viernes, 31 de marzo de 2017

100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA, 4 DE 25


León Trotsky

HISTORIA DE LA REVOLUCION RUSA
Tomo II



 marxistsfr.org

Capitulo IV

El mes de la gran calumnia 

El 4 de julio, a hora ya avanzada de la noche, cuando doscientos miembros de los Comités ejecutivos -el de obreros y soldados y el de campesinos- languidecían entre dos sesiones igualmente estériles, llegó hasta ellos un rumor misterioso: acababa de descubrirse que Lenin estaba en relación con el Estado Mayor alemán; al día siguiente publicaría la prensa documentos reveladores. Los sombríos augures de la presidencia, al cruzar la sala para dirigirse a los pasillos, donde ni un instante cesan los conciliábulos, responden de mala gana y con evasivas a las preguntas, incluso a las que su misma gente les hace. En el palacio de Táurida, abandonado casi completamente ya por el público, reina el estupor. ¿Lenin al servicio del Estado Mayor alemán? La perplejidad, el asombro, el júbilo reúnen a los diputados en grupos animados. "Como es natural -advierte Sujánov, muy hostil a los bolcheviques en los días de julio-, ninguno de los hombres ligados realmente a la revolución duda lo más mínimo de que esos rumores son absurdos." Pero los hombres dotados de un pasado revolucionario constituían una minoría insignificante entre los miembros de los comités ejecutivos. Los revolucionarios de marzo, elementos casuales arrastrados por la primera ola, predominaban hasta en los órganos soviéticos dirigentes. Muchos de los diputados provinciales, reclutados entre los escribientes, tenderos, etc., tenían un espíritu francamente reaccionario. Esta gente dió, sin tardar, rienda suelta a su satisfacción: ¡Eso ya lo tenían previsto ellos! ¡Era de esperar!
Asustados por el sesgo inesperado y demasiado brusco que había tomado el caso, los jefes intentaron ganar tiempo. Cheidse y Tsereteli telefonearon a las redacciones de los periódicos aconsejando se abstuvieran de hacer públicas las sensacionales revelaciones hasta que estuvieran plenamente comprobadas. Las redacciones no se atrevieron a negarse a hacer el "favor" que se les pedía desde el palacio de Táurida. Pero hubo una excepción. Un periodicucho amarillo, publicado por Suvorin, el gran editor del Novoye Vremia, sirvió a sus lectores, al día siguiente por la mañana, un documento que tenía todo el carácter de oficioso, en el cual se denunciaba que Lenin recibía dinero e instrucciones del gobierno alemán. La prohibición había sido quebrantada y la sensacional noticia llenaba, un día más tarde, las columnas de toda la prensa. Así se inició el episodio más inverosímil de ese año, rico en acontecimientos: los jefes del partido revolucionario, que durante décadas enteras habían luchado contra los señores coronados y no coronados, eran presentados al país y al mundo entero como agentes a sueldo de los Hohenzoliern. La inaudita calumnia fue arrojada a las masas populares, cuya mayoría aplastante oía, por primera vez después de la revolución .,de Febrero, los nombres de los caudillos bolcheviques. La calumnia se convertía en su factor político de primer orden. Esto hace necesario un estudio más atento de su mecánica.
El sensacional documento tenía su origen en la declaración de un tal Yermolenko. He aquí, según los datos oficiales, quién era ese héroe: En el período comprendido entre la guerra con el Japón y el año 1913, estuvo al servicio del contraespionaje; en 1913, fue separado del ejército -en cuyas filas había llegado a tener el grado de alférez- por razones que se desconocen; en 1914, fue llamado a filas, hecho prisionero honrosamente y tuvo a su cargo la vigilancia policíaca de los prisioneros de guerra. Sin embargo, el régimen del campamento de concentración no era muy del gusto de este espía, y "a petición de los compañeros" -así lo declaró él mismo-, entró al servicio de los alemanes, con miras, ni que decir tiene, patrióticas. Abrióse con esto un nuevo capítulo en su vida. El 25 de abril, Yermolenko fue "trasladado" al frente ruso por las autoridades alemanas, con la misión de volar puentes, dedicarse al servicio de espionaje, luchar por la independencia de Ucrania y llevar a cabo una agitación en favor de la paz separada. Los capitanes alemanes Schiditski y Libers, contratados por Yermolenko para estos fines, le comunicaron, además, de pasada, sin ninguna necesidad práctica, únicamente para darle ánimos, por las trazas, que a más de él trabajaría en el mismo sentido en Rusia... Lenin. Tal era la base de todo el asunto.
¿Qué es lo que inspiró a Yermolenko, o mejor dicho, quién le movió a hacer esta declaración acerca de Lenin? De cualquier modo, no fueron los oficiales alemanes. Un simple cotejo de datos y hechos nos conduce al laboratorio mental del alférez. El 4 de abril, hizo públicas Lenin sus famosas tesis, que implicaban la declaración de guerra al régimen de febrero. El 20-21 tuvo lugar la manifestación armada contra la continuación de la guerra. La campaña contra Lenin se desencadenó como un huracán. El 25, Yermolenko pasó al frente, y en la primera mitad de mayo se puso en contacto con el contraespionaje en el Cuartel general. Los ambiguos artículos periodísticos que hacían ver que la política de Lenin era ventajosa para el káiser, movían a la gente a creer que Lenin fuera un agente alemán. En el frente, los oficiales y los comisarios, en lucha con el irresistible "bolchevismo" de los soldados, se mostraban aún menos escrupulosos en la elección de las expresiones cuando se trataba de Lenin. Yermolenko se sumergió inmediatamente en esa corriente. No tiene importancia saber si fue él mismo quien inventó esa frase absurda relativa a Lenin, si se la dijo algún inspirador o si la amañaron, junto con él, los agentes del contraespionaje. Era tan grande la demanda de calumnias contra los bolcheviques, que la oferta no podía dejar de aparecer. Denikin, jefe del Estado Mayor del Cuartel general y futuro generalísimo de los blancos en la guerra civil, hombre que personalmente no se elevaba muy por encima del horizonte de los agentes del contraespionaje zarista, concedió o fingió conceder gran importancia a la declaración de Yermolenko, y el 16 de mayo la mandó al ministro de la Guerra, acompañada de la carta correspondiente. Es de suponer que Kerenski cambió impresiones con Tsereteli o Cheidse, los cuales contuvieron, seguramente, su noble vehemencia; esto explica que las cosas no pasarán adelante. Kerenski ha dicho posteriormente que Yermolenko había denunciado las relaciones existentes entre Lenin y el Estado Mayor alemán, pero no "de un modo suficientemente fidedigno". Durante mes y medio el informe de Yermolenko-Denikin quedó sobre el tapete. El contraespionaje licenció a Yermolenko por no tener necesidad alguna de él, y el alférez se fue