jueves, 20 de septiembre de 2018

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Cristina Cifuentes, Pablo Casado, Carmen Montón…
Sus Masters solo son una pequeña parte de la historia


 Andreu Tobarra
Vientosur
13.09.2018

Desde ya una buena cantidad de años como profesor universitario al mismo tiempo que activista social, quiero poner en el papel algunas consideraciones que intenten ir más allá del sangrante y esperpéntico anecdotario protagonizado, de momento, por el trio de altos cargos de la política institucional, Cifuentes, Casado y Montón.

Por empezar por alguna de las puntas del asunto, creo que es bastante irrelevante intentar encontrar alguna diferencia de sustancia entre el hecho de que Montón haya sido capaz de enseñar un trabajo (al menos la portada ya que se negó, con motivos obvios dado su plagio, a permitir que se fotocopiase) y los otros dos cargos no. Es irrelevante ya que hemos ido acumulando más que simples sospechas con filtraciones en todos estos años de cómo algunos políticos que intentan construirse un currículo universitario encargan a personas de su entorno y que forman parte del personal de confianza que dirigen en el ámbito institucional, la elaboración del mismo. Unas veces es un encargo pagado y otras es un servicio que será recompensado en un futuro por el alto cargo desde las posibilidades que ese puesto importante le permite, o, a veces, la recompensa abarca los dos ámbitos. También hemos sabido que el redactor o redactora en la sombra, no ha realizado necesariamente el trabajo encargado con la honradez y calidad mínima esperada; en cierta medida ha decidido ser tan corrupto como su patrón o patrona, plagiando con tan pocos disimulos como escrúpulos.

Dejemos claro que tanto el acto de no hacer el trabajo de investigación requerido, como presentarlo falsificado y plagiado, en la universidad solo puede realizarse, como mínimo, con la absoluta conciencia y connivencia de algunos miembros del profesorado. Es decir, no ha podido ser, en ningún momento, una acción unilateral por parte de importantes estudiantes corruptos que engañan a todos, como si se tratara de algún universitario que en un momento dado copia un examen hábilmente superando el control de su profesor.

Mucho más revelador es alguna parte del discurso que construyen en sus apariciones públicas, cuando ya no tienen más remedio que intentar dar explicaciones para conseguir sobrevivir en el puesto. La señora Montón, siguiendo un guion extraordinariamente similar al de la señora Cifuentes, dijo en voz muy alta en la rueda de prensa como argumento de enorme peso: “tengo el apoyo del Presidente”.

¿Este apoyo qué tiene que ver con el tema que se juzga? Lo que se está dilucidando es la honestidad o deshonestidad. Tener el apoyo del Presidente no convierte en verdad la mentira. Se pierden y evidencian con revelaciones en un discurso cuyas claves no se corresponden tanto con lo que es generalizable a la sociedad, sino que se corresponde con lo que en su pequeño mundo tiene mucha importancia: las relaciones que te respaldan, el sostén de los que están por encima de ella en la jerarquía. Y, en este punto, no podemos menos que reconocer que tiene buena parte de la razón: para ascender y permanecer en los cargos de responsabilidad como una autentica profesional de la política, como mínimo en el PP y en el PSOE, hace falta medrar y mucho, generar alianzas que supongan a los que tienes por encima garantía suficiente de fidelidades y algo muy parecido con los que compiten en el mismo nivel de la jerarquía del aparato de partido. Es decir, la cooperación, la colaboración ética, unida a una capacitación real no solo en términos técnicos, sino sociales, está bastante minorizada, por no decir ausente, como determinante principal del puesto que se ha llegado a ocupar y la promesa, si ya no se puede mejorar, como mínimo a mantenerlo casi eternamente.

La lista de políticas y políticos profesionales, que, desde sus inicios juveniles, no han hecho otra cosa más que trabajar para el partido o para los puestos del mismo partido en las instituciones, es larga, tanto en el PP como en el PSOE y sorprende contar la cantidad de años que van acumulando, pasando de un puesto a otro, salvo que les llegue la jubilación de la clase política y la recompensa se presenta no en forma del retiro de cualquier trabajadora o trabajador. Para esos altos cargos se presenta en forma de la recompensa de las puertas giratorias, desde las que a su vez pueden hacer valer sus agendas de contactos adquiridos en los años de ejercicios anteriores, manteniendo fuera de la esfera pública, en los consejos de administración de las empresas en las que son recolocados, una obligada sintonía de intereses, por no decir sumisión al aparato de partido que te ha dado esa ventajosísima y elitista opción generalmente muy bien remunerada.

A la espera de lo que ocurra con Casado en el supremo, la despedida de Cifuentes y de Montón sigue un mismo guion. Por parte del partido que se ve obligado ante las múltiples evidencias y las consecuencias que supondría mantenerla para sus organizaciones, las frases de despedida son de este calibre: “Tu decisión, valiente, te honra”, le adjudica el presidente Sánchez, “con tu labor, España es mejor país en solo cien días. Gracias", señala la cuenta oficial de Twitter del partido… mientras que la misma Carmen Montón, se adjudica en su rueda de prensa de despedida que lo hace “desde la honestidad”.

Estas declaraciones que no solo niegan todas las evidencias, realmente, ¿las hacen como parte del oficio para conseguir minimizar daños intentando que la desinformación actúe a su favor consiguiendo, ayudados por la prensa, radio y televisiones amigas, que entre algunos sectores sociales no suponga un desgaste de confianza y legitimidad de su organización, cosa que se traduce siempre en pérdidas de votos?.

Pensamos que, junto a ello, existe otro motivo, que parte de la lectura que hace la propia clase política de sí misma. Junto a su capacidad de autonomizarse de los intereses sociales, con intereses propios, parte del oficio de político profesional consiste en emitir discursos que, amplificados convenientemente por los medios de comunicación, justifican estar haciendo y defendiendo aquello que sistemáticamente se incumple de las promesas electorales y de los programas de gobierno. Al mismo tiempo que se construyen discursos en sentido contrario a las evidencias, los políticos profesionales, en esa auto