martes, 25 de agosto de 2009

ARTICULO DE J.C. VAZQUEZ (ALIAGA, TERUEL)

(Mientras Aliaga se quemaba)

ALIAGA, NEGRO Y LUTO
Desolación, negro, silencio, olor, ausencia, muerte, incomprensión, desidia, nada, paz.
Desolación de unos ojos que contemplan lo que no desean, de unas retinas impregnadas por el color negro, solo negro. Negro que se opone al azul del cielo, que lo observa y que por la noche se funde con la tierra como si quisiera consolarla.
Silencio donde nunca lo hubo. Silencio por la ausenta total de vida, por la nada, por el negro.
Olor a tragedia, a restos, a escoria de vida, a ausencia repleta de ausencia de colores y al aire que se pasea entre la muerte repartiéndose por todo.
Monumento patético a la muerte ya viuda de sí misma.
Dolor de una naturaleza sacrificada sin su consentimiento, a lo bonzo, en una inmensa pira que tiñó de rojo el cielo azul, para iluminar también el drama de la noche.
Dolor de los pinos que al quemarse retorcían sus ramas hacia el tronco, como queriendo abrazar lo poco de vida que les quedaba, acurrucase para sufrir en silencio.
Dolor de los ojos que lo contemplan.
Nada. Apenas nada es lo que queda, solo el negro de las esculturas inertes que nos recuerdan su agonía.
Pese a todo, se respira paz. Paz resultado del contraste con la guerra que allí se libró, y se perdió. Guerra contra los elementos, contra la incompetencia y la dejadez humana de la que dejaron claras muestras nuestros gobernantes.
Paz que se tatúa en los ojos del que contempla el espectáculo