jueves, 8 de febrero de 2024

El Partido Popular retrocede y podría perder la mayoría absoluta en Galicia, con el BNG a menos de diez puntos

 

El Partido Popular retrocede y podría perder la mayoría absoluta en Galicia, con el BNG a menos de diez puntos

TERCERAINFORMACION / 05.02.2024

  • Según la última encuesta de precampaña realizada por el CIS, el PP lograría el 42,2% de los votos, un punto menos que hace un mes.
  • El BNG, que sube hasta el 32,9%, junto con el PSOE (20,1%), en total un 53%, obtendrían más votos que el PP (un 42,2%).
  • La candidata del Bloque Nacionalista Galego, Ana Pontón, es la mejor valorada (5,74) y se considera que es la que más se preocupa por los problemas de Galicia (36,8%).

La encuesta de precampaña de las elecciones autonómicas en Galicia que ha realizado el CIS indica que el PP retrocede, y podría perder la mayoría absoluta con un 42,2% de los votos y lograr entre 34 a 38 escaños. El BNG sube hasta el 32,9% y se quedaría entre 22 y 26 escaños, el PSOE, sigue como tercera fuerza, y llegaría al 20,1% de los votos (13 a 15 escaños) y SUMAR podría conseguir un escaño con el 2,1%. 

Valoración de líderes

La líder del BNG, Ana Pontón, es la mejor valorada con un 5,74, seguida de Alfonso Rueda (PP) con un 5,37, del candidato del PSOE, Xosé Ramón Gómez Besteiro, con un 4,86, de Marta Lois (SUMAR) con un 3,98 y de Pachi Vázquez de Espazo Común Galeguista (3,66).
El candidato que se piensa que más se preocupa por los problemas de Galicia es la líder del BNG, Ana Pontón (36,8%).

Decisión de voto

Un 27,7% de gallegos aún no ha decidido a que partido político o coalición va a votar. Un 5,5 % va a decidir su voto durante la jornada de reflexión y un 6,1% ha asegurado que lo hará el mismo día de las elecciones.

Estos y otros datos se encuentran recogidos en la encuesta de precampaña que se ha realizado del 29 de enero al 1 de febrero y cuenta con una muestra de 3.743 entrevistas. 

Los nuevos votantes gallegos prefieren al BNG y los antiguos abstencionistas al PP

– El Bloque se llevará al 62,2% de los votantes de Sumar en generales y al 35,4% de los del PSOE.

– El PP al 45,5% de los de Vox.

El 46,3% de los ciudadanos gallegos que no tenía edad para votar en las elecciones autonómicas de 2020, pero ya han cumplido los 18 años votará al Bloque Nacionalista Galego, mientras que el 32,9% de los que se abstuvieron en los últimos comicios apoyará ahora al PP, ambos porcentajes bastante mayores que el de los que respaldarán a cualquier otro partido en ambos grupos demoscópicos.

Así lo refleja el cruce por recuerdo de voto del Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) previo a las elecciones cuya campaña comenzó este viernes. Es decir, que los dos colectivos de ciudadanos que más podrían hacer variar los resultados respecto a los de 2020 apuntan en dos direcciones distintas, pero en ambos casos a los dos partidos más votados hace cuatro años, que, según la estimación general de dicho estudio, volverán a serlo el próximo domingo 18.

En cuanto a los gallegos que han alcanzado la mayoría de edad desde las elecciones anteriores, el PP sería el siguiente partido con más apoyos, pero sólo le votarían el 30,5%, casi 16 puntos porcentuales por debajo de los que elegirán al BNG liderado por Ana Pontón.

Todavía más lejos queda el PSdeG, por quien se inclinaría el 11,7% de los nuevos votantes, y en posiciones residuales aparecen Sumar, con el 3,8%, y Vox, con el 2,5%.

Por lo que respecta a los que no votaron en las elecciones de 2020, que fueron nada menos que el 51% de los que tenían derecho a hacerlo, un 14,7% volverá a ausentarse de la cita con las urnas, menos que los que, de dicho colectivo, esta vez sí ejercerán su derecho para votar al PP y al BNG.

Por los nacionalistas gallegos apostará esta vez el 23,9% de los abstencionistas de hace cuatro años, más de ocho puntos porcentuales por debajo de quienes darán su confianza a la candidatura liderada por el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda.

Aunque la diferencia favorable a los populares respecto al BNG entre los abstencionistas de 2020 sea inferior a la que tienen en contra entre los nuevos votantes, el número absoluto de los primeros (1,4 millones) es muy superior al de los segundos (unos 80.000).

Los ocho puntos porcentuales en que aventaja el PP al BNG entre quienes no votaron hace cuatro años equivalen a unos 115.000 votos a su favor, mientras que los 16 que le sacan los nacionalistas a los populares entre los nuevos votantes suponen apenas 13.000 sufragios de ventaja.

Por tanto, teniendo en cuenta a la vez a estos dos sectores de la población que parecen los más susceptibles de cambiar la distribución de escaños en el Parlamento gallego, el PP partiría con mayores posibilidades de mejorar su mayoría absoluta de 2020, entonces con su hoy presidente nacional, Alberto Núñez Feijóo, como su cabeza de lista y candidato a presidir la Xunta de Galicia.

Como suele suceder en España, los trasvases de votos entre bloques ideológicos, que también podrían invertir la correlación de fuerzas de la última legislatura, son de una entidad poco significativa. Eso sí, dentro de la izquierda, un 23,2% de los votantes socialistas de 2020 hoy se decantarían por el BNG, un porcentaje no compensado ni de lejos por el 5% que recorrería el camino contrario. Ese 5%, en cambio, sí se vería neutralizado por el 4,8% de votantes del PSOE que hoy se inclinan por apoyar a Sumar.

En la derecha, el PP también se llevará al 34% de los electores gallegos que en 2020 apostaron por Vox y al 66% que lo hicieron por Ciudadanos, pero ninguno de estos trasvases en la izquierda ni en la derecha alterarían la proporción entre ambos sectores, que es la que determinará si Rueda consigue reeditar la mayoría absoluta y por tanto seguir gobernando o si los tres partidos progresistas podrían pactar para desbancarle.

También en trasvases de votos desde las últimas autonómicas en la región, cabe indicar que, de los gallegos que hace cuatro años votaron a Galicia en Común, la marca de Unidas Podemos allí, el 50,4% lo harán ahora por el BNG, el 23,7% por Sumar, el 10,4% por el PSdeG y sólo un 7,6% por Podemos. No obstante, en términos absolutos este sector de la población se compuso de un número reducido de ciudadanos, dado que Unidas Podemos no llegó a lograr representación en el Parlamento gallego.

Respecto al cruce por recuerdo de voto en las elecciones generales del pasado 23 de julio, llama la atención que el BNG liderado por Ana Pontón se llevará nada menos que al 35,4% de los votantes que hace siete meses introdujeron la papeleta del PSOE y al 62,2% de los que escogieron la de Sumar; se invierte así, en favor del Bloque, la tendencia al voto útil que en julio benefició a los dos partidos estatales. En la derecha, incluso, es mayor el número de electores de Vox que en Galicia apoyarán al PP (el 45,5% de sus votantes de julio) que el de los que repetirán el voto de las generales (39,4%).

*Con información de Servimedia.

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miércoles, 7 de febrero de 2024

COMERCIALIZACIÓN DEL TOMATE. HERALDO DE ARAGON, Zaragoza, 20 de septiembre de 1977.

 

COMERCIALIZACIÓN DEL TOMATE. HERALDO DE

 ARAGON, Zaragoza, 20 de septiembre de 1977.


(Contenido literal del texto que arriba se muestra aparecido en el Heraldo de Aragón (Zaragoza) el día 20 de septiembre de 1977)

 

productos agrícolas, la figura del intermediario debe desaparecer

Manolo Sogas, gerente de cooperativas agrarias y técnico de la UAGA: “El sindicato campesino debe elaborar alternativas a todos los niveles y organizar a los labradores para la defensa de sus intereses”

Manolo Sogas es director gerente de la cooperativa agraria de El Bayo y asesor de otras cooperativas, así como técnico de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón. Sobradamente conocido en la provincia. Manolo Sogas ha recorrido en los últimos años las localidades rurales zaragozanas dando charlas, dirigiendo coloquios y ejerciendo su profesión de gerente de cooperativas, siempre con el objetivo de hacer realidad nuevas y reales alternativas a los eternos problemas del campo: la racionalización de la producción, su comercialización, la potenciación de una conciencia de solidaridad entre los agricultores…

Para Manolo Sogas, la aparición en el campo español de nuevas fórmulas de comercialización de los productos es fundamental.

-Hay que partir –asegura- de que la figura del intermediario no tiene por qué existir. Es cierto que la venta de la producción implica una función comercial: Hay que transportar el producto, almacenarlo…; pero para ello no es imprescindible el intermediario, sino que basta con la organización de los agricultores en cooperativas.

Naturalmente, y ello es básico, sería preciso modificar el concepto que de cooperativa agrícola se ha tenido en los últimos cuarenta años. El cooperativismo habría de basarse en la participación de los labradores y apoyarse en una infraestructura de la que hoy se carece: Medios de transporte, almacenes, frigoríficos… Ello unido a medidas como la eliminación del carácter privado y monopolista que hoy tienen los “Mercas”.

-Este tipo de alternativa general ¿hasta qué punto podría ser llevado a la práctica?

Yo creo que es totalmente viable; no se trata, desde luego, de ninguna utopía. Claro que precisa de una serie de elementos que hoy por hoy no se dan. El cooperativismo agrícola y el campo en general, habrían de tener un apoyo económico por parte del Estado. Y me refiero con ello no a la clásica subvención, sino a una financiación de sectores productivos y de interés social. Por otro lado, es preciso igualmente de una autofinanciación de las cooperativas, que estas den confianza al socio para que invierta en ellas sus ahorros. En definitiva, habría que conseguir un tipo de condiciones nuevas, de tal forma que el campo contase con una capacidad de maniobra económica y con instrumentos de presión: para eso estarían los sindicatos campesinos.

-¿Cuál debe ser exactamente el papel de los sindicatos agricultores y ganaderos?

-El sindicato campesino debe elaborar alternativas a todos los niveles y organizar a los labradores para la defensa en gene, la elevación del nivel de vida en las zonas rurales, las reivindicaciones de ese apoyo económico estatal de sus intereses: la consecución de apoyos a su producción de los que antes hablaba. El agricultor ha carecido hasta la aparición de las Uniones de instrumentos reivindicativos y estos le son precisos. Entonces, pienso que la función del sindicato está muy clara: es un medio de presión y de toma de conciencia a todos los niveles; la cooperativa debe ser un instrumento económico.

-Dentro de las experiencias de mejora de la comercialización de productos agrarios se ha hablado bastante últimamente de la venta hecha a través de la cooperativa de El Bayo, y de alguna otra, de grandes paridas de tomates. ¿Cómo se ha hecho esto?

- Bueno, es una experiencia interesante aunque sea un primer paso. La venta de los tomates de El Bayo y de otros lugares la negocié con una fábrica con la que previamente la UAGA había tenido contactos, planteando ya un precio mínimo de seis pesetas el kilo. A este precio vendimos cien kilos. Luego pudimos concentrar casi dos millones de kilos. No sólo de El Bayo, sino de Santa Anastasia y de labradores de Pinsoro, Bárdenas, Sabinar y algún otro pueblo. Entonces presioné al comprador para que aceptara un precio más alto, siete cincuenta el kilo, cantidad que quedó como definitiva. Ha sido el precio más alto pagado por una partida de esas proporciones, aunque a lo mejor, se hayan vendido a mejor precio cantidades más pequeñas de tomate.

-¿Cuál es la clave para la obtención de precios ventajosos en la comercialización de los productos agrarios?

-La consecución de grandes partidas es fundamental para tener una capacidad de presión ante el comprador. Hay que pensar que, en un momento dado, la congelación de ventas por parte de pueblos enteros originaría un desabastecimiento total a más de un fabricante o intermediario. Lo que se intenta en estos momentos es racionalizar y coordinar la producción, por ejemplo, poniéndonos de acuerdo previamente con los fabricantes en el caso de productos de transformación y ajustar la siembra a estas perspectivas de venta. Esta es la única forma de evitar las oscilaciones de precios de la producción agrícola y de dar al campo una seriedad comercial absolutamente necesaria par a acabar con el triste papel que hoy tiene que jugar a la hora de vender sus productos.

José Luis TRASOBARES”.

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El enfado en el campo

 


El enfado en el campo

 

Por Isa Álvarez Vispo

Rebelion / España

Viento Sur

06/02/2024

 

Vivimos días en los que el campo llena titulares y pantallas. Se repite que el campo está enfadado. Algunas personas, que no vivimos de lo que cultivamos, opinamos y analizamos sobre las que sí lo hacen con el ruido que esto nos puede generar a nosotras mismas, conscientes de las limitaciones de nuestros análisis. Se nombra a Europa y su Política Agraria Común (la famosa PAC), a los altos costes y baja remuneración que afronta la agricultura y se nombra el Tratado con Mercosur entre las principales causas del enfado. Pero si miramos atentamente estas movilizaciones y las problemáticas de las que emergen, vemos que enraízan en cuestiones más profundas.

Lo primero a destacar sería que no hay un campo en singular, sino muchos campos que se están movilizando. Si a una gran empresa multinacional la amenazaran con cortar suministros externos de los que depende, toda la empresa se enfadaría, pero la situación de los propietarios de esa empresa y la de las personas trabajadoras serían distintas. Mientras las personas propietarias estarán preocupadas por no perder, las trabajadoras estarán preocupadas por sobrevivir. La capacidad de resistencia y de afrontar las crisis no es homogénea y está atravesada por múltiples ejes, empezando por el capital, el poder de decisión y el de maniobra que tiene cada una. El medio rural y en el sector agrícola-ganadero europeo no son una multinacional pero cuentan con distancias y desigualdades de poder similares. Por eso, en algunos países, como Francia o Alemania, las organizaciones campesinas se han preocupado de visibilizar que en estas movilizaciones no todo es lo mismo, que hay intereses de grandes empresas, la patronal agraria, peleando para no perder y mantener macroproyectos, mientras ellas buscan sobrevivir con vidas dignas.

Insisten en que a pesar de que se están movilizando en las mismas fechas y que todas son parte de lo que sucede en los campos, no van de la mano. Así, mientras ellas reivindican una seguridad social agraria, ingresos dignos y una alimentación que sostenga personas y enfríe el planeta, otras buscan el mantenimiento de un modelo que solo alimenta intereses extractivistas y que éstos se sostengan con dinero público. Además, a caballo entre las grandes empresas y el pequeño campesinado hay otras producciones de tamaño mediano que, sin ser gigantes, ya no se identifican ni con lo pequeño ni como campesinas. Abrazaron el discurso de lo grande como objetivo, pero esa escala no es más que una ilusión y su capacidad de maniobra no es la de quienes cuentan con gran capital. Son producciones que facturan muchos euros, pero esclavas del modelo, muy endeudadas y con poco margen de decisión.

En medio de todos estos malestares, la derecha y extrema derecha buscan pescar y los grandes sindicatos agrarios buscan el mal menor. En este país, ha faltado tiempo para que afloren los titulares que digan que la culpa de todo la tiene la ecología, como si el cambio climático no existiera y las políticas de la UE fuesen ecologistas. La misma UE que a finales de 2023 aprobó continuar usando glifosato. La realidad es que los problemas del sector tienen su germen en un modelo y unas políticas agrarias que lo han llevado al límite. Un modelo que ignora las necesidades y capacidades de la tierra y los ecosistemas, generando ilusiones a golpe de insumos. Un modelo orientado al mercado global y totalmente dependiente de subsidios que no da más de sí. La energía ya no es barata ni para producir ni para transportar los productos a miles de kilómetros e incluso los números de la PAC tienen límites.

El tratado Mercosur tan nombrado estos días es una gota más en un vaso muy agitado. El cambio climático está haciendo caer las ilusiones y marcando los limites en la artificialización del medio. Sequías, lluvias torrenciales y/o temperaturas anómalas no pueden gestionarse a golpe de dron. Mientras el cambio climático da bofetadas y genera inestabilidad al sector, la UE pretende vestirse de verde y aplicar alguna medida que justifique hablar de sostenibilidad, pero sin un plan real que acompañe una transición y sostenga el mientras tanto. Todo esto genera enfados, enfados en la agroindustria que produce los insumos, enfados en quienes se saben dependientes de ellos y enfados entre quienes no dependen tanto de ellos, pero que saben que el coste de los cambios siempre lo acaban pagando las más vulnerables.

Por todo ello, es realista pensar que las derechas más o menos extremas pueden tener buena pesca en estos descontentos. Las diferencias de modelos y tamaños existen, pero la realidad es que todos ellos, especialmente los más pequeños y el medio rural en general, han sido ignorados durante años por todas las esferas políticas. Desde las posiciones de izquierda no ha habido propuestas contundentes que apoyen la defensa de lo pequeño y la transición hacia otros modelos. En los discursos progres más tradicionales que hablan de lucha obrera y/o de clases, se habla siempre pensando en lo urbano, en quienes viven y trabajan sobre el asfalto y rara vez en el medio rural que se sabe periférico. El campesinado no ha sido identificado como esencial en la lucha obrera, aunque sin él no pueda, literalmente, alimentarse. Esto deja la puerta abierta a quienes de repente miran hacia el medio rural, lo perciben como un lugar apto para su beneficio y sacan a pasear discursos que, aunque con más ruido que contenido, parecen atender a quienes nunca han sido atendidas.

En este punto también es importante recordar que más allá de los campos que se rebelan, hay personas en los campos que no tienen oportunidad para rebelarse y que no son nombradas ni visibilizadas en estas revueltas. El campo se está movilizando, salvo excepciones, en masculino singular o plural interesado. Las reivindicaciones hablan sobre todo del mercado. En las movilizaciones vemos muchas máquinas y pocas manos, menos aún manos jornaleras, vemos barbas y calvas principalmente blancas y pocas mujeres poniendo rostro, voz y necesidades a propuestas y reivindicaciones. Si bajo la mirada heteropatriarcal urbana la lucha obrera ignora a quien la alimenta, lo mismo sucede con el sector primario, que parece que obvia toda la ayuda familiar gratuita que hace que las cuentas cuadren, así como a las personas jornaleras que, bajo condiciones de semi-esclavitud en muchos casos, son imprescindibles para que la cadena siga funcionando. El centro del discurso parece seguir siendo cómo sostener el mercado y no cómo sostener la vida. Se sigue desatendiendo a las más desatendidas.

No se escucha estos días la pregunta de ¿quién nos alimentará? cuando es el gran interrogante. Si bien hay diferencias en los campos, en el sector primario sobran corporaciones, pero no sobran personas. En un sector marcado por el abandono y el envejecimiento, el reto es generar transiciones que puedan apoyar caminos hacia modelos más sostenibles, equitativos e ilusionantes, que puedan sostener y alimentar de manera justa a personas y planeta. Modelos que cierren ciclos y que no obvien que alimentarnos es parte del cuidado, fórmulas que estén basadas en la cooperación y no en modelos competitivos que se entretienen en culpar a las de más abajo en lugar de pelear contra quienes los ahogan desde arriba. Son necesarios modelos que se pregunten quién decide sobre nuestra alimentación, hablar de derechos, plantear la soberanía alimentaria, el derecho a decidir sobre nuestra alimentación con criterios de justicia social y medio ambiental, como paraguas bajo el que caminar. Las soluciones al cambio climático no vendrán de tecnologías energéticamente insostenibles, sino de mirar hacia la Tierra y construir convivencia entre sus necesidades y las nuestras. Toca diseñar políticas que acompañen esa transición, que sostengan de verdad. Vivimos un momento complicado, pero también de oportunidad. Oportunidad para ver que otros modelos no solo son posibles, sino que ya existen. Para ser conscientes de la interdependencia en el territorio y salir de la fantasía urbana de la autosuficiencia. Es urgente valorar y enfatizar la esencialidad de quienes alimentan al mundo y acompañar transiciones que sostengan la vida.

Fuente: https://vientosur.info/el-enfado-en-el-campo/

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Deuda militar

 

A algunos nos había pasado por alto: las emisiones de fuente militar no cuentan en los acuerdos sobre el clima. No generan derechos de emisión. Y solo las de EEUU en Afganistán tenían una media anual mayor que la de muchos países industrializados.


Deuda militar


Pascual Serrano

El Viejo Topo

7 febrero, 2024 



Los ejércitos de EEUU y Reino Unido deben a los países pobres 110.000 millones de dólares de compensación climática por emisiones de carbono

Según los cálculos elaborados por el think tank Common Wealth, una organización sin fines de lucro financiada por fundaciones filantrópicas y donaciones con base en el Reino Unido y que también trabajó en Estados Unidos, el costo social de las emisiones de carbono de los ejércitos de estos dos países citados es aproximadamente de 111.000 millones de dólares. Un dinero que se sustrae de las finanzas de las naciones más amenazadas por la crisis climática.

Los acuerdos climáticos internacionales establecen que los países, las empresas o las entidades que emiten gases de efecto invernadero reciben una asignación de derechos de emisión, que representan una cierta cantidad de emisiones permitidas. Estos derechos pueden ser comprados, vendidos o transferidos entre las partes participantes en el mercado. Si una entidad tiene excedentes de derechos de emisión porque ha reducido sus emisiones, puede vender esos excedentes a otras entidades que necesiten más derechos para cumplir con sus metas de reducción de emisiones.

Es evidente que son los países más pobres los que, por su poca industrialización y consumo, tienen excedentes de derechos de emisión para vender; y que son los ricos los que, al contaminar más y necesitar más derechos de emisión, pagan a los pobres para poder contaminar lo que estos segundos no hacen. Pues bien, en ese cálculo no se han incluido los 430 millones de toneladas de CO₂ que han emitido los militares del Reino Unido y de EEUU desde que entró en vigor el Acuerdo Climático de París, en 2016. Eso supone más del total de emisiones de gases de efecto invernadero producidos en el Reino Unido en 2022.

No olvidemos que las emisiones de fuentes militares no se abordan en los acuerdos internacionales sobre el clima. Como resultado del cabildeo estadounidense, las emisiones militares en el extranjero se eximieron del Protocolo de Kioto de 1997 y la presentación de informes sobre emisiones militares siguió siendo voluntaria en el Acuerdo Climático de París de 2015.

Los derechos para emitir esos millones de toneladas de CO₂, según el estudio de Common Wealth, se calculan en los 110.000 millones de dólares, 106.000 millones atribuibles a las emisiones de los EEUU y 5.000 millones a las emisiones del Reino Unido. Un dinero que nunca pagaron estos dos países.

La organización denuncia así que “la presencia de EEUU y el Reino Unido en el extranjero muestra los diversos modos a través de los cuales las bases militares, su actividad y su infraestructura producen daños ambientales y residuos tóxicos”.

No solo eso, “los militares del Reino Unido y EEUU disponen de su propia industria militar internacional para suministrar equipos y servicios. En ambos países, esa industria es beneficiaria de la inversión pública y de muchas decisiones estatales. Por ejemplo, en los EEUU, el presupuesto del Departamento de Defensa aprobado el pasado diciembre en el Senado fue de 886.000 millones de dólares. El gasto en defensa de Estados Unidos representa casi el 40% de los gastos militares de los países de todo el mundo, según cifras del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) referidas a 2022. De hecho, Washington gasta más en defensa que los siguientes 10 países juntos.

Desde 2001, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha representado entre el 77% y el 80% del consumo total de energía del gobierno de EEUU, mientras que el Ministerio de Defensa del Reino Unido representa al menos el 40% de las emisiones del sector público británico.

Conmon Wealth recuerda que “las estrategias industriales centradas en el ejército tanto de los EEUU como del Reino Unido se han beneficiado de la intervención estatal, mientras que los sectores verdes han sufrido una falta de apoyo”.

Los costos de la contaminación militar y los daños ambientales se están sufriendo con mayor intensidad en los países del Sur Mundial, que se enfrentan a los efectos difusos, pero cada vez más intensos, del calentamiento global. Según las recomendaciones del estudio anglosajón, “como paso inicial para corregir su contribución histórica y actual a la crisis ecológica, los EEUU y el Reino Unido deberían contribuir junto a otros grandes emisores de CO₂, con los fondos necesarios para compensar a los países del Sur que enfrentan la crisis climática y la escasez de contribuciones por parte para los países contaminantes del Norte”.

“Reducir la huella global de EEUU y el Reino Unido de casi 900 bases militares e introducir un superfondo militar, similar al administrado por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, para pagar la rehabilitación ambiental de las comunidades afectadas por materiales peligrosos, la contaminación y los residuos de bases e infraestructura militares son algunas de las medidas necesarias para corregir todo el espectro de impactos ambientales”, añade la Fundación.

En un estudio de 2019, la Universidad de Brown (EEUU) estimó que desde la invasión de Afganistán en 2001, el ejército de Estados Unidos había emitido 1.212 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, con una media anual mayor que la de muchos países industrializados como Suecia, Noruega o Suiza.

Otro informe de las universidades británicas de Durham y Lancaster concluyó que el ejército de EEUU es “uno de los mayores contaminadores de la historia” y afirmó que, si fuese un país, sería el 47 mayor emisor de gases de efecto invernadero, teniendo en cuenta solo las emisiones por uso de combustible.

Si el drama de las muertes y la destrucción de las guerras no fuera una suficiente razón para renegar de los ejércitos y exigir un menor gasto militar, ahora observamos la contaminación de su industria y los mecanismos de las grandes potencias para evitar las responsabilidades financieras establecidas en los acuerdos mundiales de medioambiente.

Fuente: GLOBALTER.

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martes, 6 de febrero de 2024

Enorme caso de corrupción en la Guardia Civil

 

Enorme caso de corrupción en la Guardia Civil

 

INSURGENTE.ORG / 06.02.2024

 


Lo que comenzó siendo una investigación sobre cohecho en el contexto de la compra de uniformes para la Policía Nacional, ha acabado derivando en una macro trama de corrupción que en la Guardia Civil abarca veinte años de manipulación de contratos de suministros y más de un centenar de expedientes alterados que suman 180 millones de euros. Es la cantidad que maneja el Instituto Armado, cuyo Servicio de Asuntos Internos, que lleva cuatro años investigando este asunto para el Juzgado de Instrucción número 50 de Madrid, ha destapado una «mala praxis» de mercadeo con sus propios uniformes por la que seis miembros de la Guardia Civil y hasta 26 empresas están imputadas.

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Manifiesto fundacional de la “Unión Sahra Wagenknecht”

 


Manifiesto fundacional de la “Unión Sahra Wagenknecht”

 

 

Unión Sahra Wagenknecht

HOJAS PARA EL DEBATE

6 de febrero de 2024  

 

Nos oponemos fundamentalmente a la resolución de conflictos por medios militares. Nos oponemos al aumento constante de los recursos dedicados a armas y material de guerra, en lugar de invertir en la educación de nuestros hijos, la investigación de tecnologías respetuosas con el medio ambiente o el mantenimiento de nuestras infraestructuras sanitarias.

Por su interés informativo, Hojas de Debate reproduce el siguiente texto programático:

“Nuestro país no goza de buena salud. Durante años, los gobiernos han ignorado los deseos de la mayoría. En lugar de recompensar el desempeño, la riqueza se redistribuyó de los trabajadores más duros al diez por ciento más rico. En lugar de invertir en una gobernanza competente y en servicios públicos eficientes, los políticos han cedido a los deseos de grupos de presión influyentes vaciando las arcas estatales. En lugar de respetar la libertad y la diversidad de opiniones, se está extendiendo una política autoritaria que busca dictar a los ciudadanos cómo vivir, cómo calentar sus hogares, cómo pensar y cómo hablar. El gobierno parece carente de rumbo, miope y, en muchos temas, simplemente incompetente. Sin una reorientación de las políticas, estamos poniendo en riesgo nuestra industria y nuestra prosperidad.

Mucha gente ha perdido la confianza en el Estado y no puede encontrar representación en los partidos políticos existentes. Creen con razón que ya no viven en el mismo país que la República Federal. Se preocupan por el futuro de sus hijos. Quieren una política responsable capaz de preservar nuestra fortaleza económica, garantizar la justicia social y la distribución equitativa de la riqueza, mantener la cooperación pacífica entre los pueblos y preservar nuestro medio ambiente.

La “Unión Sahra Wagenknecht – Por el sentido común y la justicia” se fundó para sentar las bases de un nuevo partido que dé voz al pueblo. Abogamos por un retorno a una política razonable. Alemania necesita una economía fuerte e innovadora, justicia social, paz y comercio justo, respeto por las libertades individuales de sus ciudadanos y un entorno propicio al debate. Necesita políticos confiables que estén comprometidos a lograr sus objetivos. Los miembros de nuestro sindicato defienden las siguientes posiciones y objetivos, que también serán la norma para nuestro nuevo partido.

Sensibilidad económica

Nuestro país todavía tiene una base industrial sólida y una clase media eficiente e innovadora. Pero las condiciones económicas se han deteriorado considerablemente en los últimos años. Nuestra infraestructura pública está en condiciones deplorables según los estándares de una nación industrial líder. Casi ningún tren llega a tiempo, los pacientes del sistema nacional de salud pasan meses esperando una cita con un especialista, nos faltan miles de profesores, guarderías y oportunidades de vivienda. Carreteras y puentes en ruinas, falta de recepción de telefonía móvil y un sector gubernamental abrumado por regulaciones innecesarias hacen la vida difícil, especialmente para las pequeñas y medianas empresas. El sistema escolar alemán, con sus 16 programas diferentes, clases sobredimensionadas y selección temprana, obstaculiza la educación y las oportunidades para los niños de familias menos privilegiadas, al tiempo que no logra formar los talentos que nuestra economía tanto necesita. Dado que las sanciones contra Rusia y la política climática punitiva también han provocado un aumento repentino de los precios de la energía, corremos el riesgo de perder importantes sectores industriales y cientos de miles de empleos bien remunerados. Muchas empresas están considerando trasladar su producción al extranjero. Otros corren el riesgo de desaparecer por completo.

Las políticas influenciadas y compradas por las corporaciones y el fracaso de las autoridades antimonopolio han creado una economía en la que muchos mercados son disfuncionales. Los mercados ahora están dominados por grandes corporaciones, firmas financieras como Blackrock y monopolios digitales invasores como Amazon, Alphabet, Facebook, Microsoft y Apple, que extraen rentas monopólicas de otros actores del mercado, socavan la competencia y destruyen la democracia. El actual período de inflación es en gran medida el resultado de fallas del mercado causadas por las grandes empresas.

Aspiramos a una economía impulsada por la innovación, caracterizada por una competencia leal, empleos seguros y bien remunerados centrados en la creación de valor industrial, una política fiscal justa y el fortalecimiento de la clase media. Para ello queremos limitar el poder de mercado y desmantelar las empresas que dominan el mercado. Cuando los monopolios son inevitables, la responsabilidad debe recaer en manos de los proveedores públicos. La industria alemana es la columna vertebral de nuestra prosperidad y debe preservarse. Debemos volver a las tecnologías de próxima generación fabricadas en Alemania, con más campeones ocultos, no menos.

Para evitar el declive económico de nuestro país, es necesario invertir masivamente en nuestro sistema educativo, en infraestructuras públicas y en una administración eficiente y competente. Necesitamos fondos preparados para el futuro para empresas nacionales innovadoras y nuevas empresas, en lugar de gastar miles de millones para subsidiar empresas extranjeras. Alemania, como país exportador y pobre en recursos, debe tener una política exterior económica que tenga como objetivo establecer relaciones comerciales estables con el mayor número posible de socios y garantizar nuestro suministro de recursos naturales y energía asequible, en lugar de centrarse en políticas de bloque y sanciones.

El cambio climático global y la destrucción de nuestro entorno natural son desafíos graves que la política no puede ignorar. Pero una política climática seria requiere honestidad: con el estado actual de la tecnología, las necesidades energéticas de Alemania no pueden cubrirse únicamente con energías renovables. El activismo ciego y las políticas mal pensadas no mejoran la situación climática, sino que ponen en peligro nuestros cimientos económicos, aumentan el costo de la vida y socavan la aceptación pública de políticas climáticas más razonables. La contribución más importante que un país como Alemania puede hacer a la lucha contra el cambio climático y la destrucción del medio ambiente es el desarrollo de tecnologías clave innovadoras que permitan un futuro económico sostenible y climáticamente neutro.

Justicia social

Desde hace años, las desigualdades han aumentado en nuestro país. Millones de personas trabajan duro para mantenerse cómodos ellos y sus familias. Ellos son quienes sostienen nuestra sociedad y quienes pagan la mayor parte de los impuestos. En lugar de disfrutar del respeto y la seguridad social que merecen, sus vidas se han vuelto cada vez más difíciles y precarias en las últimas décadas. A pesar de tener un trabajo de tiempo completo, muchos apenas logran sobrevivir mes a mes. La promesa de movilidad social ascendente de una economía social de mercado ya no se aplica, siendo el factor principal de la prosperidad individual una vez más el estatus social de los padres. La concentración de riqueza en Alemania hoy es tan alta como al comienzo de la Primera Guerra Mundial, cuando el emperador gobernaba desde Berlín. Las empresas están pagando dividendos récord, incluso en tiempos de crisis, mientras las colas en los bancos de alimentos son cada vez más largas.

Incluso aquellos que han trabajado durante años y cotizado a la seguridad social son tratados como suplicantes después de sólo un año de desempleo. Debido a la falta de guarderías y a que nuestra sociedad dista mucho de ser favorable a las familias, muchos padres solteros y sus hijos viven en la pobreza. La redefinición de Hartz IV como “Bürgergeld” no hizo más que empeorar la situación. Millones de personas mayores no pueden disfrutar de su jubilación después de toda una vida de trabajo porque las pensiones son humillantes. Los cazadores de dividendos han vendido viviendas, hospitales, centros de atención médica, consultorios médicos y muchas otras funciones sociales importantes. Desde entonces, los costos han aumentado, mientras que la calidad del servicio para la mayoría de las personas ha seguido disminuyendo.

Queremos detener el colapso de la sociedad y reorientar nuestra política hacia el bienestar público. Nuestro objetivo es una sociedad justa, orientada al éxito, con verdadera igualdad de oportunidades y un alto nivel de seguridad social. Una economía productiva requiere trabajadores cualificados y motivados. Los requisitos previos son salarios basados ​​en el desempeño, seguridad laboral y buenas condiciones laborales. Esto también se aplica a los trabajadores del sector servicios, que son tan importantes para nuestra sociedad como los buenos ingenieros y técnicos. Para evitar la caída de los salarios, se debe fortalecer el poder de negociación colectiva y facilitar la aplicación general de los contratos salariales. Al mismo tiempo, nuestro país necesita un Estado de bienestar fiable, capaz de aliviar la precariedad y prevenir la erosión social en caso de enfermedad, desempleo y vejez. Se debe detener la privatización de servicios esenciales, como la atención médica, la atención domiciliaria y la vivienda, y se debe dar prioridad en estos sectores a los proveedores que actúan en interés del bienestar público. Una política fiscal justa que alivie la carga de las personas de bajos ingresos y evite que las grandes corporaciones y los individuos ricos retengan su contribución a la comunidad. La prosperidad individual no debería depender del origen social, sino más bien ser el resultado del trabajo duro y del esfuerzo individual. Todo niño tiene derecho a que se reconozcan y cultiven sus talentos.

La paz

Nuestra política exterior está anclada en la tradición del Canciller Willy Brandt y del Presidente soviético Mijaíl Gorbachov, quienes, contrariamente a la lógica de la Guerra Fría, siguieron una política de distensión, reconciliación de intereses y cooperación internacional. Nos oponemos fundamentalmente a la resolución de conflictos por medios militares. Nos oponemos al aumento constante de los recursos dedicados a armas y material de guerra, en lugar de invertir en la educación de nuestros hijos, la investigación de tecnologías respetuosas con el medio ambiente o el mantenimiento de nuestras infraestructuras sanitarias. El armamento nuclear y la escalada entre superpotencias nucleares ponen en peligro la supervivencia de la humanidad y deben detenerse. Aspiramos a una nueva era de distensión, de renovación de los tratados de desarme y de seguridad colectiva. La Bundeswehr tiene la responsabilidad de defender nuestra nación. Para ello, debe estar adecuadamente equipado. Nos oponemos al despliegue de soldados alemanes en guerras internacionales, del mismo modo que nos oponemos al estacionamiento de tropas alemanas en las fronteras de Rusia o en el Mar de China Meridional.

Una alianza militar cuya potencia principal ha invadido ilegalmente cinco países en los últimos años y que ha matado a más de un millón de personas en estas guerras, alimenta el miedo y el resentimiento y, por tanto, contribuye a la inestabilidad global. En lugar de un instrumento de poder para obtener beneficios geopolíticos, necesitamos una unión defensiva que actúe de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, que se esfuerce por desarmar en lugar de verse ligada a una carrera armamentista y que proporcione igualdad de condiciones entre los Estados miembros. Europa necesita una arquitectura de seguridad estable, que debe incluir a Rusia en el largo plazo.

Nuestro país merece una política independiente que anteponga el bienestar de sus ciudadanos y reconozca que los intereses de Estados Unidos a veces difieren mucho de los nuestros. Nuestro objetivo es una Europa independiente de democracias soberanas en un mundo multipolar y no la formación de un nuevo bloque en el que Europa quede pulverizada entre Estados Unidos y el bloque cada vez más seguro de sí mismo que se está formando en torno a Rusia y China.

Libertad

Queremos revivir la libertad de opinión democrática, ampliar la participación democrática y proteger las libertades individuales. Rechazamos ideologías de extrema derecha, racistas y violentas de todo tipo. Cancelar La cultura, la presión para conformarse y el espectro cada vez más estrecho de opinión son fundamentalmente incompatibles con una sociedad libre. Lo mismo ocurre con la nueva tendencia política autoritaria que pretende educar a la gente y dictar su forma de vida y su discurso. Condenamos los intentos de monitorear y manipular a las personas por parte de corporaciones, servicios secretos y gobiernos.

La inmigración y la cooperación entre culturas sólo pueden ser beneficiosas. Pero sólo si la afluencia es limitada para no abrumar la infraestructura de nuestro país, y si la integración se fomenta activamente y tiene éxito. Sabemos que la carga de una mayor competencia por viviendas asequibles, empleos de bajos salarios y el costo de la falta de integración no recae principalmente en quienes llevan vidas privilegiadas. Los perseguidos políticos tienen derecho a asilo. Pero la inmigración no es la solución a la pobreza global. En cambio, necesitamos relaciones económicas justas y políticas que funcionen para crear más oportunidades en sus respectivos países.

Una sociedad en la que los poderosos se guían únicamente por el deseo de aumentar su riqueza conduce a una creciente desigualdad, la destrucción de nuestro medio ambiente y la guerra. Por otro lado, presentamos nuestros principios de espíritu público, responsabilidad y cooperación, que queremos volver a hacer posibles cambiando el equilibrio de poder. Nuestro objetivo es una sociedad en la que el bien común esté por encima de los intereses egoístas y que, en lugar de recompensar a los tramposos y a los jugadores, premie a quienes invierten, que hacen un trabajo bueno, honesto y sólido.”

Fuente: Asociación Nacional de Comunistas (Francia)

Traducción: Hojas de Debate

Autor

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¿Por qué crece el fascismo?

 

Reproducimos aquí la segunda parte del texto de Boaventura Sousa Santos, cuya primera parte se colgó ayer en estas páginas. La conclusión no cierra las puertas a la esperanza, pero habrá que currárselo.


¿Por qué crece el fascismo?

2/2


Boaventura de Sousa Santos

El Viejo Topo

6 febrero, 2024 



El Estado de Bienestar

La tercera diferencia entre las dos épocas parece, por otra parte, alejar de momento el peligro del fascismo. En el caso de Europa, las condiciones son ahora muy diferentes y no parecen favorecer el extremismo. El Estado de bienestar que se construyó en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, y en Portugal, España y Grecia tras las transiciones democráticas de los años setenta, ha demostrado cierta robustez a pesar de todas sus crisis y ha gozado del apoyo popular. Margaret Thatcher intentó destruirlo en el Reino Unido y fracasó. El Estado del bienestar ha contribuido a crear amplias clases medias poco propensas al extremismo. No sorprende, pues, que la extrema derecha europea no invierta hoy directamente contra las políticas sociales (sólo en Estados Unidos la extrema derecha ve en estas políticas el fantasma del comunismo). Invierte contra los impuestos que las financian y la corrupción del Estado (a veces real), esperando así alcanzar insidiosamente sus objetivos con mayor facilidad. En la medida en que las fuerzas políticas progresistas consientan la destrucción del Estado del bienestar, por ejemplo mediante la privatización de la sanidad, la educación o el sistema de pensiones, estarán allanando el camino al fascismo del siglo XXI. Aún más peligrosas son las privatizaciones encubiertas, como las asociaciones público-privadas en la sanidad, los vales escolares en el caso de la educación o la limitación del sistema de pensiones.

Internet y las redes sociales

La cuarta diferencia entre las dos épocas es más ambivalente cuando se trata del futuro de la democracia. Me refiero a las redes sociales e internet, que no existían hace cien años. Los medios de comunicación corporativos están perdiendo el control de la opinión pública en favor de las redes sociales y esta pérdida representa una división generacional. Actualmente existe el consenso de que las fuerzas conservadoras saben utilizar mejor las redes sociales que las fuerzas progresistas, entre otras razones porque disponen de grandes cantidades de financiación que las fuerzas progresistas no tienen. Pero las redes sociales crean lealtades volátiles y no sostienen mitos durante mucho tiempo. De hecho, pueden provocar cambios bruscos de dirección, tanto de izquierda a derecha (véase el caso de Brasil en 2013, desde la demanda de transporte gratuito hasta el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff) como de derecha a izquierda (en el caso de Colombia, desde el plebiscito de 2016 que la derecha, usando fake news, ganó contra los acuerdos de paz, hasta el movimiento estudiantil y luego otros movimientos sociales, indígenas, de mujeres y sindicales que llevaron a Gustavo Petro al poder en 2022). Obviamente, los dos movimientos no tienen el mismo peso, dado el carácter propietario (privado) de las redes y la falta de regulación democrática. No hay más que ver cómo el cambio en la propiedad de Twitter determinó inmediatamente el cambio hacia el candidato presidencial estadounidense Donald Trump. La ambivalencia de las redes radica en que son más útiles para asaltar el poder que para sostenerlo.

Movimientos sociales

La quinta diferencia con respecto a los años 20-30 es la aparición de movimientos sociales poscolonialistas (indígenas y antirracistas), feministas y ecologistas. Se trata también de una diferencia ambivalente para el futuro de la democracia. Justo después de la Primera Guerra Mundial, el movimiento obrero era un actor político gigantesco y la cuestión de la reforma política estaba en el orden del día. A la democracia liberal, llamada entonces democracia burguesa, se oponía la democracia obrera. Los conflictos entre socialistas y comunistas y la represión estatal (policial y judicial) contra los partidarios de la democracia obrera debilitaron el movimiento obrero, y lo que quedó de él fue destruido por las dictaduras que siguieron.

Los movimientos sociales actuales aceptan más o menos acríticamente la idea de que sólo existe un tipo de democracia, la democracia liberal, una idea que, hasta los años 70, distaba mucho de ser consensuada. Con esta limitación, los movimientos sociales actuales son generalmente una garantía de preservación de la democracia e incluso de su profundización, ya que luchan para que los derechos individuales y colectivos se amplíen y se cumplan efectivamente. Estos movimientos son generalmente acosados por la extrema derecha, pero en su lucha se han utilizado estrategias que pueden neutralizar el potencial democratizador de los movimientos sociales.

En el caso del movimiento feminista, la estrategia de la extrema derecha ha consistido en tratar con condescendencia (a veces apoyando activamente) las agendas de los feminismos blancos de clase media porque no cuestionan el orden capitalista. El identitarismo, es decir, la identidad de género (o racial) concebida como objetivo principal y exclusivo de la lucha social, aísla las reivindicaciones de estos movimientos de las luchas por la redistribución de la riqueza y la justicia social. Al aislarse y no cuestionar el contenido de clase de la dominación capitalista moderna, estos movimientos ven neutralizado su potencial transformador, y a veces acaban en el mismo bando que las luchas lideradas por la extrema derecha. Los feminismos del Sur global (feminismo negro, indígena, árabe), cuando se manifiestan en las metrópolis del Norte global a través de inmigrantes, a veces nacionales de dos generaciones, cuestionan el orden capitalista y por ello son abiertamente acosados, no sólo por la extrema derecha, sino también por otras fuerzas políticas conservadoras.

En el caso de los movimientos antirracistas, la extrema derecha es abiertamente hostil y a veces violenta. El racismo está en el corazón de la extrema derecha, aunque hoy se manifieste de forma indirecta, por ejemplo en la lucha contra la inmigración, en el carácter altamente represivo del control de fronteras, en el punitivismo desproporcionado con el que ataca a individuos, comunidades y públicos racializados, en la defensa privilegiada de las reivindicaciones de las fuerzas policiales y en la banalización de la brutalidad policial.

En cuanto al movimiento ecologista, la estrategia de la extrema derecha es el negacionismo. La crisis ecológica es vista como una invención de la izquierda para impedir el desarrollo del capitalismo. El movimiento ecologista, aunque muy diverso, tiene hoy el potencial de cuestionar la triple dimensión de la dominación capitalista moderna –clase, raza y género– y, en este sentido, de hacer propuestas antisistémicas en sus múltiples dimensiones (económica, social, política y cultural). En la medida en que emprendan este tipo de lucha, estarán defendiendo la democracia en su sentido más amplio, incluyendo en la democratización de la vida la democratización de las relaciones entre la vida humana y no humana. Sin duda serán hostilizados, no sólo por la extrema derecha, sino por todas las fuerzas políticas institucionales.

En conclusión

El fascismo está en auge a) porque las políticas sociales del estado de bienestar han sido cada vez menos financiadas, lo que ha provocado un aumento de las desigualdades sociales y de la polarización social a la que pueden dar lugar, a lo que el estado sólo responde con políticas represivas; b) porque los movimientos sociales, al no cuestionar el capitalismo (injusticia social, lucha de clases), han contribuido a normalizar y banalizar las desigualdades sociales más grotescas como si no fueran antidemocráticas; c) porque el fascismo se disfraza de lucha por la democracia con el apoyo de los medios de comunicación corporativos, que le son generalmente favorables, en particular amplificando las reivindicaciones fascistas contra la inmigración, la xenofobia, la promoción de la policía, la corrupción del Estado del bienestar y los recortes fiscales; d) porque las demás fuerzas políticas, tanto de derechas como de izquierdas, no han sido capaces de desobedecer la ortodoxia neoliberal vigente que impide la expansión de las políticas sociales, lo que a largo plazo convertirá la democracia en una política de malestar que no merece el enorme coste de mantenerla en vigor; e) porque el fascismo tradicional parece hoy formar parte de una amplísima familia hiperconservadora, que incluye la religión ultraconservadora, especialmente evangélica, sionista e islamista; f) porque la guerra legal (lawfare) de un sistema judicial conservador contra las políticas y los políticos progresistas, al aumentar la inestabilidad social, ha sido una palanca eficaz (porque no es política en apariencia) para promover la extrema derecha; g) por último, el fascismo está creciendo porque el consumismo y las redes sociales han transferido las preocupaciones de los individuos de la vida pública a la privada; la justificación de la apatía hacia la democracia (no vale la pena votar porque las políticas son siempre las mismas) se transforma rápidamente en la justificación entusiasta de los antisistema.

En vista de ello, frenar el avance del fascismo –un imperativo para todos los demócratas– es una tarea política compleja y difícil, sobre todo porque debe llevarse a cabo en varios niveles y en diferentes esferas de la vida social y no sólo en la esfera política. Sin embargo, es posible porque nada está determinado de antemano. La madre de todas las condiciones es que la democracia tenga un contenido material concreto, un impacto positivo en la vida de las clases trabajadoras (individuos, familias y comunidades) que les devuelva la esperanza en la posibilidad de una vida más digna, una sociedad más justa y una mayor igualdad con la naturaleza. Para que esto sea posible, la condición previa a corto plazo es que las políticas sociales públicas se mantengan, diversifiquen, amplíen y articulen con las prácticas de solidaridad, reciprocidad y cuidado que existen en la sociedad y en las comunidades. Sólo así será posible evitar la profundización de las desigualdades y discriminaciones sociales en sociedades cada vez más complejas y culturalmente diversas. Ante la deriva fascista en curso, creo que sólo alianzas amplias y pragmáticas entre las diferentes fuerzas políticas de izquierda pueden garantizar la supervivencia de la democracia a medio plazo.

¿Y Portugal, actualmente en periodo electoral?

Portugal y España son los países europeos con mayor experiencia dictatorial fascista. La Primera República Portuguesa fue un periodo de extrema inestabilidad, fuertemente condicionado por la Primera Guerra Mundial. Entre 1910 y 1925 hubo ocho presidentes, muchos gobiernos y varios intentos de golpe de Estado. Siguieron cuarenta y ocho años de dictadura –convencionalmente dividida en dos periodos: dictadura militar (1926-1933) y Estado Novo (1933-1974)– a la que puso fin la Revolución del 25 de abril de 1974. Este año celebramos el 50 aniversario del 25 de abril.

A la luz del análisis anterior de la dinámica del fascismo en los años 20 y 30, podemos decir que, como partido político, la extrema derecha fascista o fascistizante tradicional renace en Portugal con el partido Chega en 2019. Así lo considera el prestigioso GPAHE (Global Project Against Hate and Extremism), que añade que la organización juvenil del partido (Chega Juventude) es aún más extremista que el propio partido. Chega corresponde a lo que llamamos extrema derecha tradicional, basada en líderes carismáticos, un partido nacionalista, racista, xenófobo, impulsado por cierto cristianismo conservador (el valor de la familia) y con aspiraciones de ser un partido de masas. También mencioné que junto a esta extrema derecha existía otra, poco más que residual, que, inspirada en Hayek-Mises, quería sustituir al Estado por el mercado como gran regulador social. Esta ultraderecha se reclama democrática, pero, como vimos en las declaraciones de Hayek sobre el Chile de Pinochet, admite la ocurrencia de la dictadura como daño colateral. Ahora, en las condiciones actuales, proponer la privatización de las políticas sociales públicas (la destrucción del Estado de bienestar), que ya tiene un arraigo muy débil en el contexto europeo, como está haciendo el partido Iniciativa Liberal, significa tener que convivir con la posibilidad de que la convivencia democrática se haga imposible a largo plazo.

Esto es tanto más grave para la democracia cuanto que la derecha tradicional y moderada ha perdido brillo y color (PSD, Alianza Democrática). Si este partido de derechas se ve en la tesitura de querer llegar al poder ahora y a toda costa (confiando en que los portugueses se olviden de la Troika), tendrá que concluir que sólo puede llegar al poder con dos palos antidemocráticos (Chega e IL). Si acepta seguir este camino, deberá darse cuenta de que será un camino sin retorno. La «limpieza» empezará en casa.

En cuanto a las fuerzas políticas de izquierda, he estado teorizando y analizando las virtudes y los límites de las alianzas entre partidos de izquierda. He argumentado que, en las condiciones portuguesas, sólo las alianzas entre fuerzas políticas de izquierda pueden garantizar la supervivencia de la democracia a medio plazo. Creo que la alianza que tuvo lugar entre 2016 y 2019 (conocida como «geringonça») fue una experiencia muy positiva, a pesar de su lento y degradante final que se consumó con la desaprobación del presupuesto estatal para 2022. La tragedia secular que persigue al país, de estar en tiempos y lugares fuera del tiempo y del lugar, puede significar que en el momento en que las voluntades políticas de la izquierda están más dispuestas a renovar sus alianzas, el tiempo para ellas ya ha pasado. Debemos esperar pacientemente y, cuando surja la oportunidad, no desaprovecharla. La unidad de la izquierda es la única garantía de que los portugueses del futuro celebren el centenario del 25 de abril en democracia.

(Fin de la segunda parte)

Traducción de Bryan Vargas Reyes

Fuente: https://diario16plus.com/por-que-crece-el-fascismo-como-podemos-detenerlo/