sábado, 4 de mayo de 2024

La guerra como salida al problema de la sobreacumulación capitalista

 

La guerra como salida al problema de la sobreacumulación capitalista

 

DIARIO OCTUBRE 7 mayo 2, 2024

Ya Karl Marx tuvo claro que la sociedad burguesa sería capaz de destruir capital con la intención de comenzar un nuevo proceso de acumulación capitalista.



 Kike Parra (Unidad y Lucha).— La guerra es el recurso “último” del capitalismo para restaurar la dinámica de acumulación y romper, por un lado, el ciclo económico en su fase depresiva y a la vez, quebrar la estructural caída tendencial de la tasa de ganancia.

No es nada original decir que la guerra es la salida natural de la crisis económica del capitalismo. Ya Karl Marx tuvo claro que la sociedad burguesa sería capaz de destruir capital con la intención de comenzar un nuevo proceso de acumulación capitalista. No es solo una cuestión de conquista de mercados; al fin y al cabo, esto es una consecuencia de la guerra desde siempre, el llamado “botín de guerra”.

Para entender la guerra en este “mundo civilizado” del capitalismo con sus “democracias” y “lecciones morales” hay que profundizar en las raíces económicas del mismo y su funcionamiento, algo que Marx y Engels desentrañaron con su crítica a la economía política y que Lenin profundizó y actualizó con su comprensión del imperialismo.

Quienes nos aferramos a las posiciones revolucionarias porque entendemos que es la única opción capaz de cambiar el devenir de violencia, destrucción y penuria que aguarda a la humanidad, tenemos que contribuir a la transmisión del conocimiento y análisis de los elementos que subyacen a la guerra. Solo así podremos frenar la barbarie a que nos conduce este sistema agónico. No nos vale con un pacifismo ignorante y utópico. Obviar las causas es someternos a las consecuencias.

Por ello, y ante la improbable cuestión de un derrumbe sistémico, que, sin una intervención exógena, se llevaría a cabo por sí mismo, debemos actuar desde la defensa de los pueblos, del planeta ante la irracional violencia del Capital al final de sus días. Esa intervención está condicionada a entender los mecanismos últimos de salvaguarda del capitalismo y lo que podría ser su máxima: “Sin mi, nadie”.

Guerra y crisis

Hay quienes defienden que tras cada crisis del Capital, una guerra asoma por el horizonte. Por ejemplo, la Guerra del Golfo, como expresión de la crisis de los años 90 a 92. En este mismo marco temporal, las guerras de Yugoslavia.

Otro ejemplo lo podemos encontrar con la invasión de Afganistán por la OTAN capitaneada por Estados Unidos desde 2001 o la agresión a Irak de 2003. La economía de Estados Unidos entró oficialmente en recesión en el mes de marzo de 2001.

Es complejo establecer esta relación entre guerra y crisis porque los conflictos bélicos no están sincronizados con los periodos recesivos, sino que son consecuencia de ellos. También es posible que se solapen periodos recesivos con conflictos que se alargan o varios conflictos en un mismo ciclo.

Resulta más sencillo y claro vincular las grandes guerras con las grandes crisis. Así, Michael Roberts defiende la existencia de depresiones económicas y las define como “el momento en que una economía tiene un crecimiento muy por debajo de su índice de producción previo (total y per cápita) y por debajo de su media a largo plazo. (La Larga Depresión)

Siguiendo esta idea, junto con alguna concreción más que menciona el autor, a lo largo de la historia del capitalismo, han existido tres grandes depresiones económicas. Una a finales del siglo XIX, otra a mediados del siglo XX, desde 1929 hasta 1939 y la denominada Gran Recesión que se inicia en 2008 y en la que todavía estamos instalados.

En estos periodos de depresión, la lucha de clases se exacerba. El malestar social provoca una respuesta movilizadora de las capas populares y el Capital se torna más agresivo, violento y destructivo. El fascismo y la guerra imperialista son su reacción última. Su balón de oxígeno.

“La depresión del siglo XIX provocó una rivalidad imperialista que acabó llevando a la Primera Guerra Mundial. La Gran Depresión de los años 30 condujo al auge del nazismo en Europa, a la revolución y la contrarrevolución en España, al militarismo en Japón…” ( Michael Roberts)

Ello provocó una nueva guerra mundial en la que solo con el sacrificio heroico del Ejército Rojo, el pueblo Soviético (logro silenciado y tergiversado por el revisionismo histórico anticomunista) y la resistencia del resto de pueblos, se pudo derrotar el avance del fascismo, que siempre latente, pasó a la retaguardia de un capitalismo que, una vez finalizada la guerra, abrió una nueva fase de acumulación, gracias a la desvalorización de los capitales, incluyendo el efecto de su propia destrucción física.

La “Edad de Oro” del capitalismo se abrió paso hasta mediados de los años 60. A partir de esta década, unos variados elementos contratendenciales han posibilitado salvar del derrumbe a un capitalismo cada vez más agónico que en breves periodos ha conseguido revertir la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y tomar algo de aire.

Sin embargo, el año 2008 supuso un punto de inflexión. El momento en el que tras muchas décadas, una nueva depresión económica se abría camino tras la crisis. Una, que ni la cuarta revolución industrial, ni la Covid, ni lógicamente, todas las políticas monetarias, ni las ingentes cantidades inyectadas a los monopolios mediante el robo y el expolio a las rentas del trabajo que supone la deuda, ha sabido revertir y que conduce de nuevo, al único escenario que puede salvar otra vez al capitalismo: la Guerra.

Los países europeos casi han duplicado sus importaciones de armas entre 2014 y 2018, así como entre 2019 y 2023. Sus compras se dispararon un 94 % durante ese periodo, según un estudio del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI)

Los ciclos económicos

Para entender en profundidad la relación entre la crisis económica y la guerra, es necesario adentrarse en las profundidades de los mecanismos de un sistema que sumido en sus contradicciones, como una cuenta atrás, lleva la autodestrucción programada desde su origen.

El desarrollo (mantenimiento) del capitalismo exige una “reproducción a escala ampliada”. Esto es posible solo incrementando la productividad constantemente, lo que se realiza preferentemente aumentando la eficiencia tecnológica de las máquinas y los equipos que en manos del trabajo forman el capital productivo de las empresas.

El problema del incremento de la productividad (más mercancías en el mismo tiempo), es, que en lugar de incrementar el valor de cada unidad, lo disminuye, con lo que precisa en el nuevo ciclo, producir más todavía para compensar esa desvalorización. Al final, y de forma progresiva, la relación de capital constante (maquinaria, edificios, materias primas…) con el capital variable (mano de obra) aumenta, perdiendo paulatinamente la capacidad de generar nuevo “valor”, algo que solo la fuerza de trabajo de obreros y obreras consigue.

Esto devenga en sobreacumulación y la tasa de ganancia (porcentaje de retorno de la inversión) disminuye tanto que lastra la masa de ganancia (cantidad total ganada). Se paraliza la inversión, puesto que no garantiza más beneficio y se produce así una crisis.

Durante las crisis, las mercancías no encuentran “salida”, el valor no se realiza con la venta, se interrumpe el proceso de circulación. Las compras y las ventas están inmovilizadas y el capital se inactiva y permanece ocioso. Las empresas más débiles se arruinan, aumenta el desempleo y el “ejército de reserva”. Como efecto, la fuerza de trabajo se paga por debajo del valor. Las empresas victoriosas absorben o compran a las quebradas a precio de saldo. La centralización de capitales se acelera y se preparan las condiciones de un nuevo ciclo de acumulación, gracias a que los capitales devaluados, paralizados o destruidos hacen bajar la relación capital constante/capital variable, con lo que la tasa de ganancia aumenta y así la masa de beneficio incita a la inversión de nuevo. Hasta la siguiente fase recesiva que será más devastadora que la siguiente.

“Gran parte del capital nominal de las empresas, es decir, del valor de cambio del capital existente, queda destruida para siempre, aunque esta destrucción, puesto que no afecta al valor de uso, pueda alimentar la nueva reproducción. Es en estos momentos cuando el que dispone de liquidez se enriquece a costa de los capitalistas industriales.” (Marx. El Capital T. III)

Hay momentos en la historia en que esta vía de escape no es posible, que la devaluación de capitales por la propia crisis, por una conjunción de factores, no es suficiente para iniciar un nuevo proceso de acumulación.

Algunos pronosticaron el fin de la Gran Depresión en 2014, otros tras la salida de la Covid, pero los datos arrojados desde 2019, la inflación tras la reapertura de los mercados, la contracción del comercio mundial … nos indican otra cosa. Por ello, es necesario una destrucción de grandes dimensiones que haga borrón y cuenta nueva.

¿Qué intereses se esconden tras la guerra?

El capitalismo nace “chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies” (K. Marx) y morirá de la misma manera a la vista de una actualidad que avanza día tras día hacia un belicismo manifiesto, cerrando así un círculo de violencia, terror y destrucción.

Acertadamente, Engels en la obra Anti-Dühring, apunta que “el poder, la violencia, no es más que un medio, mientras que la ventaja económica es el fin”.

La industria armamentística

En muchas ocasiones se argumenta que el incremento del militarismo, de los gastos en armas por parte de los estados es en sí misma, la razón fundamental de la escalada bélica y causante de la guerra. Un “lobby” económico con poder suficiente como para enriquecerse y a la vez, estimular la actividad económica y generar riqueza.

Es cierto que, en una primera instancia, la industria del armamento, es capaz de generar mercancías que no solo incorporan el valor encerrado en las máquinas y materias primas que utiliza, sino que, además, a través de la explotación de las obreras y obreros, genera un plusvalor que ayuda al proceso de acumulación.

Además, junto con la industria propiamente encargada de la creación de armamento aparecen otras complementarias o accesorias que deben proveer de insumos a esta industria. En ellas, también se genera plusvalor puesto que están en la esfera de la actividad productiva.

El total del gasto militar mundial creció un 0,7 % en términos reales en 2021, y superó los dos billones de dólares según Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Con la guerra de la OTAN en Ucrania contra Rusia, el genocidio al pueblo palestino, la escalada bélica en Oriente Próximo y las perspectivas de nuevos frentes (Sahel, Pacífico …), la inversión está asegurada, porque depende de una ganancia que los estados occidentales han decidido prescribir.

Sin embargo, hablamos de una industria altamente tecnificada. Es decir, el elevado grado de automatismo implica una baja relación de mano de obra con respecto a otras ramas de actividad. Un conocido estudio realizado en 2007 por Robert Pollin y Heidi Garrett-Peltier, del Departamento de Economía de la Universidad de Massachussets comparó la repercusión en el empleo de la industria militar vs. otras industrias. Concluyó que una inversión en el sector sanitario o en la rehabilitación de viviendas generaría un 50 % más de puestos de trabajo que el sector militar. Si se realizara en el sector educativo o en el transporte público serían más del doble.

Teniendo en cuenta la fecha del estudio y la rápida incorporación tecnológica al sector, debemos entender que el incremento del capital constante frente al variable, en esta rama industrial debe ser más que notable.

Estos mismos recursos destinados a otro tipo de industria (infraestructura, agroalimentación…) generaría un mayor plusvalor. Pero el capitalismo no se plantea el bienestar de la mayoría social ni cubrir sus necesidades. Tampoco su bien corporativo o de clase. En el capitalismo se da una lucha fratricida entre capitalistas individuales para apropiarse de forma privada del plusvalor socialmente generado.

Otro elemento a considerar es que las principales empresas productoras de armas están distribuidas geográficamente de forma desigual. Esto implica una trasferencia de riqueza de los países consumidores a los productores. El militarismo solo enriquece a la facción más rica del capitalismo y empobrece a la más débil.

Además, la producción de armas no se incorpora nuevamente en el siguiente ciclo de producción, ni como medio de producción ni de subsistencia para la clase trabajadora.

Con ello, debemos concluir que la industria armamentística genera un enriquecimiento rápido a determinados capitalistas individuales, pero el conjunto del sistema se resiente y a la larga hace bajar la tasa de beneficio y acelera la sobreacumulación de capitales. Es decir, no soluciona el problema “global” del capitalismo.

Valor de uso vs. valor de las armas

Ante la crisis pertinaz, la que hace peligrar la subsistencia del propio sistema, el capitalismo se debe “olvidar temporalmente” de los valores de las mercancías producidas en esta rama económica y se aferra a su valor de uso como único elemento que puede revertir su camino al derrumbe: la destrucción a través de la guerra. Esa es la usabilidad del armamento.

La apropiación o desposesión de riqueza, la conquista territorial, la rapiña de materias primas o energía; el aseguramiento, control de infraestructuras y rutas comerciales o destrucción de la competencia y la reconstrucción, la conquista de nuevos mercados… Todo esto genera un alivio a la imposibilidad de valorización del capital que es, sin duda, el problema central con que se enfrenta el capitalismo a lo largo de su historia y que con el avance del tiempo y ciclo tras ciclo, se va evidenciando cada vez más.

El imperialismo se expresa así, en su faceta más violenta, la de la guerra al servicio de la acumulación de capital. Y en última instancia la destrucción de Capital para que el ciclo pueda reiniciarse de nuevo.

Es fundamental recordar que el capitalismo, en sus entrañas, en su ADN, lleva la barbarie por bandera. Que en estos momentos en los que la humanidad se juega su propia supervivencia y la del planeta, es vital, hacer un esfuerzo por entender que la Guerra, no es algo consustancial al ser humano, sino que forma parte de intereses particulares, a veces complejos y ocultos.

Actualmente, no es posible la dicotomía “guerra sí” o “guerra no” dentro del capitalismo. La guerra es una necesidad vital y como tal, acontecerá. No existen más que dos caminos: el de la connivencia con un sistema que agoniza y se torna cada vez más violento o el de la ruptura buscando vías emancipatorias para la humanidad entera, la apuesta al Negro futuro del capitalismo frente al Rojo de la razón, la humanidad y la vida.

FUENTE: unidadylucha.es

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Franco, un personaje histórico

 

Pues sí, personaje histórico sí que fue. Y asesino también. Después de la guerra, cosa que parece haberse olvidado, llovieron los muertos. Asesinados. Los paseos, las fosas comunes. El miedo. Las tapias de los cementerios… Y no vamos a olvidarlo.


Franco, un personaje histórico


Alfons Cervera

El Viejo Topo

4 mayo, 2024 

 


Se llama Elisa Núñez y es consellera de Justicia e Interior del gobierno valenciano. Es de Vox. En mi tierra no se durmieron PP y Vox para pactar el gobierno de coalición después de las elecciones del 28M. En un plisplás se pusieron de acuerdo. Ningún problema. ¿Por qué habría de haberlos? Vienen del mismo sitio, se alimentan uno del otro como hermanos que saben de una lealtad inquebrantable, tienen la misma mirada hacia el pasado aunque el PP se vista obligadamente, algunas veces, con la seda de mona democrática.

Hace unos días, la consellera Elisa Núñez dijo: “Francisco Franco es un personaje histórico. No puedo decir nada más”. Un rato más tarde sí que dijo algo más: que fue un dictador. Y punto. Todos contentos. El mismo presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, del PP, salió a la palestra para aclarar lo que pensaba, como había hecho unos días antes: el franquismo fue una dictadura. Aplausos de la feligresía y a otra cosa, mariposa. Flipo al ver la facilidad con la que nos conformamos cuando nos enfrentamos al lenguaje. Flipo de verdad. Dicen la consellera de Vox y el presidente del PP que Franco fue un dictador y lo suyo una dictadura, y aquí paz y allá gloria. Punto final del debate.

Los dos personajes pasan ya al lado de la decencia democrática. Nada sospechosos de amarrarse al franquismo como una lapa, pedigrí de demócratas de toda la vida, intachable huella dactilar en su currículum político e ideológico. Flipo, de verdad que flipo. Qué fácil lo tienen la derecha y la extrema derecha para salir airosas de un asunto tan complejo como la manera en que nos enfrentamos al pasado, en cómo gestionamos ese enfrentamiento, en la cara que ponemos cada cual cuando una paletada de tierra levanta en una fosa común casi cien años de vergüenza democrática. Llegan Mazón y Núñez, dicen que lo que hubo casi 40 años atrás fue una dictadura y a bailar agarradas derechas e izquierdas Only you, como si los Platters no hiciera ya siglo y medio o más que desaparecieron del mapa.

“Vivimos tiempos inhabitables, tiempos contradictorios y atrevidos, donde el escarnio ostenta sus pantuflas, ahíto de osadía e impudicia”, escribe Paca Aguirre en uno de sus poemas inmortales. En eso se empeñan el PP y Vox, también cuando hablan o callan de lo que fue el pasado en este país al que están convirtiendo cada vez más en más inhabitable. Decir sólo que el franquismo fue una dictadura no significa nada, absolutamente nada. Lo dicen Mazón y Núñez, luego se cepillan bien fuerte los dientes, hacen gárgaras con un elixir bucal, sueltan la espuma sobre el agujero del desagüe y se van juntos a celebrar la victoria del franquismo una vez más en esta democracia. Se dicen entre ellos a risotada limpia: «¿No era eso lo que querían que dijésemos?, pues ya lo hemos dicho, se han quedado contentos y nosotros a lo nuestro».

Y es precisamente en eso, en ese “a lo nuestro”, donde está la esencia de lo que piensan del pasado. Y lo que piensan no es otra cosa que lo evidente desde que el franquismo más listo se convirtió en la UCD y luego en una mezcla con AP de la que saldría un PP que nunca ha renunciado a sus raíces franquistas. Cuando Carlos Mazón dice que el franquismo fue una dictadura no está diciendo nada porque sabe que lo que piensa de verdad lo llevarán a cabo los socios de extrema derecha en su gobierno. Que él y su vicepresidente de Vox, el torero franquista Vicente Barrera, piensan lo mismo sobre la justicia que se merecen las víctimas de la dictadura no hay ninguna duda. Y es ahí donde reconocer que el franquismo fue una dictadura se queda corto.

Lo que podrían haber añadido el presidente y su consellera de Justicia e Interior es muy claro. Yo les pongo aquí el añadido que aclararía un poco más lo que se niegan a decir porque sólo pensarlo les provoca sarpullidos: el franquismo fue una de las dictaduras más crueles del horror contemporáneo, una dictadura que asesinó sin que pudieran defenderse en un juicio a miles y miles de personas, que amontonó a esas personas como a perros muertos en fosas que todavía hoy sufren su silencio desde que uno de sus presidentes, Mariano Rajoy, decidió no destinar un solo euro de los presupuestos generales del Estado a las exhumaciones. Podrían decir también, Mazón y los suyos, que la guerra no fue necesaria para, según ellos, salvar España del caos republicano, sino que llegó después de un golpe de Estado contra los avances democráticos que estaba suponiendo la Segunda República.

Pero claro, que asuman las derechas esos añadidos que les digo es imposible. Porque, en realidad, a lo que le tienen miedo las derechas no es al pasado sino al presente. Porque saben que delante o detrás de un asesinato hay un asesino. Porque saben que si salen a la luz los nombres de las víctimas, han de salir igualmente los nombres de los verdugos. Ya sé que a lo mejor hablamos mucho del pasado cuando hay asuntos que están descalabrando lo que ahora nos pasa. Pero es que también creo que el pasado, como decía William Faulkner, no ha pasado, que venimos de sitios anteriores, que somos una mezcla de tiempos y de gentes, que vivir como si la vida naciera ahora mismo sería como ir creciendo a medias, como surgidos de una amputación injusta que nos convertiría en seres deformes corazón adentro, que si convertimos la historia en una mentira, también será una mentira la memoria y un triste paisaje de muertos en vida sus protagonistas.

Cuando el presidente del gobierno valenciano y una de sus conselleras dicen a secas que el franquismo fue una dictadura están ocultando lo que fue de verdad esa dictadura. Y es a esa verdad a lo que le tienen miedo. Porque si hubieran leído a Joyce Carol Oates igual habrían retenido estas palabras suyas: “Porque yo creo en la verdad, aunque duela. Especialmente, si duele”. Y lo que menos quieren el PP y Vox es buscar y defender la verdad de un tiempo sometido a la devastación como fue el de la dictadura franquista. Y digo ninguno de los dos porque en lo que se refiere a la Memoria Democrática seguirán siendo firmes defensores del franquismo, unas veces con la boca pequeña y otras a galope legionario. Pero, en resumidas cuentas, defensores de la dictadura. Aunque se quieran revestir, como hacen en algunas ocasiones, con la seda de la mona democrática. Tanto el PP como Vox piensan lo mismo de Francisco Franco: que fue un personaje histórico. Hasta ahí llegan. Sólo hasta ahí. ¡Qué vergüenza, dios, qué vergüenza!

Fuente: infoLibre.

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viernes, 3 de mayo de 2024

RUSIA CAMBIÓ EN UCRANIA: ASÍ AUMENTÓ EL PODER DE SU EJÉRCITO | ZARZOVS

De Sánchez al Sanchismo

 

No se trata solo de reformar el poder judicial o poner fin a la Ley Mordaza sino de democratizar los grandes poderes económicos y de proteger a la sociedad de un capitalismo depredador que no conoce límites.


De Sánchez al Sanchismo


Manolo Monereo

El Viejo Topo

3 mayo, 2024 

 


A Pedro Sánchez le hicieron una oferta y, al final, después de pensárselo mucho, la rechazó. Lo primero fue la amenaza y luego vino el análisis, el cálculo, la definición de escenarios y, sobre todo, la estrategia a seguir. El secretario del PSOE sabe hoy más cosas, tiene más certezas que hace unos días. Por lo pronto, conoce mejor, con más detalle, a los enemigos reales; los juegos de los poderes fácticos (internos y externos) y, lo fundamental, el poder de la trama y sus ramificaciones. Resulta ridículo hablar en este contexto de dimisiones por amor y de un presidente amenazado en su honor familiar. Si algo nos enseña Sánchez es que conoce bien los entresijos del poder, que tiene audacia y determinación y, lo más importante, que sabe que lo que más desgasta es la oposición. El poder del gobierno es la mejor defensa, la mejor plataforma para negociar y el más eficaz mecanismo de obtención del consenso social. Insisto, le hicieron una oferta que no podría rechazar y lo hizo. ¿Irá hasta el final? ¿Un Pedro Sánchez autonomizado de la trama del poder? Pronto se verá.

Sánchez sabe, también, que no tiene alternativa en su partido, que es hegemónico en la izquierda (en retroceso en todas partes y sin otra propuesta que seguir gobernando) y que se ha ido convirtiendo en referente casi único de las fuerzas democráticas frente a unas derechas autoritarias y fascistizantes. La polarización ha sido siempre, él lo reconoció, asimétrica; es decir, en el territorio de las derechas y gobernadas desde un discurso liberal-conservador nítido y tradicional. Primero fueron los consensos forjados en común entre el PSOE y el PP: alineamiento cada vez más férreo con la política exterior de los EEUU, seguimiento de las políticas de seguridad y defensa impulsadas por la OTAN, aceptación de las políticas neoliberales y de consolidación fiscal de la Unión Europea, defensa clara de la monarquía y sus símbolos. Ahora las derechas van más lejos, quieren ampliar su victoria: cuestionar lo que queda del Estado de Bienestar, los espacios de lo púbico, los derechos sociales y sindicales. En definitiva, poner fin, a la izquierda que hemos conocido y dar vida a un espacio, por así decirlo, que rompa con la tradición socialista/comunista del movimiento obrero organizado.

Una idea-fuerza clave: volver para hacer otras cosas, un punto y aparte en la estrategia política del gobierno con la defensa y regeneración de la democracia como horizonte. No es poco. En estos días las miradas son siempre de tiempos cortos, de respuestas a preguntas coyunturales. Sobre todo, saber qué hizo que el Presidente del gobierno de España se quebrara por unos días. La etapa tiene un nombre: restauración. Hasta ahora la batalla era por su gobierno, por su dirección política. Derrotado el impulso democratizador del 15M y (auto) disuelto el espacio político de Unidas Podemos, el gobierno de Sánchez se convirtió en el centro de una alianza entre el PSOE y lo que quedaba de un proyecto que quiso asaltar los cielos y que terminó con la gestión subalterna de políticas en los límites permitidos por el sistema de poder.

El acento hay que ponerlo ahora en la discontinuidad, en la ruptura con la etapa anterior de este gobierno. Lo más lógico sería cambiar su actual composición y, seguramente, ir a una moción de confianza. No sabemos lo que hará Sánchez. El territorio es novedoso y la reacción de las derechas unificadas será muy dura. Es más, es posible observar que la no dimisión de Sánchez crea problemas en su bloque y que aparece un cierto temor a una autonomización excesiva desde una lógica que algunos calificarían de bonapartista. La pregunta es obligada: ¿cómo se defiende la democracia? Recuperar una polarización desde la izquierda obligaría a plantearse en serio la crisis de las democracias realmente existentes en Europa, en un contexto marcado por una transición geopolítica de grandes dimensiones y, lo decisivo, una guerra en Ucrania que amenaza con extenderse al conjunto de la península euroasiática. No hay que engañarse, el avance de las derechas extremas tiene mucho que ver con las dinámicas de un sistema de guerra que militarizan las relaciones internacionales y vuelven más autoritarias a nuestras sociedades.

Más allá de una contraposición abstracta entre democracia y fascismo, lo que estamos viviendo desde hace años es una contradicción cada vez más aguda entre el capitalismo monopolista- financiero y las democracias constitucionales surgidas al calor del conflicto de clases. Los cambios asociados a la revolución neoliberal y a la globalización capitalista han concentrado y centralizado un enorme poder en manos de una oligarquía financiera-empresarial que impone sus reglas y sus políticas a una soberanía popular en retroceso y a unas poblaciones que habitan en la inseguridad y en el miedo al futuro. No se trata solo de reformar el poder judicial o poner fin a la Ley Mordaza sino de democratizar los grandes poderes económicos y de proteger a la sociedad de un capitalismo depredador que no conoce límites. ¿Irá por aquí Pedro Sánchez?

Algunos piensan que esta crisis nos llevará a un “momento populista” y a un Sánchez peronista capaz de hacer un trabajo político de masas contra las élites económicas, políticas y mediáticas. No lo creo. La restauración ha avanzado mucho, los contextos económicos y militares no acompañan y, lo fundamental, no existe un proyecto de país capaz de organizar una mayoría que refuerce y haga girar hacia la izquierda las políticas del gobierno, de este gobierno del PSOE acompañado por una izquierda desnortada y con una base social y electoral cada vez más débil. Lo veremos pronto, muy pronto.

Fuente: Nortes

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TRAGEDIA EN UCRANIA | RUSIA ATERRÓ A LA OTAN Y DESTRUYÓ UN ALMACÉN CON S...

jueves, 2 de mayo de 2024

Corea del Norte se desata

 

El relativo éxito del ataque de Irán a Israel ha demostrado que los sistemas de defensa ante un ataque con misiles hipersónicos están lejos de ser efectivos. Corea del Norte posee ya misiles “normales” capaces de burlar esa defensa, y también hipersónicos.


Corea del Norte se desata

 

Scott Ritter

El Viejo Topo

2 mayo, 2024 

 


A lo largo de la última década, Corea del Norte ha desarrollado una sólida capacidad autóctona de producción de misiles balísticos que ha dado lugar a una amplia gama de sistemas avanzados de armamento, incluidos misiles balísticos intercontinentales (ICBM) de corto y medio alcance, misiles lanzados desde submarinos y, más recientemente, misiles hipersónicos.

Armados con armas nucleares, estos misiles constituyen una disuasión creíble para los posibles adversarios regionales, incluidos Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Aunque el principio de destrucción mutua asegurada impide a Corea del Norte aplicar una política de ataque nuclear preventivo, los avances en la tecnología de misiles, combinados con las nuevas capacidades de vigilancia por satélite de Corea del Norte, confieren a Pyongyang una capacidad de ataque convencional que muy probablemente podría derrotar a las actuales defensas estadounidenses contra misiles balísticos. Estados Unidos y sus socios regionales deben tener en cuenta ahora la posibilidad de un ataque preventivo norcoreano que podría alterar el equilibrio estratégico de poder de un modo nunca previsto por Occidente.

Corea del Norte ha realizado algunos progresos significativos en su programa de misiles en los últimos meses. El 14 de enero realizó un lanzamiento de prueba de un misil balístico de combustible sólido de alcance intermedio de dos etapas cargado con una ojiva controlada de maniobra hipersónica. El objetivo de la prueba era verificar las características operativas de la ojiva y la fiabilidad de los motores cohete sólidos, que se cree que están compuestos por las dos primeras etapas del ICBM norcoreano de tres etapas Hwasong-18 de combustible sólido.

Posteriormente, el 20 de marzo, Corea del Norte realizó una prueba estática de un motor cohete de segunda etapa destinado a ser utilizado en el misil hipersónico Hwasong-16B. Esta prueba pretendía confirmar el rendimiento de su segunda etapa. A diferencia de un misil balístico convencional, que utiliza las características del movimiento parabólico definido por el impacto de la gravedad terrestre sobre un objeto para alcanzar un objetivo designado (a menudo a velocidades varias veces superiores a la velocidad del sonido), un misil hipersónico utiliza la potencia de su sistema de propulsión, independiente de las fuerzas gravitatorias, para alcanzar velocidades superiores a cinco veces la velocidad del sonido (el límite inferior de lo que puede clasificarse como velocidad hipersónica).

A continuación, el 2 de abril, se lanzó un misil de alcance intermedio Hwongsong-16B equipado con la ojiva hipersónica maniobrable controlada que se había probado en vuelo el 14 de enero. Este misil utilizó el cohete propulsor sólido del ICBM Hwongsong-18, la segunda etapa con capacidad hipersónica que había sido probada estáticamente el 20 de marzo y la nueva ojiva maniobrable que, combinadas, confieren a Corea del Norte una  capacidad operativa de misiles hipersónicos de alcance intermedio.

UN LOGRO IMPRESIONANTE

Aunque Estados Unidos y Corea del Sur han cuestionado algunas de las características de rendimiento citadas por Corea del Norte en relación con la prueba del Hwasong-16B, lo cierto es que el rápido ritmo de las pruebas en cuestión y la capacidad de Corea del Norte para integrar a la perfección los sistemas en una plataforma operativa es un logro impresionante; de hecho, tan impresionante que cabe preguntarse si Corea del Norte recibió ayuda externa de Rusia, China o ambas. Aunque Corea del Norte ya había probado un misil hipersónico de alcance intermedio en 2021, ese sistema utilizaba combustible líquido. El combustible líquido, debido a su naturaleza altamente corrosiva, no puede cargarse en la célula de un misil hasta justo antes del lanzamiento. Esto aumenta el tiempo de reacción del arma y la hace vulnerable a la detección e interdicción durante el proceso de carga de combustible. Los misiles de combustible sólido pueden lanzarse sin preparación previa, lo que aumenta la amenaza que suponen estas armas y su capacidad de supervivencia en un campo de batalla moderno.

A lo largo de más de una década, Corea del Norte ha desarrollado una serie de misiles balísticos, incluidos sistemas de alcance corto, intermedio e intercontinental, así como misiles que pueden lanzarse desde submarinos. La principal amenaza que suponen estos misiles para cualquier adversario potencial, como Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, es su papel como vector de un arma nuclear norcoreana.

Sin embargo, la capacidad nuclear de Corea del Norte es ampliamente reconocida como parte de una política más amplia de disuasión, en lugar de representar una capacidad de primer ataque. Corea del Norte es consciente de la capacidad nuclear de Estados Unidos y de que cualquier uso de armas nucleares por parte de Corea del Norte provocaría una respuesta nuclear que la destruiría como nación viable. El aspecto de destrucción mutua asegurada de este equilibrio de poder pretende prevenir cualquier primer ataque no nuclear por parte de Estados Unidos y sus aliados regionales destinado a «decapitar» a los dirigentes norcoreanos, algo que Estados Unidos y Corea del Sur no sólo han anunciado que forma parte de su abanico de opciones militares respecto a Corea del Norte, sino que también se pone a prueba regularmente en ejercicios de entrenamiento conjuntos.

EQUILIBRIO DE PODER

El desarrollo de una capacidad operativa de misiles hipersónicos de alcance intermedio por parte de Corea del Norte cambia drásticamente este equilibrio de poder. La capacidad de lanzar con poca antelación un sistema de armas que puede alcanzar su objetivo en cuestión de minutos, eludiendo al mismo tiempo los sistemas de defensa contra misiles balísticos existentes, combinada con las capacidades de vigilancia por satélite de Corea del Norte que permiten una rápida identificación del objetivo, da a Corea del Norte la posibilidad de lanzar su propio ataque preventivo convencional. Un ataque de este tipo, si se lleva a cabo contra aeródromos, puertos e instalaciones de mando y control, podría paralizar las capacidades militares de Estados Unidos, Corea del Sur y Japón antes de una posible invasión de Corea del Sur. El arsenal nuclear de Corea del Norte impediría una respuesta nuclear estadounidense, creando un posible escenario en el que Corea del Norte podría derrotar a las fuerzas estadounidenses y surcoreanas en la península coreana.

Estados Unidos ha restado importancia a la amenaza que suponen los misiles de Corea del Norte -incluida su nueva arma hipersónica- citando las capacidades de defensa contra misiles balísticos que tiene en la región, junto con las de Corea del Sur y Japón. La arquitectura de defensa contra misiles balísticos que Estados Unidos ha desplegado en la región incluye avanzados radares terrestres, entre ellos el radar de banda X AN/TPY-2, y los más modernos interceptores de misiles del arsenal estadounidense, como el THAAD y el Patriot 3. A estos sistemas se suman los buques de la armada estadounidense y japonesa equipados con Aegis, con radares avanzados de banda S y modernos interceptores de misiles SM-3. Estos sistemas están conectados a una arquitectura global de defensa contra misiles balísticos que incorpora satélites y otras tecnologías para proporcionar a EE.UU., Corea del Sur y Japón la capacidad de detectar cualquier lanzamiento de misiles norcoreanos, rastrear el misil en vuelo y destruirlo antes de que pueda alcanzar el objetivo previsto.

LECCIONES SOBRE MISILES EN ORIENTE MEDIO

El problema de la postura estadounidense es que el reciente ataque con misiles de Irán contra Israel ha demostrado que la arquitectura de defensa contra misiles balísticos en la que confía Estados Unidos para la defensa de la península de Corea y la región circundante es falible. En Israel, Estados Unidos desplegó una arquitectura de defensa contra misiles balísticos que incorporaba todos los sistemas de que dispone en Corea del Sur, Japón y las regiones circundantes. La arquitectura israelí se reforzó aún más con un amplio escudo de defensa balística desarrollado conjuntamente por EE.UU. e Israel.

El número de misiles iraníes que atraviesan el escudo antimisiles para alcanzar objetivos dentro de Israel es indeterminado en este momento, pero superior a los cinco reconocidos oficialmente. Los misiles iraníes -aunque a una generación de distancia del nuevo misil hipersónico norcoreano- empleaban ojivas de maniobra y ojivas equipadas con señuelos para burlar la arquitectura estadounidense-israelí de defensa contra misiles balísticos. Los planificadores militares estadounidenses, y los de sus aliados que confían en los sistemas de defensa antimisiles estadounidenses para su protección, deben reevaluar los supuestos operativos basados en la noción de una protección que no puede garantizarse.

Fuente: Energy Intelligence

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miércoles, 1 de mayo de 2024

Ya a la venta el Topo de mayo

 

La crítica de Martín Seco a las políticas del gobierno de Sánchez no tienen nada que ver con las razones que alegó el presidente para su espantá. Es una crítica, dura pero consistente, hecha desde posiciones nítidamente socialdemócratas.


Ya a la venta el Topo de mayo


Salvador López Arnal

El Viejo Topo

1 mayo, 2024 

 

Licenciado en Ciencias Económicas y en Filosofía y Letras, graduado social y diplomado en análisis monetario, Juan Francisco Martín Seco (Madrid, 1944) es interventor y auditor del Estado e Inspector del Banco de España. Ha desempeñado, entre otros, los cargos de interventor General del Estado y Secretario General de Hacienda, y ha sido miembro del Consejo de Administración de varias empresas públicas. Articulista en diversos diarios y revistas, y autor de numerosos libros, acaba de publicar Tierra quemada (El Viejo Topo, 2024), sobre el que centramos esta entrevista.

 

—¿Por qué Tierra quemada? ¿Respuesta a Tierra firme, el libro escrito por Irene Lozano atribuido a Pedro Sánchez?

—No. No es una respuesta a ese libro. No lo he leído ni tengo intención de hacerlo. Cuando lo publicó Sánchez estaba a punto de entregar el mío a la editorial. Lo que el libro sí pretende es contestar al relato que Sánchez ha venido realizando desde que apareció en política, pero también, y sobre todo, intenta desenmascarar los hechos de estos cuatro años transcurridos.
El nombre de tierra quemada hace referencia al futuro, a cómo va a quedar la sociedad tras la época sanchista, y más concretamente la izquierda.

—Abre el libro con una cita atribuida a George Orwell: “Un pueblo que elige a corruptos, impostores, ladrones y traidores no es víctima, es cómplice”. ¿Es el caso del pueblo español?

—La frase es dura, pero yo creo que indica una realidad: cada pueblo tiene el gobierno que se merece y en presencia de elecciones libres los votantes son de alguna forma cómplices de lo que ejecutan los gobernantes a los que han elegido. Es verdad que las responsabilidades pueden ser muy distintas y que en muchos casos entra en juego la ignorancia.
El sanchismo no sería posible sin la complicidad de una gran multitud de personas, de la sociedad del mundo económico, de la política, de la prensa. Hay que ver el esfuerzo que tienen que hacer algunos periodistas para salvar lo insalvable. La hemeroteca es implacable para los políticos, pero si la aplicásemos a los periodistas del régimen, el resultado sería parecido. Tienen que retorcer los argumentos y retorcerse ellos para seguir los virajes de sus señoritos.

—Usa usted en repetidas ocasiones, lo acaba de hacer en la anterior respuesta, la categoría sanchismo, sanchista. ¿Qué es el sanchismo?

—Al principio del libro cito una frase de los intereses creados de Benavente: “En este mundo, mejor que crear afectos es crear intereses”. Pues bien, el sanchismo es ese conglomerado de intereses heterogéneos que Sánchez ha aunado desafiando todas las leyes lógicas de la política, un engendro que Rubalcaba bautizó como gobierno Frankenstein. Hasta ahora, solo ha sido viable porque Sánchez acepta el principio de que todo vale, todo es lícito con tal de permanecer en el poder.

 

—Se define como jacobino. ¿Qué significa ser jacobino en 2024?

—Algo tan simple como ser ciudadano, que no patriota. Es de sobra conocida la frase del doctor Samuel Johnson: “El patriotismo es el refugio de los canallas”. Uno de los problemas que tiene el nacionalismo surgido en el siglo XIX es que, en los tiempos actuales, resulta difícil determinar el contorno de la teórica nación. ¿Dónde empieza y dónde acaba?, ¿qué es lo que la distingue de las demás? Actualmente, las diferentes civilizaciones y naciones se difuminan y solo permanecen las entidades políticas y jurídicas, es decir, los Estados.
Ser jacobino es defender el Estado, el Estado moderno, de derecho, democrático y social. Los tres atributos se complementan y si falta alguno de ellos fallarán también los demás. Es este Estado el que constituye la única arma con que cuenta el ciudadano frente a los poderes fácticos, frente al poder económico. Ser jacobino es estar en contra de todo lo que debilita al Estado, bien sea por abajo o por arriba. Por abajo, rompiendo su unidad, anulando el principio de la igualdad de todos los ciudadanos y haciendo imposible la política redistributiva del Estado social. Por arriba, cediendo competencias sin los mecanismos de compensación adecuados a entidades superiores con graves deficiencias democráticas.

—El capítulo IV lleva por título “La economía, cuatro años perdidos”. Empero, algunos economistas de izquierda afirman que no había una política mejor. Algunos sostienen incluso que ha ido y va como una moto, y ponen el ejemplo opuesto de Alemania, casi en recesión, señalan.

—El que la economía española esté creciendo en este momento más que la alemana no quiere decir nada. También crece menos que otros muchos países de la Unión Europea, pero es que además lo que hay que considerar es todo el periodo. Este Gobierno es el que peor ha gestionado la crisis sanitaria de toda Europa. La economía española ha sido la que más se hundió de todas las europeas durante la pandemia en 2020, y la que más ha tardado en recuperarse. Nuestro país ha sido el último Estado de la Unión en retornar a la renta per cápita anterior a la crisis sanitaria. Somos, por término medio, más pobres que en 2018 cuando Sánchez ganó la moción de censura. Según la OCDE, nuestro país está a la cabeza en la pérdida de poder adquisitivo.
Durante estos años España ha tenido los peores resultados de la Unión Europea a pesar de contar con los fondos de recuperación, de los que, por otra parte, apenas se conoce su paradero, y de haber incrementado el endeudamiento público en un 11% del PIB, porcentaje muy superior al experimentado por la casi totalidad de los Estados europeos.

—Señala y argumenta que la política social del gobierno ha quedado reducida a mero populismo y en ocurrencias, muchas de ellas contraproducentes. Sin embargo, desde colectivos de izquierda, no forzosamente del ámbito de Sumar y Podemos, también desde los sindicatos, se suele afirmar que precisamente algunos aspectos de esa política social (SMI, pensiones, ERTEs, reforma laboral aunque sea incompleta, etc.) están entre lo más destacable de los gobiernos Sánchez. ¿No coincide usted con esta consideración?

—Entre las diferencias de una política socialdemócrata frente a una populista se encuentra la consideración o no del coste de oportunidad. La primera tiene conciencia de que todo tiene un precio, y asume que los recursos deben orientarse a los objetivos mejores. No basta con que sean buenos, sino que deben ser los óptimos. La política populista, por el contrario, ya se califique de derechas o de izquierdas, ignora el coste de oportunidad, supone que todo es gratuito; en ella se adoptan las decisiones como si los recursos fuesen infinitos, atendiendo exclusivamente a la rentabilidad electoral.
Además, a la hora de definir la política social hay que ser conscientes de en qué mundo nos movemos: sistema capitalista, globalización, Unión Europea, moneda única. De no hacerlo, los resultados pueden ser contrarios a los que se buscan. El caso más evidente es la política de vivienda aplicada por este Gobierno.
La política social no se puede separar ni de la política económica ni de la política fiscal. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios está excediendo a la que provocó la devaluación interna que fue preciso aplicar en 2011. La diferencia es que entonces el Gobierno tuvo que hacerlo directa y abiertamente, mientras que en este caso todo se oculta tras la inflación, inflación cuyo control no es competencia exclusiva del BCE, sino responsabilidad también de los gobiernos nacionales.


—¿Por qué el gobierno Sánchez no ha sido capaz de hacer una verdadera reforma fiscal? ¿Falta de coraje? ¿Miedo a la reacción de las clases y grupos adinerados? ¿Qué características tendría esa reforma?

—Aumentar el gasto público hace popular a los gobiernos, da votos. Elevar los tributos, por el contrario, comporta castigo electoral. Los gobiernos populistas, así como son proclives a las ocurrencias en materia de gastos, huyen de acometer reformas fiscales en serio. En todo caso aprueban medidas espectaculares frente a las grandes empresas, que son bien aceptadas en la opinión pública, pero sin apenas efectos en la progresividad, y en muchas ocasiones con resultados incluso negativos. Olvidan la libre circulación de capitales.
Es significativo que Sánchez y Meloni hayan coincidido en crear un impuesto extraordinario a la banca. Parece bastante evidente que las entidades financieras están trasladando el tributo a los clientes, especialmente mediante la limitación de las retribuciones del pasivo.
En el acuerdo de legislatura entre Sánchez y Pablo Iglesias figuraba la reforma fiscal. No se ha acometido ni ha habido intención de hacerla. Una verdadera reforma fiscal pasaría en buena medida por desandar el camino recorrido desde finales de los ochenta y por enfrentarse con los cuatro grandes tributos (al menos deberían ser grandes) que dotan o deberían dotar de progresividad al sistema: IRPF, impuesto sobre sociedades, patrimonio y sucesiones y donaciones.
Cualquier reforma que se quiera acometer en el IRPF tiene que empezar por devolverle su carácter global, con una sola base imponible y una sola tarifa. El primer efecto de la escisión actual lo constituye la radical injusticia de hacer tributar a las rentas del trabajo a un tipo muy superior al que se aplica a las rentas de capital. Pero hay un segundo efecto tan pernicioso como el primero y es que los ingresos no se acumulan en una única base imponible, con lo que la progresividad del impuesto se ve reducida, fenómeno que afecta lógicamente a los que tienen rentas de ambas fuentes.

—Dedica un extenso capítulo a “Europa, la epidemia y los fondos de recuperación”. ¿Por qué alardea el gobierno tanto de lo conseguido en este ámbito? En cambio, desde su punto de vista, no parece que estén sirviendo para mucho. Ni para sanear las finanzas públicas ni para la recuperación de la economía.

—No los consiguió nadie. Más bien fue una cesión. La gran beneficiaria de la Unión Europea y de la moneda única es Alemania. Merkel lo sabía y sabía que después de la crisis de 2008, los países del Norte debían ceder un mínimo para que el invento no se hundiese. Los fondos de recuperación fueron ese mínimo. Curiosamente España, país con el mayor número de recursos asignados, ha sido el último en recuperarse.
El problema principal en nuestro país es que el dinero se ha distribuido sin ningún control político, y escaso control administrativo. En algún momento conoceremos a qué se ha dedicado.

 

—Señala también la necesidad de renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). En su opinión, es un bochorno que los consejeros de este órgano lleven cinco años con el mandato caducado. ¿Ve algún camino para salir de la situación actual?

—Es posible que, en este momento, la solución más adecuada –teniendo en cuenta las recomendaciones de la Comisión y del Consejo de Europa, la opinión de la casi totalidad de los jueces y la experiencia, particularmente la de los últimos años– pase porque sean los mismos jueces los que elijan a aquellos de sus doce compañeros que vayan a ser miembros del CGPJ. Pero lo que es ineludible es que no se adultere la forma en que se aplique la mayoría de los tres quintos en la elección de aquellos consejeros que tienen que designar el Senado y el Congreso.
En principio, el hecho de que cada consejero cuente con la aprobación como mínimo de tres quintas partes de los diputados o los senadores garantizaría, al ser una persona de consenso, su neutralidad e independencia, sin adscripción partidista alguna. Si la Constitución exige esta mayoría cualificada es para evitar toda posibilidad de politización del órgano. Lo cierto es que, del modo que se ha venido aplicando desde 1985, el resultado ha sido el inverso.
Tal como previó el Tribunal Constitucional, los partidos se han distribuido los puestos, nombrando cada uno de ellos a los más proclives a su formación política. Tú apoyas a los míos, yo apoyo a los tuyos. La conclusión es que los elegidos son los más politizados (en el mal sentido del término) e incluso en algunos casos los más sectarios. Tan es así que se continúa hablando de consejeros conservadores y progresistas.

 

—De la misma forma que muchos ciudadanos consideramos que no debería haber ningún problema en utilizar el catalán o el castellano en el Parlamento de Cataluña, ¿qué problemas ve usted en el uso de las lenguas cooficiales en el Congreso de diputados?

—La lengua debería ser un simple instrumento de comunicación y, como tal, con una finalidad práctica y subordinada a conseguir el fin para el que ha nacido, que es el de entrar en relación con los otros seres humanos. Desde esta perspectiva, el uso de distintos idiomas en el Parlamento va a suponer un atraso. La introducción de las lenguas cooficiales en el Congreso no va a ayudar precisamente a la comunicación entre los parlamentarios, y menos aún entre estos y la gran mayoría de los españoles. Cualquiera que haya usado la traducción simultánea sabe que, por muy buenos que sean los traductores (cosa que no es frecuente) su uso se convierte en un auténtico incordio, ya que la comprensión se hace mucho más difícil y se pierden cantidad de matices.
Los independentistas han presentado esta exigencia como un acto de reafirmación, un desafío. En realidad, a los nacionalistas solo les queda como elemento identitario el lenguaje. Es por eso por lo que le conceden tanta importancia, por lo que lo convierten en un concepto casi ontológico. Lo asimilan con el espíritu del pueblo.

 

—Se manifiesta usted muy crítico por la concesión de los indultos a los dirigentes nacionalistas encarcelados. Sin embargo, a día de hoy, tras las declaraciones de Feijóo del pasado febrero, casi todo el arco parlamentario español se manifiesta partidario. ¿No es una forma de pasar página? Se les ha indultado y no ha pasado nada grave.

—Ese es el discurso del sanchismo. La utilización torticera que se ha hecho de las palabras de Feijóo ni merece la pena comentarla. No ha servido ni como argumento espurio en las elecciones gallegas. Nadie puede creerse que otro que no fuese Sánchez sería capaz de saltarse las líneas rojas que él ha atravesado.
La página ya se pasó con la Constitución de 1978, que se elaboró bajo el principio de encajar a los nacionalismos. Ni los indultos, ni la eliminación del delito de sedición, ni la modificación de la malversación, ni otros muchos disparates políticos cometidos con la finalidad de ceder ante el independentismo han tenido ninguna otra motivación que la de lograr que Sánchez continúe en la Moncloa.
Por otra parte, los nacionalistas no quieren pasar página. Afirman continuamente que repetirán el golpe de Estado, y siguen presentando páginas y más páginas a conseguir. La gravedad está ahí.

 

—Más allá de sus deseos, proclamas y fanfarronadas, ¿cree que los nacionalismos vasco y catalán, en sus diferentes variantes, están en vía o en condiciones de romper la unidad de España?

—En cierta forma la unidad de España está ya rota. Existen autonomías de primera y de segunda. El sanchismo está acentuando gravemente esta división con las cesiones a los independentistas. Por otra parte, peligra la política redistributiva del Estado entre territorios. Estaba ya dañada con el concierto vasco y navarro, pero ahora Cataluña quiere apuntarse a la fiesta, y reclama un sistema financiero similar.
En cuanto a si van a repetir el golpe de Estado, de lo que no cabe duda es de que la política seguida en los últimos años se lo está facilitando, y elimina todos los obstáculos. No sé si de verdad están dispuestos a marcharse de España, lo que desde luego sí persiguen es que el Estado se marche de Cataluña, y mientras tanto aprovecharse del resto de los españoles.

—¿Es constitucional la amnistía en su opinión? ¿Existe algún acuerdo político en el que usted consideraría positiva o válida su concesión?

—En realidad solo algunos juristas, los muy sanchistas o independentistas, defienden la constitucionalidad de esta ley. Pero al margen de ello, la amnistía cabe interpretarla o bien como la terminación de una guerra interna (conflicto, dicen los soberanistas) y en la que se establece un armisticio, olvidando todas las injusticias y responsabilidades en que se haya podido incurrir tanto en un bando como en el otro, o bien que haya que cambiar las reglas de juego porque las hasta ahora existentes eran injustas y, por lo tanto, inocentes los que se hubiesen rebelado contra ellas. No estamos en ninguno de los dos casos. La amnistía en estas circunstancias es una aberración política porque es el reconocimiento de que el Estado se ha equivocado, de que la Constitución es odiosa y despótica, y que los llamados golpistas no cometieron delito alguno, sino que habían defendido sus derechos y los del pueblo catalán frente a un Estado que les había perseguido injustamente. Es más, que aquellos que habían aplicado la Constitución y las leyes que de ella se derivan habían actuado de forma inicua y abusiva.
Sánchez la justifica en la superación de la situación jurídica creada en Cataluña. Dijo lo mismo con los indultos. Lo cierto es que no ha habido dos bandos ni una contienda, ni cambio de régimen ni ninguna necesidad de punto final. Solo se ha producido un golpe de Estado por parte de un gobierno y unas autoridades autonómicas que cometieron traición, rebelándose contra el Estatuto de su propia Comunidad y contra la Constitución, en función de los cuales habían sido nombrados, y la reacción lógica de un Estado defendiéndose. No hay dos bandos culpables, solo uno que además de robar al Estado –es decir, a todos los españoles– empleó lo robado para ir en contra de más de la mitad de los catalanes y del resto de España. Al igual que afirmó el Tribunal Supremo acerca de los indultos, sería una autoamnistía, porque los implicados, los beneficiarios, van a ser quienes al mismo tiempo la aprueben. La única razón de esta ley es el precio que pagar para que Sánchez continúe en la Moncloa.

 

—Le cito: “La corrupción del propio gobierno Frankenstein no tiene parangón con ningún otro acto concreto de corrupción”.
¿Por qué? ¿Dónde observaba usted la corrupción del gobierno Sánchez? ¿Intuía usted el caso Koldo-Ábalos?

—El primer capítulo del libro está destinado a narrar el desastre que constituyó la gestión de la pandemia en España. Casos como ese eran previsibles. Pero yo no me refería a esa corrupción, sino a la de comprar el propio gobierno del Estado mediante concesiones inaceptables a los golpistas y a todos aquellos que afirman querer romper el propio Estado. Esa es la mayor corrupción.
A propósito del caso Koldo, todos los portavoces del PSOE, comenzando por el presidente del Gobierno, declaran solemnemente que, frente a la corrupción, tolerancia cero, quien la hace la paga. Debieron añadir que menos los independentistas catalanes.

—¿Sumar es la marca blanca del PSOE de Sánchez? ¿Y Podemos?

—Para entender lo que ha sucedido con lo que teóricamente se llama la izquierda de la izquierda, deberíamos partir del 15-M y del movimiento al que dio lugar. Nació en la crisis financiera de 2008, tras los ajustes acometidos por Rodríguez Zapatero. Los que más tarde serían dirigentes de Podemos revolotearon entonces alrededor de Izquierda Unida. Pretendían ir en sus listas a las elecciones europeas. La negativa les decidió a presentarse a los comicios por su cuenta. Los resultados fueron sorprendentes, consiguieron cinco eurodiputados. Los triunfos electorales de 2015, 2016 y 2019 condujeron a que los líderes de Podemos trazaran un camino que con el tiempo los habría de conducir al fracaso. Se dejaron llevar por la avidez de lograr el poder a cualquier precio y lo antes posible. Ello propició los errores cometidos.
El primero de ellos ha sido el coqueteo constante con los nacionalistas, adoptando muchos de sus mismos planteamientos. El segundo error cometido por los podemitas fue unir su suerte al PSOE cuando atravesaba su peor momento histórico, integrándose en el gobierno Frankenstein, con lo que se hacían partícipes de la totalidad de los acuerdos del Ejecutivo y cómplices de todos los desmanes del sanchismo.
Sumar en principio era tan solo una mala y a destiempo copia de Podemos, pero se ha convertido en algo más. Por una parte, es la historia de una traición, y, por otra parte, la alianza espuria entre Pedro Sánchez y Yolanda Díaz para cargarse a Podemos. De ahí lo de la marca blanca.

 

—Dedica el libro a Julio Anguita y Nicolás Redondo, con estas palabras: “Mi profundo y emotivo recuerdo para dos entrañables y añorados amigos JA y NR que fallecieron en estos años horribles. Todo un ejemplo.” ¿De qué fueron ejemplo Anguita y Redondo?

—No es una dedicatoria, sino una reminiscencia dolorosa. El libro va de recuerdos y de la necesidad de no olvidar todo lo que ha ocurrido en estos cuatro años. Entre lo sucedido, la muerte de estos dos amigos. Pienso que es forzado tenerlos presentes.
Lo del ejemplo creo que va de suyo. No necesita explicación

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