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La silenciosa crisis de la izquierda de cartón

 

La silenciosa crisis de la izquierda de cartón

 

Por Jorge Majfud

Rebelión.org

01/12/2025 

 

Fuentes: Rebelión


El pasado 26 de noviembre de 2025, el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, se expuso nuevamente a responder preguntas. Esta vez en un formato dialogado, relajado y con tiempo para la reflexión. El programa, “Desayunos Búsqueda” comenzó a las 9:30 de la mañana, por lo que no se puede alegar cansancio. Casi al final, se produjo el siguiente diálogo:

Presidente: La seguridad es un tema del que hay que hablar… Y yo creo que el ejemplo es Bukele. Es El Salvador… El ejemplo de un proceso.

Periodista: ¿Lo estás poniendo como ejemplo positivo o negativo…?

Presidente: Ejemplo para analizar. Estuve con alguien, mano derecha de Bukele, el otro día en La Paz, Bolivia… Son procesos raros ¿no? que tienen esos países… Países que han sufrido guerras… Les pregunté cuántos muertos en la guerra… 80 mil muertos, y no me acuerdo cuantos tantos desaparecidos… Otro tanto en Guatemala. Procesos terribles…

¿Guerras? Bueno, dejemos ese capítulo de lado. Quienes lo criticamos fuimos acusados de tergiversar sus palabras. “El presidente sólo habló de un ejemplo para el análisis”…

La primera expresión no tiene nada de ambigua. Bukele y El Salvador son “el ejemplo” para discutir la seguridad. ¿Necesitamos un teólogo para interpretar esto? Si hubiese dicho “en materia de seguridad, Cuba es el ejemplo” no habría quedado duda. ¿Por qué no decirlo? Cuba ha tenido una tasa de criminalidad históricamente muy baja. O Chile, cuya tasa de homicidios es la mitad de la de Uruguay. ¿Por qué El Salvador? Más que El Salvador, ¿por qué “el ejemplo es Bukele”, a pesar de que la dramática reducción de los homicidios se produjo en el gobierno de Sánchez Cerén y sin recurrir a los campos de concentración ―su pecado fue desafiar a las corporaciones. Pero, no sin ironía, Bukele ofrece otro ejemplo de la palestinización del mundo que estamos viendo, incluso en Estados Unidos: brutalidad sin ley, cárceles coloniales y datos a la medida del consumidor, como reportar asesinatos como suicidios o accidentes.

Cuando el periodista intenta confirmar, Orsi se sale de la rotonda, una vez más, con una anécdota banal. Como decían los GPS veinte años atrás, cuando uno erraba una salida: recalculating…  Al día siguiente, el presidente debió llamar a una radio para aclarar sus oscuridades habituales. La misma ambigüedad gesticular aplicada a “lo tremendo” de la “guerra en Gaza”.

Peor fueron las justificaciones de muchos de sus votantes, las que expresan una desesperada necesidad de confundir deseo con realidad. Algunos de ellos se enojaron con nuestra crítica, diciendo de que hay una “izquierda insaciable” y que “todo debe ser hecho como ellos quien”. No han entendido nada.

Primero: está claro que no hay humanos perfectos y, mucho menos, un político, alguien que cada día debe embarrarse con las contradicciones de la realidad.

Segundo: no por esto, aquellos que no tienen poder político o económico, deben ser condescendientes con quienes fueron elegidos para cargos públicos. Si no resisten las críticas sin azúcar, que renuncien. El resto no les debemos nada. Son ellos quienes se deben a sus votantes y demás ciudadanos. Es algo que ya lo dejó claro el gran José Artigas, hace dos siglos y que, aparte de la adulación vana, pocas veces se lo practicó.

Tercero: lo de Orsi ya no son fallas circunstanciales de cualquier administrador, de cualquier líder que debe negociar ante una pluralidad de intereses. Es (1) una consistencia en su debilidad de análisis y, peor que eso, (2) una consistencia en su alineamiento con los intereses económicos e ideológicos de la misma minoría dominante, no solo a nivel nacional sino imperial, que es la que dicta el bien y el mal en las colonias, inoculando la moral del cipayo, de lo que Malcolm X llamaba “el negro de la casa”.

Orsi es una versión desmejorada de José Mujica. A pesar de su “como te digo una cosa te digo otra”, Mujica no sólo tenía una cultura y una lucidez que hoy es rara avis, sino que, además, era un viejo zorro de la creación de su propio personaje. Vivía como quería y no tenía ni hijos ni nietos por quienes angustiarse en un despiadado mundo capitalista. Le faltó algo propio de un líder, que es la capacidad de dejar seguidores a su altura.

Lo peor que le puede pasar a una democracia es dejar a la política en manos de los políticos. A los líderes hay que apoyarlos, pero no seguirlos como al flautista de Hamelin. Menos cuando solo se es un presidente, no un líder. Lo primero puede ser un accidente; lo segundo es otra cosa.

Otra contra crítica (válida, como toda crítica) nos acusó: “Sigan criticando, que le están haciendo el juego a la derecha”. Otra: “¿Qué están buscando, que tengamos un Milei en Uruguay?”.

Una de las condenas de nuestras pseudodemocracias (plutocracias neofeudales) es que siempre estamos eligiendo el mal menor. Un ejemplo claro es Estados Unidos. En América latina cada vez se reducen más las opciones reales debido a esta lógica. Así, los ciudadanos pasan de “Detesto a este candidato, pero el otro es mucho peor” a mimetizarse con el personaje y con sus ideas (que son las ideas del “mucho peor” pero azuladas) sin exigirles nada.

El resultado no es que nos estanquemos en un statu quo, sino que la resignación y el apoyo acrítico al “menos malo” poco a poco va entrenando el pensamiento y la sensibilidad de aquellos que entendían que era necesario un posicionamiento por la expansión de los derechos de las mayorías, hacia un apoyo a sus propios verdugos, a la poderosa minoría de los de arriba. Así es como trabajadores precarizados y hambreados terminan apoyando con fanatismo a presidentes como Javier Milei, quienes los han convencido de que hay que huir hacia la extrema derecha y defender a los amos para evitar que los antiesclavistas, condenados por Dios y las buenas costumbres, terminen por destruir la libertad y la “civilización judeocristiana”.

A principios del siglo XX, Uruguay era uno de los ejemplos para muchos países latinoamericanos, desde la salud y la educación universal, la audacia de sus leyes progresistas (voto femenino, divorcio) y la distribución razonable para el brutal estándar de desigualdad en el continente colonizado por las corporaciones imperiales. Su condición de país sin grandes riquezas naturales, apetecidas por los imperios, y su ubicación lejana a estos centros de depredación y depravación, lo mantuvieron con relativa independencia para dedicarse a sus propios problemas. Este proceso fue interrumpido con la Guerra fría en los años 50, la dictadura militar supervisada por la CIA en los 70 y la consecuente imposición del neoliberalismo de la Escuela de Chicago. En las últimas décadas, se recuperó algo de aquella tradición progresista con políticas como la universalización de las laptops para niños, pero luego comenzó un remedo vacío, autocomplaciente, un tic sin épica.

Luego de medio siglo de existencia, el Frente Amplio también se está sumergiendo en una silenciosa crisis. El parteaguas fue Gaza. No comenzó con una razón ideológica, sino moral, pero este terremoto obligó a cientos de millones a estudiar historia, lo que dejó al descubierto otras razones imperiales. Este terremoto tiene un mismo epicentro en los sistemas de poder representados por las ideologías de derecha, desde el sionismo, el fascismo, el evangelismo misionero de corbata y pobres temblando en el piso de los templos, no por misterio divino promovido por la CIA décadas atrás.

Todo de forma simultánea al neoliberalismo que ahora agoniza en un postcapitalismo violento, desesperado y sin ideas.

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¡En la calle el Topo de Diciembre!

 

Artículo en abierto de la Revista de El Viejo Topo nº455, diciembre de 2025. El retorno de la Sombra por Antonio Monterrubio. Artículos de Manolo Monereo, Julen Bollain, Ignacio Garay, Xulio Ríos, Higinio Polo, Javier Franzé y Miguel Candel. Entrevista a César Rendueles por Javier Enríquez Román. Respuesta a Moreno Pasquinelli por Ramón Franquesa. Más cine: Yorgos Lanthimos. Y reseñas de libros.

TOPOEXPRESS


¡En la calle el Topo de Diciembre!


El Viejo Topo / 1 diciembre, 2025



Artículo en abierto de la Revista de El Viejo Topo nº455, diciembre de 2025. El retorno de la Sombra por Antonio Monterrubio. Artículos de Manolo Monereo, Julen Bollain, Ignacio Garay, Xulio Ríos, Higinio Polo, Javier Franzé y Miguel Candel. Entrevista a César Rendueles por Javier Enríquez Román. Respuesta a Moreno Pasquinelli por Ramón Franquesa.  Más cine: Yorgos Lanthimos. Y reseñas de libros. 


El retorno de la sombra

por Antonio Monterrubio


Algunos pensaron que Trump, no siendo un candidato marioneta, podía ser más prudente y menos belicista que otros presidentes. Sin embargo, hoy el mundo no es un lugar más seguro que ayer. Son tiempos cada vez más oscuros.

Que la historia está lejos de ser un largo río tranquilo, un proceso continuado de progreso y perfeccionamiento, no requiere demostración. En múltiples ocasiones ha hecho gala de su sobrada capacidad para echar el freno y dar marcha atrás. El colapso del mundo micénico, en torno a 1200-1100 a.C., sumergió a Grecia en una Edad oscura que se prolongó hasta la aurora de la época arcaica (s. VIII a.C.). Incluso la escritura desapareció. La caída de Roma acarreó un serio retraso que duró siglos. Hace ya mucho tiempo que la Edad media en su conjunto ha sido rehabilitada de su condición de época tenebrosa sin el menor atisbo de luz. Indudablemente, el eclipse no persistió mil años, pero existió.

No hace falta que una civilización se derrumbe para que los infortunios de los más se incrementen hasta límites que ni sospechaban años atrás. El establecimiento de los Estados absolutistas en el oeste de Europa dio la puntilla al modo de producción feudal y significó la desaparición de la servidumbre, a la par que el desarrollo de una economía cada vez más urbana. En el este del continente, sin embargo, «el Estado absolutista era la máquina represiva de una clase feudal que acababa de suprimir las libertades tradicionales de las clases pobres» (Anderson: El Estado absolutista).

En consecuencia, al este del Elba, sucesivas generaciones de campesinos consumieron sus vidas acechadas por la miseria, el hambre y las epidemias, condenados a una muerte precoz. Así, la Amanda Woyke, cocinera de la servidumbre, creada por Günter Grass en El rodaballo y real como la historia misma. Nacida sierva en 1734, verá perecer de inanición a sus tres hijas pequeñas, una más de las innumerables tragedias que jalonaron su desdichada existencia.

Lloró durante tres días de marzo limpios como la porcelana,

hasta que su planto, filtrado, fue solo un iiih.

(Y también en otras chozas

de Zuckau, Ramkau y Kokoschken,

donde a alguien se le había muerto alguien de hambre

se lloraba así: ihhh…).

Nadie se preocupaba por eso.

Como si no pasara nada, echó brotes el sauce.

La Revolución industrial puso las bases de un progreso material acelerado que culminó en la Sociedad de Consumo y Espectáculo. Pero no todos disfrutaron de sus beneficios, ni mucho menos. Y eso incluso en el mismo centro del proceso.

La clase media triunfante y aquellos que aspiraban a emularla estaban satisfechos. No así el trabajador pobre –la mayoría, dada la naturaleza de las cosas– cuyo mundo y formas de vida tradicionales destruyó la Revolución industrial, sin ofrecerle nada a cambio (Hobsbawn: Industria e imperio).

En nuestro día a día, donde el tecnofeudalismo se va imponiendo mientras se eclipsan los derechos sociales, laborales, ciudadanos y aun humanos, esta frase es de palpitante actualidad. Y los paralelismos no se limitan a aspectos tangibles, con una creciente legión de trabajadores abocados a la precariedad y la estrechez. Igual que entonces, cualidades asociadas a determinados oficios como el saber hacer, la tradición, el orgullo de la obra bien hecha, el valor de la experiencia o una cierta moralidad se han evaporado. La monotonía y la rutina, los ritmos impuestos son incompatibles con casi cualquier labor creativa y gratificante. Ni siquiera la vocación es capaz ya de compensar el carácter alienante del trabajo.

Sociedades al completo pueden caer en una locura colectiva autodestructiva. El suicidio de Europa culminado en el periodo 1914-1945 es una muestra excelente. En apenas treinta años, dos guerras al por mayor y otras de extensión limitada segaron millones de vidas de combatientes y civiles. La miseria se ensañó con las poblaciones. Las epidemias hicieron su agosto, el hambre resultante del paro y la guerra diezmó países enteros. Pero si la catástrofe material fue de dimensiones desconocidas hasta entonces, el apocalipsis moral se reveló aún más funesto. Proliferaron los fascismos, con el fervoroso apoyo de grandes masas. La intolerancia y el odio se propagaron como la peste. Todas las líneas rojas éticas fueron cruzadas, incluso borradas del mapa. Por si la monstruosa cantidad de víctimas de tantos desmanes no fuera suficiente, se alcanzó el non plus ultra de la abyección. Se puso en práctica un programa destinado a exterminar a los miembros de una serie de minorías por el simple hecho de pertenecer a ellas. Judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados, opositores políticos fueron perseguidos, cazados o aniquilados ante la indiferencia distraída o el aplauso más o menos entusiasta del populacho. No es creíble que no supieran. Sí que sabían, pero no les importó. Y esto sucedió en países con altísimas cotas de alfabetización, notables niveles educativos y culturas deslumbrantes. El experimento funcionó en su día; luego, dadas condiciones similares, es perfectamente reproducible. Deberíamos andarnos con cuidado. El Mal no habita ya en el lejano corazón de Mordor. Está cerca de nosotros –en no pocos casos, dentro–.

Asistimos, entre atónitos y desencantados, a un proceso de cristalización del mal que, a corto plazo, parece imparable. De los trágicos fenómenos con los que nos toca convivir, el más funesto a largo término es la propagación viral del espíritu de la servidumbre voluntaria. Enloquecidos profetas hacen las delicias de grandes y chicos profiriendo eslóganes ultraliberales que condenan a la pobreza al grueso de la población mundial. Sabido es que la crítica inmisericorde de las nuevas hornadas humanas por quienes dejaron muy atrás su mocedad es un lugar común de venerable antigüedad. Aun así, es difícil negar que hoy una porción no desdeñable de ellas –en particular masculina– enarbola ideas, actitudes y conductas que solo pueden calificarse de nefastas. Cierto es que tampoco en otras generaciones todos, ni siquiera la mayoría de sus miembros, estuvieron movidos por los generosos valores que líricamente se atribuyen a la juventud. Esto no quita que la situación actual sea extremadamente preocupante y presagie, de no cambiar, un futuro poco halagüeño para el planeta y sus pasajeros. Entre el enfervorecido público de los gurús del Egoísmo Salvaje se sitúan en las primeras filas muchos de quienes sufrirán, tarde o temprano, las consecuencias de sus actos. Pero nada parece capaz de detener la marcha hacia el desastre de una humanidad atrapada en su bucle melancólico. Creencias irracionales, prejuicios tribales o sumisiones incondicionales que creíamos desvanecidos en las tinieblas de la historia aparentan haberse conservado en nitrógeno líquido para resurgir ahora, tan frescos, en este invierno de nuestro descontento.

La crisis de la conciencia moral, la parálisis de la facultad de juzgar, la capitulación del pensamiento, el agostamiento del sentido y la sensibilidad asedian la ciudadela de la dignidad humana. Derribados sus muros, quedará a merced de los nuevos bárbaros. Una audiencia cada vez más amplia y enardecida alterna las loas al amo con el odio al desvalido, hace profesión de intolerancia, rinde culto de latría al malismo. La ignorancia y la inhumanidad amenazan con asfixiarnos, no solo metafóricamente. Es momento de actuar, y no de limitarse a discutir sobre si estamos ante un renacer del fascismo o ante un totalitarismo de nuevo cuño. Esto recuerda demasiado la discusión de los conejos acerca de si sus perseguidores eran galgos o podencos. La cuestión es que el Mal con mayúscula, a la par radical y banal, ha regresado, armado hasta los dientes. «Siempre después de una derrota y una tregua, la Sombra toma una nueva forma y crece otra vez» (Tolkien: El señor de los anillos).

El atoramiento de la indignación, último latido de la ética, parece una evidencia. Presenciamos impasibles un desfile incesante de injusticias monstruosas, estremecedoras catástrofes y masacres devastadoras, con o sin coartada bélica. Dedicamos la misma indiferencia a las imágenes de ahogados en el Mare Nostrum convertido en solar de la muerte líquida y las de cadáveres despanzurrados por bombas, misiles y miseria moral. Nada tiene el vigor suficiente para sacarnos de nuestra zona de confort, a la cual nos aferramos con uñas y dientes. Somos la confirmación a gran escala de la validez del axioma neurocientífico que sostiene que al cerebro no le importa la verdad, sino la supervivencia. Si necesita crear un relato que justifique cualquier atrocidad, no le temblarán las neuronas. Y en todo caso, no dudará en dirigir la atención hacia otro lado con tal de ahorrarse el dolor o la angustia.

Allá donde mora el emperador y donde, por ende, se corta el bacalao, comienzan a proliferar signos de un autoritarismo con vocación autocrática. En apenas seis meses de ejercicio, el gobierno Trump bis ha traspasado innumerables límites morales, legales y constitucionales. Lo menos que puede decirse de la troupe circense que escolta al César es que su virtud es de lo más distraída. Forofos de la mentira, la calumnia, las fake news y los hechos alternativos, habitan una realidad paralela a la cual pretenden teletransportar al grueso de la población, idealmente a la sociedad en su conjunto. Una parte considerable vive ya en esa Matrix corregida y aumentada que es el show de Trump, mucho más falso (y letal) que el de Truman. El destino de los réprobos –a pesar del biopoder, la psicopolítica y el tecnototalitarismo, los habrá– será poco envidiable. Tenemos delante a un tipo que amenaza con detener a todo un gobernador de California por el delito de no bailarle el agua. Los ignorantes atrevidos son legión en su gabinete, desde el vicepresidente hasta los inenarrables secretarios de Defensa o Sanidad. El antivacunas militante y conspiranoico de Robert F. Kennedy ha despedido a los diecisiete miembros del comité asesor sobre las vacunas para sustituirlos por expertos que comparten su pensamiento mágico y su ideario paleopolítico. Pero seguramente el elemento más representativo de la vileza de las políticas trumpianas sean los pogromos contra los inmigrantes, persecuciones, arrestos y deportaciones arbitrarias –y a menudo ilegales– que cuentan, no lo olvidemos, con el beneplácito entusiasta de nutridos contingentes ciudadanos. Ya se sabe: primero se llevaron a los mexicanos, pero como yo no era mexicano…

Creer que estamos ante un simple puñetazo en la mesa, una subida de la testosterona, una exhibición de fuerza de cara a la galería, sería pecar de ingenuidad. Todo esto responde a una estrategia orquestada a fin de polarizar a la sociedad, justificando así la implantación de medidas de excepción. El objetivo es asentar un poder cada vez más autoritario y sin contrapeso alguno.

Apenas jurado su cargo, el magnate-presidente ya insinuó que la prohibición constitucional de un tercer mandato se le daba un ardite. El programa de control del poder judicial sigue en marcha, al igual que los de establecimiento de un cuasi monopolio mediático o el aplastamiento de la disidencia intelectual y universitaria. Su olímpico desprecio a las reglas democráticas, las normas legales y los imperativos éticos reflejan un insaciable apetito autocrático. Su sueño poco secreto es convertirse en caudillo del MAGA de los mil años. A su vez, esa es la pesadilla de millones de sus conciudadanos y de tantos en el resto del mundo. Pues un gobierno autoritario en los Estados Unidos refuerza los que ya existen en otros países, haciéndolos aún más atrevidos y opresivos. Y facilita enormemente el advenimiento de otros destinados a durar. La sombra amenaza de nuevo con devorarnos.

Muchas son las entidades tenebrosas que se han dejado sueltas en los últimos tiempos. Pero la Princesa de las Tinieblas es la Mentira. Los hechos se ocultan, se transforman, se invierten. La historia se reescribe constantemente ante nuestras narices. Hasta los testigos presenciales terminan creyendo a pies juntillas la versión amañada y autorizada. Todo dato, suceso o cifra puede ser vilipendiado, menospreciado, disimulado o negado si afecta a la imagen del poderoso. Simétricamente, infundios sin pies ni cabeza mutan en dogmas de fe cuando contribuyen a la eliminación de los réprobos. Por racionales y sapiens que insistamos en creernos, confiar en las buenas artes del Sistema Nervioso Central para actuar como estabilizador automático sería un error de bulto. Si nuestro cerebro necesita relatos a modo de alivio, queda muy lejos de su ánimo el contrastarlos con fuentes fiables.

Bajo el Sol negro de la mentira prolifera una tenebrosa jungla de intolerancia y odio. A su sombra se reúnen hordas cada vez más nutridas de orcos y demás criaturas malignas. Todos ellos, incluidos los más orgullosos, como los horripilantes Espectros del anillo, son meros sirvientes, piezas de ajedrez desechables en el Gran juego del Señor Oscuro. Este cuenta con que sus sofisticadas artes nigrománticas serán suficientes para hacerle dueño no ya de la Tierra media, sino del planeta entero. Pero no descarta, si lo considera oportuno, recurrir a terapias más agresivas. Estas vísperas recuerdan otras pasadas.

Oído en un café: un joven nazi sentado con su novia […] está borracho. «Sí, sí, ya sé que ganaremos, de acuerdo», exclama impaciente, «pero no basta». Y golpea la mesa con el puño: «¡Tiene que haber sangre!». La muchacha le tranquiliza […] «Pero claro que la habrá, cariño», le arrulla apaciguadora, «el Jefe lo ha prometido».

Estas frases proceden de «Diario berlinés (Invierno, 1932-33)», el capítulo que cierra Adiós a Berlín de Christopher Isherwood. Unos días después, Hitler fue nombrado canciller.

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Oscar Wilde: 125 años de su muerte

 


Oscar Wilde: 125 años de su muerte 


Iñaki Urdanibia

kaosenlared

30 de noviembre de 2025 

 

«Un mapa del mundo que no incluya la Utopía, no merece una sola ojeada, pues deja fuera el único país en que la Humanidad está completamente desembarcando…»

El escritor irlandés no dejó indiferente a nadie, ni a tirios ni a troyanos, ni por su obra y menos todavía por su comportamiento vital., siempre objeto de escándalo. Decía caustico Fernando Pessoa, en su Libro del desasosiego, que por la boca muere el pez y Oscar Wilde; opuesta posición defendía Jorge Luis Borges: «Observa Stevenson que hay una virtud sin la cual todas las demás son inútiles; esa virtud es el escándalo. Los largos siglos de la literatura nos ofrece autores harto más complejos e imaginativos que Wilde: ninguno más encantador. Lo fue en el diálogo casual, lo fue en la amistad, lo fue en los años de dicha y en los años adversos. Sigue siéndolo en cada línea que ha trazado su pluma». ¿ Y qué decía él?: «La única persona en el mundo que me gustaría conocer a fondo; pero no veo ninguna posibilidad de conseguirlo a corto plazo». Da por pensar que no lo logro, desde luego en una vida que comenzó en 1854 y finalizó un 30 de noviembre de 1900.

Vaya por delante una breve cronología de su ajetreada existencia:

1854: nace en Dublín Oscar Fingal O´Flaherty Wills Wilde. Hijo de un afamado oftalmólogo y de una patriota irlandesa.

1864: comienza sus estudios en la Escuela Real de Portora, uno de los mejores colegios de Irlanda.

1871: ingresa en el Trinity College de Dublín, universidad protestante en donde conoce a un helenista de pro.

1874: gana le medalla de oro de Berkeley en griego, además de una beca para estudiar en Oxford.

1876: muere su padre. Primer premio en literatura griega y latina. Se comienza a declarar esteta y a llamar la atención por su manera de vestir y de comportarse.

1877: Viaja a Grecia con su antiguo profesor.

1878: más premios y finaliza la carrera.

1880: vive en Londres con su madre y su hermano. Escribe <<Vera o los nihilistas>>, su primer drama.

1881: escribe poemas y viaja a EEUU con el fin de dar conferencias. Se le recibe allá en medio de una amplia expectación.

1883: tras el año de conferencias y viajes, vuelve a Londres, luego a París y de vuelta a Nueva York con el fin de asistir al estreno de <<Vera o los nihilistas>>, que se representa con un fracaso. Vuelve a Londres en medio de grandes apuros económicos.

1884: se casa y se dedica al periodismo.

1885: nace su hijo Cyril.

1886: nace su segundo hijo Vyvyan. Comienzan los rumores sobre su doble vida.

1887-1889: primeros cuentos publicados, colaboraciones en revistas. Comienza el escándalo.

1890: publica en una revista El retrato de Dorian Gray, con gran éxito de público y revuelo en los medios críticos.

1891: se estrena en Nueva York La Duquesa de Padua, sin éxito. Tiempo de numerosas publicaciones. Viajes a París; escribe Salomé. y El alma del hombre bajo el socialismo.

1892: algún estreno teatral en Londres con lo que cosecha gran celebridad y dinero. El censor prohíbe por escándalo Salomé, al jugarla inmoral por tratar de un tema bíblico.

1893: estreno de Una mujer sin importancia con enorme éxito lo que supone que Wilde comienza a convertirse en autor de moda.

1894: publicación de Salomé con ilustraciones de Beadrsley. Viaja a Artgelia en donde se encuentra con André Gide.

1895: en el mismo momento en que triunfa, el padre de lord Alfred Douglas, lord Queensberry, y Wilde intercambian denuncias por calumnia y por difamación. Después de tres meses de escandalosos procesos, el juez dicta sentencia contra Wilde por delitos de gross indecency y le condena a dos años de prisión con trabajos forzados. En noviembre es finalmente conducido a la cárcel de Raeding.

1896: muere su padre. Estreno de Salomé en París.

1897: escribe la famosa carta De Profundis dirigida a lord Alfred Douglas. En mayo sale de la cárcel de Reading, cumplida la condena. Abandona Inglaterra inmediatamente instalándose en Berneval, en la costa francesa, bajo el nombre de Sebastián Melmoth. Empieza a escribir La balada de Reading Gaol. Se reúne en Nápoles con lord Alfred Douglas. A finales de este año los dos se separan casi definitivamente y Wilde se instala en un hotel en París.

1898: muere su mujer. Primera edición de La balada…. Se traslada al Hotel d´Alsace llevando una vida bohemia y absolutamente arruinado.

1899: viajes por Francia e Italia, Muere su hermano. Publicación de varios libros.

1900: enfermo en Roma, lo que hace que vuelva a París en donde es operado de una otitis aguda. Agonía. El 29 de noviembre, se convierte el catolicismo en su lecho de muerte.; es bautizado y recibe la extremaunción. Al día siguiente fallece a causa de una meningitis en el Hotel d´Alsace. Tres días después es enterrado en el cementerio de Bagneux.

1908: se publica el primer volumen de las Obras completas.

1909: en julio sus restos son trasladados del cementerio de Bagneux al de Père Lachaise de París.

Hay escritores más célebres por su vida y por sus andanzas que por su propia escritura; si esto es así, Oscar Wilde quizá sea el ejemplo más destacado; ya lo decía él mismo a André Gide: «he puesto todo mi genio en mi vida; no he puesto más que mi talento en mis obras». 1) Su vida y su imagen eclipsaba su obra, considerada sin más como frívola, superficial, insustancial, deudora de la guía del arte por el arte, puro esteticismo. 2) Puro esteticismo, olvidando que Wilde en sus obras mantiene ciertas prescripciones morales contra la hipocresía, contra la demagogia, contra el espíritu gregario o borreguil, además de las abundantes alabanzas de la belleza y de la verdad, de la honestidad y también, cómo no, del individualismo y del egoísmo.

Cierto es que su tonos ex cátedra invitan a la pasividad lectoras, que se siente dirigido en medio de alusiones, dobles sentidos y ambigüedades. La escritura de Oscar Wilde muestra que se se puede ser y al tiempo alegre, lúcido y divertido.

Pío Baroja tan crudo como siempre sostenía :«Mire usted, señor Wilde ese problema de usted nos interesa poco a nosotros. Tome usted el barco, vaya usted al continente e instálese usted donde le parezca y viva usted donde quiera y como quiera»– escribió esto, dando cuenta del encuentro de Baroja con Wilde- para zanjar el tema de un plumazo alegando que es «un tema de pensión de solteronas, una verdadera cursilería». Tampoco se quedaba corto Eugenio D´Ors: « Byron desafiaba la tempestad, Wilde ya no sabe desafiar más que a la chismografía»; yu siguiendo con las opiniones sumarias, Ramón Gómez de la Serna mantenía que «Su vicio es el vicio de Sócrates. El de los “otros” es el vicio del Gran Puerco [añadiendo líneas después que] la gran libertad que se desprende de su obra y delatar que el afán de ciertos propagandistas de “la noticia” es sólo malograr ese espíritu y estrangular esa magnífica libertad…En Wilde hasta podríamos decir que ese vicio se presenta como una flor perfecta, con su veneno, con su distinción, sus colores brillantes y todos su atributos». Abundando pelín añadiré la opinión de Chesterton:

«el movimiento de aquellos a los que se ha llamado estetas…y el movimiento de a los que más tarde se llamó los decadentes…tenían el mismo jefe de filas, o en todo caso el mismo director de orquesta. Oscar Wilde marchaba en cabeza de la primera procesión llevando una sombrilla, y en cabeza de la segunda procesión llevando un clavel verde». Puede constatarse que el personaje no escandalizó únicamente a los biempensantes tribunales sino también a sus pares, e impares.

Cárcel y censura

Algunas de sus obras fueron censuradas y prohibidas por inmoralidad; de todos modos nada que ver tuvieron con con los procesos coetáneos a Charles Baudelaire o Gustave Flaubert…Se ha de añadir que su encarcelamiento nada tiene que ver con su obra ni con actividades políticas consideradas delictivas -como fue el caso de Fiodor Dostoievski- sino por cuestiones de índole moral (sodomía ,pederastia, prostitución homosexual…). Comparaba Stefan Zweig ambos casos, sosteniendo que un rayo parecido alcanzó a Oscar Wilde y a Dostoievski, al ir a parar entre rejas, si bien la prueba no tuvo el mismo resultado en ambos sujetos: la prueba pulveriza al primero como en un mortero, mientras que el segundo sale de la prueba moldeado por el fuego como el bronce del crisol. Wilde envilecido por este estigma, sintiéndose humillado en el baño de Reading Goal en donde ha de meterse tras haberlo hecho antes que él diez prisioneros. La cultura de los gentlemen se ve echada por tierra…Dostoievski en cambio pretende integrarse al estar por encima de las clases como hombre nuevo que pretende ser.

De su experiencia carcelaria surgió una abierta denuncia de la hipocresía y de las condiciones de las cárceles inglesas: De profundis La balada…El sistema carcelario tenía como objetivo destruir las facultades mentales de los internos. Los trabajos consistían en hacer girar con los pies la rueda de un molino, en dar diez mil vueltas diarias al crank, la manivela de un cilindro metálico, y en desmenuzar sogas hasta convertirlas en estopa. Las dos últimas tareas se ejecutaban en la celda; sólo había una hora de ejercicio, consistente en caminar por el patio, y estaba prohibido bajo severas penas intercambiar una palabra con nadie. La ración cotidiana -papilla de avena, grasa de riñones y aga, complemento alimenticio- producía diarrea incesante en los presos, sin que pudieran disponer de letrinas en calabozos cuyo único mobiliario era un lecho de tablas.

Sus tendencias socialistas

«Los filántropos pierden toda noción acerca de la humanidad. Es su rasgo distintivo» (El retrato de Dorian Gray, 1891 )

«La desobediencia, a los ojos de cualquiera que haya leído historia, es la virtud original del hombre»( El alma del hombre en el socialismo, 1891)

«Las personas que hacen mayor daño son justamente aquellas que tratan de hacer mayor beneficio» (Ibidem)

Afirmando que toda autoridad es igualmente mala, se declaró anarquista en repetidas ocasiones; desde luego más cercano a Max Stirner y su El único y su propiedad, que a la Ayuda mutua de Pietr Kropotkin..

Parte de la obra que generalmente escapa al lector; sin embargo esta es en la que habla sin personajes intermediarios, habla él en persona…textos sobre la reforma penitenciaria, ya nombrados, o las condiciones de vida de los niños en las prisiones. Es claro que, contra lo que pudiera parecer por lo que dicen los demás de él, los problemas sociales le interesan sin dudar. Un texto de una generosidad tal que roza los pagos de la utopía; «el Progreso es el resultado de la realización de las utopías» Lo que propone es un socialismo individualista, aunque algunos pasajes cobre la plusvalía, que despieza el maquinismo, por ejemplo, son deudoras de las ideas de Marx.

Para Wilde no se trata de tener, ni de existir sino de vivir. La abolición de la propiedad, del matrimonio, de los gobiernos (<<el poder envilece>> frente a los “honores” de los que hablaba Flaubert como camino de perdición), la socialización de los medios de producción y la liberación del hombre del yugo de las máquinas, que deberían ser sus esclavas y no al contrario, permitirá al hombre desarrollarse. Suprimiendo los castigos se suprimirán los criminales (ciertas resonancias de aquello que se dice que dijo Sócrates: menos cárceles más escuelas, como antídoto para la delincuencia)

Ciertos tonos deudores del verdadero cristianismo que se combinaban con un esteticismo desbordante, plasmado en su Annus mirabilis de 1891, si bien podrían atisbarse ciertos aires de familia con el socialismo utópico de Ruskin o de William Morris que ese mismo año publicó su novela Noticias de ninguna parte. En una carta a un amigo, fechada dos años después comentaba: «tanto mis estudios históricos como mis continuos conflictos con el fariseísmo de la sociedad moderna me han “impuesto” la convicción de que el arte no puede tener una vida y un desarrollo auténticos bajo el actual sistema de comercialización y búsqueda del beneficio. He intentado desarrollar esta teoría, que no es otra cosa sino el socialismo visto por un artista, en varias conferencias, la primera de ellas pronunciada en 1878». En tales textos se cruzaban la búsqueda de del socialismo cuidando la estética a la vez. Según se dejaba ver en la última obra citada, señalaba que existía una revolución que la humanidad debía afrontar: la revolución del individualismo, añadiendo que en un futuro el estado habrá abolido l propiedad privada mientras que cada cual podría desarrollar su creatividad, su ser, su conciencia de individuo, que casase con el individualismo de los demás, conllevando la realización como ser humano y la consiguiente felicidad. Aun siendo un texto u tanto caótico, rebosa ideas subversivas, como no podía ser de otro modo, perlado de paradojas. Queda claro que embiste contra el comunismo autoritario, profetizando que la sociedad ideal que vendrá, desaparecerá el crimen, que se cometen empujados generalmente por la insatisfacción y la miseria, que se codea con una cerrada defensa del arte y declarando que la forma de gobierno residirá en la ausencia de éste…en una vuelta deseada al Renacimiento y el helenismo, con calros tintes de anarquismo organizativo y paganismo. Estos textos no tuvieron muchos lectores, pero sí disgustó sobremanera a muchos de los que reían las ocurrencias del dandy…al no parecerse al frívolo habitual sino a un entregado rebelde, a un revolucionario.

Concluiré este acercamiento echando una mirada a una obra suya, de 1880, que no gozó, ni goza, de excesiva atención: Vera o los nihilistas. En su La decadencia de la mentira de 1891, se leía: «El nihilista , ese extraño mártir sin fe que sube al cadalso sin entusiasmo y que muere por algo en lo que no cree, es un puro producto literario. Lo inventó Turguénev y lo perfeccionó Dostoievski»; añadía en su Un marido ideal de 1895: «Es el amor, y no la filosofía alemana, lo que realmente puede explicar este mundo, sea cual sea la explicación del otro», señalando a la vez cuál era la guía de su quehacer: «El propósito del arte es sólo crear un estado de ánimo»( El crítico artista, 1895).

Wilde pensaba que el éxito le podía llegar a través del teatro, pues tenían cantidad de relaciones entre artistas y demás gente de la farándula…De ahí que escribiese este primer drama, Vera o los nihilistas, que representa una historia de amor en el seno de una asociación de nihilistas. La obra se publicó en Nueva York en una edición limitada en 1882, un años después de su puesta en escena, que de hecho resultó un verdadero desastre de improvisación. Si se estrenó allá es debido a que en Londres no fue permitida debido al parentesco que unía a la familia real inglesa con la zarina rusa, cuyo marido, Alejandro II, falleció al ser alcanzado por la bomba que le arrojó un nihilista en marzo de 1881.

Se ve a un Wilde que está familiarizado con los autores rusos del momento, queriendo describir el ambiente un poco convencional de la Rusia de finales del siglo XIX, y exaltar la violencia motivada por los sufrimientos de muchas vidas en esclavitud, como la de los nihilistas, jugando el amor el rol de fuerza moderadora. Asoman con frecuencia frases y filosofías de Príncipe Paradoja…como si el mismo escritor asistiese entre atento y divertido a las reuniones de enmascarados “bolcheviques”…Las conversaciones son algo más que meras ocurrencias wildianas…bajo ellas se siente la amargura, la pasión, el conocimiento de la vida y de la humanidad…Recurre a caricaturescos, y esquemáticos retratos hasta rozar el panfleto o la insustancialidad: la autoridadlos rebeldes y sus maniobras, el conformismo campesino y su único interés por sacar pelas y pasar de todo…Algo inverosímil: el hijo del zar ¿nihilista? La cohorte del zar plagada de pequeños aprovechados y pequeños maquiavelos…con no disimulados resabios evangélicos, siendo presentados, los nihilistas por los popes como la encarnación del mismísimo diablo. En el centro el motor de la revolución encarnado por Vera -considerada como peligor número uno-, que considera que el asesinato es un acertado medio de reforma política, titubeando la protagonista y sus camaradas entre el uso de la violencia o los medios de combate no-violentos, en medio del pueblo que no se entera de nada y los nihilistas que se campanean al elogiar su propia labor:«le hemos hecho comer el fruto del árbol de la ciencia y la época del sufrimiento mudo ha pasado para Rusia»; seres entregados aun a riesgo de la muerte, el suicido o la muerte lenta en las prisiones siberianas. Se echan pestes con respecto al palacio, y a sus dueños, los zares y familia, del mismo modo que Francia queda a la altura del barro.

Indudablemente se puede ver que Oscar Wilde estaba al tanto del am biente de la época en Rusia: los atentados, algunos personajes como Vera Zasulich que en 1879n hirió a Trepov, gobernador militar de san Petersburgo, hechos que sirvieron de mecha para el surgimiento de la asociación secreta Tierra y Libertad para organizar la Voluntad del pueblo (Narodnya Volia), cobrando el nombre de Vera alcance mundial, al ser considerada como una verdadera heroina.

Por cierto, da por pensar que la elección por parte de Wilde del nombre de la protagonista no es casual, ya que, por una parte, la palabra significa en ruso fe, además de abundar el nombre en varias luchadoras de aquellos años: la revolucionaria rusa Vera Figner(1852-1942), luciendo también la protagonista de la novela de Chernichevski: ¿Qué hacer?. El nombre de Vera Gontcharova, era el nombre de la sobrina de Puskin, si bien la protagonista del libro de Wilde fue inspirada de la mentada Vera Zazulich…por cierto, el libro, Padres e hijos, de Ivan Turguénev iba a titularse originalmente Vera Vorontsova.

No seguiré, mas sí que queda bien claro que Oscar Wilde era algo más que frivolidad, dandismo, esteticismo y escándalo…su conciencia social salta a la vista en los ejemplos expuestos en el texto, lo cual también es verdad que creaba revuelo y escándalo.

Donostia a 30 de noviembre

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