martes, 11 de abril de 2017

JUAN CARLOS I biREY DE ESPAÑA. LO CARITO QUE NSO SALIÓ A LOS ESPAÑOLES SU CAMPECHANIA REAL



CORINNA, LA "AMIGA ENTRAÑABLE" DEL REY JUAN CARLOS DE BORBÓN SE FUE DE ESPAÑA CON 30 MILLONES DE EUROS

Eco Republicano
21.04.2017


Corinna, la "amiga entrañable" del rey Juan Carlos de Borbón se fue de España con 30 millones de euros
La "amiga entrañable" del rey Juan Carlos de Borbón, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, pudo haber cobrado 30 millones de euros por diversas intermediaciones en su papel de comisionista, según revela 'Interviú'.

La princesa Corinna amasó una gran fortuna durante su estancia de diez años que vivió en España, aunque nadie conociera con exactitud cual era su trabajo. Cuando conoció al rey de España, Corinna no tenía ningún tipo de patrimonio relevante. 

En 2013 abandonó España pero no se fue con las manos vacías y es que según datos del Gobierno, se fue con 30 millones de euros cobrados por unos servicios que no se conocen exactamente y ante las quejas persistentes de destacados empresarios españoles. Se fue con ese dinero pero con la prohibición de no volver nunca más a España.

"Nadie va a reclamar ese dinero. Nada fue ilegal; en todo caso, poco ético. Era dinero de comisiones por el AVE de Arabia Saudí, por las renovables, del fondo hispano-saudí...", publica la revista, que además añade que todos sus movimientos y trabajos en España los denominaba gestiones "delicadas". No solo eso, según informaciones que poseía el Gobierno, tan solo un año después de conocer al monarca fundó una empresa de consultoría internacional llamada Apollonia Associates en unos momentos en los que supuestamente no tenía patrimonio relevante.

Los servicios de inteligencia explicaron a la revista que se habrían abierto dos cuentas en Suiza a nombre de "Identidades Operativas" un nombre falso pero con documentación española totalmente legal. Por norma general este tipo de procedimientos se utiliza para agentes encubiertos.

El dinero era destinado a dos bancos desde donde era controlado por un bróker que era el encargado de hacerle llegar el dinero a la princesa Corinna. Así el dinero no deja rastro y si un juez tratara de seguir las huellas, no encontraría nunca ningún pago a nombre de la princesa Corinna.

Fuente: InfoLibre

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100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA (14 / 25)



León Trotsky 

HISTORIA DE LA REVOLUCION RUSA

Tomo II

 
marxists.0rg 

Capitulo XIV

La última coalición                  

Fiel a su tradición de no resistir a ningún empuje serio, el gobierno provisional, corno ya hemos visto, se desmoronó en la noche del 26 de agosto. Salieron de él los kadetes para facilitar la labor de Kornílov. Salieron los socialistas para facilitar la labor de Kerenski. Apuntó una nueva crisis de poder. Se planteó, ante todo, el problema del propio Kerenski: el jefe del gobierno resultaba ser uno de los cómplices del complot. La indignación contra él era tan grande, que los jefes conciliadores, al mentar su nombre, recurrían al vocabulario bolchevista. Chernov, que acababa de saltar del tren ministerial a toda marcha, hablaba en el órgano central de su partido, de la "confusión existente, gracias a la cual es difícil comprender dónde acaba Kornílov y empiezan Filonenko y Savinkov, dónde acaba Savinkov y empieza el gobierno provisional como tal". La alusión era suficientemente clara: el "gobierno provisional, como tal", no era otra cosa que Kerenski, que pertenecía al mismo partido que Chernov.
Pero los conciliadores, después de desahogarse con unas cuantas expresiones fuertes, resolvieron que no podían pasarse sin Kerenski. Si se oponían a que éste amnistiara a Kornílov, apresurábanse, por su parte, a amnistiar a Kerenski. Este, en compensación, accedió a hacer concesiones por lo que se refería a la forma de gobierno de Rusia. Todavía la víspera se estimaba que sólo la asamblea constituyente podía resolver esta cuestión. Ahora se daba por completo de lado a los obstáculos jurídicos. En la declaración del gobierno, se explicaba la destitución de Kornílov por la necesidad de "salvar a la patria, la libertad y el régimen republicano". La concesión puramente verbal y, además, rezagada, que se hacía a la izquierda, no reforzaba en lo más mínimo, ni que decir tiene, la autoridad del poder, tanto más, cuanto que el propio Kornílov se declaraba también republicano.
El 30 de agosto, Kerenski se vio obligado a despedir a Savinkov, que, pocos días más tarde, fue incluso expulsado del partido de los socialrevolucionarios, que por tanto todo pasaba. Mas para el cargo de general gobernador, se nombró a Palchinski, hombre que allá se iba políticamente con Savinkov y que empezó por suspender el dinero de los bolcheviques. Los Comités ejecutivos protestaron. Las Izvestia calificaron al acto de "provocación grosera". Hubo que retirar a Palchinski a los tres días. El hecho de que ya el día 31 formase Kerenski un nuevo gobierno, con intervención de los kadetes en el mismo, demuestra cuán poco dispuesto estaba a cambiar el curso de su política. Ni los mismos socialrevolucionarios pudieron seguirle por ese camino y amenazaron con retira a sus representantes. Tsereteli encontró una nueva receta para el poder: "Conservar la idea de la coalición y barrer todos los elementos que representen una carga pesada para el gobierno." La idea de la coalición se ha reforzado -hacía coro Skobelev-, pero en el gobierno no puede haber sitio para el partido que estaba ligado al complot de Kornílov. Kerenski no estaba de acuerdo con esta limitación, y no le faltaba razón a su modo.
La coalición con la burguesía, aunque era con exclusión del partido burgués dirigente, era a todas luces absurda. Así lo indicó Kámenev, que en la sesión de ambos Comités ejecutivos, con el tono de exhortación que le era peculiar, sacó las conclusiones de los acontecimientos recientes. "Queréis impulsarnos a un camino aún más peligroso, de coalición con grupos irresponsables. Pero os habéis olvidado de la coalición formada y consolidada por los graves acontecimientos de estos últimos días, de la coalición entre el proletariado revolucionario, los campesinos y el ejercito revolucionario." El orador bolchevista recordó las palabras pronunciadas por Trotsky el 26 de mayo, al defender a los marinos de Cronstadt contra las acusaciones de Tsereteli: "Cuando un general revolucionario intente echarle la soga al cuello a la revolución, los kadetes prepararán la cuerda, al paso que los marinos de Cronstadt lucharán y morirán al lado nuestro." La alusión no podía ser más certera. A las declamatorias parrafadas a cuenta de la "unidad de la democracia" y de la "coalición honrada", respondió Kámenev: "La unidad de la democracia depende de que os coaliguéis o no con la barriada de Viborg. Cualquier otra coalición es vergonzosa." El discurso de Kámenev produjo palmaria impresión, que Sujánov registra con las siguientes palabras: "Kámenev ha hablado de un modo muy inteligente y con gran tacto." Pero las cosas no pasaron de la impresión. El camino de los dos bandos estaba determinado de antemano.
La ruptura d los conciliadores con los kadetes tuvo desde un principio, en el fondo, carácter puramente demostrativo. Los mismos kornilovianos liberales comprendían que les convenía más permanecer en la sombra en los días que se avecinaban. Decidióse entre bastidores -de acuerdo, evidentemente, con los kadetes- formar un gobierno que se elevase hasta tal punto por encima de todas las fuerzas reales del país, que su carácter provisional no suscitara las dudas de nadie. El Directorio, integrado por cinco miembros, comprendía, además de Kerenski, al ministro de Estado Terechenko, que ya había llegado a ser insustituible gracias a sus relaciones con la diplomacia de la Entente: Verjovski, jefe de la región incitar de Moscú, y que con este fin había sido ascendido rápidamente de coronel a general; el almirante Verderevski, que con idéntica mira había sido puesto presurosamente en libertad, y, por último, el menchevique dudoso Nikitin, al que no tardó en reconocer su partido como suficientemente maduro para ser expulsado de sus filas.
Kerenski, después de haber vencido a Kornílov por medio de otros, no se preocupaba, al parecer, de otra cosa que de llevar a la práctica el programa del general. Kornílov quería reunir las atribuciones de generalísimo en jefe y las de jefe del gobierno. Kerenski llevó a la práctica este propósito. Proponíase Kornílov enmascarar la dictadura personal con un Directorio de cinco miembros. Kerenski realizó este propósito. La burguesía exigía la dimisión de Chernov. Kerenski lo expulsó del palacio de Invierno. Al general Alexéiev, héroe del partido kadete y candidato del mismo a la presidencia del gobierno, lo nombró jefe del Estado Mayor del Cuartel general; es decir, jefe efectivo del ejército. En la orden del día dirigida al ejército y la flota, Kerenski exigía que se pusiera término a la lucha política entre las tropas; es decir, el restablecimiento del punto de partida. Desde la clandestinidad, Lenin caracterizaba con su extraordinaria sencillez la situación dominante en las alturas: "Kerenski es un korniloviano que ha reñido con Kornílov accidentalmente y que sigue sosteniendo una alianza íntima con los demás kornilovianos." Lo malo era que la victoria sobre la contrarrevolución había sido más profunda de lo que convenía a los planes personales de Kerenski.
El directorio se apresuró a sacar de la cárcel al ex ministro de la Guerra, Guchkov, considerado como uno de los inspiradores del complot. En general, la justicia dejaba tranquilos a los inspiradores kadetes. En estas condiciones resultaba cada vez más difícil seguir teniendo entre rejas a los bolcheviques. El gobierno encontró una salida: poner en libertad, bajo fianza, a los bolcheviques, sin retirar la acusación contra ellos. El Comité local de los sindicatos de Petrogrado se asignó "el honor de depositar la fianza por el digno jefe del proletariado revolucionario". El 4 de septiembre fue liberado Trotsky bajo la modesta fianza, en el fondo ficticia, de 3.000 rublos. En su Historia de la tormenta rusa, escribe patéticamente el general Denikin: "El primero de septiembre fue detenido el general Kornílov, y el 4 del mismo mes el gobierno provisional puso en libertad a Bronstein-Trotsky. Rusia debe grabar estas dos fechas en su memoria." En los días que siguieron continuó la liberación de bolcheviques bajo fianza. Los libertados no perdían el tiempo; las masas los esperaban y los reclamaban; el partido estaba necesitado de hombres.
El día de la liberación de Trotsky publicó Kerenski un decreto en que, después de reconocer que los Comités habían prestado "una ayuda sustancialísima al gobierno", ordenaba que cesaran en su actuación. Las mismas Izvestia reconocían que el autor del decreto había dado pruebas de una "comprensión más que débil" de la situación. La Asamblea de los Soviets de barriada de Petrogrado tomó el siguiente acuerdo: "No disolver las organizaciones revolucionarias para la lucha con la contrarrevolución". La presión de abajo era tan fuerte, que el Comité militar revolucionario conciliador decidió no acatar la disposición de Kerenski, y exhortó a su órganos locales a "que trabajasen con la misma energía y firmeza que antes, vista la gravedad de la situación". Kerenski calló: no le quedaba otro recurso.
El omnipotente jefe del Directorio tenía que convencerse a cada paso de que la situación había cambiado, de que la resistencia crecía, y que era menester introducir algún cambio, aunque fuera de palabra. El 7 de septiembre dio Verjovski a la prensa una nota en la que decía que el programa de saneamiento del ejército, elaborado con anterioridad a la sublevación de Kornílov, debía ser rechazado, pues, "habida cuenta del actual estado sicológico del ejército", no haría más que acabar de acentuar su descomposición. Para señalar la nueva era, el ministro de la Guerra pronunció un discurso ante el Comité ejecutivos Que nadie se inquiete: el general Alexéiev se marchará, y con él se irán todos los que de un modo u otro estaban complicados en la sublevación de Kornílov. El saneamiento del ejército es cosa que hay que llevar a cabo, "no por medio de las ametralladoras y del látigo, sino por la infiltración de las ideas de derecho, justicia y severa disciplina". Percibíanse en estas palabras los aromas de los días primaverales de la revolución. Pero por la calle se dejaba sentir septiembre; se acercaba el otoño. Alexéiev fue efectivamente destituido pocos días después, y a ocupar su puesto pasó el general Dujonin, cuya ventaja consistía en que nadie le conocía.
Como compensación de las concesiones hechas, los ministros de Guerra y Marina exigieron la ayuda inmediata del Comité ejecutivo: los oficiales se hallan bajo la espada de Damocles; donde están peor las cosas es en la escuadra del Báltico; es necesario apaciguar a los marinos. Tras prolijos debates se decidió, como siempre, enviar una Comisión a la escuadra. Los conciliadores insistieron en que los bolcheviques, y ante todo Trotsky, formaran parte de esa comisión. Sólo así puede confiarse en el éxito. "Rechazamos decididamente -objetó Trotsky- la forma de colaboración con el gobierno que ha defendido Tsereteli. El gobierno practica una política radicalmente falsa, antipopular y sin control, y cuando esta política se encuentra en un atolladero o conduce a la catástrofe, se confía a las organizaciones revolucionarias la ingrata tarea de mitigar las inevitables consecuencias... Una de las tareas de esa comisión, tal como la formuláis, consiste en hacer una investigación sobre las "fuerzas ocultas", esto es, sobre los provocadores y espías que haya en la guarnición... ¿Acaso habéis olvidado que yo mismo he sido inculpado con arreglo al artículo 108?... Nosotros luchamos contra toda manifestación de justicia sumaria por nuestros propios medios..., no de acuerdo con el fiscal y con el contraespionaje, sino como organización revolucionaria que convence, organiza y educa."
La convocación de la conferencia democrática fue decidida en los días de la sublevación de Kornílov. Dicha Conferencia debía mostrar una vez más la fuerza de la democracia, atraer hacia ésta la confianza de los adversarios de la derecha y de la izquierda y -cosa que estaba lejos de ser uno de sus últimos objetivos- volver a su lugar a Kerenski, que se había desmandado. Los conciliadores se proponían seriamente subordinar el gobierno a una representación improvisada cualquiera, antes de la convocación de la Asamblea constituyente. La burguesía adoptó desde un principio una actitud hostil frente a la Conferencia, en la que veía una tentativa encaminada a consolidar las posiciones que la democracia había recobrado con su victoria sobre Kornílov. "El proyecto de Tsereteli -escribe Miliukov en su Historia- era, en el fondo, una completa capitulación ante los planes de Lenin y Trotsky." En rigor era precisamente lo contrario: El fin que perseguía el proyecto de Tsereteli no era otro que paralizar la lucha de los bolcheviques con el poder de los soviets. La Conferencia democrática se oponía al Congreso de los soviets. Los conciliadores se creaban una base, intentando aplastar a los soviets mediante una combinación artificial de toda suerte de organizaciones. Los demócratas distribuyeron los votos a su capricho, guiados de una sola preocupación: asegurarse una mayoría abrumadora. Las organizaciones dirigentes aparecieron incomparablemente mejor representadas que las de la base. Los órganos de administración local, y entre ellos los zemstvos, que no tenían nada de democráticos, alcanzaron un predominio enorme sobre los soviets. Los cooperadores desempeñaron el papel de árbitros de los destinos.
Los cooperadores, que hasta entonces no ocupaban lugar alguno en la política, aparecieron por primera vez en el terreno político en los días de la Conferencia de Moscú, y a partir de ese momento hablaban siempre en nombre de sus 20.000.000 de miembros, o, más sencillamente todavía, en nombre de "la mitad de la población de Rusia". Las raíces de la cooperación penetraban en la aldea a través de sus sectores dirigentes, que aprobaban la expropiación "justa" de los nobles, a condición de que sus propias parcelas, a menudo muy considerables, fueran no sólo defendidas, sino aumentadas. Los jefes de la cooperación se reclutaban entre la intelectualidad liberal-populista y, en parte, liberal-marxista, que tendía un puente natural entre los kadetes y los conciliadores. Los cooperadores sentían respecto de los bolcheviques el mismo odio que el "kulak" siente hacia el jornalero insumiso. Los conciliadores se aferraron ávidamente a esos cooperadores que habían arrojado la máscara de la neutralidad para buscar un punto de apoyo contra los bolcheviques. Lenin estigmatizó duramente a los cocineros de la cocina democrática. "Diez soldados convencidos o diez obreros de una fábrica atrasada -escribía- valen mil veces más que cien delegados... amañados." Trotsky demostraba en el Soviet de Petrogrado que los funcionarios de la cooperación expresaban tan poco la voluntad política de los campesinos como el médico la voluntad política de sus pacientes o el empleado de Correos las opiniones de los que expendían y recibían cartas. "Los cooperadores deben ser unos buenos organizadores, comerciantes tenedores de libros; pero a quien confían la defensa de sus intereses de clase los campesinos, lo mismo que los obreros, es a sus propios soviets." Esto no impidió a los cooperadores obtener 150 puestos, ni unidos a los zemstvos no reformados y a toda clase de otras organizaciones más o menos reales, deformar completamente el carácter de la representación de las masas.
El Soviet de Petrogrado incluyó en la lista de sus delegados en la conferencia a Lenin y a Zinóviev. El gobierno dio orden de detenerlos al entrar en el teatro, pero no en la misma sala de sesiones: tal era, por las trazas, el compromiso pactado entre los conciliadores y Kerenski. Pero las cosas no pasaron de una demostración política del Soviet: ni Lenin ni Zinóviev tenían el propósito de presentarse en la conferencia. Lenin consideraba que nada tenía que hacer allí con los bolcheviques.
La conferencia se inauguró el 14 de septiembre, un mes después justamente de la Conferencia nacional, en el Teatro Alexandrinski. El número de delegados nombrados era de 1.775. Cerca de 1.200 se hallaban presentes al abrirse la sesión. Los bolcheviques, ni que decir tiene, estaban en minoría. Pero, a pesar de todo los artificios del sistema electoral, representaban un núcleo muy importante, que en algunas cuestiones agrupó en torno a más de la tercera parte de los delegados.
¿Convenía a la dignidad de un gobierno fuerte presentarse ante una Conferencia "particular"? Esta cuestión suscitó en el palacio de Invierno grandes vacilaciones, que tuvieron su repercusión en el Teatro Alexandrinski. El jefe del gobierno decidió, al fin, presentarse a la democracia. "Recibido con aplausos -cuenta Schliapnikov, refiriéndose a la aparición de Kerenski- se dirigió a la mesa para estrechar la mano a los que estaban sentados en torno a ella. Nos llegó el turno a nosotros (los bolcheviques), que ocupábamos nuestros asientos a escasa distancia unos de otros. Nos miramos, y convinimos rápidamente no darle la mano. Un gesto teatral a través de la mesa. Yo me hice atrás ante la mano que se me ofrecía, y Kerenski, con la mano extendida que nadie estrechó, siguió adelante." El jefe del gobierno encontró la misma actitud en el flanco opuesto: en los kornilovianos. Y fuera de éstos y de los bolcheviques, no quedaban ya fuerzas reales.
Obligado por toda la situación a explicarse respecto de su papel en el complot, Kerenski mostró asimismo en esa ocasión excesiva confianza en sus dotes improvisadoras. "Sé lo que querían -se le escapó decir-, porque antes de buscar a Kornílov se me habían presentado para proponerme ese camino." Desde la izquierda gritan: "¿Quién se le presentó?... ¿Quién se lo propuso?" Asustado por la resonancia de sus propias palabras, Kerenski se había refrenado ya. Pero el fondo político del complot había quedado al descubierto. El conciliador ucraniano Porch, a su regreso, decía ante la Rada de Kiev: "Kerenski no consiguió demostrar que no estaba complicado en la sublevación de Kornílov." Pero no fue menos rudo el golpe que se asentó a sí mismo el jefe del gobierno en su discurso. Cuando por toda respuesta a las frases de que estaba harto ya todo el mundo: "en el momento del peligro, todos se presentan y se explican", etc., se le gritó: "