sábado, 24 de mayo de 2014

LA ESPAÑA DE FICCIÓN Y LA PEOR ESPAÑA SIN FICCIÓN

 Que la mentira que preside a todo la política oficial sea indiscutible, y asi percibida por la sociedad es manifiestamente percibida por la sociedad.

A la mejoría social que impulsó Felipe González a España él solito porque es un iluminado, le siguió la mejoría social que impuso José María Aznar, que es otro fuera de serie en eso de la iluminación.

Siguío mejorando socialmente España porque los españoles tuvimos la suerte iluminaría de que nos lloviera del cielo José Luis Rodriguez Zapatero, el del aquí estoy porque he venido y nadie sabe como ha sido. Y como las desgracias nunca llegan solas, maese Rajoy, el no va más del deber, ¡Ale hop! ¡Señoras y señores, el mayor circo del mundo. Lo nunca visto! Mejora todo lo mejorble, porque mintiendo y sobre el papel las mejorías son incalculables, y nos hace una España inmejorable y particular que como no la mejore Mariano Rajoy la hecatombe es cierta.

Total: la España mejorada se puede ver a continuación sin trampa ni cartón:

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5,6 millones de lectores hacen frente a la “mafia” PP-PSOE que estafó a 17,8 millones de ciudadanos

"Espía en el Congreso" cubrió la campaña electoral sin apenas recursos
“Espía en el Congreso” cubrió la campaña electoral sin apenas recursos

Este domingo 25 de mayo (25-M) tienen lugar las elecciones europeas, las primeras votaciones que se celebran en los últimos dos años y medio en España. Desde aquel ya lejano 20 de noviembre de 2011, cuando Mariano Rajoy (PP) obtuvo la mayoría absoluta con 186 escaños y 10,8 millones de votos al tiempo que Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE) lograba 110 escaños y 7 millones de sufragios, mucho ha cambiado por estos lares: 6 millones de parados, una buena parte sin subsidio y a la intemperie salarial, 983.000 jóvenes sin empleo y sin futuro, 2,2 millones de niños españoles que pasan hambre (cifras oficiales de Cáritas, bancos de alimentos y otras ONGs que el Gobierno niega), 300.000 estafados en los bancos por las preferentes, muchos de ellos ancianos y pensionistas, 700.000 exiliados laborales, 425.000 desahuciados en el país de las viviendas vacías y 1,4 millones de hogares a los que, con extrema crueldad, se les cortó la calefacción en invierno. También nació, el 7 de abril de 2013, este “Espía en el Congreso“: 13 meses de andadura con 350 noticias propias que han generado 5,6 millones de lectores, concretamente 5.618.421 hasta esta misma semana. A ellos convocamos este domingo para desmontar al régimen de partidos, sindicatos y banqueros corruptos que ha arruinado el país y el presente de millones de ciudadanos. Pero no el futuro.
En noviembre de 2013 los “aparatos” de PP y PSOE, comandados por Rajoy y Rubalcaba, consiguieron engañar a 17,8 millones de ciudadanos. Pero a pesar de lo aparentemente abultado de la cifra, eso significó que ya habían perdido la mayoría: 17,9 millones de personas se abstuvieron y derrotaron por primera vez a los dos máximos representantes de la partitocracia dando la espalda a las urnas. No obstante, la actitud abiertamente ambigua de CiU, PNV y Coalición Canaria, los tres partidos nacionalistas “bisagras” que han sostenido con sus escaños la alternancia de populares y socialistas durante 35 años, lograron timar a otro millón y medio de electores que, bajo la promesa de recompensas particulares o territoriales, mantuvieron la ficción del bipartidismo.

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Los medios oficiales no cuentan a los abstencionistas y así inflan las cifras de apoyo a PP-PSOE

Pero las cifras son claras y los ciudadanos ya las conocen, las reescriben (retuitean) en las redes sociales (sobre todo facebook) o en medios digitales independientes y no pueden ocultarse ya: aunque los políticos del régimen y sus medios de comunicación de cabecera disfracen la realidad del censo electoral, incontestable, evidente y aplastante, sus cada vez más escasos votos de apoyo solo reflejan el porcentaje sobre este. Ahí radica la gigantesca manipulación. Pero lo cierto es que este domingo nos podemos encontrar con que el PP solo represente a 1 de cada 10 ciudadanos censados y con derecho a voto y el PSOE solo a otro más. En el mejor de los casos, sumando sus decimales, solo 3 electores de PP-PSOE piensan hacer frente a 7 ciudadanos críticos, cada vez menos sumisos en la calle, más desobedientes ante la administración y mejor organizados en los pequeños partidos y asociaciones civiles que vienen a sustituirlos.

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“Espía en el Congreso” grabó un vídeo para el 25-M

Los 19 integrantes de “Espía en el Congreso“, un grupo cívico independiente compuesto por blogueros, periodistas y ciudadanos, hemos querido dar voz a todas estas opciones en esta campaña electoral. El régimen ya tiene sus altavoces y miramos a quienes no pueden disfrutar del “pluralismo” político que tantos golpes de pecho hace sonar entre la clase política y mediática. Y así lo reflejamos mediante entrevistas y noticias en este blog y en Radio 3W: Antonio García Trevijano (abstención), Pablo Iglesias (Podemos), Hervé Falciani y Simona Levy (Partido X), Elpidio Silva y Cristóbal Cobo (Movimiento RED) y Juan Pina (P-Lib). No nos contestaron los candidatos de Primavera Europea, Ciudadanos, Vox, Recortes Cero y Confederación Pirata. No obstante, a pesar de estos silencios, elaboramos noticias sobre ellos para no hurtar información sobre los mismos.

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Los ciudadanos se resisten a la “mafia” PP-PSOE

Este domingo los electores son dueños de sus palabras y de sus silencios y los resultados dirán si un régimen así es ya insostenible, si su ilegitimidad es abrumadora y si su más que previsible caída ya es solo cuestión del más inesperado golpe de azar. Si los resultados de los nuevos partidos y de la abstención así lo acreditaran el próximo 25-M, el Congreso de los Diputados y los Ayuntamientos de toda España, como supuestas instituciones de representación, deberían ser escenario de sostenidas concentraciones que reclamasen quizás ya de manera definitiva, el fin de esta cleptocracia y el inicio de un proceso constituyente que consagre los dos principios básicos de la libertad: elección representativa uninominal y por distritos (nada de partidos) y división de poderes (nada de contaminación entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial). Ya funciona en Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Suiza...

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Las donaciones mantienen vivo al “Espía en el Congreso”

¿Por qué no en España?. La casta política, que arrambla en cascada sobre el erario público desde la cima de un rey corrupto denunciado en numerosos medios internacionales, solo quiere preservar sus privilegios y nada le importan ya sus ciudadanos ni la quiebra económica y laboral de todos sus territorios.
Hoy todo el engranaje se ha venido abajo y ningún rincón de esta asolada España está a salvo de lo que numerosas y variadas asociaciones ciudadanas han denominado ya abiertamente como “mafia”, según quedó patente en varias manifestaciones protagonizadas por las más 200 asociaciones agrupadas en torno a la “Coordinadora 25-S“. El lema “Adiós Mafia, Hola Democracia” no dejaba lugar a dudas y recogía lo que valientes miembros de la sociedad civil, desde el científico Santiago Grisolía, al cantante Kiko Veneno, el publicista Risto Mejide o el periodista Alberto Pradilla, al igual que fuera de nuestras fronteras el periódico alemán “Die Tageszeitung”, iniciaban llamando a las cosas por su nombre.

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Los ciudadanos reclaman una información independiente

En este arduo y dificultoso camino hacia la libertad protagonizado por millones de ciudadanos españoles, también hay que recordar la labor precursora del 15-M, verdadera semilla del movimiento de rebeldía ciudadana que acampó en la Puerta del Sol y que suscitó la curiosa mirada de toda la prensa internacional bajo el significativo título de “spanish revolution“. Y tampoco debemos olvidar al más de un millón de personas que, bajo la organización de las ya históricas Mareas Ciudadanas, se concentraron en Madrid el pasado 23-F y lograron superar convocatorias tan multitudinarias como las que tuvieron lugar en en la plaza Tahrir de El Cairo (Egipto), la Plaza Taksim de Ankara (Turquía) y la avenida Río Branco de Río de Janeiro (Brasil).

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Y es que a pesar del silencio o la complicidad de los medios de comunicación del régimen, en toda España se celebraron durante 2011 un total de 63 manifestaciones diarias (casi 23.000 en toda el país), cifra que prácticamente se duplicó en 2013 hasta llegar a las 40.000 concentraciones de protesta ciudadana. El Gobierno oculta las cifras relativas a 2014, pero ya en su toma de posesión el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, reconoció que, ante lo que definió como “tiempos recios“, iba a tener que utilizar “mano derecha y mano izquierda” para preservar la “paz social“.

En efecto: infiltraciones policiales ilegales (con protestas de los sindicatos policiales incluidas), coerción al derecho de manifestación e incluso de reunión –que llevó a intervenir a Naciones Unidas a través de la OSCE, a lo que el Gobierno contestó expulsando a sus diplomáticos y ante lo cual la mayoría de la Oposición mostró un cómplice silencio–, órdenes de brutales cargas policiales con miles de ciudadanos heridos, multas indiscriminadas que numerosos jueces tuvieron que anular y hasta cárcel: fue muy llamativo el caso de “Alfon”, el bukanero vallecano que fue detenido tras una manifestación.

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A los partidos les molestan blogueros, twiteros y redes sociales

Los últimos coletazos del régimen han sido espeluznantes: se han detenido a “twiteros”, se ha perseguido el “crownfunding” y se ha llevado al Congreso una “ley mordaza” para perseguir no ya el derecho a la manifestación o concentración en las calles, sino el simple ejercicio de la expresión escrita ante la que cada cual debe responsablizarse frente a terceros. El Estado velando por el orden verbal del país. Ni siquiera George Orwell lo hubiera imaginado.

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ESPAÑA ATRAPADA EN EUROPA



24-05-2014

Durante años, Europa representó un horizonte atrayente y sólido, el espacio del que se esperaba que viniese un impulso de libertad y progreso que permitiera superar tantos años de dictadura y de atraso social. Pero con el tiempo esa Europa de esperanza se ha convertido en la fuente de muchos de nuestros más graves problemas. 

La mala negociación de adhesión en la Comunidad Europea desmanteló nuestra agricultura en beneficio de la de centroeuropa, nos desindustrializó y puso en manos de capitales extranjeros nuestros mejores activos y canales de distribución. Sin que apenas se discutiera sobre ello, pues quien hablaba de lo negativo que podía suponer ese entrada en Europa era tachado enseguida de extremista o de loco, se dio lugar a que nuestra economía se consolidara como un espacio periférico y de cuasi colonización. Una dinámica que se fortaleció cuando Europa se puso a la vanguardia mundial en la aplicación de las políticas neoliberales y cuando su Estado de Bienestar que habíamos tomado como ejemplo se fue debilitando, acrecentándose las desigualdades y asimetrías entre personas y regiones. 

Más adelante los sucesivos tratados y sobre todo la integración en un euro diseñado al servicio del capital financiero y de Alemania nos impusieron corsés que nos condenaron a soportar sin defensas las tensiones internas y los shock externos que inevitablemente iban a producirse. 

Poco a poco fueron creciendo los déficit. El externo como consecuencia de nuestra pérdida de pulso productivo y de competitividad y el social por la presión de las políticas deflacionistas impuestas por Europa en beneficio de las rentas del capital. Y así, España solo pudo consolidarse como tierra de conquista, como el destino privilegiado de los capitales que el correlativo superávit alemán generaba y que aquí llegaban en forma de préstamos multimillonarios que hacían ganar fortunas a los bancos pero que más tarde nos helarían la sangre. 

Las políticas de austeridad terminaron por cerrar el círculo: con la excusa de los déficit que empezaba a generar la crisis impusieron nuevos recortes que a la postre han provocado un mayor hundimiento de la actividad que incluso eleva más todavía la deuda. Así han hecho que la crisis de deuda privada se haya convertido en una de deuda pública que hemos de pagar todos los ciudadanos aumentando la esclavitud de los pueblos ante la banca. 

Ahora contemplamos desnudos que la Europa en la que depositamos nuestras esperanzas es la que desmantela la democracia y la que empobrece a sus territorios, la que esclaviza a naciones enteras y la que sin pudor se nos presenta como una mera herramienta de los poderes multinacionales y bancarios más inmorales, improductivos y empobrecedores del orbe. 

España está atrapada en una Europa que se ha traicionado a sí misma y que se ha convertido ya sin disimulo en una auténtica dictadura y a mi juicio tenemos ante nosotros solo cuatro posibles alternativas, dos conservadoras y otras dos de progreso. Las desarrollo con más detalle en un libro que espero esté pronto en la calle y las resumo muy rápidamente a continuación. 

La primera conservadora es seguir en Europa como estamos, seguir obedeciendo y simplemente esperar a que escampe la lluvia y que todo vuelva a su cauce. Pero a mí no me parece una alternativa sino un suicidio porque ya nada volverá a ser como antes, suponiendo que “lo de antes” sea algo valioso y que resolviera nuestros problemas. 

La segunda es simplemente salir del euro, denunciar la deuda y reestructurarla y tratar de sobrevivir a los mercados con políticas de devaluación creyendo que con la mera soberanía monetaria y con políticas intervencionistas se podría dar la vuelta a la situación. Una solución no menos conservadora y muy poco valiosa a mi parecer porque no sería posible hacer frente a las tempestades que eso levantaría sin sufrir daños muy considerables y un empobrecimiento que sobre todo pagarían los grupos sociales de por sí más desfavorecidos. 

La tercera alternativa y primera progresista es salir del euro con el apoyo de una enorme fuerza social y política capaz de poner en marcha una estrategia de cambios profundos que pusieran en manos y en función del interés público los “discos duros” de nuestra economía, controlando directamente los sectores estratégicos, y poniendo rápidamente en marcha procesos de reestructuración productiva y de la base energética capaces de crear nuevos focos de generación de ingresos endógenos bajo otra pauta distributiva y redistributiva. 

La cuarta alternativa y segunda de progreso es apostar por construir una nueva Europa creando una auténtica democracia supranacional, modificando sus instituciones y sobre todo el diseño del euro para acabar con su actual arquitectura que está concebida para servir de punta de lanza de las políticas neoliberales y para garantizar el poderío de los grandes capitales y la salvaguarda de los intereses electorales de los partidos centroeuropeos que los defienden. 

Ninguna de estas dos últimas alternativas son fáciles. Y entiendo que, en las condiciones sociopolíticas actuales, se califiquen simplemente como irrealistas. Pero son las únicas que de una u otra manera pueden permitir que nuestra economía empiece a ser de otra manera y que nos proporcione actividades y empleos que supongan realmente mayor bienestar, equilibrio social y sostenibilidad. 

Y ninguna de las dos se debe entender como de camino único o exclusivo. Quienes defienden prioritariamente la salida del euro deberían ser conscientes de que eso es simplemente imposible sin la fuerza que daría una apuesta paralela por otra Europa y quienes, por otro lado, defienden con prioridad la construcción de una nueva Europa deberían entender que eso solo se puede empezar a conseguir si las diferentes naciones se empoderan extraordinariamente, por ejemplo, poniendo sobre la mesa estrategias que incluso supusieran la salida del euro. 

Además, ninguna de estas dos últimas alternativas (e incluso la segunda) se puede abordar si no se dan unos prerrequisitos que les son comunes. Por un lado, la mejora previa de la actividad económica recurriendo a instrumentos novedosos como, por ejemplo y entre otros, la creación de una moneda complementaria al euro que permitiera reactivar rápidamente la financiación y recuperar el empleo proporcionando demanda, sobre todo, a la pequeña y mediana empresa. Y, por otro, una radical regeneración democrática de nuestra vida e instituciones políticas, una gran convicción y complicidad ciudadana, un proyecto político transversal de alta potencia y amplísimo apoyo electoral, y un compromiso neo-nacional capaz de superar las tensiones paralizadoras y destructivas que el nacionalismo españolista y los periféricos están generando actualmente y que impiden que pueda ni siquiera pensarse en una alternativa que recoja los intereses comunes de la inmensa mayoría de la población española que sufre las políticas neoliberales que vienen de Europa. Es decir, que una mayoría muy grande de nuestra población (por encima incluso de sus diferencias ideológicas y partidistas) se convenza de que esto que llamamos España es algo que vale mucho la pena porque es más que el negocio de unos cuantos o el cortijo de un montón de políticos corruptos, pues tenemos intereses comunes frente a Europa, frente a Alemania y frente a los grandes grupos económicos y financieros (españoles aliados con ellos y foráneos) que hemos de defender de la mano si no queremos que España se convierta, como buscan esos grupos oligárquicos, en una de sus sucursales, sin servicios públicos, sin población formada, sin actividad capaz de crear valor añadido, dependiente y sumisa y sin soberanía de ninguna clase. En suma, si no queremos convertirnos para siempre en un vergonzante protectorado alemán. 

Las elecciones del próximo domingo podrían haber sido una oportunidad de oro para que se hubieran dado pasos decisivos hacia esa unidad ciudadana que debería pasar por cerrar el paso en las urnas a quienes se empeñan en imponernos un modelo y políticas no deseadas, según señalan claramente las encuestas, por más del 70% de la población. Pero han predominado la división y el convencionalismo. 

La alta abstención que seguramente se va a dar, la dispersión del voto y los resultados por debajo de sus expectativas que casi todas las candidaturas convencionales van a obtener deberían servir de señales de aviso para el futuro inmediato. 

Los dirigentes de las organizaciones que ni han sido capaces de ponerse de acuerdo ni han sabido generar un discurso ciudadano diferente ni nuevas formas de hacer política han incurrido ya en una gravísima responsabilidad histórica. Esperemos que sea la última. La palabra, en todo caso, la tienen las personas normales y corrientes: están más indignadas y hartas que nunca pero si no asumen un nuevo y auténtico protagonismo todo seguirá igual o mucho peor que hasta ahora. 

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