sábado, 26 de septiembre de 2015

SOBRE CATALUÑA Y ESPAÑA


Un posicionamiento, desde el republicanismo de izquierdas, sobre Catalunya y España


 
Por Miguel Pastrana, Secretario Federal de la asociación Unidad Cívica por la República (UCR) y militante de base de Izquierda Unida.
Sociologia Crítica
 25 de septiembre de 2015

En estos tiempos rápidos en los cuales, a veces, se dice una cosa y su contraria por la misma voz al poco transcurrido, desearía quien subscribe dar su opinión, como otras muchas, sobre un asunto de cuanto llaman candente actualidad. Política, añado. Y hacerlo; dar mi opinión, desde -quisiera- un posicionamiento, no al paso de la inmediatez, mas asentado en bases que no dependan de ella, y sirvan hoy lo mismo que mañana y ayer.

Así, redacto estas líneas sabiendo que allá donde se publiquen, será -en muchos casos- después de las Elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015. Ello, lo creo, no debe importar mucho, pues el sentido que buscan (estas líneas), va más allá del resultado de esas Elecciones, y viene también de antes. Pero, habiéndose dado en estos días tantos pareceres sobre cuanto está sucediendo en Catalunya y, en relación, en España, no deseo que mi silencio pueda ser interpretado por ningún compañero o compañera, como indefinición sobre el asunto. Al contrario, pienso que quienes, independientemente del más o menos éxito, hemos estado trabajando estos años -y seguimos- por una República para todos los pueblos y naciones de España, no tenemos tampoco nada muy nuevo que decir ahora; nada que no hayamos, aun en otros contextos, dicho ya…

En cualquier caso, ajeno al ruido mediático -algo difícil en estos momentos, ciertamente- quiero, a nivel personal, expresar:
Como activista republicano que cree en una República en régimen de libertad y de justicia para los pueblos y naciones de cuanto se ha dado en llamar España, yo no apoyo la secesión de Catalunya. No la apoyo, por considerarla contraproducente para con los principios de solidaridad y de progreso en los que creo.

Esto, dicho muy en síntesis. Trataré de ampliarlo:

En octubre de 1938, el Presidente del Gobierno de la II República española y gran referente de la lucha antifascista, Juan Negrín, dio un discurso precisamente en Barcelona, donde radicaba, en aquella época, la capitalidad de la II República. Muy desfavorable ya el curso de la Guerra contra los franquistas, en algunas Cancillerías europeas se especuló con una partición de España como posible solución al conflicto. A ello, contestó Negrín en aquel discurso:

“Óigase bien, sabemos que el triunfo faccioso significa nuestro total exterminio. Pues bien, antes que la parcelación de España, nuestro exterminio”. Así dijo Negrín.

¿Hablaba sólo el Presidente del Gobierno; el patriota desde una base de patriotismo popular heredero de la Revolución francesa, compatible con el internacionalismo -el propio Negrìn así lo señalaba- y con el cual, por lo demás, muchos seguimos identificándonos? (ya vemos que nadie ha venido a inventar nada hoy al enarbolar un patriotismo de izquierdas…)

Puede ser. Pero yo creo que hablaba también, y sobre todo, el socialista digno de tal nombre; consciente de que una parcelación -palabra escogida no al azar- sólo beneficiaría a los terratenientes, a la oligarquía, a los poderosos… Nunca al pueblo.

Amigos y compañeros han escrito ya, con noción de causa, que en el escenario de una hipotética secesión de Catalunya, el panorama sería desolador para el resto de España. Hay quienes piensan, por el contrario, que significaría una oportunidad para el avance democrático y regeneracionista. Yo no lo creo. Y en cualquier caso, me parecería un precio demasiado alto para algo -la regeneración democrática- que puede lograrse, y ha de lograrse, en mejor forma. Como Negrìn, yo pienso que una parcelación no es modo, y vale más asumir la posibilidad de una derrota temporal en defensa de lo compartido, que una victoria -¿y qué victoria sería esa?- a costa de ello.
Negrín no lo dudó; los republicanos y las republicanas de entonces, no lo dudaron. Una gran lección para nuestro tiempo: ganar de cualquier manera; a cualquier precio, no es ganar. Algunos parecen olvidarlo hoy…

He referido antes, y vuelvo ahora sobre ello, las posibles consecuencias para España de una secesión catalana: no resultaría inverosímil -no soy el único en pensarlo- una fascistización; un abismo reaccionario, consecuencia del empobrecimiento, la rabia y la frustración por un Estado fallido. Me refiero, ahora, al español. ¿Y no habría de importarnos, vivamos en Sevilla, Madrid o Barcelona? ¿Habría de sernos ajeno entonces, el dolor en Extremadura, en Galicia o en Euzkadi? En esto, hipótesis, pero que la Historia avala, ha de pensarse también estemos donde estemos, si de verdad somos solidarios, internacionalistas, de izquierdas… Pensar en qué clase de reacciones antisociales podrían sobrevenir a raíz de una frustración nacional en lo que quedara de España.

No está en mi ánimo agitar el miedo. Yo no juego a eso. Pero sí considero pertinente, como quien busca aprender de la Historia, señalar el riesgo en los pueblos heridos. Pero además, yo me permito dudar, perdónenme algunos, que de ese mal, quedara indemne una Catalunya independiente, aunque España sucumbiera. Ello, porque el fascismo bebe, precisamente, de fronteras así.
¿Derecho a decidir? Sí; rotundamente sí. Lo digo claro, conste. E igual, que pocos o nadie quienes lo ponen en primer lugar, parecen concretar en cuáles formas. Y son importantes, muy importantes, esas formas en una cuestión así. Por ejemplo, qué mayoría se considera necesaria para una decisión de tanto calado, y tan difícilmente reversible, como una secesión nacional.
Ligado a esto, algo en lo cual yo creo se ha pensado poco o nada: en un hipotético escenario de separación, ¿se articularía a su vez el mecanismo por el cual, pasado un tiempo razonable, el pueblo de Catalunya fuese consultado directamente sobre si continuar escindido, o volver a unirse nacionalmente con España en algún modo? Pues, ¿qué ocurriría