jueves, 4 de mayo de 2017

L´ESTACA, LO QUE NO ES L´ESTACA Y LO QUE ALGUNOS SACAN DE L´ESTACA


L´estaca es una canción de los años 70, una canción protesta decían algunos que era. Yo como otros muchos hacía de ella un símbolo y a él me adscribía, y me adscribo. Yo no veía aquella canción como algo específico contra el franquismos (esto me parecía y me parece un simplismo como otro cualquiera, y por tanto con poco o ningún valor analítico, que era lo que me interesaba y sigue interesando), sino contra la injusticia que representaba aquel régimen. Todavía la escucho de vez en cuando.

Escuchaba y también sigo escuchando las Jotas de ronda de La Bullonera (... y mas te vale ite ahora, que se nos hinchen los huevos, y caigas de cabecica del Puente Piedra hasta el Ebro,,,) contra las bases americanas en España, empezando por la de Zaragoza.

Así, pues, ni la una ni la otra (junto a muchas otras) me las tomaba (ni me las tomo) literal y materialmente al pie de la letra, sino como representativas de algo contra lo que estaba y estoy.

Hay sin embargo muchos y muchas, o mejor dicho, muy pocos y pocas que parecen muchos porque tienen medios de comunicación a su disposición para envenenar a la opinión pública, que de cualquier cosa, por ejemplo, de un pedo mal dado a una lata,  o de la E´estaca tomada literal y materialmente como un cacho palo para romperle los sesos a otro, construyen un argumento contra todo lo que pudiera provenir del pensamiento de izquierdas, o cuando menos que no diga: sí señor Rajoy, puede usted robarme cuanto quiera, que además le presentaré un amigo para que le robe a él también..., y a mandar, señor Rajoy, que para eso estamos.


Pero claro, esta es mi posición personal al respecto de lo comentado, porque también puede haber otras









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Un añadido a una carta de siete ciudadanas sobre Lluís Llach y L’estaca


03.05.2017



Siete ciudadanas enviaron una carta al director de El País que se publicó el pasado jueves, 27 de abril. Muy breve, decía lo siguiente: “Creíamos que cantar L’estaca era cantar contra Franco, contra el franquismo, contra la dictadura. Ahora resulta que L’estaca éramos nosotras, mujeres de Madrid, de Segovia, de Murcia, de A Coruña… Y ahora nosotras señor Llach, ¿qué hacemos con su música?”¿Qué hacemos con su música, preguntan estas compañeras? Lo que mejor estime cada una por supuesto. Yo ya no la escucho a pesar de haber sido durante muchos años parte esencial (al lado de Raimon, Paco Ibáñez, Labordeta, Oskorri, Prada, Morente, Gerena y Luis Pastor) de mi marco musical popular. No por sectarismo político-cultural. Es que no puedo. La rabia y la indignación me lo impiden. Me siento absolutamente traicionada. No entiendo que alguien que pudo componer, escribir y cantar Abril del 74 o Campanades a mort sea ahora diputado (al lado de Mas, Junqueras o Turull) de una coalición secesionista (y de ricos o bien situados), profundamente antiespañola sin matices y fuertemente neoliberal como Junts pel sí.

Pero no es ese el punto de esta nota. Es este: no se trata de que compañeras antifascistas que viven fuera de Cataluña sientan que son L’estaca en tanto que españolas (España contra Cataluña, .Cat es esclava de Cataluña, los españoles nos ahogan, nos impiden ser lo que queremos ser, nos roban cada año 16.000 millones de euros, etc.) sino que muchas otras, de aquí, de .Cat, de otra .Cat que apenas conoce el empresario vinícola Llach, yo por ejemplo que vivo en Santa Coloma de Gramenet, una ciudad obrera pegada a Barcelona, también somos parte de esa estaca. ¿Y eso por qué? Porque no somos secesionistas y para nosotras son tan importantes Salvat Papasseit o Rosselló-Pòrcel como Celaya, Castelao, Cernuda, Aresti, Gamoneda, Jorge Riechmann, Alberti, Gil de Biedma o don Antonio Machado. ¿Cómo, si no fuera así, podríamos pensarnos?

Para entendernos: un himno antifranquista, no es el único caso, lo han transformado en una canción nacionalista-secesionista. Con la señera lo mismo; la única válida es la suya, la estelada. Que Podemos usara la canción -no sé si lo sigue haciendo- en algunos de sus reuniones o encuentros es absolutamente incomprensible (sabiendo lo que sabemos de ese cambio de significantes no vacio). El despiste, como ocurre con la inclusión de autodeterminación (independencia!) en la marcha obrera, en la marcha de la dignidad del 28 de mayo, no tiene parangón. Así no hay forma, cómo vamos a ser, digamos lo que digamos, una alternativa nacional-popular. ¿Dónde situamos nuestra tradición federalista? ¿Dónde ubicamos la unión fraternal de todos los pueblos de España? ¿Es música trasnochada?

Por debajo de todo esto una idea tan básica como la siguiente: no valen currículums (o curricula como decía, dándoselas de culto, aquel ministro franquista que firmó penas de muerte): somos lo que ahora somos, no lo que fuimos. Llach fue un autor y cantante antifranquista; ahora es un diputado secesionista que da charlas, cuenta cuentos falsarios, un empresario al que, por todo lo que dice, el resto de trabajadoras españolas le importa un higo. No somos de los suyos, no somos parte de su Patria. La de Mas, Millet, Pujol junior, Ferrusola y don Pujol i Soley. ¡Menuda compañía! ¡Todo un proceso de liberación hacia Itaca!

Por lo demás, y puestos a hablar de L’estaca y de sus miembros, ¿dónde situarle a él después de sus declaraciones sobre los funcionarios, el cumplimiento de las nuevas “leyes catalanas” y las sanciones?

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LA PETULANCIA O HERRERA CARLOS LOCUTOR DE USTEDES DE LA CADENA COPE PARA ESTAR INFORMADOS, O SEA, QUE ES LO MISMO LA LECHE QUE EL CALDO TETA


Petulancia - Qué es, origen y concepto

Eco Republicano
01.05.2017 


Petulancia - Qué es, origen y concepto
La petulancia, tiene su origen en el vocablo latino petulantĭa, hace referencia a la arrogancia, la altanería y el engreimiento de una persona. Es un tipo de actitud sumamente molesta, en la medida en que busca llamar la atención ajena y a la vez constituye una actitud irrespetuosa y desconsiderada de una persona hacia otra. Desde esta perspectiva es totalmente correcto que constituye un vicio o defecto de carácter que puede minar enormemente las relaciones con los demás. El petulante tiende a agrandar sus hazañas y evita hacer referencia a sus problemas, a sus defectos y a sus fallas. Puede ser comprensible en edades tempranas de la vida, pero sumamente criticable cuando ya se está en una edad madura.

La petulancia debe entenderse en íntima relación con la soberbia. Esta falta moral es enormemente señalada pero pocas veces se reflexiona acerca de su naturaleza. Una definición clásica remite a que la soberbia es el amor desordenado a sí mismo. Esto significa que se dará más importancia a los propios anhelos, a la propia condición que a la ajena. Dada esta actitud, es entendible que se considere a la soberbia la raíz de los demás vicios, de los demás defectos. En efecto, el soberbio se ve a sí mismo como ideal, sin que existan posibles fallas, circunstancia por la cual se verá reacio a intentar cambiar algún tipo de falla; solo puede mejorarse lo que se asume como imperfecto.

En la petulancia se expresa esta soberbia tanto en la oralidad como en el comportamiento para con otros. Así, se referirán las acciones propias como grandes hechos, como dignas de ser replicadas por los demás. El petulante descalificará, por el contrario, cualquier observación ajena por el solo hecho de que proviene de otra persona, sin que por ello se considere si la observación es positiva y si puede agregar valor. Todo este tipo de comportamiento se ve reflejado en un intento por ser el centro de la atención en todo momento.

Dado lo expuesto, es fácil observar que la petulancia es un defecto que perjudica enormemente tanto al que la manifiesta como a aquel que la presencia. Una forma de atacar el problema es confrontar con la persona que tiene este tipo de actitudes para que tome conciencia de su situación; en caso de que la misma se niegue a entrar en razón (cosa harto posible) bastará con ignorarla, pocas cosas hacen reflexionar más a una persona de estas características, necesitadas del reconocimiento ajeno, que negárselo.

Fuente: definicion.mx

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