viernes, 28 de julio de 2017

QATAR. OTRO DE TANTOS ASUNTOS COMPLEJOS


Oriente Medio
La crisis qatarí y la economía política del Golfo




 
Adam Hanieh
Viento Sur
25/07/2017

La decisión tomada el 5 de junio por Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto de suspender las relaciones diplomáticas con Catar ha enviado ondas de choque a través de todo Oriente Medio. El bloqueo provocado ha interrumpido una gran parte del comercio marítimo y terrestre con Catar, lo cual hace temer que este pequeño estado pueda afrontar penurias alimentarias próximamente. Las principales líneas aéreas, entre las cuales se encuentran Emirates, Gulf Air, flydubai y Etihad Airways, han anulado vuelos. Los ciudadanos cataríes que viven en los países que participan en el bloqueo no han tenido más que dos semanas para volver a sus casas. Incluso los inmigrantes con permiso de residencia catarí han sido alcanzados por la ola de expulsiones.

Los EAU han prohibido toda expresión de simpatía hacia Catar (también en Twitter), y los transgresores han sido amenazados con penas de prisión de hasta 15 años. Los gobiernos que se encuentran estrechamente ligados a Arabia Saudí y a los EAU han expresado rápidamente su apoyo al bloqueo, entre los cuales se hallan la Cámara libia de Representantes de Tobruk, el gobierno yemení de Abd al-Rahman Rabbuh al-Mansur al-Hadi, apoyado por los saudíes, así como las Comoras, Mauritania y las Maldivas.

La ofensiva contra Catar llega tras varios meses durante los cuales los medios de comunicación estadounidenses y del Golfo publicaron artículos con citas de altos cargos de Estado que afirmaban que Catar estaría financiando a grupos islamistas y acercándose a Irán.

Yousef al-Otaiba, embajador de los EAU en los EEUU, ha jugado un rol importante en esta campaña. Desde el inicio de las revoluciones árabes de 2011, al-Otaiba ha recorrido los pasillos del poder en Washington, alertando de que dichas revueltas populares amenazaban el orden establecido en la región y declarando que Catar apoyaba movimientos e individuos hostiles tanto a Arabia Saudí como a los EAU.

Antiguos funcionarios del gobierno estadounidense, así como think-tanks de este país —y, de manera notoria, la Israel Foundation for the Defense of Democracies (FDD), neoconservadora e importante defensora de la invasión de Irak de 2003—, retomaron esta cruzada anti-catarí. El 23 de mayo, la FDD organizó un importante seminario para debatir sobre las relaciones de esta nación del Golfo con los Hermanos Musulmanes así como sobre la manera en la que la administración Trump debería reaccionar. En esta ocasión, el ex secretario de defensa Robert Gates apeló al gobierno estadounidense a trasladar su enorme base aérea de Catar si este país no cortaba sus relaciones con estos grupos.

Según varios e-mails publicados poco después de la conferencia, al-Otaiba habría repasado y respaldado los comentarios de Gates. Es esta filtración la que habría favorecido la activación del bloqueo, lo cual da cuenta de la íntima relación que mantenía el embajador con Gates, con la FDD y con otras figuras próximas de la administración Trump.

Tanto los EAU como Arabia Saudí han declarado igualmente que Catar habría intentado intensificar sus relaciones con Irán en los últimos meses. Una prueba sería que Catar habría pagado recientemente 700 millones de dólares a Irán para obtener la liberación de 26 miembros de la familia real catarí secuestrados en Irak en 2015 y detenidos en Irán durante un año y medio. Esta historia —relacionada también con una supuesta transferencia separada de alrededor de 300 millones de dólares a grupos próximos de al-Qaeda en Siria— ha sido negada por el primer ministro iraquí Haider al-Abadi, quien declaró el 11 de junio que el dinero se encontraba aun en el banco central iraquí.

Por su parte, Arabia Saudí denunció una declaración atribuida al emir catarí Tamim bin Hamad al-Thani, publicada por la agencia estatal Catar News. En un discurso pronunciado durante la entrega de diplomas a los oficiales de la Guardia Nacional en la base de al-Udeid, al-Thani habría elogiado a Irán y criticado a los estados del Golfo que consideran a los Hermanos Musulmanes como una organización terrorista. Catar explicó que la página web había sido pirateada —afirmación confirmada más tarde por el FBI— y que al-Thani no había hecho tales declaraciones.

En medio de todas estas afirmaciones y desmentidos, algunos observadores estiman que la visita de Donald Trump a Arabia Saudí el 20 de mayo fue un momento clave de la campaña contra Catar, y que Trump dio así luz verde a Arabia Saudí y a los EAU. Uno de los tuits de Trump parece confirmar esta hipótesis, ya que en él el presidente se jacta de que el bloqueo vendría de sus encuentros en Riad. Pero no todos apoyan en Washington a Arabia Saudí y a los EAU. Otras personas —especialmente Rex Tillerson [secretario de Estado de Asuntos Exteriores y antiguo director ejecutivo de ExxonMobil]— llaman a suavizar el bloqueo y a una solución pacífica. El secretario de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Boris Johnson [que acaba de visitar los diferentes Estados del Golfo], intervino también, llamando a poner fin al conflicto, pero declarando sin embargo que Catar debería “incrementar sus esfuerzos en lo relativo a su apoyo a grupos extremistas”.

Las riñas internas no son nada nuevo para las indisciplinadas familias gobernantes del Golfo, pero la decisión de aislar a Catar constituye una escalada importante. ¿Cómo deberíamos entender el bloqueo en el contexto de los acontecimientos de mayor envergadura que han tenido lugar en Oriente Medio, especialmente en la estela de las revoluciones árabes? ¿Indican estos acontecimientos un cisma irreconciliable en la política del Golfo, o un importante desplazamiento de las históricas alianzas estadounidenses en la región?

Intereses compartidos y rivalidades

No se puede entender el conflicto actual sin analizar el proyecto más amplio de integración regional encarnado por el Gulf Cooperation Council (GCC) [Consejo de Cooperación del Golfo]. Arabia Saudí, los EAU, Kuwait, Catar, Bahréin y Omán crearon esta organización dos años después de la Revolución iraní de 1979 y al comienzo de la guerra entre Irak e Irán que duraría hasta 1988.

Entonces, se consideraba ampliamente al