jueves, 4 de abril de 2019

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE. ¿Y ES IZQUIERDA TODO LO QUE SE DENOMINA IZQUIERDA?




Entrevista al periodista y activista uruguayo, Raúl Zibechi
 
“La derecha gana porque la izquierda abandonó el campo de batalla”

Rebelión
La tinta
04.04.2019

El periodista y escritor uruguayo analiza el avance de la derecha en América Latina y afirma que la organización “desde abajo” es la apuesta de resistencia.


Es jueves 7 de marzo y cae la tarde en Montevideo. El feriado de la semana de carnaval marca un ritmo tranquilo y despreocupado de una ciudad que, al día siguiente, se teñirá de violeta con 300 mil personas marchando en el Paro Internacional de Mujeres. Aprovechamos para tomar unos mates con Raúl Zibechi y conversar sobre el viraje a la derecha en la región, la crisis de las izquierdas y la territorialización de la marea feminista.

“La región camina, sin dudas, a un período de ultraderecha muy pesado”, dice Zibechi apenas se prende el grabador. Periodista, educador popular y activista uruguayo, muy ligado a las luchas y resistencias de los movimientos sociales de América Latina, se acomoda en la silla para compartir su mirada coyuntural.
La vuelta al patio trasero 
 Es necesario analizar varios planos para entender dónde estamos parados, afirma. El primero relacionado a las garras imperialistas sobre nuestro continente: “Por un lado, tiene que ver con la disputa geopolítica China-Estados Unidos, que es muy fuerte en este momento. Estados Unidos viene de una derrota muy fuerte en Siria”, que se suma a las enormes dificultades “para mantenerse en el mar del sur de China, que es otra zona estratégica ante la pujanza China”. Esto da como resultado que “Estados Unidos está en un proceso de retirada de algunos escenarios fundamentales”, comenta.

“En este período de declive de la hegemonía de Estados Unidos, es que necesita afirmarse en su patio trasero. Y, sobre todo, en el Caribe y Centroamérica”, asegura Zibechi y enumera el largo prontuario de invasiones, ocupaciones y golpes militares llevados a cabo desde el siglo XIX por los vecinos del norte. “El escenario es ese: Estados Unidos nuevamente con mucha fuerza en América Latina”, remarca.

La opción por el miedo y la intolerancia 
 La segunda parte de esa lectura se complementa con “un viraje a la derecha muy fuerte de las sociedades y del arriba”. Los gobiernos neoliberales de Colombia y Chile hoy se fortalecen en bloque junto a sus pares de Argentina, Ecuador, Paraguay y Brasil, y en oposición a Venezuela como eje aglutinador. En este escenario, el peso de las políticas reaccionarias de Brasil en la región es determinante.

Más allá de las clases dirigentes, lo que preocupa es cómo repercute en los pueblos. “Una sociedad que se ha vuelto radicalmente intolerante –explica Zibechi-. Si bien creo que el arriba está muy mal y muy derechizado, el abajo también. Clases medias y sectores populares donde las iglesias pentecostales están haciendo un laburo muy profundo y donde la gente los apoya”.
“La palabra fascista me parece que hay que llenarla de contenido –analiza el periodista uruguayo, autor de varios libros-. Hablamos de una sociedad que quiere el orden militar y policial. Donde se tejen alianzas con los militares, con el narco y con los paramilitares para matar negros y poner en su lugar a las lesbianas y disidencias. Entonces, es una sociedad que ha hecho una opción muy jodida. Es una opción de miedo, de no saber dónde pararse. Es una reacción muy fuerte contra el feminismo”.
Y esta coyuntura presenta un horizonte negro para los tres gobiernos progresistas que quedan. “Venezuela asediada y aislada, con una oposición interna muy fuerte; Bolivia y Uruguay que tienen elecciones este año donde es muy posible que gane la derecha. El escenario es muy negativo para el progresismo, muy negativo para las izquierdas que han perdido protagonismo y que han perdido, sobre todo, trabajo de base”, afirma Zibechi.
La izquierda te la debo 
 Según el análisis del periodista uruguayo, las dificultades para delinear una estrategia política emancipadora y el abandono del trabajo territorial son los puntos nodales para entender el cambio de hegemonía en la región y donde los gobiernos progresistas y los movimientos sociales nos debemos una fuerte autocrítica.
Lo que caracteriza hoy al movimiento popular “es una falta de norte en casi toda la región, muy claramente en Brasil, donde hay muy poquitos grupos que están haciendo un trabajo territorial”, destaca.
“La izquierda brasileña de lo único que habla es de Lula –apunta Zibechi-. Está muy bien pedir por la libertad de Lula, yo defiendo la libertad de Lula. Pero no se puede hacer política en base a la libertad de Lula: tenés que estar en la favela, tenés que estar en los barrios, en los quilombos, en los lugares donde está la gente y organizar. Eso es lo que hacían hace 50 años las comunidades eclesiales de base, la educación popular, la izquierda. Y hoy se abandonó. La derecha gana porque la izquierda abandonó el campo de batalla”.
“Hoy, lo único que queda como izquierda es un aparato sindical muy pequeño, que defiende intereses corporativos -y que está bien que los defienda-, pero, definitivamente, esa no puede ser la única expresión de la izquierda”, sentencia Zibechi.

Los pies en la tierra 
 En esa misma línea, el periodista asevera que “el gran desastre que dejó la crisis del progresismo es la pérdida de horizonte a largo plazo: la pérdida de horizonte estratégico”.
Dentro del campo popular, se puede ver “una gran desorientación, un gran desnorteo, una incapacidad para distinguir lo estratégico de lo táctico”. Y se refiera a lo que es lo estratégico: “Es en lo que nos afirmamos: trabajo territorial, trabajo de largo plazo, de organización, de formación, de soberanía alimentaria, de educación, de salud. Y tácticamente, vemos y nos movemos. Por ejemplo, si creemos que con un gobierno progre nos va ir mejor con el de Macri, jugamos algunas fichas a eso. Pero no hipoteco la organización para irme detrás del candidato. Creo que hay mucho de eso”.

Zibechi no duda en definir que el trabajo estratégico es la recuperación de territorio. Enumera varias experiencias que, en los últimos tiempos, vienen profundizando el trabajo de base y los pies en la tierra, como el Movimiento Passe Livre (MPL), la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT) o el Encuentro de Organizaciones (EO), por nombrar algunos. “El trabajo territorial fue el gran salto adelante del movimiento piquetero. Ante el cierre de fábricas, retornamos al territorio y hacemos en el territorio otro tipo de organización, otra vida. Organización y trabajo arraigado en el territorio”, señala.

La recuperación territorial como horizonte estratégico es en lo que se basa la práctica de algunas organizaciones urbanas, campesinas y también los pueblos originarios, ahí es donde el entrevistado reconoce la potencia: “Yo creo que ese es el futuro”. “Y si somos cuatro haciendo trabajo territorial y cuatro mil mirando la tele y aplaudiendo al candidato, no me importa: porque esos cuatro son los que empiezan con todo”, agrega Zibechi.

La marea, cuando baja, ya no tiene vuelta atrás 
 —¿Y cómo leés la marea feminista?
El feminismo es la luz en medio de las sombras. Es el movimiento que ha marcado un punto de inflexión, sobre todo, en el cono sur, y que le ha puesto límites al conservadurismo, al poder, al Estado. Y que, además, atraviesa a toda la sociedad.

El uruguayo ceba un mate y se queda en silencio. Afuera, ya se vive la ansiedad por un nuevo Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, que, en Montevideo, reunirá cerca de 300 mil personas en un rugir violeta. Tiempo de rebelión. Zibechi no puede ocultar su entusiasmo sobre la territorialización del feminismo.

“Luego de esta gran explosión, cuando baje la ola y esta enorme fuerza del movimiento vuelva con las mujeres a los territorios, a los pueblos, a las comunidades y empiece a territorializarse, ahí cambia todo. Es donde empieza la historia más rica, el movimiento feminista con fuerza territorial. Ahora viene un momento fascinante”, resume Zibechi.

Fuente: http://latinta.com.ar/2019/04/raul-zibrechi-la-derecha-gana-porque-la-izquierda-abandono-el-campo-de-batalla/


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UN ANÁLISIS MARXISTA SOBRE LA TEORIA MONETARIA MOERNA



Discusiones en torno a la Teoría Monetaria Moderna

Rebelión
Rolandoastarita.blog
04.04.2019
En la edición del 7/03/19 de Sin Permiso se publicó el artículo de Michael Roberts, "El modelo macro de la Teoría Monetaria Moderna". Allí Roberts analiza, desde una perspectiva marxista, la macro de la TMM. El artículo de Roberts fue respondido por Eduardo Garzón, en "Réplica a Michael Roberts sobre el modelo macro de la Teoría Monetaria Moderna" (véase bibliografía). Dado que en notas anteriores he criticado a la TMM (véase aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí), el escrito de Roberts y la respuesta de Garzón me dan la oportunidad de profundizar en las diferencias que tenemos los marxistas con los keynesianos (o los poskeynesianos). Con este fin, en primer lugar, sintetizo el argumento de Roberts; en segundo término, la respuesta de Garzón; y en tercer lugar presento algunas consideraciones, críticas de Garzón y en apoyo al enfoque de Roberts.
 
Antes de entrar en el tema, señalo que esta nota se ha beneficiado de las observaciones y sugerencias que me ha enviado Michael (por supuesto, los errores y problemas que pueda contener son de mi entera responsabilidad). Por otra parte, y a fin de que se puedan considerar los argumentos de conjunto, no he dividido la nota en partes, a pesar de que excede el tamaño habitual de las entradas que subo al blog.

Roberts sobre la macro poskeynesiana

Roberts presenta el modelo macro de la TMM, tal como lo describe Scott Fullwiler.

Fullwiler parte de la igualdad Ingreso Nacional = Gasto Nacional. El cual se puede descomponer en salarios + beneficios = inversión + consumo. Suponiendo que todos los salarios se gastan y todos los beneficios se ahorran, queda que ganancias = inversión. Fullwiler, sin embargo, escribe inversión = ganancias, dado que, según la teoría poskeynesiana, es la inversión la que lleva a los beneficios, y no al revés.

Luego sostiene que existen salarios que se ahorran, y se agregan a los beneficios para conformar el ahorro privado, S. Además, agrega el ahorro público: impuestos (T) – gasto público (G); y el sector externo, exportaciones (X) – importaciones (M). En términos de los cursos habituales de macro, se trata del tradicional modelo se saldos sectoriales: (S – I) + (T – G) = (X – M) (*)

Se trata de la presentación habitual de la identidad de la renta nacional en términos de saldos sectoriales (véase, por ejemplo, Dornbusch, 1993, cap. 2). La diferencia que contiene el modelo de Fullwiler es que todas las ganancias van al ahorro (en las presentaciones de manual de macro usual las ganancias –por caso, dividendos- que reciben los hogares se dividen en ahorro y consumo). Obsérvese también que el sector externo está representado por la balanza comercial. Si se incorporan las transferencias internacionales netas, R, habrá que sumarlas tanto del lado del ingreso, como del sector externo. Así, el S sería Y + R – T – C; y el sector externo, la cuenta corriente, (X + R – M). De manera que los saldos sectoriales quedarían (S – I) + (T – G) = (X + R – M) (véase Dornbusch, citado). Lo importante sobre esta última cuestión es que el saldo de cuenta corriente nos estaría indicando la tasa a la cual están variando los activos exteriores netos. Por ejemplo, la variación del endeudamiento público con el exterior, o de las reservas internacionales. Variaciones que a su vez pueden ser potenciadas por los movimientos de capitales (registrados en la llamada cuenta financiera). Nada de esto, sin embargo, es considerado por Fullwiler. El neto externo está conformado por la balanza comercial.

En cualquier caso, una cuestión central que subraya Roberts es que estas identidades no muestran relaciones de causalidad: "las identidades no revelan la causalidad y la causalidad es lo que importa". Una afirmación que coincide con lo que plantea Dornbusch, cuando sostiene que no existen argumentos para sostener que uno de los saldos sectoriales, por ejemplo, el de la balanza corriente, esté determinado por los otros dos (véase p. 26). Es que las identidades de saldos, necesariamente, siempre se establecen simultáneamente por la simple determinación de los beneficios, salarios y precios × cantidades.

Sin embargo, Fullwiler sí introduce relaciones de causa y efecto: de (*) obtiene que (S – I) – (X –  M) = (G – T). Dado que (G – T) es el déficit público, y suponiendo que el sector externo no varía, afirma que el aumento del déficit público implica el aumento del ahorro neto privado (S – I). Pero si los saldos sectoriales de la macro se establecen simultáneamente, no hay forma de derivar de ellos implicaciones o relaciones causales.

A su vez, si, como hace Fullwiler, excluimos los salarios, los ahorros son iguales a los beneficios. O sea, los beneficios después de la inversión son iguales al déficit público (siempre considerando que el neto comercial no varía). A partir de esta identidad, los poskeynesianos sostienen entonces que la inversión genera el beneficio; y que el déficit público genera el ahorro privado. De nuevo debemos señalar que a partir de las identidades de saldos sectoriales los poskeynesianos están postulando relaciones de causa – efecto (a "genera" b), que no están justificadas.

Por otra parte, y como señala Roberts, la identidad de Fullwiler es, en esencia, la identidad básica de Kalecki: ganancia = inversión. Si se agrega la inversión pública, tendremos que ganancia = inversión capitalista (o privada) + inversión pública. De nuevo, lo importante aquí es la causalidad, que va de la inversión al beneficio. Por lo tanto, según el enfoque de la TMM, si la inversión pública aumenta (y podría aumentar todo lo que se quisiera, con el simple expediente de la creación del dinero por parte del Estado), aumentan los beneficios. Roberts subraya: para los keynesianos es la inversión la que causa los beneficios. O sea, es el gasto de los capitalistas en inversión y consumo el que genera las ganancias. Insistimos en que estamos ante una relación de implicación (de la inversión al beneficio) sacada de unas identidades contables macro que en absoluto la demuestran.

Por lo tanto, y en oposición al planteo keynesiano, Roberts sostiene que en el mundo real de la producción capitalista los beneficios conducen a la inversión. Es que la "demanda efectiva" (incluyendo los déficits públicos) no puede preceder a la producción. La razón es que la demanda solo puede ser satisfecha cuando los seres humanos trabajan para producir cosas y servicios a partir de la naturaleza. En otros términos, la producción precede a la demanda y el tiempo trabajado determina el valor de la producción. Los beneficios son el resultado de la explotación del trabajo, y son invertidos o consumidos por lo capitalistas (podemos agregar que también van a impuestos). Todas estas relaciones implican secuencias temporales que desaparecen en la determinación simultánea de los saldos sectoriales.

La crítica de Garzón a Roberts

En respuesta al escrito de Roberts, Garzón sostiene –en acuerdo con Wray, referente de la TMM- que la causalidad va del gasto a los ingresos; desde la inversión a los beneficios; y desde el déficit al superávit. Pero en lugar de partir de las identidades macro, Garzón aspira a dar un argumento teórico fundado en la naturaleza del mercado, y la relación mercancía – dinero. Para esto sostiene que en toda compraventa "lo que una parte gasta lo ingresa la otra, porque el dinero no desaparece ni su cantidad se altera en la transacción". Señalemos aquí que por "compraventa" Garzón entiende el acto único del cambio de dinero por mercancía (o mercancía por dinero). Esto es, no se trata de la metamorfosis "a lo Marx", mercancía – dinero – mercancía, propia de la circulación simple; ni de la secuencia dinero – mercancía – dinero, característica de la circulación del capital.

Garzón agrega enseguida que la parte que inicia la transacción de compraventa, y permite que esta tenga lugar, "es la que gasta, no la que ingresa [el dinero]". Esto porque esta última "no puede lograr por su cuenta ganar dinero con una venta porque necesita que alguien comience el proceso". Sin embargo, la parte que gasta "sí puede decidir  por su cuenta si va a gastar dinero o no con la compra". El endeudamiento, a su vez, será normalmente posible, a no ser el caso en que el deudor no goce de credibilidad. "Por lo tanto, si el comprador no quiere gastar, no lo hará; y si quiere gastar, lo hará…". Sin embargo, el vendedor "no puede decidir por su cuenta si va a ingresar dinero o no. En otras palabras, el que gasta es quien tiene la llave de la compraventa". De manera que el argumento clave de Garzón para la causalidad es que la compra tiene precedencia (es el punto de arranque, el factor activo) sobre la venta.

Garzón afirma luego que este razonamiento "se puede extrapolar al caso de los beneficios y la inversión". Esto porque "[s]i suponemos dos agentes económicos, el superávit de uno de ellos es igual al déficit del otro". Es que nadie "puede ahorrar si no hay al otro lado alguien que "desahorre". En cambio, para "desahorrar" no hace falta que haya alguien queriendo ahorrar, basta –en el peor de los casos– con endeudarse o crear dinero, lo cual es siempre posible en condiciones normales". Criterio que aplica a las identidades macro descritas más arriba, para concluir que, si bien el sector privado no puede "desahorrar" indefinidamente (no tiene el poder para crear moneda, o de imponer su utilización), el sector público "sí puede hacerlo porque emite la moneda que utiliza y además impone por la fuerza su uso".

¿Análisis de la "compraventa" o de la metamorfosis de la mercancía?

Las consideraciones de Garzón sobre la compraventa, y el rol que le asigna al comprador, pueden parecer triviales en una primera lectura, pero tienen un propósito evidente: responder a la afirmación de Roberts de que la "demanda efectiva" no puede preceder a la producción, ya que "solo puede ser satisfecha cuando los seres humanos trabajan para producir cosas y servicios a partir de la naturaleza". A ese fin, su argumento clave es que para llevar a cabo una transacción de compraventa la parte que la inicia y permite que la misma tenga lugar es la que compra (gasta), no la que vende (ingresa el dinero).

Garzón presenta el asunto como si fuera trivialmente "evidente", pero no lo es. Es que para que el comprador pueda "iniciar" la transacción, el producto tuvo que haber sido llevado al mercado. Y si esto es así, el inicio de la transacción no es el acto de comprar, sino el "poner a la venta". Para lo cual, antes de ser puesto a la venta tuvo que ser producido. Que es lo que dice Roberts, y Garzón no responde.

Pero además, para que el comprador pueda ofrecer el dinero para adquirir el bien tuvo que haber producido valor; o tuvo que haberse apropiado del valor generado por alguna otra persona; o debe tener la capacidad de endeudarse (o sea, debe tener crédito). En cualquiera de los casos, se pone en evidencia el error de Garzón de considerar el acto de compraventa de forma abstracta. Abstracto significa "separado", "aislado". Pero la explicación científica debe ser concreta, esto es, tomar el conjunto de las relaciones que intervienen en la determinación del acto singular de "compraventa". Típicamente, esto significa la necesidad de analizar ese acto en el marco de la concatenación de la circulación de las mercancías y del dinero. En su forma más sencilla, en un escenario de circulación simple de mercancías. En esta, la compraventa no es un acto aislado, sino un eslabón de una larga serie de metamorfosis por las cuales las mercancías se transforman en dinero, y el dinero en mercancías. Pero desde este enfoque, el acto "compraventa" se desdobla en los actos separados de venta y compra: M – D, por un lado, y D – M, por el otro, en la formulación de Marx.

Por supuesto, en cada una de esas operaciones existe la "compraventa" de la que habla Garzón (es una verdad trivial que si alguien compra es porque alguien al mismo tiempo vende). Pero así considerada, esa "compraventa" es una unidad abstracta, que no nos dice nada del verdadero proceso por el cual lo que en el trueque es identidad, se transforma, con la introducción del dinero, en los actos separados, para el productor, de venta y compra. Lo cual, a su vez, implica la concatenación con todo el resto de compras y ventas. Por e