miércoles, 18 de marzo de 2020

EL CORANOVIRUS COMO INSTRUMENTO POLÍTICO A FAVOR DE LAS CLASES DOMINANTES



El coronavirus y la doctrina del shock

 18/03/2020
Rebelión


Fuentes: Vice 

«El shock es realmente el propio virus. Y ha sido manejado de una manera que maximiza la confusión y minimiza la protección». Naomi Klein analiza cómo el gobierno de EE.UU. y de los países aliados en acuerdo con las elites globales explotarán la pandemia.

La periodista Naomi Klein, autora de libros como No Logo y La doctrina del shock, analiza en esta entrevista con Vice las especulaciones en torno a la pandemia, el rol de Estados Unidos y cómo salir de la emergencia diaria para pensar más acá de la vida:

 Foto: The Capitolist. 

VICE: Empecemos con lo básico. ¿Qué es el capitalismo del desastre? ¿Cuál es su relación con la «doctrina del shock»?

La forma en que defino el «capitalismo de desastre» es muy sencilla: describe la forma en que las industrias privadas surgen para beneficiarse directamente de las crisis a gran escala. La especulación de los desastres y de la guerra no es un concepto nuevo, pero realmente se profundizó bajo la administración Bush después del 11 de septiembre, cuando la administración declaró este tipo de crisis de seguridad interminable, y simultáneamente la privatizó y la externalizó – esto incluyó el estado de seguridad nacional y privatizado, así como la invasión y ocupación [privatizada] de Irak y Afganistán.

La «doctrina del shock» es la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a las elites y debilitan a todos los demás. En momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en las emergencias diarias de sobrevivir a esa crisis, sea cual sea, y tiende a confiar demasiado en los que están en el poder. Quitamos un poco los ojos de la pelota en momentos de crisis.

VICE: ¿De dónde viene esa estrategia política? ¿Cómo rastrea su historia en la política estadounidense?

La estrategia de la doctrina del shock fue una respuesta al programa del New Deal por parte de Milton Friedman. Este economista neoliberal pensaba que todo había salido mal en USA bajo el New Deal: como respuesta a la Gran Depresión y al Dust Bowl, un gobierno mucho más activo surgió en el país, que hizo su misión resolver directamente la crisis económica de la época creando empleo en el gobierno y ofreciendo ayuda directa.

Si usted es un economista de libre mercado, entiende que cuando los mercados fallan se presta a un cambio progresivo mucho más orgánico que el tipo de políticas desreguladoras que favorecen a las grandes corporaciones. Así que la doctrina del shock fue desarrollada como una forma de prevenir que las crisis den paso a momentos orgánicos en los que las políticas progresistas emergen. Las elites políticas y económicas entienden que los momentos de crisis son su oportunidad para impulsar su lista de deseos de políticas impopulares que polarizan aún más la riqueza en este país y en todo el mundo.

VICE: En este momento tenemos múltiples crisis en curso: una pandemia, la falta de infraestructura para manejarla y el colapso del mercado de valores. ¿Puede esbozar cómo encaja cada uno de estos componentes en el esquema que esboza en La Doctrina del Shock?

El shock es realmente el propio virus. Y ha sido manejado de una manera que maximiza la confusión y minimiza la protección. No creo que eso sea una conspiración, es sólo la forma en que el gobierno de los EE.UU. y Trump han manejado -completamente mal- esta crisis. Trump hasta ahora ha tratado esto no como una crisis de salud pública sino como una crisis de percepción, y un problema potencial para su reelección.

Es el peor de los casos, especialmente combinado con el hecho de que los EE.UU. no tienen un programa nacional de salud y sus protecciones para los trabajadores son muy malas (N.T: por ej. la ley no instituye el pago por enfermedad). Esta combinación de fuerzas ha provocado un shock máximo. Va a ser explotado para rescatar a las industrias que están en el corazón de las crisis más extremas que enfrentamos, como la crisis climática: la industria de las aerolíneas, la industria del gas y el petróleo, la industria de los cruceros, quieren apuntalar todo esto.

VICE: ¿Cómo hemos visto esto antes?

En La Doctrina del Shock hablo de cómo sucedió esto después del huracán Katrina. Grupos de expertos de Washington como la Fundación Heritage se reunieron y crearon una lista de soluciones «pro mercado libre» para el Katrina. Podemos estar seguros de que exactamente el mismo tipo de reuniones ocurrirán ahora, de hecho, la persona que presidió el grupo de Katrina fue Mike Pence (N.T: el que ahora preside el tema del Coronavirus). En 2008, se vio esta jugada en el rescate de los bancos, donde los países les dieron cheques en blanco, que finalmente sumaron muchos billones de dólares. Pero el costo real de eso vino finalmente en la forma de programas extensivos de austeridad económica [más tarde recortes a los servicios sociales]. Así que no se trata sólo de lo que está sucediendo ahora, sino de cómo lo van a pagar en el futuro cuando se venza la factura de todo esto.

VICE: ¿Hay algo que la gente pueda hacer para mitigar el daño del capitalismo de desastre que ya estamos viendo en la respuesta al coronavirus? ¿Estamos en mejor o peor posición que durante el huracán Katrina o la última recesión mundial?

Cuando somos probados por la crisis, o retrocedemos y nos desmoronamos, o crecemos, y encontramos reservas de fuerzas y compasión que no sabíamos que éramos capaces de tener. Esta será una de esas pruebas. La razón por la que tengo cierta esperanza de que podamos elegir evolucionar es que -a diferencia de lo que ocurría en 2008- tenemos una alternativa política tan real que propone un tipo de respuesta diferente a la crisis que llega a las causas fundamentales de nuestra vulnerabilidad, y un movimiento político más amplio que la apoya (N.T: Naomi Klein apoya a Bernie Sanders en las internas estadounidenses).

De esto se ha tratado todo el trabajo en torno al Green New Deal: prepararse para un momento como este. No podemos perder el coraje; tenemos que luchar más que nunca por la atención sanitaria universal, la atención infantil universal, la baja por enfermedad remunerada, todo está íntimamente relacionado.

VICE: Si nuestros gobiernos y la élite mundial van a explotar esta crisis para sus propios fines, ¿qué puede hacer la gente para cuidarse unos a otros?

«Yo me ocuparé de mí y de los míos, podemos conseguir el mejor seguro privado de salud que haya, y si no lo tienes es probablemente tu culpa, no es mi problema»: Esto es lo que este tipo de economía de ganadores pone en nuestros cerebros. Lo que un momento de crisis como este revela es nuestra interrelación entre nosotros. Estamos viendo en tiempo real que estamos mucho más interconectados unos con otros de lo que nuestro brutal sistema económico nos hace creer.

Podríamos pensar que estaremos seguros si tenemos una buena atención médica, pero si la persona que hace nuestra comida, o entrega nuestra comida, o empaca nuestras cajas no tiene atención médica y no puede permitirse el lujo de ser examinada, y mucho menos quedarse en casa porque no tiene licencia por enfermedad pagada, no estaremos seguros. Si no nos cuidamos los unos a los otros, ninguno de nosotros estará seguro. Estamos atrapados.

Diferentes formas de organizar la sociedad promueven o refuerzan diferentes partes de nosotros mismos. Si estás en un sistema que sabes que no cuida de la gente y no distribuye los recursos de forma equitativa, entonces la parte que acapara de ti se reforzará. Así que ten en cuenta eso y piensa en cómo, en lugar de acaparar y pensar en cómo puedes cuidarte a ti mismo y a tu familia, puedes hacer un cambio y pensar en cómo compartir con tus vecinos y ayudar a las personas que son más vulnerables.

Fuente de la entrevista en inglés: Vice

Versión en castellano: Cubadebate. Editada por Rebelión

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ROSA LUXEMBURGO


Lecciones para los tiempos que corren


4/4

Rebelión
14/03/2020

 Fuentes: Rebelión

 Política revolucionaria: educación de las masas y realismo político
 
Si bien Rosa Luxemburgo fue siempre una acerba crítica desde la izquierda del oportunismo, rompiendo con el conciliacionismo de clase que este propugnaba; no adoptó, sin embargo, posiciones ni impulsó líneas políticas revolucionaristas. En efecto, contrario sensu de la imagen que suele atribuírsele desde el comunitarismo popular, ella no era cultora de un basismo abstracto, el cual pertenece más bien a las tendencias consejistas (Rühle, Pannekoek, Mattick).

Ilustrativo de lo anterior fue la discusión en el Congreso fundacional de Partido Comunista Alemán (KPD) respecto a la participación en las elecciones para la Asamblea Nacional (nótese la similitud de la disyuntiva con la actual situación de la política chilena).

Hacia fines de 1918 y principios de 1919 se había abierto una situación política particular en Alemania: la instauración de la República, que resultaba de la derrota militar y el consecuente colapso del orden monárquico. Junto con el auge del movimiento de masas, estaba además el ejemplo vivo de la reciente toma del poder por los bolcheviques en Rusia apoyados en la fuerza de los soviets.

Así, en la segunda sesión del Congreso, Otto Rühle argumentó contra la participación en las elecciones para la Asamblea Nacional de la siguiente forma:

En la actualidad, nuestra participación sería interpretada como una aprobación de principio con respecto a todo lo que supone la Asamblea Nacional. Una decisión en favor de las elecciones no solo sería censurable, sino que equivaldría a un suicidio, puesto que no haríamos más que ayudar a evitar la revolución en la calle, llevándola al parlamento. Para nosotros no puede haber más que una tarea y esta tarea es la del reforzamiento del poder de los consejos obreros y de los soldados porque, si se desea verdaderamente eliminar la Asamblea Nacional de Berlín en favor de las masas, es evidente que entonces nosotros tendremos que constituir un nuevo poder en la capital.[x]

Rühle cerraba su intervención en medio de repetidas aclamaciones, según consta en las actas del congreso.

¿Hay alguna semejanza entre los argumentos de Rühle y los que hoy sostienen las vertientes popular comunitaristas de la izquierda? Sí, ¡muchas! Tómese nada más eso de «evitar la revolución en la calle, llevándola al parlamento», reemplácese los “consejos de obreros y soldados” por “asambleas territoriales autoconvocadas”, Berlín por Santiago y se tiene prácticamente un texto que se ajusta a la perfección a cualquier panfleto tipo de estas tendencias.

Después de las palabras de Rühle intervino Rosa Luxemburgo. Recibida con vivas aclamaciones, retrucó:

En la fuerza tempestuosa que nos empuja hacia adelante, creo que no debemos abandonar la calma y la reflexión. Por ejemplo, el caso de Rusia no puede ser citado aquí como un argumento contra la participación en las elecciones, pues allí, cuando la Asamblea Nacional fue dispersada, nuestros camaradas rusos tenían ya un gobierno encabezado por Trotsky y Lenin. Nosotros, en cambio, estamos aún en los Ebert-Scheidemann [gobierno burgués socialdemócrata]. El proletariado ruso tenía detrás de sí una larga historia de luchas revolucionarias, mientras que nosotros nos encontramos en el comienzo de la revolución, no teniendo detrás nuestro más que la insignificante semi-revolución del 9 de noviembre. En mi opinión, lo que nosotros debemos hacer es plantearnos la siguiente alternativa: ¿Qué camino es el más seguro para conseguir educar a las masas? El optimismo del camarada Rühle es ciertamente muy hermoso, pero la realidad es que no estamos aún tan avanzados para convertirlo en un hecho histórico. Lo que yo veo hasta el presente entre nosotros es la no-maduración de las masas llamadas a derrocar la Asamblea Nacional. El arma con que el enemigo piensa combatirnos debemos volverla contra él. Por una parte, teméis las consecuencias de las elecciones, y por otra creéis posible abolir la Asamblea Nacional en quince días. La acción directa es seguramente más simple, pero nuestra táctica es justa, en el sentido de que cuenta con un largo camino a recorrer. La acción esencial, desde luego, corresponde a la calle, y esta debe tender en consecuencia al triunfo del proletariado. Pero nosotros entendemos que, previamente y para el apoyo de esa lucha, se hace preciso que conquistemos la tribuna de la Asamblea Nacional.[xi]

A diferencia de Rühle, su intervención fue acogida por débiles aplausos de la audiencia.
¿En qué se parece el razonamiento de Rosa a los planteamientos popular comunitaristas? En nada. De hecho, a la luz de estas tendencias, argumentos así caen fácilmente dentro de motes de “electoralismo reformista”, “traidores del pueblo”, “ilusos”, “entreguistas” o, en el mejor de los casos –y para salvar el honor de Rosa–, de “incautos frente al fraude burgués”.
Sin embargo, lo que hay detrás finalmente de todas estas imprecaciones de Júpiter tronante es el vacío programático que resulta impotente para llevar a cabo una auténtica política de masas en el seno de la clase trabajadora. En vez de llenar de contenido político la acción de las masas y aclararles las tareas que estas tienen por delante, se les prescribe los cursos de acción que debiesen seguir –que se declaren, por ejemplo, en tal o cual estado: de “rebeldía”, de “asamblea” u otro– según imaginarios esquemas preconcebidos.

Ahora bien, lo que importa no es establecer el acierto o no de una determinada opción táctica defendida por Rosa frente a una coyuntura política concreta, ni tampoco reivindicar su aplicabilidad a situaciones actuales; sino relevar el tipo de razonamiento subyacente. Es en dicho sentido que se constata una gran discrepancia entre sus posiciones y las que predominan en los sectores radicalizados de la izquierda. De este modo, así como la figura de Rosa no encaja dentro de los moldes del nacionalismo pequeñoburgués, tampoco se ajusta a los cánones del comunitarismo popular que en muchos casos pretende reivindicarla para su causa.

Hay dos criterios estrechamente imbricados entre sí que constituyen la base de la política socialista en Rosa Luxemburgo que la distancian de los moldes corrientes de la izquierda. Se trata de la educación de las masas y el realismo político.

Siendo la clase trabajadora en su conjunto la encargada de derrocar a la burguesía y materializar el programa socialista, la educación y esclarecimiento político de sus más amplios sectores resulta un objetivo central de la política socialista y condición previa necesaria de la acción revolucionaria de masas.

Considerada en conexión con la relevancia de la elaboración programática, la educación de las masas marca un importante contraste con el revolucionarismo de izquierda. Subyacen diferencias insalvables respecto a qué se entiende finalmente por conciencia de clase, y el concepto y rol de organización política que se desprende.

La conciencia de clase no es un estado de ánimo pasajero inflamado por el descontento de la coyuntura, el cual hay que enardecer con consignas del tipo “luchar hasta vencer”, “revolución, única solución”, etc. La organización política revolucionaria, en consecuencia, no es un grupo agitativo de choque que se pliega a la acción espontánea de las masas, sino fundamentalmente el centro pensante del conjunto de la clase que defiende los intereses generales de esta en cada coyuntura concreta.

Cabe destacar que la educación de las masas como labor de la organización política es un punto nodal de la concepción marxista de partido. Marca también un punto de coincidencia de Rosa con Lenin, para quien, por ejemplo, en la coyuntura rusa de 1917, aun en contexto de ascenso del movimiento de masas y establecimiento de una situación de doble poder (aquí sí, poder popular efectivo y no meramente “comunitario”), la tarea principal del partido bolchevique consistía (Tesis de abril) en «aclararles [a las masas] su error [respecto a la guerra] de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante» y «organizar la propaganda más amplia de este punto de vista». Frente a las ilusiones que las masas depositaban en la burguesía y sus representantes, «nuestra misión solo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz […] Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento […] a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores»[xii]. 

El realismo político, en tanto, tiene una larga tradición y arraigo en el marxismo, que arranca desde sus mismos orígenes y deriva de la aplicación del materialismo a los fenómenos histórico-sociales. Se trata en esencia de no suplantar los deseos por la realidad. Precisamente en base a este realismo político característico del marxismo, Engels calificaba de ridícula aquella política “revolucionaria” consistente en «lanzar, venga o no a cuento, al buen tuntún, sin conocer ni tener en cuenta la situación, con tonante voz, intimaciones a la revolución»[xiii].

De este modo, coincidentemente con Engels, en Rosa Luxemburgo la política revolucionaria que el movimiento socialista pone en práctica es algo más que “intimaciones a la revolución” e inflamados llamamientos lanzados “al buen tuntún”, “vengan o no a cuento”. La cuestión es más sutil y compleja.

La discusión como ejercicio militante

La discusión es otro aspecto que cobró especial importancia en la vida de Rosa Luxemburgo como militante socialista. Cualquiera que lea sus escritos constará que fue una gran polemista, desarrollando penetrantes razonamientos a través de una mordaz pluma.

Sin negar los caracteres singulares de la personalidad de Rosa que se plasmaban en sus escritos, lo relevante para hoy es el rol que juega la discusión para la práctica militante socialista, tanto para fuera como para dentro de la organización revolucionaria.

Como se mencionó anteriormente, Rosa formuló una serie de reparos al programa de los marxistas rusos sobre la cuestión nacional, lo que le llevó a ser criticada por Lenin. Ya antes había sostenido importantes polémicas con las principales lumbreras teóricas del socialismo internacional de la época, sin que se amilanara frente a personajes de la talla de Bernstein o Kautsky.

No se hará una exposición de los argumentos que cada cual sostenía sobre la cuestión nacional, ya que no importa aquí quién de los dos estaba en la posición correcta; sino simplemente destacar la importancia que cobra ejercicio del debate dentro del socialismo. Son los presupuestos implícitos, las formas de razonamiento y el ejercicio mismo que Rosa Luxemburgo puso en juego en esta y otras cuestiones de particular trascendencia para el socialismo los que finalmente hoy importan.

Un primer aspecto se refiere a la concepción de organización. En efecto, si se concibe a la organización revolucionaria en términos de “cabeza pensante” (núcleo de elaboración política) del conjunto de la clase es natural que la discusión no se tenga por una señal de debilidad; sino, por el contrario, como una de fortaleza, de vida militante activa.

Es, en cambio, cuando se le concibe como un grupo jerárquica y burocráticamente cohesionado (caricatura común del partido leninista) que las sospechas y resquemores hacia la discusión aparecen. Efectivamente, esta “molesta” porque interfiere con la “razón de partido”, especialmente si saca a la luz los yerros de la organización. Inmediatamente entra en escena el burócrata de turno para sugerir que es mejor aplazar “ciertas” discusiones o si no darlas “a la interna”. El mismo personaje que pone reparos a las “formas” porque la militancia podría ofenderse o porque carece de “formación”, sin reparar sobre el fondo ya que –en estricto rigor– él mismo no entiende los argumentos que se plantean.

Sin embargo, no se puede lograr una organización auténticamente revolucionaria –cohesionada en lo interno y con arraigo de masas– acallando las divergencias políticas por medio medidas administrativas (censura, amedrentamiento de militantes, sanciones disciplinarias, expulsiones, etc.). No hay ninguna forma alternativa de zanjar fructíferamente las divergencias políticas internas que no sea sino a través del esclarecimiento y el convencimiento de la militancia. De ahí la importancia que cobran las instancias colectivas de decisión (congresos, plenarios, conferencias, etc.) y celebración periódica de las mismas.

Además, está involucrado también el aspecto que se refiere a la relación de la organización con las masas. La cuestión es que, si la discusión concierne a los cursos de acción que involucran al conjunto de la clase, esta debe poder hacerse sin problemas, con toda sinceridad y crudeza, de cara a las masas. No a sus espaldas. Aquí la importancia que cumple la prensa partidaria.

Rosa expresó con particular dramatismo todas estas ideas cuando dio cuenta de la profunda crisis que quebró al movimiento socialista internacional en la Primera Guerra. En sus propias palabras:

la socialdemocracia ha capitulado. Cerrar los ojos ante este hecho, tratar de ocultarlo, sería lo más necio, lo más peligroso que el proletariado puede hacer […] La autocrítica, la crítica cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el proletariado […]

Ningún otro partido, ninguna otra clase en la sociedad capitalista puede atreverse a reflejar sus errores, sus propias debilidades en el espejo de razón para que todo el mundo los vea […] La clase obrera siempre puede mirar la verdad cara a cara, aunque esto signifique la más tremenda autoacusación […][xiv]

Es por la valentía de este tipo posiciones, pero sobre todo por su claridad y acierto, que las ideas de Rosa Luxemburgo continúan vigentes para la práctica revolucionaria actual. El rescate de estas resulta más necesario que nunca.

Notas:

[i] Rosa Luxemburgo: La política de la minoría socialdemócrata (1916) en VV.AA.: Marxistas en la Primera Guerra Mundial, Ediciones IPS/CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2014, p. 256.
[ii] León Trotsky: ¡Fuera las manos de Rosa Luxemburgo! Disponible en: http://www.ceip.org.ar/Fuera-las-manos-de-Rosa-Luxemburgo
[iii] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional y la autonomía, El Viejo Topo, España, 1998, p. 73. Destacados añadidos.
[iv] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., p. 71.
[v] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., pp. 33-34.
[vi] Ibíd.
[vii] Ibíd.
[viii] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., pp. 19-20.
[ix] Rosa Luxemburgo: Reforma o revolución, Editorial Grijalbo, México, 1967, p. 88. Los destacados son del original.
[x] Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht: La Comuna de Berlín, Editorial Grijalbo, México, 1971, pp. 26-27. Los destacados son añadidos.
[xi] Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht: La Comuna de Berlín, op. cit., pp. 27-28. Los destacados son añadidos.
[xii] Véase V.I. Lenin: Las tareas del proletariado en la presente revolución (Tesis de abril). Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/abril.htm. Destacados añadidos.
[xiii] Federico Engels: Los comunistas y Karl Heinzen en Obras fundamentales de Marx y Engels, tomo 2, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 643.
[xiv] Rosa Luxemburgo: La crisis de la socialdemocracia, Akal, España, 2017, pp. 15 y 18.

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martes, 17 de marzo de 2020

LA LIBERTAD DE MENTIR EN LA DEMOCRACIA DE MENTIRAS Y, LOS 30 MIL SOLDADOS AMERICANOS QUE HAN ENTRADO EN EUROPA, ¿LO HAN HECHO PARA CAZAR A LAZOS AL CORONAVIRUS Y DOMARLO?

EL CORONAVIRUS POLÍTICO SE HA DESPRENDIDO DE SU PARTE MÁS JODIDAMENTE CORRUPTA, O SEA, DE LA CORONA I, DEJANDO A LA INTEMPERIE A LOS BORNONES, LO QUE REPRESENTA UAN BENDICIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN SU VERSIÓN LAICA, O SEA REPUBLICANA, Y DADO QUE DON FELIPE, EL VI, TIRANDO POR LA RAMA DE LOS FELIPES, ES UN HOMBRE MU BIEN APREPARAU, SEGÚN SU SEÑOR PADRE. SEGURAMENTE LOS TRABAJADORES LE HARÍAMOS UN GRAN Y PIADOSO FAVOR, SI DÁNDOLE UN EMPUJONCILLO DE POCA MONTA, LO ECHARAMOS A QUE VIVA DE SU PROFESIÓN. ÉL ES MILITAR, CREO QUE CON EL GRADO DE CORONEL, AUNQUE SI QUISIERA, PODRÁ EMPEZAR DE CABO, QUE NO ES NADA DESHONROSO. SOLAMENTE ES UNA PISTA, O SEA, QUE OJITO CON ACUSARME A MI DE MAL QUERENCIA AL MONARCA



Felipe apartó a su padre, el resto debería apartar a Felipe



Insurgente.org / 17/03/2020 

En pleno Coronavirus la Casa Real ha materializado la crisis que se viene larvando desde hace tiempo. Los intentos desesperados del régimen (encarnados sin rubor por los PSOE, PP, Vox, C´s) de tapar a Juan Carlos I, votando sin vergüenza por no investigar sus corruptelas y vida de millonario, no son más que la prueba inequívoca de la debilidad de una corona que carga con el virus de su ilegitimidad a cuestas desde el comienzo, desde el nombramiento de Franco buscando la continuidad del sistema.

La declaración de Felipe VI de no aceptar la herencia de su padre es un gesto de cara a la galería, porque legalmente eso puede ocurrir solamente tras la muerte del padre (Artículo 127 del Código Civil). Por tanto, lo único plausible es el reconocimiento implícito de la ilegalidad de la fortuna de Juan Carlos, pero eso no es una novedad, suena más a cortafuegos para que la epidemia no se lleve a los dos por el mismo precio.

La cónyuge oficial de Juan Carlos, la reina consorte, seguirá, faltaría más, cobrando del erario público sus 100.000 euros anuales para sus gastos. La que fue no oficial, Corinna, parece tener una batería de pruebas que demuestra la corrupción de los Borbones (no solo de su ex amante). Demás está decir, que la aparición del nombre del propio Felipe en cuentas como segundo beneficiario de la fundación panameña con la que Juan Carlos controló una cuenta en Suiza y que llegó a albergar 100 millones de dólares transferidos por Arabia Saudí en 2008, no es ni sorpresa.

Que un personaje de esta estirpe sea el Jefe del Estado es un déficit democrático y un sin sentido, pero sobre todo una deuda del pueblo para consigo mismo.

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SE HA EQUIVOCADO USTED, MI QUERIDO SEÑOR CARLOS COLÓNCOLÓN, AL REY LO PODEMOS EMPEZAR A ZARANDEAR DESDE AHORA MISMO, QUE MOTIVOS SOBRAN
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Coronavirus y viruscorona


Cuando el coronavirus pase llegará el órdago republicano y una crisis económica favorable al radicalismo




CARLOS COLÓN
DIARIO DE SEVILLA
17 Marzo, 2020 - 02:31h 

En tiempos duros de coronavirus explota el virus de la corona. El juego de palabras es facilón. Los hechos son graves. Por el bien de la institución monárquica, don Juan aceptó en 1947 que don Juan Carlos se educara en España bajo la tutela de Franco, en 1969 se tragó -atragantándose- el nombramiento de su hijo como sucesor de Franco con el título de rey y en 1977 renunció a sus derechos dinásticos. En 2014, Juan Carlos I abdicó cercado por escándalos y en 2019 se retiró de la vida pública. Ahora Felipe VI renuncia a la herencia de su padre y le retira la asignación por sus supuestas cuentas en Suiza. Nada está probado. Don Juan Carlos I ha elegido a un antiguo fiscal anticorrupción para "ejercer su derecho a la defensa". Pero estamos en tiempo de condenas sin juicio y las cuentas suizas, sumadas a escándalos anteriores, han hecho necesario este gesto de ruptura que, unido a la que se dio entre don Juan y don Juan Carlos, crea una cadena dramática -incluso melodramática al darse entre padres e hijos- en la línea dinástica española que se remonta, por otras causas, a Alfonso XIII. Este murió en el exilio, su hijo no reinó y su biznieto ha roto con su padre quien, a su vez, es posible que se retire a un exilio voluntario. 

La crisis del coronavirus lo ha relegado a segunda noticia. Pero la epidemia pasará, dejando terribles heridas personales, sociales y económicas, y entonces cobrará la importancia que tiene. Los partidos republicanos tienen más fuerza que nunca: el más radical comparte el Gobierno de España, que además precisa el apoyo de republicanos nacionalistas de izquierda (ERC) y derecha (PNV). Cuando en 2014 abdicó Juan Carlos I las calles de muchas ciudades se llenaron de manifestaciones reclamando un referéndum sobre la Monarquía y la instauración de la Tercera República. Nadie dude que cuando la pandemia del coronavirus pase llegará el órdago republicano, caldeado en un escenario de crisis económica favorable al radicalismo. 

De momento las urgencias son otras y el problema mayor es que hay demasiados ciudadanos que incumplen el aislamiento. La mayoría está actuando responsablemente. Pero hemos visto imágenes de los cercanías de Madrid y Barcelona abarrotados, y en alguna empresa los trabajadores, obligados a incorporarse a sus puestos, han tenido que plantarse. Mientras ayer al mediodía España sumaba 1.000 casos en un día, alcanzando los 9.121 contagiados. 

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