sábado, 5 de abril de 2014

22 M: CÓMO SE PLANEARON LOS INCIDENTES DE LAS MARCHAS DE LA DIGNIDAD



Anemoi contra El Oso Cavernario (I)
05-04-2014
 
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“De piedra los que no lloran. De piedra los que no gritan. De piedra los que no cantan.
Yo nunca seré de piedra. Lloraré cuando haga falta. Gritaré cuando haga falta.
Cantaré cuando haga falta”

Rafael Alberti

Los incidentes ocurridos al final de las Marchas de la Dignidad cubrieron de “ignominia planeada” una auténtica jornada de gloria popular que será recordada por la Historia como el “principio del fin” del corrupto, oligárquico y antidemocrático Régimen de la Transición. 

Palabras de lucha, consignas de unidad

Ni el Gobierno ni la “oposición teatral” de Rubalcaba, ni mucho menos la Monarquía borbónica podían soportar el enorme impacto social y político de unas Marchas que habían desbordado todas las previsiones, y pulverizado el “silencio mediático de ordenanza”, ejecutado por Falsimedia al servicio de los grandes poderes económicos y de sus eficaces voceros políticos y mediáticos. 

Centenares de columnas habían cruzado a pie todo el territorio del país, convergiendo unas con otras y todas sobre la capital, en marchas agotadoras de pueblo en pueblo. Las marchas rescataban y agrupaban las dignidades sepultadas por la “feroz y permanentei guerra económica, social y política”; lanzada en múltiples frentes contra todos los trabajadores, los sectores populares y un sector de la clase media precarizada y proletarizada por la crisis.

Con 600 kilómetros por delante, las columnas estaban formadas, mayoritariamente, por hombres y mujeres jóvenes, trabajadores de la ciudad y del campo, verdaderas “mareas de la dignidad y el compromiso” que iban sembrando y recibiendo por pueblos y caminos solidaridad y millones de dignidades nuevas. En cada pueblo hablaban a los desposeídos de todo tipo, a sus iguales. 

Dignidad y solidaridad son, sin duda, las primeras palabras de unidad y de lucha.

Las consignas -que habían intentado sabotear los nuevos mediadores de la burguesía que buscan “un lugar bajo el sol”-, eran muy claras y suponían una verdadera ruptura política y social, claramente comprensibles para los millones de personas que sufren y sufrirán perpetuamente la crisis si no se produce un cambio de Régimen y de sistema

De la primera y rotunda: ¡No al pago de la deuda!, se derivaban las demás; ¡Fuera los gobiernos de la Troika¡ ¡No más recortes! ¡Pan, trabajo y techo! 

Caminos para el pueblo

En la madrugada del 22 cientos de autobuses –no sin sufrir bloqueos temporales por parte de la Guardia Civil, cuyo director está más capacitado, según puede deducirse de su historial personal, para violar derechos ciudadanos que para defenderlosii-, incorporaron a las Marchas a varias decenas de miles de personas más. Ya en Madrid, las columnas fueron recibidas en los municipios adyacentes y en los grandes barrios populares con visible euforia, y se engrosaron enormemente cuando se incorporaron a ellas todas las “mareas ciudadanas” y “colectivos en lucha” de la propia capital.

Las grandes arterias urbanas de acceso se convirtieron en caminos para el pueblo que convergía hacia la zona de reunión en la gran explanada de Atocha. 

El resultado fue una enorme, sobrecogedora, decidida y pacífica pero combativa manifestación popular, llegada desde todas las comunidades; que llenó de pancartas banderas y colores de protesta, los paseos del Prado y Recoletos, desde la Plaza de Atocha hasta la Plaza de Colón.

La “guerra civil” contra los pobres
 
La gigantesca manifestación –la más grande que se recuerda-, con una masa humana plenamente consciente de los derechos perdidos, de las precariedades forzadas, y de la necesidad de luchar, alcanzó una cifra en torno al millón de personas. 

En todo el territorio del estado varios millones más estaban atentos a través de Internet y algunas cadenas de TV (que ya no podían silenciar un hecho que estaban filmando buena parte de las agencias y cadenas de todo el mundo), al desarrollo de la Gran Marcha de la Dignidad, simpatizando e identificándose con la enorme columna final.

Ante la situación social de sufrimiento masivo de la población, más de un millón de personas habían deducido la consecuencia evidente: el Régimen de la Transición ha declarado la “guerra civil económica, social y represiva contra el puebloiii y se habían puesto en marcha. 

Esa toma de conciencia portada con orgullo de luchadores sociales -y transmitida con vehemencia desde la enorme tarima y los altavoces, por los representantes de las distintas “Marchas”, “Mareas” y “colectivos en lucha”-, fue el detonante de la planificada intervención policial y gubernativa. 

Dicha intervención incluía una feroz criminalización previa desde altas instancias del los gobiernos estatal, regional y municipal (con la “neutralidad” del primer partido de la oposición), la infiltración de provocadores policiales para detonar la violencia, la intervención brutal de la policía y la detención y procesamiento de decenas de manifestantes.

Doctrina, estrategia y tácticas de las intervenciones policiales contra los “antisistema”

Casi todos los atentados contra el pueblo comienzan sobre el papeliv.
La doctrina y los métodos policiales para criminalizar al pueblo que lucha, y para rentabilizar después el “establecimiento de la paz social” a través de la represión sistemática y creciente, y de la puesta a punto de un sistema legal que niega todos los derechos, es un lugar común entre determinados mandos policiales. Manejan con absoluta familiaridad todas las teorías estratégicas y las tácticas de la guerra para afrontar protestas populares. 

Veamos con detalle esa doctrina de la represión presentada públicamente por un alto mando policial, y su exacta correspondencia con lo ocurr