martes, 30 de diciembre de 2008

A LOS REYES MAGOS DE CALATAYUD (ZARAGOZA)

Mis queridos y anónimos Reyes Magos X, Y, Z de Calatayud:
Soy Manuel, de Zaragoza, aquel que públicamente se declaró monárquico absoluto de vosotros, hace de esto años, como bien recordareis, cuando vosotros renunciasteis al presupuesto que teníais asignado para hacer vuestra aparición ante los chicos del pueblo en helicóptero, y el importe de aquel presupuestos lo mandasteis para los afectados de el fenómeno El Niño, por Latinoamérica. ¿Os acordáis, verdad? Pues ese mismo soy.
Sigo como siempre, ¿Qué os podría decir que no sepáis de mi?
No obstante, porque sé que estos días andáis muy liados y se os podría pasar por alto, os digo que como siempre, sigo comiendo en pesebre aparte de cualquier rey. No los puedo tragar, qué queréis que os diga.
No os pido nada para mí. No me he portado nada bien: ni de pensamiento, palabra u obra. Ya sabéis como soy.
El pensamiento más liviano y amoroso que he tenido durante todo el año, y que no me abandona, ha sido el de desear que por estos días, y a lo largo de todo el año enterito de 2009 que ahora empieza, les echéis a todos los ricos y ricas, y a toda aquella persona, que teniendo algún tipo de poder para erradicar penurias humanas, utilicen ese poder para asuntos propios, unas buenas cajerillas diarias de garras debajo de siete horas seguidas de sentada en taza de retrete.
Así, pues, no os pido nada para mí.
Si acaso, y por si os cruzáis con vuestros jefes, Los Magos de Oriente, decidles que por mi casa ni se acerquen, que no me fío de ninguna monarquía, no sea que me quiten algo en vez de traerme.
Y sin otro particular, se despide de Vosotros hasta el año que viene, este que lo es
Manuel.
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