martes, 16 de febrero de 2021

Covid-19. Su legado. Y por esto perdemos todos los trabajadores los partidos por goleada, aunque no hubiera estado vendido el árbitro y además hubiera arbitrado muy bien, porque no sabemos el origen de los problemas que nos acontecen. Y como no sabemos el origen tampoco podemos saber la solución. Y si no los sabemos no es porque seamos tontitos, que no lo somos, sino porque no se nos ha enseñado y, lo que es lo más grave: porque se procura por todos los medios (incluidos prensa, radio y televisión) que no lo sepamos, empezando por los partidos que dicen ser de izquierdas y que dicen estar para defender nuestros intereses. Nosotros, como cosa generalizada, no sabemos interpretar la siguiente fórmula, a pesar de su relativa y chiripitiflauticamente sencillez: D – M … P … M´ - D´, que tan solo necesita una elemental, pero elemental explicación, y quien sepa sumar, restar, multiplicar y dividir la podría entender. Y que no se me amilane ningún trabajador por no saberla ahora, que con toda seguridad habrá más de un doctor en la doctorilandia que no tendrá ni puta idea de la misma, y más de uno de estos, incluso cien, cinco mil o más, estarán en el chupeteo teta borrega pública, en el jueguecillo ese de las secretarías generales de los partidos políticos para el jugueteo político de la dirección de políticas que, como ellos están jugueteando con barrida para la propia casa, denominarán políticas de izquierdas. Fíjense lo sencillo que será que hasta el último de la fila, o sea, yo por ejemplo, el más tonto, que por eso soy el último de la fila, podría dar esa explicación (pero ojito no se me vayan a confundir. He dicho que soy el más tonto, pero no he dicho que sea tonto entontecido, que varía mucho la cosa, amigo. Así que ojito con lo que se dice). Esta fórmula, que ni que decir tiene, no es mía, sino de Marx. Marx es el punta hombre gol que acaba de fichar en la temporada primavera otoño verano invierno la Asociativa Real Madrid & Noi Acompañativa Futbol Club Barcelona por Obra y Gracia de la Espiritual Santa, que ya saben ustedes que fue el que cuenta en su golaberage particular con el doblete de la instauración de la ciencia del materialismo histórico y con la apertura de la filosofía del materialismo dialéctico, de lo que no es menester hablar por ser harta y sobradamente conocido y practicado en toda tierra de garbanzos, o sea, en el mundo entero y parte del extranjero. Pues bien, esa fórmula expresa en esencia el funcionamiento del sistema capitalista (que-no-lo-sa-be-mos. Las consecuencias del capitalismo sí las sabemos. Pero su funcionamiento es otra cosa bien distinta), indica su desarrollo y muestra de manera objetiva (si es que las matemáticas son objetivas, si no nada), que a partir de un determinado momento el capitalismo se bloquea y ya no puede seguir funcionado (sin ninguna necesidad de que yo lo empuje y sin que yo que soy muy retozón y para esto soy más chulillo que un ocho le ponga palos en las ruedas para joderlo, trastocarlo y desbaratarlo). Este momento en que el capitalismo empieza a dejar de funcionar comenzó en 2008, pero por ahora vamos a dejar este asunto, que ya tenemos suficiente con lo que venimos tratando. En cuanto entendamos la formula en cuestión se nos empezaran a ir los miedos, las frustraciones, las desesperanzas, las impotencias y los acojonamientos personales. Y entonces serán otros los que empiecen a decir: ¡Coño!, si lo sé no vengo. Pues eso, pidan esa explicación a dirigentes, compañeros, camaradas o santos del santoral de la política y de la asociativa compostelana y ya me irán contando.


Pese a la debacle global que la pandemia ha causado, prácticamente nada se ha tocado de sus causas, lo cual afirma las bases para que sigan preparándose próximas pandemias. El panorama sin duda es sombrío.


EL LEGADO DE LA PANDEMIA



 Silvia Ribeiro

El Viejo Topo

16.02.2021

Nadie olvidará el 2020. Nunca antes tantos saludos de cambio de año fueron a propósito de terminar, dejar atrás, salir de ese año como de la peste, literalmente. Excepto varias de las más grandes empresas farmacéuticas, los titanes tecnológicos y unas cuantas trasnacionales más que aprovecharon el desastre para cosechar ganancias en volúmenes que la mayoría de la gente no podemos ni imaginar. Basadas, además, en enormes subsidios públicos y en no pagar impuestos, especialmente las plataformas digitales.

Según el informe El virus de la desigualdad (Oxfam, 2021), los milmillonarios que vieron afectadas sus fortunas, recuperaron el nivel previo a la pandemia en apenas nueve meses, mientras la pobreza en el mundo aumentó notoriamente y se sigue profundizando. Para los miles de millones de personas de la población mundial en situación de pobreza, recuperar el escaso poder adquisitivo que tenían antes de la pandemia tomará más de una década. Algo además incierto (https://tinyurl.com/23zy6zz9).

Desde el inicio de la pandemia, los 10 hombres más ricos del planeta (siete de ellos dueños de plataformas y empresas digitales) agregaron más de 500 mil millones de dólares a sus abultadas arcas. Oxfam pone el ejemplo de Jeff Bezos, actualmente el segundo individuo más rico del mundo, fundador de la plataforma digital Amazon. Con la fortuna personal que acumuló entre marzo y agosto 2020, podría haber pagado a cada uno de sus 876 mil trabajadores un bono de 105 mil dólares y aún seguiría siendo tan rico como al inicio de la pandemia.

Se hizo patente la destrucción o falta de sistemas de atención de la salud accesibles para las mayorías en muchos países. La educación formal se realizó con grandes limitaciones y en modo virtual en todos los niveles, aumentando en estos sectores también la brecha entre pobres y ricos. La carga de trabajo para las mujeres aumentó mucho más que para los hombres, también la violencia de género.

Al aumento brutal de la desigualdad que ya existía, se sumó el hecho de que las medidas restrictivas para contener los contagios dejaron una importante huella negativa en la interacción social y una ola de contención de las luchas sociales, al no poder participar en forma presencial en protestas, reuniones, etcétera. A tono con lo mismo, se enlentecieron e hicieron más injustas (por idioma, zonas horarias, acceso a internet) las discusiones en Naciones Unidas sobre alimentación, cambio climático, biodiversidad, y se limitaron seriamente las posibilidades de participación de la sociedad civil en esos ámbitos. La tendencia de los gobiernos del G-7 hacia el resto de los países es convertir esas discriminaciones en permanentes.

Para las grandes plataformas digitales y empresas tecnológicas, las ganancias han sido indescriptibles, pero no sólo en dinero, también en poder y control. Ya están presentes en todas las industrias –incluso agricultura y alimentación– en el trabajo, educación, salud, comunicación, sistemas de gobierno, redes sociales, sistemas financieros.

Todas y todos somos sus presas y el comercio de nuestros datos, sus principales fuentes de ganancia. Prácticamente no están reguladas en ninguna parte y apenas se ha comenzado tímidamente a intentar supervisarlas en algunos países, solo en aspectos parciales. No tiene precedente el peso y poder económico y de cabildeo de estas empresas frente a gobiernos nacionales e internacionales, sumado a que tienen control de sus datos e instrumentos.

A las medidas de Twitter de cerrar cuentas de quien considere según su criterio y conveniencia, se suma el reciente anuncio de Facebook e Instagram, de cerrar las cuentas que comenten que las vacunas podrían no ser efectivas o que el virus podría haber sido producto de una manipulación de laboratorio. Más allá de que existe mucha basura en Internet (que las plataformas alientan), de que nos alegre que cancelen los mensajes de Trump o que estemos o no de acuerdo con posiciones críticas sobre las vacunas, el fenómeno de la censura ejercida por los gigantes tecnológicos abre una batería de preocupaciones.

Mientras Facebook – cuyo fundador Mark Zuckerberg es uno de esos 10 hombres más ricos del globo– sostiene que las vacunas son la solución para la pandemia y se arroga determinar qué y quien puede hablar sobre ellas, Oxfam explica en su informe que nueve de cada 10 personas en países pobres no tendrán acceso a las vacunas en este año, aunque varios de los países más ricos han comprado dosis para inocular a toda su población tres veces. El debate de los muchos y diferentes impactos de esta industria es urgente e impostergable.

Pese a la debacle global que la pandemia ha causado, prácticamente nada se ha tocado de sus causas, lo cual afirma las bases para que sigan preparándose próximas pandemias. Por ejemplo, para parar la destrucción de la biodiversidad que aumenta con megaproyectos mineros, de transporte, energía, expansión de la frontera agrícola (https://tinyurl.com/1lydnlmh).

El panorama sin duda es sombrío. Que muchos aspectos del capitalismo hayan quedado al desnudo, también ayuda a combatirlo. Existe un creciente tejido de debates y acciones entre comunidades, organizaciones y movimientos populares que siguen actuando solidariamente, pensando, cuestionando, construyendo.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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El PSOE no es el socialismo y ni siquiera sombra del Socialismo, que yo creo que va siendo hora de poner los puntos sobre las íes. Pero que solo es creencia mía, no se me vaya a desgraciar ahora alguno por esto dándose dos choquetazos contra la pared. Pero, hombre, échenme una mano, no me sean así, que yo aun sin ser tonto entontecido (no llego ni a ese grado), puesto que solo alcanzo el grado de tonto, sé contar, no se me vayan a pensar. Pero solo sé contar hasta veinticinco, o sea, que solo se contar con los dedos de una mano, y cuando llego a cinco, que es a lo más que llego, me hago un montón de cinco; luego otro motón de cinco y así hasta que llego a cinco montones de cinco, que cuando los reúno voy al vecino y le pregunto que cuanto tengo, y él que sabe mucho más que yo, va y me dice: tienes veinticinco. Y punto pelota, de ahí no paso, y habiéndose presentado el texto que sigue a continuación que suma mucho más que veinticinco, ha sido cundo me he dicho, pues voy acudo al personal a ver que tal y si entre todos me pueden aclarar, y aquí estamos, y estamos en lo siguiente: el texto que sigue a continuación, ¿es historia, no es historia…? ¿Y si es historia se tiene que contar por ser historia o no se tiene que contar pro ser historias o qué de que? La respuesta es compleja, de ahí el que yo acuda a ustedes a que me echen una mano. Donde no hace falta que me echen una mano ni que me cuenten nada, porque eso ya lo viví yo y me lo sé de pe a pa, es cuando yo vi por primera vez la foto de “Teodoro” (Felipe González en la portada de una revista de tirada nacional (que ahora dudo el nombre y por esa razón no lo menciono), en una reunión clandestina (de las varias que hicimos) en la calle Duquesa Villahermosa de Zaragoza para determinar políticamente que hacer después del Régimen de Franco, si mantenernos en la Junta Democrática impulsada pro el PCE o de meternos en la Platajunta que debió haber sido inspirada el Espíritu Santo que era la que quería “Teodoro” porque paternidad conocida por nosotros no tenía.. Y hasta aquí les puedo contar porque es lo que viene a cuento, y que en caso de ser solícitos conmigo y atender mi petición anterior, deberán empalmar ustedes con el texto que sigue a ver si entre todos somos capaces de aclararnos algo. Ahora, lo que yo me barrunto (en esto me pueden dejar solo que yo esto me apaño la mar de bien) es que los trabajadores no debemos ser tan tontos ni tener tan poco poder como creemos, cuando el sistema necesita tales nubarrones de gente, mantenidas por nosotros, que esa es otra, CIA y otras comparsas para negociar y acordar contra nuestros intereses y a nuestras espaldas lo habido y por haber y esto y lo otro y lo demás allá para sacarnos el producto de nuestro trabajo y para mantenernos engañados tanto tiempo. O qué? A ver si por h o por b un día de estos abrimos los ojos y nos da por preguntar el qué del qué.

 

Transición 1974-1982: la CIA toma el control del PSOE



Alfredo Grimaldos, extractos del libro ‘La CIA en España’.

Transición 1974-1982: la CIA toma el control del PSOE (lahaine.org)

06/12/2020 

https://www.lahaine.org/skins/asevo/img/espaciador625.gif

Sólo seis meses después de la Revolución de los Claveles, el 14 de octubre de 1974, se celebra en la ciudad de Suresnes, cercana a París, el XIII Congreso del PSOE, que va a llevar a un tal “Isidor”. hasta la cúpula de la organización. Desde el 14 de julio pasado, Franco sufre una complicada flebitis y se ha llegado a temer por su vida. La situación que se está creando en la península Ibérica resulta muy preocupante para los norteamericanos, se les ha ido de las manos el asunto portugués y van a impedir, a toda costa, que la historia se repita en España.Felipe González es el joven abogado sevillano, casi desconocido incluso para algunos de sus compañeros, que se enmascara tras el nombre de guerra de “Isidor”.. Consigue suceder como secretario general del partido al veterano militante socialista Rodolfo Llopis, que no reconoce las resoluciones adoptadas en Suresnes. El congreso ha sido convocado por un grupo de jóvenes militantes desgajados de lo que, en adelante, se conocerá como PSOE (Histórico). En realidad, Nicolás Redondo era la figura menos discutida para acceder a la Secretaría General, pero el sindicalista vasco se niega a presentarse a la elección, a pesar de ser propuesto mayoritariamente para ocupar el cargo que está en liza.

González y otros miembros de la nueva dirección del partido han conseguido llegar a Francia gracias al apoyo prestado por el propio Servicio Central de Presidencia de Gobierno. Los oficiales del organismo de inteligencia creado por el almirante Carrero Blanco son los encargados de proporcionarles los pasaportes.

“En un restaurante de la calle madrileña de Santa Engracia, hablamos con González, en presencia de Enrique Múgica, para garantizarle su viaje a Suresne”., señala el entonces capitán del SECED Manuel Fernández Monzón. “Otros compañeros se entrevistaron con Nicolás Redondo, y él entendió enseguida que debía ceder el puesto a un secretario general más joven y con otras características. Cuando Felipe González volvió de Francia, después de haber sido elegido, un comisario de Sevilla le detuvo, creyendo que había dado un pelotazo. Se llevó una bronca tremenda y tuvo que soltarle enseguida, claro”.

Otros dos miembros relevantes del SECED, Andrés Cassinello y José Faura, mantienen una larga entrevista con Felipe González y con Alfonso Guerra, inmediatamente después de que el clan sevillano se haga con los mandos del PSOE.

“Entre 1964 y 1975 estuve precisamente en la información del mundo universitario, muy estrechamente relacionado con la política entonces clandestina. Y lo que viví fue que, a partir de cierto momento, la dictadura propició el resurgir del PSOE, para ahogar al PCE”, declara el comisario Manuel Ballesteros a la periodista Pilar Urbano.

“A los socialistas no se les detenía, a los comunistas, sí. Estando yo en la Brigada Social, esa era una indicación de los mandos. Más aún: la policía no sólo miraba para otro lado, haciendo la vista gorda, sino que a veces ayudaba a pasar la valija con la propaganda y los documentos internos del partido que los de Rodolfo Llopis (el PSOE del exterior) enviaban de allá para acá”.

A finales de los setenta, con Adolfo Suárez como primer ministro, Ballesteros aparece detrás de algunas acciones criminales de guerra sucia contra ETA protagonizadas por el Batallón Vasco Español. Posteriormente, el Gobierno de Felipe González le recupera para nombrarle nada menos que jefe del MULC (Mando Unificado de Lucha Contraterrorista), durante la época de actuación de los GAL.

Meses antes de la celebración del Congreso de Suresnes —que se financia con fondos provenientes del Partido Socialdemócrata de Willy Brandt—, el comandante Miguel Paredes, del SECED, y el inspector Emi Mateos, destinado en la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, ya han empezado a trabajar en lo que llaman Operación Primavera: una serie de contactos con algunos miembros del PSOE del interior, para ver cuáles son sus planteamientos políticos. Especialmente con Nicolás Redondo y Enrique Múgica.

“En el SECED nos propusimos empezar a reunimos con ellos —recuerda el entonces comandante Paredes—, para ver hasta dónde llegaba su izquierdismo, su ímpetu revolucionario, su afán izquierdista… y tratar de acercarlos hacia posiciones más templadas, menos radicales, más en la línea de la moderación pragmática que les recomendaba Willy Brandt”.

Los encuentros entre los agentes del SECED y los socialistas continúan, y a ellos se incorporan algunos militantes más.

“Después de cada encuentro redactábamos un informe para el Servicio”, continúa Paredes su relato. “Nuestra impresión entonces era que el líder ideológico, el que pensaba más largo, más rápido y con más calado era Pablo Castellano. El mayor peso moral lo tenía Nicolás Redondo. Felipe González nos pareció un conversador ágil, brillante, con “charme”… Pero, de pronto, sacó un largo cohiba, lo encendió con parsimonia y se lo fumó como un sibarita. A mí ese pequeño detalle me chocó, me extrañó. Era un trazo burgués que no encajaba con sus calzones vaqueros, ni con su camisa barata de cuadros, ni con su izquierdismo… En mi informe oficial no mencioné esa bobada del habano ni lo que me sugirió. Pero en mi agenda privada de notas sí que escribí: “Felipe González, el sevillano, parece apasionado pero es frío. Hay en él algo falso, engañador. No me ha parecido un hombre de ideales, sino de ambiciones”.

Y prosigue el antiguo agente del SECED: “El Ministerio de la Gobernación tenía entonces la facultad de conceder o denegar el pasaporte a un ciudadano. Ellos lo habían pedido muchas veces y siempre les habían dicho que no. Me dieron una lista en la que figuraban los nombres de Enrique Múgica, Eduardo López Albizu, Nicolás Redondo, Ramón Rubial, Alfonso Guerra, Pablo Castellano, Felipe González y otros dos militantes asturianos. El Gobierno lo dudó mucho, le dieron mil vueltas, que sí, que no… Al final se aceptó bajo la condición de que, al volver a España, devolvieran enseguida esos pasaportes.Y lo hicieron. Tardaron mucho pero los devolvieron. Aunque no todos: Felipe González se lo quedó. A Mugica, por el retraso, le hicimos pagar una “multa” especial: invitarnos a comer a base de bien. Y lo hizo. En la Panière Fleurie de Rentería”.

Los delegados que asisten al Congreso de Suresnes representan, oficialmente, a tres mil militantes del interior, pero, en realidad, esa cifra hay que rebajarla a menos de la mitad. Durante los últimos años del franquismo, el PSOE es poco más que una sigla. El mayor peso de la resistencia contra el régimen lo han llevado los comunistas. En definitiva, lo que se produce en 1974 es una refundación del partido creado por Pablo Iglesias, con el modelo portugués como telón de fondo. En el país vecino no existía ni siquiera un partido socialista histórico y hubo que inventar uno. Su primer secretario general, Mário Soares, tenía contacto con la CIA desde los años sesenta. “Exiliado, en 1973 recibiría ayuda para fundar bajo el patrocinio del Gobierno de Bonn un “partido socialista portugués”, escribe Joan Garcés en su excelente libro Soberanos e intervenidos. “Derrocada la dictadura en 1974 por el MFA (Movimento das Forças Armadas), Soares regresaba a Portugal, donde pronto pediría y recibiría ayuda clandestina directa del Gobierno de Estados Unidos y sus aliados europeos (RFA, Reino Unido y Francia), e indirecta a través de empresas y fundaciones alemanas y de otros países”.

La escasa incidencia del PSOE en la realidad política española de los primeros años setenta la reconoce el propio Francisco Bustelo, uno de los militantes elegidos como miembros de la Comisión Ejecutiva del partido en Suresnes. Sin embargo, todo cambia a partir de ese congreso:

Las embajadas en Madrid empezaron a recibir entonces instrucciones de que se pusieran en contacto con nosotros. Acompañé a González a visitar a algunos embajadores, entre ellos el estadounidense, y tuve que entrevistarme con otros funcionarios norteamericanos de menor categoría. A los norteamericanos les causé buena impresión. Durante los años siguientes me solía llamar el consejero político de esa embajada, persona muy enterada de lo que sucedía en España, para que comiésemos juntos.

En la dirección surgida de Suresnes hay tres grupos fundamentales: los vascos, con Redondo, López Albizu, Múgica y Benegas; los andaluces, con González, Guerra y Galeote, y los madrileños, con Castellano y Bustelo. “Los vascos, o mejor dicho, Redondo, que era su peso pesado, decidían, por tanto”, señala Francisco Bustelo. “Si apoyaban a los andaluces, como hicieron en Suresnes, González tenía el poder asegurado. Redondo sabrá por qué lo hizo”. Felipe González controla el partido a partir de ese momento e, inmediatamente, pasa a convertirse en un personaje público de primer orden, con un papel estelar en la gran maniobra de actualización controlada del régimen franquista. Joan Garcés escribe:

“Una campaña subsiguiente introduciría ante la opinión pública nombres hasta entonces desconocidos que, a poco andar (1975-1976), aislaron y marginaron a los militares de la Unión Militar Democrática y, en general, a quienes eran reacios a que en España entraran la CEE y la OTAN sin condiciones”.

Los servicios secretos norteamericanos y la socialdemocracia alemana se turnan celosamente en la dirección de la Transición española, con dos objetivos: impedir una revolución tras la muerte de Franco y aniquilar a la izquierda comunista. Este fino trabajo de construir un partido “de izquierda”, para impedir precisamente que la izquierda se haga con el poder en España, es obra de la CIA, en colaboración con la Internacional Socialista. El primer diseño de esta larga operación se remonta hasta la década de los sesenta, cuando el régimen empezaba ya a ceder, inevitablemente, bajo la presión de las luchas obreras y las reivindicaciones populares. El crecimiento espectacular del PCE y la desaparición de los sindicatos y partidos anteriores a la Guerra Civil, especialmente la UGT y el PSOE, hacen temer una supremacía comunista en la salida del franquismo. Los cerebros de la Transición comienzan a marcarse objetivos muy concretos.

En 1962 el PSOE y la UGT sólo cuentan con unos centenares de militantes en toda España, mientras que en el extranjero, un grupo de viejos socialistas, con Rodolfo Llopis al frente, intentan aparentar una presencia en escena que no va mucho más allá de la asistencia a “contubernios” como el de Munich. Convencidos de que este PSOE no logrará tener la suficiente implantación para competir con ventaja, frente a los comunistas españoles, al final del franquismo, los servicios de información norteamericanos y alemanes se ponen manos a la obra para construir un nuevo partido, más vistoso en lo externo y manejable en lo interno.

Algunos socialistas no esperan a que la CIA llame a su puerta y son ellos mismos los que ofrecen espontáneamente sus servicios a los norteamericanos. Es el caso de Carlos Zayas Mariátegui, desde la ASU (Agrupación Socialista Universitaria), quien, según documenta Joan Garcés, “aparece informando asiduamente a la Embajada sobre personas de sensibilidad socialista susceptibles de sumarse a combatir al Partido Comunista si recibieran los apoyos materiales que buscaban. Zayas señalaba, entre otros, a Joan Raventós Carner en Barcelona, a José Federico de Carvajal y a Mariano Rubio, al tiempo que desvelaba como principal agente del Partido Comunista en Madrid a Federico Sánchez”.

Zayas será diputado del PSOE por Huesca en 1977; Raventós, embajador en Francia, después de haber participado en la famosa comida de Lérida en la que el general Armada les cuenta a Enrique Múgica y a él sus planes golpistas; José Federico de Carvajal llegará a presidente del Senado y Mariano Rubio, a gobernador del Banco de España, cargo del que dimite tras ser condenado por sus prácticas delictivas. Federico Sánchez (alias de Jorge Semprún), convertido al anticomunismo, será ministro de Cultura con Felipe González entre 1988 y 1991.

Una de las claves de las operaciones secretas de la CIA para controlar los medios socialistas españoles en el exilio es la introducción en estos círculos de un antiguo dirigente del POUM, Julián Gorkin. A principios de los sesenta, Gorkin es uno de los personajes que impulsa el llamado “Congreso por la Libertad Cultura”. y aparece al frente de distintas publicaciones financiadas por la CIA, como las revistas Cuadernos, editada en París; Examen, en México, y Encounter, en Gran Bretaña, dentro de un amplio esquema propagandístico de matiz netamente anticomunista diseñado desde Langley. Más tarde, dirige también la revista Visión, en la que defiende los puntos de vista de las sucesivas Administraciones norteamericanas en relación con Latinoamérica. El 13 de mayo de 1967,1a propia Asamblea General del “Congreso por la Libertad Cultura”. reconoce los estrechos vínculos financieros y políticos de este organismo con la CIA. Según Francés Stonor Saunders, el principal impulsor del congreso es el agente de la CIA Michael Josselson.

Julián Gorkin aparece, además, al frente del llamado “Centro de Documentación y Estudio”., que tiene su sede en París. Ocupa el cargo de vicepresidente, mientras Salvador de Madariaga ostenta, a título honorario, la presidencia. Las líneas generales del Boletín Informativo del centro están caracterizadas por las directrices de acción política clandestina de la CIA en ese momento: se intenta potenciar a la inexistente ASO (Alianza Sindical Obrera) y a la oposición monárquica y socialdemócrata. Gorkin entra pomposamente en el PSOE en el año 1973, en plena campaña interna de renovación del partido, que terminará con la sustitución de Llopis por Felipe González. Incluso ofrece una conferencia, el 22 de diciembre de ese año, en los locales de la UGT en París, bajo el título “Motivos de mi afiliación al Partido Socialista Obrero Españo”.. En varios artículos del Boletín Informativo de Gorkin ya pueden verse los argumentos esenciales que serán utilizados por Felipe González y Alfonso Guerra en Suresnes. El primer número de ese boletín explica “la necesidad de una izquierda radical que compita, en el campo de la clase obrera, con el Partido Comunista de España, para restarle base y movilidad social”.

Hablamos después de las actividades de la CIA en el mundo occidental y, en especial, en relación con España. La prensa internacional, digo al Caudillo, comenta las actividades de ese organismo. Su obsesión es conseguir que nuestro Estado tolere primero y legalice después la acción de dos partidos, uno de carácter socialista y otro democrático, que deberán tener su expresión en dualidad similar en el campo universitario y sindical. Para conseguirlo no vacilarán en financiar sistemáticamente a grupos de activistas (que han creado la ASO y la FUDE). Por ahora no se proponen como objetivo derribar el Estado, sino importunarlo, preocuparlo, no dejarlo en paz para que se arranque al Partido el compromiso de una coexistencia entre lo legal y lo ilegal, con aspiraciones de suceder al Régimen una vez desaparezcan. Estas objeciones, según la información que doy al Caudillo, las expone la CIA con toda tranquilidad, a la luz del día, financiando las huelgas de Asturias o los.tumultos de Madrid y Barcelona. La CIA cree que con esas actividades cumple el deber de prever el futuro, pues, de lo contrario, al régimen débil sucedería el caos y a éste, el comunismo.

En el intento de creación de la ASO participa un personaje extraño: Josefina Arillaga, vinculada ya en ese momento a la Fundación Friedrich Ebert, del Partido Socialdemócrata alemán, y considerada, en los propios medios socialistas, como “buena amiga”. del entonces jefe del Sindicato Vertical franquista, el falangista José Solís Ruiz. Arillaga, representante oficiosa en Madrid de Rodolfo Llopis durante varios años, hasta 1973, mantiene estrecho contacto con José Federico de Carvajal, un personaje muy bien relacionado con los norteamericanos, que llegará a presidente del Senado con el PSOE.

La fase final del asalto al viejo y poco implantado Partido Socialista Obrero Español tiene lugar a partir de 1970, en una batalla en la que se combinan nombres como el de Willy Brandt, en ese momento secretario general del SPD; Max Diamant, asesor del Sindicato del Metal alemán; Enrique Múgica, y Hans Mattholfer, destacado sindicalista alemán que edita la revista Express Español en Alemania. El hombre de Hans Mattholfer en la UGT, Carlos Pardo, tiene también un interesante historial: en 1970 es detenido en Madrid por la Brigada Criminal, acusado de diversos delitos comunes, y se descubre que antes ya ha sido expulsado de Paraguay por estafa. Mattholfer tiene entonces que viajar personalmente a España y entrevistarse con el entonces director general de Seguridad, Carlos Arias Navarro, que pone en libertad a Pardo sin que se le incoe ningún procedimiento judicial. En una carta dirigida a un militante socialista madrileño, Rodolfo Llopis escribe: “Por si no lo sabes, Mattholfer protege y ayuda económicamente a los escisionistas del PSOE. Y ha encontrado en Pardo un lacayo a su medid”. Otro personaje turbio que actúa en ese entorno es Manuel Simón, dirigente de las Juventudes Socialistas de Toulouse, que más adelante será nombrado responsable de Relaciones Internacionales de UGT. Simón, que tendrá un papel clave en el defenestramiento de Llopis, es expulsado de Portugal tras la revolución del 25 de abril, acusado de ser agente de la CIA.

Dólares ‘fundacionales’

Una mujer clave en el complejo entramado financiero del renovado PSOE es Carmen García Bloise, que mantiene estrechos vínculos con los socialdemócratas germanos. Parte de los fondos que van llegando al partido se comienzan a canalizar a través de la recién creada Fundación Pablo Iglesias, sucursal de la alemana Friedrich Ebert, Pero los cauces de financiación son diversos. Por ejemplo, en 1979 se desvelará que la UGT ha recibido 200 millones de pesetas de los sindicatos amarillos de Estados Unidos para intentar ganar las elecciones sindicales.

El ex agente de la CIA Philip Agee declara a la revista Zona Cero, en marzo de 1987: “Dentro del “Programa Democracia”, elaborado por la Agencia, se cuida con especial atención a las fundaciones de los partidos políticos alemanes, principalmente a la Friedrich Ebert Stiftung, del Partido Socialdemócrata, y la Konrad Adenauer Stiftung, de los democristianos. Estas fundaciones habían sido establecidas por los partidos alemanes en los años cincuenta y se utilizaron para canalizar el dinero de la CIA hacia esas organizaciones, como parte de las operaciones de “construcción de la democracia”, tras la Segunda Guerra Mundial. Después, en los sesenta, las fundaciones alemanas empezaron a apoyar a los partidos hermanos y a otras organizaciones en el exterior y crearon nuevos canales para el dinero de la CIA. Hacia 1980, las fundaciones alemanas tienen programas en funcionamiento en unos sesenta países y están gastando cerca de 150 millones de dólares. Operan en un secreto casi tota”.. “Las operaciones de la Friedrich Ebert Stiftung (Fundación), del SPD, fascinan a los norteamericanos, especialmente sus programas de formación y las subvenciones que hicieron llegar a los socialdemócratas de Grecia, España y Portugal, poco antes de que cayeran las dictaduras en esos países e inmediatamente despué”, continúa Agee. “En Portugal, por ejemplo, cuando el régimen de Salazar, que había durado cincuenta años, fue derrocado en 1974, el Partido Socialista completo apenas habría bastado para una partida de poker y se localizaba en París, sin seguidores en Portugal. Pero con más de 10 millones de dólares de la Ebert Stiftung, y algunas otras remesas de la CIA, el Partido Socialista Portugués creció rápidamente y en poco tiempo se convirtió en el partido gobernante”.

Las fundaciones políticas germanooccidentales proporcionan el modelo que el “Programa Democracia” acaba adoptando para resolver uno de los principales dilemas de la política exterior norteamericana: cómo “ayuda” a los partidos e instituciones “democráticos y pluralistas” en países gobernados por dictadores que son aliados y clientes de Estados Unidos. “Resultaba a menudo muy obvio que la única oposición real a las dictaduras la representaban los comunistas y otros revolucionarios, las únicas fuerzas políticas organizadas, capaces y dispuestas a tomar el poder en un eventual colapso de las dictadura”, señala Agee. “La experiencia de la intervención germanooccidental en Portugal y en otros países resultaba llamativa para los norteamericanos e intentaron repetirla, estableciendo un sistema de instituciones privadas de apoyo a los “amigos en el exterior”. El apoyo de Estados Unidos a las dictaduras podría continuar mientras los “amigo”. se preparaban para la “transición del autoritarismo a la democracia”. Así, los norteamericanos podrían buscar de antemano el control de todas las fuerzas políticas y neutralizar todo lo que se sitúa a la izquierda de los socialdemócratas”.

El presidente Ronald Reagan es uno de los más entusiastas defensores del “Programa Democraci”.. En junio de 1982, ante el Parlamento británico, describe sus objetivos: “Este nuevo programa construirá una infraestructura de libertad y democracia que dejará al marxismo-leninismo en el estercolero de la Histori”..También alaba los “abierto”. programas germanooccidentales, que, en realidad, están envueltos en el mayor de los secretos y se les ocultan incluso a los propios miembros del SPD.

¿Cómo se utiliza el dinero de la CIA en estos programas? Cada uno de los principales destinatarios ha descrito previamente sus necesidades y tiene que actuar de acuerdo con las líneas centrales diseñadas en el programa correspondiente, que se resume en una consigna: “Contribuir al desarrollo de acciones políticas en el extranjero para enfrentar el ”desafío ideológico global soviético”. Las actividades proyectadas cubren todo el espectro de objetivos de las organizaciones “democráticas” en el exterior: gobiernos, partidos políticos, sociedades profesionales, medios de información, universidades, cooperativas, sindicatos, asociaciones de empleados, cámaras de comercio e industria, iglesias, organizaciones de mujeres y estudiantes… En suma, todos los blancos tradicionales de la CIA. Otro propósito establecido es el de promover la “disidencia”. en los países socialistas, siguiendo el ejemplo del apoyo de la CIA a Solidaridad, en Polonia.

El ejemplo de la Friedrich Ebert Stiftung también es seguido como modelo en Centroamérica y el Caribe durante los años setenta y ochenta. Constantine Menges, “oficial nacional de la CIA para Améric”., es quien teoriza la receta de Estados Unidos para esta región. Menges señala dos niveles de actividades gubernamentales y privadas “provechosa”., mediante las cuales Estados Unidos “puede socorrer a las fuerzas democráticas y debilitar aquellas que quieren polarizar el hemisferio en regímenes comunistas y regímenes autoritario”.

Dentro del primer nivel se entra en juego mediante medios “discreto”., como información, comunicación y programas de intercambio cultural, para formar sistemáticamente “grupos democrático”.. El segundo nivel de acción está previsto para concentrar la atención en países “de especial interé”., con los que hay que intentar “colabora”. a través de organismos semiautónomos, siguiendo el ejemplo de la Friedrich Ebert Stiftung y la Konrad Adenauer Stiftung germanoocidentales, manteniendo “una relación de total independencia con nuestra representación diplomática oficial”.

‘Goodby’ marxismo

El 17 de mayo de 1979, durante la celebración del XXVIII Congreso del PSOE, Felipe González impone que desaparezca el término “marxismo”. de los estatutos del partido. Los militares norteamericanos que tanto preguntaban por este asunto a los oficiales españoles, durante los cursos de formación realizados en Estados Unidos, ya pueden quedarse completamente tranquilos. Justo de la Cueva, miembro de la comisión mixta de reunificación del PSOE madrileño (proviene del sector histórico), desalentado, deja la militancia en ese momento y declara: “El PSOE va donde diga la CIA a través de Willy Brandt. Hasta en el propio Bundestag alemán se acaba de denunciar que la Fundación Friedrich Ebert del SPD recibe dinero directamente de la CIA”. Los jóvenes que dieron el golpe de Estado dentro del PSOE en Suresnes, comandados por González, van cumpliendo al pie de la letra el guión que les han preparado. El poder está cada vez más cerca.

El papel que el PSOE tiene que interpretar en la Transición está escrito desde bastante antes de la muerte de Franco, pero se termina de pulir en 1974. El giro a la izquierda de la Revolución de los Claveles coincide con los primeros pasos en público de la Junta Democrática, constituida por iniciativa de Antonio García Trevijano y auspiciada por el PCE. Desde el principio, Felipe González hace todo lo posible para hundir este organismo unitario que reclama amnistía total, la formación de un Gobierno provisional y la celebración de una consulta para elegir la forma de Estado: Monarquía o República. “Cuando se produce la hegemonía del Partido Comunista Portugués en el proceso político que se vive en el país vecino, el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, se alarma aún más y viaja a Alemania para entrevistarse primero con el canciller Helmut Schmidt, y después con Willy Brandt, que continúa teniendo una enorme influencia en la Internacional Socialista. Les insiste en que apoyen decididamente al PSOE”, señala García Trevijano.

Por eso Felipe González no entra en la Junta, porque se siente respaldado por una potencia superior, por los alemanes y los norteamericanos. Una vez que está seguro de ese apoyo, se traslada a Madrid, donde tiene una entrevista con el Rey y con altos mandos del Ejército, y ahí establecen la estrategia de que hay que ir gradualmente hacia las libertades en España para evitar una radicalización de la situación. Felipe González es el más interesado en mantener a los comunistas en la ilegalidad. A mí me advierte de esta operación nada menos que Claude Chaisson, que luego sería ministro de Exteriores con Mitterrand y entonces era comisario en Bruselas del Mercado Común. Teníamos mucha amistad. El era miembro del Partido Socialista Francés y estaba bien informado de todo esto. Ahí fue cuando cedimos y constituimos la Platajunta, a sabiendas de que se estaba haciendo para que entrara en ella el PSOE, que sería el traidor.

Pero más traidor sería si estaba fuera. Y me di cuenta de que Santiago Carrillo, que era muy listo para olfatear por dónde venían los aires políticos, quería seguir completamente la política del PSOE.

En octubre de 1982, Felipe González consigue su objetivo y gana las elecciones por mayoría absoluta. Un año después,José Mario Armero le dedica un elogioso artículo en el que repasa, de forma muy elocuente, los logros del Gobierno del PSOE. Armero era abogado en España de las más importantes multinacionales norteamericanas y un hombre con muchos contactos en el Departamento de Estado. También intervino, como mediador, en las conversaciones que condujeron a la legalización del PCE, después de negociar con Santiago Carrillo la aceptación de la Monarquía. El 20 de octubre de 1983 escribe:

La realidad demuestra que hoy en España gobierna un partido socialdemócrata, europeo, occidentalista, pronorteamericano y decididamente atlantista. En un año de gobierno, los hombres del PSOE han cumplido un papel realmente singular: la casi destrucción de la izquierda tradicional española, en buena parte marxista y revolucionaria, que seguía una tradición muy distinta a los nuevos derroteros que han tomado los jóvenes dirigentes socialistas. Realmente nada tienen que ver con Pablo Iglesias, ni con Francisco Largo Caballero, ni siquiera con Rodolfo Llopis.Y han conseguido sustituir lo que siempre se ha considerado como izquierda por una socialdemocracia, que es un amplio fenómeno donde cabe la libre empresa, la propiedad privada, los europeos, los norteamericanos y la OTAN.

Y efectivamente, del “OTAN, de entrada, no” se pasa al “Así, sí”, y enseguida, al ingreso en la Alianza “en interés de España”.

OTAN, de cabeza, sí

El programa aprobado en el XXVII Congreso del PSOE, celebrado en diciembre de 1976, cuando la “reforma polític”. está ya en marcha, propugna “la liquidación de todas las bases extranjeras en nuestro suelo”, y añade que “no cabe aceptar ningún tratado de alianza o relación militar que no cuente con la aprobación expresa del pueblo españo”. El programa preconiza, igualmente, la “independencia frente a los bloques militare”. y la adopción progresiva de “una política de neutralidad activa”. Durante algún tiempo, los representantes del PSOE han llegado incluso a postular un tipo de defensa neutralista, análoga a la de Suecia, Suiza o Yugoslavia. En la declaración de diciembre de 1976 se subraya que “el ingreso en la OTAN conllevaría el riesgo de vernos implicados en una guerra de efectos destructivos incalculables si uno de los países miembros entra en guerra”. También se llama la atención sobre el aumento de los gastos militares que se derivaría de la presencia española en la Alianza Atlántica.

Pero con el paso de los años, y en la medida que el PSOE se va configurando como una “alternativa gubernamenta”., los dirigentes del partido van puliendo las aristas más cortantes de su política. Hay que alejarse rápidamente del “OTAN, de entrada, no” y olvidar que votaron en contra del ingreso en la Alianza, enfrentados con el Gobierno de Calvo Sotelo, quien consiguió sacar adelante su propuesta en las Cortes. La radicalidad inicial del discurso de Felipe González resulta delirante si se observa el desarrollo posterior de su política internacional. Comienzan a aparecer frecuentemente a su lado mentores como Bettino Craxi, Carlos Andrés Pérez, e incluso el portugués Mário Soares.Los dos políticos europeos son atlantistas practicantes y el venezolano mantiene muy estrechos vínculos con Estados Unidos. La ruptura con el marxismo de 1979 es un guiño a Washington y Bruselas para que le permitan, de momento, mantener el rechazo a la OTAN como algo aún necesario para ganar las elecciones. Cuando González llega al Gobierno, sus propósitos reales se conocen enseguida.

Pero sólo un mes antes de las elecciones generales de octubre de 1982, González todavía declara a Interviú: “Yo creo que nosotros tendríamos que plantearnos seriamente el tema de la OTAN, sobre todo porque para España no hay ningún interés defensivo real e inmediato en la integración en el Pacto Atlántico, y lo veo desde el punto estrictamente nacional. Uno puede comprender que Alemania esté en la OTAN y le cuesta creer que un país que no tiene problemas de defensa en la misma dirección que Alemania esté en la OTAN y esté, además, integrado sin ninguna contrapartida, como han hecho los protagonistas españoles”.

Durante la dictadura franquista, el Gobierno de Estados Unidos presiona para que España se incorpore a la OTAN, pero tropieza con la oposición de los socios europeos, como consecuencia de la naturaleza autocrática del régímen. Y también cuando Calvo Sotelo hace aprobar la entrada de España en la OTAN, varios gobiernos socialistas europeos ofrecen a Felipe González, con especial interés, el veto a la adhesión, lo que habría producido el rechazo de España, al ser precisa la unanimidad de los socios. El secretario general del PSOE declina estos ofrecimientos, que habrían trascendido, lógicamente, de forma que se le consideraría el inspirador de esa maniobra. Se niega, pues, consciente de que ello le ocasionaría el rechazo de la mayoría del Ejército. Y del rey. “Cuando González nombra ministro de Asuntos Exteriores a Morán, y a Narcís Serra para la cartera de Defensa, tiene ya comprometido con la Corona la permanencia en la estructura de la OTAN”, señala Pablo Castellano.

La actitud de González en relación con la Alianza se hace explícita durante su primer viaje a Alemania, el 3 de mayo de 1983. El presidente de Gobierno socialista, sin contar con su ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, que no está informado del viraje derechista que se ha dado, y rompiendo incluso con sus benefactores socíaldemócratas alemanes, presentes en el acto, afirma públicamente en Bonn su “consideración y solidaridad”. con la estrategia de Reagan, Margaret Thatcher y la derecha cristianodemócrata alemana de instalar en el teatro bélico europeo 572 misiles Pershing y Cruise.

Por fin, en 1986, González convoca y celebra un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, después de innumerables manifestaciones populares contra la Alianza. Pero no apoya la salida de esa estructura militar: reclama el voto a favor de la permanencia en ella. Ha mentido en la campaña electoral que le llevó al Gobierno, incumple el programa del PSOE, trampea las resoluciones del congreso de su partido y engaña a los ciudadanos. “Cuando Felipe González se lanza a la aventura del referéndum de la OTAN, y ante los sondeos que arrojaban un resultado favorable al “No”, el consejero político de la embajada estadounidense en Madrid me llamó para hablar de lo que ocurriría en el PSOE si González perdía la consulta”, relata Francisco Bustelo. “Me preguntó que, en el caso de que pasaran a dirigir otras personas el PSOE y, por lo tanto, a ocupar, aunque fuera provisionalmente el Gobierno, cuál sería la política exterior, en particular respecto a Estados Unidos”.

González y los suyos movilizan a los medios de comunicación, a intelectuales orgánicos y a adjuntos al poder de las más variadas especies para apoyar la permanencia en la OTAN. Con la idea de conseguir una atractiva imagen pública de la campaña, intenta atraer a su terreno también a personajes del mundo de la cultura y el espectáculo. Fernando Fernán Gómez relataba en cierta ocasión su visita a La Bodeguilla de La Moncloa, invitado por González, junto con otros profesionales del cine y la cultura, durante las fechas previas a la celebración de la consulta. En un determinado momento de la reunión, González les dijo: “He cambiado de opinión porque, cuando llegué a la Moncloa, Suárez me enseñó la “caja de los truenos” y había muchos misiles soviéticos apuntando a España”. Manuel Gutiérrez Aragón le llamó cínico.

Los servicios de inteligencia norteamericanos siguen muy de cerca toda la campaña a favor del “S”. y despliegan, en apoyo del Gobierno socialista, su compleja red de influencias. El propio Julio Feo, en ese momento secretario del presidente González, ilustra muy gráficamente la preocupación de la CIA, en 1986, con motivo de la consulta en las urnas: “En la embajada americana en Madrid cundía el nerviosismo. Enders se apresuró a solicitar una entrevista con el presidente, que lo recibió el 7 de febrero. Por su parte, “Sam”, el jefe de estación de la CIA, que había sustituido a “Walter”, incrementó sus llamadas y visitas, en las que me solicitaba información sobre la marcha del referéndu”.

“El referéndum fue un modelo antológico de pucherazo, pero a muy pocos políticos les interesaba cuestionar el resultado, conscientes de que la victoria del “No” habría repercutido no sólo en la adhesión europea, sino hasta en nuestro propio devenir político”, escribe Pablo Castellano, veterano militante socialista que hizo campaña contra la OTAN. “González echaba un pulso a la ciudadanía tras haber ganado todos los pulsos a su partido y salía otra vez vencedor y exultante de las urnas. Sin embargo, a partir de ese momento sería rehén de las políticas más derechistas que le exigían los que, ayudándole descaradamente a ganar el referéndum, le permitían gobernar en el estricto marco de actuación pactado para la ordenada alternancia de los partidos del sistema, no para abrir la puerta a imprevisibles sorpresas de un auténtico e incondicionado sistema de partidos. El Pentágono tomó nota de quiénes eran de verdad sus amigos. A buenas horas se le iba a escapar a la privilegiada mente conocedora de todos los entresijos del 23-F, del GAL y de Filesa un referéndum así”.

Pablo Castellano continúa: “El Estado español, de la mano de un Gobierno socialista, revalidó y reforzó su condición de socio del Imperio. El esfuerzo del PSOE en este terreno ha sido tan valorado que uno de los más destacados paladines en la defensa del “OTAN, de entrada no”, Javier Solana, en premio a su ejemplar rectificación, ha acabado siendo secretario general de la Alianza y, más tarde, encargado de las cuestiones de defensa europea. Siempre, en todo caso, embajador de los intereses castrenses estadounidenses… Más que caerse del caballo camino de Damasco, se subió tranquilamente al carro de combate o a la superfortaleza volante, medios más seguros y rápidos en la carrer”.

Después de ser uno de los dirigentes del PSOE que participa en mayor número de actos públicos en contra de la integración de España en la OTAN Javier Solana se convierte en 1995 en secretario general de la Alianza. Un buen ejemplo individual que sintetiza la trayectoria de su partido. Permanece en el cargo cuatro años y durante su mandato se producen los bombardeos norteamericanos sobre Yugoslavia, en marzo de 1999. A finales de ese año cesa en su cargo de máximo dirigente de la OTAN y toma posesión de un puesto recién creado: alto responsable de la Política Exterior y de Seguridad Común. Ya tenemos Mister PESC.

Alfredo Grimaldos, extractos del libro ‘La CIA en España

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lunes, 15 de febrero de 2021

Liberalización (fuera de las pezuñas de la industria criminal farmacéutica) de las vacunas para el Covid-19. Tratamos hoy de la conjugación del verbo liberatotis más conocido como robo que te robo más lo que te robé ayer más lo que te voy a robar mañana que ya incluyo tu salud, para que te vayas enterando y que luego no me digas que no te lo avisé, que a mí las cosas me gustan bien claritas, siempre que gane yo, por supuesto, porque de otro modo me lio a enturbiarlas que no veas como las enturbio, tío. ¿Qué no te enteras?, mejor para mí, macho. Si yo lo que quiero es que no te enteres de lo que a ti te interesa y me lo vas a comprender a la primera. Mira: que te enteras de mi chuli mecanismo para engañarte, pues entonces ya no te puedo engañar…, ¿captas? Vale, ¿ves como era fácil de entender? Veamos, que estamos en plan conjugación: ¿No hay un gobierno para administrar todos los bienes públicos para la paz, la justicia y la felicidad de todos sus gobernados? (reconozco que esto último es un mal chiste, la verdad sea dicha), pues a qué espera el gobierno para decir que con la salud de las personas no puede jugar ni Dios Padre, María, Cristo mío actuantes Pedro y Pablo más otro santo que por allí pasa, amén. Mucho menos tiene que jugar una criminal capital industria farmacia… Y ahí está la cosa.

 


LIBERAR LAS PATENTES DE LAS FARMACÉUTICAS: ¿UNA SOLUCIÓN PARA EQUILIBRAR LA DISTRIBUCIÓN GLOBAL DE LAS VACUNAS?


Por  Rebelión 

Fuentes: RT

13/02/2021

Mientras los países ricos acaparan la mayor parte de las vacunas a través de opacos contratos comerciales con los fabricantes, varios actores internacionales advierten de los graves peligro que implica desatender a los más pobres.

Desde que estalló la pandemia de coronavirus, a principios de 2020, la humanidad entera comenzó a mirar con ansiedad al futuro, anhelando una vacuna que pusiera fin a este repentino y gigantesco contratiempo mundial. La experiencia previa no alentaba demasiadas esperanzas sobre la posible creación rápida de un antígeno seguro y eficaz: las voces más optimistas daban un plazo de al menos un año medio para generar un antídoto mínimamente fiable.

Sin embargo, una decidida acción conjunta por parte de la comunidad científica, los poderes públicos y la iniciativa privada, urgida por la necesidad de atajar una crisis sanitaria sin precedentes, hizo posible que las primeras referencias vacunales hayan estado listas para su aplicación en menos de un año.

Así las cosas, con las vacunas ya disponibles, aunque aún en cantidades limitadas, la comunidad internacional enfrenta ahora su segundo gran reto: distribuirla a la población mundial.

¿Cuál es el criterio de ese reparto? ¿Cómo se prioriza? En el seno interno de cada país no ha habido grandes dudas: los planes de vacunación, plenos de sentido común, establecen prioridades entre los distintos colectivos sociales en función de su riesgo de contagio y de su vulnerabilidad a la enfermedad.

Pero en la otra coordenada del reparto, en su dimensión planetaria, a la hora de decidir qué regiones del mundo tienen acceso prioritario al fármaco, todo criterio se ha abandonado al albedrío de la «mano invisible» de los mercados.

En otras palabras: los países que han podido establecer contratos con las empresas productoras de vacunas y pagar por ellas, ya las tienen, mientras el resto parece abocado a depender de la solidaridad y la buena voluntad de los diferentes actores internacionales implicados.

Por ello, es en esta fase de la lucha contra el covid-19 donde la estructura básica del capitalismo imperante, profundamente asimétrica, comienza dejarse sentir, una vez más, a través de la brutal desigualdad que impone al reparto de los recursos valiosos en el mundo. El resultado de esta inercia socioeconómica ya arroja cifras alarmantes: el 16% de la población ya ha reservado el 60% del suministro de vacunas, según datos de la Universidad de Duke, en EE.UU.

«No es momento de seguir haciendo negocios»: liberar las patentes

Ante la gravedad de la actual emergencia sanitaria y la amenaza que supone para la salud de millones de personas en todo el mundo, ya son varias las voces que se han alzado contra esta evidente prerrogativa que el poder económico está demostrando tener de cara al acceso a la vacuna, y proponen una controvertida vía para re-equilibrar la situación: liberar las patentes de la vacunas.

«Una pandemia mundial no es momento para seguir haciendo negocios como de costumbre. No hay lugar para las patentes o el lucro empresarial mientras el mundo se enfrente a la amenaza de la COVID-19″, afirmaba a mediados del pasado mes de octubre Leena Menghaney, directora de la Campaña de Acceso de la organización Médicos Sin Fronteras en el sur de Asia.

Su palabras respaldaban la propuesta que India y Sudáfrica formularon a principios del mismo mes a la Organización Mundial del Comercio (OMC), a la que solicitaron suspender temporalmente las patentes de las vacunas y medicamentos contra el covid-19 para facilitar su producción en los países en desarrollo.

Dicha propuesta está siendo estudiada ahora en el propio seno de la OMC, y por ahora no se ha podido llegar a un consenso. A pesar de que 99 países de los 164 que integran la organización apoyan la iniciativa, países como EE.UU., Canadá, Australia, el Reino Unido o los Estados miembros de la Unión Europea la han rechazado, argumentando que resultaría contraproducente, en la medida en que puede desincentivar los esfuerzos que las compañías farmacéuticas invierten en investigación y desarrollo.

Frente a ellos, los países que abogan por ejecutar la exención de las patentes consideran que la medida aumentaría la capacidad de producción de vacunas en todo el mundo, y por ello incrementaría el alcance y la velocidad de la respuesta mundial al covid-19. De lo contrario, la pandemia podría causar verdaderos estragos en los países donde tardasen en llegar los fármacos, y se correría el riesgo de que la enfermedad se volviese endémica en varias regiones del mundo.

Ello constituiría un grave fracaso sanitario a nivel mundial, ya que en esas zonas el virus podría continuar su desarrollo y expandirse de nuevo globalmente a través de nuevas mutaciones que escaparán a la protección de las vacunas existentes.

¿Qué es una patente?

Una patente es un documento expedido por un Estado, o un grupo de Estados, que da derecho a explotar una invención en exclusiva en su territorio, impidiendo legalmente que otros fabriquen, vendan o utilicen en esa demarcación territorial el objeto de la patente durante un tiempo determinado, que suele extenderse, por regla general, 20 años.

El titular de una patente conserva en todo caso el derecho a permitir a otros explotar su invención, a cambio, por ejemplo, de un beneficio económico. Por otra parte, el Estado otorga ese derecho de exclusividad a cambio de que se ofrezcan al público los conocimientos técnicos que han hecho posible la invención, a través de una descripción detallada.   

La misma solicitud de patente se puede presentar en varios Estados, siempre que se cumplan los requisitos necesarios. Existen tratados internacionales que permiten y facilitan que una solicitud de patente presentada en un país se pueda extender a otros. Aunque cada Estado tiene su propia normativa en materia de patentes, en la practica existen muchas similitudes entre ellas.

¿Pueden los Estados revocar las patentes?

En general, y bajo las circunstancias adecuadas, los mismos Estados que conceden las patentes disponen de recursos legales para revocarlas, suspenderlas, o limitar de diversas maneras el derecho de exclusividad que conllevan.

Una de esos recursos es la licencia obligatoria, un instrumento legal que permite al poder político ejecutar la suspensión temporal del derecho de exclusividad del titular sobre una patente, permitiendo así la producción, el uso o la venta del producto o servicio patentado a terceros, sin necesidad de consentimiento del titular, pero siempre pagándole por ello. 

Los gobiernos pueden activarlo como mecanismo de defensa frente a posibles abusos cometidos por el propietario de una patente, o cuando estimen que el interés público debe prevalecer sobre sus legítimos derechos de explotación exclusiva.

Además, entre la documentación emitida al respecto por la OMC existe la llamada ‘Declaración de Doha‘, que no sólo reconoce la potestad de los Gobiernos para aplicar limitaciones a los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio, sino su derecho a «determinar lo que constituye una emergencia nacional u otras circunstancias de extrema urgencia» para justificar esa aplicación, especificando incluso que «las crisis que afectan a la salud pública, como el VIH/SIDA, la tuberculosis, el paludismo y otras epidemias, pueden considerarse situaciones de esa naturaleza».

En 2001, precisamente bajo el azote de la pandemia del VIH/SIDA, los Estados miembros  de la OMC llegaron a un consenso, similar al que algunos reclaman ahora, para ejecutar una exención de patentes de ciertos fármacos amparada por esta Declaración.

La iniciativa sirvió para establecer un mecanismo para que los países que producían medicamentos genéricos bajo una licencia obligatoria los suministraran a otros países que no tenían la capacidad de fabricarlos.

Una medida posible pero improbable

En el contexto de la actual pandemia, una acción internacional conjunta dirigida a la suspensión temporal de las patentes sobre las vacunas es, por lo tanto, legalmente posible, pero también compleja y de momento improbable.

En primer lugar, no hay una mayoría suficiente en el seno de la OMC para sacar adelante la iniciativa. De los 164 países que conforman la entidad, casi un centenar quieren aplicar la medida, pero deben apoyarla tres cuartas partes de sus miembros, así que tendrían que ser al menos 123 los países que respaldaran la exención de las patentes para que ésta obtuviera luz verde. 

Además, sería un proceso legal y administrativo considerablemente complicado. Aunque en general existe cierta armonización internacional para la tramitación y reconocimiento de las patentes, para este tipo de casos hay que atender a las normas específicas de cada país. Por ejemplo, en la UE existe una Oficina Europea de Patentes (OEPM) que unifica todos los trámites de solicitud en uno solo, pero en la práctica expide una patente para cada uno de los países miembros. Por lo que su revocación exigiría un proceso diferente en cada territorio. 

Por otra parte, hay otro elemento que podría resultar disuasorio para los gobiernos a la hora de apoyar o emprender una exención de patentes a los fabricantes de vacunas: habría que indemnizarles por ello, lo cual supondría un gasto muy elevado, a afrontar justo en el inicio de una de las crisis económicas más graves de la historia reciente. 

Algunos argumentos en contra

La industria farmacéutica cuestiona la utilidad de esta posible intervención pública en su negocio, y avisa de los supuestos peligros que puede generar a largo plazo. El director general de la Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas, Thomas Cueni, explicaba en un artículo de opinión publicado en el New York Times hace exactamente dos meses, que suspender las patentes «pondría en peligro el futuro de la innovación médica, haciéndonos más vulnerables a otras enfermedades». 

«Las empresas y los inversores que financian la investigación asumen tanto riesgo porque tienen la posibilidad de obtener una recompensa«, expone Cueni en su escrito, en el que se refiere a la protección que otorgan las patentes como «la forma en que el sistema garantiza que la investigación farmacéutica siga siendo financiada».

Por otra parte, en una entrevista concedida al diario.es, el presidente del Comité de Bioética de España, Federico de Montalvo, alerta de otros posibles efectos no deseados derivados de una suspensión de las patentes. En concreto, teme que surja «un mercado paralelo» de vacunas en los países en desarrollo a los que se les permita fabricar los fármacos tras aplicar la exención, ya que considera que en estos territorios, «el control es menor». 

«Un sistema con profundas fisuras»

Mientras la iniciativa sigue bloqueada, la pandemia no da tregua y los países más pobres del planeta miran a la vacuna todavía de lejos, sintiendo como sus poblaciones y sus economías permanecen gravemente amenazadas por la inexorable propagación del virus.

Por ello, varias organizaciones humanitarias claman a favor la liberación de las patentes como respuesta a una situación que juzgan intolerable.

La responsable de relaciones externas de Médicos Sin Fronteras en España, Raquel González, denuncia que «el momento actual está desnudando los problemas de un sistema con profundas fisuras desde hace décadas pero que ahora se hacen más evidentes que nunca».

En este sentido, señala que «el acaparamiento de vacunas por los países ricos ha venido a generar una mayor desigualdad» y explica que «los riesgos de estas ‘dos velocidades’ de vacunación mundial son varios» entre los que destacan, por su gravedad, «la pérdida de vidas humanas» y el peligro «de que la pandemia se prolongue e incluso aparezcan nuevas variantes del virus».

Para avalar su tesis, González cita una proyección de la Northeastern University de Boston, que afirma que si los primeros 2.000 millones de dosis de vacunas se distribuyeran en proporción a la población de los países, la mortalidad mundial podría reducirse en un 61 %. «En cambio, si los 47 países más ricos acaparan las dosis, la reducción será de un tercio», indica González.

«Los países que más pagan son los que más población tienen vacunada y las corporaciones farmacéuticas abusan y operan con impunidad mediante acuerdos de compra bilaterales secretos», critica González, que lamenta la «absoluta falta de transparencia» en los contratos de compra de las vacunas.

Especialmente grave le parece que esto suceda en un negocio «con unos niveles de financiación pública que no tienen precedentes», ya que «se estima que se han invertido más de 10.000 millones de dólares en I+D, ensayos clínicos y fabricación de las seis potenciales vacunas» que la UE pretende adquirir.

En definitiva, en Médicos Sin Fronteras están convencidos de que la suspensión temporal de las patentes de las vacunas, al menos hasta lograr la inmunidad de grupo mundial, daría entrada a más fabricantes y permitiría aumentar la producción«, contribuyendo así de forma determinante a un equilibrio en el reparto internacional de los fármacos sobre cuyos beneficios globales no caben dudas.

Por ello piden a los países más desarrollados «que apoyen, o al menos no pongan palos en las ruedas» de una iniciativa que consideran urgente y vital en la lucha contra el COVID-19.

Fuente: https://actualidad.rt.com/actualidad/382635-liberar-patentes-farmaceuticas-equilibrio-distribucion-vacunas

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El Cooperativismo en los textos de la Primera Internacional

 

EL COOPERATIVISMO EN LOS TEXTOS DE LA PRIMERA INTERNACIONAL

Socialismo científico, modo de producción capitalista y alternativa cooperativista.


KAOSENLARED

14 Feb, 2021

Para quien no conoce la esencia del modo de producción capitalista la elaboración ideológica que construye y divulga el bloque dominante, y con la que pretende renovarse formalmente cada cierto tiempo para mantener su hegemonía, es, incuestionablemente, novedosa y atrayente. Es la traducción práctica del elemento hegemónico y fundamental de la lucha de clases, los cimientos que aseguran la dominación sin la necesidad de recurrir a la violencia explícita contra las clases del trabajo: “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante (…)” (1).

Pero un modo de producción cuya prehistoria es ya muy lejana, y cuyo despliegue en su forma suprema, el imperialismo, comenzó hace ya más de un siglo, deja poco lugar a la imaginación. Esto es lamentable para quienes quieren refundar la ciencia de la lucha de clases bajo nuevos y distintos parámetros: fracasan constantemente desde el mismo siglo XIX -la historia de quienes pretenden renovar el socialismo científico es tan antigua como este mismo- porque la realidad material no puede ser modificada en el plano teórico, por muchos esfuerzos que se hagan.

Por ello, Karl Marx -tan actual o tan viejo como el modo de producción capitalista- pudo hablar ya de distintos elementos, novísimos y muy actuales para las jóvenes generaciones del mundo presente. Así ocurre, por ejemplo, con el “(…) espíritu del emprendedor (…)” (2), una de las cualidades que Marx señala que suelen tener los capataces agrícolas en el siglo XIX, algo que enfrenta toda la retórica actual, que presenta el emprendimiento como algo novedoso y que no es más que la pretensión por parte de las clases dominantes de alcanzar una construcción ideológica atractiva para insertar a la juventud en la lógica del capital.

Recurrimos a Marx y a quienes partiendo de él elaboraron el socialismo científico para analizar los problemas actuales porque, en realidad, no son actuales, aunque las clases dominantes así los quieran disfrazar. Sirva la muy actual cuestión del emprendimiento como ejemplo evidente. Frente a la pretendida desmemoria de las clases dominantes es en la historia de la lucha de clases, en la memoria de los pueblos masacrados amenazada por el olvido, en los hilos rotos de la historia de quienes no sabiendo leer ni escribir mandaban en su hambre, donde encontramos una impresionante acumulación de conocimientos históricos y teóricos que constituyen el legado de nuestra clase y que nos permiten sumergirnos en la experiencia acumulada para obtener reflexiones para encarar las luchas del futuro, manteniendo viva, de esta manera práctica, nuestra historia, la historia de quienes nunca han contado para quienes han redactado la historia oficial -en su versión burguesa o alternativa, pues también hay relatos hegemónicos construidos por bloques de poder que no son el imperialista occidental, e incluso hay una historia oficial alternativa-, aquella que las clases dominantes han establecido como verdad y que, sin embargo, no ha existido nunca más que en su imaginación. La memoria del proletariado, privado de medios para reproducirla y condenada aparentemente al olvido, o pretendidamente silenciada mediante el asesinato, no deja, sin embargo, de resonar aunque parezca perdida, como el eco que se resiste a dejar de volver una y otra vez, cada vez que una nueva generación se enfrenta a la titánica e histórica tarea que alumbró el capitalismo: la emancipación del proletariado.

La cuestión que vamos a abordar a lo largo de las próximas páginas no es especialmente novedosa, pero el problema que supone para parte del movimiento obrero exige que nos detengamos en ella, puesto que cada cierto tiempo, más o menos dilatado, en este o en aquel otro país, vuelve a plantearse como alternativa al modo de producción capitalista. Nos referimos al cooperativismo.

Denigrado por algunas/os, el movimiento cooperativista permite al proletariado tomar las riendas de las fábricas y hacerse con el control de la producción. Ensalzado por otras/os, el cooperativismo no deja de ser una forma que adquiere la explotación de la fuerza del trabajo bajo las leyes y necesidades del modo de producción capitalista.

Plantea, pues, a nuestro modo de ver, un importante elemento contradictorio el cooperativismo. Más allá de creencias y opiniones vamos a recurrir a los textos de la Asociación Internacional de Trabajadores, aquella de la que Karl Marx fue un destacado dirigente, para conocer qué pensaban acerca de esta problemática quienes levantaron el movimiento obrero y dieron consistencia mundial a las luchas del proletariado.

Tras ello, constataremos que la posición de la Primera Internacional era defendida también por Karl Marx en sus escritos, frente a quienes consideran que las posiciones de la organización eran una concesión del revolucionario para mantener la unidad en el seno de la organización, donde confluían distintas corrientes. Allí, en el siglo XIX, se construyeron las bases del análisis acerca de la realidad cooperativa. Podrán ser matizadas las ideas que expusieron los dirigentes históricos del movimiento obrero, pero cooperativismo y modo de producción capitalista perviven desde hace cientos de años. Ya en el siglo XX, Lenin, siguiendo los pasos de Marx y de la Commune de Paris, mantuvo la posición con respecto al cooperativismo.

Renunciamos, pues, a elaborar un sesudo planteamiento rompiendo con nuestra historia, aunque esto nos condene a no renovarnos, a no ser originales, a ser anticuadas/os. No importa, no somos ajenas/os al movimiento obrero, sino una de sus raíces. Somos el eco que, una vez más, retorna, la voz de quienes dieron su vida por emancipar el género humano. No podrán borrarnos de la historia, y tendrán que rebatir lo aquí planteado, porque las amplias masas de trabajadoras/es observarán que, lo que aquí se señala, se contrasta cada día con la realidad material. No escribimos, pues, sobre deseos, sino sobre realidades.

La Asociación Internacional de Trabajadores y el cooperativismo (3)

Ya en el Manifiesto Inaugural de la AIT, escrito por Marx en el marco de la asamblea pública celebrada el 28 de septiembre de 1864 (4) y que daría como origen la Internacional, se detiene el revolucionario en la cuestión del cooperativismo. Lo hace tras ensalzar la conquista de la Bill de diez horas, algo que “(…) ha sido no sólo un suceso práctico, sino, lo que es más, constituye la victoria de un principio. Es la primera vez que la economía política de la clase media sucumbe de lleno ante la economía de la clase obrera” (5).

Y pese a la importancia de esta victoria, pese a imponerse la economía política de la clase obrera a la de la clase media y así lograr la reducción de la jornada laboral, esto no es lo más importante: “pero había en reserva una victoria mucho mayor de la economía política del trabajo sobre la economía política de la propiedad. Queremos hablar del movimiento cooperativo y, especialmente, de las manufacturas cooperativas levantadas por los esfuerzos espontáneos de algunas manos audaces. El valor de estas grandes experiencias sociales no puede ser subestimado. No con argumentos, sino con obras, han probado que la producción a gran escala y de acuerdo con las exigencias de la moderna ciencia puede llevarse a cabo sin la existencia de la clase de dueños empleando la de obreros; que los medios de trabajo, para dar fruto, no tienen necesidad de ser monopolizados ni de ser empleados como medios de dominio y explotación contra el trabajador; y que el trabajo asalariado, como el trabajo de esclavos o el de siervos, no es más que una forma transitoria e inferior que está destinada a desaparecer ante el trabajo asociado, ejecutando su tarea con mano alerta, con espíritu dispuesto y corazón alegre. Las primeras semillas del sistema cooperativo fueron plantadas en Inglaterra por Robert Owen; las experiencias intentadas en el continente por la clase obrera eran de hecho una aplicación práctica de las teorías no ya inventadas sino sólo proclamadas solemnemente en 1848.

Pero al mismo tiempo, la experiencia del período entre 1848 y 1864 ha probado, fuera de toda duda, que a pesar de su excelencia en la práctica, el trabajo cooperativo, recaído en un estrecho círculo de esfuerzos parciales de los obreros desparramados, no es capaz de parar el progreso geométrico del monopolio, no es capaz de emancipar a las masas, ni siquiera capaz de aligerar el peso de su miseria. Es probablemente por este único motivo que hombres plausiblemente nobles, que declamadores filántropos de la clase media, que economistas siempre audaces, se hayan vuelto de golpe con nauseabundos cumplidos hacia el sistema de trabajo cooperativo, que en vano habían tratado de marchitar en gérmenes, ridiculizándolo como una utopía de soñadores, o estigmatizándolo con el nombre de blasfemia de los socialistas. El trabajo cooperativo, para salvar las masas obreras, debe desarrollarse en dimensiones nacionales, y consecuentemente debe ser sostenido por medios nacionales (…)” (6).

Dentro del movimiento cooperativo se incide en las cooperativas de producción -las manufacturas-, algo que es el fruto de “manos audaces” y que tiene un valor que “no puede ser subestimado”. Es la clase trabajadora desarrollando la praxis -no olvidemos que “toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que inducen a la teoría al misticismo encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica” (7)-, demostrando “no con argumentos, sino con obras” que no es necesaria la propiedad privada de los medios de producción ni el trabajo asalariado, que está destinado “a desaparecer ante el trabajo asociado”.

Parece, pues, que el movimiento cooperativo es una gran herramienta para la transformación social, pero como suele ocurrir el análisis no es fácil: sin embargo, y a pesar de todo, el trabajo cooperativo “no es capaz de parar el progreso geométrico del monopolio, no es capaz de emancipar a las masas, ni siquiera capaz de aligerar el peso de su miseria”.

Por un lado, por lo tanto, el movimiento cooperativo muestra a la clase trabajadora la posibilidad de superar el modo de producción capitalista de una forma positiva. Por otro lado, sin embargo, el modo de producción capitalista predomina y se impone a cualquier ilusión de poder crear una realidad al margen del mismo. El cooperativismo, pese a todo, no mejora la vida de la clase trabajadora.

Hay, con todo, una salida: “el trabajo cooperativo debe desarrollarse en dimensiones nacionales, y consecuentemente debe ser sostenido por medios nacionales”. El trabajo cooperativo, en un marco de construcción nacional, en una realidad que no es la del puñado de trabajadores “desparramados” intentando sobrevivir a la miseria que impone el capitalismo sino en un marco de ofensiva, de clase constituida a nivel nacional como productora, “puede salvar las masas obreras”. El camino, pues, no está cerrado. El debate está abierto.

Una breve nota sobre los congresos de la Internacional

La Asociación Internacional de Trabajadores tuvo cinco congresos con un importante contenido político y debate, si incluimos el Congreso de La Haya, en el que la decadencia de la Internacional ya es un hecho. Entre el I Congreso, que tuvo lugar en Ginebra en 1866 y el Congreso de La Haya, que fue en 1872, el proletariado tomaba el poder en París. Al margen de los problemas internos -que no queremos, ni mucho menos, minimizar- provocados por la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, las maquinarias estatales perseguían a la Internacional y a sus miembros en cada convulso rincón europeo, cuya realidad se transformaba radicalmente a una velocidad nunca vista en la historia.

Es cierto que hubo algún congreso más, “(…) el Consejo de Nueva York organizó dos (los de Ginebra de 1873 y de Filadelfia de 1876), mientras que las federaciones y secciones disidentes celebraron cuatro (los de Ginebra de 1873, Bruselas en 1874, Berna en 1876 y, finalmente, el de Verviers en 1877)” (8), pero “la historia de la Primera Internacional, en tanto que organización internacional del movimiento obrero, se terminó prácticamente con el Congreso de La Haya de 1872” (9).

Por lo que a la cuestión del cooperativismo se refiere son relevantes los tres primeros congresos: los de Ginebra en 1866, Lausana en 1867 y Bruselas en 1868. Nos ceñimos, como se observará, a los documentos, sin adentrarnos en el debate que tenía lugar y que embrollaría innecesariamente la cuestión que aquí estamos planteando para adentrarnos en otros terrenos.

Congreso de Ginebra, 1866

El Consejo General elaboró un informe con distintos puntos para su discusión por los internacionales en Ginebra: el quinto punto señalaba: “el objeto de la Asociación Internacional está en combinar, generalizar y dar uniformidad a los movimientos espontáneos de las clases obreras, pero no dirigirlas o imponerles algún sistema doctrinal. Por tanto, el Congreso no debe proclamar un sistema especial de cooperación sino se debe limitar a la anunciación de algunos principios generales.

  1. Reconocemos el movimiento cooperativo como una de las fuerzas transformadoras de la sociedad presente, basada en el antagonismo de clases. Su gran mérito consiste en mostrar prácticamente que el sistema actual de subordinación del trabajo al capital, despótico y pauperizador, puede suplantarse por el sistema republicano de asociación de productores libres e iguales.
  2. Pero el movimiento cooperativista limitado a formas microscópicas de desarrollo que pueden producir en sus combinaciones esclavos individuales asalariados, es impotente de transformar por sí misma la sociedad capitalista. Para convertir la producción social en un amplio y armonioso sistema de trabajo cooperativo, se hacen indispensables cambios sociales en general. El cambio de las condiciones generales en la sociedad, no se realizará nunca sin el empleo de las fuerzas organizadas de la misma. Por tanto, el poder gubernamental, arrancado a los capitalistas y latifundistas, debe ser dirigido por las clases obreras mismas.
  3. Recomendamos a los obreros que animen la cooperación en la producción más que la cooperación en la consumición. Esta toca únicamente la superficie del actual sistema económico, mientras que la otra lo ataca en su base.
  4. Recomendamos a todas las sociedades cooperativistas, consagrar una parte de sus fondos a la propaganda de sus principios, tomar la iniciativa de nuevas sociedades cooperativistas de producción y hacer esta propaganda tanto de palabra como por la prensa.
  5. Con objeto de impedir que las sociedades cooperativistas degeneren en las ordinarias sociedades burguesas (sociedades de comandita), todo obrero empleado debe recibir el mismo salario, esté o no esté asociado. Como compromiso puramente temporal, consentimos en admitir un beneficio muy pequeño a los socios” (10).

Tras varios días de Congreso se abordó esta cuestión, que fue adoptada por unanimidad, si bien se realizó una enmienda, de adición, que fue la siguiente: “los ciudadanos Fribourg y Chemalé (París) hacen la siguiente adición: <<el congreso recomienda a las sociedades evitar la forma de administración individual y de dejar a los asociados el derecho pleno y entero de administración sobre todos los puntos, conforme al contrato consentido por ellos>>” (11).

Observamos aquí un pequeño desarrollo de lo expuesto en el Manifiesto Inaugural. Aparece consignado de la misma fórmula que aparecerá más tarde en El Capital, que esta organización futura de la sociedad es la “asociación de productores libres e iguales”.

Como ya vimos, el cooperativismo es, sin embargo, incapaz de “transformar por sí misma la sociedad capitalista”, pero se señalaba la posibilidad de que fuese eficaz, organizándose a nivel nacional. Ahora se vislumbra el camino para alcanzar esa organización: la toma del “poder gubernamental, arrancado a los capitalistas y latifundistas”.

Los siguientes dos elementos no son novedosos: se anima a desarrollar el movimiento cooperativista en la producción, y no en la consumición -lo cual nos permitiría abrir otra reflexión acerca de toda la pretendida e irreal soberanía del consumidor, algo que también excede el límite de nuestra propuesta-, y se recomienda extender el movimiento tanto mediante el desarrollo de nuevas cooperativas de producción como mediante la propaganda.

Para acabar, un principio fundamental del socialismo, que habitualmente permanece en el olvido: “el mismo salario” para toda/o trabajador, además, “esté o no esté asociado”. Es cierto que, de forma temporal, se permite “un beneficio muy pequeño a los socios”, pero esta es la excepción.

Congreso de Lausana, 1867

Un año después, en el Congreso de Lausana, la Internacional vuelve a tratar la cuestión del cooperativismo: “los esfuerzos intentados hasta hoy día por las clases obreras para su emancipación se pueden resumir en lo que llamamos movimiento cooperativo. Pero el movimiento cooperativo en su fase actual y en las diferentes formas bajo las que hasta ahora se ha manifestado, sociedad que se autodefine como de crédito mutuo, de consumo y producción, aún reconoce los antiguos principios de la productividad del capital, es decir, el derecho de descuento del capital sobre el trabajo, y lo pone ampliamente en práctica.

De esta manera, en las sociedades de crédito, tales como las cajas de adelantos de M. Schulze-Delitzsch, en Alemania, o el crédito al trabajo del señor Beluze en París, donde los fondos producen primero un interés y después dividendos proporcionales a la aportación de cada asociado. Como las aportaciones son desiguales, se produce necesariamente que aquellos que tienen una aportación mayor no tardan en enriquecerse (contando con que no tengan muchos préstamos de la caja en cuyo caso el interés que pagan aniquilará el dividendo que reciben), y todos en conjunto acabarán por mejorar un poco su situación por las tasas de los proletarios sobre los que recae en último término el pago de estos intereses y dividendos.

En las sociedades de consumo, los asociados, o compran los productos para revenderlos con ganancia al público consumidor, o se reparten entre ellos los productos comprados. En el primer caso, un intermediario colectivo sustituye simplemente al comerciante; en el segundo caso, se pueden presentar dos situaciones: o estas sociedades se reducen a unos pocos hombres, y entonces no tendrán influencia sobre la situación de las masas y sólo mejorarán la condición de unos pocos; o estas sociedades se extenderán a la masa y entonces su efecto último y principal será nulo, pues no tardarán en llegar un descenso de los salarios, proporcional al descenso de los precios de los objetos de consumo, porque la competencia entre los trabajadores, la oferta cada vez mayor de brazos en la sociedad actual que lo exige, hace que el salario tienda a reducirse al mínimo para conseguir lo estrictamente necesario, para la mayoría de los obreros.

En las asociaciones de producción, a la hora del reparto hay generalmente dos partes, la parte del capital y la parte del trabajo, y algunas veces, como en el falansterio y en la célebre sociedad de precursores de Fochdale, la parte del talento. No vamos a hablar de la parte del intelectual, del talento, porque las asociaciones que dan entrada a este elemento en la cuenta del reparto son todavía una excepción, pero hablemos de la cuenta del capital; este está compuesto así: en principio un interés fijo de adelanto, después un dividendo proporcional a los negocios realizados y a la aportación personal de capital. Pero como normalmente esta aportación varía con cada asociado, junto a un asociado cuya participación por el trabajo está representada por 10, y la participación debida al capital por 1 (o incluso 0), está otro socio cuya parte de trabajo es 1, y la parte del capital 20, por ejemplo, 5 a título de interés, y 15 a título de dividendos; de esto se deduce que la parte de los socios cuyo capital es mayor, se encuentran pronto con la posibilidad de vivir de sus rentas, y de suyo esto es la realidad en muchas asociaciones.

En otras ocasiones no hay participación del trabajo en el reparto de beneficios y después de pagar los salarios, intereses e impuestos, se reparten los beneficios proporcionalmente al número de acciones o, por decirlo con otra frase, proporcionalmente al capital de cada uno en la empresa: el resultado es idéntico al caso precedente.

Además muchas asociaciones de producción emplean, bajo el nombre de ayudantes, auténticos obreros asalariados con la única diferencia de que entonces el patrón en vez de ser un individuo, es una sociedad. Además la mayoría de las sociedades de producción actuales se constituyen entre algunos obreros privilegiados que se apartan de sus colegas sistemáticamente, y no quieren extenderse hasta englobar ramas de producción enteras, de lo que surge ya una división de la clase obrera.

Para terminar esta crítica añadimos, al margen por el momento de las diferencias que acabamos de demostrar en la constitución interna de estas tres clases de asociaciones, el fallo principal de estas sociedades es su manera de actuar respecto al resto de la sociedad, y este error se resume así: en vez de intercambiar los servicios y productos al precio de coste, todas tienen la intención de hacer beneficios, de aumentar su capital social, de redondear su caja fuerte, y cuanto más aumenta una asociación su capital de esta manera, más ánimos la dan los economistas burgueses y más se extasía la multitud corta de miras. Pero estos beneficios no llueven del cielo como de la mano del Señor, tienen que ser levantadas de la mano de alguien, y ese alguien es el público; pero la parte de este público que vive también de negocios, de intereses, de arriendos, de alquileres, tiene buen cuidado de no ponerse a trabajar, de manera que en definitiva los beneficios realizados por las asociaciones son arrancados de la masa de proletarios que está fuera de esas asociaciones. Por eso estos beneficios vienen a añadirse a la precedente explotación burguesa y constituyen otra nueva explotación del trabajo. Si estas asociaciones se generalizan sucederá infaliblemente: por una parte, que surgirá una nueva clase compuesta de socios que se reparten los beneficios, y por otra parte, otra clase compuesta por los que pagan esos beneficios, y que evidentemente están más en la miseria que nunca, porque cada vez está más explotada. Así, pues, hay una tendencia real a la constitución de un nuevo estado privilegiado paralelo al tercer estado, la burguesía, a la constitución de un cuarto estamento.

Surge ahora una curiosa colección de numerosas contradicciones de la economía política, contradicciones que no sólo existen en la teoría, sino también en la práctica. Junto a esta tendencia al origen de una nueva clase intercalada entre la burguesía y el proletariado, se manifiesta otra tendencia tan activa y sin embargo, totalmente opuesta: la tendencia a la realización de dos clases únicas, separadas por un abismo, una muy rica y otra muy pobre. Esta tendencia se debe a dos grandes fenómenos económicos correlativos, paralelos, que a su vez y recíprocamente son causa y efecto uno respecto del otro, y cuya realidad se hace cada día más clara:

Por un lado, el desarrollo de la fuerza colectiva, las invasiones en el campo de la pequeña y mediana empresa de la gran industria, el relevo de los pequeños talleres por la gran fábrica, de las tiendas por los grandes almacenes, resultado necesario del desarrollo de la división del trabajo y de la irreversible introducción de las máquinas. En resumen, es la constitución del feudalismo industrial.

Por otro lado, la concentración de capitales en pocas manos, el anonimato practicado cada día en una escala cada vez más amplia, el estrangulamiento del pequeño capital a manos del gran capitalismo, las monedas de cien sueldos por los millones; mientras que mil francos del pequeño burgués forman dos mil francos al cabo de catorce años puestos a un interés del 5 por 100 con los intereses de los intereses, el millón de los Rotschild forma al cabo de catorce años dos millones, sin contar los dividendos que son también enormes y que capitalizados de nuevo producen una suma fabulosa. En resumen, nos encontramos ante el nacimiento del feudalismo económico.

Con el relevo de los pequeños talleres, en los que un hombre trabajaba sólo con algunos ayudantes o algún aprendiz, por los grandes talleres donde trabajan legiones de asalariados, está claro que una cantidad de pequeños burgueses, industriales y obreros particulares caen en el proletariado, y además, está claro que con la concentración de capitales no hay gran competencia entre los capitalistas; al sustituir el monopolio a la competencia, los pequeños capitales ya no pueden competir, y el pequeño burgués, tras una serie de ruinas, de desgracias y de quiebras tiende a caer poco a poco en el proletariado.

Este es en resumen, el doble y chocante espectáculo que nos ofrece en este momento el mundo económico: una inclinación a producirse una nueva clase media y otra tendencia a la desaparición de la clase media actual. Sólo nos queda por saber cuál de ambas tendencias es más fuerte, y sobre todo nos falta saber si, una vez constituida la clase media nueva, no sufrirá la suerte de la anterior, o sea, que también se vea obligada a progresar hasta la clase de los más ricos si puede, o en caso contrario, volver al proletariado; lo que demostraría que la existencia de esta nueva clase media sería únicamente temporal.

Pero sea temporal o no, existe el problema, tenemos en ella un peligro y debemos encontrar los medios de evitarle. ¿Cuáles pueden ser éstos?

En primer lugar, destaquemos que se nos ha planteado por el Congreso esta cuestión bajo una forma doble:

1. La pregunta habla de un cuarto estamento, que estaría entre el tercer estamento, burguesía y el proletariado, que entonces sería el quinto.

2. Pregunta el Congreso si el quinto estamento no estaría aún más metido en la miseria que antes.

Para evitar la realización de lo que habla la segunda parte del tema hace falta que las sociedades de crédito, consumo y producción en vez de hacer beneficios sacados de la mesa de proletariados siempre, no realicen beneficios y en consecuencia dejen de empobrecer al proletariado; pero para esto las sociedades se tienen que basar en el principio del mutualismo, los miembros tienen que practicar el principio de reciprocidad del préstamo, del descuento, del seguro de las garantías, de los servicios, de los productos; intercambiando todos los servicios y productos por el valor que añaden, o sea, por lo que valen como trabajo y como gastos, o por decirlo aún más claro, como gastos de consumo del productor y como gastos de instrumental y de materias primas.

Respecto a la primera parte de la cuestión, debemos dejar bien claro que incluso cuando las asociaciones existentes estén basadas en la reciprocidad, los miembros de estas sociedades, al encontrar una mejoría en su situación al aplicar el ideal que los mueve, constituirían, no ya una nueva clase explotadora (ya que no tomarían tributo sobre el trabajo personal), pero sí una nueva clase intermedia entre el capitalismo y la numerosa población excluida de estas asociaciones, en una palabra un cuarto estado que tiene por debajo de sí un quinto estamento. Para evitar la formación de este cuarto y quinto estamento, no creemos suficiente poner en práctica incluso los mas puros principios de justicia en una forma aislada, en una escala más o menos reducida, en algunos grupos particulares, en algunos huecos de la sociedad, sino que es de una necesidad absoluta el empleo de medidas generales, esas medidas que se aplican al conjunto de la sociedad y que inmediatamente hacen sentir su acción sobre toda la colectividad social. No podemos abandonar aquí la cuestión de saber cuáles son esas medidas de conjunto, que sin embargo, nos parecen tan necesarias; creemos poder indicar como dignas de tenerse en cuenta ciertas medidas de reforma general propuestas por diversos socialistas: la transformación de la banca nacional (banco de Francia, banco de Bélgica, banco de Inglaterra, etc.) en banco de crédito gratuito, la abolición de herencias ab intestato en ciertos grados de parentesco, impuesto sobre las sucesiones en línea directa, etc…

Pero no sería preciso plantear los considerandos que acabamos de confiar, si no entendiéramos el movimiento cooperativo actual, no digamos pernicioso, pero sí ineficaz. Siempre es provechoso ver agruparse a los trabajadores, verles buscar en la práctica y por sí solos la mejora de su suerte, aunque tengan que confundirse en sus intentos; desde este punto de vista el movimiento cooperativo nos parece la gran escuela en la que el trabajador se inicia en los problemas económicos, la más potente palanca del progreso social. Además en medio de una sociedad burguesa y anárquica, en la que reina el cada uno para sí mismo y en la que la acumulación de los beneficios más ilícitos se denomina tener vista para los negocios, les es imposible a las clases obreras empezar sin imitar el error general. Esto era al mismo tiempo una necesidad lógica y una necesidad económica; necesidad lógica, porque el espíritu humano siempre avanza por evolución gradual, relacionando por algunos puntos sus concepciones nuevas con sus conocimientos antiguos; una necesidad económica porque las primeras asociaciones tenían al constituirse un capital para la lucha contra las empresas de los burgueses, y no podían y aún hoy en día no pueden, a causa de su aislamiento, conseguir este capital más que beneficiándose del préstamo y de la producción o la venta de los productos” (12).

Como hemos podido leer, aquí la crítica se ha profundizado. No es sólo que el cooperativismo se vea presionado por la lógica del capital y que sea otra forma de explotación, sino que el cooperativismo “aún reconoce los antiguos principios de la productividad del capital”: se rige por las reglas de las clases dominantes, lo cual le lleva a actuar como una empresa capitalista “el derecho de descuento del capital sobre el trabajo, y lo pone ampliamente en práctica”.

De esta manera se realiza la crítica a las sociedades de crédito, que “producen primero un interés y después dividendos” cuyo pago extraen de los “proletarios”. Además, al estar permitidas las aportaciones desiguales se pueden producir situaciones de desigualdad entre los propios cooperativistas.

También son criticadas las cooperativas de consumo, sea porque se convierten en un ensamblaje más del modo de producción capitalista cuando las/os asociadas/os venden los productos extrayendo una ganancia; sea porque no pueden representar una alternativa al modo de producción capitalista al estar compuestas por pocos hombres o porque provocarían una caída de los salarios si se extendiesen.

Por lo que respecta a las asociaciones de producción, aquellas que son el elemento fundamental del movimiento cooperativo, “a la hora del reparto hay generalmente dos partes, la parte del capital y la parte del trabajo” e incluso en ocasiones una tercera parte que catalogan como “del talento”, que se refiere a la parte “intelectual”. Aquí, la crítica tiene que ver, también, con el fomento de las desigualdades sociales: “los socios cuyo capital es mayor, se encuentran pronto con la posibilidad de vivir de sus rentas, y de suyo esto es la realidad en muchas asociaciones”. Así mismo, hay cooperativas en las que la parte del trabajo está excluida y en las cuales “después de pagar los salarios, intereses e impuestos, se reparten los beneficios proporcionalmente al número de acciones o, por decirlo con otra frase, proporcionalmente al capital de cada uno en la empresa: el resultado es idéntico al caso precedente”.

Encontramos críticas que ya se habían realizado al movimiento cooperativista, tales como el hecho de que las cooperativas exploten “obreros asalariados” -en Ginebra ya se había reclamado que “todo obrero empleado debe recibir el mismo salario, esté o no esté asociado”- o el hecho de que “no quieren extenderse hasta englobar ramas de producción enteras, de lo que surge ya una división de la clase obrera”, cuando se había reclamado en el Manifiesto Inaugural que el trabajo cooperativo “debe desarrollarse en dimensiones nacionales” y en Ginebra se había recomendado a las cooperativas que tomasen “la iniciativa de nuevas sociedades cooperativistas de producción”.

Finalmente hallamos lo que se considera el “fallo principal”, que no es otro que la sumisión voluntaria a la lógica del capitalismo: “en vez de intercambiar los servicios y productos al precio de coste, todas tienen la intención de hacer beneficios, de aumentar su capital social, de redondear su caja fuerte, y cuanto más aumenta una asociación su capital de esta manera, más ánimos la dan los economistas burgueses y más se extasía la multitud corta de miras”: unos beneficios que son arrancados a “la masa de proletarios que está fuera de esas asociaciones”. Todo lo cual provoca que “estos beneficios vienen a añadirse a la precedente explotación burguesa y constituyen otra nueva explotación del trabajo”.

Tras consignar posibles soluciones, tales como la renuncia a los beneficios para no empobrecer al proletariado y la transformación de las bancas nacionales en bancos de crédito gratuito, entre otras, se señala, sin embargo, que el cooperativismo, en la medida en que supone la agrupación de trabajadores y su práctica por mejorar sus condiciones de vida, es “la gran escuela en la que el trabajador se inicia en los problemas económicos, la más potente palanca del progreso social”.

Congreso de Bruselas, 1868

En el Congreso de Bruselas no hay un informe del Consejo General, por el contrario, encontramos una serie de cuestiones que han remitido a las distintas secciones. El informe de la sección de Bruselas introducirá la cuestión del movimiento cooperativo, sin embargo la cuestión no será recogida en las resoluciones presentadas por la comisión: “en fin, para terminar, diremos que si somos tan grandes partidarios de las sociedades de mantenimiento de precios, como se dice en Bélgica; de las sociedades de resistencia, como se dice en Francia; de las trade’s unions, como se dice en Inglaterra, no es sólo teniendo en cuenta las necesidades del presente, sino con vistas al orden social del porvenir. Expliquémonos: no consideramos estas sociedades únicamente como un paliativo necesario (observad que no decimos como un remedio); no, nuestras miras son más altas. Desde el fondo de este caos de lucha y miseria en que nos agitamos, elevamos nuestras miradas hacia una sociedad más armónica y feliz. Vemos entonces en estas sociedades de resistencia los gérmenes de esas grandes compañías obreras que algún día reemplazarán a las compañías de los capitalistas, que tienen bajo sus órdenes a millones de asalariados, al menos en todas las industrias donde se emplea la fuerza colectiva y donde no existe término medio entre salariado y asociación. Ya en las principales huelgas que han estallado estos últimos años, comienza a dibujarse con bastante claridad una nueva tendencia: la huelga debe terminar en la sociedad de producción. Esto ya se dijo cuando la huelga de la asociación de los carpinteros de Gante, de los carpinteros de taller y carpinteros de la construcción de Gante, como cuando la huelga de los sastres de París. Y esto se hará, porque está en la lógica de las ideas y en la fuerza de las cosas. Es inevitable que los trabajadores lleguen a hacer este pequeño razonamiento: “Mientras nosotros estamos en huelga, porque los patronos no quieren atender nuestras reclamaciones, los consumidores siguen pidiendo a voz en grito los productos de nuestra industria; como el paro no proviene de la falta de demanda, sino únicamente de la obstinación de nuestros patronos, ¿por qué no trabajar directamente para el público?; el dinero que nuestra caja gasta en mantener a los trabajadores parados a causa de la huelga, se podría emplear en la compra de la materia prima y de la herramienta”. Una vez comprendida esta idea, será realizada pronto” (13).

Finaliza, de esta manera, la reflexión en el seno de la Internacional con respecto a la cuestión del cooperativismo. No encontramos esta cuestión ni en la Conferencia de Londres ni en los posteriores congresos.

Karl Marx, El Capital y el cooperativismo

Al contrario de lo que afirman algunas mentes brillantes, Karl Marx no hizo concesiones con respecto al tema de las cooperativas porque formasen parte de la organización en los inicios de la Internacional los proudhonianos: el Manifiesto Inaugural recoge la posición del revolucionario, tal y como él mismo afirmó. Es cierto que hizo concesiones en el marco de la Internacional, pero no sobre cuestiones de principios. Estas concesiones se refieren a dos párrafos de los estatutos, que son los siguientes:

“Los abajo firmantes, miembros del Consejo elegido en la asamblea del 28 de septiembre de 1864 (…) declaran que esta Asociación Internacional, como todas las sociedades o individuos que se le adhieran, reconocerán como base de su conducta hacia todos los hombres la verdad, la justicia, la moral, sin distinción de color, creencia o nacionalidad.

Consideran como un deber el reclamar no sólo para ellos los derechos del hombre y del ciudadano, sino más aún para que cada uno cumpla sus deberes. No a los derechos sin deberes, no a los deberes sin derechos” (14).

Riazánov (15) cita unas palabras de Karl Marx a Friedrich Engels, donde señala los cambios que ha tenido que hacer a su propuesta original: “¿En qué consisten las concesiones hechas por Marx? Recordemos lo que el propio Marx escribía sobre este tema a Engels: “Todas mis propuestas han sido aceptadas por la subcomisión. Únicamente se me ha obligado a insertar en la introducción del estatuto dos o tres frases con las palabras “obligación”, “derecho”, “verdad, moral y justicia”, pero todo ello queda dispuesto de modo que no entorpece en nada al sentido general”” (16).

Tal y como prosigue el propio Riazánov: “en efecto, no hay en ello nada particularmente molesto. Se puede hablar de verdad, de justicia, de moral, a condición de tener en cuenta que ni la verdad, ni la justicia, ni la moral son algo eterno e inmutable, algo absoluto, independiente de las condiciones sociales. Marx no niega ni la verdad, ni la justicia, ni la moral; prueba únicamente que el desarrollo de estos conceptos se encuentra determinado por el desarrollo histórico y que cada clase les atribuye un sentido diferente” (17).

Sin embargo, el segundo párrafo presenta “muchas más objeciones” y lo considera “(…) una gran concesión a los representantes de los emigrados revolucionarios franceses miembros del Comité” (18).

Finalmente, y sobre esta cuestión Riazánov sostiene que “cuando, años más tarde, fue revisado el estatuto, Marx propuso eliminar únicamente las palabras en las cuales se hablaba de la Declaración de los derechos humanos (…)” (19).

Pero en cualquier caso, y para despejar cualquier duda, además, contamos con el hecho de que no sólo en la Internacional escribió Marx sobre el cooperativismo, aunque, como sobre otras tantas cosas, no escribió un dogmático manual sobre la cuestión. Encontramos, en El Capital, lo siguiente: “las fábricas cooperativas de los obreros mismos son, dentro de la vieja forma, la primera brecha abierta en ella, aunque, naturalmente, reproducen y tienen que reproducir en todas partes, en su organización real, todos los defectos del sistema existente. Mas, dentro de ellas, se elimina el antagonismo entre capital y trabajo, si bien únicamente en la forma de que los obreros son, en cuanto asociación, su propio capitalista, es decir, emplea los medios de producción para valorizar su propio trabajo. Muestran cómo, al llegar a una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas materiales y de sus correspondientes formas sociales de producción, se forma y se desarrolla naturalmente del seno de un modo de producción otro nuevo. Sin el sistema fabril emanado del modo capitalista de producción no se hubiera podido desarrollar la fábrica cooperativa, ni tampoco el sistema de crédito nacido del mismo modo de producción. El sistema de crédito, base principal para la paulatina transformación de las empresas privadas capitalistas en sociedades anónimas capitalistas, proporciona también los medios para la gradual expansión de las empresas cooperativas a una escala más o menos nacional. Las empresas capitalistas por acciones deben considerarse, lo mismo que las fábricas cooperativas, como formas de transición del modo capitalista de producción y al asociado, sólo que en uno el antagonismo se anula negativamente, y en otro positivamente”(20).

Frente a cualquier tergiversación el socialismo científico lo que sostiene, en palabras de Karl Marx, es que las fábricas cooperativas, así como el sistema de crédito, son el embrión de la futura sociedad: son la forma y desarrollo natural del nuevo modo de producción y la posibilidad de que alcance una escala nacional. Además, las fábricas cooperativas, conjuntamente con las empresas capitalistas por acciones “deben considerarse” “como formas de transición del modo capitalista de producción y al asociado”. Finalmente hemos de señalar que las fábricas cooperativas, ante las empresas capitalistas por acciones, significan la superación positiva del modo de producción capitalista.

Si la sociedad capitalista lleva en su seno el germen de la nueva sociedad, ese germen es el cooperativismo. El cooperativismo eclosionará en distintas ocasiones a lo largo del siglo XX: en todo proceso revolucionario es reivindicado por parte del proletariado, los ejemplos son incontables. El cooperativismo se convierte en el control de las fábricas por parte del proletariado y como un instrumento que forma parte de la toma del poder: en el proceso revolucionario no sólo se desbanca a la burguesía del control del Estado, sino también del control de las fábricas. A este respecto es preclara la siguiente afirmación de Trotsky: “si la burguesía no es ya la dueña de la situación en su fábrica, si no es ya enteramente la dueña, de ahí se desprende que tampoco es ya enteramente dueña de su Estado. Esto significa que el régimen de dualidad de poder en las fábricas corresponde al régimen de dualidad de poder en el Estado” (21).

Un epílogo… junto a Lenin

En 1917 el mundo se estremecía: la clase trabajadora, continuando la obra que había comenzado en París en 1871, tomaba el poder en Rusia.

Destruida la hegemonía de la burguesía -con el poder obrero en las fábricas y en el nuevo Estado- era necesaria una nueva organización del trabajo. Aquello que, como hemos visto, reclamaba la Internacional en el Congreso de 1866, los cambios sociales generales, había tenido lugar. Destruido el Estado zarista las clases trabajadoras podían comenzar la construcción de su gran obra:

“El reino de la libertad solo empieza allí donde termina el trabajo impuesto por la necesidad y por la coacción de los fines externos; queda, pues, conforme a la naturaleza de la cosa, más allá de la órbita de la verdadera producción material. Así como el salvaje tiene que luchar con la naturaleza para satisfacer sus necesidades, para encontrar el sustento de su vida y reproducirla, el hombre civilizado tiene que hacer lo mismo, bajo todas las formas sociales y bajo todos los posibles sistemas de producción. A medida que se desarrolla, desarrollándose con él sus necesidades, se extiende este reino de la necesidad natural, pero al mismo tiempo se extienden también las fuerzas productivas que satisfacen aquellas necesidades. La libertad, en este terreno, solo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente este su intercambio de materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control común en vez de dejarse dominar por él como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de fuerzas y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana. Pero, con todo ello, siempre seguirá siendo este un reino de la necesidad. Al otro lado de sus fronteras comienza el despliegue de las fuerzas humanas que se considera como fin en sí, el verdadero reino de la libertad, que, sin embargo, solo puede florecer tomando como base aquel reino de la necesidad. La condición fundamental para ello es la reducción de la jornada de trabajo” (22).

Como hemos señalado en la introducción, y hemos podido ver en los textos de la Primera Internacional y de Karl Marx, el movimiento cooperativo es contradictorio en la medida en que tiene lugar en la sociedad capitalista y bajo la hegemonía del capital. La libertad, en un primer momento, consiste en la asociación de productoras y productores libres e iguales planifiquen de forma racional y de acuerdo con la naturaleza la producción. Seguirá siendo, no obstante, el reino de la necesidad, pues detrás de ese “reino de la libertad” todavía hay que buscar “el verdadero reino de la libertad” -apuntamos, sobre esta cuestión, que no sólo podemos encontrar una teoría del Estado en Friedrich Engels y Karl Marx, por descontado en Lenin, sino también una teoría de la transición, al menos planteada en sus puntos esenciales-.

Lenin escribió varios textos sobre la cuestión del cooperativismo. Detenernos en el conjunto de reflexiones sería tema para otro escrito. Sirva, sin embargo, esta pequeña referencia para mostrar cómo el pensamiento de Lenin se inserta en el desarrollo del socialismo científico dentro del marco que había desarrollado Karl Marx.

Un año antes de su muerte, en un contexto de construcción del socialismo, esto es, ya en el plano de la práctica y no sólo desde propuestas teóricas, Lenin se detenía a señalar que el movimiento cooperativista era la tarea que debía llevar a cabo la revolución: “En efecto, dado que en nuestro país el poder del Estado se encuentra en manos de la clase obrera y que a este poder estatal pertenecen todos los medios de producción, sólo nos queda, en realidad, por cumplir la tarea de organizar a la población en cooperativas. Con la máxima organización de los trabajadores en cooperativas, alcanza por sí mismo su objetivo ese socialismo que antes suscitaba legítimas burlas, sonrisas y desdén entre los que estaban convencidos, y con razón, de que era necesaria la lucha de clase, la lucha por el poder político, etc (…)” (23).

El cooperativismo es, para Lenin y en concordancia con lo expuesto por Karl Marx, un eslabón de la construcción del comunismo, un eslabón entre la vieja sociedad burguesa -de la que surge para ser parte fundamental de ese primer reino de la libertad y que constituye un periodo de transición hacia el verdadero reino de la libertad- y la sociedad socialista: “(…) en el fondo, todo lo que necesitamos es organizar con las suficientes amplitud y profundidad en cooperativas a la población rusa durante la dominación de la Nueva Economía Política, pues ahora hemos encontrado el grado de conjugación de los intereses privados, de los intereses comerciales privados, de su comprobación y control por el Estado, el grado de su subordinación a los intereses generales, lo oque antes constituía la piedra de toque para muchísimos socialistas. En efecto, todos los grandes medios de producción en poder del Estado, y el poder del Estado en manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones y millones de campesinos pequeños y muy pequeños; la garantía de la dirección de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no es eso todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista completa, partiendo de las cooperativas, y nada más que de las cooperativas, a las que antes tratábamos de mercantilistas y que hoy, durante la NEP, merecen también, en cierto modo, el mismo trato? ¿Acaso no es eso todo lo imprescindible para edificar la sociedad socialista completa? Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero sí todo lo imprescindible y los suficiente para edificarla” (24).

El cooperativismo es, pues, insuficiente para las clases trabajadoras sin la toma del poder, pero tras esta se convierte en una potente palanca para la autoorganización y edificación del comunismo en el periodo de transición, en la destrucción de la sociedad capitalista en tránsito hacia la socialista: “(…) el régimen de control obrero, un régimen provisional y transitorio por su misma esencia, sólo puede corresponder al período de las convulsiones del Estado burgués, de la ofensiva proletaria y el retroceso de la burguesía, es decir, al período de la revolución proletaria en el sentido más completo del término” (25).

Una postura que, por otro lado, no es elaboración exclusiva y original de las/os bolcheviques y que ya aparecía en la guerra civil en Francia: “(…) ¡La Comuna, exclaman, pretende abolir la propiedad, base de toda civilización! Sí, caballeros, la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción, la tierra y el capital, que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado. ¡Pero eso es el comunismo, el «irrealizable» comunismo! Sin embargo, los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta de la imposibilidad de que el actual sistema continúe -y no son pocos- se han erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que comunismo, comunismo «realizable»?” (26).

Notas

1.- Engels, Friedrich; Marx, Karl; la ideología alemana. Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas, Grijalbo, Barcelona, 1970, p. 50.

2.- Marx, Karl, El Capital. Crítica de la economía política. Libro I. Tomo III, Akal, Madrid, 2º edición, 2000, p. 174.

3.- Hemos seleccionado, para el presente escrito, los informes del Consejo General, así como las decisiones de los Congresos. Hemos obviado las múltiples referencias a la cuestión cooperativa tanto en los discursos como los debates que tenían lugar, pues ello excedería el objetivo de este trabajo.

4.- En la recopilación de documentos de la Internacional de Freymond, Jacques, La Primera Internacional (I), Zero, Bilbao, 1973, p. 43, se señala que este Manifiesto fue “dado” el 28 de septiembre y “reeditado” por Marx “entre el 21 y el 27 de octubre”. Otras fuentes, sin embargo, señalan que fue escrito entre el 21 y el 27 de octubre y editado en noviembre, como es el caso de Engels; Marx; obras escogidas en tres tomos, tomo II, Progreso, Moscú, 1973, p. 13.

Tampoco hay acuerdo con respecto al papel jugado por Karl Marx el 28 de septiembre: “el 28 de septiembre de 1864, bajo la presidencia del profesor Beesly, celebrose un importante mitin en Martin`s Hall de Londres, en el que intervinieron Tolain, por Francia; Wolff, secretario de Mazzini, por Italia, y Marx, verdadero inspirador de la reunión, por Alemania”, como recoge Del Rosal, Amaro, los congresos obreros internacionales. Volumen I. Editorial Pueblo y educación, La Habana, 1973, p. 125. Otras fuentes señalan que fue un invitado, difiriendo, a su vez, acerca de quién le cursó la invitación: “Marx debió su invitación principalmente al hecho de que dos amigos suyos, el sastre alemán Georg Eccarius (1818-1889) y el relojero suizo Hermann Jung (1830-1901), habían conseguido para sí mismos un lugar en el movimiento obrero británico, y pudieron introducirlo desde el comienzo mismo”, en Cole, G. D. H., historia del pensamiento socialista, tomo II, marxismo y anarquismo (1850-1890), Fondo de Cultura Económica, México, 3ª edición, 1958, p. 92. También podemos encontrar que “Victor Le Lubez, un exiliado francés, le preguntó a Marx si quería representar a Alemania en una reunión internacional de los trabajadores que se iba a celebrar en Londres el 28 de septiembre”, en Gabriel, Mary, amor y capital. Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una Revolución, El Viejo Topo, España, 2014, p. 409. Por último, Riazánov señala que encontró una nota entre los papeles de Marx que decía: “al señor Marx: Señor, el Comité de organización del mitin os ruega respetuosamente que asistáis a él. Presentando esta nota podréis entrar en la sala en que, a las siete y media, se reunirá el Comité. Vuestro servidor, Cremer”, en Riazánov, David, Marx-Engels, Alberto Corazón, Madrid, 1975, p. 174.

5.- Freymond, Jacques, op. cit., Zero, Bilbao, 1973, pp. 49-50.

6.- Ibíd., p. 50.

7.- Engels, Friedrich; Marx, Karl; la ideología alemana, p. 667.

8.- Freymond, Jacques, La Primera Internacional. Tomo II, Zero, Bilbao, 1973, p. 566.

9.- Ibídem.

10.- Freymond, Jacques, La Primera Internacional. Tomo I, p. 83-84.

11.- Ibíd., pp. 100-101.

12.- Ibíd., pp. 300-305.

13.- Ibíd., p. 407.

14.- Ibíd., pp. 54-55.

15.- La traducción de la obra de Riazánov difiere de la de Freymond, siendo la siguiente: “el Congreso declara… que esta asociación internacional, así como todas las sociedades e individuos que se adhieran a ella, reconocerán que la base de su conducta respecto a todos los hombres debe ser: la Verdad, la Justicia, la Moral, sin distinción de color, creencia o nacionalidad.

El Congreso considera como un deber reclamar no solamente para los miembros de la Asociación, sino para cualquiera que cumpla con sus obligaciones, los derechos del hombre y del ciudadano. No más deberes sin derechos, no más derechos sin deberes”, Riazánov, David, op. cit., p. 191.

16.- Ibídem.

17.- Ibíd., p. 192.

18.- Ibíd., p. 193.

19.- Ibíd., p. 194.

20.- Marx, Karl, El Capital. Crítica de la economía política. Libro III. Tomo II, Akal, Madrid, 2ª edición, 2000, pp. 147-148.

21.- Trotsky, el control obrero de la producción. Disponible en marxists.org/espanol/trotsky/1930s/08_31.htm

22.- Marx, Karl, El Capital. Crítica de la economía política. Libro III. Tomo III, Akal, Madrid, 2ª edición, 2000, pp. 272-273.

23.- Lenin, obras escogidas en XII tomos. Tomo XII, Progreso, Moscú, 1977, p. 377.

24-. Ibíd., p. 378.

25.- Trotsky, op. cit.

26.- Engels, Friedrich; Marx, Karl; Obras escogidas. Tomo II, p. 237.

En PDF: El cooperativismo en los textos de la Primera Internacional