jueves, 31 de enero de 2019

VENEZUELA. ¿ESTÁ SENTENCIADO A MUERTE EL GOLPISTA CRIMINAL GUAIDÓ POR LOS PROPIOS CAPITALES USA Y COMPARSA PARA SER MATADO POR UN DIESTRO MERCENARIO MATADOR (Y por amor de Dios a Cristo le pido, que no se me de por aludido el VOX distinguido Morante de La Puebla, que es un diestro matador) PARA DESENCADENAR LA MATANZA QUE ESPERAN? DICE LA HISTORIA QUE LOS CAPITALES USA TIENEN EXPERIENCIA EN MATAR A SU PROPIA GENTE PARA ENCONTRAR EL MOTIVO DE DECLARAR LA GUERRA DE RAPIÑA QUE LES INTERESA: VERBIGRACIA, PATRIOS Y BANDERITAS AL BALCÓN, 1898, PUERTO DE LA HABANA PARA QUEDARSE CON CUBA. ¡COÑO QUE CASUALIDAD, LOS AMERICANOS (Los ricos se entiende), TÍO! ASÍ QUE, SEÑOR PRESIDENTE SÁNCHEZ, PUEDE USTED CONVERTIRSE EN UN VERDADERO CÓMPLICE CRIMINAL SI APOYA EL CRIMINAL GOLPE DE ESTADO DE AMITO TRUMP. LA DIMISIÓN ES UNA SALIDA MUY HONORABLE ANTES DE CONVERTIRSE EN CRIMINAL.



La sentencia de asesinato al tonto útil Juan Guaidó

Rebelión
30.01.2019


Con estos criminales se perdió la capacidad de asombro, ¿qué se puede decir de Donald Trump a la cabeza del imperio gringo, el imperio más asesino y destructivo del mundo, que sorprenda a la mayoría de los venezolanos y a la comunidad internacional? Creo que nada.

Sin embargo, esta terrible realidad nos obliga en Venezuela ahora más amenazada que nunca, a mantenernos alerta, a escudriñar en el trasfondo de las declaraciones de los funcionarios norteamericanos imperiales, sobre todo, cuando fingen de buenos demócratas, de ser respetuosos de los derechos humanos y de la soberanía del resto de los países del mundo, cuando pretenden hacer, camaradas lectores, camaradas lectoras, de salvadores de nuestra Patria, la Patria de Bolívar, la Patria de Chávez y Maduro.

Por eso me sumerjo en el peligroso tuit publicado por John Bolton, asesor de seguridad nacional de EEUU: "Cualquier acto de violencia e intimidación contra el personal diplomático estadounidense, el líder democrático de Venezuela, Juan Guaidó o la Asamblea Nacional representaría un grave asalto a la legalidad y estará seguido de una respuesta significativa".

Si le quitamos a este mensaje el velo simulador, falseador, que utilizan los yanquis homicidas para encubrir sus verdaderas intenciones, se puede concluir sin temor a equívocos, que ese tuit es una seria sentencia de asesinato al estúpido de Guaidó.

Dice claramente Bolton que si se meten con ese cretino procederían, es decir, harían lo que siempre han querido: invadir a Venezuela, cuestión que no han logrado porque es demasiado el descaro, es excesiva su clara ambición de expoliarnos nuestras riquezas, son muy evidentes los golpes de estado intentados, incluyendo el magnicidio frustrado en contra del presidente Maduro, que no terminan de lograr un consenso mundial el cual les permita entrar y bombardearnos "de forma democrática", tal como ellos acostumbran en el mundo. Por eso resultaron derrotados en la OEA y en la ONU.

Si partimos de que el imperio norteamericano es experto en falsos positivos, y que en Venezuela financió las guarimbas y todos los hechos violentos que se registraron pretendiendo derrumbar al Gobierno revolucionario, no extraña que ellos manden a matar a Guaidó. Asesinando a este tonto útil podrían generar la revuelta que ellos andan buscando el cual les permitiría justificar su incursión a suelo patrio, con el apoyo de la ultraderecha venezolana. Aunque debemos tomar en cuenta que la mayoría de los venezolanos les conocemos bien sus perversas jugadas, y no vamos a morder muy fácil su anzuelo.

Con la reunión que Guaidó sostuvo con Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, los gringos y la oposición venezolana, seguramente le han tomado desconfianza, saben que es un tipo traidor, sin palabra, sin principios, pero no se descarta que lo tenga como punta de lanza de la violencia que requieren, para utilizarlo cuando lo estimen conveniente. No lo afirmo de manera rotunda, porque repito, los venezolanos sabemos quiénes son los gringos y no cedemos como borregos a sus criminales jugadas.

Ya dije al principio, que nada de esto asombra de esos asesinos, tampoco es algo nuevo, en una oportunidad intentaron matar a Leopoldo López, pero con todo lo homicida y terrorista que puede ser el cabecilla del grupo terrorista Voluntad Popular, actualmente pagando casa por cárcel, actuó de forma inteligente. Se entregó. Es preferible preso que muerto. Así lo entendió él, su esposa Lilian Tintori y toda su familia.
El peligro que yo veo con Guaidó es que este idiota no ha dado ninguna muestra de inteligencia, y sus continúas torpezas lo pueden llevar a servirse el mismo en bandeja de plata, a los verdugos del imperio gringo y a la ultraderecha apátrida y entreguista venezolana.

Fuente: https://www.aporrea.org/oposicion/a275058.html

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¡AY, MI PODEMOS! ¿PERO NO HABÍAMOS QUEDADO QUE PODEMOS ERA UNOS CINCO MILLONES DE VOTANTES, EL 15-M, LOS CÍRCULOS, PODEMOS CLARO QUE PODEMOS Y TAL? ESTO..., UNA COSA... ¿AQUÍ HAY ALGUIEN QUE VAYA A PAGAR LOS TIESTOS ROTOS?



Tribuna viento sur

Pablo Iglesias vs. Iñigo Errejón: Entre el eurocomunismo redivivo y el neopopulismo de centro

Manolo Garí y Jaime Pastor
VientoSur
23.01.2019

Pocos días después del anuncio público del acuerdo Carmena-Errejón en torno a la plataforma Más Madrid y de la dura respuesta a la misma por parte de Pablo Iglesias (por no mencionar la de su Secretario de Organización), parece ya evidente que el Podemos que hemos conocido en sus cinco años de vida ha llegado a su fin. Será otro Podemos el que conoceremos a partir de ahora, probablemente condenado a representar solo a una corriente política asociada estrechamente al pablismo, mientras paralelamente emerge ya un neopopulismo de centro, quizás próximo a lo que representan Los Verdes alemanes o el Movimiento 5 Estrellas italiano, que además no dejará de reclamarse de la patente original de Podemos. Por tanto, a quienes no nos reconocemos en ninguno de esos proyectos, corresponde ir abriendo un nuevo espacio a la izquierda de ambos que, esperemos, ofrezca un camino distinto y dispuesto a volver a poner de actualidad un horizonte rupturista y constituyente. Una alternativa democrática, pluralista y antineoliberal, feminista, antirracista y ecosocialista que permita el trabajo conjunto y la cooperación de un muy diverso espectro de activistas y sea capaz de concitar el apoyo electoral de un amplio sector de las gentes de abajo contrarias al austeritarismo y opuestas a la deriva autoritaria.

Obviamente, los resultados electorales en Andalucía y el giro reaccionario que avanzan las encuestas ante el próximo 26 de mayo han precipitado la decisión de Iñigo Errejón, convencido definitivamente de que había que dar el paso de la ruptura con Pablo Iglesias y su equipo y de que podía contar con el apoyo de Manuela Carmena para dar credibilidad a su proyecto como única vía para frenar al bloque reaccionario.

Auge y declive de un modelo fallido

¿Por qué hemos llegado hasta aquí si en los últimos tiempos la política que ha desarrollado el actual Secretario General de Podemos había asumido en realidad una táctica respecto al PSOE prácticamente similar a la que proponía Errejón en Vistalegre II, e incluso ha acabado por aceptar que el enemigo ya no es el régimen, ni siquiera el IBEX 35 sino únicamente el bloque reaccionario? En efecto, ha sido así pero persisten diferencias entre ambas corrientes en los relatos que sostienen para llegar a nuevos sectores y, sobre todo, en la valoración del desgaste sufrido por la marca Podemos en los últimos tiempos.

Empecemos con el pablismo. Si nos atenemos, por ejemplo, a discursos, documentos y prácticas una vez agotado su ciclo ascendente, podríamos concluir que éste representa un proyecto político que tiene como referente al eurocomunismo de finales de los años 70 del pasado siglo. Buena muestra de esto es la rectificación que su líder ha hecho de las críticas que en el pasado hizo a la Transición –y al papel de Santiago Carrillo en aquel proceso- para dejar bien claro que “hicieron lo que pudieron” y que demostraron sentido de Estado. De esa reconsideración y de la constatación del fin del ciclo abierto por el 15M deduce la necesidad de priorizar la voluntad de ser “partido de gobierno”, no ocultando su “obsesión por gobernar”, como reconoce Pablo Iglesias en su conversación con Enric Juliana en un libro reciente (Nudo España, p. 321). La disposición a gobernar con el PSOE en el marco de este régimen sustituye así al proyecto rupturista con el que nació un Podemos que se quiso presentar como exponente institucional del espíritu de aquel 15M y que, luego, tras las europeas, puso en pie una “máquina de guerra electoral” dispuesta a emprender una “guerra relámpago”, finalmente fallida.

De la frustración de aquellas expectativas de “asaltar los cielos”, con un proyecto populista basado en un modelo de partido en torno a un liderazgo carismático y una democracia plebiscitaria, se fue pasando, sobre todo a partir de Vista Alegre II, a la creciente adaptación al eje convencional izquierda-derecha, considerando al PSOE como aliado principal al que “seducir”. El final de ese recorrido, hasta ahora, se ha visto en el papel que ha jugado Pablo Iglesias como correveidile en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado con los independentistas catalanes… en nombre de Pedro Sánchez.

Esa “obsesión por gobernar” es patente en el libro citado, ya que si bien Pablo Iglesias se reafirma en su rechazo a permitir, después de las elecciones de diciembre de 2015, que Pedro Sánchez formara gobierno apoyándose en el pacto con Ciudadanos (al contrario de lo que pensaba y sigue pensando Errejón), la única autocrítica que se percibe en su balance es la de no haber entrado en los gobiernos autonómicos del País Valenciá o de Aragón, mientras expresa su satisfacción porque su partido haya entrado en el gobierno de Castilla-La Mancha. Gobierno, por cierto, presidido por un barón del PSOE que no tiene reparo alguno en mostrar su simpatía con Ciudadanos o su disposición a ilegalizar al independentismo catalán.

Ni respecto al modelo de partido ultracentralizado, jerarquizado y castigador de toda disidencia, o a los intentos de instrumentalización de determinadas movilizaciones sociales o, enfin, a inventos como Vamos, hemos podido leer o escuchar una merecida autocrítica por parte del líder de Podemos.

Para justificar su obsesión gobernista Pablo Iglesias no ha tenido reparo alguno en reivindicar el ejemplo portugués presentándolo como lo que no es. En efecto, sostiene que aspira a “normalizar una vía de gobierno a través de la fórmula de coalición en ayuntamientos y comunidades autónomas que se parezca al estilo portugués”. Empero, como él bien sabe, lo que existe en el país vecino es un pacto de investidura que ha permitido a fuerzas como el Bloco de Esquerda preservar su autonomía y su libertad de crítica frente al Partido Socialista.

Si a ese giro estratégico, que implica, como insiste el líder de Podemos, mostrar “pragmatismo en muchos planos”, le acompañan el deterioro creciente del liderazgo de Pablo Iglesias y las profundas crisis internas en varias comunidades autónomas, pocas dudas quedan de que Podemos ha ido perdiendo centralidad y capacidad de ser motor de confluencias. A todo esto se suma la definitiva burocratización de un partido con una base militante que se reduce progresivamente y asociada cada vez más a una nueva clase política, ahora temerosa de su propio futuro. Por eso suena a cinismo leer en el libro citado que “los círculos son una señal clara de que no queremos construir un partido tradicional de afiliados” (op. cit., 149) cuando todo el mundo sabe que la realidad actual de los círculos es la de una creciente descomposición (cuando no desaparición práctica) en la mayor parte de los territorios. Una historia, por cierto, que recuerda las crisis internas que sufrió el PCE en los años 80-82 ante el amplio espacio político que llegó a ocupar el PSOE del cambio en perjuicio del que fue el principal partido del antifranquismo, y que ahora podría prolongarse en el caso de que obtuviera buenos resultados electorales el tándem Carmena-Errejón.

Con todo, en el relato de Pablo Iglesias ante la nueva etapa existen ejes de discurso nada secundarios que le distinguen de lo que representó el eurocomunismo de Santiago Carrillo y, también, como veremos, del relato de Errejón. Uno es el lugar que ocupa en su discurso la defensa, por muy ambigua que sea, de la idea de una España plurinacional y de la necesidad de un referéndum pactado en Catalunya. Ésta es sin duda, junto con su rechazo a la aplicación del artículo 155 y a las acusaciones de rebelión y sedición a los y las independentistas catalanes, una cuestión relevante, ya que apunta a una grieta clave del régimen y del Estado, y ante lo que no parece que vaya a haber pasos atrás. Aunque no nos engañemos, es muy probable que en el futuro aparezca cada vez más como una defensa retórica que no supondría ninguna línea roja ante una hipotética negociación de un acuerdo de gobierno con el PSOE.

Otro eje diferenciador es el relacionado con la decisión tomada en los últimos tiempos de introducir en su discurso la crítica al papel de Felipe VI, sobre todo a partir de su discurso del 3 de octubre de 2017, recurriendo al argumento débil de que la monarquía pudo servir para frenar el 23F (sic), pero ahora ya no sirve…. Así, a la vista también de la emergencia de un nuevo republicanismo popular, ha pasado a un relativo primer plano la defensa de la opción republicana que contrasta con el silencio que sobre este tema –al igual que sobre el de la memoria histórica- mantuvo en el pasado el equipo dirigente de Podemos y que ahora continúa manteniendo Errejón.

Esos ejes discursivos, unidos a la vocación bonapartista que el líder aspira a seguir practicando entre las presiones institucionales y las que puedan proceder de las movilizaciones en un contexto de polarización política (como acabamos de ver en la votación contraria al decreto sobre alquileres), explican que Podemos siga sin ser visto como un partido integrableen el régimen. No sorprende, por tanto, que pese a la evolución sufrida, persista la desconfianza del IBEX35, y con él la de la mayoría de los medios de comunicación, frente al partido de Iglesias. Su objetivo, compartido con el PSOE, es dejarle reducido a una representación similar a la que en el pasado tuvo IU, menguando así sus posibilidades de gobernar en una condición que no sea la de ser muleta del partido de Pedro Sánchez.

Por tanto, es comprensible que si a las contradicciones de partes de su relato con su voluntad de ser “partido de gobierno” con el PSOE se suma el afán mostrado por Pablo Iglesias por asegurarse el control directo (aunque no siempre lo consiga, como hemos visto en Andalucía) de Unidos Podemos y del discurso oficial, no cabe extrañarse de la decisión de Iñigo Errejón de liberarse de esa carga y volar junto con Manuela Carmena para ofrecer un “revulsivo” frente a lo ocurrido en Andalucía con un proyecto que “renueve ilusión y confianza”.

¿Cuestión de marcas?

Ahora, frente al desgaste de la marca Podemos Iñigo Errejón nos ofrece Más Madrid como la única alternativa capaz de sumar a más gente en torno a un discurso que, de nuevo, vaya más allá del eje izquierda-derecha para aspirar a una transversalidad sin líneas rojas que les permita llegar a gobernar en la Comunidad y en el Ayuntamiento de Madrid… con el PSOE. Si, como se nos dice en la carta de Carmena y Errejón, su programa se va a basar en “continuar el gobierno del cambio en la alcaldía y extender su ejemplo a la Comunidad de Madrid”, poca ilusión cabe esperar de un proyecto que va a tener que justificar operaciones como Madrid-Chamartín 1/ y unas prácticas autoritarias en el seno del grupo de Ahora Madrid. Es cierto que se promete “un programa conjunto y participativo”, pero la experiencia vivida en Madrid ciudad genera temores fundados de que esta vez se quiere pedir al electorado un cheque en blanco para dos liderazgos personalistas que anteponen la mera buena gestión frente a programas y procesos efectivamente participativos como los que llevaron a Carmena al ayuntamiento de Madrid y a los que ha ido renunciado en aspectos fundamentales a lo largo de estos años.

Por eso, muy lejos nos parece ese proyecto de los buenos deseos expresados recientemente por Santiago Alba 2/, cuando alerta de que “no bastará carisma intergeneracional; hará falta también un programa a la izquierda del PSOE y un estilo en las antípodas de Podemos”. No es eso lo que ha interesado hasta ahora a Manuela Carmena ni tampoco a Íñigo Errejón, ni en lo que se refiere al programa ni al reconocimiento de la pluralidad interna. Recordemos que en el pasado Errejón estuvo dispuesto a dejar gobernar al PSOE en torno a un programa pactado con Ciudadanos y no parece que vaya a descartar un pacto con ese mismo partido si ésa fuera la condición para llegar a gobernar con el PSOE en la Comunidad de Madrid, como ya adelantan algunas encuestas. En cuanto a su relación con las otras fuerzas, lo que se les pide es una adhesión en condiciones de subalternidad a un proyecto con un diseño y un equipo dirigente que no admiten cuestionamiento alguno porque es el único que consideran ganador.