miércoles, 23 de marzo de 2016

ARISTÓTELES ERA UN PINTA


Que Aristóteles no podía ser más que un pinta hace años que me lo barrunté. Fue allá por los años sesenta, cuando el cura, el profesor de filosofía del colegio, me preguntó que quién era el tal Aristóteles, que qué había hecho y que cuando vivió.

Un verdadero comino me importaba entonces el Aristóteles de los cojones y toda su parentela. No obstante hube de contestarle al cura, si bien más me hubiese valido permanecer en silencio, que es la mejor prueba de cordura y tino en el ser maduro: no decir ni mús cuando se ignora de lo que se habla, que evidentemente no era mi caso.

Así que ni corto ni perezoso, le dije al susodicho cura que como  no fuera Aristóteles el último fichaje extranjero del Real Madrid no sabía que otra cosa podría ser. Y así como yo le contesté, él sin remilgo alguno se aprestó a responderme sin ninguna tardanza, pero no con la misma moneda, pues, mientras en mí respuesta, aunque  desacertada, sólo contenía palabras, en la del buen cura y profesor de filosofía hubo más palos, golpes, pescozones y pellizcos que palabras.

Es decir, fue su respuesta completa, con letra y música, y así, mientras caían sobre mí toda la caterva de instrumentos musicales a través de sus huesudas manos, de vez en cuando tarareaba la música, aquello de que la moral era no sé qué; la ética la expresión de la moral y la política  lo propio del hombre libre, cuyos dirigentes debían ser los hombres  virtuosos y, que todo aquello era lo que había enseñado Aristóteles que fue filósofo griego, y que yo no serviría para nada y que no me haría