jueves, 1 de abril de 2010

CRISIS SÍ,¿PERO QUÉ ES ESO DE LA CRISIS?

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Es de justicia reconocerles, tanto al gobierno como a la oposición, los grandes esfuerzos y la cantidad ingente de recursos que utilizan para engañarnos con el sonsonete de la crisis.
La crisis existe. No verla significa además de ciego ser tonto de capirote o, súbdito bien avenido. ¿Pero qué es la crisis o qué tipo de crisis tenemos?
La hoja del rábano, no hay duda, forma parte del rábano, pero no es el rábano. Cierto que es la hoja del rábano lo primero que se topa con la vista y, está uno atento a lo que ve, y mira más allá de lo primero que ve, o corre el riesgo de no ver ni siquiera lo que está viendo, porque las hojas del rábano no son el rábano.
Lo que más rábano es resulta que es lo que menos se ve, lo que no salta a la vista inmediatamente, porque se halla enterrado, o sea, que la raíz del rábano que es lo que de más rábano tiene el rábano, no se ve, salvo que la desenterremos. Y, no hay más. Quien quiera ver un rábano o lo saca de la tierra o no lo ve, porque ya digo, las hojas del rábano no son el rábano.
Atribuir la actual crisis a la “burbuja” inmobiliaria es casi no decir nada acerca de la misma. La “burbuja” inmobiliaria no deja de ser más que una hoja de la crisis, y por tanto, cualquier solución que se intente aplicar a la burbuja inmobiliaria para resolver la crisis, será lo que uno quiera que sea según su gusto o estado de humor, pero no es solución a la crisis.
Atribuir la crisis a la avaricia de unos pocos es otra hoja de la crisis. Pero no la crisis. Efectivamente, la avaricia de unos pocos, la colaboración necesaria e indispensable del cinismo, hipocresía y mentiras de los políticos y allegados para que unos pocos se enriquezcan están presentes en la crisis, pero sigue sin ser la crisis.
La raíz del rábano de la crisis se halla en la esencia misma de la dinámica de funcionamiento de modo de producción capitalista, que con una manita de pintura y una hojarasca de palabras vacías añadidas algunos llaman liberalismo o neoliberalismo, pero que también podría ser denominado como una especie de la jodimos con ventanas a la calle, y todo por no llamar a las cosas por su nombre.
El alma del sistema capitalista es la obtención de beneficios. El beneficio es el Dios de Dioses ante el cual todo se doblega hincando la rodilla en tierra: honra, patria, familia, ideas.
La función del capital es la de crecer permanentemente (crecimiento económico) y para ello no puede más que preocuparse de sí mismo rentabilizando el capital invertido (a costa del trabajador y de otros capitales más pequeños o menos poderosos. No existe otro procedimiento que no sea poner una y llevarse dos).
Cada capital en su afán lucrativo entra en pugna con otro capital que pretende lo mismo que él: crecer, y en esta dinámica (competencia capitalista, que nada tiene que ver con la competencia deportiva en la que compiten dos iguales y con las misma normas) esencia del capitalismo, cada capital realiza aquella actividad que más beneficios produce en un momento determinado sin ninguna otra consideración, pu