miércoles, 18 de julio de 2018

EL PADRE, EL HIJO, EL ESPÍRITU SANTO, JUAN, CATALINA, ANA Y SU CUÑADO DEL CAPITAL, ES ACRECENTAR SUS CAPITALES, REVIENTE QUIEN REVIENTE, AMÉN, JESÚS



El periodista japonés Kolin Kobayashi habla sobre las consecuencias del accidente nuclear
"No hablamos de los peligros tras Fukushima porque entraríamos en pánico”

Rebelión
Revista Ballast
18.07.2018


El primer Foro mundial antinuclear se celebró en Tokyo en 2016. El periodista japonés Kolin Kobayashi, residente en París y corresponsal para Days Japan, se implicó en él desde el principio. Nos encontramos con él en una cafetería del centro de París, que acogió su tercera edición en noviembre de 2017 y reunió a oradores y militantes de Rusia, España, Níger, las dos Américas y por supuesto Japón. El Foro concluía entonces en Bure, en el departamento de Mosa (Francia). Además de alertar sobre los peligros intrínsecos de lo nuclear, Kobayashi aspira a sacar a la luz a los trabajadores expuestos en un país donde se prevén importantes seísmos, aunque se continúa contando las víctimas “colaterales” del accidente nuclear de Fukushima en 2011. “No hablamos de ello; de otro modo, estaríamos en pánico”.

El antiguo primer ministro japonés Naoto Kan ha hecho saber que se le informó, al día siguiente de la explosión de la central, de que el secretario general de la agencia de seguridad nuclear no era un “especialista de la energía nuclear” sino ¡un economista! ¿Una metáfora global?

Sí. La situación era realmente caótica porque las autoridades japonesas no estaban del todo preparadas para afrontar un gran accidente nuclear. El gobierno no podía imaginarse un accidente de la magnitud de Chernobyl. No supieron gestionar la situación y creo que nada ha cambiado hasta hoy. ¡La situación es la misma! De todas formas un accidente de este orden es ingestionable. Pero el lobby nuclear internacional intenta mostrar que es capaz de asumir un accidente nuclear y habla de él como si se tratara de un riesgo natural a gestionar, como un tifón o un seísmo. El accidente nuclear importante se considera entre estos riesgos; uno entre otros, en resumen: ése es el discurso oficial. ¡Pero es incomparable! Dos años después del 11 de marzo de 2011, en la ciudad de Sendai, se llevó a cabo un gran simposio internacional con las organizaciones de la ONU. A pesar del hecho de que se trata de un accidente que nos deja todavía hoy en un estado de urgencia, no hablaron en absoluto de Fukushima. Es increíble ¿no?


¿Cuál es la situación de las 130.000 personas desplazadas en Japón debido a la situación nuclear, y a las que se invita a regresar?


Hay 100.000 personas que están desplazadas en el interior y el exterior del departamento de Fukushima. ¿Por qué motivos deciden las autoridades japonesas hacer regresar a esos refugiados? Es un problema social y económico extremadamente importante. Amenazan con recortar las subvenciones a los refugiados que salieron hacia otro lugar y que no volverían. Las autoridades intentan decir: finalmente, las consecuencias radioactivas no son tan importantes, podéis volver, sólo habrá que prestar atención a no comer alimentos contaminados, a no pasar por tales o cuales barrios un poco contaminados; así, podréis seguir viviendo. Pero la población vivía mayoritariamente de la tierra; la gente era campesina o agricultora, el departamento era uno de los centros agrícolas más importantes… Está el pueblo de Iitate: ¡era un hogar de la agricultura biológica! Justo después del accidente, todo se contaminó. Un documental también se dedicó a esta cuestión: Iitate, crónica de un pueblo contaminado, del realizador Doi Toshikuni. No se puede limpiar el bosque, la montaña o los campos; no se puede arrasar todo, levantar 30 centímetros de tierra y ponerla en otro sitio. Entonces se limpia un poco así, de forma de saludo diplomático, pero no más.


¿Es una manera para el gobierno de minimizar la catástrofe?


Por supuesto. No hay que dejar que la población entre en pánico y crear una crisis económica. La cuestión de la energía nuclear es inseparable de la cuestión militar y civil.


¿Eso le pasa a la mayoría de la población?


Hay algunos agricultores particularmente atados a su terror. Varios, desesperados, se han suicidado. Otros intentan colaborar con científicos para minimizar la contaminación radioactiva y recuperar sus campos. Los agricultores de edad no pueden vivir ya en una casa prefabricada de 29,7 metros cuadrados de media prestada por el estado; están tan traumatizados… Aquellos que tenían casas familiares que pertenecían a sus padres, a sus abuelos, que acogían a sus hijos y nietos, todos esos se encuentran en un hogar. Resignados y conscientes de que, incluso afectados por enfermedades cancerígenas debidas a la radioactividad, no tienen ya mucho tiempo para vivir. Esos se resignan, y regresan.


Saben que entonces no van a dejar esas tierras a su familia...


La mayoría de los agricultores, conscientes de todo esto, saben muy bien que después de su generación esto se terminará. Los jóvenes no volverán.


¿Qué les pueden transmitir a las generaciones futuras?


Los jóvenes tienen miedo de sufrir la contaminación y las familias con niños no quieren regresar. Entonces los pueblos, aunque ya eran pequeños —6.000 personas vivían en Iitate antes del accidente, 400 ahora &