lunes, 22 de julio de 2024

China y Filipinas llegan a un acuerdo sobre un disputado atolón

 

China y Filipinas llegan a un acuerdo sobre un disputado atolón

 

DIARIO OCTUBRE / julio 22, 2024

"Esto se ha logrado después de una serie de consultas tras las discusiones francas y constructivas entre las dos partes […] sobre el mar de China Meridional", explicó Manila.



Un barco de la Guardia Costera de China bloquea dos buques filipinos en el mar de la China Meridional, el 5 de marzo de 2024. | Aaron Favila / AP

Pekín y Manila han llegado a un entendimiento sobre el acuerdo provisional para el reabastecimiento de las necesidades diarias y las misiones de rotación al buque de desembarco de tanques BRP Sierra Madre —de la Armada filipina— en el banco de arena Ayungin, disputado atolón situado en el mar de la China Meridional, según un comunicado publicado este domingo por el Departamento de Asuntos Exteriores de Filipinas en su página oficial de Facebook.

 

“Esto se ha logrado después de una serie de consultas tras discusiones francas y constructivas entre las dos partes durante el noveno Mecanismo de Consulta Bilateral (BCM) sobre el mar de la China Meridional en Manila el 2 de julio de 2024”, reza el texto.

Asimismo, señala que ambas partes continúan reconociendo la necesidad de reducir la escalada de tensiones en el mencionado mar y gestionar las diferencias a través del diálogo y la consulta, detallando que coinciden en que el acuerdo no perjudicará las posiciones de cada una en la región.

El pacto llega en medio de las crecientes fricciones entre estos dos países asiáticos en el mar de la China Meridional. Uno de los últimos incidentes sucedió el pasado 17 de junio, cuando un barco de suministros filipino colisionó con una nave china en las aguas adyacentes a Ayungin.

FUENTE: actualidad.rt.com

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La necesidad de un nuevo vocabulario político. [No. No. No y cien mil veces no, señor Michael Hudson. No hay que cambiar de lenguaje. Al hambre no la sacia más que el alimento, con independencia de como se le llame al hambre, como se le llame al saciar y como se le llame al alimento. Podemos cambiarle el nombre a la izquierda y llamarle, por ejemplo, TIQUI, y a la derecha, por ejemplo, TACA, y con estos originales nombres ya podríamos hablar del TIQUI TACA para quedarnos tal que ahora: sin saber de qué estamos hablando. La realidad no depende de las palabras que se utilicen. Las palabras que se utilicen sí tienen validez para que la realidad sea percibida de una determinada manera, es decir, para falsear la realidad, tal que ahora. La realidad la cambia la conciencia de los individuos, siendo conciencia conocimiento claro y objetivo. Los cambios de la realidad a favor de los intereses de la inmensa mayoría de la población solo pueden venir, no de la palabra palabrita, sino del conocimiento claro y profundo que los trabajadores tengan de sí mismos y de la sociedad en la que viven y, evidentemente, a partir de aquí surgirá un nuevo lenguaje, pero un nuevo lenguaje porque la nueva realidad lo impone y no al revés. Por trabajador bien podría denominarse hoy a perteneciente a la inmensa mayoría de la población en cualquier parte del mundo que para vivir tiene que trabajar aportando algo positivo a la sociedad en la que vive, porque el ladrón también trabaja, al igual que trabaja el asesino a sueldo y el presidente de una multinacional asesina que se está enriqueciendo todavía más con la guerra de USA, OTAN y grupos de capitales aliados contra Rusia en Ucrania, pero no estos no son trabajos en beneficio de la humanidad. Los Estados mayores, menores, más pequeños, pequeñillos y chiquitillos del todo también trabajan, pero no siempre lo hacen para beneficio de la mayoría de la sociedad]

 

Hoy, las palabras izquierda y derecha han perdido buena parte de su significado, pues los partidos a los que se asignan esos calificativos comparten esencialmente las mismas políticas liberales. El vocabulario de antaño es hoy inservible.


La necesidad de un nuevo vocabulario político


Michael Hudson

El Viejo Topo

22 julio, 2024 



La aplastante derrota del 4 de julio de los conservadores británicos neoliberales pro-guerra ante el Partido Laborista neoliberal pro-guerra plantea la cuestión de qué quieren decir exactamente los medios cuando describen las elecciones y los alineamientos políticos en toda Europa en términos de centro-derecha y centro-izquierda, partidos tradicionales desafiados por neofascistas nacionalistas.

Las diferencias políticas entre los partidos centristas de Europa son marginales y todos apoyan los recortes neoliberales en el gasto social en favor del rearme, la rigurosidad fiscal y la desindustrialización que implica el apoyo a la política de Estados Unidos y la OTAN. La palabra “centrista” significa no defender ningún cambio en el neoliberalismo de la economía. Los partidos con guión centrista están comprometidos a mantener el poder pro-estadounidense del statu quo posterior a 2022.

Eso significa permitir que los líderes estadounidenses controlen la política europea a través de la OTAN y la Comisión Europea, la contraparte europea del Estado Profundo de Estados Unidos. Esta pasividad está poniendo a sus economías en pie de guerra, con inflación, dependencia comercial de Estados Unidos y déficits europeos como resultado de las sanciones comerciales y financieras patrocinadas por Estados Unidos contra Rusia y China. Este nuevo statu quo ha desplazado el comercio y la inversión europeos de Eurasia a Estados Unidos.

Los votantes de Francia, Alemania e Italia están dando la espalda a este callejón sin salida. Todos los partidos centristas en el poder han perdido recientemente y todos sus líderes derrotados tenían posturas neoliberales pro-estadounidenses similares. Como Steve Keen describe el juego político centrista: “El Partido en el poder ejecuta políticas neoliberales; pierde las próximas elecciones ante rivales que, cuando llegan al poder, también aplican políticas neoliberales. Luego pierden y el ciclo se repite”. Las elecciones europeas, como la de noviembre en Estados Unidos, son en gran medida un voto de protesta, en el que los votantes no tienen adónde ir excepto votar por los partidos nacionalistas populistas que prometen acabar con este statu quo. Esta es la contraparte de Europa continental al voto del Brexit en Gran Bretaña.

La AfD en Alemania, la Agrupación Nacional de Marine le Pen en Francia y los Hermanos de Italia de Georgia Meloni son retratados como destrozando y arruinando la economía, al ser nacionalistas en lugar de ajustarse a la Comisión OTAN/UE, y los dos primeros específicamente al oponerse a la guerra en Ucrania y en Europa al aislamiento de Rusia. Esa postura es la razón por la que los votantes los apoyan. Estamos viendo un rechazo popular al statu quo. Los partidos centristas llaman neofascistas a toda la oposición nacionalista, del mismo modo que en Inglaterra los medios describen tanto a los conservadores como a los laboristas como centristas, pero a Nigel Farage como un populista de extrema derecha.

 

No existen partidos de “izquierda” en el sentido tradicional de la izquierda política

Los antiguos partidos de izquierda se han unido a los centristas y se han vuelto neoliberales pro-estadounidenses. No hay contraparte en la vieja izquierda de los nuevos partidos nacionalistas, excepto el partido de Sahra Wagenknecht en Alemania Oriental. La “izquierda” ya no existe como existía cuando yo era niño en los años cincuenta.

Los partidos socialdemócrata y laborista de hoy no son socialistas ni pro laboristas, sino pro austeridad. El Partido Laborista británico y los socialdemócratas alemanes ya ni siquiera están en contra de la guerra, sino que apoyan las guerras contra Rusia y los palestinos, y han puesto su fe en la reaganómica neoliberal thatcherista/blairista y en una ruptura económica con Rusia y China.

Los partidos socialdemócratas que eran de izquierda hace un siglo están imponiendo austeridad y recortes en el gasto social. Las normas de la eurozona que limitan los déficits presupuestarios nacionales al 3% significan en la práctica que su cada vez menor crecimiento económico debe gastarse en rearme militar: el 2% o el 3% del PIB, principalmente para armas estadounidenses. Eso significa una caída de los tipos de cambio para los países de la eurozona.

Esto no es realmente conservador ni centrista. Lo que los partidos de izquierda apoyaron hace mucho tiempo es la austeridad de extrema derecha, que reduce el gasto laboral y gubernamental. La idea de que el centrismo significa estabilidad y preserva el statu quo resulta, por tanto, contradictoria. El statu quo político actual está reduciendo los salarios y los niveles de vida, y polarizando las economías. Está convirtiendo a la OTAN en una alianza agresiva anti-Rusia y anti-China que está forzando a los presupuestos nacionales a caer en déficit, lo que lleva a que los programas de bienestar social se recorten aún más.

 

Los llamados partidos de extrema derecha son ahora partidos populistas contra la guerra

Lo que se llama “extrema derecha” está apoyando (al menos en la retórica de campaña) políticas que solían llamarse de “izquierda”, oponiéndose a la guerra y mejorando las condiciones económicas de los trabajadores y agricultores nacionales, pero no las de los inmigrantes. Y como fue el caso de la vieja izquierda, los principales partidarios de la derecha son los votantes más jóvenes. Después de todo, son los más afectados por la caída de los salarios reales en toda Europa. Ven que su camino hacia la movilidad ascendente ya no es el que fue para sus padres (o abuelos) en la década de 1950, después del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando había mucha menos deuda de vivienda, tarjetas de crédito u otras deudas del sector privado, especialmente deuda estudiantil.

En aquel entonces, todo el mundo podía permitirse comprar una casa contratando una hipoteca que sólo absorbía el 25% de sus ingresos salariales y se autoamortizaba en 30 años. Pero las familias, las empresas y los gobiernos de hoy se ven obligados a pedir prestado sumas cada vez mayores sólo para mantener su statu quo.

La antigua división entre partidos de derecha e izquierda ha dejado de tener sentido. El reciente aumento de partidos descritos como de “extrema derecha” refleja la oposición popular generalizada al apoyo de Estados Unidos y la OTAN a Ucrania contra Rusia, y especialmente a las consecuencias de ese apoyo para las economías europeas. Tradicionalmente, las políticas pacifistas han sido de izquierda, pero los partidos de “centro-izquierda” de Europa están siguiendo el “liderazgo en la trastienda” pro-guerra de Estados Unidos (y a menudo por debajo de la mesa). Esto se presenta como una postura internacionalista, pero se ha vuelto unipolar y centrada en Estados Unidos. Los países europeos no tienen una voz independiente.

Lo que resulta ser una ruptura radical con las normas del pasado es que Europa siga la transformación de la OTAN de una alianza defensiva a una alianza ofensiva en consonancia con los intentos de Estados Unidos de mantener su dominio unipolar de los asuntos mundiales. Unirse a las sanciones de Estados Unidos a Rusia y China y vaciar sus propios arsenales para enviar armas a Ucrania para tratar de desangrar la economía rusa no ha perjudicado a Rusia, sino que la ha fortalecido. Las sanciones han actuado como un muro protector para su propia agricultura e industria, lo que ha llevado a inversiones que desplazan las importaciones. Pero las sanciones han perjudicado a Europa, especialmente a Alemania.

El fracaso global de la versión occidental actual del internacionalismo

Los países BRICS+ están expresando las mismas demandas políticas de ruptura con el statu quo que buscan las poblaciones nacionales de Occidente. Rusia, China y otros países líderes del BRICS están trabajando para deshacer el legado de polarización económica cargada de deudas que se ha extendido tanto por Occidente como por el Sur Global y Eurasia como resultado de la diplomacia de Estados Unidos, la OTAN y el FMI.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el internacionalismo prometió un mundo pacífico. Las dos guerras mundiales se atribuyeron a rivalidades nacionalistas. Se suponía que esto terminaría, pero en lugar de que el internacionalismo pusiera fin a las rivalidades nacionales, la versión occidental que prevaleció con el fin de la Guerra Fría ha visto a Estados Unidos, cada vez más nacionalista, enredarse en Europa y otros países satélites contra Rusia y el resto de Asia. Lo que se presenta como un “orden basado en reglas” internacional es aquel en el que los diplomáticos estadounidenses establecen y cambian las reglas para reflejar los intereses estadounidenses, mientras ignoran el derecho internacional y exigen que los aliados estadounidenses sigan el liderazgo estadounidense en la Guerra Fría.

Esto no es un internacionalismo pacífico. Es una alianza militar unipolar con Estados Unidos que conducirá a una agresión militar y sanciones económicas para aislar a Rusia y China. O más concretamente, aislar a los aliados europeos y otros de su antiguo comercio e inversión con Rusia y China, haciendo que esos aliados dependan más de Estados Unidos.

Lo que en la década de 1950, bajo el liderazgo de Estados Unidos, pudo haber parecido a los europeos occidentales un orden internacional pacífico e incluso próspero, se ha convertido en un orden estadounidense cada vez más autopromocionado que está empobreciendo a Europa. Donald Trump ha anunciado que apoyará una política arancelaria proteccionista no sólo contra Rusia y China, sino también contra Europa. Ha prometido que retirará la financiación a la OTAN y obligará a los miembros europeos a asumir todos los costos de restablecer su agotado suministro de armamentos, principalmente mediante la compra de armas estadounidenses, a pesar de que éstas no han funcionado muy bien en Ucrania.

Europa debe quedar aislada de sí misma. Si los partidos políticos no centristas no intervienen para revertir esta tendencia, las economías de Europa (y también las de Estados Unidos) se verán arrastradas por la polarización económica y militar nacional e internacional actual. Entonces, lo que resulta radicalmente perturbador es la dirección en la que se dirige el statu quo actual bajo los partidos centristas.

Apoyar el impulso estadounidense para dividir a Rusia y luego hacer lo mismo con China implica unirse al impulso neoconservador de Estados Unidos para tratarlos como enemigos. Eso significa imponer sanciones comerciales y de inversión que están empobreciendo a Alemania y otros países europeos al destruir sus vínculos económicos con Rusia, China y otros rivales designados (y, por tanto, enemigos) por Estados Unidos.

Desde 2022, el apoyo de Europa a la lucha de Estados Unidos contra Rusia (y ahora también contra China) ha puesto fin a lo que había sido la base de la prosperidad europea. El antiguo liderazgo industrial de Alemania en Europa –y su apoyo al tipo de cambio del euro– está llegando a su fin. ¿Es esto realmente “centrista”? ¿Es una política de izquierda o de derecha? Como quiera que la llamemos, esta fractura global radical es responsable de la desindustrialización de Alemania al aislarla del comercio y la inversión en Rusia.

Se está ejerciendo una presión similar para separar el comercio europeo de China. El resultado es un creciente déficit comercial y de pagos de Europa con China. Junto con la creciente dependencia de Europa de las importaciones de Estados Unidos para lo que solía comprar a menor costo en el Este, el debilitamiento de la posición del euro (y la incautación por parte de Europa de las reservas extranjeras rusas) ha llevado a otros países e inversores extranjeros a deshacerse de sus reservas de euros y libras esterlinas, debilitando aún más las monedas. Esto amenaza con elevar el coste de vida y de impedir hacer negocios en Europa. Los partidos “centristas” no están produciendo estabilidad, sino contracción económica a medida que Europa se convierte en un satélite de la política estadounidense y su antagonismo con las economías BRICS.

El presidente ruso Putin dijo recientemente que la ruptura de las relaciones normales con Europa parece irreversible durante los próximos treinta años aproximadamente. ¿Permanecerá toda una generación de europeos aislada de las economías de más rápido crecimiento del mundo, las de Eurasia? Esta fractura global del orden mundial unipolar de Estados Unidos está permitiendo que los partidos anti-euro se presenten no como extremistas radicales, sino como personas que buscan restaurar la prosperidad y la autosuficiencia diplomática perdidas de Europa (de una manera antiinmigrante, de derecha, sin duda). Esa se ha convertido en la única alternativa a la política pro-estadounidense, ahora que ya no queda una izquierda real.

 

Fuente https://michael-hudson.com/2024/07/the-need-for-a-new-political-vocabulary/

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¡¡COMANDO UCRANIANO EN SHOCK: EJÉRCITO RUSO CAPTURA ROZOVKA Y PISHCHANE!!

domingo, 21 de julio de 2024

Judíos fundamentalistas en pie de guerra contra los militares de Israel

 

Judíos fundamentalistas en pie de guerra contra los militares de Israel

 


Por Julián Varsavsky

Rebelion

17/07/2024 



Fuentes: Página/12

La Corte Suprema los obliga a alistarse y resistieron a los militares que los quieren reclutar.

Este martes una turba de judíos ultraortodoxos atacó a dos oficiales del Ejército israelí en Bnei Brak —periferia de Tel Aviv— cuando salían de una reunión con un rabino para crear una brigada de religiosos fundamentalistas en las fuerzas armadas. Medio centenar de hombres de saco y sobretodo negros, camisa blanca y sombrero, se enervaron al descubrirlos y comenzaron a gritar “¡asesinos!», mientras lanzaban botellas: uno se arrojó sobre el capó de un auto para impedirles partir. La consigna es «muertos o presos, antes que alistados».

Quizá Benjamín Netanhayu tenga ya decidida una fecha de invasión al Líbano y debe reforzar su tropa para operar en ese frente, en Gaza y en una Cisjordania cada día más violentada: necesita reclutas mientras centenares de miles de personas han abandonado el país. Aunque extendió a 3 años el servicio militar, no alcanza y el Gobierno ha ido a por los eximidos: los judíos ultra religiosos. Estos se resisten, considerando que tener una fuerza armada es tan importante como una fuerza de religiosos estudiando la Torá de lo cual dependería la existencia misma de Israel. Y lo dicen en un sentido literal, oponiéndose violentamente a empuñar las armas. El resto de la sociedad observa cómo 325 de sus hijos han muerto en Gaza, mientras los ultra religiosos son mantenidos por el Estado solo para rezar y estudiar libros sagrados casi todo el día. La situación se volvió insostenible.

Las condenas políticas 

El episodio en Bnei Brak fue condenado por amplios sectores de la política israelí, incluido Yitzhak Goldknopf, líder del partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá, clave en la coalición de Gobierno de Benjamín Netanyahu. También lo condenaron los dos ministros más ultraderechistas, Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich que representan a los colonos, muy belicistas.

Los ultraortodoxos “haredí” son los que organizaron protestas en las últimas semanas contra la integración forzosa de sus jóvenes en el Ejército, después de que el Tribunal Supremo israelí ordenara tomar medidas para aumentar el número de religiosos que realizan el servicio militar obligatorio. El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, aprobó el envío de órdenes de reclutamiento a ultraortodoxos a partir del mes de agosto, sin especificar cuántos de los 63.000 haredim en edad militar serán reclutados. Las fuerzas armadas han avisado que para el año 2024 solo podrían reclutar a 3.000 porque los ultra ortodoxos tienen requisitos especiales referidos a la dieta kosher y la convivencia con mujeres: tendrían que acomodar a los nuevos reclutas en batallones especiales.

Los jóvenes que estudian a tiempo completo en las escuelas talmúdicas yeshivá están exentos del servicio militar, al igual que los árabes israelíes (estos últimos difícilmente aceptarían pelear contra los palestinos que son sus hermanos).

«Sin base legal»

La exención de los religiosos había sido prorrogada a través de disposiciones especiales pero hace tres semanas el Supremo decidió que «no existe base legal para excluir a los hombres ultra ortodoxos del reclutamiento» y que si no sirven al Ejército, tampoco deben recibir subvenciones educativas ni asistencia social. A pesar de que el servicio militar es mixto, en el caso de los ortodoxos no convocarán a las mujeres. 

Consultado por Página/12, el analista político Daniel Kupervaser explicó desde Israel: “Desde la creación del Estado de Israel, Ben Gurion aceptó el pedido de líderes ultra ortodoxos de eximir de la obligación militar a solo 400 jóvenes dedicados única y permanentemente al estudio de la Torá con perspectiva de convertirlos en eminencias en el tema. El problema se complicó cuando el componente ultra ortodoxo comenzó a tomar peso formando partidos políticos. Hoy son un 14 por ciento de la población de más de 18 años —60.000 posibles reclutas— y por su alta natalidad, su peso crecerá significativamente: hoy se acercan al 25 por ciento de los niños que comienzan los estudios primarios”.

Según Kupervaser, el sector ultra-ortodoxo de la sociedad ganó peso por el sistema parlamentario israelí, donde a pesar de ser minoritarios, son un factor crítico de intervención en la política ya que su capacidad de desempate deja en sus manos el coronar o derrocar gobiernos. Y aclara que no se debe confundir a los anteriores con los religiosos nacionalistas que son un 12 por ciento de la población y sí se alistan al ejército. Y tampoco se debe mezclarlos con otra secta dentro de los ultra ortodoxos llamada Naturi Karta, antisionistas y pro-palestinos, quienes son una minoría ínfima. Gran parte de ellos vive en el barrio Mea Shearim de Jerusalén en unas pocas cuadras semipeatonales, casi amurallados en un ambiente que remite un poco al medioevo, haciendo una selección del uso de las tecnologías de acuerdo a su interpretación de los mandatos bíblicos: las noticias del barrio se publican en afiches que pegan en la calle. 

Ellos consideran que el Estado de Israel es una abominación que no debería haberse creado ya que eso solo sería posible con la llegada del mesías y bajo su liderazgo. A modo de provocación, ellos violan la muy estricta prohibición que colocar en público siquiera un pin con la bandera palestina: la pintan en paredes y las izan muy alto para que a los soldados le cueste mucho bajarlas. Luego golpean —sin mucho énfasis— a los religiosos, quienes para evitar los embates envían a sus hijos más pequeños a blandir en la cara de los militares banderitas palestinas, muertos de risa. Porque ellos se consideran judíos palestinos que viven aquí desde hace siglos. Y lo hacen de una manera sumamente ortodoxa, casi sin salir del lugar. Tampoco les agradan los extraños: a este cronista lo expulsaron arrojándole un fierrito en la espalda y a los gritos, por ir filmando por la calle con un celular. 

La mirada del sociólogo 

Andy Faur es un sociólogo argentino —rabino laico— y explica a Página/12 desde Jerusalén que “no más del 50 por ciento de los jóvenes ultra ortodoxos estudian realmente en las yeshivot; el resto están registrados pero no van a las clases, trabajan en tareas informales o deambulan por las calles. Esos jóvenes son también prisioneros del sistema, siguiendo un camino predeterminado por sus líderes desde el nacimiento. Este sistema totalitario los tiene atrapados: al no tener estudios o habilidades laborales para su inserción en la sociedad, están a merced de la ayuda de sus instituciones y organizaciones comunitarias. Al casarse muy jóvenes, tener muchos hijos y no poder sustentarse, dependen de los subsidios que puedan conseguir dentro de sus herméticas comunidades. Son el sector más empobrecido y falto de preparación y por ello reciben privilegios del Estado, incluyendo subsidios por estudiar —aunque la mitad no lo haga—, a diferencia de los universitarios que pagan sus estudios. Netanyahu está metido en un embrollo porque tiene que acatar la orden judicial de reclutar a los ultra ortodoxos, al tiempo que su principal soporte político son dos partidos ultra ortodoxos —Shas y Agudat Israel— que se oponen a esto, lo cual pone en vilo la continuidad de su gobierno”.

Susana Durman —argentina exiliada en 1975— declara para Página/12 desde Maalot —norte de Israel— con sonido de bombas de fondo: “No estoy de acuerdo en absoluto con la idea de enviar a los ultra religiosos al Ejército, porque la solución a todo lo que está pasando no es que haya más soldados, sino hacer la paz. Es absurdo lo que quieren hacer”. 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/752705-los-ultraortodoxos-no-quieren-ser-soldados

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URGENTE! LA OTAN NO PUDO REACCIONAR: RUSIA DESTRUYÓ UN IMPORTANTE OBJETI...

PIERDEN KRASNOARMEYSK: RETIRADA MASIVA DE TROPAS UCRANIANAS | TheMXFam

La izquierda francesa logra un éxito parlamentario

 

 

La izquierda francesa logra un éxito parlamentario

  • El bloque que aglutina a los partidos franceses de izquierda Nuevo Frente Popular ha logrado el dominio del Buró de la Asamblea Nacional, su máxima instancia ejecutiva.

TERCERAINFORMACION / 20.07.2024


Asamblea Nacional de Francia / Archivo

 

Tras perder la batalla por la presidencia de la Asamblea ante el oficialismo, la fuerza integrada por insumisos, socialistas, ecologistas y comunistas logró 12 de los 22 puestos del Buró, entre ellos el de dos de sus seis vicepresidentes.

Con esta mayoría absoluta las cosas van a cambiar, afirmó la diputada Mathilde Panot, jefa de la bancada de La Francia Insumisa en la cámara baja.

El resto de los escaños en la instancia parlamentaria terminaron en poder de la alianza oficialista (cinco), los conservadores (tres) y los independientes (dos).

La noticia en este proceso de elección de cargos fue que el partido de extrema derecha Agrupación Nacional, el que más votos recibió en las legislativas francesas, quedó sin representación en el Buró.

Los seguidores de Marine Le Pen denunciaron un ataque a la democracia, después que la izquierda liderara una cruzada para evitar que la extrema derecha llegase a puestos importantes en la Asamblea Nacional.

Pese a ser la fuerza con más diputados en el Palacio Borbón, aunque lejos de la mayoría absoluta, el Nuevo Frente Popular no pudo conseguir la presidencia de la Asamblea, tras la derrota de su candidato, el comunista André Chassaigne, ante la oficialista Yael Braun-Pivet, quien retuvo el cargo.

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Entrevista a Hugo Chávez

 

Publicada pocos días antes de las elecciones que llevarían a Chávez a la presidencia del gobierno, esta entrevista revela su propósito de sacar al pueblo venezolano del sometimiento al que la oligarquía de siempre pretendía mantenerlo. El Viejo Topo 124, diciembre de 1998.


Entrevista a Hugo Chávez


Hemeroteca 

 

EL VIEJO TOPO / 21 julio, 2024



De Gonzalo Ramírez Quintero

Quiero comenzar esta entrevista con una pregunta elemental, pero al mismo tiempo esencial: ¿cómo te defines políticamente?

—Como bolivariano y revolucionario; ésta es mi definición política. Claro, cada quien es libre de definirme según su propia visión o su propio lente. Pero aplicándome yo mi propio lente, soy bolivariano en esencia y revolucionario. Para mí, Bolívar no pertenece a la historia documental: es una referencia viva y actuante en el presente. Los ideales libertarios de Bolívar son para mí una fuente de inspiración permanente y, también, una guía para la acción. Si tomamos en cuenta la crisis endémica que padece Venezuela, no nos podemos dar el lujo de prescindir de un legado político tan coherente como el que nos dejó el Libertador. De ello se sigue naturalmente lo de revolucionario: cómo no contrastar la utopía revolucionaria y fundacional de Bolívar con el proceso de desarticulación que el proyecto neoliberal ha impuesto a nuestros países. Los supuestos aparentemente inconmovibles de lo que se ha llamado el pensamiento único tienen su más severo cuestionamiento en la marginación política, económica y social que padecen, cotidianamente, millones de latinoamericanos. El pensamiento de Bolívar es, en este preciso sentido, una invitación permanente para repensar y rehacer todo de nuevo.

 

¿Cómo valoras hoy la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 y por supuesto, tu participación central en este importante acontecimiento de la reciente historia venezolana?

—Creo que para valorar el 4 de febrero en su justa dimensión hay que echar una mirada larga hacia atrás, y, además, hay que conocer muy bien la realidad venezolana de los últimos veinte años, por lo menos. A un lector español, que no tenga un entendimiento cabal de la situación venezolana, el 4 de febrero le parecerá un golpe militar más, y Hugo Chávez un golpista más. Pero la realidad no es tan simple. El 4 de

febrero es de esas fechas que cambian el rumbo de la historia y hacen posible la apertura de nuevos caminos. El 4 de febrero marca el comienzo del fin del sistema partidocrático que se apoderó de Venezuela en 1958, y que ha hecho que la palabra democracia se haya devaluado entre nosotros y que

hoy carezca de un contenido real. Nuestra insurrección estuvo dirigida contra un estado de cosas sencillamente intolerable. El juego político se hallaba en aquel entonces absolutamente cerrado, y no nos quedó otra alternativa que usar las armas que nos había confiado la República para restituirle al pueblo venezolano sus derechos y su dignidad. La generación militar de la que yo formo parte se cansó de representar el triste papel de perros guardianes del sistema, y decidió, con una clara vocación democrática y libertaria, reencontrarse con el pueblo.

 

¿Dirías que no respondes al estereotipo habitual del militar latinoamericano que, debido a las funestas dictaduras que ha padecido el continente a lo largo de su historia, puede tener un observador de nuestra realidad?

—Recuerdo, siendo cadete de tercer año, la conmoción que me produjo el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, en el que Augusto Pinochet asesinó el sueño de Salvador Allende y de millones de chilenos de construir un Chile más justo y verdaderamente democrático. Aquel episodio me convirtió en un enemigo acérrimo del gorilismo latinoamericano. Pongo este ejemplo para decirle al lector español interesado en nuestra realidad que la posición que me ha tocado asumir en este momento está muy alejada del modelo del militar latinoamericano que representa Pinochet. Y aquí nos volvemos a encontrar con Bolívar. El ejército venezolano fue la columna vertebral de buena parte del proceso independentista de nuestro continente; por esta razón era conocido con el nombre de Ejército Libertador. Nosotros quisimos ser dignos de ese compromiso que nos imponía la historia. Hay que decir también que la historia latinoamericana de este siglo nos ofrece ejemplos de otro tipo de militar latinoamericano. Baste con citar a Jacobo Arbenz, Lázaro Cárdenas, Ornar Torrijos, Carlos Prats, Juan Velasco Alvarado, Líber Seregni… Lo que ocurre es que, en el proceso histórico latinoamericano, los militares nos hemos visto situados entre dos extremos: en un extremo, el gorilismo latinoamericano, con su secuela de crímenes y atropellos, y en el otro extremo, el caso, por ejemplo, de los militares venezolanos, destinados a servir de guardia pretoriana de una casta política ciega, corrupta y antidemocrática. En el caso venezolano, los militares tienen que insertarse en el largo y necesario proceso de reconstrucción nacional. En nuestras Fuerzas Armadas, y lo digo con conocimiento de causa, hay un inmenso potencial que tiene que ser puesto al servicio del país. Nuestras Fuerzas Armadas son, entre otras cosas, un mecanismo de educación permanente, y esto crea una altísima responsabilidad.

 

—¿Cómo viviste la rebelión popular del 27 de febrero de 1989? ¿Qué reflexión te produjo la inmensa escalada represiva, en la que se utilizó al Ejército, ordenada por Carlos Andrés Pérez?

—Yo he dicho muchas veces que el «Caracazo» –es decir, la rebelión popular del 27 de febrero de 1989– nos confrontó de manera descarnada con el país. Entendimos inmediatamente que el reclamo popular, expresado de manera violenta por la ausencia de canales efectivos para poder manifestarse, era justo. Y la gota que derramó el vaso fue vernos convertidos en un Ejército de ocupación dentro de nuestro propio país.

—¿Por qué no se rebelaron en aquel momento?

—Porque, desde el punto de vista militar, no teníamos ninguna posibilidad de hacerlo. Si hubiésemos tenido la menor capacidad, ten la seguridad de que lo habríamos hecho en el mismo instante. Desde un punto de vista personal –una variable muy pequeña pero que, también, incide en esto–, yo estaba de reposo, y de reposo absoluto, porque tenía lechina. No sé si sabes que la lechina, la varicela, es una enfermedad que a los treinta y tantos años puede ser mortal… Yo trabajaba entonces en el Palacio de Gobierno, en la secretaría del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa. El 27 de febrero halló a nuestro Movimiento, el Movimiento Bolivariano Revolucionario, totalmente desarticulado. Sus principales jefes, como en mi caso, no teníamos comando de tropas. Algunos muchachos muy jóvenes tenían comando, pero éste era fragmentario, es decir, comandos de no más de cien hombres. Para colmo de males, el mayor Felipe Acosta Caries, uno de los jefes del Movimiento, fue asesinado en una situación muy confusa al tratar de detener la escalada represiva en un barrio de Caracas. Ahora, más allá del drama personal que cada quien vivió, del dolor de ver las calles de Caracas manchadas de sangre y de sentirnos un ejército de ocupación en nuestra patria, el 27 de febrero nos despertó a todos. Yo dije en esos días en los cuarteles, y hasta me metieron preso por decirlo, que nos había caído la maldición de Bolívar, cuando decía «Maldito el soldado que vuelva las armas contra su pueblo».

Así que no teníamos otra manera de quitarnos la maldición que usar las armas –como lo hicimos tres años después contra un régimen que demostró, en esos días, que no respetaba en lo más mínimo los derechos civiles y humanos de nuestro pueblo. Es posible que nadie en el planeta sea capaz de comprender por qué jóvenes militares de rango universitario, que nada tienen que ver con esos gorilas de los que hablábamos,

hicimos una rebelión armada… Teníamos que hacerlo, por mandato de un juramento y porque estábamos señalados por la mano acusadora de nuestro pueblo. El «Caracazo» decretó el 4 de febrero, y el 4 de febrero es su consecuencia directa. Una juventud militar cansada de ver cómo la casta política destrozaba literalmente al país y, además, pretendía usar a las Fuerzas Armadas –como lo hizo el 27 de febrero– para reprimir el justo reclamo del pueblo, decidió rebelarse contra un estado de cosas sencillamente intolerable.

 

—El «Caracazo» puso de manifiesto, entre otras cosas, un gravísimo problema. Me refiero a la inmensa deuda social acumulada, producto de años de desgobierno y saqueo. Es obvio que el modelo liberal tiene severas limitaciones para dar respuestas a un problema como éste.

—Lo primero que hay que tener en cuenta –y esto resulta evidente para cualquier observador desapasionado de nuestra realidad– es que el país está en las peores manos. La dirigencia política del país es percibida actualmente por una mayoría sustancial de venezolanos como una junta de negociantes, cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder para seguir haciendo negocios. Es increíble que uno de los países del continente con las mejores perspectivas de despegue económico, que habría sido capaz de garantizar una justa redistribución del ingreso, se haya convertido en un país con uno de los índices de pobreza crítica más altos. En este desolador panorama, sobresale la impunidad de una clase dirigente

que ha hecho de la política una forma de beneficio personal. Venezuela vive, qué duda cabe, una circunstancia particularmente trágica. Ahora, tengo la firme convicción de que este panorama puede cambiar. Para ello es necesario, en primer lugar, definir un nuevo proyecto nacional, capaz de integrar

verdaderamente a todos los venezolanos. La ineptitud de la clase dirigente ha hecho que, desde 1958 hasta hoy, se acumule una enorme cantidad de problemas. Es fácil constatar que, desde 1989, los diques se han roto estrepitosamente.

Por ello, para garantizar la viabilidad del país, es necesaria una nueva conducción política que, armada de valentía, sensatez y sentido de la responsabilidad, no eluda los problemas, sino que los afronte. En el orden político, económico y social, es necesario llevar a cabo una serie de cambios puntuales que le permitan a Venezuela coger un segundo impulso. Si estos cambios no se realizan, el país se nos puede ir de las manos.

Lo que nosotros hemos estado proponiendo a lo largo del territorio nacional es el relanzamiento de la democracia. Es imprescindible pasar de una democracia de súbditos, como ésta que tenemos ahora, a una verdadera democracia de ciudadanos. En Venezuela, el ejercicio real de la ciudadanía –sin el cual la palabra democracia carece de contenido– ha sido hasta hoy una entelequia. Al igual que muchos venezolanos, yo quiero que la democracia se convierta en lo que no ha logrado ser nunca en Venezuela, en una práctica cotidiana. La partidocracia saca del armario en cada campaña electoral la palabra participación, para luego gobernar cinco años a espaldas de la gente. La Asamblea Constituyente –que es el eje de nuestra propuesta política– pretende ofrecer a los venezolanos la posibilidad de participar plenamente en la construcción de un nuevo país. No es casual, por cierto, que nuestro pueblo haya hecho suya esta propuesta –como lo muestran todos los sondeos de opinión y, más allá, como se respira todos los días en la calle.

 

La Asamblea Nacional Constituyente es la principal propuesta política del Polo Patriótico que representas en las elecciones presidenciales del próximo 6 de diciembre. ¿En qué sentido supone una alternativa de cambio real?

—En primer lugar, la Asamblea Constituyente nace de la necesidad de establecer un nuevo pacto social en Venezuela. Si se quiere, en términos más teóricos, un nuevo contrato social. Se trata de rediseñar un nuevo orden político y social, porque el actual está definitivamente agotado. No es aventurado afirmar que el contrato social que se materializó en la Constitución de 1961 se ha vuelto completamente obsoleto y es incapaz de generar respuestas para hacer frente a la actual crisis venezolana. Es por eso por lo que nosotros hablamos de refundar la República. Conviene señalar, por ejemplo, que la división de poderes es un espejismo en nuestro país. En este aspecto, hay que volver a mirar hacia atrás. En 1958, después de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, Acción Democrática y Copei establecieron un pacto para crear una democracia en la que todo, absolutamente todo, quedaba subordinado a la voluntad de la alta dirigencia de ambos partidos. Si el poder judicial, por ejemplo, hoy está totalmente corrompido y obedece ciegamente las órdenes de las cúpulas partidistas, eso no tiene nada de casual. A la clase política no le interesaba un poder judicial independiente que se convirtiera en un muro de contención frente a su rapacidad.

Es preciso señalar que la corrupción es una práctica tan generalizada, que se habla de Venezuela como de una sociedad de cómplices. Es por eso que el proceso de refundación de la República tiene que pasar, necesariamente, por una revisión descarnada de la mitología que la clase política venezolana ha forjado en 40 años de atropellos. Sintetizando, se puede decir que la división clásica de poderes –ejecutivo, legislativo y judicial– ha dejado de funcionar, porque una oligarquía política y jurídica controla el poder de manera absoluta. Se trata, a través de la Asamblea Constituyente, de crear un nuevo modelo político donde los derechos y las libertades ciudadanas tengan un sentido real y no, como ahora, meramente

retórico. A mi manera de ver, una de las cosas que hace más apasionante al proceso constituyente es que va a generar una discusión intensa e inédita sobre qué país queremos. De allí que la Constituyente sea, en primer lugar, un problema político, y no, como sostiene cierto leguleyismo miope, jurídico. Un determinado estilo y una determinada forma de hacer política, que entró en estado de coma en 1989, tiene que morir definitivamente y dar paso a un nuevo proyecto nacional hecho por y para el pueblo venezolano. En el fondo, el desprecio o la indiferencia que la clase política siente por nuestro pueblo, no le permite ver que la Constituyente es la única forma de garantizar un cambio pacífico –y no traumático– de la sociedad venezolana. Además –y quisiera que esto quedara claro para el lector español– este proceso no va a ser una imposición de un gobierno encabezado por Hugo Chávez. Se convocará un referéndum con la finalidad de consultar a los ciudadanos si quieren o no la Constituyente. Hoy en día no dudamos, porque así lo reflejan todos los sondeos de opinión, que la respuesta será afirmativa. Repito, el sistema político actual no tiene capacidad para renovarse, carece de razón de ser. De hecho, cuando la clase política habla de devolver la gobernabilidad al país, sin saberlo está confesando su rotundo fracaso. Una de las consecuencias más funestas de este fracaso es que las grandes mayorías en Venezuela no se sienten representadas por el Estado, ya que éste, en incontables ocasiones, ha vuelto la espalda al interés común. Tenemos que construir un Estado genuinamente democrático que sea la expresión legítima de todos los ciudadanos.

Hoy el Estado venezolano –o la caricatura de Estado diseñada en 1958– sólo es la expresión de intereses mezquinos y subalternos. Quiero decirle al lector español que el verdadero enemigo de la democratización del Estado y la sociedad venezolanos es el bipartidismo –Acción Democrática y Copei–, que, como decía Jorge Eliécer Gaitán en el caso de Colombia, ha escindido brutalmente a Venezuela en dos: un «país político» y un «país nacional». Por eso, el Polo Patriótico, que rengo el honor de representar en estas elecciones, se ha convertido en una referencia para los venezolanos que aspiran a la creación de un orden distinto y más justo, capaz de llevar a cabo las reformas estructurales que el país necesita. Lo que nosotros proponemos es una revolución pacífica y democrática que le devuelva plenamente la dignidad a las grandes mayorías. Por consiguiente, el objetivo del proceso constituyente no es sólo la formulación de un nuevo contrato, una nueva Constitución, sino, también, la recuperación de la soberanía

popular, que el pueblo venezolano vuelva a ser el actor principal de su propio destino. De allí que en el Transcurso de la campaña electoral hayamos observado un entusiasmo popular que, sin lugar a dudas, constituye una experiencia realmente inédita en el país. Esto refuerza nuestro compromiso y acentúa nuestra responsabilidad.

Tu actuación política, desde el 4 de febrero de 1992, ha tenido un fuerte componente nacionalista. ¿Qué significa el nacionalismo desde la perspectiva actual de tu candidatura?

—Cuando decía al comienzo que me defino como bolivariano y revolucionario, no me refería a una simple consigna ni estaba utilizando una retórica patriotera. Mis enemigos políticos han intentado descalifícame de todas las formas posibles: primero me acusaron de ser comunista, y ahora resulta

que soy fascista… Lo que sucede es que mi concepción de la democracia no se orienta hacia el beneficio personal sino hacia el colectivo. Cuando nosotros hablamos de nacionalismo, y es bueno aclararlo, nos referimos a uno de los planteamientos del Libertador, que hoy tienen una indiscutible vigencia. El nacionalismo bolivariano es muy distinto de un nacionalismo primario. Bolívar, en uno de sus documentos, hablando sobre la Nación, expresó lo siguiente: «Primero el suelo nativo que nada. Para nosotros, la patria es la América».

Es decir, es un nacionalismo de corte amplio, extenso e integrador. No es, en absoluto, un planteamiento sectario ni chauvinista. Bolívar convocó el Congreso de Panamá con la visionaria idea de una gran Nación Latinoamericana. Insisto: para nosotros, ese planteamiento tiene hoy una vigencia mucho más poderosa que en el tiempo en que fue concebido por el Libertador. Pienso que esos viejos caminos nos siguen ofreciendo lecciones fundamentales para orientar la acción transformadora en el presente. Cuando se me tilda de anacrónico porque cito a Bolívar, porque invoco el pensamiento bolivariano, yo digo, con José Martí, «Bolívar todavía tiene mucho que hacer en América Latina». El pensamiento de Bolívar tiene una gran vigencia, por su planteamiento geopolítico integracionista de un gran bloque latinoamericano.

Para poder competir en este mundo globalizado, la integración, que no es solamente un concepto limitado al ámbito de la economía, es la única salida.

 

El modelo económico neoliberal no ha logrado resolver ningún problema de fondo en América Latina. Se le pide al pueblo que apoye a la democracia, pero se le excluye a través del mercado. El camino que ha trazado este modelo nos conduce, sin exagerar un ápice, a lo que Thomas Hobbes llamaba estado de naturaleza, es decir, un estado donde impera la ley del más fuerte. Si no se consigue que Venezuela entre en un proceso de democratización económica real y efectivo, el país va a continuar transitando por un callejón sin salida…

—Aun en el caso de que el mercado fuese la única alternativa, cosa de la que es perfectamente legítimo dudar, un mercado monopólico como el nuestro, un mercado cerrado donde las reglas son violadas permanentemente, ni siquiera permite pensar en que realmente por esa vía se puedan solventar las tremendas diferencias que existen en la sociedad venezolana. Los sucesivos gobiernos de esta etapa que está por concluir, y ésta es una muestra más de su incompetencia, no han sido capaces de armonizar los procesos económicos y no han buscado el necesario equilibrio para que los más débiles no sean pisoteados por los fuertes. Se da el hecho bien concreto de que los gobiernos corruptos son esclavos, socios integrados en el sistema financiero, en la banca corrupta, cómplices de los financistas que los colocan en el poder sencillamente para distribuirse luego el Estado como un botín de guerra. Por eso, la búsqueda de un modelo económico más justo pasa, necesariamente, por revertir la práctica política habitual. El modelo económico vigente ha generado en el país una inequitativa distribución de la riqueza, manteniendo a amplios sectores de la población en niveles de pobreza alarmantes y restringiendo su incorporación al aparato productivo. Nosotros propugnamos un modelo económico distinto –humanista, autogestionario y competitivo– que garantice una mejora sustancial en las condiciones de vida de los venezolanos más humildes. No es posible seguir desatendiendo la inmensa deuda social acumulada durante años de incuria y desgobierno.

Un modelo económico distinto no sólo debe garantizar la creación de empleo sino, también, mejoras en las condiciones de trabajo y salarios más dignos. Queremos que la economía venezolana, y no sólo el sector petrolero como ha ocurrido hasta ahora, avance hacia un modelo productivo. Es necesario plantear en el ámbito continental, además, un proceso de complementación de las economías, y no de competencia como lo exige la doxa neoliberal, porque consideráramos, en efecto, que esta otra vía es la alternativa más idónea para lograr un proceso de integración que no pase por la destrucción de las economías nacionales. Definitivamente, un nuevo proyecto nacional debe articular, también, una nueva propuesta económica que beneficie a las grandes mayorías silenciosas que han sido segregadas –política, económica y culturalmente– por el sistema político imperante. Ahora, es necesario decir que el pueblo venezolano va a dar el 6 de diciembre la más rotunda muestra de su deseo de modificar una situación que, desde todo punto de vista, se ha vuelto intolerable.

Nos proponemos crear una verdadera democracia económica donde sea el hombre, y no los indicadores macroeconómicos, el verdadero centro de atención del gobierno y su razón de ser. En el fondo, sólo una verdadera revolución nacional y democrática, que nos devuelva a los venezolanos la dignidad y el orgullo, puede hacer de Venezuela una morada para todos. Ese es nuestro empeño y nuestro objetivo.

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sábado, 20 de julio de 2024

ÚLTIMA HORA: RUSIA ELIMINÓ FUERZAS ESPECIALES OTAN EN UCRANIA | YEMEN JU...

El plan israelí para invadir el Líbano

 

Israel no ha podido aún vencer a Hamás, y muy probablemente no lo logrará en esta guerra. Ampliar la contienda, llevarla a una dimensión mayor implicando a otras potencias, podría ser su objetivo. Las consecuencias, imprevisibles.


El plan israelí para invadir el Líbano


Enrico Tomaselli

El Viejo Topo

20 julio, 2024 

 


Como reveló la agencia EuroPost , durante la reciente visita del Ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, a Estados Unidos, se celebró una reunión de alto nivel para discutir un audaz plan militar para una incursión de 20 kilómetros en el sur del Líbano, que implica tanto ataques aéreos como una invasión terrestre. En la reunión estuvieron presentes altos funcionarios de la administración Biden, entre ellos el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, el secretario de Estado, Antony Blinken, y el enviado especial de Joe Biden, Amos Hochstein.

Según este plan, las fuerzas de las FDI deberían centrarse en estas áreas (ver mapa):

  • marjayoun
  • Hasbaya
  • Bint Jbeil
  • nabatia
  • tibnino
  • Ain Ebel
  • Remeish
  • cana

Mientras que la operación de ataque aéreo podría incluir el Aeropuerto Internacional Beirut-Rafic Hariri (BEY) y la Base Aérea René Mouawad (Aeropuerto Qlayaat).

El objetivo de la operación sería, como siempre, hacer retroceder a las fuerzas de Hezbollah a través del río Litani (línea azul en el mapa).


De nuevo, según lo informado por la agencia EuroPost, una parte crítica de la discusión se refería a los planes de contingencia «en caso de que Hezbollah reaccionara» (nótese el «en caso» , como si fuera una posibilidad, no una certeza absoluta…). Y (sorpresa, sorpresa) si Hezbollah atacara con sus misiles áreas militares o civiles densamente pobladas en Israel, la respuesta israelí sería eliminar a los tres líderes principales de Hezbollah (aunque los servicios de inteligencia no están seguros de dónde está ahora Nasrallah, y ciertamente en el caso de que del conflicto los líderes militares de Hezbollah se trasladarán a bases subterráneas).

Incluso suponiendo que, obviamente, las fuentes estadounidenses e israelíes que dieron la información a la agencia EuroPost no proporcionaran detalles sobre el plan de invasión, algunas cosas destacan.

En primer lugar, como era de esperar, el ataque israelí comenzaría desde el saliente del este (los territorios ocupados del Líbano –las granjas de Sheeba– y Siria –los Altos del Golán), que se insinúa entre los dos países árabes. A partir de esta zona, para llegar a los centros principales (Nabatiah, Marjayoun y Hasbaya) y a la línea Litani, las fuerzas de Tzáhal tendrían que penetrar aproximadamente 7 kilómetros, en una zona montañosa y boscosa. Es más fácil llegar a la primera línea de objetivos en el suroeste (Remeish, Ain Ebel y Bint Jbeil), que están a un par de kilómetros de la frontera, mientras que la segunda línea (Qana y Tibnine) se encuentra a unos 7 kilómetros de distancia. Entre éste y el Litani, sin embargo, hay otra docena.

En caso de ataque, las fuerzas israelíes tendrían que afrontar dos problemas

– El territorio no es llano, por lo que el uso de vehículos blindados es muy limitado y se ve obligado a seguir rutas orográficamente predeterminadas, y al mismo tiempo está densamente protegido por una red de búnkeres de tiro conectados por pasajes subterráneos, algunos de los cuales son muy profundos.

– Los sistemas de misiles de Hezbollah lanzarían una lluvia de fuego tanto sobre objetivos militares (aeropuertos, concentraciones de tropas en la retaguardia, sistemas de la Cúpula de Hierro, etc.), como probablemente sobre asentamientos y ciudades de los colonos.

Incluso si Irán no interviniera, lo que sólo sucedería si Hezbollah estuviera en dificultades, es fácil predecir que tanto los ataques con misiles desde Yemen e Irak como los de la Resistencia Palestina en Gaza y Cisjordania aumentarían significativamente en intensidad; Además, todavía es posible que la línea de penetración israelí desde el saliente sea atacada en el flanco derecho, ya que tanto Hezbollah como unidades iraníes del IRGC están presentes en Siria. Si el conflicto se prolongara, no se puede descartar una intervención directa sobre el terreno por parte de las milicias chiítas iraquíes.

Más allá de la dificultad de lograr una penetración de esta profundidad (y posiblemente con altos costes en términos de vidas humanas y vehículos destruidos), el plan presenta dos enormes debilidades: en primer lugar, la respuesta prevista a la reacción de Hezbollah es simplemente infantil, carente de cualquier tipo de lógica militar. Incluso si Israel lograra eliminar a todos los principales líderes enemigos, pensar que esto podría detener la maquinaria de guerra de Hezbollah es una tontería, ya que allí también existe una cadena de mando, al igual que en las FDI, y la eventual eliminación de Gallant y Halevi ciertamente no detendría al ejército israelí.

Pero aún más significativa es la brecha entre el objetivo estratégico y la herramienta táctica. Si lo que Tel Aviv quiere es hacer retroceder a las fuerzas de Hezbollah hasta y más allá del río Litani, una incursión sería perfectamente inútil. Incluso si lograra lograr su objetivo (que es, cuanto menos, fantasioso), Hezbollah volvería a sus posiciones anteriores tan pronto como finalizara la incursión y las FDI se retiraran. Por lo tanto, para lograr el objetivo estratégico, Israel debería ocupar permanentemente el sur del Líbano. Y esto es algo que Israel es absolutamente incapaz de hacer, de ninguna manera. No está en la posición político-diplomática para hacerlo. No tiene las fuerzas militares para hacerlo. Es incapaz de soportar el peso económico, psicológico y militar de una guerra prolongada contra todos sus países vecinos.

El plan, por tanto, no es más que la proyección fantástica de los propios deseos, una traducción ilusoria –aunque aproximada– de éstos en planificación militar, si no literalmente una locura. Lo que, por supuesto, no excluye en modo alguno su aplicación efectiva.

Israel se encuentra en la clásica posición de zugzwang: haga lo que haga, pierde. Netanyahu es prisionero de la situación y sus ministros más fanáticos lo tienen cogido por las pelotas. Y aquellos que podrían equilibrar su influencia, haciendo pesar su contribución estratégica fundamental, es decir, Estados Unidos, se encuentran actualmente en las garras del caos, con un presidente ahora claramente fuera de sí –pero que se niega a dar un paso al lado– mientras su partido no está seguro de cómo y con quién reemplazarlo. Y los funcionarios de la administración estadounidense más cercanos a Tel Aviv, Blinken y Hochstein, son dos judíos sionistas.

Parafraseando a Mao Zedong, se podría decir que «hay un gran desorden bajo el cielo, por lo tanto la situación es excelente». Pero solo para los locos.

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