miércoles, 20 de abril de 2016

IRAK: MENTIRAS MASIVAS, CRIMENES, DESTRUCCIÓN, MISERIA Y SUFRIMIENTO COMO BASE PARA EL ENRIQUECIMIENTO DE UNOS POCOS Y SUS FAMILIARES, ENTRE OTROS, JOSÉ MARÍA AZNAR


El ISIS y las fuerzas del gobierno apoyadas por Estados Unidos matan de hambre, asesinan y asedian a los habitantes de Faluya
 
Crímenes de guerra de Estados Unidos en Iraq

Rebelión
Global Research
20.04.2016

 

Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos.
 

 

Resulta difícil imaginar que pudiera ocurrir algo peor a Faluya después de los crímenes de guerra y de los criminales ataques del ejército estadounidense en 2004. En aquel momento un corresponsal escribió: “Desde la invasión y ocupación nazi de gran parte del continente europeo (el bombardeo del Varsovia en septiembre de 1939, el terrible bombardeo de Rotterdam en mayo de 1940) no ha habido nada como el ataque a Faluya.” (1) 
 
Según se informó, el 70 % de las casas y comercios habían sido destruidos y los que quedaba en pie estaban dañados. El médico iraquí Ali Fadhil describió la ciudad de la siguiente manera: 
 
“[…] está totalmente devastada, destruida por todas partes. Parecía una ciudad de fantasmas. Faluya era una ciudad moderna, ahora no queda nada. Estuvimos todo el día caminando entre los escombros que habían sido el centro de la ciudad. No vi un solo edificio que sirviera.” (City of Ghosts, The Guardian, 11 de enero de 2005.)
 
Nicholas J. Davies, autor de Blood on our Hands – the American Invasion and Destruction of Iraq, escribió:
 
“[…] El Comité de Compensación de Faluya informó en marzo de 2005 que el ataque había destruido 36.000 viviendas, 9.000 comercios, 65 mezquitas, 60 colegios, las dos estaciones de tren, uno de los dos puentes, dos centrales eléctricas, tres plantas de tratamiento de aguas y los sistema de saneamiento y de teléfonos de toda la ciudad.”
 
Ahora Human Rights Watch (HRW) ha elaborado un Informe (2) en el que señala que, aunque resulte increíble, al cabo de doce años, todo vuelve a estar deteriorado hasta el extremo de que “los habitantes de la asediada ciudad de Faluya se mueren de hambre. Las fuerzas gubernamentales iraquíes deberían permitir urgentemente la entrada de la ayuda en la ciudad y el grupo extremista Estado Islámico, también conocido como ISIS, que tomó la ciudad a principio de 2014, debería permitir a los civiles salir.”
 
Faluya se encuentra ahora asediada por el gobierno títere iraquí que ha impuesto Estados Unidos y por el ISIS, mientras miles de personas se manifiestan para protestar por otro gobierno respaldado por Estados Unidos que lo único que ha traído a la población es miseria. Aunque parezca increíble, el vicepresidente estadounidense Joe Biden y el general de división iraní Qassem Soleimani se han reunido “para dejar claro […] que no se debe hacer un intento de derrocar” al actual primer ministro [iraquí] Haider al-Abadi. (“US, Iran Keep Iraqi PM in Place”, Reuters, 6 de abril de 2016.)
 
“La población de Faluya está asediada por el gobierno, atrapada por el ISIS y se está muriendo de hambre”, afirma el vicedirector para Oriente Medio de HRW Joe Stork.
 
“Desde que las fuerzas gubernamentales recuperaron Ramadi, la capital del gobernorado de Anbar, a finales de diciembre de 2015, y la zona desértica de al-Jazira al norte de Faluya en marzo de 2016 han cortado las rutas de abastecimiento de la ciudad, afirmaron tres funcionarios iraquíes. Decenas de miles de civiles de una población original de más de 300.000 personas permanece en la ciudad.”
 
HRW consiguió una lista de ciento cuarenta personas, incluidos niños pequeños, que se dice que han muerto en los últimos meses “por falta de comida y medicinas”. Se han ocultado los nombres de estas personas por miedo al ISIS, que prohíbe a la población establecer contacto con personas de fuera de la población y “castigaría a los familiares de las personas muertas”.
Se ha informado de que los habitantes de Faluya están comiendo pan hecho de harina de los dátiles caídos al suelo y sopa de hierbas. La comida que todavía está disponible se vende a precios desorbitados. “Un saco de harina de 50 kilos llega a costar 750 dólares y uno de azúcar, 500”. En Bagdad, solo a setenta kilómetros, “la misma cantidad de harina cuesta 15 dólares y de azúcar 40 dólares […] cada día llegan al hospital local niños que se están muriendo de hambre; […] ya no se pueden conseguir la mayoría de los alimentos a ningún precio, […] el hospital se ha quedado sin alimentos infantiles”.
 
El Programa Mundial de Alimentos ha hecho una tibia declaración afirmando estar “preocupado” por la situación alimenticia. En los anales de respuestas de la ONU que son igual de vergonzosamente patéticas ante tragedias de enormes dimensiones esta puede ser la ganadora de 2016.
 
Diversas fuentes declararon a HRW que tanto las tropas del gobierno iraquí como la Fuerza de Movilización Popular, una de las aproximadamente cuarenta milicias que dependen del ministerio del Interior, impiden que la entrada en la ciudad de comida y productos básicos.
Aquellas personas que tratan de abandonar la ciudad corren peligro de ser asesinadas por el ISIS. El 22 de marzo un hombre que había