martes, 16 de septiembre de 2014

PUBLICADO EN CRÓNICA DE ARAGÓN

Para una contribución a la crítica de Podemos 

(III)

El capitalismo
La forma como los individuos producen los objetos materiales e inmateriales de una sociedad concreta, la forma en como se distribuyen esos mismo objetos y la forma en como esa sociedad acepta las reglas de distribución de los mismos, es lo que constituye el modo de producción de esa sociedad concreta.
La historia de una sociedad determinada, pasada o presente, no puede ser conocida si no se conoce su modo de producción.
A lo largo de la historia de la humanidad se han sucedido diferentes modos de producción. En la sociedad actual el modo de producción dominante es el modo de producción capitalista, que deviene del anterior, el feudalismo, y éste de la esclavitud, y éste del salvajismo y éste de la barbarie.
La historia de España ni la hace don Pelayo,  por muy valiente que pudiera haber sido, ni se explica estudiando su valentía y la gran fe que pudiera haber tenido. Tampoco la hacen los Reyes Católicos, ni Felipe II, ni Franco ni el rey hijo ni el rey padre, ni se puede entender estudiando todo lo que estos pudieran haber hecho.
Hacen más historia que todos ellos juntos un peón de albañil; la cuadrilla de trabajadores portugueses que el primer tercio del siglo XX llegan a las marismas de Guadalquivir, y concretamente, a lo que hoy es Isla Mayor, para abrir canales a golpe de palín y pala y hacer posible el cultivo del arroz hasta convertir aquellas marismas improductivas en la mayor productora de arroz de España, y junto a ellos, los colonos valencianos y los braceros de Usagre, Badajoz, Dudar, Granada, La Puebla de Cazalla, Sevilla, Cabra, Córdoba…, y los mecánicos de Las Cabezas San Juan,… y los presos políticos, y los anónimos que murieron asfixiados mientras dormían en las cascarillas del arroz, o construyendo las tapias de la fábrica de papel, o los que por haber sido inundados sus pueblos por los pantanos en Huesca en la segunda mitad del siglo XX, tuvieron que emigrar a Zaragoza, Cataluña u otras partes de España, para trabajar de peones en la industria o de taxistas. Esta historia no está escrita por quienes la hicieron ni por quienes se hayan podido poner o se pongan de su parte, sino por los que se aprovecharon de ella, que fueron o son muy pocos, que son los que escriben o mandan escribir la historia oficial y que, paradójicamente,  no hablan de historia, sino de una ideologización de la historia, es decir, de cómo a esa minoría le interesa que se interprete la historia.
La transición de un modo de producción a otro no se produce porque a un iluminado se le ocurra que hay que cambiar de un modo de producción a otro, sino porque en cada uno de ellos lo que le es específico (las técnicas productivas, los medios de trabajo que el individuo utiliza en el proceso de trabajo) y lo que le diferencia del resto de los modos de producción, han llegado al máximo desarrollo que podían llegar, y en este proceso en que la naturaleza hace al individuo y a la vez el individuo a la naturaleza, mediante su trabajo, va surgiendo un nuevo individuo porque con él va surgiendo una nueva naturaleza (sociedad) y viceversa, de modo que al individuo se le presentan (tenga o no tenga conciencia de ello, es decir, conocimiento profundo) nuevas necesidades, que el modo de producción concreto en las que surgen ya no es capaz de satisfacer, y esto es lo que motiva y fundamenta el abandono de ese modo de producción que se transforma en inviable históricamente (que no puede continuar materialmente en el tiempo) dada su incapacidad de satisfacer las necesidades del individuo, y justifica al mismo tiempo la necesidad objetiva (lo piense o no el individuo) de cambiar ese