viernes, 8 de abril de 2016

FRANCESES, GRIEGOS, PORTUGUESES, ITALIANOS, ESPAÑOLES, VECINOS DE PUEBLA... FELIZ Y PRÓSPERO 2016, 2017, 2025 Y 2053 (LO QUE QUIERE DECIR QUE HACE FALTA UNA NUEVA EUROPA NO DOMINADA POR LOS GRANDES CAPITALES)


¿NUEVO MAYO DEL 68 EN EUROPA?

¿Nuevo Mayo del 68 en Europa?
 
 
 
 
 
Wright Mills en su libro “The Power Elite” (1.956) explica que el establishment en EEUU sería “el grupo élite formado por la unión de las sub-élites política, militar, económica, universitaria y mass media”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar” y que siguiendo la estrategia del Nuevo Orden Mundial habría fagocitado las élites dominantes de todos los países que gravitan en la órbita de EEUU. Zbigniew Brzezinski, ex- consejero de Seguridad Nacional durante el mandato de Carter, en un artículo publicado en la revista Foreign Affaire (1970), expone su visión del “Nuevo Orden Mundial” al afirmar que “se hace necesaria una visión nueva y más audaz con la creación de una comunidad de países desarrollados que puedan tratar de manera eficaz los amplios problemas de la humanidad”, esbozos de una teoría que perfilará en su libro “Entre dos edades: El papel de Estados Unidos en la era tecnotrónica” (1.971).
 
En el citado libro aboga además por el control de la población por una élite mediante la “manipulación cibernética” al afirmar que “la era tecnotrónica involucra la aparición gradual de una sociedad más controlada y dominada por una élite sin las restricciones de los valores tradicionales, por lo que pronto será posible asegurar la vigilancia casi continua sobre cada ciudadano y mantener al día los expedientes completos que contienen incluso la información más personal sobre el ciudadano, archivos que estarán sujetos a la recuperación instantánea de las autoridades”, lo que anunciaría ya la posterior implementación del programa PRISM o del reciente “affaire Spyon” de la NSA.
 
Asimismo, en un discurso reciente durante una reunión del Council on Foreings Relations (CFR), el citado Brzezinski advirtió que “la dominación de las élites ya no es posible debido a una aceleración del cambio social impulsado por la comunicación instantánea que han provocado el despertar universal de la conciencia política de las masas (Global Political Awakening) y que está resultando perjudicial para la dominación externa como la que prevaleció en la época del colonialismo y el imperialismo”.En consecuencia, tras el intento de controlar la nube mediante programas secretos como el citado Programa PRISM , en los próximos años asistiremos al final de la democratización de la información (siguiendo la senda emprendida por los llamados “países totalitarios”, mediante la imposición de leyes que prohíben el uso de determinados términos (en China, por ejemplo, “democracia” o “derechos humanos”) para continuar con la implementación de filtros en los servidores de los ISP, de lo que sería paradigma el SmartFilter fabricado por la compañía estadounidense Secure Computing.
 
Así, según un estudio de la organización OpenNet (integrada por las universidades de Oxford, Cambridge, Harvard y Toronto), 25 países ejercerían la censura de webs con contenidos políticos o sociales “peligrosos” e impedirían asimismo el acceso a aplicaciones como YouTube o Google Maps aplicando sofisticados métodos de censura gracias a la colaboración de empresas occidentales, lo que tendrá como efectos colaterales la imposibilidad del acceso universal a la red en la próxima década y el retorno a sus orígenes de la Red de Redes al quedar Internet convertido en herramienta exclusiva de las élites políticas, económicas y militares, lo que de facto constituirá una deriva totalitaria y la implementación del déficit democrático como estigma recurrente de las llamadas democracias formales occidentales o “estilo Westminster”.
 
Resurge el lobo estepario
 
Hermann Hesse en su libro “El lobo estepario” (Der Steppenwolf,1.927), plasma el sentimiento de angustia, desesperanza y desconcierto que se apoderó de la sociedad europea en el período entre-guerras y es un lúcido análisis sobre la locura de una época en la que agoniza lo viejo sin que haya nacido lo nuevo. En dicha obra critica mordazmente la sociedad burguesa ( “la decadencia de la civilización”), dictadura invisible que anula los ideales del individuo primigenio y le transforma en un ser acrítico, miedoso y conformista que sedado por el consumismo compulsivo de bienes materiales pasa a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable.
 
Así, Hesse define al burgués como “una persona que trata siempre de colocarse en el centro, entre los extremos, en una zona templada y agradable, sin violentas tempestades ni tormentas. Consiguientemente , es por naturaleza una criatura de débil impulso vital, miedoso, temiendo la entrega de sí mismo, fácil de gobernar. Por eso ha sustituido el poder por el régimen de mayorías, la fuerza por la ley y la responsabilidad por el sistema de votación. Es evidente que este ser débil y asustadizo, aun existiendo en cantidad tan considerable no puede sostenerse solo y en función de sus cualidades no podría representar en el mundo otro papel que el de rebaño de corderos entre lobos errantes…”.
 
Dichas reflexiones siguen vigentes casi un siglo más tarde, pues la entrada en recesión de las economías europeas ha implementado el estigma de la incertidumbre y la incredulidad en una sociedad inmersa en la cultura del Estado de Bienestar del mundo occidental, derivando posteriormente en un shock traumático al constatarse el vertiginoso tránsito desde niveles de bienestar hasta la cruda realidad de la pérdida del trabajo y posterior desahucio, inmersión en umbrales de pobreza y dependencia en exclusiva de los subsidios sociales, por lo que se antoja inevitable un proceso de catarsis y posterior metanoia colectiva.
 
El término Metanoia (del griego μετανοῖεν, metanoien), sería “un enunciado retórico utilizado para retractarse de alguna afirmación realizada y corregirla para enfocarla de la manera adecuada a un nuevo contexto “,lo que traducido a la actual coyuntura socio-económica, se traduciría como “transformar la mente para adoptar una nueva forma de pensar, con ideas nuevas, nuevos conocimientos y una actitud enteramente nueva ante la irrupción del nuevo escenario socio-económico ”, lo que implicaría la doble connotación de movimiento físico (desandar el camino andado) y psicológico (cambio de mentalidad tras desechar los viejos estereotipos económicos vigentes en la última década) y que tendrá como efectos benéficos la liberación de la parte indómita del individuo primigenio ( el lobo estepario) que ha permanecido agazapado en un recodo del corazón, sedado y oprimido por la tiranía de la manipulación consumista de la actual sociedad burguesa occidental.
 
En consecuencia, asistiremos en Europa a la aparición de un nuevo individuo reafirmado en una sólida conciencia crítica y sustentado en valores caídos en desuso como la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes y que bajo el lema “prohibido prohibir” generará un tsunami popular de denuncia del déficit democrático, social y de valores de la actual élite dominante e instaurará el caos constructivo que logrará diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica (consumismo compulsivo) y provocar la necesaria metanoia de la que nacerá un nuevo individuo dispuesto a quebrantar las normas y leyes impuestas por la “monarquía de las tinieblas”, no siendo descartable la reedición del Mayo del 68 , el hundimiento del castillo de naipes mercantilista de la actual Unión Europea, el retorno a los compartimentos económicos estancos y el posterior diseño cartográfico de la nueva Europa de los Pueblos en el horizonte del próximo quinquenio.
 
GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ-Analista
Ecorepublicano
30.03.2016
 
 
 
 

EL PERIODISMO Y EL PERIODISTA


 
El periodista Martín Caparrós defiende el uso del “yo” frente a la “objetividad” del periodismo tradicional
 
“La subjetividad del periodista en las crónicas es un gesto político”
Rebelión
07.04.2016


 

Hay como una leyenda dorada sobre el esplendor de la crónica periodística en América Latina. Hace unos meses, en una mesa redonda formada por connotados reporteros en Málaga, estos se lamentaban por ser españoles y no latinoamericanos, pues en este caso habrían podido cultivar la crónica en todos sus matices y recovecos. El periodista y autor de “Lacrónica”, Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), los miraba azorados. “América Latina siempre fue para España una tierra de la utopía, como un paraíso donde poner todos los sueños”, afirma el escritor durante la presentación del libro, publicado por la editorial “Círculo de tiza”, en la Librería Ramón Llull de Valencia. “Parecería que en América Latina vinieran los editores a decirte que escribieras sobre las costumbres sexuales de la rana dorada, y entonces te pones y escribes 80.000 caracteres”. Pero lo cierto es que, pese a las especulaciones, a muy pocos escritores les han pagado en Latinoamérica por contar una historia en profundidad. Al contrario, generalmente el reportero vivía de su oficio y, cuando podía, se tomaba una semana para elaborar un reportaje.

Al contrario de lo que se piensa en España, “en América Latina las crónicas periodísticas no florecían en los árboles”, abunda Martín Caparrós. Pero, como en otros lugares, siempre hubo gente que intentaba practicar un periodismo diferente al que prescriben los editores y los manuales. En Latinoamérica sí que se dieron ciertas redes y aparatos de difusión, “pero todo lo que se publicaba fue a patadas con los editores”. Uno de los mejores ejemplos es la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, impulsada en 1995 por Gabriel García Márquez, la única asociación a la que ha pertenecido Martín Caparrós además del Club Atlético Boca Juniors. En ocasiones se menciona una revista peruana fundada hace quince años por Julio Villanueva Chang, “Etiqueta Negra”, donde se publican textos que no se pagan. “Era una revista muy bien hecha, que continúa editándose, pero que nunca tiró más de tres mil ejemplares”.

Después de escribir en 2014 “El Hambre” (un libro de investigación sobre el hambre en el mundo), el escritor argentino se embarcó en “Lacrónica”, una selección de textos sobre su trabajo periodístico –en el que se inició a los 16 años, aunque primero quisiera ser fotógrafo- durante los últimos 25 años, en los que ha recorrido cientos de miles de kilómetros y dado varias veces la vuelta al mundo. Cada texto aparece prologado o epilogado con reflexiones sobre la práctica del oficio, la situación en que el autor se encontraba a la hora de escribir y también consejos (“Dios me lo perdone”). A Caparrós le interesa de la crónica, como género, que es siempre un intento fracasado por contar el tiempo en el que uno vive, lo que le permite “volver a intentarlo y volver a fracasar”. Señala que entre los puntos estelares de la lengua castellana figuran las “Crónicas de Indias”. Antes de iniciarse en el género, el ensayista y novelista leyó a conciencia a otros cronistas, de los que valora sobre todo su actitud: “Eran señores, no demasiado formados, que se hallaban a 10.000 kilómetros de su lugar de conocimiento; y para llegar a lo desconocido, uno ha de partir de aquello que conoce”.

El cronista llega a un lugar con su bagaje, pero se da cuenta de que no le basta. Entonces comienzan los esfuerzos por comprender y es en esa tensión, precisamente, donde reside el interés del relato. “Me paso todos los días siguientes desmintiendo lo que entendí el primer día”. Recuerda el autor de “Lacrónica” el caso de un corresponsal en China que afirmaba poder escribir un libro durante la primera semana de estancia en el país, pero que después de un año ya no era capaz de escribir una pieza. La reflexión tiene mucho que ver con la actitud que adopta el periodista: “Muchas veces no se permite dudar en público, parece –igual que los políticos y los curas- que siempre tenga que afirmar”. “Salvo cuando el periodista sabe algo ciertamente, y utiliza entonces el potencial”, ironiza Martín Caparrós. “Mostrar la duda permite mellar esa armadura que el periodismo se forja cuando pretende que sabe y conoce la verdad, sólidamente”. La crónica permite evidenciar dudas, frente a las afirmaciones tajantes del periodismo tradicional. Otro aspecto que a Martín Caparrós le interesa de la crónica es su “marginalidad”. “Si se trata de captar el berrinche de la actriz o el desplante del político me interesa menos”.

En las escuelas de periodismo enseñan que noticia es aquello que les ocurre a los ricos, a las futbolistas y a las “tetonas”, afirma el escritor. Ello no es inocente, tiene una traducción política. Significa que la organización del mundo es la vigente y la función de los medios consiste en reproducirla. Por eso hablar de otra gente y de otras cosas en la crónica es un “gesto político”. Como también es un gesto político decir “yo”, lo que no significa el uso gramatical de la primera persona, de hecho, la primera persona del singular radica en que hay alguien –el cronista- que cuenta. “Escribir en primera persona es todo lo contrario de escribir sobre la primera persona”. Este planteamiento supone romper con uno de los mitos de la prensa tradicional, el de que nadie relata. Así se quiere producir una ilusión de realidad y verdad, porque de objetividad ya se habla menos. “Les da vergüenza”