sábado, 29 de agosto de 2015

GRECIA: HAY QUE SEGUIR APRENDIENDO



¿YA NO SE PUEDE? LECCIONES DE LA DERROTA DEL REFORMISMO EN GRECIA

Ricard Juan
Sociología Crítica
27.08.2015



“Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden — y, por su situación social, deben — constituir la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas para la lucha.” V.I. Lenin

El pasado 20 de agosto dimitía el presidente griego Alexis Tsipras y convocaba elecciones anticipadas para el próximo mes de septiembre. Una decisión controvertida que se produce en plena crisis interna de Syriza tras ceder ante el chantaje de la Troika y acordar un nuevo memorándum, que continua la política de austeridad criminal de PSOK y ND, en contra del propio programa electoral de Syriza y además, desoyendo la opinión mayoritaria del pueblo griego mostrada con el contundente NO del 62% en el referéndum en contra las brutales exigencias de Bruselas. El humillante memorándum y la polémica decisión de convocar elecciones ha provocado un encendido debate político en la izquierda española.

Desconcierto en la izquierda española

Igual que Syriza, las ideas hegemónicas en la mayoría de la izquierda española (y europea) son las que pretenden, a toda costa, una reforma progresista de la Unión Europea. Las esperanzas en que la victoria de Syriza podía significar la derrota de la austeridad exclusivamente a través de la negociación con las “instituciones internacionales”, en el marco de la UE y el euro, intentando explotar las contradicciones entre los Estados europeos y entre estos y el FMI (dominado por los EEUU), han acabado truncadas por el resultado final del memorándum griego, ya que, desde el inicio hasta el final, por medio del chantaje y el sabotaje, el capitalismo financiero internacional ha cerrado filas con el dominio alemán de la UE.

Tras el fracaso griego, la ilusión se ha tornado en frustración y la izquierda europeísta ha quedado descolocada políticamente y desarmada ideológicamente. La indignación y el desconcierto ante la sensación de engaño, desde el referéndum al acuerdo final, se han extendido por las bases sociales, los cuadros intermedios y algunos dirigentes, en cambio, y en diferentes medidas, la mayor parte de las direcciones partidistas han optado por la justificación explícita o navegar en la ambigüedad con reticencias a debatir en público pero siendo comprensivas con el papel de Tsipras.

Tras unos primeros momentos de dudas y confusión, los sectores más reformistas han salido a defender abiertamente su capitulación. Dirigentes de Podemos como Iñigo Errejón hablando de la lección de “responsabilidad” y “coraje” de Tsipras al someterse a las urnas tras el acuerdo, o las todavía más graves afirmaciones de Pablo Iglesias que, tras justificar a Tsipras con un “es tristemente lo único que podía hacer”, deja claras sus intenciones programáticas para presentarse como un reformista que pretende resucitar a la socialdemocracia europea y el mejor defensor de la unidad de la UE y la OTAN frente a posibles alianzas con Rusia: “Si se articula una suerte de nuevos gobiernos en Europa con políticas keynesianas, si conseguimos doblar el brazo a los socialdemócratas y que cambien de bando habrá una posibilidad. Y, si no, vendrá Marine Le Pen y dirá: ‘Hemos ganado las elecciones en Francia, tenemos armas nucleares y nuestro principal aliado es Rusia. Ni Unión Europea ni OTAN. Si ganamos aquí, el enemigo son las élites locales a las que vamos a hacer llorar un poquito. Y si no, ¿la alternativa es Marine Le Pen? Alianzas con Rusia, vísperas de la tercera guerra mundial. La política es abyecta” (1)

Izquierda Unida mantiene mayoritariamente una posición contradictoria al criticar el memorándum, e incluso con la correcta posición de votar en contra del “rescate” a Grecia en el parlamento y, a la vez, mantener una postura de cierta disculpa hacia el Gobierno de Tsipras sin cerrar la puerta a lo que pase con el nuevo partido izquierdista Unidad Popular. Una muestra de esta postura dominante en IU son las distintas declaraciones de Alberto Garzón afirmando en su twitter que “Hay que ser conscientes de que la actual Unión Europea es parte del problema. Apoyamos a Syriza en su intento por construir otra UE” y al mismo tiempo haciendo tímidas críticas en una reciente entrevista: “Había alternativas a lo que ha hecho Syriza en Grecia” (2) Una postura en IU más cercana a la defensa a ultranza de Tsipras de Iglesias y Errejón la representa el coordinador de EUiA Joan Josep Nuet declarando: “Seguimos confiando en Tsipras, se merece una nueva oportunidad” o que “La izquierda española es plural. No hay unanimidades, pero mayoritariamente el compromiso es con Syriza” (3)

También ha habido importantes tomas de posición públicas en contra del acuerdo del Gobierno griego con el eurogrupo como el eurodiputado de IU Javier Couso que escribió en twitter: “Siento discrepar pero para no cumplir programa, privatizar sectores estratégicos o firmar acuerdo militar con Israel, conmigo que no cuenten”, el ex dirigente de IU Manolo Monereo fue especialmente duro en su clarificador y acertado artículo titulado Alexis Tsipras: el transformismo como instrumento para derrotar al sujeto popular (4), las declaraciones de la diputada andaluza de Podemos Teresa Rodriguez (que luego se vio obligada a matizar) afirmando “Me da miedo que nos tiemblen las piernas como a Tsipras” (5), y finalmente las del ex coordinador general de IU Julio Anguita “Aquí, en España, las fuerzas políticas de la sedicente izquierda aplaudieron a Tsipras, pero continuaron en su trayectoria de seguir pasando sobre el tema como si lo hicieran sobre ascuas. Sigo sin entender que se plantee gobernar desde el objetivo de un cambio necesario y radical sin explicar o aludir a la posición que se tiene sobre tres condicionantes insoslayables, la UE, el euro y la deuda”. (6)

Elecciones anticipadas: ¿Coraje democrático o legitimación del giro austericida de Syriza?
Al contrario de afirmaciones y justificaciones, que más tienen que ver con reducir el impacto negativo de la derrota política de Syriza en las elecciones españolas, el adelanto electoral no tiene que ver con el “coraje”, la “responsabilidad” o las concepciones democráticas de Tsipras es producto de un meditado cálculo electoral. Tsipras ha aprovechado el periodo vacacional para coger a sus adversarios políticos desprevenidos en una maniobra para conseguir “la ratificación del memorándum por parte del pueblo griego y eliminar a la oposición interna” como afirma la todavía dirigente de la izquierda de Syriza Katerina Sergidoy (7)

Tras la capitulación de Tsipras ante la Troika iban creciendo las diferencias con el ala izquierdista de Syriza en el gobierno, el parlamento y en el seno de la organización. Al margen del partido, Tsipras destituyó del gobierno a los ministros críticos e intentó marginar a los parlamentarios opuestos al memorándum. Ante el riesgo de ruptura, se quiso buscar una solución democrática a la crisis interna mediante la futura convocatoria de un congreso extraordinario para decidir orgánicamente sobre el memorándum y la posible convocatoria de elecciones.

Tsipras ha optado finalmente por convocar elecciones antes del congreso por temor al peso que tienen en el partido el grupo de diputados y exministros de izquierda. De esta manera se asegura el control de la organización huyendo del debate, la designación de los candidatos para las elecciones y así excluir a los diputados rebeldes, obligando a los miembros de la Plataforma de Izquierdas a elegir entre seguir en Syriza, sin representación institucional y aceptando el giro austericida, o escindirse y formar a contrarreloj un nuevo partido, lo que finalmente ha pasado con la constitución de la “Unidad Popular”.

El momento es el más indicado para que Tripras convoque elecciones, sobretodo antes de que los sectores populares sientan en su piel y tomen consciencia de las miserables y humillantes condiciones asumidas por el gobierno en el memorándum en cuanto a pensiones, sanidad, educación, privatizaciones, intervención neocolonial extranjera, etc. Además, tras el acuerdo, es probable que Tsipras reciba apoyo de los medios y la UE para que pueda ganar, ya que puede ser la mejor opción de gobierno para mantener la “estabilidad”, al dividir y desmovilizar a una gran parte los trabajadores mediante la ilusión de sacrificarse ahora en pro de una futura “recuperación” económica que no llegará.

Con tanta maniobra cuesta creer en el Tsipras “valiente” y “democrático”. Una pregunta sobreviene acerca de sus verdaderas intenciones con la convocatoria del referéndum sobre las condiciones del eurogrupo, ¿fue convocado con la idea de que saliera el Sí o un No muy ajustado y así tener la justificación-legitimación para pactar el memorándum humillante y vencer la resistencia popular e interna en Syriza? Tras la incontestable y digna negativa del pueblo griego, el gobierno transformó de la noche a la mañana el NO en SÍ para negociar un acuerdo, con un contenido mucho peor de lo votado por los griegos, fue “dimitido” el ministro de economía contrario al memorándum Yanis Varoufakis y empezaron las disensiones internas hasta el punto que están actualmente.

Es de resaltar que el Partido Comunista de Grecia (KKE), a pesar de su discutible posición en el referéndum, ya había denunciado desde el principio el papel capitulador que jugaba Tsipras y el reformismo europeísta de Syriza. El KKE se muestra como la organización revolucionaria y de izquierdas que más claramente representa a los intereses de los explotados y oprimidos de Grecia por sus estrechos vínculos con el movimiento obrero y popular y por su firmeza ideológica.

Del eurocomunismo a la ilusión reformista europea

El avasallamiento de la UE alemana contra el Gobierno de Tsipras ha puesto en crisis al reformismo europeísta. No se trata de juzgar a la persona, él creía sinceramente en la vía negociada y reformista, en una UE capitalista pero “racional”. Pensaba que podía convencer a los “socios” europeos de que la austeridad era injusta y sobretodo ineficaz para el propio capitalismo europeo, creía que era compatible pertenecer a la UE y desarrollar la soberanía popular. Por eso no desarrolló planes alternativos al euro y la UE. Parafraseando la cita V.I. Lenin que inicia este artículo, Tsipras ha sido víctima necia de su propio engaño reformista. Esa es la auténtica tragedia. Pretendía que podía vencer democráticamente por la “fuerza de la razón” y ha obtenido una sobredosis dictatorial de “razón de la fuerza” que, de paso, también sirve para desmoralizar y quebrar la resistencia popular de los griegos y al resto de europeos contra la austeridad y el neocolonialismo.

Estas tesis no vienen de ahora y como dice el dicho popular, “de aquellos polvos vienen estos lodos”, la mayor parte de la izquierda europea sigue siendo heredera, consciente o inconscientemente, del eurocomunismo, aquella corriente fervientemente antisoviética, liquidadora del pensamiento y la organización revolucionaria, abiertamente socialdemócrata e instalada en el electoralismo y ligada a los tentáculos invisibles de las instituciones del capitalismo euro occidental. Una corriente que confundía el carácter de clase del Estado capitalista y el poder con el Gobierno. Todo era negar el poder obrero y popular para entregarse a la estrategia electoralista para “cambiar las cosas” a través de las instituciones burguesas.

Salvo honrosas excepciones, no ha habido autocrítica ni ruptura de fondo en lo ideológico, político y estratégico, sí algunos avances contra los aspectos más crueles e injustos del capitalismo europeo, pero sin llegar a la raíz. Las concepciones reformistas e ilusorias acerca de la superioridad civilizatoria de la democracia al estilo de la Europa occidental respecto al resto del mundo no solo no se han debilitado, sino que tras la caída del muro de Berlín y de la URSS, se han desbocado en un sentido claramente anticomunista y eurocentrista.

En vez de rearmarse analizar las causas del hundimiento del socialismo, se asumió la historiografía y propaganda burguesa y se abrazó el reformismo europeísta como única salida inevitable, bajo la consigna de luchar por una Europa más social y democrática. Como bien afirma Monereo se asumió que “la UE era la única construcción posible de Europa; que la UE es un bien en sí, independientemente del conflicto social y de la distribución del poder entre Estados y clases; y que el Estado-nación se había convertido en una antigualla que necesariamente había que superar en el proceso de integración europea.” (8)

El reformismo europeísta es la corriente de pensamiento dominante en la izquierda española y europea. La defensa de Tsipras, sea tímida o más explícita, o las “dudas” y “equilibrios” acerca de lo sucedido en Grecia, reflejan la crisis entre el creciente descontento de la militancia de base o intermedia, deseosa de un proyecto emancipatorio y socialista, y la fidelidad casi dogmática de gran parte de los dirigentes de izquierdas hacia la permanencia en el euro y la UE que representa el Partido de la Izquierda Europea.

Deuda, euro, UE y OTAN: Un debate ineludible para el futuro de la izquierda europea y española

La crisis de la izquierda griega hace prioritaria la necesidad de una alternativa que tome una posición clara respecto a la deuda, al euro, la UE y la OTAN. Lo ocurrido en Grecia abre los ojos de importantes sectores populares sobre el carácter opresor y explotador de la Unión Europea y del papel arrogante de la potencia dominante alemana.

Hay muchas cuestiones urgentes a responder ¿Hay que pagar la deuda? ¿Se puede construir una alternativa popular y soberana dentro de la UE? ¿Es posible reformar la UE en un sentido social y democrático? ¿Otra Europa es posible? ¿Hay vida fuera del euro y la UE? ¿La izquierda puede avanzar como alternativa seria con discursos de oposición a la austeridad pero de justificación “porque la nos la imponen desde Alemania, Bruselas o los mercados” cuando gobierna? ¿Cuál debe ser el programa, las alianzas y la estrategia de la izquierda?

Las respuestas serán una de las claves para salir del callejón sin salida del reformismo europeísta y construir una alternativa democrática, desde la soberanía popular, para hacer frente con éxito a las grandes elites económicas y financieras que representan tanto el euro, como las instituciones y los tratados de la UE. La izquierda europea debe entender que la UE está construida para defender el dominio y los intereses de las grandes empresas y fortunas europeas, preferentemente alemanas, sobre los pueblos y la clase obrera europea.

Es necesario explicar que el tan cacareado “Estado del bienestar” no es un producto de las bondades y concepciones “democráticas” de banqueros e industriales europeos, ni de la concertación social, ni por el carácter “superior” de la “democracia” europea. Las conquistas democráticas y sociales son las concesiones del capitalismo en momentos de agitación de las luchas obreras y populares, por el pánico de la burguesía al socialismo desde 1917, por el terror al contagio de las ideas revolucionarias entre los obreros y sobre todo, tras la victoria de la URSS sobre el nazismo.

La izquierda europea debe levantar de nuevo la bandera del internacionalismo, desprenderse de su estrecho eurocentrismo y construirse, no para “mejorar” la UE del capital y la guerra, si no frente a la dominación alemana, de EEUU y la OTAN. Es cierto que no será fácil iniciar procesos de cambio en países dependientes frente al potente mercado integrado europeo y la alianza regional imperialista de la UE-OTAN. Para poder resistir se pueden y deben utilizar las contradicciones entre potencias mundiales o abrirse a otras alianzas regionales como los BRICS, Mercosur o el ALBA. Sería ideal esperar a que se diera una ruptura en todos los países a la vez, pero lo habitual es que la cadena se rompa por el eslabón más débil y que pueda provocar un efecto dominó, en los países que reúnan las condiciones objetivas y subjetivas.