domingo, 30 de noviembre de 2025

TRAGEDIA EN UCRANIA. BRUTAL AVANCE RUSO. COLAPSO EN EL FRENTE. PUTIN ADV...

A PUNTO DE CAER LA IMPORTANTE CIUDAD DE VOLCHANSK. LOS RUSOS SE ABREN PA...

El lenguaje como arma

 


El lenguaje como arma


Por Iñaki Urdanibia

kasenlared

28 de noviembre de 2025 /

 

Barbara Cassin (Boulogne-Billancourt, 1947) es helenista, filóloga, traductora, filósofa, psicoanalista, siempre entregada al compromiso cívico, ya sea en el terreno de la enseñanza, en los tratamientos hospitalarios, luchando por los derechos de los inmigrantes, y…miembro de la Académie française. Sus trabajos sobre pensadores griegos son ya clásicos, destacando su acercamiento a los sofistas, sin obviar suVocabulaire européen des philosophes, publicado en 2004,que contó con una treintena de colaboradores, y en el que presentaba cuatro mil términos o expresiones en una quincena de lenguas principales (la presencia del euskera da cuenta de la exhaustividad del trabajo).

Ahora se presenta en Éditions Flammarion su «La guerre des mots. Trump, Poutine et l´Europe»., en donde reivindica la cultura y la crítica como formas de resistencia, en favor de la verdad y contra la tergiversación de las palabras que si sigue la tendencia actual acabará por no poder decir: esto es una mentira. El libro supone en este orden de cosas un grito de alerta ante la degeneración en marcha.

El trabajo es de hondura, lo que no entra en contradicción con la accesibilidad en lo que hace a su lectura, ya que la cantidad de referencias a los modos y maneras de emplear las palabras por parte de los dos personajes nombrado nen el propio título del libro, están presentadas con tino y con una meridiana claridad; diré más, una serie de recuadros destacan algunas de las características y el uso de diferentes expresiones manipuladas, o eliminadas, utilizadas por los dos autócratas visitados, que a la hora de presentar la realidad inventan una neolengua, variando los significados habituales de las palabras, y eliminándolas si es menester con el fin de pintar su realidad. Como no podía ser de otros modo, a las primeras de cambios salen a la palestra los nombres de Victor Klemperer, y su encomiable trabajo sobre la lengua del Tercer Reich, y George Orwell y su 1984, sirviéndose de su compañía para desvelar los términos desterrados y las inversiones de sentido de las palabras con el fin de asentar sus ansias de dominación y violencia. El lenguaje como arma que acompaña al armamento bélico o político e ideológico, o ambas esferas a la vez.

Los comportamientos lingüísticos de los dos sujetos nombrados, usan el poder performativo del lenguaje (Austin pace), con el uso de una retórica simplista, que no es que enuncie el mundo sino que lo fabrica, mensajes cortos, Trump y sus uso de la red Twiter es el paradigma de la transmisión breve y directa, usando técnicas propias de la publicidad…indica Cassin las similitudes de ambos personajes en lo referente a su exhibición de sus cuerpos, buscando poses que, vellis nolis, alientan la homofobia, ya que pretenden destacar sus masculinidad, su potencia, su hombría. El empeño en anunciar lo que van a hacer es otras característica subrayada, usando a troche y moche las amenazas, fanfarronadas, demagogia y chantajes, que acompañan a sus gestos. En este orden de cosas se presenta el discurso en Munich de Vance que hablando en nombre del pueblo, aleccionó a los europeos acerca de qué es la democracia y como ellos, los europeos, no la respetan.

Trump se presenta como el más: rico, más poderoso que el americano medio, más exitoso, más espontáneo y capaz de desdecirse de una frase que acaba de pronunciar, muestra de su capacidad de rectificación, inmediata; él es la representación genuina del pueblo americano, él es el pueblo. Las redes sociales le sirven para comunicar con inmediatez, y la difusión de palabras clave que en su repetición tienden a calar en el vocabulario de los ciudadanos. No elude poner algunos ejemplos que implican a Macron o a Chirac, alardeando de la sencillez, evitando altura cultural, al usar, y ensalzar las virtudes, del lenguaje llano, accesible a todo el mundo. Trump, precisamente, acusa a los demócratas de hablar para listos y no para el pueblo. Tanto él como Putin se presentan como encarnación de la gloria tradicional del pasado de sus países, mirando al pasado como faro del futuro. El storytelling, el contar bellas historias que pueden modificarse adecuándola a la situación vertebra los discursos de ambos personajes, es presentado con ejemplos de Trump, Le Pen o del gobierno chino. Todo lo anterior se completa con una re-escritura al gusto de los nombrados: Putin da lecciones de historia sobre Ucrania, denunciando la falsificación de la memoria de la Segunda guerra mundial, señalando como culpable a Polonia, vendiendo la unidad entre rusos y ucranianos, poseedores de la misma lengua, los lazos históricos traicionados por Lenin; y la invasión no es una guerra sino una intervención especial. Revisión igualmente presente en las versiones trumpistas, publicando, en marzo de este mismo años, un decreto titulado: «Restaurar la verdad y el buen sentido de la historia», atacando abiertamente a instancias culturales, a museos, centros de enseñanza, etc. que emplean criterios de diversidad, contra las discriminaciones; suspendiendo exposiciones e interviniendo en los programas científicos de las universidades, utilizando la suspensión de subvenciones y ayudas a quienes no respeten sus normas…operación que supone una flagrante falsificación de ls historia, escribiendo otra…la imposición de tales criterios son la retirada de inversiones y el silencio forzado.

La empresa de suprimir palabras, y ningunear los significados consagrados de ellas, marcha a toda máquina. La guerra, como queda dicho, se convierte en operación especial, dándose un remplazo de palabras por palabras vagas, y ahí entra la proliferación de siglas, ofreciendo casi cuarenta en el caso ruso; en el caso de EEUU se ofrece la lista de palabras o cosas que ya no existen en el país, siguiendo la idea expuesta abiertamente por Donald Trump: «las palabras son muy importantes y pueden tener consecuencias inesperadas»…un amplio abecedario de palabras en las que se niegan evidencias relacionadas con la diversidad sexual, el feminismo, la homosexualidad, las cuestiones raciales, o los inmigrantes (los mexicanos son delincuentes y terroristas), de género,…todo ello queda fuera de uso, estando prohibida su utilización; todo lo encuadrado en la palabra-maleta (mot-valise), woke, que sirve lo mismo para un descosido que para un zurcido, siempre metiendo en tal saco todo lo que desentona del karaoke del poder. Tampoco faltan los acrónimos trumpistas como MAGA o TACO . Esta conducta funciona igualmente en el caso de Netanyahu cuando habla de restauración de la tierra de Israel, para referirse a la invasión de Gaza o habla de plan de paz que no es otra cosa que la anexión del 30% de Cisjordania, que en su vocabulario es Judea Samaria. Otros casos afines son presentados de Erdogan Orban o Meloni. Entra Barbara Cassin en el terreno de la plutocracia de la que son muestra Trump y Putin en sus inmensas mansiones, riquezas, recurriendo a estimaciones acerca del patrimonio de ambos dos.

También se da repaso a la prohibición de lenguas, (por cierto, no mostrando ninguna sensibilidad con respecto a otras lenguas hexagonales que no sea el francés, ya que según señala estas lenguas minoritarias se mantiene gracias a las reivindicaciones nacionalistas…el francés se impone, por los visto, gracia a la grandeur de la France) , en el caso Rusia/Ucrania, y el caso del español en EEUU, ya que el inglés fue declarada lengua única oficial en marzo de este año. Reflexiona, con la ayuda de los anteriormente nombrados Klemperer y Orwell, acerca de la neolengua, enfatizando en el lenguaje neo-adolescente de Trump, y la escasez de léxico empelado (3000 palabras), la pobre sintaxis que es contraria al logos y una semántica tergiversada. En el caso de Putin, aun teniendo en cuenta las diferencias con respecto al anterior, su habla se basa en los eslóganes, la repetición, emoción, patriotismo, nacionalismo…usando la lógica de que de una afirmación falsa se sigue cualquier resultado, deteniéndose igualmente en las lecciones de Putin convertido en singular sociolingüista.

En medio de estas dos políticas se encuentra Europa, que es el enemigo tanto para uno como para el otro, siendo presentada por ellos como un peligro y como una banda de aprovechados, y ante ello Barbara Cassin reivindica una Europa que, frente a los valores religiosos que algunos pretenden presentar como valores fundadores del Viejo continente, no sea únicamente la reivindicación de su pasado ni, por supuesto, la imagen de su decadencia…Barbara opina que lo esencial es la cultura europea como ara de resistencia, sin caer en posturas esencialistas…«hay cosas que oír, libros que leer», y… Kyiv y Gaza sobre la que los dedos de rosa puedan levantarse sobre ellas.

En el libro de Barbara Cassin se acude en repetidas ocasiones al concepto orwelliano de neolengua, además de otras cuestiones relacionadas con la degeneración del idioma, muy en concreto inglés. Página Indómita publicó una recopilación de textos de Eric Arthur Blair (Motihari, India, 1903 – Londres, 1950), adoptando el nombre de George Orwell para su escritura: «La corrupción del lenguaje. Ensayos sobre propaganda, mentira y manipulación en la política». Cinco ensayos son presentados. En el primero se analiza en idioma inglés, subrayando su sencillez y alertando ante la invasión de bastantes palabras del habla americana al idioma inglés lo que empobrece el idioma, además de que, según señala, cada vez más se recurre a un lenguaje estándar, que no hace sino perder matices al lenguaje. Mucho peso tiene en ello el habla que habitualmente usan los políticos y los contagiados medios de comunicación. En el segundo capítulo, se afea la presencia del lenguaje panfletario que, en especial, invade el lenguaje usado, en especial, por la izquierda, lo que hace que proliferen palabras muy llamativas y descontextualizadas que hacen que el discurso no resulte comprensible para el común de los mortales. En el tercero se habla del lenguaje coloquial subrayando que no consiste solamente en usar un léxico y unas construcciones sintácticas, sino que cuenta igualmente el acento con que se habla. Reitera en el cuarto, el empleo de palabras con un significado claro y determinado, permitiéndose dar algunos consejos que pondría solución al desbarajuste: no emplear metáforas por haberlas visto escritas, usa palabras cortas si puedes evitar las largas, si una palabra se puede suprimir no dudes en hacerlo, si hay palabras en el inglés cotidiano no recurras a palabras extranjeras, ni a términos propias de otra jerga, ya sea científica u otra, y, por último, concluye diciendo que se puede incumplir estas reglas antes de decir algo disparatado. El último ensayo, Principios de la neolengua, es un Apéndice a 1984, en donde enumera el reglamento impuesto en Oceanía, indicando que la puesta en práctica de la neolengua, viendo la complejidad de la empresa que suponía supresión de palabras, cambios de unas por otras y una labor inmensa de traducción de obras clásicas, no hará posible su adopción hasta 2050.

«El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces, […] y para dar una apariencia de solidez al puro humo.». Queda por otra parte subrayada la autoridad de la palabra del líder, que diga lo que diga siempre es verdad, todo ello conduce a una creciente degradación del lenguaje, técnica empleada en los regímenes autoritarios con el fin de manipular con su propaganda y mentiras a los ciudadanos que acaban convertidos en meros súbditos, entregados a obedecer.

Afirmaba Christopher Hitchens en su Por qué es importante Orwell: «Él, a través de su compromiso con el lenguaje como compañero de la verdad, nos mostró que las “opiniones” en realidad no cuentan; que lo importante no es lo que se piensa, sino cómo se piensa; y que la política tiene una trascendencia relativa, mientras que los principios logran perdurar, al igual que lo hacen los pocos individuos irreductibles que se mantienen fieles a ellos.» Christopher Hitchens, Por qué es importante Orwell: «Él, a través de su compromiso con el lenguaje como compañero de la verdad, nos mostró que las “opiniones” en realidad no cuentan; que lo importante no es lo que se piensa, sino cómo se piensa; y que la política tiene una trascendencia relativa, mientras que los principios logran perdurar, al igual que lo hacen los pocos individuos irreductibles que se mantienen fieles a ellos»…Orwell fue un ejemplo destacado de esto último, manteniéndose a lo largo su ajetreada vida ajeno al espíritu gregario.

En fin, la presentada es una antología que no tiene desperdicio, más en estos tiempos de ampliación de la presencia de gobernantes charlatanes que no hacen sino convertir la mentira en verdad, en un generalizado arte de birlibirloque.

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Algunos otros textos sobre el tema:https://kaosenlared.net/el-poder-del-lenguaje.

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared

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MAGA y sus filósofos

 

Esta reseña de Furious Minds: The Making of the MAGA New Right, de Laura K. Field) publicada en Jacobin da cuenta de un libro sobre algunos intelectuales de la derecha estadounidense que apoyan MAGA, aportando una base filosófica a las políticas de Trump.


MAGA y sus filósofos

 

 

Orlando Reade

El Viejo Topo

30 noviembre, 2025



LOS FILÓSOFOS DE LA CORTE DE MAGA

Por Orlando Reade

En un concierto de Beyoncé el verano pasado, me encontré pensando en el filósofo de derecha Harry V. Jaffa. Mientras la cantante interpretaba «Ameriican Requiem», la primera canción de su álbum Cowboy Carter, la letra aparecía en las enormes pantallas detrás de ella: «Las grandes ideas están enterradas aquí». Este eslogan parecía sugerir que los afroamericanos deberían reivindicar los valores fundacionales de los Estados Unidos como propios. Curiosamente, me recordó a Jaffa, quien utilizó esas mismas ideas para revitalizar a la derecha. Este eco reflejaba algo sobre nuestra época polarizada: tanto los liberales como la derecha hablan de la refundación de Estados Unidos.

Nadie se toma esto más en serio que los pensadores que rodean a Donald Trump en la Casa Blanca, tema de un inesperado y apasionante libro de la teórica política Laura K. Field, Furious Minds: The Making of the MAGA New Right. Se trata de una importante contribución al estudio de la derecha, un campo en evolución en el que participan John Ganz, Quinn Slobodian y Matt Sitman y Sam Adler-Bell, presentadores del podcast Know Your Enemy.

Field está en una posición idónea para escribir este libro, ya que ha sido formada por seguidores del filósofo conservador Leo Strauss. Ofrece un relato personal de su alejamiento de sus maestros, así como de su continuo respeto por algunos de sus argumentos. Los pensadores de Furious Minds creen que la derecha ha sido marginada en la vida intelectual y están tratando de hacer algo al respecto, creando revistas y universidades. Adoptan lo que Field denomina un enfoque de «las ideas primero», insistiendo en que «las ideas tienen consecuencias» y «la política es consecuencia de la cultura». Aunque se muestra escéptica sobre esta «nueva patología de la derecha» que privilegia las ideas sobre la economía, Field admite que le atrae. Esto la convierte en una guía inestimable para comprender sus bromas y disputas internas.

Los orígenes intelectuales del posliberalismo

La floreciente colección de libros y podcasts sobre el pensamiento de derecha también da testimonio de su creciente atractivo. Field describe el impulso entre los liberales, predominante durante la primera administración Trump, de burlarse de los «intelectuales trumpistas» como «erróneo y contraproducente», señalando que, desde su reelección, se ha vuelto aún más importante comprender de dónde provienen sus políticas, los pensadores que hay detrás de ellas y toda la historia intelectual de la derecha.

Furious Minds traza el movimiento en tres bandos: «los claremontianos idolatran la fundación de Estados Unidos, los posliberales una concepción particular (de inspiración religiosa) del ‘bien común’ y los conservadores nacionales el mito de una nación estadounidense tradicional».

El primer capítulo comienza con el discurso de Barry Goldwater en la Convención Republicana durante su campaña de 1964 para la nominación presidencial. Jaffa escribió el pasaje más famoso del discurso: «El extremismo en defensa de la libertad no es un vicio, y la moderación en la búsqueda de la justicia no es una virtud». La idea, tomada de Cicerón, muestra cómo la filosofía puede ayudar a candidatos populistas aparentemente poco sofisticados.

Leo Strauss ocupa un lugar destacado en el libro. Nacido en Alemania en 1899, emigró a Estados Unidos en 1937 y finalmente se estableció en Chicago. Conocido sobre todo por su teoría de la «escritura esotérica», Strauss sostenía que los filósofos ocultaban verdades secretas en sus obras publicadas. Enseñó a sus alumnos a recuperar estas verdades antiguas, entre las que se encontraba un escepticismo profundamente arraigado sobre la democracia. Muchos de esos alumnos se convirtieron en profesores, intelectuales públicos y políticos en las administraciones de Reagan y Bush.

Jaffa, que fue uno de los primeros doctorandos de Strauss, extendió los métodos straussianos a los pensadores políticos estadounidenses. En su obra magna, Crisis of the House Divided (1959), Jaffa interpreta una serie de debates entre Abraham Lincoln y Stephen Douglas durante su contienda por el Senado en 1858. Jaffa sostiene que Lincoln había basado los Estados Unidos en el «principio sagrado» de la igualdad, refundando efectivamente América. «Para que la república viva», escribe Jaffa, «el acto de creación o fundación debe repetirse».

Sus alumnos se tomaron esto muy en serio. En 1972, cuatro de ellos crearon el Claremont Institute, un think tank en un suburbio de Los Ángeles, cerca del Claremont McKenna College, donde enseñaba su mentor. Apartándose de Jaffa, fallecido en 2015, los hombres de Claremont promueven un concepto radicalmente derechista de la igualdad, tratándola más como un privilegio que como un derecho natural. Esta es la lógica que subyace a la política migratoria de Trump.

Uno de sus colaboradores más destacados es Michael Anton, ahora director de políticas de la Casa Blanca. Describe la ideología de Claremont como «fronteras seguras, nacionalismo económico y política exterior que antepone los intereses de Estados Unidos». Al igual que Jaffa hizo con Goldwater, Anton escribió una defensa histriónica de Trump, «The Flight 93 Election» (Las elecciones del vuelo 93). Publicado de forma anónima en The Claremont Review of Books, el ensayo comparaba las elecciones de 2016 con el avión del 11-S, en el que los pasajeros se abalanzaron sobre la cabina y evitaron heroicamente la catástrofe. Anton fue recompensado con un puesto en la nueva administración.

En parte gracias a Strauss y Jaffa, se valora tanto la filosofía clásica en el archipiélago de universidades y colegios de derecha, sobre todo en el Hillsdale College de Míchigan y el New College of Florida. Charlie Kirk realizó más de treinta cursos en línea en Hillsdale, lo que le ayudó a proporcionar las citas de Aristóteles y Aquino que utilizó en sus debates públicos con estudiantes universitarios. Los pensadores de la Nueva Derecha no tienen la moderación académica de Leo Strauss y hacen que incluso el repulsivo Jaffa parezca liberal.

Field es una gran conocedora de la tradición clásica, lo que le permite ver cómo la derecha hace un mal uso de sus propias autoridades intelectuales. En un brillante pasaje, muestra cómo Anton hace un mal uso del discurso de Lincoln sobre la decisión Dred Scott, que en 1857 dictaminó que los afroamericanos no eran ciudadanos. En su ensayo «Toward a Sensible, Coherent Trumpism» (Hacia un trumpismo sensato y coherente), Anton cita a Lincoln diciendo que las personas «no son iguales en todos los aspectos» para argumentar en contra de la migración masiva. Field escribe: «Anton, como un sofista, tomó la descripción de Lincoln de la realidad empírica (pero, en opinión de Lincoln, muy mala) de la desigualdad y la utilizó para defender los ideales normativos de la desigualdad y la exclusión».

Las otras dos facciones parecen más respetables que los claremontianos, pero Field muestra cómo han colaborado con la Nueva Derecha y han permitido sus excesos. El principal pensador posliberal es el profesor de Notre Dame Patrick Deneen, autor de Why Liberalism Failed (Por qué fracasó el liberalismo), un libro que, irónicamente, se hizo famoso gracias a la lista de lecturas de Barack Obama de 2018. Deneen sostiene que la fundación de Estados Unidos fue una expresión del liberalismo, una tradición que ha fracasado, y pide una nueva «teoría épica» para imaginar una sociedad posliberal. Otro posliberal, el profesor de Derecho de Harvard Adrian Vermeule, criticó a Deneen por su falta de ambición y pidió un movimiento que pudiera «cooptar y transformar el régimen en decadencia desde su propio núcleo». Esta petición fue respondida por la revolución de la derecha en la segunda administración Trump.

Los conservadores nacionales —asociados a la conferencia del mismo nombre que reúne a líderes de derecha de todo el mundo, entre ellos Viktor Orban, de Hungría, y Nigel Farage, de Gran Bretaña— comparten muchas de las políticas y algunos de los miembros de los dos primeros grupos. Critican los valores liberales, defienden el retorno a la ética cristiana y piden un gobierno más autocrático. Una parte fundamental de su estrategia es el ataque a las universidades. En una escena extrañamente contemporánea, Field describe cómo un usuario de Clubhouse —una aplicación utilizada durante la pandemia para actividades sociales como karaoke y concursos de gemidos sexuales— encontró una sala en la que un grupo de conservadores nacionales, entre ellos Christopher Rufo, proponían elevar el discurso marginal de la teoría crítica de la raza a una amenaza global para la nación. Esto avivó las guerras culturales que desempeñaron un papel importante en la reelección de Trump.

Mirando al espejo

Field rastrea las interacciones entre estos grupos aparentemente discretos, describiendo sus diferencias y su causa común. En algunas de sus conferencias, se sienta en la primera fila; muchas de las figuras de las que habla son personas que ha conocido en persona. Sin embargo, no se contiene. Ofrece una defensa franca, apasionada y, en ocasiones, conmovedora de los valores liberales y seculares frente a las diatribas, a menudo histéricas, contra la América liberal. En respuesta al argumento de Deneen de que las personas seculares carecen de brújula moral, escribe: «Al leer esto desde el sótano de mis suegros en Wichita, con mi recién nacido y mi hijo de tres años correteando a mi alrededor, no pude evitar reírme».

Aunque Field discrepa de las políticas de la derecha, admite simpatizar con algunos aspectos de su programa educativo, como el estudio de los clásicos de la tradición occidental para reflexionar sobre lo bueno, lo verdadero y lo bello. Está de acuerdo con algunos de sus teóricos más liberales, en particular con Allan Bloom, autor de The Closing of the American Mind, en que «los liberales han aceptado durante demasiado tiempo una autocomprensión minimalista que evita toda conversación sobre la virtud y la visión ética». Una de las soluciones a la polarización, argumenta, es un plan de estudios híbrido y bipartidista, que permita pensar críticamente sobre diferentes visiones del mundo.

Junto a los tres principales grupos de la Nueva Derecha, hay un cuarto, al que Field denomina «la extrema derecha». Este incluye las cuentas semianónimas de Twitter Raw Egg Nationalist y Costin Alamariu (también conocido como «Bronze Age Pervert»), que tienen un gran número de seguidores entre los jóvenes y los adictos a Internet. Field no se atreve a clasificarlos, pero ofrece comentarios perspicaces sobre su formación intelectual. La tesis doctoral straussiana de Alamariu, publicada como Selective Breeding and the Birth of Philosophy (La cría selectiva y el nacimiento de la filosofía), fue condenada como obra nazi por uno de sus directores de tesis, pero elogiada por el profesor de Harvard Harvey Mansfield Jr, quien la calificó de «llena de chispas y fuego».

Field no se detiene en el atractivo estético de estas figuras. Pero esta es, al menos en parte, la razón de su popularidad en Internet y entre los escritores poswoke asociados con Dimes Square, en Nueva York. Este atractivo tiene que ver, en parte, con el desafío de la derecha a la cultura de la hegemonía liberal, que tradujo la política del antirracismo en códigos elitistas, burocráticos y puritanos. Durante un tiempo, decir lo inaceptable se convirtió en algo estéticamente interesante, y escritores de derecha como Alamariu explotaron esto y desempeñaron su papel en una guerra cultural que, tras las elecciones de 2024, parecen haber ganado.

Field describe cómo el podcast Red Scare, los habitantes más notorios de Dime Square, que pasaron de ser partidarios de Bernie Sanders a impulsores de la derecha, promovió el «Hard Right Underbelly» (el lado más duro de la derecha). Field caracteriza a Red Scare como representante de la «izquierda dura», lo que no es cierto. Más importante aún, podría haber explorado cómo el hecho de que el Partido Demócrata dejara de lado a Sanders y a otros candidatos populistas de izquierda contribuyó al auge de la derecha.

Las críticas de Field a la extraña campaña de Kamala Harris son notablemente moderadas, y carecen de la pasión y la especificidad con la que describe los fallos de la derecha. Aunque no es el tema aparente de este libro, las decisiones de los líderes demócratas, gerontocráticos e inertes, podrían ayudar a explicar el aparente monopolio de la nueva derecha sobre la novedad intelectual.

Las recetas de Field para un liberalismo revitalizado, que podría atraer a una amplia franja de estadounidenses, incluyen aspectos del populismo de izquierda. La triunfante campaña de Zohran Mamdani para la alcaldía de Nueva York también podría servir de modelo para ello. La Nueva Derecha no aceptaría a un candidato musulmán que se ganara a una ciudad de inmigrantes con una política igualitaria optimista, pero una nación que votó dos veces por Obama sí podría hacerlo. Como nos recuerda Field, Estados Unidos siempre ha sido igualitario y pluralista. Las «grandes ideas», como sostienen tanto Beyoncé como Jaffa, nunca pueden ser coto privado de una élite.

Furious Minds es una historia intelectual sin parangón del presente. La investigación, el alcance y la intimidad de Field con sus temas dan lugar a muchas ideas y descubrimientos importantes, desde los más serios hasta los más ridículos. Desentierra un artículo en el que Anton compara a Sócrates con un seductor. Esto es representativo de la Nueva Derecha en general, que ha respondido al llamamiento de Deneen en favor de una «teoría épica» con ambiciones intelectuales y una contradicción básica, inspirada no solo en Leo Strauss, sino también en Neil Strauss, autor de un libro de autoayuda sobre cómo los hombres pueden manipular a las mujeres para que se acuesten con ellos. Parece apropiado que los filósofos de la corte de Trump sean seductores.

Orlando Reade es autor de What in Me Is Dark: The Revolutionary Life of Paradise Lost.

Fuente: Jacobin

Artículo seleccionado por Carlos Valmaseda para la página Miscelánea de Salvador López Arnal

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