sábado, 4 de febrero de 2017

RECUPERACIÓN ECONÓMICA ESPAÑOLA: YO NO DIGO NI QUE SÍ NI QUE NO, SINO QUE SI QUIERES QUE TE CUENTE UN CUENTO



La recuperación de la economía española
¿Un velo para ocultar problemas de fondo?

  Daniel Albarracín / Viento Sur
30/01/2017 |

En este “país de países” arrastramos cuanto menos desde la Transición un viejo simplismo ideológico, fundado en la escisión artificial entre lo económico y lo político. Desde entonces se optó por dividir conceptual y prácticamente ambas esferas. Se facilitaron reformas que podrían conducir al aperturismo democrático y las libertades públicas, a cambio, ni que decir tiene, de fuertes renuncias materiales para las clases populares y trabajadoras, en materia de salarios, condiciones laborales y mayor racionalización económica. Las fuerzas políticas se dedicaron a tomar las instituciones y las sindicales a negociar en el ámbito laboral. Desde ahí, se produjo un largo retroceso en la influencia de las clases populares en cuanto a sus condiciones de vida materiales. Reestructuraciones, salarios contenidos e inestabilidad laboral llegaron a continuación. Más tarde, la resistencia y la respuesta apareció de nuevo, primero en el campo de los movimientos sociales y tras conmociones de alcance internacional, con el movimiento antiglobalización de los 2000, las primaveras y el 15-M de 2011. Se formaron después nuevas herramientas políticas hoy en el centro de la escena y que siguen despertando enormes expectativas.

Este tipo de aproximación ha conducido a dos excesos: el economicismo, entendiendo tal cosa como una maquinaria técnica que sólo cabe gestionar y de cuyos resultados se derivan los comportamientos sociales y políticos; y el politicismo, que piensa que basta con invocar meramente al discurso para conducir a las mayorías. Ni la realidad social, histórica y política son fruto de ninguna ley exacta universal, ni los sujetos están al margen de sus realidades materiales. Más bien, debemos entender, que los sujetos intervienen en su propia experiencia desde un punto de partida que no eligen, pero cuyo destino colectivo no está predeterminado y se construye. La relación con los recursos y el entorno, las formas de producir y distribuir, el modo de vida, representan el material central del debate político por antonomasia.

El régimen, aunque en entredicho, sigue reproduciendo el esquema vulgar del economicismo, confiándolo todo a una recuperación económica para recuperar adeptos. Por nuestro lado, huyendo de cierto miserabilismo que piensa que sólo es posible avanzar en medio de la desesperación, pensamos que un ciclo como este facilita las condiciones para la autoorganización popular y el avance de nuevas ideas, tal y como se experimentó en ciclos económicos positivos (el ciclo del 68, el movimiento contra el capitalismo global a comienzos de los 2000, etc…). La cuestión de contar con “los que faltan” debe consistir tanto en organizar a los que se indignaron -y que reflexionaron sobre la experiencia colectiva para llegar a conclusiones de que es necesario cambiar-, como en tratar de dialogar con el sentido común mayoritario, para interpretar lo que nos sucede y construir juntos un proyecto de sociedad que acabe con las causas de la injusticia.

Las frágiles bases de la recuperación actual

La economía española ha crecido un 3,2% el año pasado, por encima del entorno europeo. Ahora bien, el nivel del PIB aún no ha alcanzado el nivel de producción de 2008. La recuperación comenzó en 2014, y tuvo su momento álgido en 2015. Ya se empieza a desinflar. La recuperación, será probablemente corta. La inversión se aceleró rápido en 2014 y 2015 pero pronto ha perdido ritmo y está a distancia de los niveles de anterior a la crisis. La rentabilidad efectiva, tras desplomarse en el periodo recesivo, se ha recuperado muy tímidamente.

Fuente: Banco de España

Entonces, ¿qué ha ocasionado esta recuperación?. ¿Hasta qué punto es importante?.
La economía describe ondas largas y ciclos, no es lineal. Se ha producido un efecto rebote del ciclo industrial tras lo que fue una fuerte recesión del ciclo 2008-2013. La desaparición de empresas y empleos, ha causado un fuerte ajuste, y las empresas supervivientes ocupan los mercados con menos competencia, observándose una fuerte concentración empresarial.
Las relaciones económicas con el exterior han mejorado en este contexto, arrojando una capacidad de financiación positiva, con una cuenta corriente y de capital positivas. El sector turístico se ha comportado muy positivamente. Debe destacarse que la exportación manufacturera ha tenido también un buen comportamiento. La economía española se ha beneficiado del efecto de arrastre de la exportación, especialmente con la automoción. Nuestra industria es auxiliar de la centroeuropa que, sin crecer fuerte (1,9 %), disfruta de un Sistema Euro, algo que le permitió trasladar parte de la crisis a la periferia europea. Un centro europeo que sigue ostentando el control de las fases estratégicas de la industria y la cadena de valor (finanzas, ingeniería, distribución comercial).

Se produjo una relajación de los recortes en el periodo electoral y de gobierno en funciones en 2016.

Atravesamos una caída coyuntural de los precios del petróleo (cuyo motivo fundamental es la mayor oferta ocasionada por EE UU y la extensión del fracking), que han abaratado los costes de producción.

Por otro lado, se ha dado un abaratamiento de los costes financieros a las empresas debido a la política del BCE, mediante la flexibilidad cuantitativa y la compra de activos facilitando tipos de interés reales negativos, eso sí reservados a empresas industriales y financieras, y no para nadie más.

El capital ha operado para recuperar sus beneficios mediante una depresión salarial y cierta creación de empleo inestable, que ha hecho bajar el desempleo por debajo del 19 %, merced a las ventajas arrebatadas con sucesivas reformas laborales, y el poder de negociación que ofrece los altos niveles de paro. La tasa de temporalidad sigue en el 27 % y el empleo indefinido no consigue ser duradero. El peso de las remuneraciones de las y los asalariados en la renta nacional bruta ha pasado del 51,6 % a tan sólo el 47,6 %, entre 2008 y 2015, lo que supone un ascenso del peso del excedente empresarial en la renta nacional. Los salarios, que han sufrido en todo el periodo de recesión, en esta recuperación se han mantenido estancados y evolucionando en casi todo momento por debajo de la productividad. La eficacia de los salarios pactados en convenio (1,1 %) para que se trasladen a los salarios reales pierde fuelle como referencia al desuniversalizarse la negociación colectiva.