lunes, 7 de diciembre de 2009

UN ESTADO QUE NO NOS VALE A LA MAYORIA

Y no sé cuando caeremos en la cuenta de que los Estados tal y como los conocemos hoy, no están para resolver los problemas concretos de todos los ciudadanos, o los súbditos, según se mire.
Los Estados, el español también, no son más que instrumentos políticos en manos o al servicio de la minoría de las clases dominante que utilizan para dominar política, económica e ideológicamente a la inmensa mayoría de la sociedad, a la que engaña haciéndole creer que los intereses del Estado son coincidentes con los intereses particulares de la inmensa mayoría de la sociedad.
Los intereses inmediatos y mediatos de una mujer que viva de su trabajo (si es que con lo que cobra puede vivir como hoy se podría vivir) no son parecidos ni coincidentes ni comparables con los intereses de la Reina Sofía, la Duquesa de Alba, Carmen Sevilla, la banquera Botín, la ministra del Ejército o la porta voz del PP en el congreso.
Los intereses de un empresario de Teruel que tiene el negocio (si es que es negocio) de una casa de Turismo Rural en un pueblo de la provincia, en cuya casa trabaja la mujer, y él mismo tiene que trabajar en otra empresa, si es que quiere comer y tener al corriente sus pagos con el banco, con Hacienda y con el Municipio, ni tiene nada que ver ni son comparables ni coincidentes, con el presidente de la General Motors en Figueruelas, que es también empresario y que también está en Aragón.
Mis intereses, que no son otros que los de estudiar y escribir para decirles a unos cuantos lo hijos de puta que son, aparte de ricos unos y políticos otros, ricos también, borrachos y drogadictos, no son ni coincidentes ni comparables ni parecidos con los que tenga el gobernador del Banco de España (que para empezar me quiere joder vivo), el hijo del ex Presidente Aznar, su querido padre, Rodrigo Rato, Álvarez Cascos, Esperanza Aguirre o el Alcalde de Zaragoza, señor, Belloch.
Tampoco el Estado ha tratado a mi madre ni la está tratando como trató a la madre del Rey, a pesar de que ambas tenían dos cosas en común. Una, ambas parieron. Dos, ambas estaban en un silla de rueda, la madre del Rey hasta que murió y la mía hasta que muera, porque de la Virgen del Pilar no espero milagro alguno.
El Rey no cuidó a su madre ni llegó tarde al trabajo como yo