miércoles, 6 de marzo de 2024

La ideología de la guerra en Ucrania y en Israel

 

La ideología de la guerra en Ucrania y en Israel

 

DIARIO OCTUBRE / marzo 5, 2024

 

Las guerras de Ucrania y de Gaza se parecen más de lo que muchos creen… al menos para quienes conocen la Historia. La guerra de Ucrania no comenzó con la operación militar rusa sino con las masacres en la región de Donbass. La guerra de Gaza no comenzó con la Operación “Diluvio de Al-Aqsa” sino hace 75 años, con la Nakba. Si miramos hacia atrás, veremos como los verdaderos responsables de estas dos guerras enarbolan la misma ideología.


La delegación israelí de Benyamin Netanyahu y la delegación ucraniana de Volodimir Zelenski. Entre ellas flota el recuerdo de la alianza fascista entre Zeev Jabotinsky y Dimitro Dontsov.


Thierry Meyssan (Red Voltaire).— Generalmente, toda guerra define quiénes somos “nosotros” y quiénes son “ellos”. “Nosotros” somos el Bien y “ellos” son el Mal.

Los dirigentes occidentales, declaran que la guerra en sí misma es mala, pero afirman que hoy es indispensable frente a las agresiones de Rusia y del Hamas. Según los dirigentes occidentales, Rusia, o más bien su presidente, Vladimir Putin, sueña con apoderarse de nuestros bienes y con destruir nuestro sistema político. Dicen que, después de haber invadido Ucrania, invadirá también Moldavia y los países bálticos, y que luego continuará hacia Occidente. El Hamas, por su parte, es presentado como una secta llena de odio que comienza violando y decapitando a los judíos por antisemitismo y que continuará invadiendo Occidente en nombre de su religión.

Hay que observar que tanto Israel como Estados Unidos fueron fundados por sus ejércitos: Haganá y el Ejército Continental. Hoy en día, la gran mayoría de los dirigentes políticos de ambos países hicieron carrera en las fuerzas armadas o en los servicios secretos. Pero los dirigentes de Israel y de Estados Unidos no son los únicos con esas características ya que Xi Jinping es un ex militar y Vladimir Putin proviene de los servicios secretos soviéticos, el KGB.

Habría que preguntarse en qué se basan los delirios y temores del Occidente político y cómo estos le impiden percibir la verdad. Si Francia no invadió Ruanda, Rusia tampoco ha invadido Ucrania. Al igual que París, que interrumpió la masacre desatada contra los tutsis ruandeses, Moscú interrumpió la masacre desatada contra los ucranianos rusoparlantes en Donbass. Al igual que París en Ruanda, Moscú estuvo movido, en Donbass, por su «Responsabilidad de Proteger» [1] y por la necesidad de poner en aplicación las resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por su parte, los palestinos no violan ni decapitan gente por placer –aunque algunos sí pertenecen a una secta que lo hace. Si los palestinos luchan contra los israelíes no es por antisemitismo –sólo la corriente “histórica” del Hamas se basa en el odio contra los judíos mientras que la mayoría de los palestinos lucha contra el sistema de apartheid que el Estado hebreo les impone.

La ceguera colectiva tiene probablemente como función primaria la de borrar los crímenes anteriores de Occidente. En efecto, fueron precisamente las “democracias” de Estados Unidos y de los países miembros de la Unión Europea quienes organizaron el derrocamiento del presidente electo ucraniano, Viktor Yanukovich, en 2014. Fueron también los representantes de las “democracias” occidentales de Alemania y Francia quienes firmaron, sin intenciones de aplicarlos –según confesaron después la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Francois Hollande–, los Acuerdos de Minsk, que debían garantizar la paz a los ucranianos del Donbass. Sólo al cabo de años, Merkel y Hollande reconocieron que su verdadero objetivo había sido ganar tiempo para armar a Ucrania. Según los términos consagrados por el Tribunal de Nuremberg esa flagrante violación de los compromisos internacionales contraídos es el más grave de todos los crímenes, el crimen «contra la paz».

Ha sido también la «mayor democracia del Medio Oriente», Israel, quien robó, metro a metro, mediante la ocupación militar y recurriendo a innumerables subterfugios, la mayor parte de los Territorios Palestinos reconocidos como tales en la resolución 181 del Consejo de Seguridad de la ONU, en 1947.

La ceguera colectiva de Occidente probablemente tiene también como función la de permitir que las naciones occidentales cometan nuevos crímenes. Por eso, no debe asombrarnos que Occidente se empeñe en tratar de hundir la economía rusa. Tampoco deben asombrarnos los discursos que llaman a la realización de una limpieza étnica en la Palestina geográfica y que promueven, en definitiva, la expulsión de un millón de palestinos.

Benyamin Netanyahu y Volodimir Zelensk asisten juntos a una ceremonia solemne en Babi Yar, donde 30 000 judíos fueron masacrados por los nazis… y por los colaboradores ucranianos del III Reich.

 

La hipocresía reinante se pone de manifiesto en el hecho que al Memorial de Babi Yar se llega pasando por la avenida que hoy lleva el nombre de Stepan Bandera, el “Guía” (Providnyk) de la Organización de los Nacionalistas [integristas] Ucranianos, colaboradores de los nazis.El objetivo de estos conflictos no es el acaparamiento de recursos, sino la ocupación de territorios. Los nacionalistas integristas ucranianos de Dimitro Dontsov, siempre reclamaron, desde 1917, la posesión de la Novorossiya anarquista de Nestor Makhno, la región de Donbass y la Crimea bolchevique. Es cierto que el ucraniano Nikita Jrushov puso esos territorios bajo la administración de la Ucrania soviética, pero Kiev no puede invocar la historia reciente para reclamarlos.

Idénticamente, los sionistas revisionistas de Zeev Jabotinsky reclaman desde 1920 todo el territorio de Palestina, el Sinaí egipcio, Líbano, Jordania y Siria, o sea todos los territorios que se sitúan entre «el Nilo y el Éufrates». Si bien el antiguo reino de Jerusalén se componía de esa ciudad y sus alrededores, eso no les permite invocar la Historia para justificar sus conquistas contemporáneas.

Suele decirse que la pirámide de edad de la población determina la agresividad de los Estados. Los Estados cuya población se compone mayoritariamente de jóvenes de entre 15 y 30 años serían por naturaleza más propensos a la guerra. Pero Ucrania no está en ese caso, ni tampoco Israel. Por cierto es más bien Palestina, no Israel, quien debería ser más propensa a la guerra, según la teoría de la pirámide de edad de su población.

La cuestión ideológica es probablemente lo más importante. Dimitro Dontsov y su títere criminal, Stepan Bandera, dieron una dimensión épica a los nacionalistas integristas ucranianos, presentándolos como herederos de los vikingos suecos, los Varegos, supuestamente destinados a masacrar a los «moscovitas» para llegar a Valhalla. Actualmente, el «Fuhrer blanco», Andriy Biletsky, dirigió sucesivamente las tropas de la División Azov derrotadas en Mariupol, la 3ª brigada de asalto derrotada en Bajmut/Artemiovosk y, más recientemente, las fuerzas ucranianas derrotadas en Avdiivka. De la misma manera, Benyamin Netanyahu, cuyo padre fue secretario particular de Zeev Jabotinsky, no vacila en comparar a los palestinos con los antiguos amalecitas. Con ello implica que, en cumplimiento de las órdenes de Yahvé, es necesario exterminar a los palestinos, para impedir que esa raza resurja en contra de los hebreos. Al mismo tiempo, el ejército de Israel destruye sistemáticamente todas las universidades y escuelas de la franja de Gaza y ya ha masacrado 30 000 civiles, invocando la «lucha contra el Hamas» como pretexto.

En el pasado, el ucraniano Dimitro Dontsov estableció una alianza con Hitler, desde 1923, o sea antes de que este último alcanzara el poder. Dontsov se convirtió después en uno de los administradores del Instituto Reinhard Heydrich, que se ocupaba de la aplicación de la «Solución Final» a las poblaciones judía y gitana. El judío ucraniano Zeev Jabotinsky, fue aliado de Dontsov desde 1922, y en 1935 fundó la escuela de cuadros del Betar en Civitavecchi (Italia) con ayuda del Duce Benito Mussolini. Fallecido en 1940, Jabotinsky no llegó a desempeñar un gran papel en la Segunda Guerra Mundial. Pero las acciones de Jabotinsky, como las de Dontsov, no dejan lugar a dudas sobre la adhesión de los nacionalistas integristas ucranianos al nazismo ni sobre la adhesión de los sionistas revisionistas al fascismo.

También está presente la lógica territorial de los regímenes fascistas y nazis en el discurso actual del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, y en la retórica del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu. Mientras tanto el presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente palestino, Mahmud Abbas, resaltan la defensa de sus pueblos.

• Más información sobre el nacionalismo integrista de Dimitro Dontsov en
«¿Quiénes son los nacionalistas integristas ucranianos?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de noviembre de 2022.
• Más información sobre los sionistas revisionistas de Zeev Jabotinsky en
«Cuando el velo se desgarra: las verdades ocultas, de Jabotinsky a Netanyahu», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 23 de enero de 2024;
y «La “Conferencia por la Victoria de Israel” realizada en Jerusalén, una amenaza para Londres y Washington», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 13 de febrero de 2024.

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[1] Se refiere al famoso «R2P», tantas veces invocado por Estados Unidos y otras potencias occidentales en diversas latitudes. Nota de Red Voltaire.

FUENTE: voltairenet.org

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Desenmascarando los costos ocultos del modelo agrícola actual

 


Desenmascarando los costos ocultos del modelo agrícola actual


Publicado el 6 de marzo de 2024 / Por Jesús María Veci de la Fuente / KAOSENLARED

 

Introducción

La insostenibilidad de los sistemas agroalimentarios es un tema candente en el panorama global. ¿Qué hay detrás de los precios que pagamos por los alimentos que consumimos? ¿Cuáles son los costos que permanecen ocultos a simple vista pero que tienen un impacto significativo en nuestra sociedad y medio ambiente?

Un reciente análisis llevado a cabo en 154 países ha arrojado luz sobre estos costos ocultos, proporcionando estimaciones que nos obligan a repensar la manera en que concebimos y valoramos nuestros sistemas agroalimentarios.

Los costos ocultos cuantificados a nivel mundial, incluyendo impactos ambientales, sociales y sanitarios, se estimaron en aproximadamente 12,7 billones de dólares en paridad de poder adquisitivo (PPA) en 2020. Esta cifra equivale a casi el 10 % del producto interno bruto mundial en términos de PPA.

La magnitud de estos costos es alarmante. Incluso teniendo en cuenta la incertidumbre, existe una alta probabilidad de que superen los 10 billones de dólares PPA en 2020. Esto subraya la urgencia de tener en cuenta estos costos al tomar decisiones para transformar nuestros sistemas agroalimentarios.

Es interesante observar que el 73 % de los costos ocultos cuantificados en 2020 estaban relacionados con hábitos alimenticios que conducen a la obesidad y enfermedades no transmisibles, lo que resulta en pérdidas de productividad laboral. Además, los costos ocultos ambientales de la agricultura representan más del 20 % de los costos totales, equivalente a casi un tercio del valor añadido agrícola.

Desde una perspectiva social, se estima que los ingresos de la población moderadamente pobre que trabaja en los sistemas agroalimentarios deben aumentar significativamente para reducir la inseguridad alimentaria y la subalimentación.

Es fundamental comprender que los costos ocultos de los sistemas agroalimentarios no son uniformes en todos los países. Por ejemplo, en los países de ingresos bajos, estos costos suponen una carga mucho mayor en relación con los ingresos nacionales que en los países de ingresos medianos o altos.

Estos hallazgos subrayan la necesidad de considerar los costos ocultos ambientales, sociales y sanitarios al evaluar la sostenibilidad de nuestros sistemas agroalimentarios. Aunque enfrentamos desafíos significativos, también nos brindan una oportunidad para reorientar nuestras políticas y acciones hacia un futuro más saludable y sostenible para todos.

En nuestra búsqueda de alimentar a una población global en constante crecimiento, el modelo agrícola actual ha generado una serie de costos ambientales, sociales y de salud que deben ser examinados con detenimiento. Estos costos no solo se manifiestan en términos tangibles, sino que también tienen consecuencias profundas y a menudo ocultas que afectan la sostenibilidad de nuestros sistemas alimentarios y la salud de nuestro planeta y sus habitantes.

1.      Pérdida de Biodiversidad y Funcionalidad Ecosistémica: La pérdida de biodiversidad es mucho más que la desaparición de especies individuales; es la erosión de la función y la resiliencia de los sistemas naturales que sostienen la vida en la Tierra. Los ecosistemas saludables dependen de una diversidad de especies interconectadas para llevar a cabo una amplia gama de funciones vitales, desde la polinización de cultivos hasta la purificación del agua y la regulación del clima. La pérdida de biodiversidad compromete estas funciones críticas, lo que socava la estabilidad y la capacidad de recuperación de los ecosistemas frente a las perturbaciones. En última instancia, la degradación de la biodiversidad agrava los desafíos ambientales y aumenta la vulnerabilidad de las comunidades humanas que dependen de estos servicios ecosistémicos.

2.     Costos para la Salud: La salud humana está estrechamente ligada a la salud de los sistemas alimentarios y ambientales en los que dependemos. La exposición crónica a pesticidas y agroquímicos utilizados en la agricultura moderna está asociada con una serie de problemas de salud, que van desde enfermedades respiratorias y dermatológicas hasta trastornos neurológicos y cáncer. Además, la tendencia hacia la monocultura y la producción intensiva de cultivos comerciales ha llevado a la pérdida de diversidad dietética y a la prevalencia de alimentos altamente procesados y deficientes en nutrientes. Esto ha contribuido a una epidemia global de malnutrición, donde la obesidad y las enfermedades relacionadas con la dieta coexisten con la desnutrición y la falta de acceso a alimentos saludables.

La Crisis Alimentaria Global en el Horizonte

En la actualidad, estamos siendo testigos de una disminución preocupante en las cosechas en todo el mundo debido a la creciente incidencia del cambio climático. Los eventos climáticos extremos, como sequías, inundaciones y olas de calor, están alterando los patrones climáticos y amenazando la producción agrícola en regiones clave de todo el planeta. Esta disrupción en la oferta de alimentos ya está teniendo un impacto en la seguridad alimentaria global y podría desencadenar una crisis alimentaria aguda si no se aborda de manera urgente y efectiva.

Hacia un Modelo Alimentario más Sostenible y Localizado

Para abordar estos desafíos apremiantes, es fundamental reevaluar y transformar nuestros sistemas alimentarios hacia modelos más sostenibles y localizados. Esto implica fomentar la diversificación de cultivos, apoyar a los agricultores locales, promover los mercados agrícolas regionales y reducir nuestra dependencia de la importación de alimentos. Al fortalecer la resiliencia de nuestras comunidades locales y restaurar la salud de nuestros ecosistemas, podemos construir un futuro más saludable y sostenible para todos.

Costos Ocultos

Ambientales

Los costos ocultos del modelo agrícola actual son tan profundos como invisibles. Nos enfrentamos a desafíos ambientales que amenazan la sostenibilidad de nuestros sistemas alimentarios y la salud de nuestros ecosistemas.

La pérdida de servicios ecosistémicos es un ejemplo destacado. A menudo subestimamos el valor de los servicios gratuitos proporcionados por la naturaleza, como la polinización ,el control de plagas y el almacenaje de aguas superficiales y su depuración natural. Estos servicios, esenciales para la producción agrícola, están en peligro debido a la pérdida de biodiversidad y la degradación del suelo.

La deforestación, impulsada por la expansión agrícola, es otra consecuencia invisible pero devastadora. La pérdida de hábitats naturales amenaza la supervivencia de innumerables especies y desestabiliza los ciclos hidrológicos locales.

Sociales

Los aspectos sociales del modelo agrícola actual también merecen atención. La desigualdad en el acceso a la tierra y los recursos agrava la pobreza rural y perpetúa las brechas socioeconómicas.

La exclusión de las comunidades locales en la toma de decisiones agrícolas lleva a políticas que no reflejan las necesidades reales de quienes dependen de la tierra para su sustento. Esta falta de participación democrática socava la autonomía de las comunidades y genera tensiones sociales.

La migración forzada y la pérdida de cohesión social en las zonas rurales son preocupaciones crecientes. La industrialización agrícola desplaza prácticas agrícolas tradicionales y altera el tejido social de las comunidades rurales, dejando a muchas personas sin hogar ni comunidad.

Salud

Los impactos en la salud asociados con el modelo agrícola actual son significativos y multifacéticos. La exposición a pesticidas y agroquímicos está vinculada a una serie de enfermedades crónicas, desde cáncer hasta trastornos respiratorios.

Además, los hábitos alimenticios poco saludables promovidos por la producción de alimentos altamente procesados contribuyen a la obesidad, la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Estas enfermedades crónicas no solo representan una carga económica para los sistemas de salud, sino que también disminuyen la calidad de vida de las personas y la productividad laboral. La operación mayor de Marketing es llamarla “Seguridad Alimentaria” Cuando la alimentación derivada del sistema Agroindustrial es una de las mayores productoras de enfermedades y las leyes solo tratan de legislar la utilización del modelo productivo químico agroindustrial.

Para abordar los costos reales y ocultos del modelo agrícola actual, debemos adoptar un enfoque integral que reconozca la interconexión entre la salud humana, la sostenibilidad ambiental y la equidad social. Promover sistemas alimentarios sostenibles, que valoren y protejan los recursos naturales.

El modelo agrícola actual, presenta una serie de deficiencias fundamentales que amenazan su sostenibilidad a largo plazo. Estas fallas deben ser abordadas de manera urgente para garantizar la seguridad alimentaria, la equidad social y la salud ambiental.

1.      Dependencia de Insumos Externos: El modelo agrícola actual se basa en una dependencia excesiva de agroquímicos, fertilizantes y semillas modificadas genéticamente. Esta dependencia conlleva riesgos ambientales, como la contaminación del suelo y el agua, y económicos, ya que los costos de estos insumos pueden ser una carga financiera para los agricultores. Además, la dependencia de semillas transgénicas plantea preocupaciones sobre la pérdida de diversidad genética y el control corporativo sobre el suministro de semillas.

2.     Monocultivos y Pérdida de Biodiversidad: La proliferación de monocultivos a gran escala está causando una pérdida alarmante de biodiversidad. Esta pérdida no solo afecta la estabilidad de los ecosistemas, sino que también reduce la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a plagas, enfermedades y eventos climáticos extremos. Además, la degradación del suelo asociada con los monocultivos disminuye la productividad agrícola a largo plazo y aumenta la dependencia de fertilizantes y agroquímicos.

3.     Concentración de Tierras y Recursos: La tendencia hacia la concentración de tierras en manos de grandes empresas agroindustriales está desplazando a millones de pequeños agricultores y marginando a las comunidades locales. Esto no solo contribuye a la pérdida de diversidad agrícola y conocimientos tradicionales, sino que también aumenta la dependencia de los agricultores de los sistemas de producción industrializados. Además, la sobreexplotación de los recursos naturales por parte de grandes explotaciones agrícolas está comprometiendo la capacidad de los ecosistemas para proporcionar servicios vitales y exacerbando las disparidades socioeconómicas entre las comunidades rurales.

El modelo agrícola actual enfrenta una serie de desafíos significativos, pero quizás el más apremiante de todos es su falta de adaptación al cambio climático. Este fenómeno global está alterando los patrones climáticos tradicionales, desencadenando eventos extremos como sequías, inundaciones, olas de calor y tormentas más intensas y frecuentes. Estos cambios climáticos representan una amenaza directa para la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de la agricultura en todo el mundo.

La falta de adaptación al cambio climático se manifiesta de varias maneras en el modelo agrícola actual:

Vulnerabilidad de los Cultivos

Las variaciones en las temperaturas y los patrones de lluvia afectan la productividad y la calidad de los cultivos. Las sequías prolongadas pueden reducir drásticamente los rendimientos agrícolas, mientras que las inundaciones pueden destruir cosechas enteras. Además, el aumento de las temperaturas puede alterar los ciclos de crecimiento de las plantas y aumentar la incidencia de plagas y enfermedades.

Disminución de la Disponibilidad de Agua

El cambio climático está exacerbando la escasez de agua en muchas regiones agrícolas, afectando la disponibilidad de agua para riego y consumo humano. La disminución de los recursos hídricos limita la capacidad de los agricultores para mantener sus cultivos y puede llevar a conflictos por el agua entre diferentes usuarios, incluidos agricultores, comunidades locales y ecosistemas naturales.

Incremento de la Incertidumbre

La variabilidad climática y los eventos extremos generan una mayor incertidumbre para los agricultores, dificultando la planificación de las siembras, la gestión de riesgos y la toma de decisiones relacionadas con la agricultura. Esta incertidumbre puede aumentar la vulnerabilidad de los agricultores, especialmente aquellos que dependen de la agricultura de subsistencia y tienen recursos limitados para adaptarse a los cambios climáticos.

Pérdida de Biodiversidad y Degradación del Suelo

El cambio climático también está contribuyendo a la pérdida de biodiversidad y la degradación del suelo, lo que afecta la capacidad de los ecosistemas para proporcionar servicios vitales para la agricultura, como la polinización, la fertilidad del suelo y la regulación del clima local. La pérdida de biodiversidad agrava la vulnerabilidad de los sistemas agrícolas y reduce su resiliencia frente a los impactos climáticos adversos.

Es fundamental que el modelo agrícola actual se adapte de manera efectiva al cambio climático. Esto requiere la implementación de prácticas agrícolas sostenibles que mejoren la resiliencia de los sistemas agrícolas, la conservación y restauración de ecosistemas naturales, y la promoción de políticas que fomenten la mitigación y la adaptación al cambio climático en el sector agrícola.

El Peligro de la Dependencia Global en el Sistema Alimentario

Además de los desafíos ambientales y económicos mencionados anteriormente, es crucial abordar el peligro inherente a la dependencia global en el sistema alimentario moderno. Este modelo se caracteriza por la producción y distribución de alimentos a larga distancia, a menudo desde regiones distantes hasta los centros urbanos densamente poblados. Aunque este enfoque puede parecer eficiente en términos económicos a corto plazo, plantea una serie de riesgos y vulnerabilidades significativas a largo plazo.

Vulnerabilidad ante Perturbaciones Globales

La dependencia de la importación de alimentos de otras regiones o países aumenta la vulnerabilidad de una nación ante perturbaciones globales, como crisis políticas, conflictos armados, desastres naturales y problemas logísticos. Cualquier interrupción en la cadena de suministro, ya sea debido a problemas climáticos extremos, interrupciones en el transporte marítimo o bloqueos comerciales, puede tener un impacto inmediato en la disponibilidad y accesibilidad de alimentos para la población.

Riesgo Climático y Energético

El transporte de alimentos a larga distancia implica un alto consumo de energía, principalmente en forma de combustibles fósiles. Este modelo es altamente dependiente de una infraestructura de transporte global, que a su vez depende de combustibles no renovables. La vulnerabilidad de esta cadena de suministro se ve exacerbada por el cambio climático, que puede causar eventos extremos como tormentas, inundaciones o sequías que interrumpen los flujos de alimentos y aumentan los costos de transporte.

Impacto Ambiental

El transporte de alimentos a larga distancia contribuye significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero y al cambio climático. Los viajes de larga distancia en camiones, barcos y aviones generan grandes cantidades de CO2 y otros contaminantes atmosféricos, lo que agrava aún más los problemas ambientales asociados con el modelo agrícola actual. Además, la producción intensiva de alimentos en grandes monocultivos para la exportación a menudo implica el uso excesivo de agroquímicos y la degradación del suelo, lo que amplifica los impactos negativos en los ecosistemas locales.

Pérdida de Resiliencia Local

La dependencia de alimentos importados puede socavar la capacidad de una región para desarrollar sistemas alimentarios resilientes y sostenibles a nivel local. Al centrarse en la importación de alimentos, las comunidades pueden descuidar la producción local y la diversificación de cultivos, lo que las deja vulnerables a la escasez de alimentos y a la inestabilidad en el suministro en caso de crisis.

Ante estos riesgos y desafíos, es imperativo promover la soberanía alimentaria y la producción local como pilares fundamentales de un sistema alimentario más sostenible y resiliente. Esto implica fomentar la diversificación de cultivos, apoyar a los agricultores locales, promover los mercados agrícolas locales y regionales, y reducir la dependencia de la importación de alimentos. Solo mediante la creación de sistemas alimentarios más descentralizados y adaptados a las condiciones locales podemos garantizar la seguridad alimentaria y el bienestar de las comunidades en un mundo cada vez más interconectado y cambiante.

Causas de la insostenibilidad del modelo Agroindustrial

El modelo agrícola actual enfrenta una serie de desafíos significativos que contribuyen a su insostenibilidad y a la contaminación ambiental. Entre las principales causas se encuentran:

1.      Uso Excesivo de Agroquímicos: El empleo masivo de pesticidas y fertilizantes en la agricultura moderna es una fuente importante de contaminación ambiental y degradación del suelo. La cantidad de pesticidas utilizados a nivel mundial ha aumentado de manera alarmante, con consecuencias devastadoras para la salud humana y los ecosistemas. Además de los impactos negativos en la salud humana, estos productos químicos pueden contaminar las fuentes de agua subterránea y superficial, afectando la biodiversidad y la calidad del agua.

2.     Deforestación y Pérdida de Hábitat: La expansión de monocultivos y la conversión de tierras forestales para la agricultura han contribuido significativamente a la deforestación y pérdida de hábitat en todo el mundo. Esta pérdida de bosques no solo contribuye al cambio climático al liberar grandes cantidades de carbono almacenado, sino que también reduce la biodiversidad y la capacidad del suelo para sostener la vida vegetal y animal.

3.     Cambio Climático: La agricultura industrializada es uno de los principales impulsores del cambio climático debido a la deforestación, el uso de combustibles fósiles y la gestión inadecuada del suelo. Estos factores contribuyen a la liberación de gases de efecto invernadero, exacerbando el calentamiento global y sus impactos asociados, como eventos climáticos extremos y cambios en los patrones de precipitación.

4.     Monocultivos y Pérdida de Biodiversidad: La expansión de monocultivos a gran escala conlleva la pérdida de biodiversidad y la simplificación de los paisajes agrícolas. Esto aumenta la exposición de los cultivos a plagas y enfermedades, lo que a su vez aumenta la dependencia de pesticidas y agroquímicos. La pérdida de biodiversidad agrava la inestabilidad de los sistemas alimentarios y reduce su capacidad para adaptarse a condiciones cambiantes.

5.     Dependencia de Insumos Externos: La agricultura moderna depende en gran medida de insumos externos como semillas transgénicas, fertilizantes y pesticidas. Esta dependencia aumenta la vulnerabilidad de los agricultores a las fluctuaciones del mercado y contribuye a la degradación ambiental debido al uso indiscriminado de productos químicos y la pérdida de diversidad genética.

El modelo agrícola actual enfrenta una serie de desafíos críticos que ponen en duda su viabilidad a largo plazo. Las causas de contaminación y degradación ambiental, junto con los costos ocultos asociados con su mantenimiento, nos indican claramente que este modelo es insostenible en su forma actual. Es importante reconocer que su supervivencia se debe en gran medida a los altos niveles de subsidios que recibe, lo que distorsiona su verdadero impacto económico y ambiental.

Los costos ocultos, como la contaminación del agua y del suelo, la pérdida de biodiversidad, los impactos en la salud humana y la contribución al cambio climático, son externalidades que no están reflejadas en el precio final de los productos agrícolas. Estos costos, en última instancia, recaen en la sociedad en general y en las generaciones futuras, lo que hace que el modelo actual sea económicamente inviable y moralmente cuestionable.

Es evidente que se necesita una transformación urgente hacia un modelo agroalimentario más sostenible, localizado y prioritario. Esta reconversión debe abordar no solo la eficiencia económica, sino también la equidad social y la salud ambiental. Es esencial priorizar la producción local y regional de alimentos, fomentando sistemas agrícolas que sean resilientes, diversificados y respetuosos con el medio ambiente.

En la actualidad, con la crisis energética y climática que ya está aquí, la necesidad de estructurar nuevos modelos alimentarios es más urgente que nunca. La dependencia de combustibles fósiles en la agricultura industrial y la vulnerabilidad de los sistemas alimentarios ante los impactos del cambio climático son motivos suficientes para actuar con determinación y visión de futuro.

La transición hacia un modelo agroalimentario más sostenible no es solo una opción, sino una necesidad imperativa. Debemos aprovechar esta oportunidad para replantear nuestro enfoque hacia la producción de alimentos, priorizando la resiliencia, la biodiversidad y la justicia alimentaria. Solo de esta manera podremos garantizar la seguridad alimentaria y el bienestar de las generaciones presentes y futuras en un mundo cada vez más desafiante y cambiante.

Reconsiderando el Subsistema Alimentario: Integración y Sostenibilidad

Es imperativo replantear nuestra percepción del subsistema alimentario como una entidad independiente dentro de un sistema mayor. Desde la óptica neoliberal, hemos tendido a segmentar y tratar cada subsistema, ya sea agrícola, financiero o industrial, como entidades aisladas con sus propias reglas y dinámicas. Sin embargo, esta visión fragmentada ha llevado a una desconexión con la realidad de que todos estos subsistemas están intrínsecamente entrelazados, y que, en última instancia, el supersistema financiero suele dominar y dictar las reglas del juego.

La base fundamental de la insostenibilidad en el sistema agroindustrial radica en su enfoque hacia un proceso industrial desvinculado de la realidad de que la agricultura es parte de un sistema vivo y autorregulado que se sostiene con los insumos que genera la biosfera. Cuando introducimos insumos externos para maximizar las producciones, desequilibramos este sistema natural, y en lugar de aumentar su productividad, lo que logramos es su desestabilización y pérdida de funcionalidad.

Este paradigma centrado en la maximización del rendimiento y la rentabilidad a corto plazo ha llevado a la sobreexplotación de recursos naturales, la pérdida de biodiversidad y la degradación del suelo, entre otros problemas ambientales y sociales. Además, ha contribuido a una creciente dependencia de insumos externos, como fertilizantes químicos y pesticidas, que no solo tienen un impacto negativo en el medio ambiente, sino que también generan costos sociales y de salud significativos.

Para lograr la sostenibilidad en el sistema alimentario, es fundamental adoptar un enfoque holístico e integrado que reconozca la interdependencia de todos los subsistemas y que busque restaurar el equilibrio perdido. Esto implica:

1.      Reconectar con la Naturaleza: Volverse a conectar con los principios de la agroecología y la permacultura, que valoran y trabajan con los procesos naturales en lugar de tratar de controlarlos o manipularlos. Esto implica prácticas agrícolas que promuevan la diversidad de cultivos, la rotación de cultivos, el manejo integrado de plagas y la conservación del suelo.

2.     Promover la Soberanía Alimentaria: Apoyar sistemas alimentarios locales y regionales que fomenten la autonomía y la diversidad cultural. Esto incluye el apoyo a los agricultores familiares, el desarrollo de mercados locales y la promoción de la producción y el consumo de alimentos locales y de temporada.

3.     Reconsiderar el Rol del Sector Financiero: Redefinir el papel del sector financiero para que apoye la transición hacia sistemas alimentarios sostenibles en lugar de perpetuar prácticas insostenibles. Esto implica el desarrollo de instrumentos financieros que recompensen las prácticas agrícolas sostenibles y promuevan la inversión en agricultura regenerativa.

Al adoptar este enfoque integrado y sistémico, podemos trabajar hacia un sistema alimentario más resiliente, equitativo y sostenible que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer las de las futuras generaciones.

Imagen de portada:    Los mercados, una tradición más que viva – Detalles de la licencia – Autor: Diego Delso – Derechos de autor: CC-BY-SA 3.0

Jesús María Veci de la Fuente para Kaosenlared

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¡Diles que no me maten!

 

El exguerrillero Yezid Arteta publica ahora en Bogotá Rebelde dentro de los rebeldes, el primer libro de una trilogía que narra su experiencia en la guerrilla y en la paz. Incluimos aquí un fragmento que da cuenta de un pasado difícil y un presente nada fácil.


¡Diles que no me maten!


Yezid Arteta Dávila

El Viejo Topo

6 marzo, 2024 



Desde el batallón La Popa de Valledupar fui llevado en un black hawk hasta la penitenciaría de Cómbita. Dos ametrallodoristas del ejército apuntaban sus armas hacia los filos por donde sobrevolaba la nave. Iba tirado sobre el compartimento de carga. Tenía las manos esposadas y sujetas a una cadena que rodeaba mi cintura. Un grillete, fijado por encima de mis tobillos, enlazaba mis piernas. Había pasado dieciséis meses en un calabozo de la penitenciaría de Valledupar, la tristemente celebre “Tramacúa”. Me había enflaquecido de tal modo que me veía como el abate Faria, el clérigo que en la prisión de If convirtió al desgraciado Edmund Dantès en el ilustrado, elegante e implacable Conde de Montecristo.

En la gélida penitenciaría de Cómbita estaban recluidos más de un centenar de líderes comunales y campesinos capturados en el departamento de Arauca. El gobierno los sindicaba de pertenecer a las FARC y el ELN. Fue la época de los falsos positivos judiciales. La mayoría de prisioneros recobraron su libertad porque nada debían. Su único “delito” era el de organizarse en juntas comunales y luchar por la paz, el pan y la tierra. Los paras y la Fiscalía, al servicio del gobierno, eran los victimarios. Los campesinos las víctimas. No temían a la guerrilla sino al gobierno.

El pasado fin de semana estuve en Arauca capital, en compañía de dos miembros de la Delegación de Paz que adelanta diálogos con el EMC Farc Ep. Queríamos escuchar las voces de la gente de una bellísima región fronteriza que lleva pintada en la frente, como la cruz de cenizas, el estigma guerrillero, amén de cargar sobre sus hombros una pesada carga. El peso de una violencia ilimitada en el tiempo y extendida en el espacio. La guerra, si puede llamarse así a una matanza irracional entre las agrupaciones que operan en el territorio, es el enemigo público número uno en el departamento del Arauca. Hablen, póngase de acuerdo, dejen de matarse y matarnos, es la voz extendida de una comunidad que quiere cerrar el capítulo de la violencia, armonizar sus vidas y sacar adelante una finca o un simple ventorrillo.

No sólo en Arauca la vida está devaluada, sino también en el Cauca, Nariño, Caquetá y Putumayo, por mencionar cuatro lugares en los que hay más riesgo de morir de un balazo que por una mordedura de serpiente o paludismo. El reclamo es el mismo: déjenos trabajar en paz, aparquen sus diferencias e intereses, permitan que nuestra existencia no esté sometida a unos enfrentamientos en los que no tenemos parte.

Antes me cuidaba de los paras, ahora me toca de la guerrilla, me comentó por el celular un curtido dirigente que fue represaliado por el régimen. Son varios los líderes territoriales que prefieren abandonar sus regiones o callarse la boca para evitar las represalias provenientes de mandos locales de la guerrilla. Sin líderes locales, no hay lucha organizada. Me cuesta entender que una organización revolucionaria ajuste cuentas con una persona que se ha jugado la vida luchando contra los gobiernos oligárquicos.

Antes de que me tirotearan, capturaran, juzgaran y condenaran, contemporicé con una pléyade de líderes agrarios en el Cauca, Nariño y Caquetá. Hombres y mujeres que hablaban con la guerrilla sin complejo y temor. Nos hacían ver los aciertos y errores. El secuestro, me decía un viejo anarquista en el altiplano de Túquerres, es una práctica reaccionaria. No dejen que los colonos sigan tumbando monte para sembrar coca, exclamaba una señora durante una asamblea que realizamos en un remoto pueblo del Bajo Caguán. Los lazos entre las agrupaciones guerrilleras se hacían en un marco de fraternidad. Marulanda Vélez, Manuel Pérez, Francisco Caraballo y Carlos Pizarro se unían en un sólo propósito: la paz con justicia social. En Nariño, por ejemplo, llevábamos unas relaciones sinceras y fluidas con los mandos y guerrilleros pertenecientes al frente «Comuneros del Sur” del ELN. Cabíamos todos en un vasto territorio por explorar y organizar.

¿En qué momento se jodió todo esto? ¿Cómo se explica que organizaciones provenientes de un mismo útero se líen a tiros y castiguen a los lugareños que se alineen o no con ellos? Un enfrentamiento sanguinario que pareciera recortado de Ricardo III, la tragedia de Shakespeare, o de un capítulo de la serie Juego de Tronos. Los hijos y nietos de Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, enfrascados en un disputa letal, acompañada de señalamientos y recriminaciones. A esto se suma el drama de cientos de firmantes de paz que sobrevivieron a la guerra, pero que hoy deambulan por el territorio colombiano, desamparados, a merced del odio y la venganza. A esto hay que ponerle racionalidad y un toque de piedad. Una lucha desprovista de humanidad está condenada al fracaso.

El departamento del Cauca pareciera un agujero negro que absorbe los esfuerzos de paz que se realizan en otros lugares del país. Los indígenas que han resistido y doblegado políticas coloniales y neocoloniales, están perdiendo autonomía en un territorio que han conquistado con “sangre, sudor y lágrimas”, como dijera el hombre que lucía un sombrero Homburg en la Segunda Guerra Mundial. La globalización neoliberal y la desculturización no se enfrenta con retórica y ensayos antropológicos, sino mediante la afirmación de las costumbres, el uso sano de la tierra, el reforzamiento de las autoridades ancestrales, la organización comunitaria y sembrando entre los jóvenes un listón de valores que los enorgullezca y reproduzca sus orígenes.

Cuando una organización armada ataca a los líderes, costumbres y organizaciones indígenas, abre una puerta por la que se cuela la alienación capitalista de la que hacía alusión Marx en los Cuadernos de París de 1844. No es paja. El Alto, la ciudad más joven y populosa de Bolivia, fue el bastión de Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS), empero hoy día cientos de jóvenes sometidos a la alineación globalista votan por la extrema derecha y prefieren hablar en castellano en detrimento del quechua y aymara.

El gobierno que preside Gustavo Petro ha volcado la mirada hacia las regiones más deprimidas del país. Ningún gobernante anterior lo ha hecho. Ha invitado a los grupos alzados en armas para que se involucren en la transformación territorial, con el propósito de atacar los males estructurales que originan la violencia. Oponerse a este plan de gobierno es un disparate. Impedir que los funcionarios de gobierno realicen, junto con las comunidades, tareas encaminadas al progreso es un despropósito. Gravar con impuestos de guerra a quienes están levantando un colegio, un hospital o una carretera, es negarles a los pueblos la oportunidad de estudiar, sanarse y mover sus cosechas. Me cuesta entender una guerra cuyo propósito es impedir que el gobierno del cambio, pueda redimir a millares de personas que creyeron y siguen creyendo en el cambio.

El gobierno cree firmemente en que hay que llegar a un acuerdo con los grupos alzados y las comunidades para erradicar de una vez por todas la maldita violencia. Las mesas de diálogo con el ELN, EMC FARC Ep y Segunda Marquetalia, deben traer resultados inmediatos y favorables a las poblaciones que residen en las áreas en las que mayormente se sufre el conflicto. Hacerle el feo al gobierno o ponerle un listón extremadamente alto para llegar a un acuerdo, puede traer beneficios tácticos y transitorios a los alzados, pero conducir a las fuerzas del cambio hacia el abismo estratégico del que será muy difícil salir. Personajes latinoamericanos como Bolsonaro, Milei o Bukele no surgen por generación espontánea. Son el resultado de un estado de ánimo que se cuece a fuego lento en una nación harta de algo. La mayoría de Colombia está harta de una guerra que lleva a ninguna parte.

¡Diles que no me maten! es un relato escrito por Juan Rulfo. El protagonista es Juvencio Navas, quien implora a su hijo Justiniano para que interponga sus buenos oficios ante unos hombres que quieren cobrar una venganza por un crimen que cometió cuarenta años atrás: asesinó a machetazos a su compadre Don Guadalupe Terrenos, por unos animales que traspasaron un cerco. Sería bueno para Colombia que los tres grupos armados que dialogan con el gobierno, aparquen sus diferencias, renuncien a la venganza y encarrilen un proceso de paz realista, sin maximalismos y entelequias.

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