como no vea con mis ojos y toque con mis manos, arregladito vas para que crea en Ti.
Pues ya saben, creo lo en que ha dicho Juan Ramón Quintas, que no soy un Santo Tomás cualquiera. Lo que ocurre es que no me fío un pelo de su palabra, porque no son palabras las que los ahorradores (el que sea) depositan en las Cajas y Bancos, sino dinero ganado con trabajo, y las garantías deben ser dadas a los ahorradores en la misma moneda, o sea, en dinero.
Y como garantía de este dinero depositado, por si las moscas, debe responder el que lo tomó en depósito con sus propios bienes raíces (para irnos dejando ya de cachondeos y tomaduras de pelo) presentes y futuros, por lo que yo me quedaría muy tranquilito y no haría falta que me diera palabra alguna el señor Quintas, cuando sepa que todos sus bienes están hipotecados como señal de garantía de la devolución del dinero recibido en depósito en las Cajas y Bancos cuando las cosas se pongan feas, que es justamente lo que hace la Caja o el Banco cuando deja dinero a un pequeño ahorrador: hipotecarlo hasta las cejas y si se tercia con aval de un familiar, por prevenir más que nada, porque los trabajadores no son de fiar, que me los conozco.
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