miércoles, 31 de mayo de 2017

PSOE ORGANIZACIÓN O UN FLAUTISTA Y DETRÁS LAS SIGLAS PSOE

Personalmente yo prefería la victoria de Pedro Sánchez sobre los poderes fácticos encabezados por Susana Díaz. Estos poderes fácticos escondidos bajo los manteles de los caros restaurantes, desde los cuales ejercían y siguen ejerciendo el poder, no nos son conocidos en profundidad (por ejemplo, alguien sabe quienes manejan los fondos de inversión a los que van a parar los fondos de la Seguridad Social, que luego son prestados al estado, por lo que tenemos que pagar unos intereses por un dinero que antes de empezar a hablar ya era nuestro).

Con la victoria de Sánchez no ha cambiado nada ni va a cambiar ni puede cambiar nada por ese solo hecho como podría parecerle a un buen ingenuo de buena fe. 

Manda y dirige quien manda y dirige la economía, y nosotros, la inmensa mayoría de la población ni mandamos ni dirigimos economía alguna, y lo que es peor y más grave, ni siquiera llegamos a tener conciencia, o sea, conocimiento claro, de cómo funciona la economía. Esto tiene solución. Difícil, compleja, costosa, larga en el tiempo, pero tiene solución.

La solución empieza, tanto en el PSOE si es que decide ser un partido transformador de la sociedad y no auxiliar y balón de oxigeno de los grandes capitales bajo el ropaje de la reforma, socialdemocracia, etc., como para cualquier otro partido, movimiento social, sindical, etc., con la participación efectiva de sus afiliados y simpatizantes, que empieza inexorablemente por grupos de formación en los que se estudien y analicen casos concretos, problemas concretos, de los lugares concretos donde se encuentren esos grupos de formación. Sin esto no podrán formarse mayorías sociales efectivas, y sin estas mayorías sociales capaces de mantener una lucha política sostenida en el tiempo no se puede realizar ningún tipo de transformación, ni económica, ni política ni ideológica.

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Pedro Sánchez: el retorno

Rebelion
Cuarto Poder
30.05.2017

¿Qué secretario general de PSOE retorna? ¿El del acuerdo con Ciudadanos? ¿El que se abre a un acuerdo con Unidos Podemos? ¿El que hará de la hegemonía del PSOE el objetivo central?


¿Qué Pedro Sánchez vuelve? Esta es la pregunta. Sabemos algunas cosas. Primero, que Pedro Sánchez, en su etapa de secretario general, defendió una estrategia, diremos que coherente: el enemigo es (Unidos) Podemos y para vencerle hace falta polarizarse con la derecha, achicar espacios y reducir electoralmente a la formación morada para alcanzar a ser de nuevo el partido ordenador del régimen. Segundo, con audacia, se enfrentó con los barones y la baronesa y se la jugó a una carta: votar en contra del gobierno de Mariano Rajoy; no es no y punto. Lo que vino después es muy conocido: una amplia alianza entre los poderes fácticos y mediáticos con una parte sustancial de la dirección del Partido Socialista, la que obligó a Pedro Sánchez a dimitir. Aquí hay que detenerse un momento. El secretario general electo del PSOE siempre negoció con los poderes fácticos y no logró convencerlos cuando, de nuevo, el PP ganó y se dispuso a gobernar el país; por así decirlo, miraba de un lado, a una sociedad española en crisis y que cambiaba rápidamente y, de otro, pretendía convencer a los que mandan y no se presentan a las elecciones, de que para perpetuar el régimen y disminuir el peso electoral y político de Unidos Podemos (es la misma cosa) era necesario un Partido Socialista nítidamente alineado en una oposición dura al Partido Popular.

Sánchez, es el tercer elemento que conviene resaltar, demostró más coraje de lo que se le suponía y un conocimiento cabal de la crisis que vive el PSOE. Salió a la batalla política con mucha fuerza, denunciando la conspiración interna (el programa con Évole fue decisivo) y proponiendo un nuevo PSOE autónomo y de izquierdas. La palabra clave es autonomía. ¿De quién? De los poderes fácticos, especialmente de PRISA y su grupo, de Felipe González y de los grandes grupos de poder económico que, de una u otra forma, tienen enormes conexiones con los gobiernos socialistas de algunas autonomías y, sobre todo, de Andalucía. Autonomía quiere decir, en sentido estricto, capacidad del PSOE para dirigirse a sí mismo, para establecer las alianzas que considere y defender las políticas públicas que se estimen convenientes en el país. Había un tercer mensaje del que se habla poco pero que fue creciendo durante toda la campaña: el PSOE es la “izquierda” y la “única” alternativa a la derecha. Un hilo discursivo a no olvidar.

Su batalla ha sido muy dura y todos los grandes medios de comunicación, El País al frente, apostaron por Susana Díaz y combatieron a Pedro Sánchez con formas muy parecidas a las que emplearon con Pablo Iglesias y con Unidos Podemos. Los grandes medios de comunicación, férreamente alineados tras el gobierno de Rajoy, defienden un “discurso disciplinante”, es decir, se arrogan el poder de definición y, desde ahí, delimitan duramente los espacios de lo posible y lo imposible, de lo aceptable y de lo inaceptable, de lo legítimo y de lo ilegítimo. Como suele ocurrir cada vez que se le da la voz a la ciudadanía o a los militantes del Partido Socialista, estos acaban votando contra la dirección de derechas y apostando por un programa más auténtico, más autónomo, más de izquierdas.

El debate en el PSOE ha tenido un componente fuertemente identitario, con una frontal oposición a la derecha aprovechando el desconcierto de una base electoral y militante que había percibido cómo el Partido había sido intervenido por los grandes poderes y su legítimo secretario general obligado a dimitir. Parecería que el equipo de Sánchez busca una socialdemocracia clásica sin entrar a fondo en el análisis de los procesos de globalización en curso, las políticas realizadas por la Unión Europea –defendida entusiásticamente por toda la socialdemocracia- y, sobre todo, sus consecuencias en la estructura social, en las clases populares y, específicamente, en una juventud a la que se le ha bloqueado el futuro. De ahí que, cuando se pasa del análisis a las propuestas, el discurso de oposición se quiebra y aparecen todas las contradicciones del anterior Pedro Sánchez.