lunes, 10 de diciembre de 2018

FASCISMO = SIM-PLIS-MO MEN-TAL + U-NI-LA-TE-RA-LI-DAD, mi querida María Peral. EL ANTÍDOTO CONTRA VOX NO ES SU CRIMINALIZACIÓN NI SU DESCALIFICACIÓN, SINO EL ANÁLISIS DE SUS HECHOS, Y ESTO OCURRIRÁ CUANDO LA IZQUIERDA BAJE DEL GUINDO, mi querida Maria Peral y no haciendo de inquisidora chiquitilla del Grupo Podemos, por el derecho a decidir. Más CÍRCULOS EN FUNCIONAMIENTO, MÁS CÍRCULOS ANALIZANDO PROBLEMAS CONCRETOS (de esos que no están en los libros, ni en las cabezas, sino en la práctica) Y MENOS LÍDERES, MENOS CONSIGNAS A BOTE PRONTO Y MÁS Y MEJOR ORGANIZACIÓN SOCIAL, querida. ASÏ COMO ME ACUSABAS DE BLANQUEAR EL FASCISMO, AHORA QUE YA SABES QUE ES EL FASCISMO (SIMPLICIDAD MENTAL Y UNILATERALIDAD), AYÚDAME TÚ A MI A DENUNCIAR EL FASCISMO



Más allá de Vox: serenidad activa

Rebelión
Infolibre
10.12.2018


Toda mi vida he pertenecido a la izquierda. Como tal, me siento interpelado no solo por los resultados de las elecciones andaluzas sino también por algunas reacciones que se dan en la izquierda.
La participación ha experimentado un retroceso importante: un 58,6% frente al 62,6% de 2015.
Los resultados de la izquierda son inmisericordes. El PSOE ha perdido 402.035 votos y 14 escaños. Adelante Andalucía ha obtenido 282.519 votos y 3 escaños menos que la suma de Podemos e Izquierda Unida en 2015.
La derecha, por su parte, ha sumado 369.303 votos más y 59 escaños frente a los 42 de las anteriores autonómicas, lo que le da bastantes posibilidades de gobernar Andalucía.
El abanico político de la derecha se refuerza con un partido más extremista, Vox, que aparece asociado a las peores ideas y tradiciones de una derecha, la española, con frágiles raíces democráticas. Su éxito y su acceso al Parlamento andaluz, nada menos que con casi 400.000 votos y doce escaños, le brindan una rampa de lanzamiento para aumentar su influencia sobre el PP y Ciudadanos, y le van a colocar en mejor posición para afrontar las citas electorales de 2019 y las elecciones generales.
El desembarco de Vox parece haber activado las alarmas en la izquierda, pero algunas de las reacciones que observo no me parecen muy apropiadas.
La toma de conciencia sobre la gravedad del mapa político dibujado por las recientes elecciones no debería llevar, a mi juicio, a confundir a Vox, y al PP y a Ciudadanos con la masa de sus votantes. No cabe duda de que Vox es una formación de extrema derecha. Una parte de las personas que le han votado también lo son. Pero no se puede decir que todas ellas se puedan caracterizar así. Conceptuar de esa forma al conjunto de ese electorado contribuye a crear nuevos lazos internos, identitarios y solidarios, donde inicialmente no los había.
Está corriendo por las redes un texto a favor de la ilegalización de Vox. Preconizar las ilegalizaciones de los partidos políticos, por sus ideas y no por sus hechos, como ocurre en este caso, supondría restringir las libertades, estableciendo un precedente que podría perjudicar a otras fuerzas en el futuro. Además, ¿la ilegalización no serviría para otorgar a Vox el papel de víctima?
Tampoco considero atinada la emergencia de una nueva e intempestiva teatralidad antifascista poco precisa políticamente y que corre el riesgo de regalar a Vox el puesto de titular de la extrema insatisfacción.
Por no hablar de esas invitaciones a reactivar el espíritu del 15-M, que nadie sabe en qué puede consistir en el momento actual.
Pienso que necesitamos tomar distancia con los ritos autorreferenciales; dejar atrás el estéril y ruidoso verbalismo radical, a la medida de las demandas autoafirmativas de la propia parroquia, y que ignoran a las mayorías sociales; no insistir en los mensajes fundamentalmente defensivos; renunciar al melodramatismo que tan pesadamente ha gravitado sobre la historia de España, y al que las últimas generaciones, afortunadamente, han venido dando la espalda. Hace falta menos retórica vacía y más sentido autocrítico; menos gesticulación, menos juegos de rol y más propuestas políticas concreta. A la radicalización de derecha no se le resta fuerza señalando con el dedo a su electorado sino restando razones a los manipuladores.
Es hora de ahondar en el por qué de las cosas; preguntarse honestamente por las causas del retroceso de la izquierda y del avance de la derecha.
Cuando esta progresa nos interesa saber qué hay detrás de ese crecimiento, de qué insatisfacciones es deudor, y qué cambios serían necesarios para tratar de invertir esa tendencia.