lunes, 6 de diciembre de 2021

¿Guerra en Ucrania?: EEUU traspasa las líneas rojas. [Elemental querido Watson, Guasón o Guason. Esto es cosa de Santa Lucía, patrona de la vista, la que tiene que meter mano en este asunto para ver el por qué los trabajadores no vemos más allá de palmo y medio de nuestras narices. Los trabajadores españoles pagamos anualmente para financiar los gastos de guerra, alimenticios, vestimenta y otros condimentos para USA (0 sea, los capitales dominantes de USA) a través de la OTAN a la que nos metió, pero que no nos metió, pero que metidos estamos, los que le mandaron a Felipe González del PSOE que nos metiera, pero que no nos metió pero que metidos estamos, más del 1,5% de toda la riqueza creada en un año por los héroes del trabajo que son los trabajadores, lo que podríamos dejar como cuchufleta si por lo menos los niños españoles estuvieran bien alimentados, porque si esto al menos se cumpliera ya podríamos echar mano del más puro y enraizado espíritu mólico patrio y decir: vale, que ya los niños españoles comen adecuadamente, y ahora, todo lo que sobre de la comida de los niños a la guerra que va. Guerra a la vista Watson, Guasón o Guason, que es la misma guerra que continúa después de acabada formalmente la II Guerra Mundial. Sí, sí, la II Guerra Mundial que prepararon los grandes capitales para poder salir de la crisis capitalista de los años 30 del siglo pasado. Oye, tú, Santa Lucía, que te voy a perdonar porque nadie es perfecto que no estés viendo lo que pasa, pero hija de mi vida y mi corazón, es que estás sorda también, que tampoco te enteras de lo que está pasando, y eso ya es demasié, eso ya no te lo puedo dejar pasar, lo siento mucho, y que lo sepas, o te espabilas o te meneo el cacharro ese que sujeta tu santidad y que te echo a rodar por los suelos y te quedas sin santidad (y sin paga) como yo me quedé sin padre. Como lo estás leyendo]

 

Estados Unidos está considerando la opción de una guerra en Ucrania. Hay indicios enormemente preocupantes. El futuro de Ucrania se anuncia complejo. Rusia no quiere la guerra. Si ha de intervenir lo hará, de forma rápida y decidida.


¿Guerra en Ucrania?: EEUU traspasa las líneas rojas

 

Eduardo Luque

El Viejo Topo

6 diciembre, 2021 


Los actores: Estados Unidos, la OTAN y la UE.

El equipo de Biden muestra sus flaquezas. Al frente del país un presidente que no gobierna, un hombre anciano e incapaz, un individuo que se duerme en las reuniones de alto nivel y que acabará siendo, si no lo es ya, una figura decorativa. La presidencia está en manos, cada día más, de ese “estado profundo” que no puede  asumir que EEUU no es la potencia hegemónica que fue. Lo anunciamos en su momento, la administración demócrata sería incluso peor que la republicana de Trump en política internacional. Es bien sabido que el ex -presidente norteamericano no inició ninguna nueva guerra, el actual, cuando era vicepresidente, lo hizo en siete. Es posible que Biden no acabe su mandato, su sustituta, que ya lo ha sido durante hora y media, será Kamala Harris, considerada un halcón.

La situación de Biden tras la debacle de Afganistán es muy frágil. A los 9 meses de su elección tiene la popularidad por los suelos; sólo un 43% de la ciudadanía aprueba su gestión frente al 51% que la desaprueba. Es el tercer presidente más impopular de la historia. Acumula más rechazo que Trump o Gerald Ford. La presidencia necesita de algún logro en política internacional, ya  que a nivel interno la situación se descontrola. Biden y sus consejeros son profundamente ignorantes. No saben que no podrán derrotar a Rusia porque,  si hay conflicto, Moscú saldrá a ganar.

Los Neo-con estadounidenses, instalados en las inmediaciones del poder, calientan el escenario ucraniano; se busca un conflicto limitado con Rusia. Es una repetición de escenarios conocidos. Tanto en 2019 como en 2020 la firmeza de Moscú evitó la guerra. La movilización masiva y decidida del ejército ruso disuadió a las mentes más alocadas. La situación ahora es peor. EEUU ha sobrepasado las líneas rojas trazadas por Putin. Tropas de la OTAN aterrizan estos días en Ucrania. EEUU y sus aliados tienen bases en territorio ucraniano (supuestamente son campamentos provisionales). Miles de efectivos con la excusa de maniobras se acumulan en la zona. Desde finales de noviembre, de forma intermitente la artillería pesada ucraniana bombardea las zonas de contacto entre Ucrania y las repúblicas independientes de Lugansk y Donetsk, en especial la ciudad de Gorlovka. Los ataques con artillería se intensifican a la espera de la orden de Washington. Este armamento estaba específicamente prohibido en los acuerdos de Minsk que evidentemente Kiev no está dispuesto a cumplir.

Las Repúblicas independientes avisan que no podrán resistir el empujón del ejército ucraniano rearmado ahora por la OTAN (Turquía ha transferido drones de ataque a Kiev y EEUU artillería moderna, misiles anti-carro javelín, carros de combate….) Pero Moscú no puede permitir la caída de estas repúblicas porque perdería Crimea y por extensión se incrementarían las tensiones en el Cáucaso. Todo ello en medio de un silencio atronador en los medios de comunicación. La cortina de humo que se ha generado para ocultar el peligro de guerra, es la cuestión de los refugiados en la frontera de Polonia y Bielorrusia y también  la nueva variante del covid-19.

EEUU considera la opción de la guerra. Hay indicios enormemente preocupantes. William Burns, director de la CIA, realizaba una visita no programada a Moscú a finales de noviembre. Los diarios norteamericanos especularon con una idea: Burns quería garantías de que, en caso de guerra, las tropas norteamericanas desplegadas en la frontera se salvarían, en caso de respuesta rusa. Tenía en mente lo sucedido en la bolsa de Debaltsevo, en febrero de 2015, cuando las tropas norteamericanas y ucranianas fueron cercadas. Rusia negoció la salida de los soldados norteamericanos que fueron evacuados por un pasillo abierto ex profeso mientras las tropas ucranianas colapsaron y se rindieron. Esta vez la respuesta rusa no fue tan complaciente como hace 6 años. Se conoce que se han producido contactos directos entre altos jefes militares rusos y estadounidenses sobre “reducción de riesgos y desconflicto operativo”. No han trascendido sus conclusiones.

Evidentemente a Biden le importa poco el sufrimiento que conllevaría un conflicto armado. Los factores que ahora definen el momento político  parecen confluir en este tiempo y este momento. Un enfrentamiento militar indirecto con Rusia, utilizando a Ucrania como “sparring”, daría argumentos a la OTAN para volver a ser; y justificaría su propia existencia. Por otra parte, debilitaría aún más a la Unión Europea (y las veleidades de construir un ejército europeo propio quedarían como mera ensoñación). Es cada vez más evidente que la UE es el componente civil de la OTAN. El uso histérico de la pandemia es la cortina de humo perfecta para ocultar los pasos hacia la guerra; justo ahora se cierran los países por una variante que ya se ha denunciado que no es más ni menos contagiosa que las que teníamos.

La guerra en Ucrania permitiría disciplinar a Europa sumando mayor proyección de fuerza en el escenario chino puesto que contaría con el apoyo cerrado de toda la UE y sus recursos militares. Esta es la perspectiva que analiza Biden. EEUU es adicta al éxito efímero. Los presidentes norteamericanos sólo ven el cortísimo plazo, carecen de una visión estratégica como la que poseen Pequín y Moscú. Pasó con Hong Kong cuando EEUU y Reino Unido incitaron las revueltas contra China. Tras la intervención de Pequín, EEUU abandonó a los estudiantes a su suerte. Trump y Pompeo lo vendieron como una victoria aunque Norteamérica perdiera la oportunidad de influir en China y la oposición china pro -yanqui quedara devastada. A medio y largo plazo el ganador fue China.

Posición de Ucrania

Ucrania camina, si no se ha transformado ya, en un Estado fallido. Está calificado como uno de los más corruptos del mundo; según los “papeles de Panamá, su anterior presidente, Petró Poroshenko”, evadía fondos (incluso estatales) a través de empresas en paraísos fiscales. El actual presidente Volodymyr Zelensky ha sido señalado como evasor en los papeles de “Pandora”. Este mediocre actor ganó las elecciones prometiendo la mejora de las relaciones con Rusia y el respeto a los acuerdos de Minsk. Zelensky es en realidad una marioneta en manos de EEUU que no tuvo intención de cumplir los acuerdos electorales. La pulsión fascista crece entre la clase dirigente bajo el amparo también de la UE. El gobierno ucraniano ha llegado oficialmente a reivindicar a un nazi ( Stepan Bandera) como héroe nacional.

Ucrania vive en una ficción democrática. Zelensky acaba de cerrar televisiones y diarios favorables a sus enemigos políticos y ha detenido al jefe de la oposición por “alta traición”. El presidente ucraniano ha perdido la mayoría en el parlamento. Ha sufrido incluso una escisión en su propio partido. Su poder peligra, sabe que su integridad física está en juego: si abandona el poder, la tentación de una salida violenta se incrementa; lo arriesgará todo, si es preciso, para mantenerse; los elementos neofascistas en el parlamento como Sbovoda lo empujan a la guerra al igual que EEUU.

Washington, incapaz de detener la construcción del Gulf Stream 2 que proporcionará gas ruso a Europa, redobla la apuesta. El conflicto marroquí-argelino (incitado por Washington) y el corte de uno de los dos gaseoductos, aumentará la escasez energética en Europa. Europa podría tener un invierno muy frio y oscuro.  Una guerra, utilizando a los medios para demonizar aún más a Putin, podría evitar que el Gulf Stream 2 se pusiera en marcha. Ucrania se enfrenta también a un invierno muy frío. Sin gas suficiente para autoabastecerse importa ahora carbón al alto precio, mientras en las repúblicas independientes existen importantes minas de carbón.

Zelensky está recibiendo mensajes equivocados de Washington y Bruselas que pueden hacerle creer que cuenta con su apoyo. La impunidad aparente de Kiev, cuyos bombardeos sobre población civil pasan desapercibidos para la prensa y los medio de comunicación occidentales, no hacen más que incrementar el peligro de conflicto. Es algo parecido a lo ocurrido en Georgia en 2008. Entonces M. Saakashvili atacó al personal de mantenimiento de la paz ruso y la población de Osetia del Sur. La lección que recibió fue muy dura.

El futuro de Ucrania se anuncia complejo. En las actuales circunstancias el país puede colapsar por el peso de su propia disfuncionalidad, colapso económico y una corrupción endémica, o bien al iniciar una guerra que obligaría a intervenir a Rusia aunque fuera a regañadientes.

Posición rusa

Rusia no quiere la guerra. Si ha de intervenir lo hará, de forma rápida y decidida. Putin nunca ha cruzado la línea roja expresamente, excepto en Georgia, y solo por pocos días.

Las líneas de comunicación directas entre la OTAN y el Kremlin hace meses que están rotas. A comienzos de octubre, sin mediar ningún conflicto, la OTAN expulsó a los diplomáticos rusos de su oficina en Bruselas; Moscú respondió rompiendo relaciones. Vladimir Putin, en la reunión ampliada del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, dijo: “En lo que respecta al Mar Negro, los últimos acontecimientos van más allá de ciertos límites. Los bombarderos estratégicos vuelan a una distancia de 20 kilómetros de nuestra frontera estatal y portan, como ustedes saben, armas muy peligrosas”.  Se refería a que en las maniobras de la OTAN se estaban ensayando ataques nucleares con armas auténticas (no con simulaciones). A comienzos de mes, el presidente bielorruso Alexander Lukashenko insistía en que los países occidentales buscaban empeorar la situación. El líder bielorruso sabe que en caso de conflicto su país se vería inmerso desde el primer momento. Bielorrusia tiene un ejército pequeño pero muy bien armado y entrenado. La acumulación de cazas bombarderos de la OTAN en países limítrofes como Rumania, Polonia, Letonia o Lituania: el aumento continuo de los vuelos de reconocimiento recogiendo información de inteligencia no auguran nada bueno. El embajador ruso en Londres, Andrei Kelin afirmó a la emisora británica Times Radio: “existe el riesgo de guerra por errores de cálculo en nuestra frontera oriental, y esto es lo último que queremos. Necesitamos prevenir este tipo de escalada, si ocurre”

Claramente Moscú ha de realizar una nueva demostración de fuerza. Será necesario mostrar nuevamente músculo militar para que se enfríen las mentes calenturientas. Las simulaciones de ataque a la flota inglesa encabezada por el portaaviones Queen Elizabeth (más de 30 en una semana) realizados por bombarderos SU-25 es una de las respuestas. La aviación inglesa intentando contrarrestar estas maniobras ha perdido su primer aparato. Otros planes se han acelerado e intensificado estos días: los acuerdos alcanzados con China parecen indicar que los sistemas de misiles balísticos de uno y otro país se coordinarán. Aun no podemos hablar de un tratado de ayuda mutua militar pero la torpeza norteamericana empuja en ese sentido. Por otra parte, teniendo en cuenta la perspectiva futura, Rusia ha de incrementar la interacción con el eje soberanista latinoamericano, apoyando a los países que Washington quiere desestabilizar y que considera como su patio trasero. A la más que probable instalación de misiles nucleares en Polonia, Rusia podría responder haciendo lo mismo en Venezuela. Las maniobras militares conjuntas con esos países cerca de las fronteras norteamericanas y en Alaska se hacen ahora imprescindibles.

Además, Moscú es consciente de que el otro escenario es el Pacífico. Las acciones hostiles contra China e indirectamente contra Rusia hacen que Irán entre también en esta ecuación. Nuevas maniobras a gran escala se anuncian entre estas tres naciones. La crisis en Ucrania, de producirse, podría acelerar la crisis en Taiwán; por otra parte Bielorrusia con el apoyo ruso podría recuperar la conexión con la zona rusa de Kaliningrado (el llamado “corredor de Suwalki” una franja de terreno que no tiene más de 96Km de longitud y que aislaría a las repúblicas bálticas). Un conflicto serio implicaría a Lituania y Bielorrusia ya que las líneas de suministro del ejército bielorruso y de la OTAN confluirían en la ciudad lituana de de Kalvarija. Rusia lo ha advertido: en caso de un conflicto en Crimea el estado ucraniano como tal desparecerá. Hay más de un millón de rusos en las repúblicas independientes que Moscú no abandonará.

La posición turca[1]

El presidente turco es un gran aficionado a chapotear en todos los charcos. Ahora se ofrece como mediador entre unos y otros, mientras vende armas a la parte ucraniana y fomenta la milicia turco-tártara que, llegado el caso, combatirá con Kiev contra Moscú. El objetivo turco es expandir la influencia de Ankara en territorio de las ex repúblicas soviéticas. Ankara ya se inmiscuyó en el Transcáucaso apoyando militarmente a Azerbaiyán contra Armenia. Intenta extenderse a través de las minorías turcas en Kirguistán enfrentándose a los intereses de Rusia y China en la zona. Además su posición, al no reconocer a Crimea como parte de Rusia, le hace chocar con Moscú  lo mismo que cuando da apoyo a los terroristas sirios en el Gran Idlib, en cambio compra carbón a las repúblicas independientes.

El derrumbamiento del viejo Orden Mundial proporciona nuevos espacios geoestratégicos vacios que Erdogan quiere ocupar. Es por ello que actúa en múltiples frentes: Siria, Irak, Libia, Azerbaiyán, Somalia, en el Mar Mediterráneo…;  ahora intenta intervenir en Ucrania, en Afganistán, en Kirguistán…. Son bocados demasiado grandes para un país con tasas de inflación del más del 20% y una depreciación de su moneda superior al 230% que se calcula para los próximos meses. En estos momentos sus tropas se resienten. No es buena cosa en caso de guerra dejar de pagar a los soldados. Turquía se ofrece como mediador entre Rusia y EEUU, pero los dos países desconfían de Erdogan y rechazarán la propuesta. Occidente interpretaría la aceptación de una mediación como una debilidad rusa y buscaría nuevas concesiones.

La posición de España

Estamos inmersos en un conflicto donde sólo podemos perder. Rusia lo anunció hace muchos meses: las bases de procedencia de navíos o aviones de la OTAN serán tratadas como un objetivo legítimo. Ignoramos si en nuestro territorio se almacenan o sólo transitan armas nucleares, como se ha denunciado en Italia. Lo que sí sabemos es el despliegue de caza-bombarderos españoles en los aeródromos rumanos (en total participamos con dos escuadrillas y unos 150 efectivos) La operación iniciada este mismo año se denomina “Enhanced Air Policing” (una misión disuasoria en Rumanía). El gobierno de Pedro Sánchez ha decidido que tenemos que disuadir a Rusia para que no defienda sus intereses dentro de sus fronteras, mientras que nuestros aviones y barcos se desplazan a miles de km. de nuestro territorio. Así mientras que la situación militar escala, nuestros barcos penetran en el Mar Negro, violando la convención de Montreau, siendo perseguidos por navíos rusos  (como ocurrió hace pocas fechas con la fragata “Rayo”). Mientras la situación se tensa hasta el paroxismo la “izquierda española” enmudece. Mientras el país ignora el peligro que corre, la oposición, profundamente atlantista, callará; lo mismo que hace el PSOE, UP, IU o el PCE (que hace tiempo aceptó y acató las directrices de la OTAN).

Las provocaciones militares

La acumulación de tropas por parte de la OTAN y Ucrania está alcanzando el punto de no retorno. La “militarización” de Ucrania se acelera. La portavoz del Kremlin anuncia que Kiev ha desplazado la mitad de sus efectivos a la zona de contacto con las repúblicas independientes. Canadá anuncia su disposición a transferir efectivos blindados y aviones a Ucrania. Otros países de la OTAN ya lo han hecho con anterioridad, por ejemplo, España. Kiev ha recibido nuevas patrulleras norteamericanas adaptadas a las condiciones del mar Negro.

Para Moscú la instalación de tropas de la OTAN en Ucrania es una línea roja. EEUU tiene 9 bases en estos momentos. Los acuerdos de Minsk (prohibición de armas pesadas y aviones de guerra sobre Crimea) están siendo ignorados. Los bombardeos ucranianos contra las repúblicas independientes se mantienen. La OSCE, como observadores interpuestos, menciona que los combates se han extendido a toda la zona de contacto, no se limitan a un punto en concreto. La marina norteamericana, violando la convención de Montreau, envía más y más barcos de guerra al Mar Negro e intenta identificar los sumergibles y las defensas costeras rusas en el Mar Negro y el Báltico. La OTAN pretende demonizar a Moscú y quiere que el primer movimiento lo haga este país.

 ¿Cómo salir del atolladero?

Se esperaba una cumbre decisiva entre Biden y Putin, una del tipo que sostuvieron el presidente norteamericano y el chino hace pocas semanas. En realidad el tiempo para realizar esa cumbre antes de las vacaciones de Navidad se está reduciendo peligrosamente. A finales del mes de noviembre se daba como probable; tras la cumbre “por la democracia” organizada por EEUU a comienzos de diciembre la posibilidad de un encuentro bilateral se aleja.

En la práctica, prolongar la situación es dar alas a los sectores fascistas ucranianos para incrementar sus provocaciones. Para Biden sería una forma de demostrar que todavía tiene el control. Aunque habría que recordarle que un mal acuerdo es mejor que una buena guerra.

Nota:

[1] https://colonelcassad.livejournal.com/

 

domingo, 5 de diciembre de 2021

Los sistemas de guerra electrónica rusos han lanzado un ataque masivo contra los satélites militares estadounidenses.

 

Los sistemas de guerra electrónica rusos han lanzado un ataque masivo contra los satélites militares estadounidenses.

Diario octubre / diciembre 5, 2021



El mando del Pentágono reconoce que el ataque del ejército ruso carece de precedentes.

Se llevaron a cabo utilizando sistemas de guerra electrónica de un tipo no especificado y se prolongaron durante mucho tiempo, afectando gravemente al funcionamiento de las naves espaciales estadounidenses.

Rusia ataca regularmente los satélites estadounidenses con medios no cinéticos, incluida la guerra electrónica, asegura el Washington Post. La información llega después de que los mandos militares estadounidenses anunciaran que Rusia y China habían llegado a utilizar armas láser contra sus satélites.

Hasta la fecha, Rusia dispone de varias posibilidades de guerra electrónica que le permiten atacar los satélites espaciales estadounidenses.

“Cuando Rusia hace estallar un satélite en el espacio con un misil, como ha hecho este mes, la actual carrera armamentística en el espacio se convierte en una gran noticia, aunque Estados Unidos y sus adversarios luchen en el espacio todos los días. De hecho, las amenazas crecen y se expanden cada día. Y se trata de una evolución de una actividad que viene de lejos”, dijo el general David Thompson, Jefe Adjunto Principal de Operaciones Espaciales de la Fuerza Espacial.

En la actualidad, la Fuerza Espacial de Estados Unidos investiga todos los días lo que Thompson denomina “ataques reversibles” a sus satélites, es decir, ataques que no dañan permanentemente los satélites.

Lo más probable es que Rusia se limite a interrumpir el fucionamiento de los satélites estadounidenses cuando pasan por encima de sus objetivos estratégicos y militares, tratando de evitar la fuga de información importante, aunque si es necesario, los satélites pueden ser completamente inutilizados por los mismos complejos de guerra electrónica.

—https://avia.pro/news/rossiyskie-kompleksy-reb-proveli-masshtabnuyu-ataku-na-amerikanskie-voennye-sputniki

VÍA:mpr21.info

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El nuevo verde Errejón suscribe la idea de Yolanda Díaz de superar el concepto de «izquierda» e ir más allá, (¿al abismo?)

 

El nuevo verde Errejón suscribe la idea de Yolanda Díaz de superar el concepto de «izquierda» e ir más allá, (¿al abismo?)


INSURGENTE.ORG. / 4 diciembre 2021

 

Errejón, encantado de verse como el representante verde (aplaude a Los Verdes alemanes y austriacos que gobiernan con la derecha) ve magnífico el discurso de Yolanda Díaz de mirar más allá de la izquierda y los partidos para cambiar España

Dice el líder verde de Más País que lo dicho por Yolanda Díaz de «superar» la idea de izquierda que «Es una línea acertada en la que siempre me he reconocido y defendido».
Errejón ha confesado que le suenan «bien» estas declaraciones de Díaz. «Me gustan, son muy sensatas y van en una línea que es evidente: España no se cambia con la izquierda, se cambia con el pueblo; y para cambiar nuestro país y hacerlo más justo, no basta con la izquierda, sino una mayoría popular amplia de gente que se pone etiquetas y de gente que no se las pone». «Para cambiar España no basta sólo con los convencidos y con la izquierda, sino con el pueblo, y este discurso tiene mucho más alcance transformador», ha abundado Errejón, quien sostiene que «a veces hay que mirar un poquito fuera de los partidos para acercarse a la gente» y salir «al reencuentro de los que faltan».

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Comunismo: ¿una palabra impronunciable?

 

La cuestión comunista es la obra póstuma de Losurdo. En ella el autor reúne sus reflexiones sobre el marxismo, el liberalismo, el socialismo y sus combinaciones, hace un balance del movimiento comunista y plantea el futuro de la idea de comunismo.


Comunismo: ¿una palabra impronunciable?

 

Domenico Losurdo

El Viejo Topo

5 diciembre, 2021 



Dejando a un lado los prejuicios ideológico-justicieros de la doctrina antitotalitaria de Estado, podemos analizar las críticas de carácter más propiamente científico que se hacen al comunismo. Pero antes de adentrarnos en este nuevo terreno conviene plantearse un problema de carácter más general. ¿Todavía merece crédito esta tradición política? En octubre de 2008 causó bastante sensación la declaración del secretario de un partido de tendencia comunista, Fausto Bertinotti, según el cual, debido a la historia que tenía tras de sí, comunismo era una «palabra impronunciable». De modo que echaremos un vistazo al debate político contemporáneo: ¿hay palabras más «pronunciables»?

De entrada podría parecer menos comprometedor apelar al «socialismo», término incorporado incluso por los socioliberales. Lamentablemente hay una circunstancia histórica imposible de borrar que arroja una sombra bastante siniestra sobre este término: el partido de Hitler también se llamaba a sí mismo «socialista», Partido Nacionalsocialista de los Obreros Alemanes. Era el «socialismo de buena sangre», teorizado sobre todo por Himmler. Gracias a él los proletarios alemanes podían ser propietarios de las tierras arrebatadas a los eslavos, diezmados, deportados o esclavizados al servicio de aquellos por cuyas venas corría la «buena sangre» (en Aly, 2005, pp. 28-29). Y no se trata solo de nazismo. En los años inmediatamente posteriores a la primera guerra mundial hacía profesión de «socialismo» (aunque fuera «socialismo prusiano») un ferviente chovinista que había asistido impasible a la carnicería recién terminada. El breve texto, una suerte de manifiesto del «socialismo prusiano», terminaba de un modo perentorio: «Somos socialistas y no queremos haberlo sido en vano» (Spengler, 1921, p. 99). Varios años antes, cuando faltaban pocos meses para el estallido de la guerra (en la que aún no había entrado Italia), Croce (1950, p. 22) también expresó su aprecio y simpatía por el «socialismo de estado y de nación», a imagen de la «férrea disciplina de guerra» impuesta en la Alemania de Guillermo II y de la socialdemocracia alemana. Incluso si se pasa por alto la implicación de los partidos socialistas clásicos en la primera guerra mundial y en las guerras coloniales, ¿es realmente «socialismo» una palabra menos «pronunciable» que comunismo?

Ahora centrémonos en los términos que jalonan la ideología dominante y siempre merecen un vehemente juicio de valor positivo. Hoy en día todos rinden tributo a la «democracia», pero ¿cómo se llamaba el partido que en Estados Unidos se opuso hasta el final a la abolición de la esclavitud? Se llamaba a sí mismo «demócrata» y estaba realmente convencido de serlo. ¿Y cómo se llamaba el partido que, después de la abolición formal de la institución esclavista, puso más empeño en evitar la emancipación real de los afroamericanos, a la vez que apoyaba el régimen terrorista de white supremacy? Eran frecuentes los linchamientos de negros, que empezaban con una tortura lenta, interminable, al desdichado condenado a muerte. Se montaban como espectáculos de masas hábilmente orquestados por el partido de gobierno, concretamente el «demócrata». Volviendo a nuestros días, ¿cuántas guerras se han desencadenado en nombre de la «democracia» y de su difusión? Si Bertinotti hubiera tenido conocimientos de historia se habría dado cuenta sin dificultad de que «comunismo» no es más «impronunciable» que «socialismo» o «democracia».

Queda por examinar un término que el poder dominante ha enaltecido más que ningún otro, a escala nacional e internacional: liberalismo. Si alguien pensaba que, por lo menos en este caso, nos hallamos ante una historia más o menos inmaculada, haría bien en reflexionar sobre un caso, en apariencia intrascendente, acaecido en Alemania a finales del siglo XIX. En 1888 Die neue Zeit, la revista dirigida por Karl Kautsky, publica un ensayo de Paul Lafargue sobre Victor Hugo y sobre la vida cultural y política francesa. En un pasaje del texto original aparece la palabra «liberalismo» (libéralisme) y el traductor alemán escribe «democracia burguesa» (bürgerliche Demokratie), añadiendo una nota explicativa: «El autor usa el término “libéralisme”. Pero como en Alemania el liberalismo se ha convertido en el lacayo del cesarismo, el antisemitismo y los Junker, en vez de la traducción liberal nos parece más adecuado traducir “democracia burguesa”» (nota a Lafargue, 1888, p. 263). Es sin duda un episodio menor, pero ¡tan sintomático!

Es el síntoma de una historia desconocida o borrada. Prueba de ello es que en Estados Unidos un autor como John C. Calhoun, ilustre teórico de la esclavitud como «bien positivo» (todavía a mediados del siglo XIX) se sigue citando y publicando como uno de los Liberty Classics, los clásicos de la libertad y de la tradición liberal. Un honor que también se le reserva a E. E. D. Acton, gran defensor de la causa del Sur esclavista durante la guerra de secesión. Si tenemos en cuenta esta historia desconocida y borrada, entre las palabras que hemos comparado aquí «liberalismo» es la más impronunciable; durante los dos siglos dorados de este movimiento político (el XVIII y el XIX) la esclavitud de los negros se desarrolló prodigiosamente justo en los países clásicos de la tradición liberal, y en Estados Unidos adquirió una dureza inusitada: la propiedad privada, incluida la de ganado humano, es decir, de esclavos, libre de ataduras políticas y morales y de cualquier interferencia de la Iglesia y el estado, pudo ejercer un poder absoluto y llevar a cabo una deshumanización y cosificación completa del esclavo, al extremo de que los miembros de su familia podían venderse por separado como cualquier otra mercancía. Por eso el abolicionista británico John Wesley afirmó que «la esclavitud americana» es «la más vil de todas las que ha habido en la tierra». Como complemento de la historia del liberalismo, tampoco hay que olvidar que entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, justamente en el país que se estaba colocando como guía del Occidente liberal, empezaban a oírse unas consignas ominosas con referencia a los amerindios y los afroamericanos: invocaban la «solución final y completa» o la «solución final» para el problema de los indios y los negros, respectivamente. Fue el periodo en que se borró de la faz de la tierra a la mayoría de los pieles rojas, y en el ámbito del imperio británico a los aborígenes de Australia y Nueva Zelanda.[1] ¡Pese a todo, al actual país-guía del Occidente liberal se le sigue considerando la primera democracia liberal de la historia!

Hasta los nombres de los movimientos, así como los movimientos que dicen rechazar el poder y la violencia, distan mucho de ser inmaculados cuando se someten a un análisis histórico concreto. ¿«No violencia»? El propio Gandhi declaró con orgullo que había sido «reclutador jefe» al servicio del ejército británico durante la primera guerra mundial. Contribuyó de un modo nada desdeñable a «la primera calamidad del siglo XX, la calamidad de la que se originaron todas las demás calamidades» dirigiéndose a su pueblo en estos términos: debemos «brindar nuestro respaldo total y firme al imperio», la India debe estar dispuesta a «ofrecer al imperio en sacrificio a todos sus hijos válidos en esta hora crítica», a «ofrecer a todos sus hijos idóneos como sacrificio para el imperio en este momento crítico»; «debemos dar todos los hombres de que disponemos para la defensa del imperio» (cf. Losurdo, 2010, pp. 31-35). A la madre de todas las calamidades también da su tributo, aunque más modesto que el del dirigente indio, un destacado representante del anarquismo, Piotr Kropotkin, que al estallar la guerra se pone del lado de la Rusia zarista. Por otro lado, vemos cómo el movimiento que enarbola la bandera de la liquidación no solo del estado sino del poder como tal, durante la guerra civil española ejerció un brutal poder de vida y muerte y protagonizó uno de los capítulos más trágicos de la historia del siglo XX (cf. infra, pp. 186-7).

Bien mirado, el espanto que le causaba a Bertinotti la palabra «comunismo» denota una actitud subordinada al balance histórico del siglo XX trazado por la ideología dominante. Para aclarar este aspecto conviene retroceder bastantes años. En la década de 1730 dos ilustres personalidades francesas visitan los Estados Unidos de América, cada una por separado: Alexis de Tocqueville y Victor Schoelcher. El primero es universalmente conocido, el segundo merecería una notoriedad mayor de la que tuvo, pues desempeñó un papel muy destacado después de la revolución de 1848 para la abolición de la esclavitud en las colonias francesas.

Las dos personalidades mencionadas analizan la misma realidad en el mismo periodo de tiempo, pero llegan a conclusiones opuestas. Con todo, ambas hacen gala de honradez intelectual; una se centra en el gobierno de la ley y la democracia en el ámbito de la comunidad blanca, y la otra en la esclavización de los negros y la eliminación de los pieles rojas. Pero Tocqueville, al limitarse al primer aspecto, ya en el título de su libro celebra La democracia en América, mientras que Schoelcher, basándose en el trato recibido por los pueblos de origen colonial, denuncia con vehemencia el feroz despotismo vigente en Estados Unidos. Si comparamos a los dos autores, ¿quién lleva razón? Se podría decir que ambos están equivocados. En otro lugar, al hablar de «democracia para el pueblo de los señores» a propósito de Estados Unidos en aquel periodo de tiempo, de hecho puse en cuestión dos categorías, la de democracia como tal y la de despotismo (cf. Losurdo, 2005a, pp. 216-237). Pero cabría añadir que el error de Tocqueville es más grave, sobre todo si se tiene en cuenta la contraposición que hace entre el amor a la libertad en la república norteamericana (a pesar de seguir manteniendo la esclavitud, que se había abolido en gran parte del continente) y el escaso apego a la libertad que le reprocha a Francia (a pesar de que con los jacobinos había abolido la esclavitud en las colonias).

Pasemos ahora al siglo XX e imaginemos que un Tocqueville y un Schoelcher redivivos visitan y analizan el mundo en su conjunto. El primero, centrándose en la metrópoli capitalista y comparándola con los países de orientación socialista o recién independizados, no habría tenido dificultad en comprobar y destacar el mejor funcionamiento del gobierno y las instituciones representativas en Estados Unidos y Europa Occidental. El segundo, dedicando su atención sobre todo a las colonias y excolonias, habría hecho hincapié en la persistencia de las matanzas coloniales y las feroces dictaduras militares impuestas en América o, en Asia, en un país como Indonesia. Y a Schoelcher quizá no se le habría escapado que incluso en Estados Unidos los pueblos en lucha contra la opresión y la discriminación buscaban ayuda, inspiración y aliento mirando a Moscú o a Pekín.

Históricamente, Arendt se situaba en la estela de Tocqueville cuando a finales de 1967, al criticar a los miembros más radicales del movimiento contra la guerra de Vietnam, declaraba: «Hasta este momento no ha habido torturas, ni existen campos de concentración, ni el terror» (en Young-Bruehl, 1990, p. 468). En cambio, eran seguidores ideales de Schoelcher redivivo los militantes que trataban de hacer ver a la filósofa que las torturas, los campos de concentración y el terror estaban bien presentes en Vietnam y que era debido a la política de Washington.

La victoria de Occidente al final de la guerra fría también fue la victoria de Tocqueville redivivo. No obstante… Convertida al capitalismo liberal y alentada y apremiada por Occidente, a partir de 1989 Rusia fue asolada por una oleada de privatizaciones salvajes y a menudo de carácter criminal que se saldó con una fuerte polarización social, una caída brutal del nivel de vida y la esperanza de vida de las masas y lo que un ilustre politólogo (Maurice Duverger) llamó «genocidio de los viejos». Por el contrario, el partido comunista que gobernaba el gran país asiático se mantuvo firme en la perspectiva del «socialismo con características chinas», rechazando la conversión al capitalismo liberal, y fue así como en los años y decenios posteriores logró una hazaña única en la historia, librar de la miseria a «más de 600 millones de personas» o, según otros cálculos, a «660 millones de personas».[2]

Como vemos, no hay ningún motivo para considerar «impronunciable» la palabra comunismo. Es más, en las primeras décadas del siglo XX un gran autor liberal o liberal-conservador observó: «Los economistas ortodoxos» que, para «combatir el socialismo», a veces

han tratado de demostrar que la propiedad privada de la tierra y de los capitales no solo es indispensable o vital para la convivencia social, sino que obedece a los dictámenes absolutos de la moral y la justicia, creemos que se han expuesto a fortísimos ataques; y su tesis, que en cualquier tiempo podría considerarse difícil, por no decir casi superada, alcanza la evidencia de lo absurdo en los tiempos que corren, cuando todos sabemos cómo se amasan con frecuencia las grandes fortunas (Mosca, 1953, vol. I, pp. 417-418).

A finales del siglo XX el Financial Times resumió así el proceso de privatizaciones salvajes en la Rusia postsoviética, que permitía a un puñado de privilegiados saquear literalmente el erario público: «A la mayoría del público se le ha proporcionado un ejemplo eficaz de la máxima de Proudhon, para quien “la propiedad es un robo”» (en Boffa, 1997, p. 71).

Hoy en día, sobre todo en Estados Unidos, el movimiento de lucha contra la especulación sin escrúpulos y rapaz del capital financiero denuncia a los banksters, neologismo que funde las palabras banker y gangster; o para referirse al complejo militar-industrial y a los beneficios que obtiene con la venta de armas y las guerras en sí, el movimiento de lucha juega con los términos «Wall Street» y «War Street». Para condenar todo esto, ¿qué mejor palabra que «comunismo»?

Cuando Lenin decide cambiar el nombre del partido obrero y revolucionario ruso, que pasa de llamarse socialdemócrata a comunista, no lo hace tanto pensando en la fase final de la sociedad poscapitalista que había teorizado Marx, como, sobre todo, para guardar las distancias con el socialchovinismo, con los «socialistas» que habían legitimado la carnicería de la primera guerra mundial, no pocas veces agitando las consignas del intervencionismo democrático: así como los socialistas de los países de la Entente se proponían exportar la democracia a Alemania, los socialistas alemanes estaban decididos a exportarla a la Rusia zarista, aliada de la Entente. Lamentablemente, el papel esencial y a veces incluso de vanguardia de los «socialistas» (y los «laboristas») en el fomento de guerras coloniales o neocoloniales ha sido persistente. Baste pensar en Toni Blair, uno de los artífices de la segunda guerra del Golfo (basada en la acusación falsa de que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva y estaba dispuesto a utilizarlas), o en François Hollande, uno de los protagonistas más enérgicos y faltos de escrúpulos de la contraofensiva neocolonialista en Oriente Próximo y en África. De nuevo hay que decir: ¡para impulsar la lucha contra estas manipulaciones y estas infamias no hay mejor palabra que «comunismo»!

Notas

[1] Cf. Losurdo (2005a, pp. 3-9, pp. 152-156), en lo referente a Calhoun y Acton; ibíd., pp. 37-39 sobre Wesley; ibíd., pp. 329-332 sobre la actitud frente a los amerindios, los afroamericanos y los aborígenes.

[2] Cf. Losurdo (2013, pp. 111-114), para Schoelcher; ibíd., pp. 267-269 para Duverger; ibíd., pp. 318-324 para la superación de la miseria masiva en China.

Fuente: Segundo apartado del capítulo primero del libro de Domenico Losurdo La cuestión comunista. Historia y futuro de una idea.

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Diciembre de 1868: la breve «Comuna de Cádiz». Un hecho histórico poco conocido

 

Diciembre de 1868: la breve «Comuna de Cádiz». Un hecho histórico poco conocido

Por Manuel Almisas Albéndiz

KAOSENLARED / Diciembre 2021

 


Cada vez que la lucha obrera en Cádiz recurre a las barricadas, como ha sucedido hace pocos días con el proletariado del Metal, los más viejos del lugar recuerdan inmediatamente las luchas de Astilleros de 1977 y cómo desde las azoteas de las casas de los barrios populares se lanzaban a los antidisturbios mesas, sillas, macetas,… y hasta electrodomésticos. Pero eso no fue una novedad. Ya en diciembre de 1868, durante la Comuna de Cádiz, el pueblo hostigó a la tropa gubernamental lanzando desde las azoteas todo tipo de objetos. Así se aprecia en el detalle del grabado de las luchas en las barricadas del barrio de San Juan (Cádiz), con la catedral y la iglesia de Santiago al fondo1. Cádiz tiene 3.000 años de historia, y casi tantos de lucha obrera y revolucionaria (exagerando, claro…).

Puede parecer casi un sacrilegio comparar lo sucedido en Cádiz los días 5, 6 y 7 de diciembre de 1868 con la mítica Comuna de París de marzo a mayo de 1871, pero solo la brevedad de aquellos acontecimientos y la enorme falta de información pueden ocultar sus características revolucionarias que marcaron toda una época. La historiografía se ha encargado de subrayar las enormes bajas del ejercito y del pueblo, las numerosas barricadas (¡hasta 185 sin contar con otras de menor entidad!) y la profusión de tiros y cañonazos que destrozaron numerosos edificios y arbolado de la ciudad. Por eso se refieren a esos días como «Los tiros de Cádiz» o «Las barricadas de Cádiz». Pero hubo mucho más; mucho más que no se contó, que apenas se esbozó y que constituye toda una novedad en la historia republicana y revolucionaria del estado español. El Comité republicano federal de Cádiz y la Comandancia de los Voluntarios de la Libertad gobernaron la ciudad de forma democrática y autónoma por espacio de una semana, y eso en medio de una crisis militar sin precedentes. Además, el pueblo no contaba con la ordenanza y su obediencia ciega al mando, pero sí dispuso de audacia e imaginación, convicción en la causa que defendían y sobre todo confianza en los oficiales de los batallones de Voluntarios, que ellos mismos habían elegido por sufragio, y que los llevaron a la victoria.

Fue la primera vez en nuestra historia que el pueblo venció al ejército. La primera vez que el ejército, a cuyo frente estaba el segundo cabo de la Capitanía General de Andalucía, el general La Serna -que había sustituido al brigadier Peralta, herido en un pie-, izaba la bandera blanca de parlamento a los tres días de combate, solicitando negociaciones al pueblo en armas. Hasta ese punto se sintieron derrotados aquellos que, a diferencia de los Voluntarios, habían ordenado días antes que ondeara la bandera negra de lucha sin cuartel en el edificio de la Aduana de Cádiz donde el ejército había establecido el cuartel general. Este hecho insólito hizo que de nuevo se admirara al pueblo de Cádiz, a los republicanos de Cádiz, como verdaderos héroes en su lucha por los derechos democráticos y la Libertad.

***

No es motivo de este breve escrito explicar los hechos que subyacían en el origen de las «barricadas de Cádiz». Baste decir que desde que estalló la Revolución de Septiembre en la ciudad y en las aguas de su Bahía, los elementos más reaccionarios que la lideraron comenzaron a conspirar para que «nada esencial cambiara»: por eso se eligió un Gobierno Provisional con mayoría de la Unión Liberal del general Serrano y del Partido Progresista del general Prim y el brigadier Topete, sin la participación del Partido Demócrata, que había proporcionado el imprescindible elemento civil en la Revolución y en los Batallones de Voluntarios; por eso constituyeron Ayuntamientos y Diputaciones a partir de las Juntas Revolucionarias, sin sufragio de ningún tipo; por eso dejaron sin derecho al voto a los varones menores de 25 años, asegurándose ganar las elecciones municipales y a Cortes Constituyentes, convocadas para el mes de enero, facilitado por las castas caciquiles que aún perduraban; por eso pretendieron controlar y desarmar a su antojo a los Voluntarios de la Libertad; y por eso no tardaron en desenmascararse y manifestarse partidarios de una monarquía, eso sí, democrática, y que se materializó en la Coalición Monárquica de unionistas, progresistas moderados y algunos demócratas vergonzantes, a quienes llamaron cimbrios, encabezados por Nicolás María de Rivero. Todo ello provocó que el Partido Demócrata saltara hecho pedazos e irrumpiera con fuerza un nuevo Partido Democrático Republicano que a mediados de noviembre sacó a sus cientos de miles de simpatizantes a las calles de todos los pueblos y ciudades. La lucha entre Monarquía y República había comenzado. El fantasma de la República Federal recorrió la península, y especialmente Andalucía y la provincia de Cádiz, donde los republicanos tenían una mayor tradición de insurrecciones y levantamientos y eran mayoría entre las capas populares. Había que desarmar a los Voluntarios de la Libertad a toda costa, con cualquier pretexto, por todos los medios posibles. Solo con el pueblo desarmado, la monarquía democrática sería una realidad.

***

El Bando del gobernador militar de Cádiz, brigadier Joaquín de Peralta el mediodía del 5 de diciembre de 1868 provocó un enorme grito de indignación del pueblo gaditano. Declarar el estado de guerra en la provincia, suspender las garantías individuales, prohibir las reuniones de más de cinco personas, prohibir la prensa, o requisar el armamento de los Voluntarios de la Libertad, era un ataque directo a las preciadas libertades recién conquistadas en la Revolución de Septiembre. No hacía ni dos meses que el general Juan Prim les había hablado desde la misma Tacita de Plata: «¡A las armas, ciudadanos, a las armas! ¡Basta ya de sufrimiento! La paciencia de los pueblos tiene su límite en la degradación (…) ha sonado la hora de la revolución…». ¿Y ahora se las quitaban, cuando la revolución estaba en peligro y se estaba gestando una vuelta a la monarquía?

Ese sentimiento de desprecio se complicó y se hizo virulento en la calle Alonso el Sabio (actual calle Pelota) cuando un encuentro entre dos mitades en línea de artilleros que iban publicando el bando por las calles y un grupo de voluntarios armados que iban al ayuntamiento convocados por su comandante Fermín Salvochea, derivó en el primer combate callejero con el resultado de numerosos muertos y heridos, contabilizando Altadill2 veinticuatro bajas entre los artilleros. Ya no hubo marcha atrás ni el gobierno mostró deseos de negociar y volver a la normalidad. Al contrario. Pocos minutos antes del estallido armado, cuando Juan José Junco y José Ramón López, los comandantes de los Voluntarios del Segundo Batallón pertenecientes en su mayoría al partido progresista, y otros oficiales del mismo como Faustino Díaz, acudieron a pedir explicaciones al gobernador militar por la publicación del bando, fueron apresados en el edificio de la Aduana.

Aunque las cifras de muertos y heridos nunca se sabrán con certeza, pues algunos cuerpos de soldados fueron calcinados o tirados al mar, ante la imposibilidad de su enterramiento en aquellos tres días de combates ininterrumpidos, el autor Mejías Escassy3, que aseguraba que visitó personalmente el cementerio y los hospitales, decía que no bajarían de 350 las bajas del ejército, de los que una tercera parte serían soldados y oficiales muertos; ni de 100 las bajas de los voluntarios de la Libertad, de los que la tercera parte habrían fallecido. Altadill, que escribió su obra meses más tarde, aumentaba la cifra de bajas, y aseguraba que el día 8, tras la tregua, «se dio sepultura a los muertos cuyo número no bajaba de 500 por parte del ejército, no habiendo llegado a la mitad de esta cifra los que tuvo el pueblo». El Partido Republicano de Cádiz, por su parte, pedía en un comunicado después de la lucha en las barricadas, «a los republicanos de España, los republicanos de Europa, y los republicanos del mundo entero», que derramaran «una lágrima sobre la tumba de un centenar de nuestros hermanos, de un centenar de mártires de la idea republicana», y también pedían esas lágrimas para «otro doble número de víctimas inocentes, soldados, mujeres y niños inmolados en aras de la tiranía de algunos miserables». Estas cifras, aun sin ser exactas, y aunque oficialmente apenas si se reconoció una cuarta parte para restar gravedad a lo sucedido, sí nos muestran la terrible batalla que se vivió en Cádiz, y el alcance de la derrota que sufrió el ejército frente a los voluntarios de la Libertad dirigidos por su comandante en jefe Fermín Salvochea, aclamado desde entonces como el «verdadero héroe entre los héroes de las barricadas».

El pueblo armado asaltó el Parque de Artillería, un carro del ejército con rifles y municiones, y hasta el castillo de San Sebastián. En las barricadas aparecieron 9 cañones de gran calibre, y especialmente se apoderaron de uno del calibre 36, llamado Pizarro, que causó verdadera conmoción entre la tropa. Todo eso fue cierto y se narró en las páginas de los diarios. Pero además de este histórico triunfo del pueblo gaditano, conviene recordar que ese episodio constituyó también el primer ejemplo de cómo se organizó una ciudad como Cádiz de forma republicana y democrática, una especie de Comuna de Cádiz, pero en pequeñito. Así lo expresaba de nuevo Mejías Escassy, que no era republicano, y eso es importante señalarlo:

«Los gaditanos hemos tenido ocasión de apreciar, aunque por poco tiempo, desgraciadamente, el benéfico influjo de la idea republicana llevado a la práctica en un momento decisivo de la más terrible crisis. (…)

«Cádiz, entregado a sí mismo, gobernado por sí mismo, sin otra autoridad más que su soberanía, sin otra barrera más que su sensatez, su cordura, su honradez y sus generosos sentimientos, ha realizado, con gran admiración del país entero, de Europa, del mundo, el sistema republicano».

Los datos explicativos que proporciona este autor sobre la «República de Cádiz» durante breves días son muy escasos, pero dejan traslucir una realidad edificante. La ciudad se organizó sin autoridades políticas municipales, que literalmente corrieron a esconderse en sus casas al escuchar los primeros tiros. Estos políticos, según Escassy, eran «impopulares hasta lo sumo», y los honrados gaditanos les mostraban «el sarcástico desdén que se tributa siempre a lo que para nada sirve; a lo que nada es, porque nada debe ser». También desaparecieron de las calles los guardias municipales y hasta los serenos; «faltaba en Cádiz esa plaga de polizontes, llamados malamente agentes de seguridad, porque lo único que aseguran es el haber que perciben mensualmente y que sale de las entrañas del desgraciado pueblo, que les paga para que les tiranice y a veces apalee sin justicia»; en la ciudad no hubo más autoridad y organización que los voluntarios de la Libertad, con sus mandos, sus responsables de cada barricada, sus centinelas nocturnos, etc. Sorprendió a los observadores, e incluso lo reconoció el diario conservador El Comercio (Cádiz), que en la ciudad no hubo robos ni venganzas de ningún tipo, respetando las propiedades y a los enemigos del pueblo que se sabían escondidos en sus casas señoriales («el domicilio fue respetado hasta lo fabuloso», decía Escassy), así como a las iglesias y demás mobiliario urbano eclesiástico. Y todo ello con la coordinación político-militar ubicada en la Casa-Ayuntamiento a cargo del Comité Republicano de Cádiz4, liderado por su vicepresidente Eduardo Benot, y del Primer Batallón de Voluntarios, comandado por Salvochea, y los capitanes milicianos Pacheco y Grimaldi.

Las barricadas se llenaron de cartelones con «Pena de muerte al ladrón», como había ocurrido desde los tiempos de la Milicia Nacional durante el bienio progresista (1854-1856) y con un lema totalmente novedoso en una ciudad en armas: «¡Viva la República!, ¡Viva la República Federal!». En algunas barricadas y en la Casa-Ayuntamiento ondearon banderas tricolores republicanas5, y en su fachada se desplegó una gran pancarta llamando a la fraternidad entre soldados y pueblo: «¡Licencia absoluta! ¡Viva el ejército! ¡Todos hermanos!».

Escassy también nos describe cómo muchos de los presos que salieron de la Cárcel al quedar desarmados los guardias que los custodiaban, fueron a solicitar poder participar en los combates, y quedaron custodiados en el Ayuntamiento encomendándoles el llenado de cartuchos de pólvora y tareas auxiliares similares como servir de munición a los cuatro cañones apostados en las barricadas de la puerta. Al contrario de lo que manifestó la prensa reaccionaria, los presos no provocaron ni un solo altercado, y su comportamiento ciudadano fue ejemplar.

De igual manera, de forma breve y concisa porque no era el motivo de su narración, Mejías Escassy relata la colaboración de los pequeños comerciantes de la ciudad, que, mientras hubo víveres en los almacenes, repartieron a los vecinos de forma ordenada los alimentos que les solicitaron, previa entrega de un vale firmado por cada jefe de barricada. No hubo robos ni asaltos; no se dieron excusas para las calumnias.

Por último, no es menos interesante y educativo valorar el papel descaradamente tergiversador de la prensa conservadora y reaccionaria, inundando de mentiras a la opinión pública, así como a los despachos de los gobiernos civiles, ayuntamientos y comandancias militares. Ese «extravío» de la opinión, como dice Escassy, contaminó incluso a la misma prensa democrática y republicana, que se «tragó», sin rubor alguno, que en Cádiz se estaban sublevando los isabelinos y carlistas -que habían engañado a los republicanos federales-, y que el «oro monárquico» corría por las calles de la ciudad. Pecaron de una ingenuidad casi criminal. Verdad es que el telégrafo estaba cortado y que las noticias directas tardaron en llegar, en primer lugar a Sevilla. Pero la regla de oro de todo revolucionario y demócrata es desconfiar de todo lo que provengan de las fuentes gubernamentales y de los reaccionarios. Seguro que aprendieron la lección para las siguientes batallas que se libraron en lo que quedaba de «Sexenio Democrático». No es motivo de este escrito narrar lo que aconteció desde la tregua solicitada por el ejército y la rendición de los Voluntarios ante la llegada a Cádiz del imponente contingente militar que llevó el general Caballero de Rodas el día 12 de diciembre.

El centro de la ciudad de Cádiz quedó acribillado y destrozado, se llenaron los hospitales y las fosas y nichos de los cementerios, y los prisioneros en baluartes y castillos se contaron por centenares. ¿Y el pueblo de Cádiz? ¿Culpó de esa tremenda tragedia a los republicanos, tan denigrados por la prensa, o al gobierno criminal? En las elecciones del mes siguiente tuvo oportunidad de pronunciarse, y de este modo lo resumía Mejías Escassy en su obra citada:

…entretanto, el pueblo de Cádiz es convocado para elegir un municipio; y el municipio nombrado es republicano.

Entretanto, Cádiz es convocado para elegir diputados para las Constituyentes; y Cádiz elije diputados republicanos.

Elije a Salvochea.

Nada hay mas elocuente que la voz del pueblo. Por más que la quieran ahogar, siempre sus ecos son soberanos, porque el pueblo es el único soberano de las naciones.

NOTAS:

1Grabado aparecido en la revista inglesa Illustrated London News.

2Monarquía son monarca: grandezas y miserias de la Revolución de Septiembre, de Antonio Altadill (Barcelona, 1869). Se narran los sucesos de Cádiz entre las páginas 136 (Capítulo XVII) y 186 (Capítulo XXI).

3En su obra Las Barricadas de Cádiz (1869).

4Faltaban el presidente y Primer Comandante del Primer Batallón de Voluntarios de la Libertad, Rafael Guillén Martínez, y Gumersindo de la Rosa, que habían salido el mismo día 5 de diciembre para acudir a un mitin regional republicano en Álora (Málaga). Este es uno de los argumentos de peso esgrimidos contra los que denunciaban una insurrección federal organizada (¿sin su máximo responsable político-militar?), cuando en realidad fue un grito de indignación y desengaño de todo un pueblo.

5Se ignoran los colores de esa tricolor, que fueron muy variables en aquellos meses, aunque predominaba la roja, blanca y morada. Lo que sí llama la atención es que los republicanos de Cádiz no quisieron enarbolar su bandera partidista de color rojo y con el lema «República Federal», utilizada en sus manifestaciones más recientes, y optaron por aquella tricolor más genérica. Como no se cansaron de decir, no fue una insurrección republicana federal.

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sábado, 4 de diciembre de 2021

Sobre el hundimiento de la izquierda en el campo.

 

Sobre el hundimiento de la izquierda en el campo

 

Por Pedro Lópeh

Rebelion / España

 04/12/2021 


Fuentes: Ctxt [Foto: El autor en su olivar (P. L.)]


El campo se prepara para una temporada de movilizaciones en protesta por los bajos precios de venta y la subida generalizada de costes, circunstancias que ponen en lógico peligro la viabilidad de las explotaciones. Algunas agrupaciones extremeñas han preparado la huelga para este 2 de diciembre y, a partir de ahí, es previsible que diferentes sindicatos y gremios del campo de todo el país se vayan sumando en fechas posteriores, lo que augura unas navidades trepidantes si tenemos en cuenta que otros sectores también prevén acciones similares.

Ante el anuncio de los parones campesinos, algunos prebostes de la política de laboratorio se han lanzado a desacreditar la huelga tachándola de paro patronal, precisión terminológica que vuelve a poner de manifiesto el eterno desprecio de los científicos sociales por la gente que pisa la tierra. Que la huelga la convoque ASAJA, falange de peones al servicio de los señoritos bajo la apariencia de sindicato, no debería cegarnos, sino aumentar nuestra curiosidad política, porque nos va la vida en ello. Es cierto que estas movilizaciones, orquestadas desde arriba para derrumbar al gobierno, huelen a la típica maniobra para soliviantar al personal de cara a elecciones próximas y son fruto de las eternas querencias golpistas de la derecha ibérica, pero lo cierto es que ASAJA está ganando algo parecido a eso que llamamos consenso en las zonas rurales. Que en la cooperativa agraria de un pueblo como el mío, cuya asamblea la componen dos centenares de pequeños olivareros sin trabajadores al cargo y con una de las rentas más bajas del país, el seguimiento de la huelga convocada por la derecha vaya a ser del 100% debería hacer saltar las alarmas de toda izquierda que aspire a no morir de olvido. Claro que la huelga es ininteligible y disparatada en el terreno de las propuestas concretas, puesto que los mismos que hace tan sólo una semana votaron a favor de la PAC (PP, PSOE, Vox y Ciudadanos) dentro de unas horas han llamado a la movilización de sus figuras agrarias en contra de ella, puesto que los mismos que votan ultraliberalismo desaforado mañana pedirán ambiguas medidas estatales para garantizar precios mínimos, pero repito, imploro y suplico: pongámonos a comprender y frenar la sangría de (falso) sentido común en beneficio de la derecha; una derecha que, para más inri, en los últimos tiempos hace gala de un dominio nada simbólico de la violencia, sensación terrible que remite a las épocas que usted y yo sabemos. Nos estamos jugando el pellejo, el trabajo, el ostracismo y la muerte civil en los pueblos, pero todavía algunos colegas tienen el valor de venir con displicencia a hablar de paros patronales, cuando no a vendernos con lisérgico afán que el futuro pasa por convertirnos todos en guías de rutas ornitológicas para burguesitos domingueros.

Antes de esbozar algunas razones de nuestra derrota, déjenme que les diga a aquellos marxistas con orejeras que, desde hace décadas, el campesino profesional medio no es dueño de sus medios de producción, puesto que estamos todos endeudados hasta el tuétano, sino una suerte de falso autónomo al servicio de bancos, administraciones públicas y consumidores. Al igual que los docentes que compran su plaza en una cooperativa, el único horizonte próspero del campesino pasa por llegar a la jubilación con todo pagado y vender su patrimonio agrario a la generación venidera para disfrutar así, quizás, de una jubilación digna. La diferencia con respecto al docente es que, en el ínterin, cualquier vaivén del mercado, un cálculo inexacto de las posibilidades, una serie de malas cosechas encadenadas, una desgracia ambiental tomada con chulería por el seguro, un brote epidémico o los inescrutables designios de la legislación te pueden llevar por la calle de la amargura eterna. Yo no diría, por tanto, que el campesino es ni siquiera un patrón de sí mismo, pero qué sabe uno a estas alturas, si ya hasta nos dicen que el lobo es un gran aliado de los pastores porque ayuda a controlar las enfermedades del ganado. Aunque hay que reconocer que entre el lobo y el veterinario, muchos preferimos al lobo, pero ese es otro tema.

Creo que huelga decir que las causas de cualquier deriva ideológica en una zona o sector concreto suelen obedecer a una multiplicidad de factores complejos. Tratar de describir todos los motivos en un artículo es una osadía, así que tomen lo que les voy a decir a continuación como un despotrique personal al abrigo de un foro cibernético en el que nos juntamos personas con ciertas afinidades ideológicas. No se extrañen si en otro foro me ven esgrimir lo contrario (¡hasta yo he defendido radicalmente al lobo ante la derecha!), pero entre nosotros, como hay confianza, me voy a permitir apuntar hacia algunos temas de cariz cultural que, en mi opinión, pueden tener y han tenido efectos devastadores entre aquellos que no tienen tan clara su filiación política como este pobre iluso escribiente. En muchos casos, de hecho, el error de la izquierda estriba en una simple cuestión táctica, lo cual se arreglaría con una miaja de empatía con los indígenas del campo antes de lanzar ciertas consignas maximalistas, pero parece pedir mucho. Resultaría tan sencillo hacerlo bien, que duele ver el empecinamiento ilustrado en dilapidar el prestigio de la izquierda en el campo.

La gente del campo se siente agraviada, desprovista de toda muestra de cariño, pelele al albur de cualquier contingencia y especie amenazada de muerte. Les aseguro que a diario, aun entre gente querida, siento la mirada inquisitorial de aquellos que han abrazado una suerte de nueva moral progresista, escucho desvaríos sobre el sector agroganadero, huelo el tufillo clasista de los que se creen que trabajan con sus neuronas y percibo esa ignorancia terriblemente lacerante del que se aventura a intentar encajar tu forma de vida en sus paradigmas mentales, no al revés. El viacrucis puede empezar por la mañana temprano cuando abres tu diario digital favorito y constatas que se ofrece información naturalista como información rural, con el agravante de que suele ir ligada al establecimiento de un falso maniqueísmo. No falla: busquen información rural en su medio de referencia y encontrarán artículos sobre el lobo, el lince o la cigüeña negra, ¡pero pocos sobre los precios del campo y los problemas de sus habitantes! Muchos de esos reportajes son bellísimos, pero cuando se enfrenta de manera un poco artera al animal en cuestión con el desarrollo tradicional de una actividad agraria, de forma instintiva los indios tendemos a un ejercicio de corporativismo especista que consiste en tener en cuenta las circunstancias y necesidades materiales de los seres humanos. Hasta hace poco eso se conocía como empatía y era una de las soluciones a la maldad en el mundo, pero ahora me temo que está mal visto. Dicho lo cual, el 99% de la información noticiable sobre el rural no pasa por los animales salvajes, se lo aseguro, así que nos extraña y nos duele la asimetría a la hora de tratar nuestra realidad. Hagan una sección de naturaleza, otra de gente que vive en el campo y dejen de enfrentarnos de forma peliculera, ¿es tan difícil de entender? Las ciudades suponen más obstáculo a la biodiversidad que Villafresno de la Comarca y no veo los artículos sobre el lince en la sección de urbanismo.

A la par que estas noticias sobre hermosos animales es común encontrar comentarios que claman por la poca eficacia de los cuerpos, fuerzas y mafias del Estado ante alguna supuesta agresión al medio ambiente. No sé a ustedes, pero a mí me duele el alma cuando compruebo que el Seprona, los guardias forestales o su cuerpo de mercenarios favorito ha pasado a ser el mejor amigo de esos que se autodenominan ecologistas. Desconozco en qué punto la izquierda ha pasado a ser obscenamente punitiva, pero ha pasado. Créanme si les digo que sobrevivimos a duras penas a una brutal persecución burocrática, que implica a múltiples administraciones (desde la local hasta Bruselas), con diferentes legislaciones (muchas veces, absurdas y cambiantes) y una digitalización forzosa de muchos trámites, todo lo cual hace que cualquier trabajador del campo pueda ser denunciado en cualquier momento porque incumple alguna normativa, del tipo que sea: ambiental, de tráfico, administrativa… Que en esas circunstancias le demos pábulo a los elementos de represión del Estado, siempre tan pulcros a la hora de tratar a los de arriba y tan sádicos con los de abajo, es desolador. Usted no sabe, de verdad que no, que por regar un almendro con una garrafita de agua traída de casa para que no se seque en verano le pueden encasquetar, en mi comarca, miles euros de multa, porque es un delito contra el medio ambiente. Cuando pasa eso, ¡que pasa!, no falla quien grita que les está bien empleado a los que tienen pozos de sondeo sin declarar (ay, el prejuicio…), haciendo caso omiso a los detalles del caso: una garrafa de agua mineral, amigo, no un pozo: observe la realidad antes de describirla, hombre. Aquí está prohibido hasta coger piñas del campo para encender la estufa, a pesar de que se supone que son grandes propagadoras de los incendios y es convenientes limpiar los suelos, pero si el arbitrio benemérito opina que puedes lucrarte con ellas, ¡zas!, multa al canto y que viva el medio ambiente. En paralelo a las prohibiciones tenemos los permisos, oh, ¡los permisos! Hay que pedir permisos para todo: para mover una oveja, para podar una chaparra que amenaza la pobre con caerse, para quemar el ramón de tus olivos, para transportar tus aceitunas, para plantar cualquier tipo de árbol… Es exasperante e imposible de cumplir a rajatabla, por lo que no deberíamos celebrar el arte estatal de freírte a sanciones que te arruinan la vida.

Si el ecologismo punitivo aliado de la Guardia Civil no fuera suficiente para acabar con la credibilidad de la izquierda en el campo, hay que sumar los efectos del ecologismo mágico: ese que propugna que todo metro de campo debe estar protegido y que ello es bueno para los habitantes de las zonas rurales, de hecho, es nuestra única vía de supervivencia. Las zonas ZEPA, ZEC, Reservas de la Biosfera y demás sólo son palos en los lomos de la gente humilde, porque suponen una miríada de trámites y estudios para cualquier minúscula intervención en tu parcela, cosa que, al final, casi siempre te prohíben. Como dice mi madre, si no nos dejan vivir de nuestra tierra, ¡que nos la expropien, que nos paguen por hacer un beneficio al mundo! Pero que no nos prohíban la subsistencia. Actualmente, algunos estamos obligados a dejar corredores naturales en nuestras pírricas fincas, como si nos sobrara la superficie de cultivo, como si fuera barata comprar más. La política de protección de espacios es una de las herramientas más clasistas que se han perpetrado jamás en estos lares. ¿Saben por qué? Porque a las zonas ricas, y no miro a nadie, nunca les protegen nada. Pero aquí, suerte que tenemos, nos conminan a ser conservados. Nos obligan, fíjense lo que les digo, a trabajar sin maquinaria en algunos casos, a podar con serrucho. No nos merecemos el progreso, somos indignos de él porque somos naturales. Extremadura nunca podrá dejar de ser una ruina porque está protegida de arriba abajo. Nos han comprado los derechos de emisión de carbono, pero en versión europea, que es más cruel porque implica que tenemos que vivir como en la Edad de Piedra mientras nos visitan los alemanes en todoterrenos blancos para ver buitres negros.

Por si fuera poco partido que remontar, el ecologismo mágico se ha empeñado en convencernos de que vivir en la prehistoria se compensa con el turismo rural. Sí, sí, han oído bien. Llevamos décadas intentado deconstruir el fenómeno nocivo del turismo sobre el medio y sobre las gentes, pero luego nos lo sirven en la mesa como promesa de futuro. También se han empeñado en convencernos de todo tipo de proyectos peregrinos que, aun cargados de sentimientos hermosos, no son más que dislates de gente un pelín desubicada, siendo suaves. Hay artículos por ahí, que prefiero no enlazar, en los que defienden que el lobo (nuestro quijote de hoy) puede servir para frenar la despoblación y dinamizar el entorno rural. En serio, no es broma: es una desfachatez ignominiosa y una falta de respeto descomunal hacia todos los que sudamos la gota gorda para ganarnos el pan en el campo. ¿Cómo carajo va a servir el lobo para fijar población? ¿Queréis dejar ya la vaina del ecoturismo, os lo pedimos por favor?

Pero la izquierda aún puede acabar de tirar los puentes que la conectan con el campo, con la realidad de la gente humilde que habita pastos y montes. Lo hace cada vez que olvida que la producción ecológica sólo está al alcance de algunos capitales y tierras privilegiadas, así que debería dejar la mirada enfurruñada hacia quien, de momento, no ha podido hacer la transición. Lo hace cada vez que acepta, sin más ni más, que un producto vegetal es menos contaminante que uno cárnico, o cuando olvida que en la mayoría de las fincas hortofrutícolas de ecológico extensivo se emplea a mano de obra medio esclava, engranaje perverso al que no deberíamos contribuir. Lo hace cada vez que nos niega el derecho antropológico a comer animales que criamos y nos injuria mediante campañas manipuladoras y taimadas, a pesar de lo cual entendemos perfectamente las razones de las personas que deciden alimentarse de otra forma y de que compartimos luchas como las que nos enfrentan con las macrogranjas o con el carnivorismo de chuletón rojigualdo. Lo hace cada vez que nos ponen como ejemplo de futuro para todo un sector productivo a su primo el informático que tiene una huerta ecológica con cuatro tomates que vende injustificadamente caros a tres incautos, porque la salvación individual no tiene por qué servir de modelo para la salvación colectiva. Y lo hace cada vez que pone otro ladrillo más en la construcción de discursos y teorías sin considerar la verdadera realidad agraria. Si se fijan, el campesino es el único colectivo con el que no se cuenta nunca a la hora de debatir sobre su propio futuro. Cuando la izquierda rupturista quiere hablar de campo suele llamar a un ecologista, como si eso significara algo al respecto de lo que nos ocupa. Se trata de un episodio paranormal que aún trato de explicarme, honestamente. ¿Por qué no llaman a un ecologista y sólo a un ecologista cuando hay que hablar sobre el futuro de la metalurgia? ¿Es que la industria incide menos en el medio natural que la agricultura? ¿Para cuándo un Ministerio de Industria y Medio Ambiente? Yo he visto jornadas sobre agricultura y ganadería sin campesinos profesionales, se lo juro, sólo con aficionados al huerto en el barrio. Me encanta el huerto en el barrio, pero no sé si quiero que esa gente marque las directrices de la política de izquierdas sobre el campo, para qué engañarles.

Tantos y tantos errores, fruto de la estulticia, la soberbia, el clasismo o la nula visión táctica son munición potente y gratuita para el enemigo, que no es tonto y nos está barriendo en la batalla cultural del campo. No les hacen falta gurús maquiavélicos ni dos neuronas bien puestas para lanzar eslóganes como cañonazos: “Se moviliza más gente para que no muevan un nido de cigüeña de un tejado particular que para frenar un desahucio”. Sabemos que es demagogia barata, pero, por si acaso, no intenten refutar con datos la afirmación anterior, no vaya a ser que nos llevemos un tremendo chasco.

El futuro está lleno de incertidumbres y todos los sectores productivos tienen que ir rumiando las medidas de encaje en el nuevo orden económico mundial. Sabemos que habremos de lidiar con conflictos y contradicciones que pondrán a prueba incluso las propias formas de vida. Somos conscientes de que tenemos que prepararnos para enmendar con humildad multitud de usos y costumbres, pero échennos una mano en la disputa política que damos parcela a parcela, pueblo a pueblo, mientras nos jugamos el pescuezo. No nos bombardeen ni nos dejen solos. Necesitamos una izquierda, un ecologismo, una academia y una ciudadanía que empatice con la realidad de la población rural, que dispense a nuestra forma de vida el mismo respeto antropológico que a cualquier otra tribu del mundo, que tenga presente en primer plano las circunstancias materiales, sociales, históricas y políticas de la gente. Jamás nadie fue convencido a palos. Somos Numancia y a veces ustedes nos vienen a hablar de las bondades de Roma de la mano de una legión armada con jabalinas.

No les regalemos el sentido común a los que responden a esta coyuntura histórica con la cancamusa de patria, familia y trabajo, vaguedades que serían inofensivas si no fuera porque llevan implícitas altas dosis de odio, patriarcado y matonismo.  

Hoy, más que nunca:

¡Tierra y libertad!

Pedro Lópeh es musicólogo especializado en folclore, cultura popular y flamenco. Hombre del campo que escribe y toca el acordeón.

Fuente: https://ctxt.es/es/20211101/Firmas/37996/agricultura-huelga-asaja-izquierda-ecologismo.htm

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