lunes, 3 de noviembre de 2014

PODEMOS: PARA QUE PODEMOS SEA PODEMOS

Por qué yo no puedo / Guillermo «Willy» Toledo















Sociología crítica 2014/11/02



Por qué yo no puedo
Hace pocos días publiqué un twit -malditos 140 caracteres, que, como dice nuestro amigo Pascual Serrano en su libro “La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes”. Ed Península-Atalaya, donde explica cómo este tipo de redes sociales sirve a los intereses de los que mandan, que pretenden un mundo en el que cada día simplifiquemos más los mensajes y, por tanto, entendamos menos los contenidos, la realidad – establecí una analogía entre el “fenómeno” Podemos de nuestros días, y el PSOE de finales de los 70 y comienzos de los 80.No califico a este último de “fenómeno”, pues considero que, en términos generales, y pasado el tiempo, es mucho más fácil de entender y, por tanto, de descifrar que el primero.
Considerando lo dicho en el párrafo anterior, pienso que, para un mayor entendimiento – empezando por mí- del contenido de fondo de dicho twit, creo necesario escribir este texto con la intención de aclarar las cosas. Mucha gente me lo ha pedido, por tanto es para mí una obligación, pero es también un deseo. No he sido nunca de tirar la piedra y esconder la mano, por lo tanto…aquí están mis argumentos.
Soy muy consciente de que una revolución comunista libertaria, en la coyuntura actual, es una utopía- que, por otra parte, como dice Eduardo Galeano, es como perseguir el horizonte, “cada dos pasos que das, él se aleja dos más, entonces… ¿Para qué sirve la utopía?. Sirve para eso: para caminar”.- , pero si tengo claro que, las únicas opciones que tenemos de alcanzar unos mínimos de Libertad, solidaridad, justicia social, derechos políticos y civiles para tod@s, minorías varias y mayorías –las mujeres, la clase obrera, l@s pobres – son abordar discursos y políticas valientes y decididas, también instructivas, enriquecedoras, que generen conciencia y por tanto militancia, en torno al anticapitalismo en todas sus vertientes, –“ libre” mercado, militarismo, educación, explotación obrera, cultura, patriarcado, monopolio en los medios, sobreexplotación de recursos caros y finitos, destrucción ecológica, imperialismo, violencia, competitividad, transgénicos, Wall Street y otras bolsas, especulación inmobiliaria y alimentaria, trata de mujeres, malos tratos y torturas policiales, explotación infantil, privatizaciones de lo público, de los recursos estratégicos, banca privada depredadora y usurera, puertas giratorias, corrupción…etc.
Mi analogía entre Podemos y la PSOE –como dice mi amigo Diego Cañamero: está la Telefónica, está la Repsol, está la PESOE- sin ser literal, y no debiéndose tomar como tal – malditos 140 caracteres- si opino que tienen muchos elementos que los hacen similares.
El pueblo trabajador explotado – no todo -, harto de soportar años de explotación y falta de justicia -37 años en ambos casos, Dictadura- “Democracia”- , de reducción, cuando no agresión, a sus derechos colectivos e individuales, de represión, de observar como la oligarquía capitalista gana siempre a costa del sudor y el trabajo de la clase obrera, harto de que las clases privilegiadas los tomen por imbéciles en sus propias caras y en sus propias casas a través del televisor, deciden que ya está bien, que toca luchar, que hay que tomar partido, que toca un cambio radical, donde las estructuras de poder den un giro de 180º y caigan en manos de la mayoría social, de los trabajadores.
Y llegó la “Transición”.
La “Transición” no comenzó, como nos cuenta el relato oficial, en 1975, a la muerte del Dictador. Todo comenzó mucho antes, a mediados de los 60, cuando los oligarcas del capital, los EEUU, y la socialdemocracia europea pusieron sus ojos – sus garras más bien – en la Península Ibérica, con el objetivo de pilotar, y adaptar a sus propios intereses, los años venideros tras la muerte de los dictadores Franco y Salazar. Todo debía quedar “atado y bien atado” para dirigir desde fuera, con la connivencia rastrera y traidora de políticos vendidos en el interior, y la complicidad y colaboración interesada de la plutocracia nacional, para que ambos Estados, España y Portugal, se sometieran a las políticas económicas, financieras y militaristas de los intereses transnacionales. Debíamos ser una “Democracia homologable”, como dicen ahora, a las del resto del mundo Occidental, osea, la Democracia real – sin el YA, por favor -, cuanto más lejos, mejor. Las consecuencias están aquí, las vemos, las sufrimos todos los días. También es a finales de los 60 cuando comienzan las huelgas, las luchas de los obreros y las estudiantes, el espíritu de la Rebelión, los anhelos de una sociedad libre.
La “modélica” y “pacífica” Transición, que se cobró la vida de cientos de hombres y mujeres que optaron por dar la batalla hacia una ruptura total con el régimen fascista del Generalísimo. Quienes no cayeron, sufrieron la represión, la persecución, las torturas y la cárcel. Esa “Transición” que supuso, básicamente, el lavado de cara de todas las instituciones de la dictadura – Banca, ejército, policía (Brigada Político Social-Brigada de Información), prensa (J.L Cebrián RTVE-El País), tribunales (TOP-Audiencia Nacional), Iglesia Católica Apostólica Pederasta y Romana, políticos colaboracionistas (Fraga, Suárez)- y las convirtió, a todas y a todos, en demócratas de toda la vida.
Hubo un momento, y bien que lo sabían las clases privilegiadas, de dentro y fuera del estado, en el que el ambiente político empezó a adquirir un carácter pre-revolucionario. Los sindicatos de clase del momento – CNT Y CC.OO sobre todo, en el ámbito estatal – tenían más fuerza que nunca desde la II República – la C.N.T convocó una mitin multitudinario en Barcelona, el 2 de Julio de 1977, al que asistieron 1.500.000 de militantes, que unos me