sábado, 15 de noviembre de 2025
El fascismo en la era de las redes sociales
El fascismo en la era de las
redes sociales
Diario octubre / noviembre 15, 2025
Manifestación juvenil antifascista en Zaragoza.
Gabi (Unidad y Lucha).— No es noticia que los países nucleados en torno a
la OTAN estén sufriendo una crisis sistémica profunda fruto del agotamiento del
modelo de producción capitalista. Esta crisis podría ya denominarse como una
crisis general porque no solo es imposible realizar un nuevo ciclo de
reproducción ampliada del capital, sino que la población general está sumida en
una crisis existencial, moral y psicológica. Es una crisis que afecta a la
humanidad en todos los aspectos y agudiza las condiciones para que la clase
obrera se organice para luchar por sus intereses hacia el socialismo.
La clase obrera
organizada es el mayor miedo de la burguesía, que prefiere la autodestrucción
de la humanidad antes que admitir la superioridad de la producción planificada
mediante el control obrero de sus medios. De ahí la necesidad de tener siempre
latente una alternativa fascista. La intelectualidad burguesa intenta
convencernos de que el fascismo fue un fenómeno puntual del siglo XX no
vinculado a la extrema derecha actual. Sin embargo, nosotros y nosotras debemos
hacer un análisis materialista y acudir a la definición que nos legó la
Internacional Comunista: el fascismo es «la dictadura terrorista abierta de los
elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital
financiero».
Esta falsa
intelectualidad que niega la capacidad de adaptación del fascismo a los nuevos
tiempos es operativa para esta dictadura del capital financiero, que se nutre
cada vez más de una juventud proletaria empobrecida, incapaz de adquirir una
vivienda, chantajeada por la temporalidad y la movilidad laboral, y aturdida
por las redes sociales y sus falsos gurús. A la juventud se le ha prometido
que, a base de esfuerzo, es posible tener una vida cómoda bajo el llamado
«estado del bienestar», creando una generación de trabajadoras y trabajadores
que aspiran a la falsa «clase media». Sin embargo, la realidad es tozuda, y
ahora la juventud necesita respuestas fáciles.
Ahí reside la
popularidad de un modelo de personalidad de las redes sociales que podríamos
calificar de «criptobros». Estos influencers, generalmente hombres,
promueven un culto al cuerpo y a las finanzas, conectando ambos aspectos a
través de valores abstractos como la perseverancia o la superación personal. Un
ejemplo claro de esta tendencia es Amadeo Lladós, fundador de una secta
piramidal de inversiones en criptomonedas y un programa de fitness en
línea. Otro youtuber, JPelirrojo, grabó un vídeo haciendo pesas en
el hospital mientras acompañaba a su esposa, que acababa de dar a luz. Estos
personajes quieren que nos acomplejemos de nuestro cuerpo y nuestra economía
para que nos culpemos a nosotros mismos del fracaso del sistema con el que se
enriquecen.
Paralelamente,
ha surgido entre las mujeres jóvenes el fenómeno tradwife, o
«esposa tradicional», un viejo modelo de feminidad que bebe en los estereotipos
estadounidenses de los años 50. Hablamos de una mujer que no percibe un salario
y que se entrega fielmente a las labores domésticas. Una mujer que cocina
sumisa, maquillada y bien vestida para su hombre. Encontrar un ejemplo de este
fenómeno no es difícil: la influencer RoRo lleva años
encendiendo las redes con su poco disimulado reaccionarismo.
Pecaríamos de
ingenuos si pensáramos que estos modelos son residuales. El influencer Ibai
Llanos dio cabida a muchos de ellos en su última Velada del Año, que tuvo nada
menos que 9 millones de espectadores a través de Twitch, plataforma propiedad
de Jeff Bezos, del fondo de inversión Vanguard y de BlackRock, que también
tiene participaciones en Meta (propiedad del sionista Mark Zuckerberg). Si
además tenemos en cuenta que X (antes conocida como Twitter) es propiedad del
afrikaner Elon Musk, ya nos podemos hacer una idea muy precisa de por dónde se
infiltra el fascismo en nuestra juventud.
Fuente: unidadylucha.es
Hacia la medianoche del mundo
El anuncio de que EEUU
reanudaba las pruebas nucleares no ha tenido demasiada repercusión pública, a
pesar de su gravedad. Obviamente Rusia, y tal vez China, han tomado buena nota.
Queda por ver cuál será su respuesta.
Hacia la medianoche del mundo
Alex Marsaglia
El Viejo Topo
15 noviembre, 2025
HACIA LA
MEDIANOCHE DEL MUNDO: CRÓNICAS DE LA ESCALADA NUCLEAR
Las
consecuencias del fallido viaje de Trump a Asia se manifiestan de la forma más
grave: una escalada nuclear. En un mundo inmerso en una guerra convencional que
se libra en múltiples frentes, el anuncio de la reanudación de las pruebas
nucleares por parte de Estados Unidos no podía pasar desapercibido. Trump, por
su parte, al no haber logrado superar la barrera asiática mediante la guerra comercial
convencional, no tuvo más remedio que intentar otra vía. Así, eligió el camino
más peligroso, pero inevitable, dado el nivel de desarrollo tecnológico
alcanzado: una confrontación en el ámbito de la tecnología militar nuclear.
Las declaraciones intercambiadas entre los líderes rusos y estadounidenses revelan el secreto tras el avance militar, tecnológico y nuclear de Burevestnik. El ministro de Defensa ruso, Belousov, al anunciar la reanudación inmediata de los preparativos para ensayos nucleares a gran escala, reveló que en octubre Estados Unidos realizó un ejercicio que simulaba un ataque preventivo con misiles nucleares contra Rusia. Además, Estados Unidos trabaja en la creación de un nuevo misil intercontinental con un alcance de 13.000 km y una ojiva nuclear para reducir de inmediato la brecha con Rusia.
Por su parte,
tras anunciar la reanudación de las pruebas nucleares estadounidenses después
de 33 años, anulando así la vigencia de otro tratado de la ONU —concretamente,
el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE), adoptado
por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1996—, Trump intentó
justificar su decisión alegando la naturaleza «igualitaria» de las pruebas. Las
declaraciones del presidente estadounidense hacen referencia a «los programas
de pruebas de otros países», lo que le habría obligado a ordenar al
Departamento de Guerra que «comenzara a probar nuestras armas nucleares en
igualdad de condiciones». Lamentablemente, las últimas pruebas con explosiones
nucleares verificadas (excluyendo las de Corea del Norte) datan precisamente de
ese período: la última prueba nuclear de la República Popular China en 1996, y
las de India y Pakistán en 1998. En resumen, el anuncio estadounidense de la
reanudación de las pruebas nucleares abre la puerta al abismo que se había
intentado cerrar con mucho esfuerzo mediante una serie de tratados
internacionales y bilaterales, como el Tratado START, cuya renovación, prevista
para febrero de 2026, resulta ahora completamente irrelevante. La reanudación
de las pruebas nucleares con fines militares reabre, evidentemente, la era de
la confrontación a través de la carrera por el desarrollo tecnológico. Una
carrera nihilista hacia la nada, que nunca se detuvo del todo, pero que ahora
se acelerará significativamente. Además, dado que la capacidad de aniquilación
de la humanidad ya se ha alcanzado y superado en gran medida, lo que se
disputará en este juego de poder será precisamente esa capacidad, medida en
potencial explosivo y en el menor tiempo posible. Romper la barrera
espacio-temporal, determinar quién es capaz de montar una ojiva nuclear en un
vehículo nuclear para aniquilar al adversario con mayor rapidez, se convierte
en la nueva frontera a conquistar para ganar la confrontación nuclear en caso
de combate. Por supuesto, afortunadamente, por ahora esto sigue siendo una
hipótesis, pero es aún más fundamental y necesario mantenerla, continuar la
lucha alcanzando los niveles más altos de desarrollo tecnológico. No quedarse
atrás en la carrera por romper las fronteras espacio-temporales de la
aniquilación de la humanidad se convierte en el verdadero objetivo de esta
carrera por desarrollar la tecnología de la violencia. Como recordó Günther
Anders, haciéndose eco de las ideas del maestro Martin Heidegger, quien en su
opinión fue responsable de una ontología excesivamente antropocéntrica,
centrada en el hombre como el «pastor del ser», que perdió de vista el papel
reificador de la tecnología ejercido por el propio hombre sobre el hombre: «el
libro fundamental de la filosofía hoy ya no debería llamarse, como hace sesenta
años, Ser y Tiempo; debería titularse más bien Ser y Medio
Tiempo; o incluso, más correctamente: La mitad del tiempo y no ser” [1] .
Todo el drama
de la escalada nuclear en la que el mundo se precipita puede resumirse
filosóficamente en la naturaleza anticuada de la humanidad, perdida en su
desconexión prometeica con lo que produce, impulsada por el afán de reificación
a perseguir sin cesar el mundo de sus productos en una carrera nihilista hacia
la nada. No hay otro propósito que el fin en lo que las mayores potencias
mundiales están logrando militarmente, empujadas por el imperialismo
estadounidense a una confrontación violenta que se torna más peligrosa a cada
hora, escalando al nivel nuclear. El cerco de Estados Unidos a Rusia tras la
caída del Muro de Berlín inevitablemente impulsó a Moscú a buscar armas capaces
de salvar la brecha espacio-temporal, pero ahora la decisión de Trump de
relanzar la confrontación nuclear eleva inevitablemente el nivel del conflicto
actual a un nuevo nivel difícil de evitar en defensa propia. Como afirmó el
vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Medvedev: «Nadie sabe a qué se
refería Trump con «pruebas nucleares» (probablemente ni él mismo). Pero es el
presidente de Estados Unidos. Y las consecuencias de estas palabras son
inevitables: Rusia se verá obligada a evaluar de forma independiente la
conveniencia de realizar pruebas nucleares a gran escala». La verdadera
consecuencia de estas declaraciones es la reanudación de la carrera
armamentística nuclear, que inevitablemente se llevará a cabo con pruebas como
demostración de fuerza. Una vez más, el derecho se convertirá en un mero
formalismo y las relaciones de poder se utilizarán para dirimir disputas entre
Estados. Y ante este asunto, la humanidad, que sufrió un inesperado impacto con
la cuestión palestina, parece incapaz de hacer otra cosa que permanecer
impasible.
Notas
[1] G.
Anders, El mundo después del hombre. Tecnología y violencia,
Mimesis, Milán, 2008, p. 21
Fuente: l’AntiDiplomatico
*++
Colombia anuncia la totalidad de su Amazonía como zona libre de explotación petrolera
Colombia
anuncia la totalidad de su Amazonía como zona libre de explotación petrolera
TERCERAINFORMACION /
14.11.2025
Colombia incitó a las
naciones con presencia del Amazonas a construir una Alianza Amazónica por la
Vida para avanzar en una transición energética justa y sostenible.
Colombia anhela que la
selva amazónica el corazón de la acción climática, la justicia ambiental y la
paz con la naturaleza, blindándola de las actividades extractivas
convencionales. Foto: EFE.
Colombia se
anunció como el primer país amazónico en declarar la totalidad de su
bioma amazónico como zona libre de petróleo y minería a gran escala.
El anuncio fue hecho por la
ministra de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Colombia, Irene
Vélez Torres durante una reunión de ministros de
la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, OTCA.
“Colombia ha decidido dar el primer paso. Hemos
sido el primer país de la cuenca amazónica en declarar la totalidad de la parte
que corresponde a Colombia del bioma amazónico como una zona de reserva de
recursos naturales renovables, protegiendo este bioma de actividades de
gran minería e hidrocarburos”, declaró Vélez Torres.
“Lo hacemos no solo como un acto de soberanía
ambiental, sino como un llamado fraterno a los demás países que comparten el
bioma amazónico, porque la Amazonía no conoce fronteras y su cuidado exige
que caminemos juntos”, agregó.
El Gobierno de Colombia
incitó a las naciones con presencia del Amazonas a construir una Alianza
Amazónica por la Vida para avanzar en una transición energética justa
y sostenible.
La invitación fue hecha
durante el Encuentro de Ministros de Ambiente de la Organización del Tratado de
Cooperación Amazónica (OTCA), que se realizó en la
COP30 de cambio climático.
Colombia anhela que la
selva amazónica el corazón de la acción climática, la justicia ambiental y la
paz con la naturaleza, blindándola de las actividades extractivas
convencionales.
Más de 483.000 kilómetros
cuadrados están incluidos en la prohibición de nuevas actividades mineras e
hidrocarburíferas, que equivalen al 42 por ciento del territorio
continental y aproximadamente al 7 de la Amazonía suramericana..
Efectos dominó: La Cumbre y el eco de la suspensión
Efectos
dominó: La Cumbre y el eco de la suspensión
Tercerainformacion
/ latinoamerica / 13.11.2925/
La postura de la presidenta de México fue clara
y contundente: cualquier cumbre que excluyera a países del continente dejaría
de ser una «Cumbre de las Américas» para convertirse en un «cónclave
sesgado».
La X Cumbre de las Américas, que debía tener
lugar en República Dominicana ha pasado de ser un faro de diálogo
continental a convertirse en el epicentro de una sonora derrota diplomática.
Oficialmente pospuesta hasta 2026 debido a «profundas divergencias», esta
claudicación es el primer y contundente «efecto dominó» de una política de
exclusión impuesta. El rechazo de países clave como México y Colombia forzó la
mano del bloque regional que dijo «No» a la agenda preestablecida, percibida
como un intento de alineamiento hemisférico, exponiendo al país anfitrión como
un simple ejecutor de una agenda imperial incapaz de sostener la convocatoria.
El destino del evento no se decidió en Santo
Domingo ni en ninguna capital latinoamericana, sino en la férrea postura
adoptada sobre quién debía sentarse a la mesa. El principal factor
gravitacional que sentenció el evento fue la insistencia, impulsada
principalmente por Washington, de excluir a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y
Venezuela. Esta postura reactivó una división histórica en el hemisferio: la
que opone la diplomacia basada en la inclusión, sostenida por el bloque
progresista, contra la política de sanciones y vetos promovida por la Casa
Blanca y sus aliados, lo cual fue un error de cálculo monumental en el contexto
regional actual.
El «eco de la suspensión» resuena con una
lección ineludible: la soberanía en política exterior es el activo más valioso
de cualquier nación. La suspensión, impulsada por la acción colectiva del Sur
global, marca un precedente histórico que señala el fin de las imposiciones
unilaterales. El multilateralismo de las Américas solo puede avanzar bajo el
principio irrenunciable de la inclusión total, dejando claro que la exclusión
sella, inevitablemente, el destino de la Cumbre al convertirse en un cónclave
sesgado.
Reafirmación de la
soberanía regional
La dinámica del fracaso fue sencilla: al vetar a
tres naciones, se vetaba de facto la legitimidad del encuentro para representar
a la totalidad del continente. El objetivo declarado de la Cumbre, que era
abordar desafíos comunes de seguridad y desarrollo, quedó inmediatamente
eclipsado por un debate ideológico sobre la soberanía de los Estados,
convirtiendo al evento, antes de empezar, en un foro ideológico parcializado, haciendo
inminente el colapso de la asistencia de alto nivel.
En el entramado de esta debacle diplomática, el
papel de República Dominicana como anfitrión ha sido objeto de intensa
crítica regional. La decisión de la suspensión, comunicada de manera concisa y
sin mayor justificación que las «divergencias», reforzó la narrativa de que el
país caribeño operó como un mero vocero o ejecutor de una agenda
preestablecida, comprometiendo su papel de mediador neutral al ceder a las
presiones de la diplomacia estadounidense para mantener la exclusión.
La suspensión, por lo tanto, no se presentó como
una decisión soberana para reevaluar la logística, sino como el reconocimiento
forzado de que no se podía garantizar la asistencia de peso sin romper con la
línea de Washington. El impacto es que RD no solo perdió la oportunidad de un
gran escaparate diplomático, sino que su imagen en la región quedó ligada a la
claudicación ante la presión. El gobierno dominicano se limitó a informar la
suspensión, en lugar de liderar un proceso de negociación que buscara salvar el
consenso.
Si la política de exclusión fue el factor
gravitacional que sentenció el evento, fue el «Veto del Sur», liderado por las
decisiones de México y Colombia, lo que activó y completó el temido efecto dominó
que forzó la suspensión. La postura de la presidenta Claudia Sheinbaum, desde
México, fue clara y contundente, sumándose a la del presidente colombiano,
Gustavo Petro, cuya diplomacia ha abogado consistentemente por un acercamiento
multilateral sin exclusiones ideológicas.
El peso combinado de estas dos naciones era
insuperable. México y Colombia no solo representan dos de las economías más
grandes de América Latina, sino que sus líderes gozan de una significativa
influencia moral y política. Su negativa a asistir, a menos que se garantizara
la participación de todos los Estados, dejó al eje EE. UU.-RD en una posición
insostenible, pues su ausencia significaba la pérdida de legitimidad total del
evento, forzando la suspensión obligatoria.
Ante el inminente anuncio de que otros líderes
progresistas, como el de Brasil, seguirían el mismo camino, los promotores de
la Cumbre entendieron que la única opción era el repliegue. La decisión de la
suspensión, por lo tanto, no fue un acto de proactividad, sino una reacción
forzada a la cohesión del bloque regional que dijo «No» a la agenda impuesta.
El efecto dominó fue así: Exclusión, rechazo de México y Colombia, pérdida de
legitimidad y, finalmente, la suspensión obligatoria del encuentro continental.
Deterioro Diplomático
El anuncio oficial de la suspensión detonó un
«eco en comunicación» que, lejos de calmar las aguas, magnificó la derrota. Los
medios de comunicación y los analistas se dividieron en tres grandes frentes,
confirmando la polarización que la Cumbre pretendía, sin éxito, superar. Esto
dejó en evidencia la incapacidad de la diplomacia estadounidense y dominicana
para manejar el disenso regional de una manera constructiva.
El eje EE. UU.-República Dominicana, junto a sus
aliados, enarbolaron la narrativa de que la suspensión era la prueba
irrefutable de la intransigencia de los gobiernos vetados, buscando justificar
la política de exclusión. Esta posición se centró en presentar la cancelación
no como un fracaso diplomático propio, sino como una consecuencia directa de la
«toxicidad» de los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela, subrayando la
imposibilidad de un diálogo fructífero sin alineamiento ideológico.
Por su parte, el Bloque Progresista Regional
celebró el desenlace como una contundente victoria de la soberanía y el
multilateralismo inclusivo. La tesis que prevaleció en este frente fue que la
región ya no tolera el tutelaje de Washington ni las imposiciones ideológicas.
Los gobiernos de México y Colombia ratificaron que el diálogo continental debe
ser sin exclusiones, y que la suspensión validaba su postura firme ante la
agenda de división hemisférica promovida desde el Norte.
Los analistas independientes y la prensa crítica
señalaron la suspensión como un fracaso rotundo de la diplomacia dominicana y
un precedente negativo para futuras convocatorias. Las críticas apuntaron a la
incapacidad del país anfitrión para mediar una solución y a la
subestimación de EE. UU. sobre la creciente autonomía política de los nuevos
líderes latinoamericanos, destacando que el vacío dejado por la Cumbre será
llenado por foros como la CELAC, donde Washington no tiene voz ni voto ni
capacidad de imponer vetos.
Declive de la influencia
hemisférica
La suspensión forzada de la X Cumbre de las
Américas es mucho más que un contratiempo logístico; es un diagnóstico claro
del declive de la influencia estadounidense en el continente. Es, además, una
advertencia contundente sobre el riesgo de sacrificar la autonomía diplomática
por alineamientos ideológicos. El principal «efecto dominó» a largo plazo es la
cristalización de una significativa derrota política para el eje EE.
UU.-República Dominicana, debilitando su posición regional.
Para Estados Unidos, el fracaso demuestra que su
estrategia de forzar una división hemisférica entre «democracias» y
«autoritarismos» —evocando prácticas de la Guerra Fría— es insostenible ante la
nueva correlación de fuerzas. Los líderes de peso en la región han demostrado
que están dispuestos a priorizar la integración y el multilateralismo inclusivo
sobre las directrices de Washington, lo cual erosiona la credibilidad de EE.
UU. como articulador de consensos.
Esta derrota erosiona la credibilidad de EE. UU.
como articulador de consensos en el hemisferio, dejando un vacío que será,
inevitablemente, cubierto por foros alternativos como la CELAC. Esta
plataforma, que excluye precisamente a Estados Unidos y Canadá, ganará una
relevancia aún mayor como el espacio legítimo para el diálogo político y la
toma de decisiones económicas que afectan al continente en su totalidad, sin
condiciones previas ni vetos ideológicos.
Para República Dominicana, el costo político de
haber sido el ejecutor de la política de exclusión es alto y su impacto será
duradero. El país, que históricamente ha intentado balancear su cercanía con
EE. UU. y su rol regional, terminó perdiendo la oportunidad de ser un anfitrión
exitoso y, peor aún, se ganó la percepción de haber supeditado su diplomacia a
intereses externos.
La derrota se materializa en la pérdida de
confianza de sus pares regionales y en el deterioro de su imagen como posible
puente entre las dos visiones de América. En lugar de consolidarse como un
líder mediador, RD quedó señalado como un actor que priorizó el alineamiento
con una potencia extranjera por encima del consenso regional, afectando
seriamente sus futuras aspiraciones diplomáticas en la región.



