jueves, 28 de octubre de 2021

La CEOE contrata a Pablo Iglesias, Ábalos, Cándido Méndez… para un curso sobre liderazgo. (Desde que te vi peinado y con la coleta en la mano, dije para mí, malo, malo, malo, malo, malo. Que es broma, Pablo, no me hagas caso, que eso mismo ya lo decía yo desde que te vi en un mitin, encima de la tarima, dando vueltas como un pato mareao fingiendo que reflexionabas y decías en voz alta el producto de esas reflexiones, que doctores como tú no sEmos, hombre, pero que tan tontos tan tontos tampoco sEmos, criatura. Ay, mi casto Pablo)

 

La CEOE contrata a Pablo Iglesias, Ábalos, Cándido Méndez… para un curso sobre liderazgo

 


Diario octubre / octubre 28, 2021 

Un curso-taller organizado por el patronal CEOE y con un coste de 1950 euros por alumno tendrá de ponentes a varios ex ministros del PSOE José Luis Ábalos, Magdalena Valerio y Miguel Sebastián, y del PP, Isabel García Tejerina, Alfonso Alonso, Manuel Pimentel y Fátima Báñez) y de UP como PAblo Iglesias, además de líderes empresariales, empresarios en activo y el ex secretario general de UGT, Cándido Méndez.

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El tonto de Rafael. (Rafael Alberti)

 

Tal día como hoy, en 1999, el poeta comunista Rafael Alberti fallecía en Puerto de Santa María, la ciudad que lo vio nacer. Miembro destacado de la Generación del 27, lo recordamos hoy con este poema, muestra emblemática de su extensa obra poética.

El tonto de Rafael



Rafael Alberti

El Viejo Topo

28 octubre, 2021 


 El tonto de Rafael


Por las calles, ¿quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tonto llovido del cielo,
del limbo, sin un ochavo.
Mal pollito colipavo,
sin plumas, digo, sin pelo.
¡Pío-pic!, pica, y al vuelo
todos le pican a él.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tan campante, sin carrera,
no imperial, sí tomatero,
grillo tomatero, pero
sin tomate en la grillera.
Canario de la fresquera,
no de alcoba o mirabel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tontaina tonto del higo,
rodando por las esquinas
bolas, bolindres, pamplinas
y pimientos que no digo.
Mas nunca falta un amigo
que le mendigue un clavel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Patos con gafas, en fila,
lo raptarán tontamente
en la berlina inconsciente
de San Jinojito el lila.
¿Qué runrún, qué retahíla
sube el cretino eco fiel?
¡Oh, oh, pero si es aquél
el tonto de Rafael!

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miércoles, 27 de octubre de 2021

La historia del Viejo Benjamin

 

Lisa Fittko, considerada una heroína invisible de la resistencia, sirvió de guía a Walter Benjamin para atravesar la frontera franco-española el 25 de septiembre de 1940. Cuarenta años después dejó constancia escrita con el relato de dicha travesía.

La historia del Viejo Benjamin



 

Lisa Fittko

El Viejo Topo

27 octubre, 2021


El 26 de septiembre de 1940 Walter Benjamin se suicidó por sobredosis de morfina en una pensión de Port Bou. Un evidente suicidio inducido. Por eso cabe preguntar: ¿Quién mató a Walter Benjamin? Pro memoria, y por si así es posible saber qué ocurrió con el manuscrito que portaba, cuya salvación le parecía más importante que la de su propia vida. Los testimonios de Lisa Fittko y Henny Gurland permiten reconstruir aquel brutal episodio de la colaboración entre nazis y franquistas. Un episodio del que se han borrado las huellas: en el hermoso cementerio marino de Port Bou la tumba de Benjamin se ha esfumado y en el pueblo nadie recuerda nada, sin que falten algunas frustradas tentativas de la tradicional picaresca española. Un aura de misterio sigue rodeando la muerte de Benjamin en Port Bou, pero puede y debe esclarecerse.

Cumplo, por fin, la promesa de escribir la historia. La gente sigue pidiéndome que describa exactamente la forma en que…

Recuerdo todo lo que pasó, así lo creo. Es decir, recuerdo los hechos. Pero, ¿puedo revivir aquellos días? ¿Es posible retroceder y penetrar en aquellos tiempos en que no había lugar para recordar lo que era la vida normal, aquellos días en que teníamos que adaptarnos al caos y luchar por sobrevivir…?

La distancia de los años –una cuarentena– le ha dado una perspectiva a los acontecimientos, opinan muchos. Me parece, sin embargo, que esta perspectiva con pretensiones de comprensión fácilmente se vuelve una simple visión desde atrás, reformando aquello que… Contra esta trampa, ¿cómo poner en orden mis recuerdos? Y ¿por dónde empezar?

25 de septiembre de 1940
Port-Vendres (Pirineos Orientales), Francia.

Me recuerdo despertándome en la habitación estrecha de bajo techo donde algunas horas antes había ido a dormir. Alguien llamaba a la puerta, pero no era la chica. Me froté los ojos medio cerrados. Se trataba de uno de nuestros amigos: Walter Benjamin, uno de los que huyeron hacia Marsella cuando los alemanes ocuparon Francia. «Viejo Benjamin», solía decir yo refiriéndome a él sin saber exactamente por qué –tenía 48 años–. ¿Qué hacía ahora aquí?

«Respetable señora ‒dijo‒, por favor, acepte mis disculpas por esta molestia». El mundo había quedado trastocado, pensaba yo, pero no la cortesía de Benjamin. «Su señor esposo ‒prosiguió‒, me indicó cómo encontrarla. Me dijo que usted podría conducirme a España a través de la frontera». ¿Qué dijo? Oh bien, sí, mi señor esposo –mi marido– habrá dicho eso. Supondrá que puedo hacerlo, lo que sea.

Benjamin se quedó parado ante la puerta abierta; entre la cama y el pasillo no había sitio para una segunda persona. Le sugerí enseguida que me esperara en el bistrot de la calle del pueblo. Desde el bistrot nos fuimos a dar un paseo, de modo que pudiéramos hablar sin ser escuchados.  Le expliqué que, aunque mi marido no lo sabe, desde mi llegada a la zona fronteriza la semana pasada he encontrado un modo seguro de cruzar la frontera. Un día bajé al puerto para hablar con alguno de los obreros portuarios. Uno de ellos me invitó al local del Sindicato donde me pusieron en contacto con el señor Azéma: alcalde de Banyuls-sur-Mer, un pueblo cercano. Era el hombre que, según había oído en Marsella, podría ayudarme a encontrar un camino seguro para aquellos de nuestra familia y amigos que estuvieran dispuestos a pasar al otro lado. Se trataba de un viejo socialista de los que habían ayudado a la República española pasando desesperadamente la frontera con los médicos, medicinas y enfermeros necesarios durante la Guerra Civil española. «Una grata persona, el alcalde Azéma», le comenté a Benjamin. Se había pasado horas conmigo preparando cada detalle. Por desgracia, el famoso camino a través del muro del cementerio de Cerbère estaba cerrado. Había sido un camino absolutamente seguro y gran número de refugiados lo habían usado durante meses, pero ahora estaba fuertemente vigilado por los gardes mobiles. Sin duda por orden de la Comisión Alemana. Según el alcalde, el único punto realmente seguro era «la Route Lister». Ello significaba que tendríamos que cruzar los Pirineos más al oeste, a gran altura, haciendo una gran ascensión.

«Está bien ‒contestó Benjamin‒, será tan largo como seguro. Yo tengo dificultades cardíacas ‒continuó‒, y tendré que ir despacio. También hay dos personas que me acompañan desde Marsella y que necesitan pasar la frontera: la Sra. Gurland y su hijo. ¿Los llevará usted?»

Seguro, seguro. «Pero, Sr. Benjamin, comprenda usted que yo no soy una guía competente en esta región, que no conozco los caminos y que nunca los he recorrido por mi cuenta… Tengo un trozo de papel con unas indicaciones a lápiz, un mapa del camino hecho de memoria donde están descritos algunos de los detalles de las vueltas que hay que dar: una cabaña a la izquierda, una explanada con siete pinos que hay que bordear por la derecha, porque si no saldríamos demasiado al norte, hasta los viñedos que conducen al cerro en este punto a la derecha. ¿Quiere aún correr el riesgo?»

«Sí», dijo sin vacilar. «El riesgo real sería no ir». Dicho sea de paso, recuerdo que éste no era el primer intento de Benjamin para salir de la trampa, imposible de olvidar para cualquiera que conozca los anteriores. La atmósfera apocalíptica de Marsella en 1940 produjo historias absurdas de huidas frustradas: planes sobre barcos fantásticos y capitanes legendarios, visados para países inexistentes en el mapa y pasaportes de países que habían dejado de existir. Uno se acostumbraba a aprender en el Daily Grapevine [boca a oreja] que estos planes quiméricos podrían seguir el destino de un castillo de naipes. Éramos capaces de reírnos –teníamos que reírnos– del lado cómico de algunas de aquellas tragedias. La risa era irresistible cuando el Dr. Fritz Fraenkel ‒de constitución endeble y melena gris‒ y su amigo Walter Benjamin ‒con su cabeza de escolar sensible y ojos pensativos tras las gafas‒ se veían obligados a disfrazarse de marineros franceses para colarse de contrabando en un barco de carga. No llegaban muy lejos.

No obstante, podían continuar intentando huir, por suerte, dado el estado general de confusión.

Intentaríamos ver al alcalde Azéma una vez más, esta vez juntos, de forma que pudiéramos memorizar cada detalle. Avisé a mi cuñada –ella, el niño y yo pensábamos cruzar la frontera e ir a Portugal la semana siguiente– y salí con Benjamin hacia Banyuls.

Aquí tengo un lapsus de memoria. ¿Nos atrevimos a tomar el tren, a pesar de los constantes controles fronterizos? Tuvimos que haber andado 6 u 8 kilómetros desde Port-Vendres por la senda rocosa que ahora me era familiar. Recuerdo haber encontrado al alcalde en su despacho; recuerdo cómo miraba hacia la puerta y repetía sus instrucciones, contestando a nuestras preguntas.

Dos días más tarde, después de que el alcalde nos dibujase el plano de la carretera, nos asomamos a la ventana y Benjamin tomó nota de las direcciones: la explanada de los siete pinos y algunas colinas a las que tendríamos que subir. «Sobre el papel parece un paseo fácil ‒comenté‒, pero me temo que tengamos que atravesar alturas pirenaicas…». Se rió: «Eso es en España, al otro lado de las montañas».

Entonces, el alcalde sugirió dar un paseo aquel atardecer y recorrer la primera parte de la ruta para probar si podíamos encontrar nuestro camino. «Tú subes hasta este claro», dijo señalando el plano. «Luego vuelves y lo verificas conmigo. Pasas la noche en la fonda y mañana por la mañana, a eso de las cinco cuando aún está oscuro y la gente se va hacia sus viñedos, haces otra vez todo el camino hasta la frontera española». Benjamin preguntó por la distancia hasta la explanada. «Menos de una hora… bien, en realidad no más de dos horas. Un bonito paseo». Nos despedimos con un apretón de manos: «Je vous remercie infiniment, Monsieur le Maire», oí decir a Benjamin. Pude escuchar claramente su voz.

Fuimos a ver a sus compañeros, que esperaban en la fonda y les explicamos nuestro plan. Me pareció que cooperarían sin quejarse, contra lo que yo me temía, en una situación tan crítica. Caminamos tranquilamente, como turistas que disfrutan del panorama. Me di cuenta que Benjamin portaba una maleta de grandes dimensiones que había recogido cuando nos paramos en la posada. Parecía pesada y le ofrecí mi ayuda para llevarla. «Es mi nuevo manuscrito», me explicó. «Pero, ¿por qué la trae?». «Comprenda que esta maleta es lo más importante para mí ‒y añadió‒ no puedo arriesgarme a perderla. Es el manuscrito lo que debe ser salvado. Es más importante que yo mismo».

Esta expedición no iba a ser fácil, pensé. Walter Benjamin y sus caminos retorcidos. Justo como es él. Cuando intentaba pasar por marinero en el puerto de Marsella, ¿habría ido con la maleta?

Mejor sería pensar en el camino, me dije a mí misma, e intentar descifrar las indicaciones de Azéma en el pequeño plano. Aquí estaba el cobertizo vacío que el alcalde había mencionado; no nos habíamos perdido… por ahora. Luego encontramos el sendero con una ligera curva hacia la izquierda. Y la gran roca que había descrito. ¡Una explanada! Esa tiene que ser. Lo habíamos conseguido, después de casi tres horas.

Según lo señalado por Azéma, esto significaba sólo la tercera parte del camino. No lo recuerdo como si hubiera sido difícil. Nos sentamos y descansamos un rato. Benjamin se tumbó sobre la hierba y cerró los ojos; yo pensaba que debió haber sido fatigoso para él. Estábamos preparados para emprender el descenso de vuelta, pero él no se levantó. «¿Está listo?», le pregunté. «Estoy bien ‒contestó‒, vosotros tres vais delante».

«¿Y usted?».

«Yo me quedo. Voy a pasar la noche aquí y vosotros os reunís conmigo por la mañana».

Esto era peor de lo que yo esperaba. ¿Qué hacer ahora? Todo lo que podía hacer era razonar con él. La zona era agreste y montañosa, donde podrían aparecer animales peligrosos. Con certeza sabía que allí existían toros salvajes. Estábamos a finales de septiembre y no tenía nada con que cubrirse. En los alrededores merodeaban contrabandistas, y quién sabe lo que podrían hacer con él. No tenía nada que comer ni beber. En cualquier caso, era insano. Respondió que su decisión de pasar la noche en la explanada era irrevocable, al estar basada en un razonamiento muy simple. El objetivo era cruzar la frontera, de modo que ni él ni su manuscrito cayeran en manos de la Gestapo. Había alcanzado la tercera parte de este objetivo. Si tenía que volver al pueblo y repetir mañana todo el camino, su corazón probablemente no lo aguantaría. Ergo, se quedaba.

Me senté otra vez y dije: «Entonces yo también me quedo».

Sonrió. «¿Desea usted defenderme de sus toros salvajes, estimada señora?».

Mi estancia no sería razonable, explicó tranquilamente. Era esencial que hiciera las comprobaciones con Azéma y que descansara esa noche. Sólo entonces sería capaz de guiar a los Gurland antes del amanecer sin errores ni retrasos, para llegar a la frontera. Naturalmente que ya sabía eso. Además, tenía que conseguir algo de pan sin la cartilla de racionamiento, y quizá algunos tomates y sucedáneo de mermelada en el mercado negro para poder caminar durante el día. Supongo que sólo intentaba asustar a Benjamin para que abandonase su idea pero, naturalmente, no funcionó.

Durante el descenso quería concentrarme en el sendero para poder encontrar el camino en la oscuridad de la mañana siguiente. Pero la cabeza se negaba: él no debía quedar sólo allí, es un error… ¿Lo había planeado así durante el camino? ¿O el paseo le había extenuado de tal modo que decidió quedarse sólo una vez que llegamos?  Pero allí estaba la pesada maleta que no había soltado durante todo el camino. ¿Permanecía intacto su instinto de conservación? En caso de peligro, ¿qué le aconsejaría hacer su peculiar forma de razonamiento

Durante el invierno, antes de la capitulación de Francia, mi marido y Benjamin habían estado juntos en uno de los campos donde el Gobierno Francés encarcelaba a los refugiados de la Alemania Nazi. Fue en el Campo de Vernuche, cerca de Nevers. En una de sus conversaciones, Benjamin, fumador empedernido, declaró que había dejado de fumar hacía pocos días. Era angustioso, añadió. «Tiempos duros», le dijo Hans. Observando la incapacidad de Benjamin para «tratar las adversidades superficiales de la vida, que a veces se presentan…» (Walter Benjamin. Cartas 1) –en Vernuche todo eran adversidades– Hans se había acostumbrado a ayudarle en los problemas. Cuando quería demostrarle a Benjamin que en lo que se refiere a tolerar crisis y mantener el equilibrio síquico, la regla fundamental era conseguir satisfacciones evitando las privaciones, Benjamin respondía: «Sólo puedo soportar las condiciones de vida en el campo si me siento obligado a sumergir la mente totalmente en un esfuerzo. Dejar de fumar requiere ese esfuerzo y, por tanto, será lo que me salve».

A la mañana siguiente parecía que todo iba a ir bien. El peligro de ser vistos por la policía o por los guardias fue máximo cuando abandonamos el pueblo y empezamos a subir por la colina. Azéma había insistido: la salida, antes del amanecer; mezclarse con los vendimiadores en la subida; no llevar nada, excepto una ‘musette’; no hablar. De este modo, las patrullas no nos podrían distinguir de los habitantes del pueblo. La señora Gurland y su hijo, a los que había explicado estas normas, las siguieron cuidadosamente y yo no tuve problemas para encontrar el camino.

Cuanto más nos acercábamos a la explanada, mayor era la tensión que sentía. ¿Estaría Benjamin allí? ¿Estará vivo? Mi imaginación comenzó a girar como un calidoscopio.

Por fin. Aquí está la explanada. Aquí está el viejo Benjamin. Vivo. Se levantó y nos miró amistosamente. Entonces me sorprendió su cara, ¿qué había pasado? Esas manchas color púrpura oscuro bajo sus ojos, ¿podrían ser síntomas de un ataque al corazón?

Intuyó por qué lo miraba. Quitándose las gafas y limpiándose la cara con un pañuelo, comentó: «Oh, esto. El rocío de la mañana, ya sabe. Lo que se forma en la montura de las gafas, ¿ve? Se mancha al humedecerse».

Mi corazón cesó de latir en mi garganta, para deslizarse otra vez al lugar que le correspondía.

Desde aquí, el ascenso fue más empinado. Entonces, comenzamos a dudar repetidamente sobre la dirección que debíamos seguir. Me sorprendió que Benjamin fuera capaz de comprender su pequeño mapa y ayudarme a orientarnos para tomar el camino correcto.

La palabra «camino» se volvía a cada paso más simbólica. Se trataba de trechos de una senda difícilmente reconocible entre las piedras, luego el viñedo en pendiente que nunca olvidaré. Pero primero explicaré lo que hacía tan segura esta ruta.

Siguiendo el ascenso inicial, el camino corría paralelo a la bien  conocida carretera «oficial», a lo largo de la cumbre de la cadena montañosa que era realmente transitable. «Nuestra» carretera ‒la «Route Lister» y un viejo, viejo sendero de contrabandistas‒ corría por debajo y, a veces, metido por dentro de barrancos, fuera del campo visual de los guardias de fronteras franceses que patrullaban en lo alto. En algunos puntos, los dos caminos se aproximaban tanto que teníamos que guardar silencio.

Benjamin caminaba despacio y uniformemente. Por intervalos regulares ‒aproximadamente cada 10 minutos‒ se paraba y descansaba durante un minuto. Luego continuaba con el mismo ritmo estudiado. Lo había calculado y preparado durante la noche,  según me confesó: «Con este ritmo seré capaz de llegar hasta el final. Me paro en intervalos  regulares, tengo que pararme antes de caer exhausto. Así no llegues nunca al agotamiento».

¡Qué hombre tan extraño! Una mente clara como el cristal, una gran energía interior.

Walter Benjamin escribió una vez que la naturaleza de esta energía es «la paciencia, no superada por nada» (en Agesilaus Santander). Leyendo esto años más tarde, lo veía otra vez andando lentamente, sereno, a lo largo del camino, y este contraste hacía olvidar algunas de sus absurdidades.

Yo y el hijo de la señora Gurland, José ‒que tenía alrededor de 15 años‒ organizamos turnos para llevar la maleta negra que era terriblemente pesada. Pero ‒repito‒ todos mostrábamos buen humor. A veces, casualmente hablábamos sobre temas que giraban en torno a las necesidades del momento. Pero la mayor parte del tiempo permanecíamos silenciosos, vigilando el camino.

Hoy, cuando Walter Benjamin es considerado uno de los maestros y críticos de nuestro siglo, se me pregunta con frecuencia ¿qué decía sobre el manuscrito? ¿Discutía el contenido? ¿Desarrollaría un nuevo concepto filosófico?

Dios mío, yo tenía suficiente conduciendo mi pequeño grupo hacia arriba; la filosofía quedaba lejos, hasta que alcanzásemos la otra cara de la montaña. ¿Qué importaba ahora, sino salvar a unas  personas de los Nazis? Y aquí estaba yo con este komischer Kauz, ce drôle de type, este curioso excéntrico. Viejo Benjamin: en otras circunstancias no partiría con su equipaje, la maleta negra; pero teníamos que burlar al monstruo a través de las montañas.

Vuelvo a los viñedos en cuesta. No había sendero. Escalamos entre las vides cargadas con las uvas dulces, oscuras y casi  maduras de Banyuls. Yo las recuerdo con una inclinación casi vertical, pero algunas memorias, a veces, distorsionan la geometría. Aquí vaciló Benjamin por primera y última vez. Con más precisión, se esforzó, cedió y formalmente se dio cuenta de que aquella pendiente estaba por encima de sus posibilidades. José y yo lo cogimos entre los dos con sus brazos sobre nuestros hombros y le llevamos ‒a él y la maleta‒ cuesta arriba. Respiraba pesadamente, pero no se quejaba, por lo que veíamos. Sólo de reojo miraba hacia la maleta negra

Después de los viñedos, hicimos un alto en una estrecha ladera ‒el mismo escenario donde conocimos a nuestros griegos unas semanas más tarde‒. Pero esa es otra historia. El sol estaba lo  bastante alto como para calentarnos, de modo que debían haber pasado entre 4 y 5 horas desde que emprendimos la marcha. Probamos algo de la comida que yo había traído en mi musette, pero nadie comió mucho. Nuestros estómagos habían encogido durante los últimos meses ‒primero los campos de concentración, luego el caótico refugio‒ ‘la pagaille’, o el Caos Total. Una nación en marcha, moviéndose hacia el sur; a sus espaldas, pueblos vacíos y ciudades fantasmas, inanimadas, mudas, hasta que el estruendo de los tanques alemanes rompía el silencio. Pero ‒otra vez‒ esa es otra historia, una historia muy larga.

Mientras estábamos parados, pensé que este camino a través de las montañas se había vuelto más largo y difícil de lo que suponíamos por las descripciones del alcalde. Por otro lado, si uno se familiarizaba con el terreno y no tenía que transportar nada, y si  estaba en buena forma, podía recorrerlo en mucho menos tiempo. Como suele pasar con la gente de las montañas, las ideas del señor Azéma sobre la distancia y el tiempo eran elásticas. ¿Cuántas horas eran «unas horas» para él?

Durante los meses de invierno que siguieron, cuando cruzábamos la frontera por este paso dos y hasta tres veces semanalmente, pensaba con frecuencia en la autodisciplina de Benjamin. Pensaba en él cuando la Sra. R. se ponía a gimotear en medio de las montañas: «… no tiene una manzana para mí… quiero una manzana…», y cuando la señorita Mueller tenía un ataque súbito de gritos (yo lo llamaba «acrodementia»), y cuando el Dr. H. valoraba su abrigo de piel por encima de su seguridad (y la nuestra). Otra vez se trata de historias diferentes…

En aquel momento yo estaba sentada sobre los Pirineos, comiendo un trozo de pan obtenido con billetes de racionamiento falsos, y Benjamin pedía tomates: «Con su permiso, ¿puedo…?» El bueno del viejo Benjamin y su ceremoniosa cortesía de castellano.

De repente comprendí que lo que había estado contemplando amodorrada era un esqueleto, blanqueado por el sol. ¿Quizá una cabra? Sobre nosotros, en el cielo azul sureño, dos grandes pájaros negros volaban en círculo. Debían ser buitres. Me pregunto lo que esperan de nosotros… Qué raro, pensé, usualmente no suelo ser tan flemática en lo que respecta a esqueletos y buitres.

Nos levantamos y reanudamos la marcha. Ahora el camino comenzaba a ser razonablemente recto, ascendiendo muy ligeramente. Estaba lleno de baches, y para Benjamin debió ser duro. Después de todo, estaba en marcha desde las siete. Su caminar se hacía más lento y sus pausas más largas, pero siempre en intervalos regulares, observando su reloj. Parecía quedarse absorto cronometrándose a sí mismo.

Luego alcanzamos la cúspide. Yo iba delante y paré para mirar alrededor. La vista se aparecía tan de repente que por un momento me asombró, como un espejismo. Más abajo, de donde veníamos, reaparecía el Mediterráneo. Al otro lado, más allá, acantilados escarpados y, ¿otro mar? Naturalmente, la costa española. Dos mundos azules. A nuestras espaldas, al norte, el Roussillon catalán. Al fondo, lejana, La Côte Vermeille, la tierra otoñal con cientos de sombras color bermellón. Quedé boquiabierta; nunca había visto nada tan hermoso.

Supe que ahora estábamos en España y que, siguiendo el camino,  bajaríamos directos hasta llegar al pueblo. Ahora sabía que tendría que dar la vuelta. Los otros tenían los papeles y visados necesarios, pero yo no podía arriesgarme a ser cazada en suelo español. Pero no, no podía abandonar el grupo a sí mismo, no ahora. Un pequeño trecho… Anotando en un papel los detalles que me devuelve la memoria de esta primera vez que crucé la frontera por la «Route Lister», una imagen nebulosa cubre todo aquello que he pasado estos años. Tres mujeres ‒a dos de ellas las conocía vagamente‒ cruzaron nuestro camino. Confusamente, nos veo allí hablando por un rato. Habían llegado por otro camino y continuaron por separado hacia el lado español. Nuestro encuentro no me sorprendió ni me impresionó particularmente, puesto que muchas personas estaban intentando huir a través de las montañas.

Pasamos cerca de un charco. El agua estaba sucia, verdosa y apestaba. Benjamin se arrodilló para beber.

«No puede beber de ese agua ‒dije‒, está sucia y seguramente contaminada». La botella de agua que yo traía se había vaciado, pero hasta ahora no había mencionado que estuviera sediento. «Debo disculparme ‒dijo Benjamin‒, pero no tengo alternativa. Si no bebo, no seré capaz de continuar hasta el final». Inclinó la cabeza hacia el charco.

«Escúcheme ‒le dije‒. ¿Quiere esperar un momento y atenderme? Casi hemos llegado. Pero beber ese lodo es impensable.  Cogería el tifus…»

«Es verdad, puede ser. Pero comprenda que lo peor que puede ocurrir es que muera de tifus… DESPUÉS DE cruzar la frontera. La Gestapo no podrá atraparme y el manuscrito estará a salvo. Discúlpeme».

Bebió.

El sendero descendía ahora en una suave pendiente. Serían   alrededor de las dos de la tarde, cuando dejamos atrás la pared rocosa y, en el valle, contemplé el pueblo, muy próximo.

Texto publicado en el nº 41 de la revista Quimera, septiembre de 1984. Traducción de Enrique Acha.

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Los multimillonarios estadounidenses son ahora 2,1 billones de dólares más ricos que antes de la pandemia. (Quiere esto decir que la riqueza creada por los trabajadores por valor de 2,1 billones de dólares queda en manos de una reducidísima banda de canterburianos del capital o, dicho en términos más científicos para no ofender a nadie y para que a mi no se me vea el plumero, tal que: cataplum, plim, plam, los trabajadores son hoy más pobres que antes de aparecer el bicho de la pandemia por un valor de 2,1 billones de dólares, que no es moco de pavo)

 

Los multimillonarios estadounidenses son ahora 2,1 billones de dólares más ricos que antes de la pandemia

 

Por Chuck Collins

Rebelion

 27/10/2021 


Fuentes: Sin permiso

Los multimillonarios de Estados Unidos se han enriquecido en 2,1 billones de dólares más durante la pandemia, y su fortuna colectiva se ha disparado en un 70%, pasando de algo menos de 3 billones de dólares al inicio de la crisis del COVID, el 18 de marzo de 2020, a más de 5 billones el 15 de octubre de este año, según datos de Forbes analizados por los Americans for Tax Fairness (ATF) y el Programa de Desigualdad del Institute for Policy Studies (IPS). [Más abajo se muestra una tabla con los 15 principales multimillonarios y puede encontrarse aquí el conjunto de datos completo].

No sólo ha crecido la riqueza de los multimillonarios estadounidenses, sino también su número: en marzo del año pasado, había 614 estadounidenses con cuentas bancarias de 10 cifras. Hoy son 745.

Los 5 billones de dólares de riqueza que poseen ahora los 745 multimillonarios son dos tercios más que los 3 billones de dólares de riqueza que posee el 50% más pobre de los hogares estadounidenses, según estimaciones de la Junta de la Reserva Federal.

La buena y gran fortuna de estos multimillonarios en los últimos 19 meses resulta aún más cruda cuando se contrasta con el demoledor impacto del coronavirus entre los trabajadores. Casi 89 millones de estadounidenses  han perdido su puesto de trabajo, más de 44,9 millones han enfermado  a causa del virus y más de 724.000 han muerto de resultas del mismo.

Para poner en perspectiva este extraordinario crecimiento de la riqueza, las ganancias en diecinueve meses de 2,1 billones de dólares por parte de los multimillonarios estadounidenses equivalen a:

– El 60% del coste de 3,5 billones de dólares en 10 años del plan Build Back Better del presidente Biden.

– La totalidad de los 2,1 billones de dólares en nuevos ingresos durante 10 años aprobados por el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes para ayudar a pagar el plan de inversión Build Back Better (BBB) del presidente Biden.

Sesenta y siete organizaciones nacionales han enviado una carta al  Congreso en la que expresan su preocupación por el hecho de que ni el plan del Comité de Medios y Arbitrios ni el del Presidente Biden graven fiscalmente de modo adecuado a los multimillonarios. Recomiendan que la legislación del Impuesto sobre la Renta de los Multimillonarios (BIT) que está desarrollando el senador Ron Wyden , presidente del Comité de Finanzas, se incluya en la legislación final del BBB. El presidente Biden también apoya esta reforma fiscal.

La mayor parte de las ganancias de estos ingentes multimillonarios no se grava fiscalmente con las normas actuales y desaparece por completo a efectos fiscales cuando pasa a la siguiente generación. Con el BIT de Wyden, los multimillonarios empezarán a pagar impuestos sobre su riqueza incrementada todos los años, al igual que los trabajadores pagan todos los años impuestos sobre sus nóminas.

El impuesto se aplicará sólo a los contribuyentes cuya riqueza supere los mil millones de dólares: unos 700 hogares. Se aplicará anualmente a los activos negociables, como las acciones, cuyo valor se conoce al principio y al final del año. En el caso de los activos no negociables, como la propiedad de una empresa o de bienes inmuebles, los impuestos se aplazarán hasta que se venda el activo.

El apoyo público al impuesto sobre la renta a los multimillonarios es muy sólido. Cuando se propone como forma de pagar el paquete de inversiones de 3,5 billones de dólares del presidente Biden, aumenta el apoyo a ese paquete entre 20 y 40 puntos entre los votantes de los distritos y estados más disputados.


Fuentes: datos a 18 de marzo de 2020: Forbes, “Forbes Publishes 34th Annual List of Global Billionaires” 18 de marzo de 2020; datos a 15 de octubre de 2021: Forbes, “The World’s Real-Time Billionaires, Today’s Winners and Losers”, consultado el 15 de octubre de 2021.

Entre las historias de particulares que se esconden tras las grandes cifras, figuran:

Elon Musk, famoso por Tesla y SpaceX, no solo va superando a Jeff Bezos en el espacio, sino que le ha adelantado en el club de los multimillonarios. Hace diecinueve meses, Bezos era casi cinco veces más rico que Musk. Ahora, tras multiplicar meteóricamente por ocho su riqueza, Musk tiene un valor de 209.000 millones de dólares y Bezos, 192.000 millones. Aun así, la riqueza de Bezos creció un ingente 70 % en ese periodo.

Los fundadores de Google, Sergei Brin y Larry Page, tienen ahora juntos un valor de 237.000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 137% respecto a su riqueza combinada de 100.000 millones de dólares al comienzo de la pandemia.

El director de Nike, Phil Knight, casi ha duplicado su fortuna, pasando de 29.500 millones de dólares a casi 58.000 millones. Tal vez se debe eso en parte a que Nike  no pagó un céntimo de impuestos federales sobre la renta en 2020 de sus 2.900 millones de dólares en ganancias; y entre 2018 y 2020 la empresa  pagó sólo una tasa de impuestos del 3,3 %  en 9.000 millones de dólares en ganancias.

MacKenzie Scott, ex esposa del fundador de Amazon, Jeff Bezos, ha visto aumentar su riqueza en 19.500 millones de dólares, o en un 54 %, desde que comenzó la pandemia, incluso después de donar 8,600 millones de dólares de su riqueza a obras benéficas.

Los multimillonarios no tributan lo suficiente

La bonanza multimillonaria de los Estados Unidos demuestra los defectos estructurales de nuestros actuales sistemas económico y fiscal. El presidente Biden y los demócratas del Congreso intentan ponerle remedio proponiendo un paquete de inversiones de 3,5 billones de dólares para las familias trabajadoras y las comunidades, sufragado con impuestos más justos a los ricos y las empresas.

Por término medio, los multimillonarios pagan un  tipo efectivo del impuest federal sobre la renta de alrededor del 8 %  cuando se tiene en cuenta el incremento del valor de sus acciones, según la Casa Blanca. Se trata de un tipo inferior al que pagan muchos contribuyentes de renta media, como profesores, enfermeras y bomberos.

Los multimillonarios pagan tipos impositivos tan bajos porque:

– La mayor parte de sus ingresos proviene del aumento del valor de sus inversiones, como acciones, negocios o bienes inmuebles, en lugar de una nómina, como la mayoría de la gente, y no tienen que pagar impuestos sobre ese aumento de la riqueza, a menos que vendan los activos. Pero los ultrarricos no necesitan vender activos. En lugar de ello, debido a la magnitud de sus fortunas, pueden pedir préstamos a los bancos a tipos bajos y vivir lujosamente libres de impuestos.

– Cuando venden sus activos, pagan un tipo impositivo máximo sobre las plusvalías del 20 % (más un 3,8 % de impuestos sobre las rentas de inversión netas, NIIT), muy por debajo del actual 37 % (40,8 %) que pagarían por un salario equivalente. Por ello, muchos ultrarricos pagan un tipo impositivo inferior al de la clase media.

Según el análisis de ProPublica de los datos del IRS [La Hacienda norteamericana]:

– Los multimillonarios no han pagado impuestos federales sobre la renta en algunos años recientes, entre ellos Jeff Bezos, Elon Musk, Michael Bloomberg y George Soros.

– Los 25 principales multimillonarios del país pagaron una tasa impositiva de solo el 3,4% sobre un aumento de 400.000 millones de dólares en su fortuna colectiva entre 2014-18.

Una encuesta tras otra muestra que los norteamericanos de todas las tendencias políticas y por amplia mayoría creen que los ricos y las grandes corporaciones deben empezar a pagar su parte justa de impuestos. Una encuesta realizada en junio por ALG Research y Hart Research muestra que  el 62 % de los votantes apoya la propuesta de Biden de invertir 4 billones de dólares (en ese momento) en sanidad, atención infantil, educación, energía limpia, etc., sufragados con mayores impuestos a los ricos y a las empresas.

Nota sobre los datos: Nos hemos basado en datos de la investigación de Forbes sobre la riqueza de los multimillonarios. Damos las gracias a Kerry Dolan y a su equipo. ¿Por qué el 18 de marzo? El 18 de marzo de 2020 se utiliza como inicio oficioso de la crisis del coronavirus, pues para entonces ya estaban en vigor la mayoría de las restricciones económicas federales   y de los  estados como respuesta al virus. El 18 de marzo fue también la fecha que Forbes eligió para medir la riqueza de los multimillonarios para la edición de 2020 de su informe anual de multimillonarios a escala mundial.  PolitiFact ha reseñado favorablemente  favorablemente esta metodología. Pueden consultarse  las actualizaciones periódicas sobre la riqueza de los multimillonarios.

Chuck Collins dirige el Programa sobre Desigualdad y Bien Común en el Institute for Policy Studies, en el que es coeditor de de Inequality.org. Su ultimo libro es “The Wealth Hoarders: How Billionaires Pay Millions to Hide Trillions” (Polity Books).

Texto original: https://inequality.org/great-divide/billionaires-2-trillion-richer-than-before-pandemic/

Traducción: Lucas Antón

Fuente: https://www.sinpermiso.info/textos/los-multimillonarios-estadounidenses-son-ahora-21-billones-de-dolares-mas-ricos-que-antes-de-la

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martes, 26 de octubre de 2021

La Unión Europea, entre Estados Unidos y China

 

El destino de la Unión Europea se decidirá tras la conformación del gobierno de coalición de socialdemócratas, verdes y liberales en Alemania y el resultado de la elección presidencial en Francia en abril del año próximo.

La Unión Europea, entre Estados Unidos y China



Alfredo Jalife-Rahme

El Viejo Topo

26 octubre, 2021 

 

El espectacular pacto trilateral defensivo Aukus (Australia/Reino Unido/Estados Unidos) agarró desprevenida a Francia –y por extensión a la Unión Europea (UE), de la que ya no forma parte el Reino Unido desde su Brexit– y constituyó también una puñalada trapera al acuerdo de venta de submarinos convencionales de combustible diésel a Australia con una pérdida comercial de 66 mil millones de dólares (https://bit.ly/3AxjEcN).

La puñalada trapera que le propina la anglósfera a Francia pone en la picota la cohesividad de la OTAN y, más que nada, obliga al replanteamiento geoestratégico de la política exterior muy hedonista de la UE que tenía un pie geopolítico con Estados Unidos/OTAN y otro pie geoeconómico con China, que han puesto en riesgo de fractura a su propio cóccix (https://bit.ly/3EMPpRt).

El devenir de la UE dependerá de la virtual conformación del gobierno de coalición (https://bit.ly/3m3B1wV) –el llamado semáforo: conformado por el Partido Social Demócrata de Olaf Scholz, los verdes de Annalena Baerbock y los liberales democrátas pro noratlantistas de Christian Lindner–, y la elección presidencial en Francia el año entrante (24 de abril) con su previsible ballotage (segunda vuelta).

Después de abril, los mandatarios de Alemania y Francia definirán su destino como lo hicieron antes el legendario general francés Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, padre de la resurrección alemana (curiosamente, ambos de confesión católica).

Ni el presidente galo Emanuel Macron ni la canciller saliente alemana Ángela Merkel deseaban tomar partido en la confrontación cada vez más ascendente de Estados Unidos contra China, debido a su enorme intercambio geoeconómico que mantienen con Beijing, mientras le cedían cómodamente a la OTAN/Estados Unidos la cobertura de su seguridad europea frente a Rusia.

¿Cómo quedará la nueva estrategia de cooperación de la UE con la región Indo-Pacífico, de doble carácter tanto geoeconómico como militarista, después de la bofetada que le propinó Biden?

La UE buscaba fortalecer su posición comercial estratégica en el Indo-Pacífico, una región que se extiende desde la costa este de África hasta los estados insulares del Pacífico, que aproximadamente representa 60 por ciento del PIB global y de la que se espera que en 2030 provenga 90 por ciento de la clase media mundial, al unísono de contar con una presencia naval europea significativa en el Indo-Pacífico (https://bit.ly/3EKvMJW).

¿Cómo quedará el patrullaje naval de Alemania con Australia en la región del Indo-Pacífico? (https://bit.ly/39wJUYP).

La fragata Bayern, uno de los buques de guerra más grandes de Alemania, ya había zarpado hacia el Indo-Pacífico en agosto (https://bit.ly/2W5Evov).

Según Roger Cohen, veterano periodista de The New York Times, a Estados Unidos le ha disgustado la equidistancia geoeconómica de la UE con China y Estados Unidos, además no digiere el concepto de autonomía estratégica del presidente Macron (https://nyti.ms/3prifSb).

No se puede soslayar la precaria dependencia energética de la UE cuando su absolutista apuesta por la burbuja verde la ha arrojado a los brazos gaseros de Gazprom y del Nordstream 2 de Rusia.

Alemania, la máxima potencia geoeconómica de la UE, se precipitó al querer brincar la inevitable fase de transición sin combustibles fósiles y sólo con sus renovables energías eólica y solar que se descarrilaron con las inundaciones y la notable ausencia de vientos favorables (https://bit.ly/3n9VKhS).

Según el Consejo Editorial del Wall Stret Journal, los líderes europeos se lesionaron a sí mismos en energía, al proseguir una agenda climática que no tendrá efecto en el clima (sic), pero incrementa los precios, dañando a los consumidores y a la industria, y ahora empodera a los matones (sic) en el Kremlin (https://on.wsj.com/2XxWjJF).

Entre tanto, el zar Vlady Putin celebra su estratégico triunfo gasero, el destino ontológico y teleológico de la UE se vislumbrará prístinamente a partir de diciembre, con la conformación del gabinete semáforo de coalición de Alemania, al 24 de abril de 2022, fecha de la elección presidencial en Francia.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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Los caballos modernos se domesticaron en las estepas al norte del Cáucaso y se extendieron por Asia y Europa

 

Los caballos modernos se domesticaron en las estepas al norte del Cáucaso y se extendieron por Asia y Europa

TERCERAINFORMACION / 14.10.202

  • Un equipo científico con participación del CSIC ha determinado el origen de la domesticación del caballo moderno. Con un comportamiento más dócil y una constitución más robusta que las razas previas, el linaje genético del actual equino se extendió rápidamente por el mundo hace aproximadamente 4.000 años.


Manada de caballos en las estepas de Mongolia Interior, China / Ludovic Orlando

Un estudio genético internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha determinado que los caballos de los que descienden todos los caballos domésticos actuales se domesticaron en las estepas del norte del Cáucaso y desde ahí se extendieron a otras regiones de Asia y Europa. Los resultados se publican en la revista Nature.

Este trabajo es el mayor estudio genético realizado hasta el momento. En él han participado investigadores de centros como la Institución Milá y Fontanals (IMF) y del Instituto de Arqueología (IAM), del CSIC, junto a científicos del Museo de la Evolución Humana (MEH), la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Extremadura (UEx), entre otros.

“Con este estudio se pone fin a un largo debate en torno al lugar y la cronología en la que se documentan las primeras evidencias de domesticación de los caballos que originaron a las poblaciones actuales”, según subrayan los investigadores, “así como a las preguntas sobre el momento en el que este proceso de domesticación comenzó a extenderse a otras regiones del planeta, sustituyendo a otros tipos de caballos existentes en aquel momento”.

Para llegar a esta conclusión, ha hecho falta un equipo compuesto por 114 instituciones y 162 investigadores especializados en arqueología, paleogenética y lingüística, liderados por el profesor Ludovic Orlando, investigador del CNRS e investigador principal del Proyecto ERC-Pegasus, encargado junto al France Genomique – proyecto Bucéphale, de la financiación de la investigación.

El estudio ha incluido la secuenciación del genoma de 273 restos de caballos que poblaron diversas regiones de Eurasia en un arco cronológico que se extiende entre los 50.000 y los 200 años a.C.

Toda la información genética ha sido secuenciada en el Centre for Anthropobiology and Genomics of Toulouse, y Genoscope, antes de ser comparada con los genomas de los caballos domésticos modernos.

Gracias a la amplia batería de análisis estadísticos realizados, ha podido constatarse que entre el 2200 y el 2000 a.C. se produjo un drástico cambio en el cual el perfil genético existente en las estepas pónticas comenzó a extenderse más allá de su región de origen, reemplazando en unos pocos siglos a todas las poblaciones de caballos salvajes desde el Atlántico hasta Mongolia.

Según indica Orlando, “se ha visto que este reemplazamiento en la composición genética de las poblaciones euroasiáticas está asociado a diferencias genómicas significativas entre este nuevo tipo de caballo y los caballos de las poblaciones que desaparecieron. Por un lado, este nuevo tipo de caballo procedente de las estepas del norte del Cáucaso tenía un comportamiento más dócil y, por otro lado, una constitución más robusta en el esqueleto vertebral”.

Los investigadores han sugerido que estas características fueron el detonante del éxito en la selección de estos animales, en un momento en el que los viajes con caballos empezaron a generalizarse por Eurasia.

Según Pablo Librado (CNRS), primer autor de esta investigación, este estudio «ha puesto de manifiesto que la distribución de este nuevo tipo de caballo por Asia coincide con la aparición de los carros ligeros y con la difusión de las lenguas indoiranias».

Por el contrario, la migración de las poblaciones indoeuropeas desde la zona de las estepas al corazón de Europa durante el 3er milenio a.C., no tuvo a este nuevo tipo de caballo como vector de su expansión.

«Este resultado demuestra la importancia de incorporar también la historia genética de los animales cuando se analiza la dimensión de las migraciones humanas y los contactos interculturales”, concluye el inestigador.

Yacimientos en la península ibérica

Entre los individuos analizados se encuentran équidos procedentes de diversos yacimientos de la península ibérica, entre los que destacan Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz) y Cova Fosca (Alto Maestrazgo, Castelló).

Cova Fosca fue excavada por Francesc Gusi y Carmen Olaria. Según Olaria, catedrática de Prehistoria de la UJI y coautora de este estudio, “Cova Fosca tiene un registro arqueozoológico holoceno muy rico. Pudimos identificar restos de caballo en niveles del Neolítico antiguo, un taxón muy raro de encontrar en los yacimientos ibéricos de esta época. Esta singularidad nos permitió publicar hace años junto a Jaime Lira Garrido y Juan Luis Arsuaga las primeras secuencias mitocondriales de caballos de este lugar.”

Según Arsuaga, director científico del MEH, catedrático de Paleontología UCM, director del Centro Mixto UCM-ISCIII y coautor de este estudio, “en Cova Fosca encontramos un linaje mitocondrial único y exclusivo de Iberia que en la actualidad aparece en muy pocos caballos, todos ibéricos o de origen ibérico. En este nuevo estudio pretendíamos desvelar los secretos genómicos de Cova Fosca”.

Uno de los mayores sacrificios del Mediterráneo antiguo

Casas del Turuñuelo es uno de los descubrimientos más impactantes de la arqueología peninsular de los últimos años.

Sus excavaciones se desarrollan bajo un proyecto dirigido desde el IAM-CSIC y están siendo codirigidas por Esther Rodríguez González y Sebastián Celestino, también investigadores del IAM-CSIC.

“El Turuñuelo es un complejo arquitectónico de mediados del I milenio a. C. perteneciente a la cultura de Tarteso, donde hemos encontrado la mayor hecatombe documentada hasta la fecha en un yacimiento de la protohistoria mediterránea. Este sacrifico masivo destaca por la gran cantidad de équidos que se han diferenciado en el patio de este lugar. Para este estudio seleccionamos al Équido 4”, comenta Rodríguez, coautora del estudio.

Por su parte, Celestino comenta que “alrededor del Turuñuelo se ha creado un equipo multidisciplinar de especialistas de humanidades y biociencias que están generando un intercambio constante de información y de ideas, ofreciendo un gran enfoque multidisciplinar al estudio de este yacimiento”.

Entre las líneas de investigación del proyecto Construyendo Tarteso, destaca el estudio genético de estos équidos sacrificados, del que se encarga Lira Garrido (UEx/Centro Mixto UCM-ISCIII) y que también ha participado en el estudio.

“Este último trabajo dirigido por el profesor Orlando ha permitido, además, profundizar en la historia evolutiva de los caballos ibéricos. En un estudio anterior, Orlando y su equipo descubrieron que en la península ibérica se desarrolló un linaje genómico ahora extinto y muy diferente del resto de linajes de caballos euroasiáticos antiguos y modernos descritos hasta la fecha”, subraya este investigador.

Lira Garrido añade que «el origen evolutivo de este linaje y las causas que llevaron a su desaparición, todavía no las conocemos. Sin embargo, hemos podido identificar en la muestra neolítica de Cova Fosca las evidencias más antiguas de este linaje extinto y que el Équido 4 del Turuñuelo era, sin embargo, descendiente de este nuevo tipo de caballo que se distribuyó tan rápidamente por el mundo conocido hace ~4000 años”, concluye.

Referencia:

Librado, Ludovic et al. “The origins and spread of domestic horses from the Western Eurasian steppes”. Nature, 2021.

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