jueves, 26 de noviembre de 2015

PODEMOS (INFORMACIÓN)


La sociedad civil en muchos rincones del mundo se está organizando para manifestarse el 28 y el 29 de noviembre, horas antes de la cumbre de Naciones Unidas sobre cambio climático que se celebrará en París del 30 de noviembre al 11 de diciembre. Por el momento, los compromisos presentados son insuficientes para frenar el camino al colapso ambiental al que el modelo imperante de producción y consumo basado en la quema de combustibles fósiles nos está dirigiendo.

Necesitamos movilizarnos y cambiar el gobierno y las políticas del Estado español para combatir el calentamiento climático global. Podemos quiere que quede claro que solo un cambio de modelo productivo, basado en las energías renovables y la agroecología, será capaz de frenar el cambio climático y que no estamos dispuestos a tolerar las falsas soluciones (como especulación financiera en los mercados de carbono, el mal llamado «carbón limpio», energía nuclear o fracking) que saldrán de la cumbre de París y que buscan tan solo perpetuar un modelo injusto y profundamente desigual.

Tras el anuncio de las autoridades francesas de prohibir las manifestaciones que iban a tener lugar en París, Podemos invita a la ciudadanía a participar con más determinación que nunca en la movilizaciones, como símbolo de solidaridad con los parisinos y todas las personas víctimas de la guerra y el terrorismo, y para que nuestras voces resuenen altas y claras en la cumbre de París.

Podemos anima a toda la sociedad a participar masivamente en las movilizaciones convocadas el 28 y el 29 de noviembre en diferentes puntos del país para exigir políticas coherentes por la justicia climática y por la paz. 

En Madrid, el 29 de noviembre a las 12 de la mañana, la Marcha mundial por el clima recorrerá la calle de Alcalá, desde Cibeles hasta la Puerta del Sol, donde se realizará la lectura de un manifiesto.

Alianza por el Clima, responsable de la convocatoria de Madrid, está formada por más de 400 organizaciones que representan al movimiento ecologista, al sindical, al de cooperación al desarrollo, a la ciencia y a la investigación, a los consumidores y defienden un nuevo modelo energético.

Un saludo.

¡Juntos Podemos!
 
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LA GUERRA QUE VIENE DESPUES DEL 20 D SI LOGRAN MAYORIA PARA FORMAR GOBIERNO PP / PSOE Y EL NARANJO (REFLEXIONES MUY TARDÍAS PARA PODER EVITARLA)

Doctrina Monroe: de América Latina para el mundo
La quimera planetaria del imperialismo estadounidense y la enmascarada lucha de clases mundial tildada de "terrorista"

26.11.2015
 
Por medio de copiosa documentación del Gobierno estadounidense, en el libro Imperialismo y Cultura (1979) el sociólogo Octavio Ianni señaló, con la claridad necesaria, la relación indiscernible entre imperialismo y violencia.
 
Para Ianni, el imperialismo gringo, a partir de la II Guerra Mundial, sobrepasó a los demás porque supo desplazar las técnicas militares a todos los planos de la sociedad.
 
La dinámica expansionista del imperialismo yanqui es, pues, la que sin descuidar la fuerza bélica la dilata, como técnica de dominación, al plano financiero, cultural, económico, educativo, transformando al fin y al cabo la propia cotidianidad de los pueblos subyugados en arma de guerra suicida, siempre teniendo en cuenta la relación entre imperialismo y violencia.
 
Si esta relación de base, imperialismo y violencia, constituye, en diálogo con Ianni, el núcleo del avance técnico-militar gringo, desbordando a todas las esferas de la vida social, la forma de realizar este procedimento está diretamente vinculada al reto de dar una dimensión continental a los problemas de los países latinoamericanos.
 
La profusión de golpes militares, jurídicos, económicos, mediáticos y congresísticos (todo al mismo tiempo) orquestados por el imperialismo estadounidense en el pasado y en el presente nos ahogó y condenó al subdesarrollo a través de una relación dicotómica entre dictadura y democracia burguesa, al estilo del american way of life: que, ahora, ya se sabe, es death.
 
Lo que se vislumbra en este horizonte dicotómico de estado de sitio y estado de tregua puede ser analizado como una técnica militar más, al estilo del imperialismo gringo, para América Latina; técnica anclada en el juego bipolar entre estado de excepción declarado, por medio de golpes de estado, y la “normalidad” institucional, estrecha, ya que es sin pueblos como sujetos históricos.
 
La trágica consecuencia de esta técnica militar de dominación imperialista es la Pax Americana, comprendida simplemente como dominación instalada, lo que sólo es posible cuando la cultura imperialista yanqui se vuelve la cultura de los pueblos subyugados.
 
En este sentido, la Pax Americana, se constituye como una técnica militar de subjetivación cotidiana del dominio estadounidense.
 
Es, pues, cuando se vuelve oculta para los dominados y, más que eso, cuando éstos desean el estilo gringo de vida, encarnándolo, subjetivamente, que el imperialismo gringo, como un acto de magia, consigue naturalizar la cultura de su dominación, transformándola en la cultura de los dominados.
 
Para alcanzar este objetivo, los golpes de estado fueron y son usados como formas de conjurar dos “demonios”: el marxismo revolucionario y el nacionalismo.
 
El primero, el marxismo revolucionario, porque contiene en sí una perspectiva laica que afirma la historia como proceso positivo de producción de igualdades, poniendo de relieve al propio imperialismo, como referencia a ser necesariamente superada y eliminada; y el segundo, porque presupone la producción de una agenda nacional fuera de la subyugada continentalización de América Latina, cuestionándola como alternativa y, por extensión, rechazando las “recetas” político-económicas presentadas por el imperialismo yanqui.
 
En este contexto, si los golpes militares son orquestados con el claro objetivo de “cazar brujas” nacionalistas y marxistas, eliminándolas a la fuerza; el momento consecuente de la Pax Americana, para impedir el regreso de los oprimidos, debe apropiarse del sistema de enseñanza y de la industria cultural, con el objetivo de formar cuadros ideológicamente orientados a descalificar al marxismo revolucionario y al nacionalismo.
 
Bajo este punto de vista, corrientes teóricas como estudios culturales, multiculturalismo, pos-colonialismo y decolonialismo, tan en boga en las universidades del mundo entero, pueden ser analizadas como este momento del falso de la Pax Americana, no siendo casual que sean profundamente antimarxistas y antinacionalistas, bastando verificar sus clichés: fin de las dicotomías y de los maniqueísmos, fin del Estado-Nación, fin del sujeto, fin de las ideologías, fin del imperialismo, fin de las grandes narrativas revolucionarias, las llamadas metanarrativas; fin de la universalidad, acusada de autoritaria; fin de la propia idea de finalidad, concebida como despótica, monumental e indiferente a las singularidades y multiplicidades, tan masacradas, es lo que creen, por el socialismo real del siglo XX, en el supuesto de que finalmente son libres, en el genocida contexto de paz de los sepulcros de la guerra total del imperialismo estadounidense contra los pueblos del mundo.
 
Con tantos fines de los fines, la Pax Americana tiene la siguiente técnica militar, de forma omnipresente, como horizonte de su proyecto de dominación, a saber: el fin de la Historia, entendido como movimento abierto, y su cierre definitivo no sólo en la civilización burguesa, sino primero que todo en el modelo imperialista gringo.
 
Si la Doctrina Monroe, anunciada por el quinto presidente de EE.UU, James Monroe, y atribuída a él, en 1823, aunque fue John Quincy Adams quien la elaboró y por ello se convirtió en sexto mandatario, fue la contraseña militar-ideológica del imperialismo yanqui para la dominación de América Latina, teniendo en cuenta el juego dicotómico entre los golpes militares y la Pax Americana, la Doctrina Truman, de 1947, presentada al mundo en la Grecia arrasada por la II Guerra Mundial, puede ser concebida como el inicio del proceso de latinoamericanización del planeta, dentro de la misma lógica de la caza de brujas del nacionalismo y del marxismo revolucionario, con el fin de orientar la Pax Americana como el fin de la historia en todo el mundo.
 
En este sentido, la Doctrina Truman, puede ser analizada como el primer esbozo de modelo cultural-productivo del imperialismo gringo, a un mundo supuestamente sometido, dominado por la hegemonía de la Pax Americana.
 
Para ratificar tal hegemonía, sería indispensable inscribir la técnica militar básica del imperialismo estadounidense (inscrita en la forma: violencia + paz de los sepulcros, típica de la Doctrina Monroe), en el corazón sin corazón de las nuevas tecnologías de comunicación (o, más bien... de información): nace ahí la industria cultural del imperialismo yanqui, descrita así por Ianni:
 
“En las relaciones imperialistas, la industria cultural desempeña papeles especiales, además de los que desempeña al interior de la sociedad dominante. La industria cultural del imperialismo se enfrenta constantemente tanto al proletariado como a la burguesía y a la clase media del país dependiente. Las fuerzas militares y policiales de los países subordinados son un objetivo constante y prioritario de esa industria. Esta se enfrenta a la conquista y reconquista, indefinidamente, de unos y otros, de sus concepciones, organizaciones y liderazgos, a fin de que las propias relaciones imperialistas puedan seguir reproduciéndose.” (Octavio Ianni, Imperialismo y Cultura: 26)
 
Con Ianni, la industria cultural del imperialismo yanqui extiende la Doctrina Monroe al planeta eliminando al marxismo revolucionario y a los nacionalismos, al mismo tiempo en que escribe y reescribe las narrativas dominantes de la Pax Americana en los programas de radio, en el cine, en la programación televisiva, en los diarios impresos, transformando todo en industria cultural, incluso el pensamento, la ciencia, la política y el arte, al mismo tiempo que sustituye el mundo de la producció