miércoles, 5 de abril de 2017

100 AÑOS DE LA REVOUCIÓN RUSA (8 / 25)


León Trotsky

HISTORIA DE LA REVOLUCION RUSA

Tomo II

Capitulo VIII


El complot de Kerenski                  

La Conferencia de Moscú empeoró la situación del gobierno, poniendo de manifiesto, según las justas palabras de Miliukov, que "el país se dividía en dos bandos, entre los cuales no podía haber en el fondo conciliación ni acuerdo". La conferencia animó a la burguesía y acentuó su impaciencia. Por otra parte, dio un nuevo impulso al movimiento de las masas. La huelga de Moscú abre un período que se caracteriza por la rápida evolución de los obreros y soldados hacia la izquierda. A partir de ese momento, los bolcheviques progresan de un modo irresistible. Sólo los socialrevolucionarios de izquierda y, en parte, los mencheviques radicales, consiguen conservar cierta influencia entre las masas. La organización menchevista de Petrogrado señaló su viraje político hacia la izquierda con la exclusión de Tsereteli de las lista de candidatos a la Duma municipal. El 16 de agosto, la Conferencia de los socialrevolucionarios de Petrogrado exigió, por veintidós votos contra uno, la disolución de la asociación de oficiales cerca del Cuartel general, y la adopción de otras medidas decisivas para acabar con la contrarrevolución. El 18 de agosto, el Soviet de Petrogrado, no obstante la oposición de su presidente, Cheidse, puso a la orden del día la abolición de la pena de muerte. Al irse a proceder a la votación, Tsereteli pregunta en tono provocativo: "Si una vez tomada vuestra resolución, no es abolida la pena de muerte, ¿llamaréis a la multitud a la calle para exigir el derrumbamiento del gobierno?" "Sí -le gritan como contestación los bolcheviques-, sí; incitaremos a la masa a lanzarse a la calle, y procuraremos derrumbar al gobierno." "Levantáis mucho el gallo ahora" -dice Tsereteli-. Los bolcheviques levantaban el gallo en unión de las masas. Los conciliadores, en cambio, lo bajaban cuando las masas lo levantaban. La demanda de abolición de la pena de muerte es aceptada por todos los votos, cerca de novecientos, contra cuatro. Estos cuatro son: Tsereteli, Cheidse, Dan y Líber. Cuatro días después, en el congreso de los mencheviques y grupos afines, en el cual fueron aceptadas, con la oposición de Mártov, las proposiciones de Tsereteli referentes a todas las cuestiones fundamentales, se adoptó sin discusión la demanda de abolición inmediata de la pena de muerte: Tsereteli, impotente ya para resistir, guardó silencio.
Los acontecimientos en el frente hicieron aún más irrespirable la atmósfera política.
El 19 de agosto, los alemanes rompieron el frente ruso en Ixkiul, y el 21 ocuparon Riga. La realización de la profecía de Kornílov fue, como se había convenido de antemano, la señal para la ofensiva política de la burguesía. La prensa decuplicó la campaña contra los "obreros que no trabajan" y los "soldados que no combaten". Se hacía responsable de todo a la revolución: ésta había cedido Riga y se disponía a ceder Petrogrado. La campaña contra el ejército, tan furiosa como la de mes y medio o dos atrás, no tenía ahora la menor justificación. En junio, los soldados se habían negado, efectivamente, a atacar: no querían remover el frente, sacar a los alemanes de su pasividad, reanudar el combate. Pero en las inmediaciones de Riga, la iniciativa del ataque había partido del enemigo, y la conducta de los soldados fue muy distinta. Precisamente, las fuerzas del 10.º Ejército, las que habían sufrido más los efectos de la propaganda, fueron las que menos se dejaron llevar del pánico.
El general Parski, que mandaba el ejército, se vanagloriaba, y no sin fundamento, de que la retirada se efectuara de un modo "ejemplar", hasta tal punto, que ni siquiera podía ser comparada con la de Galitzia y de la Prusia oriental. El comisario Voitinski comunicó: "Nuestras tropas realizan honradamente y sin rechistar la tarea que les ha sido encomendada; pero no se hallan en estado de resistir durante mucho tiempo el ataque del enemigo, y se retiran lentamente, paso a paso, sufriendo pérdidas enormes. Considero necesario señalar la bravura excepcional de los tiradores letones, que, a pesar de su completo agotamiento, han sido enviados de nuevo al combate..." En su comunicado, el menchevique Kuchin, presidente del comité del ejército, se expresa con más entusiasmo todavía: "El estado de espíritu de los soldados es admirable. Según el testimonio de los miembros del comise y de los oficiales, una firmeza como la que han manifestado ahora, no se había visto nunca." Otro representante de ese mismo ejército decía unos días después en la reunión de la mesa del Comité ejecutivo: "En el punto más comprometido, no había más que la brigada letona, compuesta casi exclusivamente de bolcheviques... Al recibir la orden de avanzar, la brigada se puso en marcha con las banderas rojas y las bandas de música, y se batió con un valor extraordinario." Posteriormente, Stankievich se expresaba en el mismo sentido, aunque de un modo más reservado: "Incluso en el Cuartel general, donde había personas que buscaban deliberadamente la posibilidad de hacer recaer las culpas sobre los soldados, nadie pudo comunicarme un solo caso concreto en el cual hubiera dejado de ejecutarse una orden." Los marinos desembarcados para tomar parte en las operaciones de Moondzund, dieron asimismo pruebas, como lo atestiguan los documentos oficiales, de notable firmeza.
Uno de los hechos que ejercieron una influencia en el estado de ánimo de los soldados, sobre todo de los tiradores letones y de los marinos del Báltico, era que en esa ocasión se trataba directamente de la defensa de los dos centros de la revolución: Riga y Petrogrado. Las tropas más avanzadas se habían penetrado ya de la idea bolchevista de que "clavar la bayoneta en el suelo" no significaba resolver la cuestión de la guerra, de que la lucha por la paz era inseparable de la lucha por el poder, esto es, de una nueva revolución.
En el caso de que algunos comisarios, asustados por la presión de los generales, exagerasen la firmeza del ejército, queda el hecho incontestable de que los soldados y marinos cumplían las órdenes y morían. No podían hacer más. Así y todo, puede decirse, que en el fondo, no hubo defensa. Por inverosímil que pueda parecer, el duodécimo ejército fue cogido completamente desprevenido. Había insuficiencia de todo, de hombres, de cañones, de municiones, de contragases, el servicio de comunicaciones estaba pésimamente organizado. Los ataques no se podían efectuar, porque para los fusiles rusos se habían mandado cartuchos de tipo japonés. Sin embargo, no se trataba de un sector accidental del frente. La importancia de la pérdida de Riga no era un secreto para el alto mando. ¿Cómo explicar el estado excepcionalmente lamentable de los medios de defensa y de los recursos del duodécimo ejército?... "los bolcheviques -dice Stankievich- empezaron ya a difundir el rumor de que la ciudad había sido cedida a los alemanes deliberadamente, porque el mando quería liberarse de este nido y vivero de bolchevismo. Estos rumores no podían dejar de merecer crédito al ejército, el cual sabía que, en el fondo, no había habido defensa ni resistencia." En efecto, ya en diciembre de 1916, los generales Ruski y Brusílov se lamentaban de que Riga fuera