lunes, 24 de diciembre de 2018

FRANCIA, QUIEN SE MOJA, PECES. CON CAPOTE GRANA Y ORO, A LO MÁS QUE SE PUEDE LLEGAR ES QUE QUIEN TIENE VOTOS DE CASTIDAD LABORAL, SANTIAGO ABASCAL, AY MI SANTIAGO, DE VOX, LLEGUE AL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS


Francia. La ofensiva neoliberal de Macron desestabilizada

Sobre el movimiento de los chalecos amarillos


Patrick Le Moal
Viento Sur
22.12.2018

En Francia vivimos una situación inédita: un impetuoso movimiento social, inventivo e incontrolable. In extremis, con esta movilización de los chalecos amarillos estamos festejando el 50º aniversario de las luchas de Mayo 68. Ahora bien, las características de su movilización muestran hasta qué punto las condiciones de la lucha de clases se han modificado a lo largo de estos 50 últimos años. Se trata de una conmoción, hemos entrado en el siglo XXI.

Este movimiento, que no lo impulsó ningún partido ni sindicato sino que emergió a partir de las redes sociales, con su dimensión nacional y su determinación ha desestabilizado la apisonadora neoliberal de la start up Macron.

Comenzó con la firma de una petición que se extendió como la pólvora a nivel nacional y obtuvo un apoyo masivo de la gente. Nada que ver con un trabajo paciente e incluso informal de las organizaciones sociales, para movilizar. Y una vez iniciado, no ha parado y se ha radicalizado con mucha rapidez.

La movilización y la respuesta del gobierno

La primera convocatoria fue para el 17 de noviembre, día que se establecieron 2500 bloqueos de rotondas en cientos de localidades, en las que participaron al menos 300.000 chalecos amarillos.

El fin de semana siguiente, 24 de noviembre, participaron entre 100.000 y 200.000 personas llevando a cabo 1600 bloqueos. En París unas 8000 personas se movilizaron en Los Campos Elíseos.

El 29 de noviembre un comunicado recoge una cuarentena de reivindicaciones apoyadas, más o menos, por el conjunto del movimiento.

El 1 de diciembre, la violenta represión gubernamental contra los manifestantes provoca grandes enfrentamientos en una decena de capitales, en especial en Paris. El poder pensó que la violencia debilitaría y aislaría al movimiento, pero nada de eso; el movimiento ganó en legitimidad: su violencia aparecía como la respuesta a la intransigencia del poder. Las manifestaciones de ese día marcan una inflexión en la evolución de la situación; una profundización y una extensión del movimiento de Chalecos amarillos, que ha dado lugar a una crisis política de envergadura fruto de la división de los de arriba, de su incapacidad para hacerse cargo de la situación e imponer su política.

El 5 de diciembre, el gobierno anuló de un plumazo el incremento del impuesto sobre los carburantes, que fue el desencadenante de la iniciativa. Pero esta reacción del poder llegó muy tarde. Y lo que una semanas antes hubiera significado un retroceso enorme por parte del gobierno, ya no lo era. Las movilizaciones continuaron.

El 8 de diciembre, Macron movilizó 85.000 policías con todo un arsenal militar (hasta los carros blindados) y realizó más de 2000 arrestos preventivos. Pero no pudo impedir las manifestaciones en las calles de París y en la mayoría de las capitales de provincia. El ministro del interior cifró en 125.000 las personas que participaron en las manifestaciones, aunque otras cifras las elevaran a 500.000. Una vez más se produjeron enfrentamientos.

Ante esta situación, Macron hizo el amago de ceder en una alocución televisada el 10 de diciembre, pero no modificó un ápice su política de Robin de los bosques al revés. Las medidas que anunció (con un coste aproximado de 10.000 millones) las hizo al mismo tiempo que transformaba los 20.000 millones del CICE [subvenciones a las empresas que ha venido funcionando desde 2013 y vencían en 2019 financiadas a través de impuestos] en 20.000 millones de exoneración definitiva de cotizaciones para las empresas. Es decir, una nueva sangría sobre la gente más pobre en beneficio de la más rica. Las medidas anunciadas fueron las siguientes:
  • Anunciar 100 € extras por mes para los sueldos inferiores al salario mínimo, "sin que coste alguno para el empresariado". Toda una triquiñuela: el 1 de enero, el SMI 1/ habría sido revalorizado en 20€ como exige la Ley. A ello se añaden 20 euros de reducción de cargas salariales y la ayuda del 50% de la prima de actividad a la que Macron se había comprometido durante la campaña electoral (20€ durante 5 años que ahora los paga de una tacada).
  • Exhortar a las empresas que pueda hacerlo a otorgar a la plantilla una prima de fin de año.
  • (R) establecer la desfiscalización de las horas extras [que en su día había establecido Sarkozy]
  • Anular el incremento del impuesto de solidaridad (CSG), aplicado a partir de enero de 2018, a las pensiones inferiores a 2000€.
Ninguna medida en torno a la supresión del impuesto para la solidaridad sobre las grandes fortunas, ISF, suprimido por el gobierno de Macron; ninguna para paliar la injusticia social y ningún anuncio tampoco sobre la transición ecológica.

En su alocución se refirió a una gran consulta ecológica y social, a modificaciones institucionales (posibilidad de contabilizar el voto en blanco), a la fiscalidad, a la vida cotidiana en relación al cambio climático –necesidad de modificar hábitos-, así como a la estructura del Estado, la identidad de la Nación y la inmigración, etc., tratando de responder a las exigencias democráticas.

Estas medidas, retrocesos parciales, llegaron tras el fortalecimiento y la politización del movimiento cuya dinámica está lejos de haber llegado a su fin.

Frente a ellas, la oposición socialista y France Insoumise continúan haciendo presión sobre el gobierno en torno a justicia fiscal, mientras que la derecha clásica, la de los distintos partidos de derechas pero también una parte de la que se ha movilizado, desea poner fin al movimiento. Así, Marine Le Pen exige nuevas reducciones de impuestos, una política anti-globalización y anti-inmigración, pero se cuida de exigir incrementos salariales; su alternativa es ¡la revolución por las urnas!

Y el movimiento continúa tras el movimiento del gobierno. El 15 de diciembre, el "Acto V" del movimiento fue la mitad de fuerte que la semana precedente. Lo que se explica por varias razones: la represión vivida el 1 y el 8 de diciembre, los llamamientos a tomar un respiro y pensarse las cosas tras los anuncios de Macron, el efecto de unión nacional contra el atentado en Estrasburgo

A pesar de ello, el movimiento se mantiene firme. Hay tanto cabreo contra el gobierno que, pase lo que pase, a los ojos de la gente más radical del movimiento, él es el responsable y esto justifica la voluntad de continuar en brecha.

Por último, los importantes incrementos salariales conced