jueves, 8 de mayo de 2014

UCRANIA: LO QUE NO CUENTAN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN QUE COBRAN DE LSO DINEROS PUBLICOS PARA ENGAÑAR Y CONDICIONAR A LA OPINION PUBLICA



Ucrania
Dos miradas desde abajo y la izquierda

08-05-2014

Ahora, estas dos entrevistas realizadas hace un poco más de una semana se ven diferentes. Están alumbradas por el fuego infernal de la Casa de los Sindicatos de Odesa, donde en un operativo planificado y calculado unos seres humanos quemaron vivos a otros seres humanos y remataron a los supervivientes. Los miserables medios de comunicación oficialistas nos hablan de «responsabilidades compartidas». El gobierno ucraniano declara días de duelo, sin precisar si están incluidas las futuras víctimas. 

En lo político Maidan no resultó ser más que una sangrienta reedición de la Revolución Naranja, que detrás de comparsas y carnavales de simbología rebelde esconde un vulgar enroque de elites oligárquicas. La revolución naranja fue limpia y fotogénica. La de Maidan tiene imagen de turbas de guerreros medievales y olor a carne quemada y a mierda. 

Uno de los entrevistados, Volodymyr Chemeris, hace sólo un par de décadas fue uno de los más conocidos activistas estudiantiles a favor de la independencia de Ucrania de la URSS. Me acuerdo de la huelga de hambre de un grupo de estudiantes en la plaza central de Kiev, encabezada por él en 1990, con una serie de demandas políticas que tuvieron como consecuencia la declaración de la independencia del país un año después. A diferencia de varios otros disidentes y “defensores de los derechos humanos” soviéticos, él siguió luchando contra las mafias políticas que heredaron del Partido Comunista el poder en Ucrania. Su evolución política fue al revés: iniciando su vida social como derechista y anticomunista, ahora es una persona de izquierda y un lúcido critico del fascismo y el modelo neoliberal. 

El otro, Andriy Manchuk, es mi amigo y compañero desde hace años, de una generación posterior a la de Volodymyr, tal vez la primera en la Unión Soviética que se salvó de aburridas y obligatorias clases de marxismo leninismo dictadas por profesores que ya no creían en nada. Por eso estos jovenes tuvieron que descubrir caminos de izquierda por su propia cuenta y contra todas las corrientes de la época. Guiados por la estrella guevarista más que por los añejos manuales soviéticos, Andriy y sus compañeros, siempre críticos a los partidos comunistas instutucionales y sus funcionarios, fundaron primero el Movimiento de Juventud Che Guevara, que luego derivó a una pequeña organización de la izquierda independiente y autónoma ucraniana, hoy conocida como «Borotba» («Lucha» en ucraniano). Hace un poco menos de un año, organizando en la humilde oficina de «Borotba» en el centro de Kiev una exposicion de la pintora zapatista Beatríz Aurora y compartiendo con ellos experiencias y noticias de Latinoamérica, creo que ninguno de los presentes podíamos imaginar que sólo dentro de unos meses esta oficina y los cuadros zapatistas serían saqueados y destruidos por turbas neonazis y que los primeros mártires de nuestra generacion de la izquierda ucraniana serían nuestros hermanos y compañeros de «Borotba» en Odesa, quemados vivos y rematados por bestias humanas adiestradas y dirigidas por el poder. 

Cuando escribo estas líneas, las tropas del gobierno ilegitimo de Kiev, en su infructuoso intento de combatir grupos armados ilegitimos del sureste del país, piden oficialmente apoyo de otros grupos armados ilegitimos del oeste, en su mayoría de ultraderecha. 

Sabemos que en los próximos meses toda la máquina militar y toda la prensa oficial ucraniana caerán sobre los pequeños grupos de nuestros compañeros de izquierda. Acusados de «separatistas» o «prorrusos» por los medios dóciles al poder, ellos son mil veces más proucranianos que su gobierno, apurado en vender las ruinas del país al FMI por un precio que haría sonrojar a Mefistofeles. Necesitarán de nuestra solidaridad. Tal como los luchadores sociales de América Latina hace décadas necesitaron la solidaridad de los pueblos de la Unión Soviética, ahora la izquierda ucraniana, perseguida por el fascismo y las calumnias de la prensa local, necesitará de la solidaridad latinoamericana e internacional. 

Aquí presentamos a los entrevistados y luego va la entevista. 

Andriy Machuk:
 
Sociologo ucraniano, periodista que cubrió conflictos en Chechenia, Osetia del Sur, Georgia, Kosovo, Iran, Kurdistan, Libano, Siria, Pridnestovie, Egipto, hizo reportajes para Ucrania y Rusia desde Sudafrica, Corea del Norte; China, Sur y Sureste asiatico, Cuba, Venezuela y Ecuador. Partició en la investigacion del fusilamiento de la manifestacion obrera en la ciudad petrolera Zhanaozen (Kazajstan) y el comercio de los desechos radioactivos desde la zona de Chernobyl. 

Fundador del principal sitio web de la izquierda ucraniana Liva.com.ua y cofundador del proyecto de cultura urbana alternativa Ghetto.in.ua.

Autor de varios libros y publicaciones sobre temas sociales, culturales y de derechos humanos.
Uno de los fundadores y dirigentes del m ovimiento ucraniano de izquierda Unión “Borotba”.
Vive en Kiev.

Volodymyr Chemerys:

Activista social y defensor de derechos humanos. En los 80 dos veces fue expulsado de la universidad por “actividades antisoviéticas”. Fue uno de los mas activos luchadores por la independencia de Ucrania de la URSS. En los 90 fue presidente de la Unión de Estudiantes de Ucrania y diputado del parlamento. En 200 fue coordinador del movimiento de protesta “Ucrania sin Kuchma”. Uno de organizadores de campaña que exige reconocimiento de responsabilidad y pago de idemnización por parte de los EEUU a la familia de su amigo, periodista ucraniano Taras Protsiuk asesinado por disparo de un tanque norteamericano durante la invasión a Irak. Conocido adversario y critico del duopolio que gobernó Ucrania los últimos 20 años. Activista de la iniciativa ucraniana “Por protesta no violenta”.

Fundador y presidente de la organización de la izquierda ucraniana “Instituto República”, actualmente aliados de “Borotba” en la lucha por la paz en Ucrania.

Vive en Kiev.

¿Qué fue lo que pasó en Ucrania en febrero de este año? Algunos medios lo han llamado golpe de estado, ¿Es cierto?

ANDRIY MANCHUK
Lo que pasó fue que en febrero, como resultado de los choques sangrientos en el centro de Kiev, llegó al poder una coalición de políticos de derecha y neoliberales, con apoyo de la UE y EEUU. Hubo también participación financiera de algunos oligarcas ucranianos descontentos por la creciente influencia y apetitos de la familia de Yanukovich. Este nuevo gobierno derechista, cuya mayoría de integrantes ya había estado antes en el poder, utilizó hábilmente el descontento de la gente que padecía por las políticas antisociales de Yanukovich, para seguir ahora con la misma política incluso a un ritmo más acelerado. Para cumplir con las condiciones exigidas para obtener créditos del FMI, las autoridades anunciaron un aumento de tarifas sin precedentes, los precios se dispararon y comenzó a haber retrasos en el pago de sueldos, pensiones y ayudas sociales en general. La situación se agrava en el Sudeste del país, pero las autoridades de Kiev apuestan por una solución de fuerza anunciando que reprimirá a los ciudadanos descontentos haciendo imposible cualquier acuerdo. Los medios de comunicación están ahora en plena histeria patriótica, la censura es evidentemente mayor que en tiempos de Yanukovich, los defensores de los derechos humanos partidarios del nuevo régimen cierran los ojos frente a las persecuciones políticas y la violación del derecho a reunión pacífica.

Sin duda este es el gobierno más derechista en la historia de Ucrania y su ideología combina un fundamentalismo neoliberal (con su fe incondicional en los dogmas de libre mercado) y un nacionalismo extremo, que se ha convertido en una especie de religión para la mayor parte de los intelectuales ucranianos. En el país actúan hoy abiertamente varios grupos armados, formados por paramilitares neonazis. Por iniciativa del Fiscal General Mikhnitsky (cercano a Svoboda) y pasando por encima de las decisiones de la justicia, el parlamento liberó a todos los presos de ultraderecha condenados por delitos violentos, incluso por asesinato.

En el Maidán hubo personas de diferentes ideas y entre ellos muchas personas honestas y sinceras. Pero la derecha controló este movimiento en el sentido político, ideológico y organizativo. Por la correlación de fuerzas, al menos para nosotros, desde el inicio ya estaba claro que ellos tomarían el poder después de la caída de Yanukovich.

VOLODYMYR CHEMERIS
En Ucrania maduraron las contradicciones sociales y los ucranianos salieron al Maidán (plaza en ucraniano) varias veces: el 2000, con el movimiento “Ucrania sin Kuchma”; el 2004, con la Revolución Naranja y el 2013, con los eventos conocidos mediaticamente como Euromaidán.

En tiempos del movimiento “Ucrania sin Kuchma”, por primera vez se planteó con fuerza el tema del cambio del sistema de relaciones sociales, económicas y politicas; también surgió la demanda de una república parlamentaria. Pero ni en 2001 ni en 2004 el sistema cambió en lo más mínimo. Y cada año crecía el número de acciones de protesta, la mayoría de ellas por demandas sociales: estudiantes y pequeños empresarios en 2010, maestros, inválidos de Chernobyl y veteranos de Afganistán en 2011 y mineros en 2013. En el verano de 2013, en un pueblito llamado Vradievka, las protestas contra la crueldad de la policía fueron especialmente fuertes y ya era evidente que Ucrania estaba al borde de un nuevo estallido social. 

Lo que ahora se conoce como Euromaidán tuvo su origen en una protesta de una parte de la clase media educada (“creative class”), debido a la negativa del gobierno a firmar el acuerdo sobre asociación con la Unión Europea. Se inició el 21 de noviembre de 2013 y prácticamente se agotó hacia fin de mes. Las manifestaciones ya estaban por desaparecer, pero en la noche del 30 de noviembre, violando la constitución y con una crueldad inusual fueron reprimidas por las fuerzas especiales de la policía, la Berkut y al día siguiente, el 1 de diciembre, salieron a las calles de Kiev varios cientos de miles de ucranianos indignados. Pero esto ya no era propiamente Euromaidán. De hecho, según el fondo “Iniciativas Democráticas”, la exigencia de una asociación con Europa era apoyada sólo por una minoría de quienes protestaban; la mayoría (más de un 70%), quería en primer lugar “mejorar la vida en Ucrania” y la renuncia del corrupto presidente Yanukovich. Las palabras “cambio del sistema” eran las más populares en el Maidán. Pero la voz del Maidán, fue secuestrada por representantes de la oposición burguesa, dos partidos liberales y uno nacionalista. Fueron ellos justamente los que tuvieron recursos necesarios para imponer su agenda, mientras la ultraderecha se dedicaba a destruir los monumentos a Lenin, hacer marchas con antorchas y agredir físicamente a los sindicalistas.

La gente que protestaba lo hacía por demandas sociales y en primer lugar quería acabar con el poderío de los oligarcas; pero estas demandas no se convirtieron en las del Maidán. Esto sucedió porque la izquierda estaba literalmente “atomizada” y la sociedad civil no tuvo la suficiente fuerza ni organización para resistir la avalancha de recursos económicos de los partidos. Al final los líderes de la oposición política, varias veces abucheados por el Maidán, fueron los únicos que lograron capitalizar la caída del régimen de Yanukovich formando su gobierno de transición. 

En el oriente de Ucrania existía un potencial de protesta quizás incluso más grande que en el occidente; en la primavera del 2013, por ejemplo, en la región de Lugansk los mineros tomaron el edificio de la administración minera para exigir el cumplimiento de sus demandas sociales al conocido oligarca ucraniano Rinat Akhmetov. Pero el oriente del país no apoyó la rebelión de Maidán: en primer lugar, porque no vio expresadas sus exigencias sociales y también porque rechazó las acciones agresivas de la ultraderecha. Otra razón fue que los obreros casi no estaban representados: de acuerdo a la información de la misma organización “Iniciativas Democráticas”, los obreros en el Maidán eran sólo un 7%. Después del triunfo de la oposición y que el nuevo gobierno quedara constituido por el partido liberal Batkivschina y el nacionalista Svoboda, ambos ajenos a sus intereses, el oriente se rebeló. Ni el Maidán ni el nuevo gobierno le ofrecían a Ucrania un nuevo modelo social; sólo insistían en un esquema ideológico rechazado tanto en el oriente como en el sur. Además, el nuevo gobierno designó como gobernadores de las regiones orientales a oligarcas que son odiados por el pueblo de esas regiones. También el habló de la necesidad de “apretar los cinturones” por la amenaza militar Rusa, en una situación económica que ya era catastrófica, trasladando toda el peso de este período no hacia el gran capital, sino hacia las personas que participaban tanto en el Maidán como en el Anti-Maidán oriental. Los programas sociales fueron reducidos en 7 mil millones de grivnas (aproximadamente 875 millones de dólares de esa fecha). Debido a las exigencias del FMI se dispararon los precios de la energía y en consecuencia las tarifas comunales y de transporte. Actualmente la grivna está en caída libre, los precios crecen y los sueldos y pensiones están congelados. Los expertos dicen que debido a los saltos del cambio de moneda nacional, los bancos especuladores ya han ganado cerca de 3 mil millones de dólares,

Viendo la situación de este modo, las protestas en Ucrania oriental pueden entenderse como una prolongación del Maidán, pero con exigencias sociales más definidas. Los movimientos de protesta en el oriente son tan diversos como lo eran en Maidán: hay partidarios de la descentralización, de la federalización del país y también partidarios de la unión con Rusia.

El movimiento prorruso, antes del Maidán, prácticamente no se notaba. Explicar su crecimiento exclusivamente por la presencia de provocadores mandados desde Rusia (quienes sin duda también existen), como lo quiere presentar el gobierno de Kiev, es absurdo; la causa está en la política antisocial de este gobierno. En realidad, existen fuertes coincidencias entre las posturas del Maidán y del Anti-Maidán: descentralización con aumento de la autogestión local en vez de gobernadores nombrados por el gobierno central y sentimiento de odio hacia los oligarcas que han gobernado Ucrania prácticamente a lo largo de todo el período independiente. La diferencia es que en oriente hay un rechazo generalizado del gobierno actual, el que sólo es aceptado en el centro y occidente del país en gran medida por la excusa de una amenaza imperialista rusa. 

La unión del Maidán con el Anti-Maidán en un solo movimiento, que conduciría a Ucrania a una revolución social, es obstaculizada tanto por el gobierno de Kiev y sus aliados de ultraderecha como por el gobierno de Putin, que imponen una agenda muy lejana a la social.

En febrero de 2014, lo que hubo en Ucrania no fue un cambio de sistema social (