jueves, 26 de junio de 2014

UCRANIA (EUROPA): QUÉ PASA Y QUÉ PUEDE PASAR

Para qué un Maidán para América

Argumenty Nedeli

Traducido del ruso por Carlos Valmaseda

La guerra que se está desarrollando en el Donbás supone enormes amenazas para Rusia, Europa y el mundo entero, y el no darse cuenta de estas los arrastra a su extensión a una guerra regional y después mundial. Presentar esta guerra en los medios de comunicación mundiales como una lucha de las autoridades ucranianas por la integridad del país está tan lejos de su auténtico significado como la imagen de la agresión de Polonia por la propaganda hitleriana como una defensa de Alemania frente la agresión polaca. Con un poco más profundidad se trata en los medios de comunicación rusos esta guerra: como la oposición de la población del Donbás a la junta nazi que ha tomado ilegalmente el poder en Kiev.

Mientras tanto, sin entender los motivos y las fuerzas motrices de la escalada militar del conflicto no es posible detenerlo. De esto habla la falta de resultados hasta ahora de las conversaciones sobre el cese de la violencia y la solución de la crisis ucraniana. Parecería que todas las partes deberían estar interesadas en el cese de las acciones militares en el Donbás. Producen daños a Ucrania, a Rusia, al mismo Donbás y amenazan a Europa. Sin embargo, ni una vez todavía el lado occidental ha cumplido sus compromisos. El resultado invariable de todas las conversaciones ha sido un engaño directo por parte de los EEUU y sus protegidos de Kiev, utilizando las conversaciones para desviar la mirada y desorientar a los socios.

Conversaciones como engaño

Al principio los funcionarios de alto rango americanos y europeos, mientras apaciguaban a Yanukovich con promesas de no utilizar la fuerza, empujaban a los nazis a su deposición violenta y llevaron al poder a su gobierno marioneta. Después intentaron persuadir a Putin de no utilizar la fuerza, mientras incitaban al mismo tiempo a la junta bajo su control a la represión de la población rusa de Ucrania. Inmediatamente después del logro de un acuerdo para el desarme de las formaciones ilegales y el principio de un diálogo de toda la nación, el vicepresidente de los EEUU Biden llega a Kiev para apoyar las acciones de la junta, después de lo cual esta empieza una operación de castigo del ejército ucraniano contra la oposición del Donbás.

Mientras se asegura incesantemente al presidente ruso su compromiso con la paz y se pedía el cese de la violencia, los líderes de los EEUU y la UE apoyaban en serie el reforzamiento del terror de los militares ucranianos contra la población del Donbás. Mientras Rusia buscaba un encuentro para llegar a un acuerdo para el apaciguamiento del conflicto y la retirada de las tropas de la la frontera ucraniana, la junta nazi aumentó abruptamente sus fuerzas armadas en la zona del conflicto y empezó a utilizar la aviación y los tanques contra la población del Donbás.

Los hechos nos dicen que los americanos utilizaron las conversaciones exclusivamente para engañar a sus socios. Mientras pretenden ser los pacificadores y los defensores de los derechos humanos, en realidad abrieron camino a la toma violenta del poder por los nazis, los cuales apoyaron después la legalización de sus militantes en fuerzas militares y los animaron al uso del ejército contra la población rusa.

Mientras tanto, los medios de comunicación bajo control de los americanos y de sus protegidos echan la culpa de todo a Rusia, creando de ella con diligencia una imagen de enemiga de Ucrania y de espantapájaros para Europa. La furiosa mendacidad y la rusofobia histérica de los canales de televisión líderes mundiales no deja lugar a dudas de que nos enfrentamos a una maquinaria de guerra propagandística, represora de todos los periodistas objetivos y que impone a la población un estado de psicosis antirusa.

De este análisis se desprende que los EEUU desde el inicio de la crisis ucraniana han seguido continuamente una estrategia para hinchar el conflicto hasta una guerra ucraniano-rusa, justificando todos los crimenes de la junta nazi, financiándola y armándola, encubriéndola diplomáticamente y obligando a sus socios europeos a hacer lo mismo. Surge una pregunta: ¿Para qué lo hacen?

Sin duda no lo hacen por Ucrania, a la que esta guerra empuja a la ruptura, a la catástrofe humanitaria y económica. Y por supuesto tampoco por los principios abstractos de la defensa de los derechos democráticos y la libertad, los cuales son descaradamente violados por la junta nazi, perpetradora de asesinatos masivos de sus ciudadanos.

Como se ve claramente por la retórica y las acciones de los políticos y funcionarios norteamericanos, esta guerra la desarrollan los EEUU contra Rusia, en la que la junta nazi no es más que un instrumento en manos de la administración norteamericana y el pueblo de Ucrania se utiliza como "carne de cañón" y al mismo tiempo como víctimas de la "agresión" rusa. El objetivo inmediato de esta guerra es la separación de Ucrania de Rusia, lo que como tarea geopolítica fundamental de Occidente ya estableció Bismarck, y en las condiciones actuales, Brzezinski.Su fórmula rusófoba de que sin Ucrania Rusia no puede ser una gran potencia ha sido un leitmotiv director de toda la política norteamericana en el espacio postsoviético. Con este objetivo llevan ya 20 años los EEUU tras el hundimiento de la URSS, habiéndose gastado en el cultivo de la élite política ucraniana en Kiev, según testimonio de la ayudante del secretario de estado de los EEUU Nuland, más de 5 mil millones de dólares.

En opinión de los estrategas de la OTAN, la separación de Ucrania de Rusia debe ser construida mediante la sumisión de Ucrania a la Unión Europea bajo la forma de Asociación, después de la cual Kiev entrega el derecho de soberanía de Ucrania en el campo de la regulación de la actividad económica exterior, la actuación exterior y la política de defensa a Bruselas. La renuncia de Yanukovich a firmar el Acuerdo de Asociación fue interpretada por los EEUU como una salida de la administración ucraniana a esta sumisión y como una amenaza de restauración del proceso natural de recuperación de un espacio económico único con Rusia, Bielorusia y Kazajistán y a la vuelta de Ucrania a la vía europea de integración, en suma, y se organizó un golpe de estado inmediatamente después del cual los líderes de la UE se apresuraron a firmar con la junta ilegítima nazi un Acuerdo de asociación en el campo político contrario a la Constitución ucraniana. Después de la proclamación de Poroshenko como presidente este informó de su disponibilidad para firmar un Acuerdo de asociación en toda su extensión, a pesar de su incompatibilidad tanto con la ley fundamental como con los intereses de Ucrania.

Sin embargo, como demuestran las acciones actuales de los EEUU, solo el paso de Ucrania a la jurisdicción de la UE en el marco del Acuerdo de asociación impuesto a Kiev no es suficiente. Ellos quieren empujar a Ucrania a un conflicto bélico con Rusia y arrastrar a la Unión Europea a este conflicto. Habiendo forzado a la junta nazi que les está subordinada a llevar a cabo una guerra a gran escala en el Donbás, los EEUU crean en el centro de Europa un caos que se extiende como un embudo que tiene como objetivo arrastrar a un conflicto fraticida a Rusia en un principio, y después a los países europeos cercanos. Esto se hace no solo para debilitar a Rusia, sino también para deteriorar la situación de la Unión Europea.

Las guerras: la fuente del ascenso de los EEUU

La experiencia histórica testimonia que las guerras en Europa fueron fuentes fundamentales para el ascenso económico y el poder político de los EEUU. Estos últimos llegaron a ser una superpotencia como resultado de la 1ª y la 2ª Guerras Mundiales, que supusieron un gigantesco drenaje de capitales y mentes de los países europeos enfrentados entre sí a América. La Tercera Guerra Mundial, que se quedó en fría, terminó con el hundimiento del sistema socialista mundial, lo que dió a los EEUU un flujo de más de un billón de dólares, cientos de miles de especialistas, toneladas de plutonio y otros materiales valiosos, y multitud de tecnologías únicas. Todas estas guerras fueron provocadas con la activa participación de una "quinta columna" norteamericana en la figura de espías, oligarcas, diplomáticos, funcionarios, empresarios, expertos y figuras públicas controlados, financiados y apoyados por los servicios especiales norteamericanos. Y hoy, enfrentados a dificultades económicas, los EEUU intentan desencadenar en Europa la siguiente guerra para conseguir los siguientes objetivos.

En primer lugar, la acusación a Rusia de agresión permite llevar a cabo sanciones financieras con el objetivo de congelar (cancelar) las obligaciones norteamericanas ante las estructuras rusas por valor de algunos cientos de miles de millones dólares para alivio de la increíble deuda de los EEUU.

En segundo lugar, la congelación de los activos rusos en dólares y euros supone la imposibilidad para sus propietarios de cumplir sus obligaciones ante los principales bancos europeos, lo que crea a estos últimos serias dificultades, susceptibles de llevar a la bancarrota a alguno de ellos. La desestabilización del sistema bancario europeo estimulará el flujo de capitales a los EEUU para sostén de la pirámide de dólares de su deuda.

En tercer lugar, las sanciones contra Rusia provocan un daño a los países de la UE por una suma cercana al billón de euros, lo que empeora la ya mala situacion de la economía europea y debilita su posición en la competencia con los EEUU.

En cuarto lugar, las sanciones contra Rusia facilitan la exclusión del mercado europeo del gas ruso, con el objetivo de su sustitución por gas de esquisto norteamericano. Lo mismo sucede con los elementos combustibles del multimillonario mercado de Europa oriental de centrales atómicas, que están orientadas tecnológicamente para el abastecimiento desde Rusia.

En quinto lugar, arrastrar a los países europeos a la guerra con Rusia fortalece su dependencia política de los EEUU, lo que facilita la última decisión de obstrucción en la zona UE del libre comercio en condiciones ventajosas para los EEUU.

En sexto lugar, la guerra con Europa da ocasión para la expansión de los ingresos militares al complejo militar-industrial de los EEUU.

Los mismos EEUU en una guerra desatada por ellos en Europa no pierden casi nada. A diferencia de los países europeos, comercian poco con Rusia, y sus mercados casi no dependen del suministro ruso. Como en otras guerras europeas, serán ganadores limpios.

Por tanto, al incitar a la junta nazi contra Rusia, los EEUU no arriesgan nada y muy probablemente ganan. Los consejeros norteamericanos arrastran a sus protegidos en Kiev al uso de las armas más crueles contra su población: proyectiles de fragmentación, bombas de aviación, minas. Pero cuantas más víctimas haya, más alto será el deseo de interposición del ejército ruso para la defensa de la población rusa, más alto será el riesgo de una nueva guerra europea y mayor será el triunfo norteamericano. Este triunfo no solo se mide en dinero. El premio principal, por el que los EEUU provocan una nueva guerra mundial, es el mantenimiento del dominio mundial en una situación de cambio estructural global, causado por el cambio de modos tecnológicos.

Los estudios demuestran que en tales periodos de desplazamientos tecnológicos globales a los países avanzados les resulta difícil conservar el liderato, puesto que en la ola de crecimiento de una nueva estructura tecnológica se disparan los países en desarrollo que hayan tenido éxito en la preparación de las condiciones de su formación. A diferencia de los países avanzados, enfrentados a crisis de sobreinversión de capital en manufacturas que quedan anticuadas, aquellos tienen la posibilidad de evitar una masiva depreciación del capital y concentrarlo en las direcciones de crecimiento innovador. Para retener el liderazgo los países avanzados deben recurrir a métodos coercitivos en política exterior y política económica exterior. En este periodo crece abruptamente la tensión político-militar, los riesgos de conflictos internacionales. Son testimonio de ello la trágica experiencia de dos crisis estructurales previas de la economía mundial.

Así, la Gran Depresión de los años 30, condicionadora del progreso de los límites del crecimiento dominante a principios de siglo del modo tecnológico de "carbón y acero" fue sobrepasada por la militarización de la economía, que acabó dando como resultado la Segunda Guerra Mundial. Esta última no solo estimuló la transformación estructural de la economía con una amplia utilización del motor de combustión interna y la química orgánica, sino que implicaba un cambio cardinal de todo el órden mundial: destrucción del núcleo del sistema económico mundial de aquel tiempo (los imperios coloniales europeos) y la formación de dos sistemas político-económicos mundiales opuestos. El liderazgo del capitalismo norteamericano en la salida a una nueva larga ola de crecimiento económico estaba garantizado por un crecimiento extraordinario de pedidos de defensa en la asimilación de nuevas tecnologías y con el flujo de los capitales mundiales en los EEUU por la destrucción del potencial productivo y la depreciación de capitales de los principales competidores.

La depresión de mediados de los 70 principios de los 80 supuso una carrera de armamentos en el campo de la cohetería espacial con una amplia utilización de la tecnología de la información y la comunicación, creadora en aquel momento de un nuevo modo tecnológico. El colapso del sistema socialista mundial, que no fue capaz en su momento de transformar la economía al nuevo modo tecnológico, permitió a los países capitalistas líderes utilizar los recursos de los antiguos países socialistas para una "transferencia suave" a la nueva larga ola de crecimiento económico. La salida de capital y la fuga de cerebros de los antiguos países socialistas, la colonización de sus economías facilitaron una reconvesrión estructural de la economía de los países del núcleo del sistema capitalista mundial, hasta entonces estimulado por la formación de un nuevo modo tecnológico mediante el desarrollo de la carrera de armamentos en el espacio. A esta ola de crecimiento del nuevo modo tecnológico ascendieron nuevos países industralizados, capaces de organizar con anticipación sus producciones clave y de crear las premisas de su rápido crecimiento a escala global. El resultado político fue una globalización liberal con el dominio de los EEUU en calidad de emisores de la principal reserva de divisas.

Divide y vencerás

El agotamiento del potencial de crecimiento del modo tecnológico dominante fue el motivo de la crisis y la depresión globales que han atrapado a los países líderes del mundo en los últimos años. La salida de esto tendrá lugar con una ola de crecimiento de un nuevo modo tecnológico, en cuyo base se encuentra el complejo nano y biotecnológico. Y aunque el campo principal de aplicación de estas tecnologías no está relacionado con la producción de técnica militar, la carrera de armamentos y el aumento de los gastos militares de forma habitual se convierten en el método director del estímulo estatal para el establecimiento de un nuevo modo tecnológico.

El caso es que la ideología liberal, que domina en los círculos dirigentes de los EEUU y sus socios en la OTAN, no deja a los estados otra ocasión para la expansión de la intervención en la economía que las necesidades de defensa. Por eso, al enfrentarse con la necesidad de utilizar la demanda pública para el estímulo del crecimento del nuevo modo tecnológico, los círculos líderes de negocios recurren a la escalada de la tensión político-militar como método principal de aumento de las compras estatales de técnicas de vanguardia. Precisamente desde este ángulo hay que ver los motivos de la promoción en Washington de una guerra volante en Ucrania, que parece ser no el objetivo sino el instrumento para llevar a cabo su tarea global de mantenimiento de la influencia dominante de los EEUU en el mundo.

Junto con la crisis estructural de la economía mundial, condicionante del cambio de modos tecnológicos dominantes, en la actualidad se produce una transición a un nuevo ciclo secular de acumulación de capital que intensifica los riesgos de desatar una guerra mundial. La transición previa de imperios coloniales de los países europeos a corporaciones globales como forma principal de organización de la economía mundial se produjo tras haberse desatado tres guerras mundiales, cuyo resultado fue acompañado por cambios cardinales en la construcción política mundial. Como resultado de la Primera Guerra Mundial se derrumbaron los régimenes monárquicos, limitadores de la expansión del capital nacional. Como resultado de la Segunda colapsaron los imperios coloniales, limitadores del movimiento del capital internacional. Con el hundimiento de la URSS como consecuencia de la Tercera Guerra Mundial -fría-, el libre movimiento del capital se extendió al mundo entero, y las corporaciones transnacionales tuvieron a su disposición toda la economía mundial.

Pero esta historia no ha terminado. El desarrollo de la humanidad exige nuevas formas de organización de la economía global, que garanticen un desarrollo constante y el rechazo de las amenazas planetarias, incluídas las ecológicas y espaciales. En las condiciones de globalización liberal, alineadas con los intereses de las corporaciones transnacionales, fundamentalmente las angloamericanas, estos retos para la existencia de la humanidad quedan sin respuesta. La necesidad objetivamente surgida de refrenar a la oligarquía mundial y de regulación del movimiento del capital mundial se alcanza en el modelo asiático oriental de organización contemporánea de la economía. Con el ascenso de China, India y Vietnam tras Japón y Corea los investigadores más reflexivos hablaron de la transición de un ciclo secular de acumulación de capital angloamericano a uno asiático. A la luz de los cambios globales antes caracterizados se entiende que la lucha por el liderazgo mundial se desarrolla entre los EEUU y China, en la que los EEUU para el mantenimiento de su dominio interpretan su escenario habitual de desencadenamiento de una guerra mundial en Europa, intentando una vez más a costa del Viejo Mundo reforzar su posición en el mundo. Para ello utilizan el viejo principio geopolítico inglés de "Divide y vencerás", resucitando la rusofobia subconsciente de las élites políticas de los países europeos y apostando por una transición para su "Drang nach Osten". Al mismo tiempo, siguiendo el legado de Bismarck y los consejos de Brzezinski, utilizan como línea principal de fractura a Ucrania, contando, por una parte, con el debilitamiento y reacción agresiva de Rusia y por otra con la unión en torno suyo de los estados europeos en sus aspiraciones tradicionales de la colonización de la tierra ucraniana.

El cálculo de los geopolíti