viernes, 30 de septiembre de 2022

Las colas del hambre, cada vez más pero siempre sin culpables

 

Las colas del hambre, cada vez más pero siempre sin culpables

 

 

DIARIO OCTUBRE / septiembre 24, 2022



Los bancos de alimentos y las ONG de varias ciudades españolas alertan de que la demanda de alimentos, las denominadas colas del hambre, por parte de personas necesitadas está creciendo de nuevo, una vez superada la pandemia, después de que los precios se hayan disparado un 14% en el último año, y que en el caso del aceite, los huevos, la leche y el pollo alcancen o superen el 20 %.  Todo ello en un contexto marcado por la crisis derivada de la guerra de Ucrania, el coste general de la vida y la precariedad, que ha provocado que Cruz Roja haya duplicado en apenas dos años la ayuda para los jóvenes de entre 16 y 30 años que acuden a pedir ayuda por falta de empleo y de ingresos para poder pagar sus estudios o el acceso a internet, entre otras cosas, pasando de los 100.000 que atendía antes de la pandemia a cerca de los 200.000 (196.897).

 

España y su población viven momentos complicados. Los altos precios, pero también la precariedad laboral, a los que hay que sumar dos años de pandemia que han provocado todo tipo de problemas, incluidos los relacionados con la salud mental, hacen que las ONG estén prestando más ayuda que nunca.

La situación, además, se está agravando debido a que, en algunos casos, también se está produciendo un descenso del número de donaciones de alimentos con respecto a los primeros meses del año.

En Madrid, el Banco de Alimentos empezó a notar, antes del verano, un descenso en las donaciones, que ha terminado traduciéndose en un 40 % menos que en los meses previos al comienzo de la guerra en Ucrania, según informa a Efe una portavoz de la entidad.

El número de comidas diarias también aumentó antes del comienzo de la época estival, según los últimos registros que maneja el Banco de Alimentos, pasando de 186.000 a 187.000 por día en la Comunidad de Madrid.

Las entidades que colaboran con el Banco de Alimentos madrileño también han comunicado el aumento progresivo de gente que se acerca a por raciones diarias, en tanto que ya «no llegan a final de mes».

El incremento de los precios también afecta a la compra en origen que realizan este tipo de organizaciones, en tanto que ahora deben gastar más dinero para realizar el mismo acopio de alimentos.

Desde el Ayuntamiento de Madrid han trasladado que, tras el pico en la demanda de alimentación durante la pandemia a través de la «Tarjeta Familias», una prestación económica municipal para la cobertura de necesidades básicas de alimentación, aseo e higiene de sus beneficiarios, las necesidades se «estabilizaron» con posterioridad.

En Barcelona también han aumentado las colas del hambre en los 17 comedores sociales de la ciudad, que el año pasado repartieron 536.000 comidas a 13.158 personas vulnerables o sin hogar y este verano, en algún caso, han llegado a no dar abasto a pesar de incrementar el número de voluntarios.

Un ejemplo es el del Hospital de Campaña de la parroquia de Santa Anna, que ha pasado de repartir cerca de 7.000 comidas tanto en julio como agosto del año pasado a casi 10.000 en los mismos meses de este año.

Con la pandemia normalizada y sin restricciones, la previsión era que el número de usuarios del servicio se reduciría a unos niveles similares a los de 2019, pero ha aumentado por las consecuencias sociales y económicas de la crisis del COVID-19 y de la guerra en Ucrania, según sus responsables.

El pronóstico de las entidades sociales de Barcelona es que 2022 cerrará con más comidas servidas en comedores sociales que en el 2021 porque han aumentado las personas sin hogar que duermen en las calles y porque el aumento de los precios en los mercados está llevando a más familias al comedor social .

En el caso de Murcia, el encarecimiento de la cesta de la compra y los productos básicos de alimentación ha modificado el perfil de quien acude por primera vez en busca de ayuda al comedor social que tiene en el centro de la ciudad la Fundación Jesús Abandonado, según dice a Efe su gerente, Daniel López.

Según López, cada vez son más las unidades familiares, y no personas sin hogar, las que se dirigen a esta organización para pedir comida.

En este caso, también en julio y agosto ha aumentado el número de usuarios del comedor social a la vez que se han reducido las donaciones de productos y los donativos económicos, aunque la fundación confía en que esa tendencia, común de las vacaciones estivales, no se perpetúe por la escalada de precios y la crisis económica.

En Córdoba, el Banco de Alimentos, que distribuye unos 350.000 kilogramos al mes de productos básicos a entidades sociales que trabajan en toda la ciudad, maneja unas previsiones complicadas para los próximos meses.

La inflación está provocando un aumento significativo de la demanda y, por ello, la entidad ha acumulado alimentos en julio y agosto con la estimación de que el otoño y el invierno se puedan afrontar dando las mejores garantías posibles a las personas más vulnerables.

Algo parecido ocurre en Granada, donde el Banco de Alimentos se enfrenta actualmente a un aumento de la demanda que ya casi alcanza las cifras registradas en la pandemia de coronavirus, y, por contra, a un descenso de las donaciones, tanto de productos como económicas, y a que «el dinero recibido permitía antes llenar una cesta con diez productos y ahora, solo con seis», ha explicado a Efe un portavoz de las instalaciones.

Si el año pasado fueron 39.680 personas las atendidas, actualmente son unos 45.000 los solicitantes de ayuda, situación que afrontan con el problema añadido del aumento del coste de mantenimiento de las instalaciones por la subida de la luz y el gas.

Muchos de los afectados por la situación actual son los jóvenes, a los que no solo les falta comida. En un informe reciente, Cruz Roja alertaba que se ha duplicado en apenas dos años la cifra de jóvenes de entre 16 y 30 años que acuden a pedir ayuda por falta de empleo y de ingresos para poder pagar sus estudios o el acceso a internet, pasando de los 100.000 que atendía antes de la pandemia a cerca de los 200.000 (196.897).

Cruz Roja analiza en el documento ‘Los y las jóvenes y el reto de la digitalización en la Covid-19: competencias para la vida, el empleo y la educación’ la situación de esos jóvenes, que sufren falta de formación, limitado nivel de competencias, dificultades de acceso al empleo, explotación laboral, precariedad en los hogares y un bajo estado de ánimo.

La mitad de ellos no pueden pagar el uso de internet y teléfono, el 61,9 % sufren pobreza extrema (frente al 9,5 % de la población general) y cuatro de cada diez tiene miedo por la precariedad económica que padecen y por su futuro.

«Sus familias tienen dificultades para mantenerles, y una parte de ellos sufren las consecuencias de una difícil emancipación o una emancipación obligada que se hace en condiciones de vulnerabilidad por la extrema precariedad laboral o trabajo sumergido». La mayoría también un escaso nivel de competencias digitales para el empleo, destaca la investigación, que incluye también una encuesta a medio millar de estos jóvenes usuarios.

«Han pasado la frontera de ser ciudadanos a supervivientes; nos preocupa mucho su situación, deben buscarse la vida para todo, son mendigos de los datos de wifi, de la búsqueda de energía o de un hogar para vivir», decía hace unos días el coordinador de Cruz Roja, Antoni Bruel en la presentación del estudio.

Para el responsable la organización, «los jóvenes se encuentran en situaciones extremas que les hace difícil gestionar sus preocupaciones y su vida» provocadas por la desigualdad y la falta de oportunidades.

El estudio elaborado por Cruz Roja muestra que el 52 % de estos jóvenes se encuentran en situación de desempleo; un 27 % ha perdido su trabajo durante la pandemia.

La falta de experiencia laboral es importante: el porcentaje de jóvenes menores de 19 años sin experiencia laboral es del 61 %, el 30 % en los de 19-24 años y el 11 % en mayores de 24 años.

Cruz Roja ha detectado un bajo estado de ánimo generalizado en jóvenes con dificultades sociales y laborales: un 25 % admite que se estresa por cualquier situación adversa, un 11 % suele manifestar ira a menudo, un 14 % siente tristeza y el 41 % afirma tener miedo al futuro.

Destaca el alto abandono temprano de estudios, sobre todo en jóvenes de menos de 16 años, por la falta de recursos de sus familias, principalmente. Un 26 % han dejado sus estudios sin finalizar la ESO y un 27 % tras acabarla. En el ámbito universitario, los han abandonado otro 23 %.

La responsable de Estudios, Estrella Rodríguez,  alerta del posible empeoramiento en los próximos meses de su situación con la subida de los precios y también del riesgo de aceptar trabajos precarios, especialmente los más jóvenes (en el tramo de 16 a 21 años), con un alto esfuerzo físico y sin seguridad laboral. «Su situación provoca que cojan cualquier trabajo sin tener en cuenta problemas de explotación y de riesgo para su salud».

Para una familia de 2 adultos y 2 hijos que estén ingresando 800 euros mensuales, una subida general del IPC del 10%, supone 80 euros más de gasto mensual para esta familia, lo que significa agravar los problemas para cubrir los gastos esenciales de alquiler, de pago de electricidad, de gas y de llenar la nevera. “Se trata de una situación inasumible para muchos hogares”, apunta la secretaria general.

republica.com/sociedad

FUENTE: insurgente.org

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¿EEUU tiene rol en sabotajes a Nord Stream?, Rusia no descarta

 

¿EEUU tiene rol en sabotajes a Nord Stream?, Rusia no descarta

 

TERCERAINFORMACION / 29.09.2022

Rusia asegura que EE.UU. es el país que se beneficia del sabotaje en los gasoductos Nord Stream 1 y 2 y aboga por inicio de una investigación sobre el caso.

 


Una tubería para el proyecto Nord Stream 2 que se está instalando frente a la costa báltica de Alemania en agosto de 2018.

 

El embajador ruso en Estados Unidos, Anatoli Antonov, ha desestimado los intentos de algunos legisladores estadounidenses de responsabilizar a Moscú por el sabotaje a los oleoductos aclarando que la interrupción de la infraestructura rusa se ha producido en el mismo sitio donde se ha registrado “las actividades de los buques de guerra estadounidenses” y el sobrevuelo de sus drones y helicópteros, recoge la agencia de noticias local TASS.

Además, el diplomático ruso se ha referido a las promesas del presidente de EE.UU., Joe Biden, de “poner fin” al proyecto Nord Stream 2 y ha atribuido estos sabotajes a la incapacidad de Washington en competir con Rusia en la venta de gas a Europa.

“Incapaz de ofrecer una alternativa decente a los suministros de gas confiables y, no menos importante, baratos, Estados Unidos decidió ‘exprimir’ a Rusia como competidor utilizando métodos y sanciones no comerciales”, ha aseverado Antonov.

Ante estas sospechas, el funcionario ruso ha insistido en la necesidad de llevar a cabo un “examen exhaustivo y objetivo” de las circunstancias de estos “ataques sin precedentes” en los gasoductos rusos.

El martes, la empresa operadora del Nord Stream, Nord Stream AG, informó de “daños sin precedentes” que afectaron a tres líneas de la tubería que lleva el gas ruso a Europa, registrados el lunes.

Dinamarca, Polonia, EE.UU. y Noruega expresaron que las fugas en el gasoducto fueron consecuencia de actos de sabotaje. Sismólogos de Suecia, a su vez, confirmaron que el lunes se registraron dos explosiones a lo largo de las rutas de ambos ductos.

Descubierta una cuarta fuga en el Nord Stream

La Guardia Costera sueca ha descubierto este jueves una nueva fuga de gas en los gasoductos Nord Stream 1 y 2, elevando la cifra total de filtraciones a cuatro, según el Canal 4 de la televisión de Suecia.

Dos de las fugas en Nord Stream han tenido lugar en la zona del mar Báltico dentro de las fronteras de Dinamarca, y otras dos dentro de los límites marítimos pertenecientes a Suecia.

Nord Stream es el gasoducto más importante para Europa. Nord Stream 1 se construyó en 2011, mientras que Nord Stream 2, blanco de sanciones y presiones de Estados Unidos, terminó en noviembre de 2021, pero que nunca entró en funcionamiento debido a las presiones de EE.UU., por una parte, y las tensiones entre Berlín y Moscú por el conflicto en curso en Ucrania, por otro lado.

Rusia representa más del 40 por ciento de las importaciones de gas a los 27 países que componen el bloque comunitario, a través de tres grandes gasoductos: Nord Stream 1, que cruza a través del mar Báltico, otro gasoducto que atraviesa Ucrania (Droujba o Amistad), y un tercero a través de Polonia (Yamal).

tmv/mrg

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La ciudadanía democrática adulta desea cogobierno desde la sociedad civil

 

Habrá quien no quiera verlo, pero existe un malestar democrático profundo que explica –al menos en parte– determinados resultados electorales. De eso, y de democracia, se habla aquí. Y se acuña un término que puede tener recorrido: “demonazismos”.


La ciudadanía democrática adulta desea cogobierno desde la sociedad civil


Rafael Díaz-Salazar

EL Viejo Topo

30 septiembre, 2022 

 


Rafael Díaz-Salazar es profesor de Sociología y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense y profesor invitado en universidades de Brasil, México y El Salvador. Con motivo de una conferencia en el Foro Gogoa de Pamplona sobre la reanimación de la política, Isidoro Parra lo ha entrevistado

¿Qué nos está pasando con la política, Rafael?

Está bastante desfallecida. Lo afirmo con dolor, porque desde la adolescencia la vivo con mucha intensidad. Sin una buena acción política no podemos impulsar los cambios sociales y ecológicos que son necesarios. Hay que reanimar la política a través de la reconstrucción de la democracia y para ello hay que analizar el malestar democrático.

¿A qué se refiere con esa expresión de “malestar democrático”?

Antes de explicarlo, quiero hacer un elogio de la democracia como un estado antagónico a la dictadura. Quienes vivimos en el franquismo, hemos gozado mucho con la democracia a pesar de sus imperfecciones y carencias. Lo que sucede es que la democracia actual tiene gravísimas enfermedades que no son percibidas por las élites políticas y mediáticas enredadas en disputas que ya no interesan a casi nadie. El 15-M fue una gran expresión del malestar democrático. No se deseaba un régimen autoritario de izquierda, sino una democracia radical. En las acampadas y manifestaciones del 15-M se proclamaba “Lo llaman democracia y no lo es”.

El papa Francisco en el primer Encuentro Mundial de Movimientos Populares afirmó que las democracias actuales “están secuestradas”. ¿Por quiénes?, pues por los poderes económicos, mediáticos y empresariales que actúan para que las democracias reproduzcan la acumulación de capital y los privilegios sociales que tienen lugar en países democráticos y no cambien las relaciones de explotación y exclusión social. Por eso, este papa ha dicho que sin otra lógica económica distinta a la del capitalismo imperante -“una economía que mata”, según él-  la democracia no dará prioridad a los problemas de quienes más sufren la injusticia.

Un factor desencadenante del desfallecimiento de la política es la experiencia de amplios sectores sociales de que la democracia es buena para las libertades civiles, pero no es capaz de cambiar sustancialmente las condiciones materiales de vida de quienes sufren precariedad social y laboral. Perciben que la democracia refuerza a quienes viven bien. En los últimos años creció la esperanza del “sí se puede”; sin embargo, ahora predomina el “no se puede”. Esto explica el voto de clases populares a partidos de derecha y el crecimiento de la abstención en las elecciones.

Me parece observar que piensa que éste es un fenómeno que está sucediendo en muchos países.

Así es. El malestar democrático explica el crecimiento de la abstención y la desafección política, especialmente de los jóvenes, el precariado y las personas que habitan en barrios con empobrecimiento y exclusión social.  En las últimas elecciones legislativas en Francia, la abstención ha sido del 53%. No ha votado ni la mitad de la población. Los mapas de la abstención por barrios y pueblos en diversos países muestran que los empobrecidos y los jóvenes precarizados no votan. Quienes sufren exclusión social se sienten a años luz de la política imperante. Estamos en un momento de una democracia de muy baja intensidad y necesitamos una democracia de alta intensidad.

¿Hay hueco para la esperanza?

Sí. En la sociedad civil hay sectores sociales que tienen una pulsión democrática radical grande. Lo que sucede es que existe una profunda escisión entre los profesionales de la política, las instituciones de la “democracia establecida”, según la expresión de Aranguren, y esos sectores. Es significativo que el papa Francisco haya afirmado que los movimientos sociales populares son quienes mejor pueden revitalizar las democracias. Necesitamos nuevas relaciones entre instituciones, partidos y movimientos para reanimar la política.

Por otro lado, la esperanza nunca se debe basar en el optimismo. Me considero un pesimista con esperanza. La fuente de la esperanza nace de las causas sociales por las que merece comprometer la vida más allá de los éxitos o fracasos. La lucha por la dignidad de los humillados y ofendidos, utilizando el lenguaje de Dostoievski, nos debería vacunar contra el pesimismo que lleva a la inacción. También deberíamos nutrirnos con las religiones de liberación o las cosmovisiones ateas centradas en la esperanza en medio de las noches oscuras de la historia.

En la conferencia en el Foro GOGOA se ha referido a diferentes formas de concebir la democracia. ¿Cuáles son?

He hablado de tres: la democracia delegada, la democracia conflictual y la democracia participativa. Estos tres modelos deberían ser complementarios, pero nos hemos quedado en el modelo más débil que es la democracia delegada, hasta el punto de que llegamos a creer que es la única existente.

La democracia delegada se basa en libertades cívicas básicas como la libertad de expresión, de asociación, de manifestación y la separación de poderes. La gente la identifica sobre todo con el voto a candidatos de partidos en periodos electorales. Una vez elegidos diputados y senadores, delegamos en ellos nuestra voluntad política y renunciamos a un activismo político, salvo críticas o apoyos puntuales. Frente a este comportamiento propio de un infantilismo político, la ciudadanía democrática adulta desea cogobierno y autogobierno desde la sociedad civil. No existe innovación política e institucional para dar cauce a este anhelo de democracia radical. Esto provoca una fuerte frustración política.

Frente a este modelo, propugno la democracia conflictual. Parto del hecho de que la riqueza, el poder y el prestigio son los tres factores que determinan la estratificación social. A lo largo de la historia y en la actualidad suelen estar concentrados en grupos minoritarios de la sociedad. La democracia, si es fiel a su etimología de “demos” (pueblo) y “kratos” (gobierno), ha de impulsar un poder/gobierno de las clases y grupos sociales que tienen menos poder, menos riqueza y menos prestigio. La democracia ha de ser, ante todo, un sistema de máxima distribución del poder, la riqueza y el prestigio. Cuanto más repartido y socializado está el poder, hay más democracia. Cuanto más concentrado el poder, menos democracia, aunque haya sufragio universal y parlamentos. Cuanto más concentrada está la riqueza, menos democracia. Cuanto más distribuida, más democracia.

Este proceso democrático de desempoderar y desenriquecer a unos para empoderar y enriquecer a otros genera inexorablemente conflicto social y grupos de presión para impedirlo o impulsarlo. Considero que sin multiplicar conflictos sociales no violentos, es imposible una democracia distribuidora de los bienes anhelados para instaurar el máximo de justicia y libertad entendida como avance de la “no dominación”.

Acceder al Gobierno del Estado, aunque sea por mayoría absoluta, no significa en modo alguno tener el poder. Los poderes más determinantes están fuera de los Parlamentos. Los gobiernos suelen renunciar a someterlos al gobierno del pueblo.

Me he referido también en la conferencia a la democracia participativa, concebida como democracia multidimensional.

¿Puede explicarnos esta concepción?

Desde mi punto de vista, la democracia de alta intensidad tiene cinco dimensiones. Ha de ser institucional, económica, laboral, social y cultural. Si sólo se limita a la política institucional, es una democracia amputada.

Ahora bien, la democracia multidimensional requiere que la mayor parte de las personas de un país estén dispuestas a participar social y políticamente para construir democracia expansiva de alta intensidad desde la sociedad civil. El gran problema que tenemos en las democracias no es la ausencia de programas de transformación, sino la falta de sujetos sociales que los apoyen.

La democracia política participativa necesita la constitución de asambleas ciudadanas sectoriales como ámbitos de elaboración política programática. A través de estas asambleas se debe impulsar un proceso de escucha por parte de los partidos políticos e ir al establecimiento de “programas contrato” para asegurar que lo prometido en las campañas se cumple. Tenemos que impulsar mítines de ciudadanos organizados a políticos profesionales.

Me parece que si aspiramos a crear una política basada en la interacción permanente entre instituciones del Estado y movimientos de la sociedad civil, como proponía Gramsci, necesitamos establecer relaciones entre asambleas o plataformas ciudadanas sectoriales y comisiones parlamentarias.

Pienso que para impulsar la democracia política participativa tenemos que aprender mucho de los referéndum democráticos periódicos que se realizan en Suiza. Ahora bien, ¿hay suficientes ciudadanos dispuestos a tener este comportamientopolítico? No seamos cínicos responsabilizando exclusivamente a partidos y diputados de los males de la democracia y del desfallecimiento de la política.

La democracia política ha de impulsar la democracia económica. Si las personas no experimentan el “demos-kratos” (el gobierno del pueblo) en la vida cotidiana y en las transformaciones de las condiciones materiales y culturales de existencia, seguirá creciendo la desafección política.

¿Qué necesitamos para ir construyendo democracia económica?

Impulsar la justicia fiscal y perseguir el fraude en este ámbito con la creación de un potente CNI (Centro Nacional de Inteligencia) contra delitos financieros.

Instaurar una banca pública estatal y bancos públicos autonómicos para apoyar la inversión para el empleo e impedir los abusos de la banca privada.

Nacionalizar los sectores productivos estratégicos, especialmente en el sector de las energías. La pobreza energética es la mayor negación de la democracia.

Acabar con la obscena brecha salarial mediante el establecimiento de sueldos suelo y sueldos techo.

En una democracia de alta intensidad las leyes dependen de decisiones sobre a qué sectores empoderar y enriquecer y a cuáles desempoderar y desenriquecer. De nuevo, lo inevitable de la democracia conflictual no violenta. Aprendamos de Gandhi.

¿Qué propone para impulsar la democracia laboral?

En este ámbito hay que distinguir entre parados, trabajadores precarizados y trabajadores con condiciones de trabajo decente. También entre empresas estatales, empresas privadas y empresas de economía social solidaria.

Una justa relación entre democracia y trabajo requiere impulsar la renta básica de ciudadanía y una nueva formación activa para el empleo. El papa Francisco defiende el salario universal garantizado. Necesitamos reforzar el modelo de economía social solidaria.  Respecto al precariado, lo fundamental es una nueva acción sindical en este sector. Hay que cambiar radicalmente el actual modelo de sindicalismo.

El gobierno del pueblo, eso es la democracia, sobre el destino de las plusvalías empresariales es imprescindible. No podemos permitir que prosiga la libertad neoliberal que convierte a los trabajadores en mercancías que se pueden comprar o dejar de comprar en función de las expectativas de beneficios. El destino común de los bienes ha de tener prioridad sobre la propiedad privada. Soy cristiano y provengo de la tradición evangélica de los bienes en común.

Tengo muy claro que las plusvalías se han de destinar a la creación de empleos. Este principio debería incorporarse a la actualización de la Constitución.

La cogestión en las empresas es un requisito para la democracia laboral.

Me parece que el objetivo por el que hemos de luchar es trabajar menos para trabajar todos para vivir mejor con menos a escala planetaria.

¿Nos puede decir algo sobre lo que ha llamado democracia social?

Voy a destacar el desafío fundamental que tiene que asumir este tipo de democracia: la vivienda. Es terrible que se haya interiorizado como algo natural que el precio de la vivienda lo determine el mercado, que las grandes empresas constructoras influyan más en la política de vivienda que los ciudadanos que necesitan viviendas a precios decentes. El yugo que el acceso a la vivienda soportan muchas personas, especialmente jóvenes, deslegitima la democracia.

La vivienda es un bien social básico que debe ser garantizado por los poderes públicos desempoderando y desenriqueciendo a quienes han hecho de la vivienda un negocio millonario. Insisto: fuera la vivienda de las leyes de hierro del mercado inmobiliario.

¿También ha hablado de la democracia cultural?

Me parece fundamental. Para impulsarla tenemos que enfrentarnos a la pobreza escolar como factor decisivo de reproducción de la desigualdad. Como afirma Cáritas en sus informes FOESSA, la pobreza es algo que se hereda, especialmente cuando los hijos de los empobrecidos sufren el fracaso escolar. Se requiere una discriminación positiva para una inversión muy fuerte en recursos humanos y económicos para impulsar la democracia cultural en la educación. Las Comunidades de Aprendizaje nos muestran cómo revertir la situación a la que me refiero.

Los poderes imperantes suministran mucho opio del pueblo que ya no es religioso. Esto debilita el empoderamiento de los sectores populares. Tenemos que reinventar las Universidades Populares, multiplicar educadores sociales y animadores culturales que impulsen una cultura emancipadora en barrios y pueblos. Sin fábricas de ciudadanía es imposible la democracia participativa.

Quiero llamar la atención sobre los males, muchas veces imperceptibles, de la obesidad audiovisual y digital que nos está enfermando, aunque millones gocen con ella. Hay un reto importante: ¿cómo generar una contracultura contra el imperialismo digital? La democracia está perdida si sigue creciendo el homo digitalis. Permítame que sea una voz que grita en el desierto y alerta fundamentándose en neurocientíficos y pensadores políticos. Más vale que acabemos con la ideología de los nativos digitales, que es una estupidez antieducativa, y criemos nativos ecologistas.

Para construir democracia de alta intensidad, tenemos que superar las relaciones virtuales y reforzar las conversaciones democráticas presenciales para constituir asambleas ciudadanas.

Rafael, ¿quiere transmitir algo más?

Quisiera plantear brevemente dos temas: si no impulsamos desde un nuevo internacionalismo una democracia global social y económica, nos convertiremos en habitantes de lo que denomino “demonazismos”. La respuesta occidental a las migraciones ayuda a comprender este término. Vivimos en democracias en países que son islas de bienestar rodeadas de océanos de pobreza. Sólo deseamos a los migrantes que puedan cubrir los puestos de trabajo que rechazan nuestros conciudadanos. Para el resto, aplicamos políticas represivas militaristas. Estamos ante nuevas formas de exterminio que generan nuevos campos de concentración en África, Asia y América Latina.

El segundo tema es el ecológico. No nos dejemos engañar por el capitalismo verde que requiere un extractivismo nocivo en los países del Sur. Vayamos pensando en una transición a un ecologismo postcapitalista.

Entrevista realizada por Isidoro Parra, Foro Gogoa

Fuente: https://forogogoa.org

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