viernes, 8 de marzo de 2019

HOMENAJE A LAS VICTIMAS DEL TERRORISMO DEL 11-M



HOMENAJE A LAS VICTIMAS DEL 11-M EN EL XV ANIVERSARIO DE LOS ATENTADOS 



TercerainformaciónRedacción
08/03/2019

     Como sucede cada año, las asociaciones vecinales de El Pozo y Santa Eugenia recordarán el próximo lunes a las 192 personas que perdieron la vida y a sus familiares.

  Lo harán en dos actos por la tarde junto a la Asociación 11M Víctimas del Terrorismo.

 Por la mañana, CCOO, UGT y la Unión de Actores y Actrices realizarán una suelta de globos ante la Estación de Atocha. En los actos participará el presidente de la FRAVM, Quique Villalobos.




Madrid, 8 de marzo de 2018. El próximo lunes, 11 de marzo, se cumplen 15 años de uno de los sucesos más desgarradores de nuestra historia reciente: los atentados yihadistas del 11-M. Cada año que pasa, el riesgo de que caigan en la nada del olvido sus víctimas y familiares es cada vez mayor. Por eso, resulta esencial recordar sus vidas y preservar su memoria, tal y como hace en su día a día la Asociación 11M Afectados por el Terrorismo. Con ella, en un nuevo aniversario, rendiremos este lunes un cálido homenaje a nuestros vecinos y vecinas caídos en el atentado terrorista. Lo haremos también junto a CCOO de Madrid, UGT de Madrid, la Unión de Actores y Actrices y, por supuesto, junto a las asociaciones vecinales La Colmena de Santa Eugenia y El Pozo del Tío Raimundo, dos de los barrios afectados por las bombas de aquel fatídico 11 de marzo de 2004. Recordemos que ese día un comando yihadista hizo estallar diez mochilas cargadas de explosivos en diferentes puntos de la línea de Cercanías C-2, que une Alcalá de Henares con Atocha y a diario toman miles de trabajadores y trabajadoras. Tres de estos puntos fueron las estaciones de Santa Eugenia, El Pozo y Atocha.

Precisamente en el exterior este último lugar, junto a la linterna de Cercanías, en la explanada “de los cabezones” arrancarán los actos del lunes. A las 10:30, representantes de los citados sindicatos y la asociación damnificados intervendrán en un evento en el que se lanzarán al aire 192 globos blancos, uno por cada uno de las víctimas mortales de los atentados. El presidente de la FRAVM, Quique Villalobos, participará en el homenaje, como también hará en los actos de la tarde.

A las 18:00, la asociación vecinal La Colmena de Santa Eugenia recordará a las 21 personas que perdieron la vida en la estación de tren de este barrio junto a la escultura “Ilusión truncada”, que se encuentra en el exterior. Una hora después, la asociación vecinal de El Pozo hará lo mismo en la estación del mismo nombre con las 68 personas que fallecieron en el lugar el 11 de marzo de 2004. Esta concentración se realizará ante el monumento a las víctimas que fue diseñado por José María Pérez González, Peridis, a propuesta de las entidades ciudadanas. El poeta José María Alfaya presentará un acto en el que intervendrán el presidente de la Asociación 11-M, Eulogio Paz, el presidente de la Asociación Vecinal El Pozo, Gabriel del Puerto y varios niños y niñas del colegio Trabenco, que leerán unos escritos. El homenaje concluirá con la actuación de un coro y la habitual ofrenda floral.

La FRAVM, como hace cada año por estas fechas, anima a acudir a los actos de homenaje en memoria de nuestros 192 vecinos y vecinas fallecidos y sus familias, consciente de que no podemos dejar que sus vidas truncadas caigan en el olvido.
*++


"MEDIO" FEMINISMO



LA BURGUESÍA ‘FEMINISTA’ QUIERE APODERARSE DE ‘LA MITAD DEL PASTEL’ QUE LE CORRESPONDE


Diario Octubre/07.03.2019
A medida que se acerca la farsa “feminista” convocada para el 8 de marzo, la catarata de adhesiones se multiplica exponencialmente. Ya no falta nadie por convocar, por lo que se ha convertido en un auténtico acto nacional y patriótico, es decir, que convocan todos y, por lo tanto, no convocan contra nadie en particular, salvo los “molinos de viento” de la igualdad, el patriarcado y similares.
Los comunicados de apoyo ponen de manifiesto la condición de clase de quienes los redactan, por lo que son cada vez más vergonzosos. Entre ellos destaca el de las “Comunicadoras 8M”, un grupo de periodistas que convoca con la consigna “Como nosotras somos la mitad de la población, queremos la mitad del pastel”. Son las repelentes palabras de una de sus portavoces, Maribela Gutiérrez (*).
La portavoz no explica de qué “pastel” se trata, pero lo podemos sospechar. No es la mitad del paro, no es la mitad de los contratos basura, no es la mitad de un salario de hambre, no son son la mitad de las horas extras, no son la mitad de los despidos, no son la mitad de los desahucios, no son la mitad de los cortes de luz…
No es nada de eso porque la burguesía no quiere esa parte; quiere la otra. Quiere la mitad del botín de la explotación capitalista, extraída del sudor y el sufrimiento cotidiano de los obreros, tanto mujeres como hombres. Eso es lo que reclama la burguesía “feminista”.
La clase social a la que pertenecen las “Comunicadoras 8M” es la que desde hace un mes está saturando sus medios, incluidos los más reaccionarios, con la convocatoria de la “huelga” más publicitada, lo que contrasta con otro tipo de huelgas: auténticas huelgas de mujeres trabajadoras.
Así hace semanas que las trabajadoras de la limpieza de los institutos de la Comunitat Valenciana están en huelga, pero nadie habla de ello, ni siquiera las “Comunicadoras 8M”. La abundancia de unas noticias silencia a las demás y así tratan de distraer la atención respecto a los problemas fundamentales de la clase obrera.
Las trabajadoras de la limpieza de Valencia están de huelga porque no les pagan sus salarios. Ese dinero está en los bolsillos de la burguesía. Es lógico, pues, que las mujeres que pertenecen a esa clase social quieran la mitad de ese botín.
*++


FEMINISMO Y FEMINISMOS









Publicado el 27 de septiembre, 2017 por lanotasociológica
La lucha feminista se puede articular en uan cadena con la lucha progresista por la emnicpación, o puede (yde hecho funciona) como uan herramienta ideologica de las clases medias alta para reafirmar susuperioridad sobre las clases bajas -patriarcales e intlerantes-

Slavoj Zizek

Como feminista, siempre he asumido que al luchar por la emancipación de las mujeres estaba construyendo un mundo mejor, más igualitario, justo y libre. Pero, últimamente, ha comenzado a preocuparme que los ideales originales promovidos por las feministas estén sirviendo para fines muy diferentes. Me inquieta, en particular, el que nuestra critica al sexismo esté ahora sirviendo de justificación de nuevas formas de desigualdad y explotación.
En un cruel giro del destino, me temo que el movimiento para la liberación de las mujeres se haya terminado enredando en una “amistad peligrosa” con los esfuerzos neoliberales para construir una sociedad de libre mercado.
Esto podría explicar porqué las ideas feministas, que una vez formaron parte de una visión radical del mundo, se expresen, cada vez más, en términos de individualismo. Si antaño las feministas criticaron una sociedad que promueve el arribismo laboral, ahora se aconseja a las mujeres que lo asuman y lo practiquen. Un movimiento que si antes priorizaba la solidaridad social, ahora aplaude a las mujeres empresarias. La perspectiva que antes daba valor a los “cuidados” y a la interdependencia, ahora alienta la promoción individual y la meritocracia.
Lo que se esconde detrás de este giro es un cambio radical en el carácter del capitalismo. El Estado regulador del capitalismo, de la era de postguerra, tras la II Guerra Mundial, ha dado paso a una nueva forma de capitalismo “desorganizado”, globalizado y neoliberal. La segunda ola del feminismo emergió como una critica del primero, pero se ha convertido en la sirvienta del segundo.
Gracias a la retrospectiva, podemos ver hoy como el movimiento de liberación de las mujeres apuntó, simultáneamente, dos futuros posibles muy diferentes. En el primer escenario, se prefiguraba un mundo en el que la emancipación de género iba de la mano de la democracia participativa y la solidaridad social. En el segundo se prometía una nueva forma de liberalismo, capaz de garantizar, tanto a las mujeres como a los hombres, los beneficios de la autonomía individual, mayor capacidad de elección y promoción personal a través de la meritocracia. La segunda ola del feminismo fue ambivalente en ese sentido. Compatible con cualquiera de ambas visiones de la sociedad, fue susceptible de realizar también dos elaboraciones históricas diferentes.
Tal como yo lo veo, la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta, en los últimos años, en favor del segundo escenario, el liberal-individualista. Pero no porque fuésemos víctimas pasivas de la seducción neoliberal. Sino que, por el contrario, nosotras mismas hemos aportado tres ideas importantes para este desarrollo.
Una de esas contribuciones fue nuestra critica del “salario familiar”: del ideal de familia, con el hombre que gana el pan y la mujer ama de casa, que fue central en el capitalismo con un estado regulador. La critica feminista de ese ideal sirve ahora para legitimar el “capitalismo flexible”. Después de todo, esta forma actual de capitalismo se apoya, fuertemente, sobre el trabajo asalariado de las mujeres. Especialmente sobre el trabajo con salarios mas bajos de los servicios y las manufacturas, llevados a cabo no solo por las jóvenes solteras, sino también por las casadas y las mujeres con hijos; no sólo por mujeres discriminadas racialmente, sino también por las mujeres, prácticamente, de todas las nacionalidades y etnias. Con la integración de las mujeres en los mercados laborales en todo el mundo, el ideal del salario familiar, del capitalismo con estado regulador, está siendo reemplazado por la norma, más nueva y más moderna, aparentemente sancionada por el feminismo, de la familia formada por dos asalariados.
No parece importar que la realidad subyacente, en el nuevo ideal,  sea la rebaja de los niveles salariales, la reducción de la seguridad en el empleo, el descenso del nivel de vida, el fuerte aumento del numero de horas de trabajo asalariado por familia, la exacerbación del doble turno, ahora, a menudo, triple o cuádruple, y el incremento de la pobreza, cada vez más concentrada en los hogares de familias encabezadas por mujeres. El neoliberalismo nos viste a la mona de seda a través de una narrativa sobre el empoderamiento de las mujeres. Al invocar la crítica feminista del salario familiar para justificar la explotación, utiliza el sueño de la emancipación de las mujeres para engrasar el motor de la acumulación capitalista.
El feminismo, además, ha hecho una segunda contribución a la ética neoliberal. En la era del capitalismo con estado regulador, criticábamos, con razón, la estrecha visión política que, intencionalmente, se focalizaba en la desigualdad de clases y que no era capaz de fijarse en otro tipo de injusticias “no económicas”, como la violencia domestica, las agresiones sexuales y la opresión reproductiva. Rechazando el “economicismo” y politizando lo “personal”, las feministas ampliaron la agenda política para desafiar las jerarquías de status basadas en las construcciones culturales sobre las diferencias de genero. El resultado debía haber conducido a la ampliación de la lucha por la justicia, para que abarcara tanto lo cultural como lo económico. Pero el resultado ha sido un enfoque sesgado hacia la “identidad de género”, a costa de marginar los problemas del “pan y la mantequilla”. Peor aun, el giro del feminismo hacia las política de la identidad encajaba sin fricciones con el avance del neoliberalismo, que no buscaba otra cosa que borrar toda memoria de la igualdad social. En efecto, enfatizamos la critica del sexismo cultural precisamente en el momento en que las circunstancias requerían redoblar la atenci