viernes, 16 de enero de 2009

ARTICULO DE J.C. VAZQUEZ, (ALIAGA, TERUEL)

(Al fondo, a la izquierda, el Alcalde de Aliaga, junto a un representante de una Organización Social, en un céntrico hotel de Zaragoza (15.05.08), dando una rueda de prensa ante diferentes medios de comunicación, en la que se da cuenta de los problemas de Aliaga y las acciones que estaban llevando a cabo para la solución de dichos problemas)


GOBERNANTES Y GOBERNADOS

En política ( refiriéndome no al concepto filosófico de la misma, sino a la política oportunista y desidealizada actual y a todos niveles de acción de la misma), los gobernantes, en primer lugar, deben convencerse a sí mismos de sus propias mentiras, de que la ideología que profesan es la única válida, lo que les permitirá descalificar cualquier otra opción; siendo, además, un convencimiento que no está fundamentado en el conocimiento profundo de los principios que esa ideología explicita.
De esta forma, deben centrar todo su esfuerzo en el entrenamiento incansable en los ritos y la disciplina de su partido, lo que conlleva una libertad subjetiva, la de la fe, la fe ciega en esas creencias y dogmas políticos.
Esa fe es un sentimiento personal, no reflexivo, que autoconvence a los actores, aún más si cabe, en la validez universal de sus ideas, de sus creencias, afianzando así a estos actores en los peldaños más altos de la estupidez y de la hipocresía humana. Como dijo Pascal: “ Rezad y atontaos, que la razón vendrá por añadidura”, aplicado esto al contexto de los ideales políticos actuales.
Por otro lado, cuando nuestras ideas, nuestras ideas políticas, están basadas en un conocimiento previo y profundo de las bases que las sustentan, puede producirse una radicalización positiva de las mismas. Pero cuando la prepotencia producida por la ignorancia, es la que conduce a dicha radicalización ideológica, las ideas defendidas quedan devaluadas y los actores que las defienden descalificados.
Cuando esto sucede, se produce una separación insalvable entre gobernantes y gobernados, y lo que es más grave si cabe, entre gobernantes y gobernados de una misma ideología política.
En este distanciamiento, centrándonos en la política local, la “institución municipal“, el Ayuntamiento, se “santuariza”, y el Alcalde es respetado no por lo que es sino por lo que representa. La institución lo protege a él y a los concejales de los virus de la sociedad, los coloca en un estrato de invulnerabilidad social. La autoridad, el poder