martes, 17 de enero de 2017

MULTA A LA COPE DE 150.000 EUROS POR CONFUNDIR DELIBERADAMENTE EL CULO CON LAS TÉMPORAS Y CONFUNDIR DELIBERADAMENTE EL APASTOLADO CRISTIANO CON EL "APOSTOLADO" ALCOHÓLICO. ¡VIVA EL RON, PEPE DOMINGO, VIVA!




MULTAN CON 150.000 EUROS A LA COPE POR ANUNCIAR BEBIDAS ALCOHÓLICAS EN PROGRAMAS DEPORTIVOS

Eco republicano
17.01.2017

Susana Díaz entrevistada en la Cope
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha sancionado a la cadena COPE con 150.002 euros por publicidad "inapropiada" de bebidas alcohólicas, en concreto por anuncios que podrían fomentar el consumo "inmoderado".

La CNMC considera que Radio Popular, en la cadena COPE, vulneró la Ley General de Comunicación Audiovisual al emitir el 22 de mayo de 2016 comunicaciones comerciales de "Ron Arehucas" (según denuncia de la Asociación de Usuarios de la Comunicación) entre las 21:05:45 y las 21:06:35 horas.

En este sentido, el día 15 del mismo mes, se promocionó el "Vino La Guita" entre las 14:01:30 y las 14:02:50 horas, y entre las 18:26:15 y las 18:27:35 horas.

Los anuncios de estos productos como "microespacios publicitarios" durante la retransmisión de competiciones deportivas "no habrían respetado" las condiciones establecidas en la legislación citada, según la CNMC. 

"En particular, suponen un fomento de comportamientos nocivos para la salud, más concretamente, un fomento del consumo inmoderado e indiscriminado de la bebida promocionada", afirma la CNMC.

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UNA TEORIA SOBRE LA CRISIS DE PODEMOS


El historiador Emmanuel Rodríguez analiza en un ensayo el ciclo 15M/Podemos

Una teoría sobre la crisis de Podemos que no gustará ni a Iglesias ni a Errejón

Rebelión
El Confidencial
17.01.2017


Hace pocos pocos años, en un país muy cercano, existió un partido (Podemos) que iba como un tiro y cuyos líderes, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, eran felices, comían perdices y dirigían los rumbos de sus feligreses con una asombrosa mezcla de sabiduría e inteligencia estratégica; hasta que todo se torció hace unos meses por una lucha de poder fratricida surgida tras un decepcionante resultado electoral. Hasta aquí una teoría extendida de lo que pasa hoy día en Podemos. Sí usted quiere una explicación menos esquemática, quizá debería leer el ensayo 'La política en el ocaso de la clase media' (Traficantes de sueños), en el que el sociólogo e historiador Emmanuel Rodríguez (Madrid, 1974), experto en movimientos sociales, repasa el ciclo 15M/Podemos.

Una historia del presente que centra sus críticas justo en el momento -asamblea fundacional de Vistalegre, subidón en las encuestas, máxima popularidad de Iglesias y Errejón- en el que el consenso aseguraba que todo iba mejor que bien en el partido que decía llevar el espíritu del 15M a las instituciones. El libro, tan crítico con las derivas podemitas como esclarecedor en sus análisis de las corrientes políticas de fondo, es una herramienta fundamental para entender de dónde viene y a dónde va el movimiento que sacudió los cimientos de la democracia española.

PREGUNTA. Se tiende a explicar la crisis de Podemos analizando resultados electorales recientes, pero usted se remonta a Vistalegre. Dice que en la asamblea fundacional se plantó la semilla de la lucha encarnizada entre facciones. ¿Se hubiera podido evitar?

RESPUESTA. Naturalmente, la situación sería otra si Podemos hubiera limitado los poderes de la dirección, si hubiera optado por métodos consensuados de democracia interna que garantizaran la representación de todas las “familias-aparatos” y si hubiera puesto cortapisas a la burocratización del partido. Existen multitud de formulas orgánicas que facilitan la cooperación en lugar de la competencia. Hoy en Podemos se consume mucho más tiempo en luchas internas de fracción que en organizar una oposición mínimamente consistente.

P. Dice también que el Podemos que salió de Vistalegre tenía a ratos más de empresa de 'marketing' que de organización política. ¿En qué sentido?

R. Partido empresa es otra forma menos ambigua de decir máquina de guerra electoral. En Vistalegre, Podemos renunció a hacer organización (política, democrática, real) con el enorme caudal de energía social que se había compuesto en los círculos. El verticalismo del partido, la hiperburocratización (con consejos ciudadanos y secretarios generales en cada pueblo) y la propia lógica del “reparto de cargos” impidió, eficazmente, que esa energía cuajara dentro y alrededor de Podemos. Fue el mayor error de la dirección de Podemos y seguramente el mayor error que pueda cometer un político: neutralizar la levadura que le elevó hasta el punto de hacerle capaz de disputar el poder del Estado.

P. La capacidad analítica de Errejón ha alcanzado dimensiones legendarias; sin embargo, en el libro califica al errejonismo de "pensamiento poco profundo, pero con ínfulas estratégicas". ¿Qué tiene de superficial el errejonismo?

R. Antes que nada, conviene reconocer que es mérito de la dirección de Podemos el hecho de que por primera vez en mucho tiempo (quizás por primera vez en España), el análisis estratégico haya ocupado un lugar relevante en política. Esto es algo que fue propio de otras latitudes y de viejas tradiciones (de la II y la III Internacional), pero que aquí apenas conocimos. No obstante, el límite de este amago de discusión, a la vez teórica y práctica (esto es lo fascinante del debate estratégico), ha estado en su rápida reducción a la salsa de la ventaja electoral.

La propia sofisticación de Errejón donde se conjugan Lacan y Gramsci vía Laclau, fue condensada en una teoría del discurso únicamente funcional, en la presentación de un Podemos más amable para una mayoría moderada y de clase media, antes imaginada que probada. Elementos fundamentales de la discusión como Europa, la crisis del capitalismo financiero o la descomposición de esa misma sociedad de clases medias, a la que tanto se apela, fueron dejados a un lado. El “errejonismo” fue diseñado para movilizar “malestares”, para “ilusionar”, para generar o apropiarse de significantes supuestamente inclusivos (como “patria”) o para lograr nuevas “mayorías sociales”. Pero no para entender los movimientos tectónicos de una sociedad como la española, que ya no volverá a ser una sociedad mayoritariamente de clases medias y para la que las ideas de “patria” y “soberanía nacional” pueden servir de banderín de enganche (tanto a izquierda como a derecha), pero difícilmente pueden articularse como una política factible en un territorio que no deja de ser una provincia de mediano tamaño de la Unión Europea.

P. Dice que los gobiernos municipalistas están abusando del gobernismo. ¿Qué es el gobernismo y qué tiene de malo?

R. “Gobernismo” empieza a ser una palabra de uso común en la crítica a los resultados de la nueva política. Básicamente apunta a dos cosas. En primera instancia, lo que podríamos llamar el “complejo de mala gestión”, esto es, que los gobiernos del cambio deben ante todo “gestionar bien” y “hacerlo para todos”. La segunda cuestión se entiende a partir de lo que está detrás de todo complejo, una sorprendente falta de confianza, en este caso en las propias energías sociales y políticas que llevaron a las candidaturas al gobierno y que podrían no conformarse con una simple gestión “progre” de las administraciones municipales.

El resultado del gobernismo son políticas más bien anodinas. Ni siquiera parecen capaces de revertir la ola de privatizaciones que produjo la larga onda neoliberal de las últimas tres décadas, mucho menos apostar por la desobediencia institucional que requeriría reventar el corsé de la austeridad que impone desde el art. 135 de la Constitución hasta la ley Montoro. No obstante existen excepciones y gobiernos municipales que han emprendido una política más o menos ambiciosa de remunicipalizaciones y de auditoría de la deuda.

P. Algunos gobiernos municipalistas le han cogido el gusto al gesto cultural, costumbrista y simbólico: túnicas de los reyes magos, retirada de bustos del Rey, etc. ¿Es la batalla cultural un consuelo; es decir, un signo de la impotencia de la izquierda para ir más allá en las políticas de transformación?

R. Es un síntoma de ausencia de política en términos sustantivos, así como de soledad y de falta de imaginación de la nueva clase política. Durante los años que duró la mov