viernes, 30 de diciembre de 2016

JOSÉ ORTEGA Y GASSET: ¡VIVA LA REPÚBLICA!



 JOSÉ ORTEGA Y GASSET: ¡VIVA LA REPÚBLICA!


Eco republicano
28.12.2016

José Ortega y Gasset: ¡Viva la República!


Creo firmemente -ya lo he dicho- que estas elecciones contribuirán a la consolidación de la República. Pero andan por ahí gentes antirrepublicanas haciendo vagos gestos de triunfo o amenaza, y de otro lado, hay gentes republicanas que sinceramente juzgan la actual situación peligrosa pana la República. Pues bien: suponiendo que con alguna verosimilitud sea esto último el caso presente, yo elijo la ocasión de este caso para gritar por vez primera, con las pedazos que me quedan de laringe: "¡Viva la República!" No lo había gritado jamás: ni antes de triunfar ésta ni mucho menos después, entre otras razones porque yo grito muy pocas veces. 

QUIEN ES EL QUE GRITA 

Pero como todo anda un poco confundido, y los españoles del día tenemos poca memoria, quiero recordar o hacer constar algunas cosas que hasta ahora he callado o no he querido subrayar. Desde el fondo de mi largo y amargo silencio, estrujándolo como un racimo lleno de jugo, quiero rememorar a mis lectores y a todos los españoles -porque tengo tanto derecho como cualquiera otro para dirigirme a ellos- quién es el ciudadano que ahora, precisamente ahora, grita: "¡Viva la República!" 

El que grita se sintió en radical desacuerdo desde el día siguiente al advenimiento de la República con la interpretación de ésta y la política que iniciaban sus gobernantes. Yo no puedo demostrar con doctimentos la verdad literal de esta frase. Dejémosla, pues, como una frase y nada más. Pero lo que si puedo demostrar con documentos es que ya el 13 de mayo—por tanto, al mes justo de la proclamación del nuevo régimen—protesté airadamente, junto a Marañón y Pérez de Ayala, contra la quema de conventos, que fue una faena aun más que repugnante, estúpida. Esto el 13 de mayo; pero el 2 de junio publicaba yo un articulo titulado: "¡Pensar en grande!", invitando a tomar la República en forma y formato opuestos a los que empezaban a adoptarse. Y en 6 de junio, convocados a elección los ciudadanos, apareció otro artículo mío titulado: "¡Las provincias deben rebelarse contra los candidatos indeseables!" El 25 del mismo mes mi discurso electoral en León, donde, contra todo mi deseo, había sido presentado candidato, comenzaba así, según la transcripción algo incorrecta de los periódicos leoneses: "¿Queréis, gentes de León, que hablemos un poco en serio de la España que hay que hacer? Con profunda vergüenza asisto a la campaña electoral que se está llevando a cabo en toda la Península. Trátase, nada menos, que de unas elecciones constituyentes. Se moviliza civilmente el país para que elija a unos hombres que van a fabricar el nuevo Estado. Es un gigantesco edificio el que hay que construir, y no hay edificio si no hay en la cabeza un plano previo de líneas vigorosas. 

Lo que me parece vergonzoso es que los cientos de discursos pronunciados en España no anuncien una sola idea clara, que defina algo sobre ese Estado que hay que hay que construir. Solo se han pronunciado palabras vanas y hueras prometiendo en palabrería fantástica, sin saber si se puede o no realizar. Porque esto importa poco a esos palabreros, que sólo quieren hostigar a las masas con palabras vanas e insensatas para que, como un rebaño de ovejas, vayan a las urnas o, como un rebaño de búfalos, vayan a la revolución. Y a eso se le llama democracia." 

Con esto llegamos al 13 de julio, es decir, aun no trascurridos los tres meses desde el 14 de abril. Pues bien: en esa fecha leyeron los lectores de "Crisol" otro artículo mío titulado "Hay que cambiar de signo a la República". Y en 9 de septiembre este otro: "Un aldabonazo". Y en 6 de diciembre pudo oírse en el "cine" de la Opera mi discurso sobre "Rectificación de la República". Y el 13 del mismo mes, en las primeras consultas del Presidente recién elegido, fué el que ahora da su grito el único que pidió la formación de un Gobierno sin colaboración socialista, que preveía funesta para la República y para el socialismo. No mucho después, en el periódico antedicho, se Imprimieron unos párrafos bajo el lema: "Estos republicanos no son la República", etcétera, etc., etc. 

Estos recuerdos precisarán un poco en la mente del lector la fisonomía del que ahora grita "¡Viva la República!", y le harán pensar que, si lo grita, es a sabiendas y a pesar de lo que ha sido durante esta primera etapa la política republicana. Corregirán de paso un error que he oído más de un a vez, según el cual yo consideraria haberme equivocado al recomendar en cierta hora a los españoles que se constituyesen en República, que había perdido la Ilusión, que juzgaba sin remedio la política republicana y demás suposiciones Igualmente superficiales. Los datos ahora rememorados, con la impertinencia de sus fechas exactas, demuestran que no me fue necesario esperar a que los gobernantes republicanos de la primera hora comenzasen a desbarrar para saber que lo iban a hacer: que, de tal modo eneraba y presumía por anticipado su descarrío, que me adelanté a insinuar mi discrepancia, como me adelanté a echar en cara a las provincias que iban, por inconsciencia, a elegir diputados indeseables, como me situé, desde luego, y por innúmeras razones, en posición de no actuar durante el primer capítulo de la historia republicana, según hice constar desde mi primer discurso en la Cámara, que fue, entre paréntesis, el primer discurso de oposición a la política del Gobierno. Pero no me interesa de todo esto lo que signifique como demostración vanidosa de capacidad previsora. Lo que me interesa es refutar con esos hechos y con esos datos incontrovertibles el error en que están los que suponen que yo recomendé la instauración de la República "porque" creyese que, desde, luego iban a ir preciosamente las cosas. No sólo no lo creía, sino que -y éste es el motivo de las anteriores recordaciones- no acepto en persona que presuma de alguna seriedad que pretenda juzgar las posibilidades históricas de un régimen por lo acontecido en los dos años y medio después de su natividad. Y es sencillamente grotesco que intenten hacer tal cosa los monárquicos defensores de un régimen extranjero, que no durante dos años y medio, sino durante dos siglos y medio ha maltraído a España en desmedro, decadencia y envilecimiento lamentables y constantes, haciéndola llegar a esta República en un estado tal de desmoralización y de falta de aptitudes por parte do masas y minorías, que él ha sido, en definitiva, la causa de estos dos años y medio pesadillescos.

Porque si han sido tales par a el labrador andaluz y par a el cura de aldea, no crean estos señores que el que grita ahora "¡Viva la República!" los ha pasado en un lecho de rosas. Durante ellos se me ha insultado y vejado constantemente desde las filas republicanas, y, claro está, también desde las otras. Algunos sinvergüenzas, algunos insolentes y algunos sota-intelectuales que son lo uno y lo otro, y que hasta ahora, por lo que fuera, no se habían resuelto a atacarme, han aprovechado la atmósfera envenenada de esos años para morderme los z