miércoles, 14 de septiembre de 2016

LA TELEVISIÓN: BUENA MÁQUINA PARA EL REPARTO DEL PIENSO IDEOLÓGICO (HASTA QUE LLEGUE LA INFORMACIÓN)



Semiótica de la Televisión
Las trampas de la “representación” televisada

Rebelión/Universidad de la Filosofía
14.09.2016


Influye también, en los modos de producción de “sentido” televisual, el problema de su carácter representativo o participativo. Al ya de suyo odioso modelo de manejo de los “tiempos televisivos” ahogado por el imperio de la publicidad y del fundamentalismo de la mercancía, hay que añadir el modelointermediarismo que la televisión comercial ha hecho suyo para imponernos su relato, sus gustos, sus valores y sus deyecciones ideológicas. Una verdadera calamidad.

Todo se reduce a imponernos alguien o algo que nos lo “explica” todo, con sus medios y con sus modos. A su capricho y a su conveniencia. Nos leen “noticias” que ellos deciden y que ellos dicen (con voz exagerada e impostada) son “lo más importante”. Nos dicen qué debemos comprar, a qué precio, con qué “virtudes” y con qué sumisión. A crédito o al contado. Nos dicen quién y qué es “bello”, “seductor”, “sensual”, “atractivo”, “elegante”, “exitoso”... nos ponen sus plazos y nos ponen sus ritmos. Nos manejan el diccionario, el vestuario, el imaginario y el reloj. En tiempo real.

Para todo hay siempre un representante explicador, vendedor o conductor... empeñado en hacerse el simpático, el eficiente, el esclarecido o el iluminado. Dispuesto a llevarnos al edén de sus intereses políticos, ideológicos y comerciales. Principalmente comerciales. La televisión mercantil es una máquina de guerra ideológica plagada con intermediarios que a tiempo completo están listos para borrarnos de la cabeza toda idea, toda posibilidad y toda oportunidad de participación autónoma. Siempre hay alguien que cuenta chistes por nosotros, siempre hay alguien que canta canciones por nosotros, que baila, que informa, que cocina, que “sabe”, que “entiende”, que “dice”, que “sonríe”, que “saluda”... por nosotros y sin nuestra autorización o previo acuerdo. Es el “mundo” de ellos que dice “representarnos”. Y nos lo cobran.

Los más “vivos” se dieron cuenta de su dictadura de la representación y nos inventaron, también, la forma de “participación” que a ellos les conviene. Entonces usan a los pueblos como decorado, como aplaudidores, como escenografías siempre que hace falta alguna justificación “democrática” o “popular” de lo que a ellos les conviene. Dicen que “el público opina”, “participa” cuando ellos dicen, como ellos dicen, hasta que ellos deciden. Demagogia reloj en mano. No pocas televisoras públicas están infectadas con ese veneno ideológico televisivo “representativo” que harta, que duele, que ofende y que ninguna a los pueblos “a todo color y de frontera a frontera”.

No hemos visto, todavía, una Televisión Participativa verdadera. Salvo casos incipientes y dolorosamente incomprendidos, como VIVE TV de Venezuela -en sus inicios-, algunas televisoras comunitarias que lograron salvarse de parásitos intermediarios de todo tipo (Iglesias, ONG´S, partidos políticos oportunistas, Mesías...) La Televisión Participativa, como Democracia Participativa, está por construirse. Hacen falta mucho trabajo y mucha atención crítica para eliminar de nuestras cabezas (y de las televisoras que los pueblos dirijan) el peligro de repetir el discurso burgués, el discurso del patrón en las pantallas. Como si fuese nuestro. Hace falta agudeza y experiencia, hace falta desconfianza práctica, y vigilancia científica, para no ser víctimas de la inoculación ideológica que nos representa como a ellos les conviene.

La lucha de clases también se expresa en las pantallas. No vamos a cansarnos en insistir en la urgencia de romper con los modelos burgueses de comunicación, aprovechando críticamente sólo aquello que sea aprovechable (fundamentalmente tecnológico) y desechando todo lo que de más odioso tiene un modelo de “producción de sentido” en Televisión, especializado en borrar de los ojos de los pueblos a los pueblos mismos y especializado en criminalizar -por la Tele- a los líderes sociales y las luchas sociales que hacen hasta lo inimaginable por participar en la creación de un mundo nuevo, justo, sin guerras, sin hambrunas, sin clases y a la vista de todos. Terminemos con la propiedad privada de la televisión y con los monopolios. Una Televisión Participativa es posible, es necesaria y es urgente.

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SER DE IZQUIERDAS NO SON PALABRAS


El problema de la izquierda

Eco Republicano

El problema de la izquierda



El problema de la unidad de la izquierda, que le daría el poder si la consigue, es que la izquierda se está quedando sin contenido si atendemos a lo que históricamente pretendía, que era la creación de otro Sistema social.

Antonio Álvarez-Solís 

La izquierda, en la mayoría de sus manifestaciones, se ha incardinado en el modelo capitalista con un pusilánime objetivo reformista que la lleva a múltiples incoherencias y a una debilidad creciente en sus actuaciones políticas. Realmente no cree posible, al parecer, otro modelo de coexistencia social, lo que reduce el posible soplo creador a una retórica muy temerosa de las urnas y a unas habilidades maniobreras que quiere justificar en nombre de la eficacia.

Ser rotundamente eficaz ante las crecientes carencias sociales debiera constituir su verdadero destino, pero la izquierda, repito que en la mayoría de sus expresiones, da un sentido muy circunstancial y corto, cuando no totalmente equivocado, a esa eficacia. Incluso disminuye cada día el área cívica de esa eficacia y, desde luego, repuebla confusamente el lenguaje cuando llega al hueso de las cuestiones graves, introduciendo en él una contención que lo invalida como herramienta realmente útil para cambiar de aguja la historia. La izquierda habla muchas veces para producir un simple eco de algo que no es posible identificar. Es poco más que un ruido.

Los últimos meses del conflicto electoral se han ido por el sumidero de una derecha cada vez más reaccionaria y violenta, y únicamente parece soñar con ser paje del señor de los anillos. Esa izquierda a la que me estoy refiriendo no puede conseguir una unidad de contenido radical, que es lo que precisan los trabajadores para salir de la granja, si no aclara tres cosas esenciales: qué entiende por cambio de modelo de convivencia, con qué espíritu va a sostener la nueva materialidad a la que dice aspirar y hasta qué profundidad puede llegar su eficacia operativa.

Todo lo que no sea eso es pura espuma de cerveza o fogata de virutas. Nada pueden hacer los partidos de la izquierda sin uniformar en sus filas, con propuestas básicas entendidas por todos, a una calle profundamente contaminada con teorías aviesas como la de la muerte de la historia o la reducción de la personalidad humana a un plano esencialmente mecánico. Pero a esa calle no hay que halagarla con proteccionismos regalados sino con la exposición de una nueva y potente realidad que revigoricen unas urnas que ahora ya no deciden prácticamente nada.