viernes, 21 de abril de 2023

El capitalismo, ese triturador de vidas

 


El capitalismo, ese triturador de vidas

 

Por Grazia Tanta

KAOSENLARED

21 de abril de 2023 

 

Señalar y acusar al capitalismo es la forma más integrada de plantear cuestiones ambientales, políticas, económicas y de sociabilidad entre los seres humanos; considerar sólo análisis parciales, pocos ángulos de análisis del capitalismo, esto corresponde a la(s) forma(s) de los pactos con él, con su desempeño o, de mínima a un alto grado de miopía.

El capitalismo es una estructura económica y social, compuesta, integral, invasiva y jerárquica. En este contexto, no habrá solución para la realización de las cinco necesidades sociales esenciales descritas por Spinoza: paz, alimentación, vivienda, salud y educación. A estos cinco solemos agregar otros dos, más genéricos: las necesidades típicamente humanas de amar y ser amado.

Se vislumbra el agotamiento de las capacidades del planeta para alimentar dignamente a 8000 millones de personas, sin olvidar que la necesaria armonía de la relación entre los humanos y el planeta está lejana; por otra parte, no nos parece central ni interesante el envío al espacio y, en particular, a la Luna, de los artefactos y escombros arrojados allí por la competencia entre las naciones más ricas.

Más importante y peligrosa es la salpicadura del planeta con bases militares, flotillas de buques de guerra y conflictos, cuyo desenlace podría ser desastroso para la continuidad de la especie humana.

La racionalidad del sistema capitalista generalmente incorpora la infraestructura productiva (en forma de uso de bienes y servicios), con enormes efectos sobre el medio natural y, generando una competencia constante y multifacética entre los estratos poseedores, cuya ideología contagia al resto del la población, a la humanidad.

Estar en medio de enormes colas de autos, en hora punta, impermeabilizar el suelo con brea o, lidiar con el brutal impacto del tráfico aéreo, no es ni inteligente ni saludable; pero incorpora rentas de actividades típicamente inútiles o nocivas, reflejadas en el PIB “consagrado”.

El sistema financiero disfruta de algo muy especial, que es la producción infinita de “riqueza”; y esta infinidad lo coloca cada vez más en una situación de presión sobre los bienes naturales o transformados, sobre el capitalista común, más allá del rebaño humano, segmentado y marcado por inmensas desigualdades. Sobre todo, los derivados de sesgos nacionalistas o patrióticos.

Las pirámides de Ponzi son los instrumentos para la creación infinita del dinero, su aplicación en la explotación de los recursos de la Tierra, generando una cadena entre la infraestructura, por naturaleza finita, y la presión financiera tendiendo a ser infinita.

La macrogestión de este sistema global le corresponde al sistema financiero que tiene como instrumento de gestión política de la Humanidad a las clases políticas, claramente situadas por encima de los pueblos, globalmente jerarquizadas o, en el ámbito de las plutocracias nacionales. Estas jerarquías replican las cortes y señores del mundo euroasiático de antaño pero con un grado mucho mayor de integración en los sistemas político y financiero.

Formalmente, hay que contar con los cráneos empobrecidos de bidens y vonleydens; y, sobre todo, con las capacidades de mandarines ilustrados como Putin o Xi, como gestores de clases políticas nacionales, insertos en jerarquías flexibles, en cada momento y, en las dificultades de explorar y mantener el (des)orden social, económico y social ambiental.

Un caos manejado por la des(articulación) entre lo social, lo económico, las disputas entre grupos económicos/financieros o políticos; de este caos, traducido en la racionalidad proveniente de las élites de Davos, así como de los ejecutores de las clases políticas que allí se postran, lo que queda es la desorganización de los pueblos, más capaces de generar antagonismos entre ellos que de enfrentarse a los enemigos polifacéticos.

Los juegos de participación en eventos dirigidos a la clase política y empresarial no son más que formas de convencer y enmarcar a la plebe, en la aceptación de que los gobiernos enfrentarán y resolverán los evidentes y crecientes desmanes sociales y ambientales; con más o menos elecciones, con clases políticas más o menos ineptas y corruptas que muchas veces etiquetan a sus miembros como gerentes o empresarios.

Las clases políticas, entrelazadas con el poder financiero dominante, manejan las estructuras políticas (partidos, sindicatos, empresas públicas, en particular); así como las estructuras mediáticas, dominadas por grupos empresariales que organizan los flujos de “información”, volcada en todo momento sobre la masa de los desposeídos del poder.

Se pretende que estos desposeídos/as -sobre todo asalariados/as, precarios/as, deudores/as- asuman y se dignifiquen en el ejercicio de cualquier trabajo de mierda, para usar las palabras de David Graeber. Esta masa de desposeídos, en gran parte, está compuesta por electores de rutina en las vernissages electorales, mientras no sean inhabilitados como pensionistas o desempleados sin futuro, con derecho a la limosna; aunque para esto último, en la actualidad, se utiliza la denominación de subsidio.

El agotamiento de los suelos agrícolas, cargados de productos químicos o deteriorados por la presencia de animales de faena, es generado por el productivismo propio del capitalismo, por la presión del “mercado”. Y sin embargo, por presión humana, durante décadas, creando y reproduciendo la “modernidad”, en la loca forma de situaciones propias de las conurbaciones urbanas, llenas de suelos impermeables al alquitrán, por la presión inmobiliaria o, por la densificación de las vías de circulación y aparcamientos. .

La laxitud política del ambientalismo se desliza, por regla general, hacia una inserción en las estructuras de poder político y económico; y menos, por una organización autónoma y contestación radical al modelo extractivista, depredador, economicista, oligárquico y represivo. El llamado ecosocialismo, en todo caso, será una farsa, digna de tolerancia o aplausos del poder político y económico. La guerra de Ucrania es un ejemplo notorio de la incapacidad del ambientalismo tradicional y del compromiso de las clases políticas con las estructuras más altas del capitalismo; aun cuando la primera se disfraza de democracia edulcorada, con elecciones, partidos y… corrupción, obviamente.

La idea de crecimiento infinito del PIB encarna el esfuerzo por continuar este camino insano de inserción imposible en la producción de bienes y servicios, más o menos ligados a las necesidades humanas y al empresariado común. Este crecimiento infinito se ve amplificado por el desempeño del sistema financiero que absorbe capital estatal, trabajadores y empresas, garantizando su disponibilidad futura. Sin embargo, como estos fondos se colocarán, en gran parte, en el “mercado”, solo una pequeña parte estará disponible en el banco de origen, suponiendo, a la ligera, que todo pueda devolverse a los depositantes originales, lo que obviamente es imposible siempre que hay desconfianza en el “mercado” financiero, con la cadena de bancos[1] involucrada, teniendo dificultades para devolver el dinero depositado.

La farsa de los modelos electorales basados ​​en oligarquías partidistas excluye en realidad hipótesis de una real intervención y decisión del pueblo en general, porque en ese modelo intervienen las bandas partidarias que organizan situaciones institucionales[2], haciéndose superiores, con miras a acceder a lo real. poder de decisión y, en particular, en cuanto al acceso al “bote“.

Estas oligarquías son insaciables. Son los cuidadores de la explotación del trabajo por parte de unos, demostrando que el salario es una aberración que sólo los cambios copernicanos pueden obviar; para ello, es necesario deshacer estas oligarquías, su imposición de la lógica de la ganancia y la apropiación privada, cuya existencia es una puerta abierta de par en par a la perenneidad de las desigualdades, a su constante rejerarquización, a la preponderancia de lo privado, con desacato a la salvaguarda de los bienes puestos a disposición por la naturaleza. La destrucción, los desplazamientos masivos de seres humanos, la guerra, son parte de la rutina diseñada por los poderes fácticos.

El capitalismo desarrolla técnicas sofisticadas para la producción de bienes o servicios, pero considera los recursos existentes en el planeta como algo infinito y eternamente cambiante, como si fueran marcas indelebles de su existencia; así como hace del propio planeta un artefacto generado por un arquitecto contratado por el capitalismo para diseñar todos los cambios que aumentan el crecimiento del PIB.

El decrecimiento supone un llamamiento a la renuncia o a la reducción del consumo, cuya configuración es esencialmente demente; pasa por una adaptación, una integración a la lógica del capitalismo y no una forma efectiva de hostigarlo. En 110 países la gente vive con menos de $10 000 al año y solo 28 tienen un ingreso de más de $40 000. La gran mayoría de los seres humanos tienen enormes necesidades en cuanto a alimentación, salud, vivienda, acceso a la educación, tranquilidad; en este contexto, proponer una renuncia o reducción, en el ámbito de esas necesidades humanas, implica considerar un plan generativo, de apropiación y redistribución de bienes, totalmente ajeno a la lógica propia del capitalismo. Esto sólo se puede compaginar  en una postura clara y decididamente anticapitalista y, jamás en el seno de posturas complacientes con el capitalismo y la “democracia de mercado” como se verificó, hace pocos años en Glasgow.

Ligado al sacrosanto crecimiento está la producción de armamento y la existencia misma de fuerzas armadas que oscilan, dentro de su inutilidad social, en la aplicación en intervenciones musculares, destructivas, como en la guerra y campañas militares en general. En este contexto, el desafío al modelo global de capitalismo debe enmarcar el rechazo al militarismo, la extinción de las fuerzas armadas y la producción de material bélico… tema en el que las clases políticas no se atreven.

Por el contrario, en el desarrollo del colapso fascista de Ucrania, la OTAN se expandió, dejando en Europa, fuera de la sombra de su sombra, Austria, Irlanda, Suiza y los microestados europeos (Andorra, Liechtenstein, S. . Marino y Mónaco)… sin olvidar el Vaticano cuya desastrosa actuación fue evidente en tiempos del Papa Wojtyla.

A raíz de lo anterior, ¿es necesaria, compatible y democrática la vida de los pueblos con oligarquías y clases políticas, ávidas de prebendas, corruptas y protegidas por cohortes policiales y militares? ¿Se puede decir lo mismo de una redistribución de la renta y del poder que beneficie a unos pocos ricos, que se sentirán elevados a situaciones de poder sobre el resto de la población?

En el ámbito del contenido de la producción social de bienes y servicios, ¿tiene sentido la inherente segmentación de ingresos y niveles de poder, liderados o articulados por un poder político, ávido de apropiación y regresivo de distribución del ingreso?

No existe un plan racional, global o regional, para la distribución de los recursos y sus frutos por la masa humana; también apunta a un funcionamiento del mercado que, por regla general, segmenta y jerarquiza a los seres humanos, en función del poder económico de las organizaciones oligárquicas como los Estados y las empresas, especialmente las de gran poder, como las multinacionales.

¿Qué actividades incorporarán, en el futuro, al bienestar de la masa humana? Volvemos al principio de Spinoza; para eso, es imperativo acabar con el armamento y todas las demás falencias, como la privatización de la salud, la educación, la vivienda, creando un ambiente para compartir lo común y, sin el autoritarismo proveniente de las clases políticas, que tienden a ser excluyentes. y corrupto

El capitalismo, articulando la producción y las relaciones entre los humanos y el planeta, desperdicia las capacidades creativas de millones de personas; mientras los condiciona y los esclaviza. El transporte y la distribución en el capitalismo promueven inmensos costos en términos logísticos, burocráticos, además del ambiente competitivo que pone a los seres humanos en competencia unos contra otros. El productivismo no apunta a soluciones a las necesidades humanas; es sólo un conjunto de acciones encaminadas a apropiarse, por una minoría, de los bienes, servicios y prebendas producidos por una gran mayoría, desvinculada de los objetivos de la propia producción de bienes y servicios. ¿No deberían eliminarse las desigualdades existentes para la construcción de un sistema de redistribución equitativa?

Los elementos de derroche por parte de los trabajadores y trabajadoras son inducidos por la irracionalidad del sistema; debido a la ligereza de la absorción de mentalidades consumistas, de donde salieron las prácticas para el enriquecimiento de los capitalistas, con el consiguiente aumento del PIB. Asimismo, se descuidan los impactos ambientales y sociales generados por la acción negligente del capital, que desprecia los elementos que van más allá de los límites absolutos del propio planeta.

La guerra en Ucrania es el lugar donde, hoy en día, se están produciendo paulatinamente más desastres humanos, sociales, ambientales; y, donde es visible la ligereza de los occidentales de usar uranio empobrecido con más del 90% de isótopos de uranio-238 y menos del 1% de uranio-235. Este uso estadounidense de uranio en Irak hace veinte años llevó al uso de 300 toneladas de uranio empobrecido, según estimaciones de la ONU. La vieja y ridícula monarquía inglesa, desde el fondo de su decadencia, de su subordinación a los EE.UU., decidió enviar a Ucrania, municiones hechas con uranio empobrecido y, una vez más, puso en la agenda, un viejo problema -vulgarizar o no-. material radiactivo, aunque contamine a muchos seres humanos.

En el ámbito de la ligereza de la forma en que las clases políticas manejan las sociedades, se destaca EE.UU., con pretensiones al podio de las naciones, con la adopción de prácticas que pretenden insertar, en el ámbito de la subalternidad, a todos los demás pueblos, cuando sea necesario o conveniente.

Como el planeta es limitado, es fundamental considerar sus espacios y recursos en términos de espacio y uso de los elementos contenidos en él. Es una obviedad y una locura admitir que es posible que el ser humano supere las limitaciones del planeta, evitando, al mismo tiempo, un colapso ecológico. La degradación de la naturaleza, el exterminio de las especies vivas, animales o vegetales constituye una amenaza para la humanidad.

La demanda de litio, por ejemplo, implica costos crecientes y una competencia feroz entre las principales potencias; todo ello para alimentar un aparcamiento desproporcionado, objeto de la tremenda lucha en la que se pretende involucrar a gran parte de la Humanidad; y cuyos efectos implican la atracción de ricos y pobres. ¿Son los costos ambientales, debidamente calculados, superiores a las ganancias de la producción de automóviles? ¿Qué pasa con el consumo de combustible, el tiempo perdido en interminables colas de vehículos? ¿Y la existencia de enormes áreas urbanas donde se aglomeran millones de personas? Estos daños, debidamente calculados, son ciertamente mayores que las ganancias de sus beneficiarios quienes, sin embargo, buscarán gravar a los municipios, en una escalada sin verdaderas formas de resolución.

Las tasas crecientes de contaminación y degradación ambiental ocurren porque los capitalistas y sus gobiernos buscan ganancias a expensas del medio ambiente; y no por el uso de tecnologías libres de daño ambiental y humano. Por regla general, los recursos y medios de producción están destinados a la acumulación de capital; todo lo demás es superfluo, en la lógica de los capitalistas.

La contradicción entre el ser humano y la naturaleza, que hoy se revela dentro del capitalismo dominante, sólo puede ser abolida teniendo en cuenta que la estructura productiva debe basarse en los cinco principios señalados por Spinoza; y no en la producción de armas, lujos y superficialidades que tanto atraen a los ricos y a los idiotas.

Cualquier salida a la situación actual, desde el punto de vista político, económico, social y cultural, para evitar un desastre global, será a través de un plan amplio y detallado, basado en la propiedad común de los recursos, en tecnologías aceptables que sustituyan a las modelo de lucro, de apropiación privada de los recursos del planeta, de egoísmo nacionalista, propio de la ideología inmanente al llamado mercado capitalista.

Hablar de planificación en un contexto capitalista es un error. Los capitalistas se constituyen en competencia entre sí, en una lógica de maximizar los resultados que cada uno persigue; actúan como agentes redistribuidores de salarios limitados y precariedad laboral; y, como manipuladores de los ingresos estatales para apoyar a la comunidad empresarial de más alto perfil.

A la clase política le corresponde el manejo y manipulación del aparato estatal, la selección y jerarquización dentro del mandarinato político, la expedición de leyes y reglamentos, la recaudación y distribución de la carga tributaria. Para la multitud de trabajadores asalariados, pobres, desempleados, precarios, quedan dos opciones esenciales, salidas de la clase política. Uno es la continuidad sumisa del statu quo, definido por las estructuras del capitalismo y lo que podemos llamar “democracia de mercado”, con partidos políticos, conservadores, integrados al modelo político vigente y sindicatos amorfos. La segunda tiende a anclarse en una plácida aceptación de las estructuras fascistas -políticas o gremiales- de una incorporación total de estas estructuras en el aparato estatal; un caso bien conocido fue el vivido durante el régimen fascista en Portugal (finalizando en 1974).

La supresión del capitalismo incluye la planificación en una sociedad no capitalista que evite las consecuencias catastróficas del cambio climático y otros excesos promovidos por el modelo capitalista, enfocados en el crecimiento infinito del PIB. La gran pregunta es si las víctimas del capitalismo logran organizarse en un nuevo modelo político, social y económico; o, si se dejan conducir por el binomio capitalistas-clases políticas, hacia un modelo político represor y fascista. Por otro lado, ¿el modelo de Estado-nación, que implica una competencia exacerbada – cuando no una guerra abierta entre sus miembros – apoya los supuestos de Spinoza? El modelo político, hoy dominante, engloba situaciones de competencia económica, así como de tensión política, cuando no conduce a la guerra.

Autoría: Grazia Tanta para Kaosenlared

Imagen: Grazia Tanta

Traducción: Diana Cordero para Kaosenlared
Texto original en portugués: Capitalismo, esse triturador de vidas

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Plan SAREB: «No, no habrá 50.000 casas de Sareb para el parque público de vivienda» [Los que quieran ensuciar el nombre de la izquierda que lo hagan. Son libres de hacerlo, pero que no se llamen socialistas, sino ensuciadores del nombre de la izquierda. Y los perros del hortelano que van al Congreso de los Diputados a ladrar contra los ensuciadores de izquierdas para que lo ensucien más todavía, se pueden llamar amiguitos de a partir un piñón de dame la manita PP-Luis con los que ensucian el nombre de izquierdas, ¡guau…, guau…!, pero no patriotas.]

 

Plan SAREB: «No, no habrá 50.000 casas de Sareb para el parque público de vivienda»


TERCERAINFORMACION / 21.04.2023

  • La plataforma de familias afectadas por el banco malo, Plan Sareb, emite un comunicado en el que detalla los pormenores del anuncio del presidente del Gobierno del pasado 16 de abril sobre la “movilización” de 50.000 viviendas de la Sareb para ser usadas para “alquiler social asequible”.
  • El 59% del listado de viviendas elaborado por Sareb y aceptado por el Gobierno de coalición supone en el mejor de los casos una bolsa temporal de alquileres a partir de las viviendas y terreno menos rentables para el sector inmobiliario.
  • Sareb y Gobierno mantienen la misión de venta de todos los activos del banco malo, que se prepara para colocar 8.900 viviendas de mayor calidad al mercado privado a través de la venta de Árqura Homes, mientras promueve la ingeniería social y abre la puerta a la subvención a precios de mercado de su parque ya habitado.
  • El 41% restante en el listado supone que la ampliación del parque público de vivienda se produzca mediante la recompra por parte de las Comunidades autónomas del parque más deteriorado.



Comunicado Plan SAREB

La publicación de un listado de viviendas de Sareb disponibles potencialmente como bolsa de alquiler asequible, anunciado en acuerdo de consejo de ministros del 18 de abril, y previamente por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en acto electoral celebrado en Valencia el día 16, ha estado rodeada de titulares con un marcado carácter electoralista y suscita muchas dudas sobre su aplicación y desarrollo. La aceptación del Gobierno de este listado elaborado por el ‘banco malo’ confirma el fracaso de Sareb como supuesto instrumento de recuperación de parte del rescate bancario, y subraya el auténtico papel ejercido por el Estado en el mantenimiento artificial del precio de la vivienda a través de Sareb en medio de una grave crisis de la valorización capitalista.

Podemos afirmar que los titulares y las propias declaraciones del Gobierno sobre una futura ampliación en hasta 50.000 viviendas de los parques públicos de vivienda a partir de parte del parque inmobiliario de Sareb no es coherente con la naturaleza de las propias intervenciones anunciadas, ni con la misión societaria de Sareb o la sostenibilidad de un proyecto social a largo plazo.

Mas allá del listado y de la categoría de intervenciones designada por Sareb, su aceptación por el Gobierno supone una simple puesta al día de diferentes líneas de actuación de Sareb, el ejecutivo central, las autonomías y las entidades locales, que ni siquiera afecta a la actual composición accionarial de la empresa ni a su misión social, confirmada en el RD 1/2022, y que establece como prioridad de la empresa la venta de todos los activos. Esto condiciona el alcance y la naturaleza de las intervenciones mencionadas, y permite afirmar con rotundidad que estas políticas, de concretarse, NO SUPONEN LA AMPLIACIÓN, NI SIQUIERA POTENCIAL, DEL PARQUE PÚBLICO DE VIVIENDA EN 50.000 UNIDADES, y que Gobierno y Sareb están instaurando un nuevo precedente de subvención pública del parque de vivienda adquirido por el sistema financiero desde la crisis, y en concreto de aquel que no cumple todavía los requisitos de rentabilidad esperada por los inversores: resulta llamativo que el anuncio llegue apenas dos meses después de que Sareb anuncie la futura venta de Árqura Homes, su cartera de vivienda y suelo de mayor calidad, con hasta 8.900 viviendas que claramente quedarán separadas del parque incluido en el listado que ha hecho suyo el Consejo de Ministros.

Lo expuesto no supone una interpretación, sino una constatación a partir de los propios términos empleados por el Gobierno en su acuerdo del Consejo de Ministros del 18 de abril, así como en nuestra experiencia como habitantes en viviendas de Sareb y militantes del movimiento por el derecho a la vivienda:

De las 50.000 viviendas anunciadas:

a.      “Unas 15.000 viviendas adicionales” se han anunciado a través de la cesión de suelo de Sareb para construcción bajo iniciativa pública-privada en régimen de alquiler asequible.

No es por tanto propiamente vivienda pública, sino cesión de suelos y financiación públicos para la construcción y explotación privada (por 75 años) de esos alquileres asequibles. Se trata de una apuesta claramente alineada con las estrategias de valorización del sector inmobiliario, con cada vez mayores dificultades para asegurar- se la rentabilidad deseada a través de la venta de vivienda. La distribución territorial del suelo que Sareb afirma tener disponible (un 60% en Cataluña, País Valenciano y Andalucía: zonas tradicionales de desarrollo inmobiliario para segundas residencias vacacionales) plantea serias dudas sobre la viabilidad urbanística, económica y social de estos supuestos proyectos de futuro, y sitúa la propuesta en el terreno de la ingeniería social.

b.      El listado habla de 14.000 viviendas que ya están habitadas, y de ellas Sareb afirma tener “aprobados” a través de sus gestores privados 2.000 alquileres socia- les desde septiembre.

Por lo tanto, ni son “nuevas viviendas movilizadas” ni formarán parte del parque público de vivienda. Se trata, con toda rotundidad, de una bolsa de potenciales o actuales alquileres repletos de cláusulas abusivas, incluida la cláusula de enajenación del inmueble (venta con finalización anticipada del contrato), diseñadas para subir el alquiler desde el primer año de contrato, y gestionada por empresas privadas en-

cargadas del llamado acompañamiento social. De forma aún más grave, la Ley de Vivienda abre la puerta a que una parte o la totalidad de estos contratos esté condicionada a la obtención de una subvención (a cargo de los fondos del Plan Esta- tal de Vivienda) para el pago del alquiler a precio de mercado, y la obligatoriedad de que los hogares entremos en un proceso llamado de arbitraje que puede condicionar el procedimiento de desahucio y la firma y renovación de los contratos al acceso a las diferentes ayudas autonómicas, a la participación en procesos de formación o a la búsqueda de empleo durante todo el periodo de vida del contrato, vulnerando con ello la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU). Se trata con mucho del elemento más grave de las políticas de vivienda desarrolladas estos días por el Gobierno, que van más allá de Sareb y que de aplicarse de manera general pueden instaurar un modelo inédito hasta ahora (si bien ensayado en algunas disposiciones del llamado escudo social) de subvención pública a las entidades financieras a cambio de alquileres temporales y abusivos. Así lo confirma la negativa recurrente del Gobierno de coalición a incluir en la Ley de Vivienda la obligación del alquiler social para los grandes tenedores.

c.       La venta o cesión temporal en usufructo de hasta 20.768 viviendas a las Comunidades autónomas, entidades locales y entidades sin ánimo de lucro.

Solo este apartado se concretaría potencialmente en un aumento del parque público de vivienda: un 41% del total del listado asumido por el consejo de ministros, frente a un 59% dedicado a iniciativa público-privada y a la bolsa privada de alquileres mediante acompañamiento social. Una vez fracasados los ruinosos intentos de cesión temporal en usufructo a las Comunidades Autónomas, Sareb y Gobierno apuestan claramente por la venta, una operación de autocompra pública de la peor parte del parque de vivienda de Sareb (12.000 viviendas no se encuentran habitables según ha detallado el propio Gobierno). Además de las dudas sobre la localización y viabilidad de este futurible parque público de vivienda expresadas en el apartado a), insistimos en que estas operaciones supondrán -de realizarse- un nuevo repago de un parque inmobiliario ya avalado en su día con una deuda de 40.000 millones de euros, de los cuales 35.000 millones aún están pendientes de ser aportados por el Estado.

Por todo ello, desde Plan Sareb insistimos en una negociación colectiva para los 300 casos agrupados en la campaña, en el archivo incondicional de todos los procedimientos de desahucio abiertos y la retirada de las cláusulas abusivas de los contratos; en una auditoría popular sobre todos los activos de la empresa, el papel de la banca de inversión en la comercialización de los activos restantes y la presencia de gestoras privadas vinculadas al sector financiero en la gestión de la bolsa de alquileres sociales ilegales de Sareb.

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El combate a la extrema derecha

 

En la última década, la extrema derecha ha estado en ascenso en todo el mundo. También en España. Esta derecha radical tiene sus propias características en cada país y muchas diferencias entre sí, pero es necesaria una hipótesis global sobre su crecimiento.


El combate a la extrema derecha


Michael Löwy

El Viejo Topo

21 abril, 2023 

 



Michael Löwy y Samuel González

En la última década, la extrema derecha reaccionaria, autoritaria o abiertamente fascista ha estado en ascenso en todo el mundo. Actualmente gobierna o repunta social y electoralmente, en la mitad de los países del mundo. Entre los casos más conocidos se cuentan la presidencia de Trump en Estados Unidos (2017-2021), Modi en la India, Orbán en Hungría, Erdoğan en Turquía, Salvini (2018-2019) y Meloni en Italia, Duterte en las Filipinas y Bolsonaro en Brasil (2019-2022).

En otros países existen gobiernos cercanos a esta tendencia, aunque no se definan de forma tan explícita: Rusia bajo Putin, Israel con Netanyahu, Japón con Shinzō Abe (quien fue recientemente asesinado y gobernó entre 2012 y 2020), Austria, Polonia, Birmania, Colombia (hasta la llegada de Petro), etc. De hecho, la distinción entre estos dos grupos es completamente relativa y desplazable. Y, no solo eso, sino que muestra vitales y preocupantes expresiones masivas de movilización y refiguración social.

Neofascismo, no populismo: una respuesta a la derecha

Esta extrema derecha tiene sus propias características en cada país. En muchos casos (Europa, Estados Unidos, India y Birmania), el enemigo —es decir, el chivo expiatorio— es musulmán y/o inmigrante, o incluso disidencias políticas o sociales. En ciertos países musulmanes son las minorías religiosas de cristianos, judíos o yazidis. En algunos casos, el nacionalismo xenófobo y el racismo prevalecen, en otros el fundamentalismo religioso o bien el odio a la izquierda, el feminismo, la diversidad sexual o el consumo de drogas. A pesar de esta pluralidad, existen algunas características comunes a la mayoría —si no a todas— estas experiencias: el autoritarismo, el nacionalismo fundamentalista de Deutschland über alles [primero Alemania] y sus variantes locales, como America First, O Brasil acima de tudo, acompañado de intolerancia étnica (racista) y violencia policiaca, militar y familiar como la única respuesta a los problemas sociales y el crimen.

La caracterización como fascista —o semifascista— puede aplicarse a algunos pero no a todos. Enzo Traverso utiliza el término posfascismo, que puede ser útil, ya que designa continuidad y diferencia. Pero preferimos utilizar el concepto de neofascismo, que nos parece más adecuado. El prefijo «neo» indica que se trata de algo nuevo, que no es idéntico a los fascismos de los años 30: le faltan el corporativismo, los partidos de masas, el exterminio de los adversarios, etc. Pero existen características comunes: el autoritarismo, el culto del «jefe», el nacionalismo reaccionario, el odio a la izquierda y la persecución de grupos que sirven de «chivos expiatorios».

Al mismo tiempo, el concepto de populismo, utilizado por algunos científicos políticos, los medios de comunicación e incluso una parte de la izquierda, es completamente incapaz de explicar el fenómeno en cuestión y solo sirve para confundir e incluso ocultar el problema. Si en América Latina, desde la década de 1930 a la de 1960 el término correspondió a algo relativamente preciso (varguismo, peronismo, etc.), su uso en Europa y América Latina a partir de la década de 1990 es cada vez más vago e impreciso.

Se trata de una palabra que asimila toda una marea de experiencias y que es conducida a su confinamiento. La tentación de equiparar experiencias disímiles se hace válida mediante un terrible juego conceptual, en donde se colocan en el mismo plano experiencias democráticas y populares de la izquierda y de los movimientos populares, que escenarios en donde se exacerban los nacionalismos, localismos e incluso el colonialismo. De esa manera el combate se diluye y extravía sus horizontes.

El populismo se define como una posición política que apoya al pueblo contra la élite, que se puede aplicar a casi cualquier movimiento o partido político. Cuando este pseudoconcepto es aplicado a los partidos de extrema derecha, conduce —voluntaria o involuntariamente— a su legitimación, a hacerlos más aceptables, evitando los términos problemáticos de racismo, xenofobia, fascismo o extrema derecha.

El populismo también es utilizado de manera deliberadamente desconcertante por los ideólogos neoliberales para lograr una amalgama entre la extrema derecha y la izquierda radical, caracterizada como populismo de derecha y populismo de izquierda que se opone a las políticas neoliberales. En Europa se utiliza la noción de «euroescépticos» para generar esta equiparación. Es justamente la región en donde enfrentamos un muro ideológico que es preciso derribar. En América Latina esa fórmula ha sido utilizada ya al demonizar, en apariencia y equivalentemente, a la extrema derecha golpista y militarista y a la extrema izquierda, que sería, de acuerdo a su lógica, movimientista o guerrillerista.

Hipótesis a cuestas, heridas a contrarreloj

¿Cómo explicamos este espectacular ascenso de la extrema derecha, en forma de gobiernos pero también de partidos políticos que aún no gobiernan y tienen una amplia base electoral e influyen en la vida política de países como Francia, Bélgica, Italia, Holanda, Suiza, Suecia, Dinamarca, Brasil y Estados Unidos y más? Es difícil proponer una explicación general para fenómenos tan diferentes que expresan contradicciones específicas de cada país o región del mundo; pero como se trata de una tendencia planetaria, al menos debemos intentar formular algunas hipótesis.

Una explicación para rechazar sería aquella que atribuye el ascenso de la derecha radical a las olas migratorias, particularmente en Estados Unidos y Europa. Las y los migrantes son el pretexto conveniente, la mercancía en el comercio de fuerzas xenófobas y racistas, pero de ninguna manera la causa de su éxito. Además, la extrema derecha está floreciendo en muchos países: Brasil, India, Filipinas… donde apenas se hace mención a la inmigración.

La explicación más obvia, y sin duda una relevante, es que la globalización capitalista, que también es un proceso de homogeneización y subsunción cultural brutal, produce y reproduce a escala mundial formas de pánico de identidad (el término es de Daniel Bensaïd), lo que lleva a manifestaciones nacionalistas y/o religiosas intolerantes y favorece conflictos étnicos o confesionales. Cuanto más poder económico pierden las naciones, más proclaman la inmensa gloria de su nación por encima de todo.

Otra explicación sería la crisis financiera del capitalismo, que ha causado depresión económica, desempleo y marginación social desde 2008, y se agudizó atrozmente durante la pandemia de estos años. Este factor puede haber sido importante para hacer posible la efervescencia en torno de Trump o Bolsonaro, pues permitió propulsar los intereses económicos de ciertas capas sociales, pero lo es menos para Europa: la extrema derecha es muy poderosa en los países ricos menos afectados por la crisis, como son Austria o Suiza, mientras que en los países más afectados por la crisis —como el Estado español o Portugal—, donde la izquierda y la centroizquierda son hegemónicas, la extrema derecha permanece relativamente marginal. Es importante observar cómo también el pánico a la extrema derecha desplaza al electorado de la izquierda radical hacia la centroizquierda, como ocurrió en las últimas elecciones en Portugal, en donde el Bloque de Izquierda y el Partido Comunista retrocedieron.

Estos procesos tienen lugar en sociedades capitalistas en las que el neoliberalismo ha dominado desde la década de 1980, destruyendo los vínculos y solidaridades sociales, profundizando las desigualdades sociales, las injusticias y la concentración de la riqueza. También es preciso tener en cuenta el debilitamiento de la izquierda comunista, tras el colapso del llamado «socialismo realmente existente», sin que otras fuerzas de izquierda más radicales logren ocupar este espacio político.

Estas explicaciones son útiles, al menos en algunos casos, pero son insuficientes. Todavía no contamos con un análisis global para un fenómeno de esa dimensión y que tiene lugar en un momento histórico particular.

¿Retorno a los 30?

La historia no se repite: podemos encontrar similitudes o analogías, pero los fenómenos actuales son muy diferentes de los modelos del pasado. Por encima de todo, no tenemos, todavía, Estados totalitarios comparables a los de antes de la guerra. El análisis marxista clásico del fascismo lo definió como una reacción del gran capital, con el apoyo de la pequeña burguesía, ante la amenaza revolucionaria del movimiento obrero.

Uno se pregunta si esta interpretación realmente explica el auge del fascismo en Italia, Alemania o Japón en los años veinte y treinta. En cualquier caso, no es relevante en el mundo de hoy, donde en ninguna parte hay una amenaza masiva y abiertamente revolucionaria. Sin mencionar el hecho obvio de que el gran capital financiero muestra poco entusiasmo por el nacionalismo de la extrema derecha, aunque siempre está listo para adaptarse a él cuando sea necesario. Se trata de un panorama histórico mucho más complejo y defensivo en la relación entre capital y trabajo pues, a pesar de la crisis económica y el ascenso de la extrema derecha, no es posible admirar un movimiento proletario potente y radical.

Brasil: un botón de muestra 

Quizás el fenómeno de Bolsonaro en Brasil parezca ser el más cercano al fascismo clásico, con su culto a la violencia y el odio visceral hacia la izquierda y el movimiento obrero; pero a diferencia de varios partidos europeos, desde la FPO austriaca hasta la FN francesa (ahora Rassemblement national, RN), no tiene raíces en los movimientos fascistas del pasado, representados en el caso brasileño por el AIB liderado por Plinio Salgado en la década de 1930.

Tampoco convierte al racismo en su bandera principal, a diferencia de la extrema derecha europea, o tribales o religiosas como en el caso de algunas tendencias en Asia y África. Ciertamente, hizo algunas declaraciones racistas, pero este no fue en absoluto el enfoque central de su campaña. Desde este punto de vista, se parece más bien al fascismo italiano de la década de 1920, antes de la alianza con Hitler.

Observamos varias diferencias significativas comparando a Bolsonaro con la extrema derecha europea: en primer lugar, la importancia del tema de la lucha contra la corrupción, el antiguo caballito de batalla de la derecha conservadora en Brasil, y en diversos países de América Latina, desde la década de 1950. Bolsonaro ha logrado manipular la indignación popular legítima contra los políticos corruptos. Este tema no está ausente en el discurso de la extrema derecha en Europa, pero está lejos de ocupar un lugar central.

Segundo, el odio por la izquierda o la centroizquierda (el PT brasileño, por ejemplo), fue uno de los principales temas de movilización de Bolsonaro. Se encuentra menos en Europa, excepto en las fuerzas fascistas de las antiguas democracias populares. Pero en este caso, es una manipulación (demonización) que se refiere a una experiencia real del pasado. Nada como esto en Brasil: el discurso violentamente anticomunista de Bolsonaro (o de otras tendencia en este continente, como ocurre en Venezuela o incluso en México) no tiene nada que ver con la realidad brasileña presente o pasada. Es aún más sorprendente, ya que la Guerra Fría terminó hace décadas, la Unión Soviética ya no existe, y el PT (O incluso Morena o el PSUV) obviamente no tiene nada que ver con el comunismo (en todas las definiciones posibles de este término).

En tercer lugar, mientras que la extrema derecha europea denuncia la globalización neoliberal, específicamente en contra de la Unión Europea, en nombre del proteccionismo y el nacionalismo económico y se pronuncia contra las finanzas internacionales, Bolsonaro presentó un programa económico ultra neoliberal e incluso neocolonial: más mercado, apertura a la inversión extranjera, privatización y una alineación total con las políticas de Estados Unidos. Esto, sin duda, explica la masiva concentración de las clases dominantes en su candidatura, una vez que se notó la impopularidad obvia del candidato de la derecha tradicional Geraldo Alckmin.

Lo que tienen en común Trump, Bolsonaro y la extrema derecha europea son tres temas de agitación sociocultural reaccionaria: primero, el autoritarismo, la adhesión a un hombre fuerte (un reforzamiento patriarcal), un líder, capaz de restaurar el orden y la justicia. Segundo, una ideología represiva, que incluye el culto a la violencia policial, así como un recrudecimiento del orden jurídico. Por ejemplo, reclamar la restauración de la pena de muerte y la distribución de armas a la población para su defensa contra los delincuentes y las personas designadas como peligrosas. Tercero, intolerancia contra las minorías sexuales, especialmente las personas LGBTI, el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, específicamente en el caso del aborto. Se trata de temas que tienen cierto éxito en convocar a sectores religiosos reaccionarios, ya sea católico en Francia y México o neopentecostalista en Brasil.

Estos tres ámbitos, junto con la guerra contra la corrupción, fueron decisivos para la victoria de Bolsonaro en su momento y continúan siendo la una sólida base para su movimiento gracias a la difusión masiva de noticias falsas en las redes sociales (queda por explicar, en términos éticos y sociales, por qué tanta gente ha creído estas mentiras gigantescas). Pero aún nos falta una explicación convincente del increíble éxito de su candidatura y en general de su movimiento, a pesar de la violencia y brutalidad de sus discursos de la guerra civil, su misoginia, su falta de programas y su descarado amparo a la dictadura militar y la tortura.

Antifascistas, hoy y siempre

¿Cómo luchar contra esto? No existe una fórmula mágica para luchar contra esta nueva ola parda. El llamado realizado por Bernie Sanders para la generación de un Frente Antifascista Mundial es una propuesta excelente, y reclamamos su vigencia. Al mismo tiempo, deben formarse amplias coaliciones en defensa de las libertades democráticas en cada país en cuestión.

De hecho, la izquierda radical de Estados Unidos y de otros países experimentan un florecimiento muy interesante en torno al antifascismo. Pasando por la juventud libertaria, procedente de diversas tendencias, pero propensa a unificarse en torno a la táctica del black bloc y de diversas organizaciones como el crecimiento de Socialistas Democráticos de América (DSA), las juventudes trans que se abren paso en medio de cercos que todavía perviven, Blacks Lives Matter, entre muchas otras experiencias. Es posible anunciar un renovado espíritu que se alimenta de las entrañas de las contradicciones anticapitalistas y renueva las propias posibilidades de una izquierda radical de masas.

Es necesario considerar que el sistema capitalista, especialmente en tiempos de crisis, produce y reproduce constantemente fenómenos como el fascismo, los golpes de Estado y los regímenes autoritarios, incluyendo los denominados golpes «parlamentarios» que atravesó América Latina. La raíz de estas tendencias es sistémica, y la alternativa debe ser radical, es decir, antisistémica. En 1938, Max Horkheimer, uno de los principales pensadores de la Escuela de Frankfurt, escribió: «Si no quieres hablar sobre el capitalismo, no tienes nada que decir sobre el fascismo». En otras palabras, el antifascismo consistente y consecuente es necesariamente anticapitalista.

Fuente: Jacobin.

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jueves, 20 de abril de 2023

España se seca: la sequía vacía embalses, acaba con cosechas y pone a Cataluña en situación límite

 

España se seca: la sequía vacía embalses, acaba con cosechas y pone a Cataluña en situación límite

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DIARIO DE OCTUBRE / abril 14, 2023

 

 

La reserva de agua para consumo humano es la menor en los últimos 12 años, los embalses antes del verano están al 51,2% de su capacidad y la previsión de lluvias es nefasta. El 60% de los cultivos del país está dañado. En Cataluña, que sufre la peor sequía, los ecologistas advierten que la gestión privada del líquido es un problema añadido.


CC0 / Unsplash/ Radhey Khandelwal


La situación se debe al hecho de que no llueve en España. El invierno ha resultado ser muy suave, marzo fue anormalmente caluroso y abril, todavía inconcluso, está en vías de serlo. La falta de precipitaciones ha sido la tónica general que ha acompañado esta engañosa bonanza atmosférica y los resultados ya se están dejando sentir en forma de graves daños a las cosechas.

 

Según datos de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), la principal organización agraria del país, la sequía asfixia ya al 60% del campo español y está produciendo pérdidas irreversibles en más 3,5 millones de hectáreas de cereales de secano.

Las cosechas de trigos y cebadas en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, Murcia y las zonas más áridas de Aragón, Cataluña, Castilla y León, se dan por perdidas. La escasez de lluvia también amenaza la producción de miel. La falta de vegetación y floración en los montes impide que las abejas puedan alimentarse y producirla. “Sería la tercera campaña sin cosecha para los apicultores”, advirtió la COAG en un comunicado oficial.

En la región de Madrid los datos apuntan pérdidas para el 40% de las cosechas de secano. Por si fuera poco, hay una plaga de conejos que está acabando con los escasos brotes todavía verdes.

Los pronósticos de la Agencia Española de Meteorología (AEMET) no son buenos. Apenas se prevén precipitaciones pluviales en las dos próximas semanas. A finales de abril podría haber un cambio de tendencia en el área del Mediterráneo y el sur de la península, pero, como advierte el organismo climático, la incertidumbre marca estos modelos predictivos. En general, de aquí a julio la AEMET espera un volumen de lluvias “inferior” al habitual para ese periodo del año.

Preocupa el agua embalsada

De acuerdo a las estadísticas del Ministerio para la Transición Ecológica, las reservas hídricas de España se están reduciendo drásticamente. Los embalses están al 51,2% de media en cuanto a su capacidad; es decir, un 15% por debajo del promedio de la última década, por lo que la reserva de agua para consumo humano es la menor en los últimos 12 años. Sólo quedan 28.665 hectómetros cúbicos (hm³).

Precisamente el agua embalsada es la que dota a los sistemas de regadío, de modo que los agricultores temen el inicio de restricciones, como ya ocurre en Cataluña, pues “mermarán con toda seguridad las siembras de verano y harán que muchos agricultores opten por reducir la superficie de maíz, girasol, arroz y algodón”, afirman en COAG, cuyo análisis estima una restricción del agua de regadío “de hasta el 80%” en las cuencas mediterráneas de Andalucía.


“Si la semana que viene no llueve, y parece que no va a llover, el canal de Urgell, por ejemplo, acabará su temporada de riego en abril y no en junio, que sería lo normal. A nivel urbano, falta muy poco para que haya serias restricciones”, comenta a Sputnik el portavoz de la organización Les Agulles-Ecologistes en Acció, Jaume Grau. “Hay ayuntamientos que están planteando reducir la presión del agua”.

Cataluña, la peor parada

La situación de sequía en la zona catalana es extremadamente preocupante; la reserva de los embalses de la región apenas alcanza el 26% de su capacidad, muy por debajo del nivel del año anterior.

Y eso que los años 2021 y 2022 resultaron los más secos de la historia, según los registros del Observatorio Fabra de Barcelona, que inició su actividad en 2014. En marzo entraron en vigor restricciones en el suministro de agua para 224 localidades de 15 comarcas catalanas.

Ante esta situación, las organizaciones ecologistas lamentan la “dejadez” de las autoridades en la aplicación de medidas para hacer frente a la sequía. “El Pla d’Emergència per Sequera (PES) se incumple en toda Cataluña”, explica Grau, cuya organización ha denunciado en un reciente comunicado la inacción de los ayuntamientos de las localidades de la comarca del Baix Llobregat, la segunda más poblada de toda Cataluña (833.540 habitantes).

“Hablamos del Baix Llobregat porque es nuestra comarca, pero el plan se incumple en la mayor parte de municipios de más de 20.000 habitantes, que están obligados por un decreto de la Generalitat a activarlo”, expone el activista.

Grau recuerda que el problema del agua viene de antaño y apunta a su “gestión privada” como uno de los problemas principales. “La mayor parte de municipios de la comarca integra el área metropolitana de Barcelona, que tiene una administración específica con la competencia de la gestión del agua”.

“Así que es esta administración la que ha permitido esta situación, donde hay una falta de previsión y cierta connivencia con la compañía Aigües de Barcelona, la gran multinacional que gestiona aquí el recurso hídrico y que está interesada en hacer negocio con él. Por ejemplo, no han invertido lo suficiente para prevenir las fugas de la red”.


— Jaume Grau
Les Agulles-Ecologistes en Acció

Fugas y plantas desaladoras

Las pérdidas de agua en los sistemas de canalización son comunes en toda España e incluso Europa; pero, como subraya Jaume Grau, “no es tan grave” perder agua en Centroeuropa, donde el recurso es abundante y puede reconducirse “por otros cursos fluviales subterráneos”, a perderla en muchas comarcas de Cataluña. “Porque aquí lo que se escapa de la red va directo al mar”.

“En Badalona, que es la tercera ciudad de Cataluña, tenemos un caso flagrante”, señala. “Allí hay una megafuga en una tubería principal que pierde 126.000 litros diarios de agua potable. Pues Aigües de Barcelona no ha invertido nada en repararla”, afirma.

También recuerda que las pérdidas de agua en Cataluña por fugas en la red se cifran “en torno al 25%”. Por esta y otras razones, declara Grau, “la remunicipalización del recurso hídrico es una de las claves para afrontar la actual situación”.



Preguntado por las plantas potabilizadoras y de desalinización de agua, Grau opina que se trata de “la solución menos mala”, no obstante que tienen un coste medioambiental muy grande, “sobre todo a nivel energético, pero son una solución en una situación de emergencia”, admite.

“Nosotros apostamos por gestionar bien la demanda, no la oferta, sabiendo que es un recurso limitado y caro. Hay que tender a reducir el consumo de agua y a ajustarlo a las posibilidades de nuestro entorno. Si la capacidad es inferior a la demanda, hay que reducir la demanda. ¿Cómo? Tocando todos los sectores: agrícola, industrial, lúdico, eliminando el consumo superfluo”, valora.

“Socialmente hay que trasladar ese mensaje también a nivel doméstico. Cualquier nueva edificación o reforma de vivienda debería contar con un sistema de aprovechamiento de las aguas grises [la de ducha y lavabo que se puede reconducir a la cisterna del inodoro], que además tiene un componente pedagógico”, concluye Jaume Grau.

FUENTE: sputniknews.lat

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Datos, algoritmos y política: ¿puede la IA gobernarnos?

 

Datos, algoritmos y política: ¿puede la IA gobernarnos?


TERCERAINFORMACION / 20.04.2023

Desde el ChatGPT hasta el escándalo de Cambridge Analytica, desde la manipulación electoral hasta la creación de un «Partido Sintético», la Inteligencia Artificial es uno de los principales temas ético-políticos de nuestra era.



 En 1955 el escritor Isaac Asimov escribió un cuento de ciencia ficción llamado “Sufragio Universal”. La historia se ubica en un futuro año 2008, en las vísperas de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Asimov imagina como, en años en donde comienza el desarrollo electro/digital en California, el presidente es elegido por un único elector en representación de todo el país.


En el cuento, una supercomputadora de más de un kilómetro de extensión y tres pisos de alto llamada Multivac posee los datos completos del padrón y las variables de todas las elecciones que se realizaron en el país hasta entonces. Luego de un proceso secreto que tiene en suspenso a toda la nación, Norman Muller, empleado de un comercio de una pequeña ciudad del interior, es elegido entre 50 millones de personas como el votante universal.

El día de la elección, la policía lo lleva entre medidas de seguridad hasta el sótano del hospital local, donde el jefe de informática le explica qué sucederá y por qué será conectado a una serie de sensores y dispositivos: “Multivac ya tiene toda la información que necesita para decidir todas las elecciones nacionales, estatales y locales. Sólo necesita verificar ciertas actitudes mentales imponderables, y lo utilizará a usted para eso. No podemos predecir qué preguntas le hará, pero quizá no tengan mucho sentido para usted y ni siquiera para nosotros.” Los científicos le aclaran que Multivac no basará su análisis en la información de las respuestas de Norman, sino en sus sentimientos.

Para desarrollar la idea de la Multivac Asimov se basó en Univac, el primer computador que se fabricó de forma comercial en Estados Unidos y que en 1952 fue utilizado por la cadena CBS para predecir la elección presidencial. Con una muestra del 1% de la población predijo que ganaría Dwight Eisenhower, como finalmente sucedió.

La ciencia ficción es una realidad

El papel de la inteligencia artificial (IA) y de la ciencia de datos es cada vez más importante en el curso de las elecciones democráticas. La campaña electoral de Barack Obama, las del Partido Sintético de Dinamarca, la campaña de Emmanuel Macron en Francia, Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil y Mauricio Macri en Argentina son buenos ejemplos y configuran una práctica que debilita la democracia.

En diciembre de 2020, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos y casi todos los estados de ese país presentaron una demanda contra Facebook por perjudicar a sus usuarios y competidores. Si bien a esta altura la entrega voluntaria de nuestros datos a las grandes corporaciones no es ninguna novedad, en ese entonces quedó comprobado que el monopolio violaba la privacidad de sus usuarios y propagaba “una epidemia de contenido tóxico y dañino que afectaba a tres mil millones de personas”.

Las periodistas Sheera Frenkel y Cecilia Kang, en su libro «Manipulados», aportan información detallada sobre la historia del experimento social con más repercusiones de la época y sobre una cultura empresarial que exige tanto lealtad ciega como secretismo. Después de más de un año de investigaciones, en julio de 2019 se confirmó que Facebook debería pagar una multimillonaria multa por el caso de Cambridge Analytica. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) ordenó a la red social a pagar US$5.000 millones como sanción por las malas prácticas en el manejo de la seguridad de los datos y violar la privacidad de los usuarios. A Facebook se le acusa de haber compartido de manera inapropiada los datos de 87 millones de usuarios con la firma de consultoría política Cambridge Analytica.

Monitorización de la opinión, el “análisis de sentimiento”

Uno de los primeros casos de éxito en el uso de técnicas de big data y análisis de redes sociales para ajustar una campaña electoral fue el de Barack Obama en las presidenciales de Estados Unidos de 2012. En su campaña (y en muchas otras que la sucedieron), las encuestas tradicionales de intención de voto, basadas en llamadas telefónicas o entrevistas personales, se complementaron con el análisis de redes sociales.

“A Facebook se le acusa de haber compartido de manera inapropiada los datos de 87 millones de usuarios con la firma de consultoría política Cambridge Analytica”

Estos análisis ofrecen un método barato y casi en tiempo real de medir la opinión de los votantes. Para ello se aplican técnicas de Procesamiento del Lenguaje Natural (PLN), en particular las dedicadas al «análisis de sentimiento». Dichas técnicas analizan los mensajes contenidos en Twitter, Instagram, Facebook, blogs, etc. y tratan de medir si las opiniones vertidas en ellos son positivas o negativas con respecto a un cierto político, a un cierto mensaje electoral o a una situación social y política dada.

El principal problema que tienen es el sesgo muestral, pues los usuarios más activos en redes sociales suelen ser jóvenes y tecnófilos, y no representan a toda la población. Por eso estas técnicas tienen limitaciones a la hora de predecir resultados electorales, aunque resultan muy útiles para estudiar las tendencias de voto y el estado de opinión de las personas.

Intervención en campañas electorales: el caso Donald Trump y Macron

Más inquietante que el estudio de las emociones en redes sociales resulta su uso para influenciar estados de opinión y configurar el voto. Un caso bien conocido es el de la campaña de Donald Trump en las presidenciales de EE.UU. de 2016. El big data y los perfiles psicográficos tuvieron mucho que ver con una victoria que no habían logrado predecir las encuestas.

No se trató de una manipulación en masa, sino que diferentes votantes recibieron diferentes mensajes basados en predicciones sobre su susceptibilidad a diferentes argumentos, recibiendo información sesgada, fragmentada y a veces contradictoria con otros mensajes del candidato. La tarea fue encomendada a la empresa Cambride Analytica, que se vio implicada en una polémica por la recopilación no autorizada de información sobre millones de usuarios de Facebook. El método de Cambride Analytica se basó en los estudios de psicometría de Michal Kosinski, quien comprobó cómo con un número limitado de likes se puede obtener un perfil del usuario tan acertado como si lo hicieran sus familiares o amigos.

El problema no está en el uso de la tecnología sino en la naturaleza “encubierta” de la campaña, en la manipulación psicológica a votantes susceptibles a través de apelaciones directas a sus emociones o la difusión deliberada de noticias falsas a través de bots. Un bot es un software (aplicación) que efectúa automáticamente tareas reiterativas mediante Internet y posee capacidad de interacción, cambiando de estado para responder a un estímulo. Estos fueron utilizados en las presidenciales francesas de 2017. La campaña de Emmanuel Macron sufrió un robo masivo de correos electrónicos a sólo dos días de las elecciones. Multitud de bots se encargaron de difundir evidencias de comisión de delitos supuestamente contenidos en la información, que luego resultaron falsas.

El Partido Sintético

Dinamarca abrió el debate en sus últimas elecciones legislativas, a las que concurrió el Partido Sintético, liderado por una aplicación de IA. Se trata de un chatbot (los bot de charla o bot conversacionales​ son aplicaciones basadas en software que simulan mantener una conversación con una persona al proveer respuestas automáticas, las cuales son previamente establecidas por un conjunto de expertos) llamado Leader Lars, con la aspiración de entrar en el parlamento. Detrás del chatbot hay humanos, naturalmente, en particular la fundación MindFuture de arte y tecnología.

Leader Lars fue entrenado con los programas electorales de partidos daneses marginales desde 1970, para configurar una propuesta que representara al 20 % de la población danesa que no acude a las urnas. Si bien el Partido Sintético parece una extravagancia (con propuestas como una renta básica universal superior a 13.400€ al mes, el doble del salario medio en Dinamarca), ha servido para estimular el debate sobre la capacidad de una IA para gobernarnos.

Si analizamos el pasado reciente de la IA, vemos que los avances se suceden uno tras otro, particularmente en el campo del procesamiento del lenguaje natural, tras la aparición de las arquitecturas basadas en transformers. Los transformers son enormes redes neuronales artificiales (uno de los métodos de la IA) entrenadas para aprender a generar textos, pero fácilmente adaptables a muchas otras tareas. Estas redes aprenden la estructura general del lenguaje humano y acaban teniendo un conocimiento del mundo a través de lo que han “leído”.

“Si bien el Partido Sintético parece una extravagancia […] ha servido para estimular el debate sobre la capacidad de una IA para gobernarnos”

Uno de los ejemplos más avanzados lo ha desarrollado OpenIA y se llama ChatGPT. Se trata de un chatbot capaz de responder de manera coherente a casi cualquier pregunta formulada en lenguaje natural, de generar texto o de efectuar tareas tan complicadas como escribir programas informáticos a partir de unas pocas indicaciones.

El caso de Brasil

Las relaciones del clan Bolsonaro con Steve Bannon convirtieron al “mano derecha” de Trump en un referente del bolsonarismo, quien inspiró una táctica de activismo digital al estilo brasileño. La relación entre Bannon y la familia Bolsonaro se consolidó el mismo año en que Brasil eligió por primera vez a un presidente de extrema derecha. En vísperas de la campaña electoral, Eduardo Bolsonaro conoció personalmente al estratega que ayudó a llevar a Trump a la presidencia de Estados Unidos.

Bannon, asesor de políticas globales para debilitar las democracias locales, fue fundador de Breitbart News, un sitio de extrema derecha famoso por difundir noticias falsas y contenido racista. Entre las técnicas para viralizar publicaciones, el sitio web centró sus esfuerzos en difamar a los políticos demócratas y difundir teorías sobre una hipotética conspiración global marxista contra lo que denominó “valores estadounidenses tradicionales”.

El inicio de 2019 estuvo marcado por la designación de Eduardo Bolsonaro como embajador sudamericano de «El Movimiento», articulación creada por Bannon y encabezada por Marine Le Pen (Francia), Matteo Salvini (Italia) y Viktor Orbán (Hungría), para unir a líderes mundiales de ultraderecha.

El caso de Argentina

En 2016 el gobierno de Mauricio Macri mantuvo una negociación demostrada con Cambridge Analytica, la empresa acusada de utilizar datos personales de Facebook para perpetrar campañas en diferentes países a través de la manipulación del electorado en las elecciones legislativas de 2017.

Alexander Nix, ex CEO de Cambridge Analytica, admitió que su empresa trabajó en una “campaña antikirchnerista” durante las elecciones presidenciales de 2015, cuando fue nterpelado por la Comisión de Asuntos Digitales, Cultura, Medios y Deporte del Parlamento británico, que investiga el uso ilegal de los datos de la red social Facebook por parte de la consultora. Nix manifestó desconocer el asunto de la campaña en la Argentina, aunque finalmente debió admitir que estaba al tanto, sin mencionar la identidad de su contratador: “No nos gusta hablar de clientes específicos, simplemente porque hay una confidencialidad con el cliente”, sostuvo en su comparecencia, que fue transmitida por el canal C-Span 2.

Los parlamentarios denunciaron en su informe la existencia de “alarmantes pruebas” sobre la presunta injerencia ilícita de la empresa consultora británica SCL Group en operaciones políticas en el extranjero, incluida una maniobra realizada en 2015 contra la entonces presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner.

“El comité ha visto evidencia confidencial de una reunión entre los directores del Grupo SCL con el PRO-Cambiemos el 27 de mayo de 2015, en relación a una campaña anti-Kirchner en Argentina”, afirmaron los miembros del mencionado Comité en su informe sobre “Desinformación y falsas noticias”.

Sin transparencia

Las ventajas de usar una IA para la acción de gobierno serían varias. Por una parte, su capacidad de procesar datos y conocimiento para la toma de decisiones es muy superior a la de cualquier humano. Pero, al día de hoy, los chatbots se alimentan de los datos que proveedores direccionados les proporcionan para dar sus respuestas. No tiene aún autonomía de lenguaje ni pueden reaccionar “espontáneamente”, tomando la iniciativa. Es más adecuado ver estos sistemas como oráculos, capaces de responder a preguntas del tipo “qué crees que pasaría si…”, “que propondrías en caso de…”, más que como agentes activos.

Los posibles problemas y peligros de este tipo de inteligencias, basadas en grandes redes neuronales es el de la falta de transparencia (“explicabilidad”) de las decisiones que toman. En general actúan como “cajas negras”, sin que podamos saber qué razonamiento han llevado a cabo para llegar a una conclusión determinada.

El “experto” es un humano que define los procesos de aprendizaje y orienta los resultados. No olvidemos que detrás de la máquina están personas que definen o adecúan las estructuras de datos y los algoritmos para los procesos de aprendizaje (el entrenamiento del algoritmo). Estas decisiones y acciones permiten introducir ciertos sesgos en la IA a través de los datos que han usado para entrenarla. Por otro lado, la IA no está libre de dar datos o consejos erróneos, como muchos usuarios de ChatGPT han podido experimentar.

La Soberanía sobre los datos y la transparencia sobre los procesos de la IA continúa a la espera de políticas más firmes a manos del Estado. Políticas como la exigencia de almacenamiento local de los datos para aplicación de leyes contramonopólicas y de visibilidad ciudadana sobre los algoritmos y los procesos de aprendizaje permitirían garantizar transparencia democrática en el contexto digital. La democracia está en riesgo: la manipulación de las personas mediante el uso indebido de datos personales y la propagación de noticias falsas es un hecho demostrado. El debate y las acciones aún están pendientes: la disyuntiva entre democracia o corporaciones debe desplezarse urgentemente al terreno político, ético y social.

*Alfredo Moreno

Analista de Sistemas de Computación por el Instituto de Tecnología ORT y de Sistemas Distribuidos por EBAI-UNICAMP. Docente en la Universidad Nacional de Moreno e ingeniero TIC de ARSAT.

Fuente: https://www.alai.info/datos-algoritmos-y-politica-puede-la-ia-gobernarnos/

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